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Boletin dominical - 11/08/13

Toma mucho tiempo para entender siquiera de cómo opera el Señor.  Yo doy gracias a mi Salvador por haberme llamado al ministerio pastoral y además por haberme prosperado en un campo tan delicado.

  ¿Es fácil dedicarse al pastorado y a la obra misionera?  ¡No, por favor!  A pesar de todo, los cristianos que caminan en comunión con el Salvador, tienen mayor responsabilidad, logran conocimientos que de otra manera no los obtendrían.

Un día, era martes, sentí un profundo dolor estomacal.  Sabía que no había ingerido nada que me podría dañar.  No pudiendo aguantar más, decidí irme al hospital a fin de encontrar el por qué de tan desagradable “visita en mi cuerpo”.  ¿Diagnóstico? “obstrucción intestinal debido a una brida”.  ¿Solución?  ¡Cirugía muchacho!  «Hijo mío, no sabes lo que te tengo preparado al final», me habrá dicho el Señor.  Ya estuve en cirugía, pero me espanta más lo que viene después.  Duele la herida, falta de fuerza y cuidados con la alimentación más allá de lo que se considera necesario.

De cualquier manera intenté ser un chico obediente.  Desde el primer momento, como conocía la historia de Job, supuse que el Señor me llevaba de la mano a una recuperación lenta, y en cierto modo fue así.

Permíteme explicar lo que deseo dejar en la mente de los hermanos de la IBM - Ñemby, lo mismo que cuantos nos escuchan vía radio e Internet, tanto aquí en el país como en otros lugares donde habitan nuestros hermanos hispano parlantes.

Pido a los hermanos agradecer al Señor por la mejoría que estoy experimentando.  La mayor parte del costo ya hemos recibido y pagado.  Pero este tipo de experiencia arrastra consigo más de lo que uno recibe por los servicios del Hospital.  Job se conformó con permanecer tendido en polvo y ceniza, aparte, en lugar de recibir llamadas telefónicas alentándolo después de perder todos sus bienes y sus hijos, a excepción de su esposa, la cual de todos modos en lugar de alentarlo, más bien le sugirió que acabara su comunión tan estrecha con Dios.

Pero... ¿QUÉ OBTUVO JOB FINALMENTE DE UN DIOS QUE ES SIEMPRE FIEL Y BUEN PAGADOR?  Enumeremos lo que recibió:

1. Para conocer sus riquezas debemos leer Job 1:1-3: “Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.  Y le nacieron siete hijos y tres hijas.  Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales”.
2. Sus hijos eran: “Y le nacieron siete hijos y tres hijas” (Job 1:2), en total siete varones y tres mujeres.
3. ¿Qué sucedió con sus hijos?: “Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia” (Job 1:18, 19).  El mismo Satanás se encargó de enviarlos al cielo mientras su padre (Job, tenía que dictar sus conferencias increíblemente profundas a unos cuantos de sus colegas... “quienes vinieron para provocarlo a diálogos basados en acusaciones sin ninguna base”.

De esta manera Dios usó a su mayor adversario (Satanás) para permitir que un piadoso Job tuviese hijos en el cielo y en la tierra.  ¡Qué manera de obrar de Dios!: “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, y tuvo siete hijos y tres hijas.  Llamó el nombre de la primera, Jemima, el de la segunda, Cesia, y el de la tercera, Keren-hapuc.  Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos” (Job 42:12-15).  Aquí deseo resaltar a las hermanas, fíjense lo que dice de las hijas, algo que no se dice de las anteriores.  ¡Con cuánto gusto cedería a Job el púlpito para que nos cuente todos estos detalles!  Pero haría lo posible para que sus “amigos” también estuviesen a fin de verlos cabizbajos, haciendo lo posible por no ser reconocidos.

En este momento no puedo extenderme más, porque mis fuerzas son pobres y los médicos me dieron reposo, mucho más allá de lo que me gustaría “hacer de vago”.

Pastor, J. A. Holowaty

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