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¿Las piedras hablan?

Con fecha 22 de febrero del 2010, la agencia de noticias AP publicó la siguiente noticia proveniente de Jerusalén: «Una arqueóloga israelí dijo que fortificaciones antiguas recientemente descubiertas durante excavaciones en Jerusalén datan de hace 3.000 años y respaldan la versión bíblica de los tiempos del rey Salomón.

Si la edad de los muros es correcta, el hallazgo indicaría que Jerusalén fue la sede de un sólido gobierno central que tenía los recursos necesarios para construir enormes fortificaciones en el siglo X antes de nuestra era.

Ese es un punto clave de disputa entre estudiosos, porque respaldaría recuentos en la Biblia de que los reyes hebreos David y Salomón gobernaron desde Jerusalén en esa época.
Aunque algunos arqueólogos de la Tierra Santa apoyan esa versión de la historia (incluyendo la arqueóloga principal de las excavaciones, Eilat Mazar), otros dicen que la monarquía de David fue básicamente mitología y que en esa era no existía un gobierno central fuerte.

Hablando con reporteros en el lugar, Mazar dijo que el descubrimiento era ‘la construcción más significativa que tenemos de los días del Primer Templo en Israel.  Significa que en aquella época, en el siglo X, había en Jerusalén un régimen capaz de realizar una construcción de esa magnitud’, dijo.

Basada en la que considera ser la edad de las fortificaciones, Mazar dijo que fueron construidas bajo Salomón, hijo de David y mencionado en el libro 1 Reyes.
Las fortificaciones, incluyendo una monumental torre de entrada y una sección de 70 metros de un muro, están ubicadas apenas en las afueras de las paredes actuales de la Ciudad Vieja, junto al complejo sagrado conocido como el Monte del Templo.  De acuerdo con el Antiguo Testamento, fue Salomón quien construyó el primer templo judío en el sitio.

Ese templo fue destruido por los babilonios, reconstruido, renovado por el rey Herodes hace 2.000 años y destruido de nuevo por las legiones romanas en el año 70 de nuestra era.  El complejo es sede ahora de dos importantes edificios islámicos, la Mezquita de Omar (Domo de la Roca) y la mezquita AI-Aqsa».

Para quienes leen o escuchan, estos hallazgos de la arqueología no reviste importancia especial, pero para quienes creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, estos descubrimientos arqueológicos fortalecen nuestra fe y la esperanza de que todo cuanto está aún por delante tendrá su cumplimiento.

Cuando el Señor entraba a Jerusalén y muchos de sus discípulos pensaban que allí sería coronado Rey, comenzaron a regocijarse bulliciosamente; entonces algunos fariseos le dijeron a Jesús para que callara a esa multitud, pero él les dijo que si ellos callaban, “las piedras clamarían” (Lc. 19:39-44).

¿No estarán clamando hoy mismo las piedras que permiten a tantos incrédulos “leer” el cumplimiento de las Escrituras valiéndose de picos y palas a fin de descubrir alguna huella que confirme las Escrituras?  Pero este extraño mensaje no está a cargo de la iglesia Laodiceana de hoy, sino a cargo de expertos arqueólogos y otros científicos, quienes, sin necesariamente buscar verificar la veracidad de las Escrituras, son los que realmente oyen... el clamor de las piedras.  La Biblia habla también de “La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo” (Sal. 118:22).  Notemos también lo que dice Pedro: “Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado.  Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (1 P. 2:6-8).

El lenguaje de los que hoy están proclamando las Buenas Nuevas es inaudible y las palas, los picos y demás instrumentos no necesitan traductores de la Biblia.  No necesitan argumentos para convencer a los incrédulos de la veracidad de la Biblia y de su procedencia Divina.

¿Será este el último intento de Dios para despertar a tantos hombres confundidos, incrédulos y escandalizados por todo cuanto ven y oyen hoy en la llamada iglesia de Cristo?  El apóstol Pedro dice que ésa sería la “...piedra del ángulo, escogida, preciosa”. También dice que “el que creyere en él (ahora ya es el Señor), no será avergonzado”. Pero también dice que se trata de “la piedra que los edificadores desecharon”, sin embargo, “ha venido a ser cabeza del ángulo y: piedra de tropiezo, y roca que hacer caer”. Y para que no nos quepa ninguna duda, termina diciendo: “Porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados”.

El clamor del Señor para la salvación del pecador deja oír su eco por todas partes.  Pero... ¿Hace caso el hombre a tantas manifestaciones del fin?

En los días del profeta Amós, Dios se manifestaba de manera muy clara para que los pecadores se arrepintieran, pero de nada les sirvió tanta paciencia Divina: Os hice estar a diente limpio en todas vuestras ciudades, y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová.  También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; e hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió, se secó.  Y venían dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban; con todo, no os volvisteis a mí, dice Jehová.  Os herí con viento solano y con oruga; la langosta devoró vuestros muchos huertos y vuestras viñas, y vuestros higuerales y vuestros olivares; pero nunca os volvisteis a mí, dice Jehová.  Envié contra vosotros mortandad tal como en Egipto; maté a espada a vuestros jóvenes, con cautiverio de vuestros caballos, e hice subir el hedor de vuestros campamentos hasta vuestras narices; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová” (Am. 4:6-10). El Señor termina con estas palabras: “Mas no os volvisteis a mí, dice Jehová”.

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