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El microcosmos de la Cruz

El microcosmos de la Cruz

El pastor y evangelista Louie Giglio, fundador de los Ministerios de Elección y las Conferencias de Pasión, conoció a un biólogo molecular quien le dio una pieza vital de información respecto a la construcción del tejido vivo.

 El biólogo le habló sobre el “laminin”, una proteína cuya función es como la de un pegamento, ya que hace que se mantenga unida la matriz estructural del tejido vivo. De manera asombrosa, ¡esta molécula tiene la figura de una cruz!

Pero... ¿Por qué se llama laminin? Esta proteína fibrosa está presente entre las delgadas capas superpuestas una sobre otra del tejido llamado “lamina”, de la palabra en latín que significa “capas delgadas paralelas”. En español tenemos las palabras “laminar” o “laminado” que significan “hacer placas delgadas con el laminador” o “estructura de un cuerpo que tiene sobrepuestas paralelamente sus láminas u hojas”.

Para los cristianos, el descubrimiento de que el tejido vivo se mantiene unido por una proteína que tiene la figura de una cruz, es un recordatorio imponente de varias verdades bíblicas básicas. Creo que cuando alguien descubre una verdad tan importante como esta, los predicadores debemos hablar al respecto.

Se ha predicado de la cruz por todo el mundo, como una verdad objetiva externa. Pero verla como una verdad interna, vital a la vida misma, es traer a Cristo a un entero nuevo nivel en el diálogo humano. Entre otras cosas, tiene que ver directamente con el acalorado debate actual acerca del “diseño inteligente”. Darwin nunca pudo ni remotamente llegar a imaginar la perfección microscópica que caracteriza la vida al nivel celular.

Después de todo el Hombre sobre la Cruz era el Creador. Para los creyentes, la Cruz no fue simplemente un instrumento de ejecución, fue un instrumento de vida, y comenzó con la encarnación. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:1-4).

El Verbo se encarnó en carne humana para traer vida. Con gran cuidado y carácter específico, el apóstol Juan señala que Él creó todas las cosas de la nada, y que nada existiría si no lo hubiese hecho existir.

Tal como dijo el apóstol Pablo: “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados. Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Colosenses 1:14-17).
Aquí la palabra “subsisten”, se traduce del griego sunistemi. El Diccionario Expositivo Vine del Griego del Nuevo Testamento, lo define como “estar en pie; denota, en su sentido intransitivo, mantenerse con o caer juntamente, estar constituido, compactado. Se dice del universo como sustentado por el Señor (Colosenses 1:17)”.

Las palabras del señor Vine son casi proféticas si consideramos las revelaciones proféticas implícitas en la proteína con figura de cruz que mantiene unidos los tejidos de la piel. El pastor Giglio dedujo rápidamente estas revelaciones y ha podido presentar verdades absolutamente inspiradoras a la audiencia a través de todo el territorio de Estados Unidos.

Reconciliación

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, el estado actual del cosmos está caracterizado por decadencia y disipación. El pecado lo ha destrozado de un extremo al otro. Bíblicamente este estado se conoce como “muerte”. Todos los sistemas, así sean orgánicos o inorgánicos, están sujetos a la devastación que trajo consigo el pecado de la serpiente antigua y de Adán.

Fue necesario que la creación fuese cambiada a su nivel más básico. La Cruz fue el elemento mediador de este cambio. En la Epístola a los Colosenses, siguiendo a la sección que acabo de citar, los versículos que siguen explican lo que se hizo. Dicen: “Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado” (Colosenses 1:18-21).

Aquí, la palabra “reconciliado” se usa para ilustrar la función llevada a cabo por la Cruz. Aunque en otras ocasiones hemos hablado sobre este tema, vale la pena repetirlo en el presente contexto. Es una de las palabras más poderosas en la Biblia, se origina del griego apokatallasso, que significa “cambiar completamente algo, de una cosa o estado a otro”.

Tal como se usa en el griego clásico, puede referirse a cambiar la moneda de un país al cambio de otro, o a remover toda hostilidad y no dejar ninguna barrera que obstaculice la unidad y la paz. También puede aplicar a sistemas geofísicos como el sol, la luna y las estrellas - es decir el cosmos, o los sistemas biológicos, todos los cuales están sujetos a la entropía, es decir al aumento de desorden causado por los errores al azar al trasmitir información de una generación a la siguiente.

La Biblia de manera explícita y vigorosa expone esta condición cuando predice que la tierra y sus alrededores un día experimentarán cambios violentos durante el día del Señor, los cuales restaurarán las cosas destrozadas por el pecado. Literalmente, la Cruz es el mecanismo que hace posible este cambio. Tal como escribe el apóstol Pablo, esto es cierto en “todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos”. Y ahora, gracias al descubrimiento del “laminin”, ¡parece que eso mismo también es cierto a niveles microscópicos de actividad dentro de los organismos vivos!

Una droga psicotrópica

Algo horrible ocurrió cuando Eva y luego Adán comieron del fruto del árbol prohibido que estaba colocado estratégicamente en el huerto del Edén. El nombre de este árbol incluía la palabra “conocimiento”. Por esto podemos deducir, que ingerir su fruto tenía algo que ver con el proceso del pensamiento, tal como comprendemos en el nivel humano. El comer este fruto e incorporar su química orgánica en el cuerpo, llevó a cabo un cambio radical e inalterable a un nivel microscópico.

Cuando la primera pareja comió, algo de proporciones enormes tuvo lugar en sus cuerpos. Perdieron la gloria que había cubierto su desnudez. Se percibieron que estaban desnudos en una forma que los perturbó. Y tuvieron miedo de la presencia de Dios. Tristemente, comenzaron a morir. Sus cuerpos designados a vivir eternamente, empezaron a deteriorarse, tal como Dios le había advertido a Adán: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16 y 17).

Ver que los tejidos vivos se mantienen unidos por algo que tiene la figura de una cruz como el laminin, es entender que la Cruz fue el único remedio para una humanidad agonizante, al igual que para un cosmos a punto de perecer. Tal como está escrito en la Epístola a los Colosenses, la Cruz cambió completamente todas las cosas... de una condición de muerte a vida. Recordemos una simple frase que coloca toda su majestad en un contexto personal: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gálatas 6:14).

Finalmente, recordemos la Cruz en las palabras conmovedoras que las presenta la carta a los Hebreos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:1-3).

Una vez más vemos que la Escritura ve al Hijo, tanto como Creador como sustentador. Cuando el escritor dice que Él “hizo el universo”, ¡realmente está declarando que hizo los eones de las edades! Esto abarca los enteros sistemas. Crear una edad es crear un principio, un complejo grupo de interacciones y direcciones hacia un fin.

Aquí, el Hijo es presentado como la propia persona de Dios, quien vino a este mundo regido por el tiempo como Creador. Su “palabra” o proclamación, es la propia esencia del poder. Y lo más interesante de todo, es que cuando la Escritura anterior dice, que Él es “quien sustenta todas las cosas”, usa la palabra griega phero que significa “soportar, cargar, sostener”.

En la mitología de la antigua Grecia, se decía que Atlas, uno de los Titanes, personificaba la fuerza y la resistencia. En una ocasión, él comandó una rebelión en contra de Zeus, el padre de los dioses, pero fracasó y fue condenado a cargar los cielos sobre sus hombros. Fue sentenciado a la carga de hacer girar los cielos sobre su eje, día tras día.

En su propia forma ignorante, los griegos estaban tratando de retratar verdades astronómicas de una manera que tuviera sentido para ellos. Claro está, erraron el punto, pero estuvieron muy cerca de estar en lo correcto respecto a una cosa: Que hay alguien que carga con el peso de todo, quien creó y mantiene los asombrosos sistemas que apenas ahora estamos comenzando a apreciar, gracias a instrumentos fenomenales, tales como el telescopio espacial Hubble, el que recientemente permitió que le echáramos una ojeada a la gloria verdadera que es Dios, a las cosas tan maravillosas que ha creado.

Y ahora, moviéndonos del telescopio al microscopio, vemos las mismas maravillas de la creación en la estructura del laminin. De súbito nos vemos confrontados con la verdad, que Él es el Verbo vivo, quien habló e hizo que todas las cosas existieran. Fue así como su propia esencia quedó literalmente incrustada en la creación, para que de esta forma cualquiera que tenga ojos para ver, pueda tener una prueba visual de su gran diseño... ¡de su propia Presencia!

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