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La transmisión del texto del Nuevo Testamento y nuestras Biblias de hoy

1. La importancia de la base textual griega para las traducciones españolas del Nuevo Testamento

     Cada versión del Nuevo Testamento (NT) en lengua española es una traducción de un texto griego del NT. 

Este texto básico griego, por su parte se basa en los más de 5.000 manuscritos griegos del Nuevo Testamento que conocemos hoy.  Estos a su vez son todos copias de copias anteriores que al final se basan en los manuscritos originales.  Las palabras de cada traducción de la Biblia quedan determinadas por las palabras de la base griega que se utilice en la traducción.  Por eso es de mucha importancia para todo lector de la Biblia, saber en qué texto básico se apoya la Biblia que él utiliza.

Las traducciones de la Biblia que surgieron de la Reforma y el “Textus Receptus” del Nuevo Testamento
Se puede decir que todas las traducciones de la Biblia a las lenguas comunes o vulgares de las diferentes naciones se remontan al tiempo de la Reforma.  Por la gracia de Dios en aquel entonces los pueblos de Europa y aún más allá de este continente recibieron las Sagradas Escrituras en sus propias lenguas.  En muchos países terminó el negro dominio de la iglesia católica, que privaba a las personas de la verdad de la Biblia e impedía, en parte de manera sangrienta, cualquier traducción de la Biblia a las lenguas populares.  En los siglos que siguieron, la Palabra de Dios libremente accesible produjo frutos maravillosos en la salvación de muchas personas.  La Biblia se tradujo a cada vez más lenguas populares, cuando los mensajeros llamados por Dios llevaron el evangelio a todo el mundo.  Millones de personas en todo el mundo fueron tocados, iluminados y llevados a la conversión y al nuevo nacimiento por la Palabra de Dios.  Para ellos la Sagrada Escritura llegó a ser la autoridad suprema de su vida espiritual.

Desde el tiempo de la Reforma hasta finales del Siglo XIX todas las traducciones protestantes de la Biblia, como por ejemplo la de Lutero, la Biblia original de Zurich, la Biblia del Rey Jaime (King James) de Inglaterra, la versión de Reina-Valera en España y otras, para el Nuevo Testamento se basaban en un mismo texto griego, el llamado “Textus Receptus” (quiere decir “Texto recibido o aceptado por todos”).  Este había sido publicado por primera vez en el año 1516 por el erudito Erasmo de Rotterdam.  Todos los reformadores recibieron este texto como dado por Dios y fiable.  Pero también le aprobaron unánimes millones de creyentes de distintas convicciones.  De modo que el Textus Receptus del Nuevo Testamento fue durante más de 350 años para todos los creyentes la base fiable e indiscutida de su fe.

El surgimiento de la crítica textual y de las Biblias críticas (Cuando hablamos de “Biblias críticas” nos referimos a Biblias que tienen como base un texto griego establecido por la crítica textual.)
Pero con el Siglo XIX ganó influencia la ciencia de la “crítica textual”  entre las iglesias y los teólogos.  Ésta pretendía construir un texto básico “mejor”, más aproximado al texto original, por medio del examen de manuscritos (abreviado: mss) particulares y suposiciones propias.  Al hacerlo se apoyaban en algunos manuscritos muy viejos que en numerosos pasajes se apartaban del texto recibido de la Reforma.  Algunos de los más conocidos críticos textuales del Siglo XIX son Constantin Tischendorf, Brooke Foss Westcott y Fenton John Anthony Hort.  Frente al Textus Receptus pusieron ediciones críticas del NT griego, que contenían numerosas tachaduras y cambios del texto bíblico transmitido durante siglos.  Al cabo del tiempo adquirió cada vez más importancia la edición del crítico textual alemán Eberhard Nestle.  Después de éste continuaron su trabajo su hijo Erwin Nestle y luego Kurt Aland.  La edición “Nestle-Aland” (= NA) del NT griego son hoy las normas para teólogos y sociedades bíblicas.

Paso a paso los cambios originados en el texto tradicional por la crítica textual fueron penetrando en las versiones de la Biblia.  Con la publicación de la English Revised Version de 1881, que debía sustituir la Authorized Version (“La Biblia del Rey Jaime”) de 1611, por primera vez una gran traducción de la Biblia se basó en un texto básico crítico del NT compilado por la crítica textual.  Pero esta revisión halló poca aprobación entre los creyentes ingleses.  Hasta el día de hoy, la Biblia del Rey Jaime ocupa un lugar especial en los países de habla inglesa y es apreciada y conservada por muchos creyentes que creen fielmente en la autoridad e inspiración de la Biblia.

Hasta 1912, en Alemania la Biblia de Lutero aún se basaba íntegramente en el Textus Receptus.  En 1912 sólo se cambiaron unos pocos pasajes.  La incursión de la crítica textual vino con la revisión de 1956.  Desde entonces la Biblia de Lutero por lo general sigue las nuevas normas del texto crítico de “Nestle-Aland”.  La Biblia alemana de “Schlachter” (1905) por lo general siguió el Textus Receptus y le conservó especialmente en los pasajes espiritualmente importantes.  Con algunas restricciones, esto se puede decir también de la antigua traducción de Elberfeld (1855).  Las traducciones y revisiones más recientes se basan casi exclusivamente en Nestle-Aland.

En España las versiones Reina-Valera 1909 y 1960 se apoyan casi totalmente en el Textus Receptus, mientras que las traducciones modernas como la de “Dios habla hoy” y la “Biblia de las Américas” presentan muchos de los cambios críticos por tomar el texto de Nestle-Aland como base.

¿Textus Receptus o Nestle-Aland?
Los lectores de la Biblia española, por lo tanto, pueden escoger entre dos clases distintas de traducciones del NT: versiones basadas en el texto de la Reforma y versiones que se basan en un texto científico-crítico con omisiones y cambios.  Pero la mayoría de los lectores en muy pocos casos son conscientes de la diferencia.  Esto se debe en parte a que más del 80 % del texto neotestamentario no se ve afectado por las diferencias textuales.  Muchos lectores más jóvenes ya no conocen las Biblias basadas en el texto tradicional.

Es lamentable que a menudo también entre los lectores más maduros y predicadores de la Palabra de Dios se sepa tan poco sobre la historia y las causas de la incursión de la crítica textual en nuestras versiones de la Biblia.  La mayoría de los lectores de la Biblia se conforman con las explicaciones dadas en las nuevas revisiones y versiones que dicen basarse en el texto griego fiable del NT según los más recientes conocimientos científicos.  Y es lógico, pues no tienen ninguna clase de información o argumentos contrarios que rebatan estas afirmaciones.

Entonces ¿ha perdido su puesto el texto recibido de la Reforma, como consecuencia del avance científico y sería justificado desecharle como tantas otras cosas?  Un buen número de creyentes serios no son de esta convicción.  Sobre todo en los Estados Unidos de América hay muchos creyentes fieles a la Biblia que consideran hoy todavía al Textus Receptus como el texto del NT conservado y dado por Dios.  También en los países de lengua alemana muchos lectores de la Biblia de avanzada edad no han dejado la Biblia de Lutero de 1912, porque sentían que con las revisiones desde 1956 en adelante se cambió más que algunas meras palabras anticuadas.  En el año 1999 se publicó en Alemania la Biblia revisada de Schlachter, y con ella una traducción del NT que se basó exclusivamente en el texto recibido de la Reforma.
Muchos lectores se preguntarán por qué al final del Siglo XX se toma como base de una traducción de la Biblia un texto acerca del que han oído que sería “anticuado” y “poco fiable”.  Pero hay buenas razones para defender el texto recibido de la Reforma e incluso para volver a él conscientemente - precisamente hoy en día, cuando la crítica bíblica y el poner en duda la Palabra de Dios se está extendiendo cada vez más.  A continuación quiero intentar dar unas informaciones acerca de lo que es el texto recibido de la Reforma y explicar porqué los creyentes que creen fielmente en la autoridad e inspiración de la Biblia aún hoy lo pueden aceptar como el texto del NT que Dios ha guardado y transmitido con toda garantía.

 

2. Breve resumen de la historia del texto griego recibido de la Reforma

El texto griego recibido de la Reforma, (Informaciones fundamentales sobre el Textus Receptus se hallan en los siguientes títulos que se utilizaron para este trabajo: David Otis Fuller (Ed.): Which Bible?; Theodore P. Letis (Ed.): The Majority Text: Essays and Reviews in the Continuing Debate.  Edward Freer Hills: The King James Version Defended.  El texto mismo, donde mejor se puede estudiar es en la siguiente versión, que es la que contiene la mayoría de los cambios críticos en el aparato de notas: The Interlinear KJV Parallel New Testament in Greek and English.  Based on the Majority Text [en realidad: Stephanus 1550] With Lexicon Synonyms. George Ricker Berry.) también denominado Textus Receptus (=TR) tiene sus raíces en tiempos anteriores a la Reforma.  La transmisión textual en que se basa se remonta al ancho cauce de manuscritos bizantinos y hasta los mismos originales.  Coincide esencialmente con el texto de aproximadamente el 90 % de los más de 5.000 manuscritos griegos conocidos del NT, que en la crítica textual están agrupados bajo la expresión “Koiné”, texto “bizantino” o “Texto Mayoritario” (Majority Text = MT).  Esencialmente, todos estos manuscritos dan testimonio del mismo texto del NT generalmente reconocido durante siglos en todo el territorio de habla griega.  Después de 14 siglos, esta transmisión del texto desembocó en el Textus Receptus.  Se puede decir que el Textus Receptus representa una forma especial del texto bizantino o mayoritario.

En todo el territorio donde se difundió el NT, el texto mayoritario es una transmisión testificada que tuvo su origen en las iglesias del primer siglo de Grecia y Asia Menor.  Fue preservado y transmitido en los siglos subsiguientes (principalmente por la iglesia griega) en multitud de manuscritos.  Ya en el Siglo II está atestiguada esta transmisión del texto; hasta el Siglo IV fue ganando cada vez más influencia.  Esto lo prueban los papiros tempranos, las citas bíblicas de los primeros Padres de la iglesia y las traducciones de la Biblia del Siglo II, sobre todo la Peshita siríaca.

Como muy tarde en el Siglo V, la transmisión mayoritaria era la forma textual predominante reconocida por la mayoría de los cristianos grecohablantes.  De ahí que más o menos el 90 % de todos los manuscritos hoy conocidos contienen precisamente esta forma textual.  Estos manuscritos entraron en Europa Occidental después de la caída de Bizancio y despertaron el interés por el texto griego del NT, después de que hasta entonces estaba difundida casi exclusivamente la Biblia latina oficial de la iglesia, la Vulgata.

El origen del Textus Receptus en el siglo de la Reforma
Tras años de estudios preliminares, el erudito humanista Erasmo de Rotterdam, que era un extraordinario conocedor del griego, habiendo visto y analizado manuscritos del NT en muchas bibliotecas, publicó en 1516 una versión del Nuevo Testamento griego, que se divulgó ampliamente y fue reeditada varias veces.  Se basaba en manuscritos procedentes de la transmisión mayoritaria, aunque en algunos lugares del texto también se apartaba de ella.  Algunas publicaciones influidas por la crítica textual realzan que esta edición se hizo con prisas y que contenía algunos errores.  Pero dejan de decir, que esta primera edición del Nuevo Testamento en griego en aquel entonces fue una obra pionera que abría nuevos caminos, y dejan de decir también la importancia espiritual revolucionaria que correspondió precisamente a este libro.

El Textus Receptus de Erasmo en ningún modo fue un trabajo chapucero ocasional, motivado, si cabe, por intereses de lucro, como afirman ciertos defensores de la crítica textual.  Indiscutiblemente, Erasmo fue el mayor erudito de su tiempo y se había ocupado durante años con el NT griego.  En sus viajes de investigación ya en años anteriores había analizado diferentes manuscritos del NT y llevado a cabo una traducción del NT griego al latín.  Por lo que hoy sabemos, él conocía la gran mayoría de los pasajes que se apartan del texto transmitido, pasajes que la crítica textual hoy aprueba, pero él los desechó como erróneos. (En las notas a su edición, Erasmo discute numerosas variantes de “Nestle-Aland”, como por ejemplo Juan 7:53-8:11 o 1 Timoteo 3:16 - comp. Hills, King James Version, pp. 194-199.)

Aunque oficialmente no se salió de la iglesia católica y no sabemos si fue creyente, tenía bastante más reverencia por la Biblia como Palabra revelada por Dios que la mayoría de los críticos textuales de hoy, y era su anhelo que las personas sencillas de Europa pudieran leer el Nuevo Testamento.(Comp. su introducción al NT griego de 1516 en: “Wegbereiter der Reformation” (Ed. G.A. Benrath), Wuppertal (R. Brockhaus) 1988, pp. 527-537.)

Por la providencia de Dios, él mismo fue un instrumento decisivo para que se hiciera realidad este deseo.  La prisa con la que preparó su primera edición, nosotros los creyentes de hoy deberíamos considerarlo a la luz del hecho que sólo un año después, en 1517, comenzó la Reforma.  El texto publicado por Erasmo constituyó la base para la traducción del NT de Lutero en 1522 y también para el NT de la Biblia de Zurich (“Froschauer Bibel”) de 1529.

El impresor Robert Estienne (“Stephanus”) que se había convertido y después emigró de Francia, publicó varias versiones del NT griego entre 1546 y 1551, que se basaban en la versión de Erasmo, pero mejorándola en varios detalles.  La versión de Stephanus del Textus Receptus de 1550 ha llegado a ser una de las más importantes e influyentes.  También el reformador suizo Theodor Beza y los editores holandeses Elzevir publicaron en los años 1565-1604 y 1624-1678 respectivamente numerosas versiones de este texto.

Este texto, por lo tanto, con razón se denomina el texto recibido de la Reforma.  Los líderes y maestros de la Reforma (entre los cuales algunos como Beza, por ejemplo, habían estudiado a fondo la transmisión de los manuscritos) en todos los países lo aceptaron.  Y también otros creyentes como los Valdenses y Anabaptistas. (Con esto no nos referimos a la secta antibíblica de los “Anabaptistas” münsteristas, sino a las iglesias Anabaptistas serias y fieles a la Biblia, como las que se formaron alrededor de Menno Simons, de las que surgieron entre otros los menonitas.)  Todos ellos reconocieron al Textus Receptus como texto del NT conservado y sacado a luz por la providencia de Dios.

Por la soberana dirección de Dios, precisamente este texto fue la base de todas las Biblias de la Reforma, no sólo la de Lutero, la de Zurich y la del Rey Jaime, sino también la Biblia de Olivetan, la de Ostervald (francesa), la de los Países Bajos, la Reina-Valera española y muchas otras más.  Por causa del principio básico de que solamente la Biblia debería ser la suprema autoridad para los creyentes, en cierto sentido este texto llegó a ser el fundamento reconocido de la Reforma, la base determinante para todas las doctrinas y la predicación.  Lo mismo es válido para las iglesias anabaptistas y los Husistas.

 

3. El ataque de la crítica textual racionalista contra el texto recibido

Entre los primeros “críticos textuales”, que pusieron en duda la credibilidad del texto recibido del NT, desempeñaron un papel importante los Jesuitas y otros representantes de la iglesia católica, (Obsérvese sobre este tema los trabajos muy reveladores en Letis (Ed.) The Majority Text, especialmente las pp. 126 y 145-190.) que, alegando las “lecturas” (pasajes) discrepantes, trataban de minar la enseñanza de la Reforma de que la Sagrada Escritura era la única autoridad para los creyentes.  La crítica textual les proveyó con la argumentación necesaria para afirmar que la Escritura sola no era suficiente como norma, sino que los creyentes necesitaban la enseñanza y tradición de la iglesia católica para saber con seguridad lo que Dios había dicho.

Con esto querían también defender la posición predominante de la traducción del NT de la “Vulgata” latina usada oficialmente por la iglesia, antes que el texto básico griego; porque la Vulgata se aparta en bastantes puntos de la transmisión bizantina del NT y presenta modificaciones “críticas”.  Pero este ataque astuto contra los fundamentos de la Reforma fue rechazado por los creyentes y sus líderes en aquel entonces.  Ellos consideraban al Textus Receptus como el texto que Dios les había conservado y le retenían por fe.

En los siglos XVIII y XIX, cuando la ciencia y la teología estaban marcadas cada vez más por la Ilustración, el Racionalismo y la apostasía de la fe, hubo críticos textuales, como Griesbach, Lachmann, Tischendorf y también Westcott y Hort que emprendieron la tarea de intentar reconstruir el texto del NT original, según su opinión por medio de la comparación de diferentes manuscritos más antiguos.  Todos ellos desecharon la norma autoritativa del texto transmitido y le calificaron a él y a la transmisión del texto mayoritario en que se basaba de ser un texto malo y corrupto que se habría originado por una elaboración posterior.  Por otra parte explicaron que los poquísimos manuscritos muy antiguos de la transmisión alejandrina (que parte de la ciudad egipcia de Alejandría) serían los únicos testigos fiables del texto original. (Una presentación crítica muy buena de los métodos y fundamentos de la crítica textual se encuentra en Wilbur N. Pickering: The Identity of the New Testament Text (p. 180) Nashville (Thomas Nelson) 1980.)

Las recriminaciones de los críticos textuales contra el texto recibido de la Reforma
Los críticos textuales afirmaban que el texto recibido de la Reforma no era fiable, porque sólo estaba contenido en manuscritos más tardíos.  De hecho, en el clima húmedo del territorio mediterráneo, los manuscritos de pergamino tenían normalmente una vida de 150-200 años como mucho y tenían que ser reemplazados entonces por nuevas copias.  De ahí se explica que la mayoría de los testigos del texto mayoritario sean del Siglo VIII al Siglo XIV.  Pero también hay manuscritos de los siglos V y VI que testifican del texto mayoritario, y ya en los papiros más tempranos que se han conservado se hallan formas textuales típicamente bizantinas.

El hecho de que el texto mayoritario estaba atestiguado con asombrosa uniformidad por muchos cientos de manuscritos de diferentes siglos y diferentes regiones del cristianismo, trataron de explicarlo Westcott y Hort de esta manera: según ellos habría habido en el siglo IV una reelaboración y unificación llevada a cabo por la iglesia (la llamada “Recensión Luciana”).  Según ellos entonces se habrían armonizado y retocado diferentes transmisiones más antiguas para formar un nuevo “texto uniforme”.

Sin embargo, no se hallaron pruebas históricas de ninguna clase para esta afirmación arbitraria.  Una revisión del NT griego tan transcendente, aprobada por todos los obispos, con toda seguridad habría tenido que ser documentada en alguna parte.  Tanto los hallazgos de antiguos manuscritos en papiro, como las citas antiguas de los “Padres de la iglesia” y las traducciones, muestran que la transmisión del texto mayoritario ya había tenido que existir antes del Siglo IV.  De manera que esta teoría ya la han desechado la mayoría de los críticos textuales. (Comp. Pickering, Identity, p. 93ss.)

Unido a esto afirmaban que las lecturas del Textus Receptus tan lógicas entre sí, de un lenguaje claro y doctrinalmente sanas no podían ser originales, sino que tenían que ser el resultado de una amplia reelaboración redaccional.  Añadido a esto se planteó la suposición de que los copistas del NT habrían tenido más bien la tendencia de mejor corregir de por sí las palabras de las Sagradas Escrituras que tenían delante y de ampliarlas por medio de adiciones, antes que de omitir algo (sin querer o intencionalmente).  De ahí que las “lecturas” (o variantes) más oscuras y más difícilmente comprensibles habría que considerarlas como las originales, igual que las lecturas que ocasionaron diferencias entre las transmisiones de los evangelios.

En algunos manuscritos muy antiguos de Alejandría y Egipto, los críticos textuales hallaron el texto del NT que más se aproximaba a la idea que ellos tenían de lo que debía ser el “texto original”.  Estos manuscritos omitían muchas de las palabras testificadas en el 90 % de los manuscritos de las Sagradas Escrituras, sustituían otras por expresiones más oscuras y difíciles de comprender, contenían numerosas contradicciones y faltas gramaticales.  A estos manuscritos se les atribuyó una transmisión textual prácticamente libre de errores y “neutral”.

La transmisión bizantina, por el contrario, fue tratada con desprecio.  Se dijo y se dice que sería “falsificada” y “desfigurada”, que sería un texto “normalizado y oficialmente impuesto”, que “con violencia había sido encerrado en un rígido esquema”.  Su divulgación habría sido “dirigida desde una central”. (Comp. Bruce M. Metzger, A Textual Commentary on the Greek New Testament, 2a ed. Stuttgart (Dt. Bibelgesellschaft) 1994, p. 7*; Kurt u. Barbara Aland, Der Text des Neuen Testaments.  Einführung in die wissenschaftlichen Ausgaben und in Theorie wie Praxis der modernen Textkritik. Stuttgart (Dt. Bibelgesellschaft) 2a ed. 1989, p. 79.) El crítico textual Hort a la edad de 23 años expresó sus prejuicios contra el texto tradicional de la siguiente manera: “Hasta hace algunas semanas yo no tenía ni idea de la importancia de los textos, porque había leído tan poco del Testamento griego, y me arrastraba pesadamente con ese vil Textus Receptus (...) Pensar en ese horrible Textus Receptus que se apoya totalmente en manuscritos tardíos; es una bendición que haya estos tempranos”. (Citado según Pickering, Identity, p. 31.  Este pasaje dice en el original: “...and dragged on with the villainous [= vil, malvado, malísimo] Textus Receptus ... Think of that vile [= vil, horrible, pésimo, asqueroso] Textus Receptus...”.)

 

4. ¿Son los manuscritos más antiguos los más fiables?

Los “testigos principales” de la crítica textual que supuestamente prueban el rechazo del texto de la Reforma, son un par de copias “unciales” antiguas (unciales eran manuscritos escritos en mayúsculas), sobre todo el Códice Sinaítico (Alef) y el Códice Vaticano (B), ambos del Siglo IV, procedentes de la transmisión alejandrina.  En ellos se omitieron o cambiaron muchas palabras y muchos pasajes en parte importantes que se encuentran en el texto mayoritario.

Aunque estos manuscritos antiguos muchas veces se contradicen entre sí y demuestran ser testigos muy poco fiables (véase más abajo), entre otras cosas por abundantes y graves faltas cometidas por los copistas, casi todos los representantes de la crítica textual afirman que estos serían los que más se acercan a los originales de la transmisión textual.  Por otra parte, declaran que son de poca importancia para el atestiguamiento del texto original, las 2.500 copias cursivas (manuscritos escritos en minúsculas griegas) y las numerosas copias unciales (a partir del Siglo V), que dan testimonio del “texto mayoritario”, por lo cual las rechazan y no las toman en consideración.

La suposición de que los textos más antiguos del NT tienen que ser los más fieles, parece lógica a primera vista.  Pero ya fue rechazada y rebatida en el Siglo XIX por creyentes fieles a la Biblia y eruditos, entre los cuales se hallan extraordinarios conocedores de la historia de los textos, como John William Burgon (Las obras en las que el investigador textual inglés, John W. Burgon, rechaza la crítica textual de Westcott y Hort con argumentos bien fundamentados, están hoy aún sin rebatir y son de un valor permanente para todos aquellos que se quieran ocupar a fondo con estas cuestiones.  Han sido publicadas en una colección abreviada en un volumen: John William Burgon: Unholy Hands on the Bible.  Vol. I. Editor Jay P. Green sen. (p. 624) Lafayette, Indiana (Sovereign Grace Trust Fund) 1990.  Los volúmenes sueltos con el aparato completo de notas han sido reimpresos por “The Bible for Today”, 900 Park Ave., Collinswood NJ 08108, USA (ver Bibliografía).) y Frederick Henry Ambrose Scrivener de Inglaterra.  Contrastando con esta suposición, ellos han mostrado que precisamente la transmisión del texto en los primeros siglos fue muy poco uniforme en lo que se refiere a su fidelidad.

Por lo tanto es muy importante saber si los escribientes copiaban el texto de fuentes fiables cotejadas con los originales.  En numerosos manuscritos muy antiguos se puede demostrar que fueron escritos por copistas que trataban la santa Palabra con gran dejadez o incluso con arbitrariedad.  Esto originó errores de copia, mutilaciones evidentes del texto, pero también a veces cambios del texto original inducidos por herejías.

Las herejías de la iglesia primitiva y las resultantes falsificaciones de la Escritura
En este contexto es importante conocer algo del trasfondo de la historia de la iglesia primitiva.  Especialmente en los Siglos II y III surgieron numerosos herejes y movimientos falsos en la iglesia.  Irrumpieron poderosas luchas relacionadas con la doctrina bíblica de Cristo y otros temas básicos.  Se escribieron evangelios y epístolas apostólicas falsificadas (“apócrifas”), con el propósito de apoyar las falsas doctrinas.  Herejes como Marción y Taciano no vacilaron en falsificar también el texto de las Sagradas Escrituras para apoyar sus opiniones.  Es conocido, por ejemplo, que Marción utilizaba una versión abreviada y falsificada del Evangelio de Lucas, para cimentar sus herejías.  Para los gnósticos “iluminados” las escrituras del NT no eran ni mucho menos santas e intocables, sino que pensaban que podían utilizarlas libremente, es decir, recortarlas, cambiarlas o ampliarlas cuando fuera necesario.

Los papiros y unciales alejandrinos manifiestan una gran arbitrariedad en el trato de la santa Palabra de Dios, como solamente pueden ser propias de partidarios de herejías.  Kurt y Barbara Aland hablan con toda naturalidad de que muchos papiros presentan “un texto ‘libre’, es decir, un texto que de distintas maneras dispone de modo relativamente libre del texto original”.  El antiguo copista de la transmisión alejandrina se sentía “libre” para “cambiar el texto de la Sagrada Escritura según lo que él creía objetiva, gramatical o estilísticamente correcto”.  Esto es tanto más válido para los tiempos más tempranos cuando los textos aún no tenían la canonicidad de los tiempos posteriores (!), y mucho más en los comienzos, cuando el cristiano era consciente de ser poseedor del Espíritu (!!)”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 69 y 79, comp. también p. 60)

En esos tiempos había, por lo tanto, dos líneas de transmisión: Por una parte manuscritos hechos por creyentes que retenían la fe bíblica.  Estos manuscritos conservaban con todo cuidado el texto literal divinamente inspirado, y eran comparados con los originales (o las copias directas y atestiguadas de estos).  Pero, por otra parte, había también manuscritos que se caracterizaban por un trato del texto negligente, arbitrario y hasta a veces intencionadamente falsificante.  Por eso es importante conocer las líneas de transmisión sobre las que se apoyan, por una parte el “texto mayoritario” y el Textus Receptus, y por otra los textos críticos.  Porque es absolutamente decisivo para una evaluación espiritual, saber de qué ambiente espiritual y en base de qué fuentes proceden los textos que deben contener una transmisión fiel de los escritos originales.

 

5. El origen del texto alejandrino y del greco-bizantino

La línea de transmisión alejandrina y las herejías de Egipto
Los manuscritos Sinaítico y Vaticano y también los papiros proceden de una transmisión que tiene su origen en Alejandría o Egipto.  Esto es una región que estaba muy lejos del lugar de los originales de modo que los escribientes difícilmente podían cotejar sus copias con las copias primeras atestiguadas.  Y los lectores tampoco podían reconocer tan fácilmente las divergencias de los originales como en el territorio griego de Asia Menor, donde las iglesias fundadas por los Apóstoles seguían existiendo.

Pero más grave es que precisamente en Alejandría y Egipto actuaban muchos herejes (del gr. hairesis = doctrina equivocada, partidismo, secta) y enemigos de la fe bíblica, que estaban influenciados sobre todo por el Gnosticismo [derivado de gnosis = conocimiento secreto], el Arrianismo y la filosofía griega.  El gnosticismo era una doctrina pagana de misterio que estaba basada en conocimientos de revelaciones demoníacas y que ya en el primer siglo comenzó a obrar en las iglesias cristianas que se estaban formando (comp. 1 Ti. 4:1-5; 1 Ti. 6:20 donde la traducción “ciencia” en el gr. dice gnosis; Col. 2; 1 Jn.).

Los gnósticos enseñaban entre otras cosas un dualismo antibíblico de (buen) espíritu y (mala) materia, la autosalvación del hombre por medio de la “iluminación” demoníaca o “conocimiento”, el desprecio por todo lo corporal o creado (tendencia a un ascetismo equivocado o un total desenfreno) y especulaciones pagano-ocultistas sobre la creación y el mundo de los ángeles.  Hacían una distinción entre la divinidad suprema y otro supuesto dios creador inferior malo (“un demiurgo”), que habría hecho la creación mala y al cual identificaban con el Jahvé del Antiguo Testamento.

El Gnosticismo “cristiano” y Orígenes como defensor de los textos alejandrinos
Bajo el ropaje “cristiano”, el gnosticismo, entre otras cosas, causó una devaluación del Antiguo Testamento (interpretándole esencialmente de manera alegórica y figurada).  Los gnósticos negaban que Jesucristo es Dios, con la misma naturaleza que el Padre; negaban que Él es desde la eternidad el Hijo de Dios y se hizo hombre verdadero (comp. Jn. 1:1-14, lo cual va dirigido directamente contra los gnósticos), y negaban su muerte en la cruz como sacrificio expiatorio.  Para los gnósticos, Cristo era un ser angélico creado, que nunca se hizo realmente hombre (“ha venido en carne” - 1 Jn. 4:1-3) y no podía morir en la cruz por los hombres.  Para otros herejes Él era un hombre normal, aunque “espiritualmente” dotado, que nunca fue engendrado por Dios y no era Dios desde la eternidad (la raíz del “Arrianismo”).  Muchas herejías horribles sobre la persona de Jesucristo que caracterizaron la historia temprana de la iglesia católica, tienen que ver directa o indirectamente con la influencia dañina del gnosticismo “cristiano” y de la filosofía griega. (Sobre estos nexos comp. entre otros Heussi, Kompendium der Kirchengeschichte, 10a ed. Tubinga (J.C.B. Mohr) 1949, p. 50-106.)
De gran importancia para la transmisión textual alejandrina fue el famoso erudito Orígenes (aprox. 185-254).  Estudió en la “escuela catequística” alejandrina dirigida por el gnóstico “cristiano” Clemente de Alejandría, y después fue maestro de la misma.  Bajo la influencia de herejías místico-ascetas se castró él mismo.  Orígenes estaba muy influenciado por el gnosticismo y la filosofía neoplatónica y se le conoce como fundador de la herejía del universalismo. (UNIVERSALISMO: Creencia de que todo ser humano finalmente alcanzará la salvación en Jesucristo (llamada también “restauracionismo”). [...] La doctrina tiene una larga historia.  Hubo teólogos universalistas en la Iglesia Antigua.  Se enseñó primero en Alejandría.  Orígenes elaboró extensamente la doctrina ... . (De Diccionario de Historia de la Iglesia, Editorial Caribe, p. 1036-1037).)  Ponía en duda la autenticidad de algunos pasajes de los evangelios, por su método arbitrario de interpretación alegórica.

Se puede decir que Orígenes fue el primero que practicó la “crítica textual” en el sentido científico moderno.  Por eso los críticos textuales de hoy le aprecian tanto.  Algunos investigadores atribuyen a Orígenes una gran influencia sobre los manuscritos Sinaítico y Vaticano.  Estos manuscritos probablemente fueron hechos por encargo del emperador Constantino por Eusebio de Cesarea que era gran admirador de Orígenes.  Eusebio los hizo elaborar según los principios críticos de su maestro.  Así entraron en estos manuscritos influencias gnósticas y otras influencias perniciosas de la transmisión alejandrina.

La iglesia católica occidental cuyo idioma oficial era el latín adoptó algunas lecturas alejandrinas y las incorporó en la traducción latina de su Biblia “Vulgata”, después de haber llegado a ser la iglesia estatal y “popular” bajo el emperador Constantino.  Esto parece mostrar que esta iglesia no era capaz de superar del todo las doctrinas erróneas de los enemigos de la fe, porque ya en aquel entonces estaba en su interior completamente leudada por ellas y no se encontraba ya sobre el fundamento bíblico.  Con el tiempo, la Vulgata llegó a ser el texto estándar del NT en la iglesia católica, mientras que el texto griego se fue dejando de lado casi totalmente.

El clima seco y cálido de Egipto posibilitó la supervivencia de manuscritos alejandrinos antiquísimos, que por sus muchos errores, inexactitudes y falsificaciones heréticas posteriormente no se volvieron a utilizar (¡de otra manera se hubiesen deshecho!).  Son testigos de una línea lateral desfigurada de la transmisión textual, que con buenas razones se dejó de lado, de modo que sus manuscritos en tiempos posteriores ya casi no se copiaban, porque fueron reconocidos como no fiables y falsificados. (Estos puntos de vista están muy bien explicados en Pickering, Identity, p. 99ss.)  Su edad, por lo tanto, de modo alguno es una garantía para denotar su proximidad al texto original, porque la actitud arrogante y negligente de sus escribientes, causada por herejías, les sedujo a transmitir el texto de manera desfigurada y mutilada.

La línea de transmisión del texto mayoritario
El texto mayoritario proviene de una región (Asia Menor y Grecia), en la que muchas de las primeras iglesias cristianas fueron fundadas todavía por los mismos apóstoles y poseían aún los escritos originales (al menos el Evangelio de Juan, las epístolas a los Corintios, a los Gálatas, Efesios, Colosenses, Filipenses, Tesalonicenses, Timoteo, las epístolas de Pedro y el Apocalipsis) o copias correctas certificadas, para garantizar una transmisión fiel.  En esta región obró Timoteo (quizá hasta entrado el Siglo II) a quien el apóstol Pablo había encomendado la tarea de guardar la Palabra de Dios (comp. 2 Ti. 1:13, 14).  Hasta aproximadamente el año 90 el apóstol Juan tuvo su ministerio en esta región, siendo un testigo de la verdadera transmisión, autorizado por Dios.

En esta región, pues, había las mejores condiciones para garantizar una transmisión fiel del NT revelado.  Esto también es válido para los copistas de los escritos originales.  En el primer siglo se puede decir que en casi todas las iglesias de esta región había aún judíos creyentes, y podemos partir de la base de que sus copias del NT estaban marcadas por su actitud sumamente cuidadosa, caracterizada por una santa reverencia ante cada una de las letras y palabras en la transmisión de la Escritura.

Añadido a esto hay que decir que durante muchos siglos esta región fue el “corazón del cristianismo”, como hacen constar también Kurt y Barbara Aland: “Es seguro que Asia Menor y Grecia fueron el centro de cristianismo primitivo, ejerciendo una influencia considerable o tal vez incluso decisiva sobre el desarrollo del texto neotestamentario”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 62/63 y 77.)  Precisamente esta influencia se hace visible en la transmisión del texto mayoritario.  Los críticos textuales, sin embargo, se niegan a reconocer este hecho por sus prejuicios espirituales.  Es, por lo tanto, consecuente que los creyentes reconocieran y divulgaran este texto transmitido con toda fiabilidad por la dirección y providencia de Dios.  A partir del Siglo IV es generalmente reconocido por los creyentes de habla griega en todo el imperio romano.

Con respecto a 2 Timoteo 1:13, 14 deberíamos considerar aquí la importancia de los creyentes sencillos guiados por el Espíritu Santo para la transmisión fiel del texto original del NT.  Las sagradas Escrituras del NT eran intercambiadas en las primeras iglesias por medio de copias certificadas, y eran leídas con avidez (en lo que con toda seguridad tuvieron un cierto control los apóstoles y sus colaboradores).  Sobre todo en las reuniones de la iglesia se leían con regularidad (comp. Col. 4:16) con lo que quedaron bien afianzadas las palabras textuales.

De esta manera, en el corazón del cristianismo apostólico, en un período de unos 30-40 años pudo formarse una transmisión cuidadosa del texto verdadero, antes de que irrumpieran las influencias dañinas, falsificaciones y cosas semejantes.  Por esta razón, estos creyentes podían reconocer y rechazar escritos falsos y falsificados, a pesar de que sólo algunos de ellos poseían copias fieles.
Una prueba contundente para la firmeza de esta transmisión fidedigna es, que también los herejes como por ejemplo los origenistas y arrianos que pudieron consolidarse en esa región, tuvieron que conservar ese texto transmitido, para ellos contraproducente, no pudiendo osar meter omisiones o cambios como sus correligionarios en Alejandría.

Por el testimonio y la obra del Espíritu de Dios, el texto mayoritario que se basaba en los originales fue tan difundido y aprobado que éste, y no las formas textuales discrepantes de Alejandría, llegó a ser el texto predominante divulgado en todas partes.  En esto, los creyentes podemos ver la fidelidad de Dios a Sus promesas.  Aún y cuando la iglesia griega ortodoxa vivió una decadencia espiritual y apostasía parecida a la de la iglesia católica de Occidente, sin embargo, fue hecha la guardiana del texto original por medio de la providencia y obra de Dios, a semejanza de los rabinos incrédulos de la Edad Media que fueron los guardianes del texto hebreo del Antiguo Testamento.

Por medio de una cadena ininterrumpida de copias, este texto fiable fue difundido en todas partes donde vivían creyentes.  En el clima húmedo del territorio mediterráneo los manuscritos de pergamino o papiro tenían normalmente una vida de 150-200 años como mucho (puesto que eran usados constantemente) y tenían que ser sustituidos por nuevas copias.  De ahí se explica que el texto mayoritario generalmente reconocido haya llegado a nosotros principalmente en manuscritos relativamente tardíos: sus antecesores tempranos se desintegraron por causa del clima y el uso frecuente y fueron sustituidos por copias fieles.
La gran fidelidad de esta línea de transmisión con respecto al trato del texto que le ha sido confiado se muestra en la asombrosa uniformidad del texto en las muchas copias de copias, que además proceden de regiones muy alejadas la una de la otra.  Esta uniformidad solamente se explica por el hecho de que reproducen con gran cuidado un antecedente común: los originales inspirados.

De esta manera se explica que un manuscrito del S. XIV pueda contener una reproducción del texto original más fiable que un manuscrito del S.II. (Esto, de hecho, es algo indiscutido en la investigación textual del Antiguo Testamento; referente al AT, la mayoría de los eruditos defienden la fiabilidad y superioridad del texto masorético (que también ha sido transmitido solamente en manuscritos “tardíos” del Siglo X y equivale al Textus Receptus del NT) frente a los manuscritos más antiguos (comp. Ernst Würthwein, Der Text des Alten Testamentes, Stuttgart 1952, p. 19 y 83).)  Lo decisivo es: ¿procede el texto transmitido de los escritos originales y ha sido transmitido fiel y cuidadosamente por medio de las copias intermedias?  El Texto Mayoritario presenta todas las características de semejante transmisión cuidadosa.  Los testigos más importantes de la crítica textual, en cambio, demuestran convincentemente, lo equivocado que es afirmar que los testimonios textuales más antiguos serían los más fiables y los que más se acerquen a los originales.

 

6. Los dudosos testigos principales de la crítica textual

Por medio de unos pocos datos y cifras quisiera demostrar lo poco fiables que son para la transmisión textual los manuscritos más antiguos que han llegado hasta nosotros.  Muestran sobre qué base arbitraria está construido todo el edificio de la crítica textual moderna.  Si los testigos principales de los que presentan sus acusaciones contra el Textus Receptus no son dignos de confianza, entonces tampoco lo son las ediciones de “Nestle-Aland” que esencialmente se basan en ellos.  El caso “Textus Receptus” merece ser de nuevo procesado y decidido.

El Códice Sinaítico (“Alef”)
Este manuscrito del Siglo IV está entre los más famosos y reconocidos.  Fue hallado por Tischendorf en el Siglo XIX en un cubo de la basura del convento de Santa Catalina al pie del monte Sinaí.  Para el crítico textual Tischendorf era el manuscrito mejor y más puro de todos y por causa de él modificó más de 3.500 pasajes de su edición crítica del NT. (Comp. Burgon, The Traditional Text of the Holy Gospels, London (George Bell and Sons) 1896, p. 159-160.
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  Es uno de los testigos textuales principales para el texto alejandrino-egipcio, que según el prejuicio de los críticos textuales sería el que más se acerca al original.  Kurt y Barbara Aland, no obstante, evalúan la calidad de su transmisión textual con cierta reserva: “El texto, que contiene numerosas lecturas singulares [= formas textuales que sólo se encuentran en el Sinaítico.  Nota del autor, R.E.] (y descuidos), fue sobreestimado excesivamente por Tischendorf; en su valor es bastante inferior a B [= Códice Vaticano] (...)”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 118.)

Esta confesión está formulada con bastante finura y embellecimiento.  Burgon ha contado solamente en los Evangelios 1.460 lecturas discrepantes, que no se hallan en ningún otro manuscrito - es decir, ¡casi 1.500 casos en los que este “testigo”, incluso bajo los criterios de la crítica textual, muy probablemente está equivocado!  El manuscrito está plagado de evidentes faltas de los copistas y negligencias, como la omisión de líneas enteras y palabras.  En comparación con el Textus Receptus, el Códice Sinaítico omite 3.455 palabras solamente en los Evangelios, añade 839, sustituye 1.114 palabras por otras, cambia el orden de 2.299 palabras en distintas frases y modifica 1.265 palabras, ¡de manera que resulta en un total de 8.972 diferencias!  Al menos 10 correctores se esforzaron posteriormente en arreglar una parte de estos errores. (Pruebas de esto en Burgon, The Revision Revised, Reimpresión, Collinswood N.J. (Dean Burgon Soc. Press), sin año, p. 12; comp. también Mauro en Fuller (Ed.), True or False? The Westcott-Hort Textual Theory Examined, Grand Rapids (Institute for Biblical Textual Studies), p. 72-80.) Más grave que esto es que el Sinaítico, que se originó bajo la influencia de Orígenes, contiene numerosas omisiones y cambios que indican un menoscabo intencionado efectuado por partidarios de herejías.  El Sinaítico omite por ejemplo “Hijo de Dios” en Marcos 1:1, “en mí” en Juan 6:47, “que está en el cielo” en Juan 3:13, la ascensión en Lucas 24:51, cambia “¿crees tú en el Hijo de Dios?” en “¿crees tú en el Hijo del Hombre?” en Juan 9:35 y en 1 Timoteo 3:16 dice “El” en lugar de “Dios”.  Es uno de los tres (!) manuscritos que omiten el final de Marcos 16, y también omite Juan 7:53-8:11.  A cambio contiene la “epístola de Bernabé” y el “Pastor de Hermas”, escritos católicos tempranos caracterizados por herejías, ¡que los editores “de confianza” de este códice consideraban como santas escrituras!

El Códice Vaticano (B)
El segundo testigo principal de la crítica textual es un manuscrito del Siglo IV procedente de la biblioteca del Vaticano.  Está estrechamente relacionado con el Sinaítico, de modo que los investigadores textuales suponen que tuvieron un antecedente común.  La calidad de esta copia es algo mejor que la del Sinaítico, aunque aquí también hay muchas faltas de los copistas y negligencias.  En los Evangelios solamente contiene 589 variantes, que no se hallan en ningún otro manuscrito.  En comparación con el Textus Receptus, Burgon ha descubierto que omite en los Evangelios 2.877 palabras, añade 536, sustituye 935 por otras, cambia la posición de 2.098 palabras en la frase y modifica 1.132 palabras, de modo que resulta un total de 7578 diferencias.

El Códice Vaticano ha sido para muchos críticos textuales, y de manera especial para Westcott y Hort, el texto consumado “puro”, sin influjos ajenos, que ponían casi al mismo nivel que el original.  Pero la crítica textual ya ha tenido que deshacerse de este dogma insostenible. (El comentario de Aland/Aland sobre este prejuicio “científicamente cimentado” de Westcott y Hort con motivo de Mt. 21:28: “(...) en este caso el dar preferencia a B (Códice Vaticano) les conduce (como tantas otras veces) al extravío.” Der Text..., p. 262.)  El Códice Vaticano muestra un estrecho parentesco con el Papiro P75 que es más antiguo que él, y coincide con el Sinaítico en muchos pasajes cuando se trata de discrepancias del texto transmitido originadas por herejías.


A pesar de que estos dos testigos principales contradicen tan a menudo al texto tradicional, desacreditan su testimonio por el hecho de que entre ellos dos constantemente están en desacuerdo.  El investigador textual Herman Hoskier descubrió que el Sinaítico y el Vaticano ¡se contradicen 3.036 veces en los Evangelios! (Comp. William P. Grady, Final Authority, Schererville, Indiana (Grady Publications) 7a ed. 1995, p. 98.)  ¡Calculado esto en una página normal de la Biblia, esto equivaldría a 30 pasajes contradictorios por página!  Esto nos hace recordar un versículo de la Biblia: “Porque muchos decían falso testimonio contra él, mas sus testimonios no concordaban” (Mr. 14:56).  La señal bíblica de un testimonio verdadero, sin embargo, son varios testigos que coinciden en decir lo mismo.  Estos no los hallamos entre los manuscritos egipcios, sino solamente en la transmisión mayoritaria.

Los Papiros
En el Siglo XX la crítica textual añadió los manuscritos tempranos en papiro (casi todos del Siglo II y III) como testigos al lado del Sinaítico y Vaticano.  Muestran un parentesco interno con estos por su procedencia común de Egipto y el trato negligente y arbitrario del texto. (Ejemplos convincentes en Pickering, The Identity..., p. 121-125.) Algunos de estos papiros, sobre todo el P75 pertenece a los testigos del texto alejandrino.  Otros, sin embargo dan testimonio de la existencia de lecturas típicamente mayoritarias que datan ya del Siglo II y III, y son, por lo tanto, testigos indirectos de la defensa y no de la acusación contra el Textus Receptus. (Comp. al respecto los estudios de los investigadores textuales en Pickering, The Identity..., p. 76-77.)

Códice de Beza (D)
Durante un cierto tiempo otro manuscrito antiquísimo desempeñó un papel muy importante para la crítica textual: el Códice de Beza (Códice D) del Siglo V.  Es uno de los manuscritos más arbitrarios y corruptos de todos, pues contiene un número extraordinario de omisiones, cambios y añadiduras de interpretación libre.  Es interesante que su origen también se dice que es Egipto. (Comp. Aland/Aland, Der Text..., p. 118-119.)  En algunas ediciones del “Nestle-Aland” hasta la 25ª edición se estimó de tanto valor, aún estando casi totalmente solo, que se tomó como base para justificar una serie de omisiones y desfiguraciones arbitrarias.  Hoy se le ha vuelto a quitar mucho del valor atribuido a este “testigo principal” de la crítica textual. (Comp. al respecto Aland/Aland, Der Text..., p. 61, donde también al Códice D se le atribuye un origen egipcio. Comp. también p. 79.)

También en el texto de “Nestle-Aland” actual se da claramente preferencia a la transmisión alejandrina con su pequeña minoría de unciales.  En la mayoría de los casos se da más peso al conjunto del Sinaítico, Vaticano y los antiguos papiros.  Es interesante que en algunos pasajes ya se han reconocido lecturas mayoritarias - pero sólo, en la medida en que se han hallado también en los viejos unciales.  Por lo general, el juicio arbitrario de la crítica textual sigue siendo que la cantidad abrumadora de manuscritos de la tradición textual bizantina “(...) están fuera de consideración para el trabajo de la crítica textual”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 114.)

 

7. Los métodos de la crítica textual racionalista y sus frutos

Vemos, pues, que la sentencia contra el Textus Receptus la han pronunciado jueces parciales en base de testigos de poco crédito.  Por eso es necesario que los creyentes vuelvan a ocuparse de este caso y comprueben ellos mismos con qué métodos este alto tribunal autodesignado ha llegado a su veredicto.  Se trata aquí de cosas absolutamente esenciales: el carácter intocable y la pureza de la Palabra de Dios, que para nosotros es nuestro Pan de vida y suprema autoridad para nuestra vida.  Nosotros como hijos de Dios ¿podemos dejar la Palabra de la Escritura en manos de la crítica textual siendo ésta una ciencia secular, para que procedan como mejor les parezca a ellos?  Hay buenas razones para no hacerlo.

¿Se puede proceder con la Biblia como con las obras de Platón u Homero?
Un principio declarado de la crítica textual es que la historia textual del NT habría que estudiarla como la de cualquier otro documento antiguo.  Westcott y Hort afirman esto en la introducción a su edición crítica del NT: “Los principios de la crítica textual (...) son válidos para todos los textos antiguos, que han quedado conservados en una mayoría de documentos.  El ocuparse con el Nuevo Testamento no requiere ni justifica ningún principio diferente cualquiera que sea”. (Citado en Pickering, Identity, p. 32. Traducido por R.E.)

La crítica textual, por lo tanto, no considera al Nuevo Testamento como Palabra de Dios, sino como un documento de la antigüedad como tantos otros más, que se puede tratar con el bisturí científico de igual manera que los manuscritos de las obras de Homero o Platón.  Lo que se hallaba en el texto original del NT lo han de averiguar solamente algunos eruditos por medio de conclusiones racionales.
Precisamente este principio básico “neutral” y “científico” es el que jamás debe adoptar un creyente.  El Nuevo Testamento no es palabra de hombres, sino la santa Palabra de Dios, inspirada por Dios mismo.  Dios mismo hizo escribir palabra por palabra los escritos del NT por medio de sus apóstoles y profetas, y Dios ha prometido que velará sobre ellas y las guardará.  El NT es el fundamento de “la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3).

     Una investigación que niega el carácter de la Sagrada Escritura como Palabra sobrenatural revelada por Dios, jamás puede ser aceptada por los creyentes; y tampoco es capaz de sacar a luz ninguna verdad, porque está edificada sobre una mentira.  El hombre como juez y señor sobre la Palabra revelada de Dios - esta premisa equivocada y audaz ya debería motivar a cualquier creyente fiel a la Biblia a rechazar las conclusiones de la crítica textual, porque, en el fondo, no pueden ser correctas.

El principio del “¿Conque Dios ha dicho?”
El punto de partida de la crítica textual racionalista fue el rechazo del texto básico griego, del Textus Receptus, aceptado por los creyentes de la Reforma.  Lo que la fe sencilla consideraba como Palabra de Dios con autoridad, era cuestionado sistemáticamente por los eruditos según el lema: “¿Conque Dios ha dicho?”.  Con argumentos pensados con astucia y unas construcciones mentales dudosas se calificaron de añadiduras posteriores y de falsificaciones humanas algunas partes de la Biblia.

Esto ya muestra la afinidad interna con la “crítica bíblica” en sí, que emprende la misma empresa con argumentos de la “crítica literaria”.  Los que ellos mismos se han designado jueces sobre la Palabra de Dios han dado su veredicto de “Falso” sobre muchas palabras preciosas de la Escritura, palabras que a través de todos estos siglos pasados los creyentes han amado y estimado, y finalmente incluso se las quitaron de la Biblia.

Los intentos de la crítica textual en el fondo tienen la finalidad de derrocar la Palabra de Dios como autoridad última y someterla al juicio de la sabiduría y ciencia humana.  Kurt y Barbara Aland lo dicen casi abiertamente: “Todos los esfuerzos expuestos para liberarnos de la supremacía del Textus Receptus, hay que estimarlos tanto más, puesto que esa época era de la opinión de poseer en él infaliblemente el texto literal del Nuevo Testamento inspirado por Dios mismo (y esto hasta el más mínimo detalle) (...)”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 21.)

La autoridad de la Palabra transmitida y dada por Dios primeramente se puso en duda; luego cuando hubieron “derribado” el texto transmitido, levantaron sobre los creyentes la autoridad de la sagacidad erudita y del intelecto actuando a rienda suelta.  El resultado fue la inseguridad y confusión, y después los graves recortes y cambios en el texto de la Biblia.

Ceguera frente a las falsificaciones heréticas en la transmisión
Aunque los críticos textuales saben muy bien de la historia de la iglesia, que precisamente los primeros cuatro siglos estuvieron marcados por poderosas luchas espirituales y las más diversas tendencias heréticas, que no tenían escrúpulos en cambiar el texto de los escritos neotestamentarios, se resta importancia a esta circunstancia y a penas se tiene en cuenta.  Westcott y Hort, por ejemplo, afirman que no habría “indicios para una falsificación intencionada del texto con fines dogmáticos”. (Citado según Pickering, Identity, p. 32.)  También Kurt y Barbara Aland expresan imparcialmente que en Egipto “la Gnosis al comienzo parece ser que desempeñaba un papel predominante”, pero a pesar de esto, sitúan nada menos que en esa provincia la “transmisión relativamente fiel” del “texto normal”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 69.)

De la misma manera que la crítica textual incrédula cierra los ojos ante el hecho de que la Palabra es una revelación divina y es guardada por Dios, así tampoco ve los ataques de Satanás contra la Palabra de Dios, que dejó desfigurar y mutilar por medio de sus instrumentos, los transcriptores inducidos por herejías.  Esta ceguera también tiene que conducir a errores.

Los dudosos métodos de interpretación de los críticos textuales (Para más información véase sobre todo Pickering, Identity, p. 31-98 y Hills, King James Version, p. 62-114 como también Burgon, Unholy Hands.  El modo de proceder científicamente poco consistente de Westcott y Hort se ve claramente en Aland/Aland, Der Text... p. 28.)
Ya hemos visto que el principio fundamental defendido por la crítica textual hasta el día de hoy, que los testigos textuales mejores serían los más antiguos, en la historia del NT ya no es sostenible ni siquiera según los criterios científicos.  Esto es tanto más válido a la luz de una evaluación espiritual.  En el fondo, la crítica textual implícitamente y quizá de modo inconsciente tiene una preferencia por la línea de transmisión alejandrina, por Orígenes y el gnosticismo, por la tradición de transcriptores “libres” y la cristología “sin dogmatismos” de los herejes, que se acerca mucho más a las convicciones religiosas de la mayoría de los críticos textuales que la cristología “dogmático-ortodoxa” del texto mayoritario. (Westcott y Hort, por ejemplo, honrados por la crítica textual como derrotadores del Textus Receptus, sostenían actitudes expresamente críticas frente a la Biblia, defendían varias doctrinas erróneas y como miembros del “Ghostly Guild” trabajaron con ahínco en experimentos parapsicológicos y espiritistas. Hort era un admirador de Darwin y del católico Newman.  Ambos simpatizaban con la iglesia católica. Comp. al respecto Grady, Final Authority, p. 213-242. Aland/Aland dan a conocer su punto de vista crítico frente a la Biblia, al calificar de “deuteropaulinas” (= escritos falsos posteriores) a algunas epístolas de Pablo, Der Text..., p. 92.)

Otros principios metódicos de la “crítica textual” también son dudosos bajo puntos de vista espirituales.  Por ejemplo, existe la regla de que la “lectura” (= variante del texto) más difícil (oscura, poco clara) habría que considerarla como la más cercana al original.  Las lecturas, sin embargo, que armonizan con otras partes del NT y son claras y fácilmente comprensibles, se explicarían, según ellos, con retoques estilísticos e intervenciones posteriores.  Con esto insinúan que la Escritura originalmente habría sido oscura y contradictoria - aquí también la raíz está en no creer en la inspiración. (La arrogancia y ceguera espiritual de los críticos textuales incrédulos se manifiesta con especial vigor, cuando Aland/Aland con toda seriedad defienden su juicio de que las palabras de 1 Tesalonicenses 2:7 originalmente fueron: “Antes fuimos niños entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos” [gr. nèpioi en lugar de MT/TR èpioi = tierno, amoroso], Der Text... p. 287-288.  Este conocimiento “respaldado por la ciencia” es tan evidentemente equivocado, que ninguna traducción de la Biblia se atreve a traducir aquí según el texto griego de Nestle-Aland.)  Aparte de esto se pasa por alto el hecho de que para los creyentes verdaderos cada palabra de los escritos neotestamentarios era santa e intocable, y que jamás hubiesen osado añadir o quitar algo (¡comp. Ap. 22:18, 19!).

Otra regla igualmente arbitraria es que, en caso de duda, la variante más corta sería la genuina.  Con esto restan importancia al gran peligro que existía precisamente en la escritura griega uncial de omitir pasajes sin querer; así pueden dar preferencia a las reducciones alejandrinas.  Donde la Escritura ofrece dos o tres testimonios de una afirmación, de acuerdo con el principio espiritual de 2 Corintios 13:1, los críticos textuales espiritualmente ciegos explican que el segundo y tercero habrían sido añadidos por motivos de la “armonización”.  Donde el Textus Receptus está completo y claro, y el alejandrino reducido y difícil de comprender, explican que las palabras que dan el sentido han tenido que ser añadidas después, habiendo que suponer aquí más bien que tales palabras que figuran en 99 testigos textuales y en uno no, fueron omitidas por este último, antes que añadidas (comp. p. ej. 1 Co. 11:29).

Los críticos textuales se levantan como jueces y señores sobre la Palabra de Dios
Todo esto no nos debe asombrar, si tenemos en cuenta que la ciencia secular ya en su principio fundamental niega la existencia y el obrar de Dios, excluyendo de su modo de proceder “estrictamente objetivo” los puntos de vista espirituales de la fe, para poder ser considerada como “ciencia”.  Los representantes en cabeza de la “crítica textual” son casi todos científicos incrédulos que rechazan la inspiración y con ello el carácter de revelación divina de la Sagrada Escritura.

Pero también los científicos creyentes o teólogos tienen que adaptarse a este dictado si no quieren caer en deshonra y desprecio.  La fe y lo divino no puede entrar en las argumentaciones de la crítica textual sobre el NT, de otra manera se es considerado como un fanático retrasado y dogmático, que trabaja “poco científicamente” y no se puede tomar en serio.  Toda “crítica textual científica” en el fondo, parte de la base que el hombre con su inteligencia tendría el derecho y sería capaz de decidir él mismo, lo que estaba escrito en los manuscritos originales y lo que no.

Algunos que apoyan el texto de Nestle-Aland objetan que también han participado algunos creyentes en la crítica textual.  Entre ellos, por ejemplo, Bengel, Tregelles, Darby y Kelly.  Es cierto - pero ¿hace esto una diferencia para la evaluación espiritual de la crítica textual?  Hay que suponer que estos hombres con toda seguridad actuaron con las mejores intenciones, pensando que por medio de la investigación de ciertas variantes se podrían aproximar más al texto original del NT.  Pero esto no significa que tengamos que aceptar como correctas sus convicciones en el ámbito de la crítica textual, por el mero hecho de que eran hijos de Dios y en parte, apreciados maestros de la Biblia.  Al contrario, esto nos muestra que algunas veces incluso creyentes espiritualmente maduros y cimentados en la doctrina bíblica pueden dejarse desviar del sencillo punto de vista de la fe en determinados ámbitos, por medio de corrientes intelectuales erróneas.

No obstante, es interesante que, por ejemplo, John Nelson Darby no aceptó en sus traducciones la mayoría de las variantes que no coincidían con el Textus Receptus, cuando tocaban la obra redentora de Jesucristo y el hecho de que era el Hijo de Dios.  De ahí que la Biblia alemana “Elberfelder” antes de la revisión tenga en algunos versículos todavía el texto de la Reforma, mientras que después de la revisión se aparta de él (p. ej. 1 Ti. 3:16; Jn. 9:35; Mt. 1:25; Mt. 18:11).  A pesar de ello es lamentable que también esta traducción antigua en gran parte excelente, por medio de paréntesis pone en duda por ejemplo la revelación transmitida de Marcos 16:9-20 o Juan 7:53 a 8:11.  De modo que tenemos que constatar que la crítica textual tampoco produce buenos frutos en los casos en que la han practicado creyentes.

La gran miseria en la iglesia de hoy es que la gran mayoría de los pastores, maestros, teólogos y predicadores de la Palabra confían de buena fe en el juicio de la crítica textual sin sentir la necesidad o sin atreverse a formarse una opinión propia en la cuestión sobre el texto genuino del NT guardado por Dios.  Detrás de esto, lamentablemente, hay en algunos creyentes una fe equivocada en la ciencia, una confianza descarriada en el progreso de la crítica textual con su “investigación objetiva”, que al fin y al cabo se supone que es la que mejor tiene que saber lo que está en el NT y lo que no.  Algunos creyentes aceptan los principios, métodos y resultados de la crítica textual sin reconocer que en el fondo no son conciliables con su propio punto de vista de la fe.

¿Cuál es el resultado de la influencia de la crítica textual sobre las Biblias modernas?  La base textual imperativa de la mayoría de las ediciones modernas de la Biblia, el texto de Nestle-Aland, queda determinado por debates y a menudo por voto mayoritario de un pequeño grupo internacional de científicos partidarios de la crítica bíblica, entre los que se encuentra también un representante de alto rango de la iglesia católica.  Este círculo selecto de eruditos instaurado por la unión mundial liberal de sociedades bíblicas decide lo que millones de cristianos creyentes leen y aceptan como Palabra de Dios. (Aland/Aland lo ven muy claro: “En esto no se trata de un texto cualquiera, sino de la base para la interpretación del Nuevo Testamento por todos los teólogos de todas las confesiones y denominaciones en todo el mundo”.  Der Text..., p. 44-45.)  ¡Las nuevas ediciones del “Nestle-Aland” son nada menos que un texto ecuménico universal!  En 1968, el Vaticano y las Sociedades Bíblicas Unidas acordaron unas directrices según las cuales ¡se habría que utilizar exclusivamente este texto en las iglesias, ediciones de la Biblia, en los estudios universitarios y en las escuelas!  Esto debería dar mucho que pensar a todos los cristianos sumisos y fieles a la autoridad de la Biblia.

Cuando este círculo ecuménico de eruditos tacha una frase de la Biblia, entonces en la próxima edición de muchas Biblias en el mundo faltará esa frase; cuando cambien algunas palabras, ¡entonces repercute en las Biblias modernas de muchos países del mundo!  En cuanto a las palabras genuinas de la Sagrada Escritura, los creyentes que se han decidido por Biblias modernas críticas tienen que confiar en las conclusiones de la razón de estas personas, de las que la Palabra de Dios dice que tienen el entendimiento entenebrecido y son incapaces de conocer las cosas de Dios, porque tienen que ser juzgadas espiritualmente (véase Ef. 4:18; 1 Co. 2:9-16).

 

8. La Palabra de Dios queda relativizada el fruto de la crítica textual en las Biblias modernas

     El objetivo declarado por los críticos textuales era derribar el Textus Receptus como texto normativo del NT y levantar otra norma en sus ediciones logradas científicamente.  Pero hay que decir que cada edición “científica” del texto contradice a la anterior en muchos puntos, siendo cambiadas una y otra vez en base de nuevas teorías y juicios subjetivos, de modo que la crítica textual hasta el día de hoy no ha podido proporcionar un texto del NT realmente definitivo y fiable.

El fruto de la crítica textual: el texto del NT “está abierto a todo cambio”

Aquí se ve claramente el abismo infranqueable entre el pensamiento mundano científico y el punto de vista espiritual de la fe.  El creyente necesita un fundamento firme para su vida espiritual.  Para él, la Biblia es la Palabra de Dios y con ello la eterna y firme roca.  Confiesa con el autor del himno alemán:

Señor, Tu Palabra, tan precioso don
antes que riquezas, bienes y mansión,
que me conserves este oro
ante todo te imploro.
Si Tu Palabra deja de valer, no sé,
¿sobre qué reposará la fe?
Mundos miles no me importan,
pero Tu Palabra es mi Pan.

Pero para los críticos textuales incrédulos, esta Palabra es el objeto sin vida que sajan con su bisturí científico.  Como todo en el pensamiento científico, es relativa.  El pensamiento racionalista por naturaleza pone en duda y cuestiona todo.  Una edición científica del texto es el resultado provisional de suposiciones y construcciones mentales. (La “edición hermana” del Nestle-Aland 26, el Greek New Testament de las United Bible Societies, contiene para cada lectura adoptada en el texto una evaluación graduada de A a D según su probabilidad, va desde “casi segura”, pasando por “un cierto grado de duda”, y finalmente “la lectura escogida es dudosa en alto grado”.  Aland/Aland, Der Text..., p. 54/55.)  Está sometida a la discusión, al progreso, al análisis crítico y mañana puede ser completamente diferente a como es hoy.

Kurt y Barbara Aland explican abiertamente ante su 26ª edición del “Nestle-Aland”: “Por supuesto que el nuevo texto no es algo estático o fijo”.  Todos los miembros del comité de editores (...) están de acuerdo en que se publica ‘ad experimentum’ [= a modo de prueba – R.E.] y que está abierto a todo cambio – con tal de que los argumentos sean convincentes”. (Aland/Aland, Der Text..., p. 45; Lo realzado es nuestro)  Pero este texto “experimental, provisional” se toma como norma imperativa y en él se basan la mayoría de las ediciones modernas de la Biblia en todo el mundo.

Así que cuando a los críticos textuales les parece apropiado están dispuestos en todo momento a introducir cambios en las Biblias modernas según su parecer.  Si mañana alguien cualquiera sacara del desierto egipcio un viejo manuscrito de los evangelios falsificado por los gnósticos, parecido a lo que ocurrió con los hallazgos de Qumrán, podría ser que algunos años más tarde el lector de alguna Biblia “moderna” tenga que prescindir de palabras de la Biblia que en la edición anterior aún estaban contenidas, y a cambio le pusieran delante como “Palabra de Dios” los inventos de falsos maestros herejes.
Si tenemos en cuenta el revuelo artificial que hubo por los manuscritos dudosos de la secta de Qumrán, esto no es un temor muy disparatado.  Algunas traducciones de la Biblia contienen ya cambios en el Antiguo Testamento basadas en los manuscritos de este grupo marginal herético del judaísmo.  La Biblia “moderna” basada en la “ciencia de la crítica textual” hace de la Palabra de Dios eterna una cosa movediza, relativa y sometida a los “avances de la ciencia”.

El lector creyente de una Biblia crítica no puede estar seguro de lo que en realidad es exactamente Palabra de Dios y lo que no.  Sin que él lo sepa ha recibido la Palabra de Dios, de la que vive, en la forma abreviada y desfigurada de la transmisión alejandrina.  Con ello es privado de numerosos testimonios inspirados que Dios había dado por su Espíritu con la intención de edificar a los creyentes.  Nuestros ejemplos en los Apéndices darán una primera impresión de las pérdidas espirituales que tendrán que sufrir los lectores de Biblias críticas.

Haciendo callar a testigos de la verdad

Muchos partidarios “evangélicos” de la crítica textual objetan aquí que los pasajes tachados no derrumban ninguna doctrina de la Escritura y que para las declaraciones quitadas habría muchas veces otros testimonios en la Biblia.  Aunque esto es verdad, se pasa por alto que la Palabra de Dios es un conjunto perfecto y armonioso, en el que cada palabra tiene su importancia.  Incluso la desaparición o desfiguración de una sola palabra afecta al conjunto y al efecto edificante de la Escritura.  Pero en total se están omitiendo o cambiando miles de palabras inspiradas.

Los defensores creyentes de la crítica textual pierden de vista especialmente un principio básico espiritual: el de los dos o tres testigos, que hallamos una y otra vez en la revelación del Nuevo Testamento (comp. 2 Co. 13:1: “Por boca de dos o de tres testigos se decidirá todo asunto”).  A menudo los múltiples testimonios de la misma declaración sirven para confirmar y realzar la importancia de afirmaciones espirituales en la Palabra de Dios, y así lo enfatizan con razón muchos exégetas.  No son “repeticiones superfluas”, sino componentes imprescindibles de la revelación dada por el Espíritu de Dios.

Si la crítica textual en Colosenses 1:14 ha dejado solamente las palabras “en quien tenemos redención”, omitiendo “por su sangre”, palabras que escandalizan tanto a los liberales de todos los matices, quizá dirá alguno: “¡Pero si en Efesios 1:7 tenemos la misma afirmación otra vez!  ¡Si no ha pasado nada!”.  Pero tenemos que responder: Sí, ha ocurrido algo grave: ¡La crítica textual nos ha robado el segundo testimonio para esta afirmación tan valiosa!  Cuando tenemos que subirnos en una silla, para hacer algún trabajo y alguien viene y nos sierra un trozo de una pata, tampoco decimos: No importa, ¡pues las otras tres patas han quedado ilesas!  Cuando en un juicio de repente son asesinados dos de tres testigos o son obligados a retractarse de su testimonio, nadie lo consideraría como una cosa leve.

Allí donde un crítico textual en su insensatez espiritual califica de “añadidura armonizadora” a las palabras de Mateo 18:11 “Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido” y las recorta de la Palabra inspirada, entonces los creyentes no deberían seguirle sumisos, sino reconocer lo que de hecho está ocurriendo aquí: Se está quitando el segundo testimonio para Lucas 19:10, y con Lucas 9:56 además se roba un tercer testimonio, de modo que esta declaración tan sumamente importante para el evangelio queda seriamente debilitada en las Biblias críticas.  El Evangelio según San Mateo tan importante, por consiguiente, no contiene más esta declaración.  Son daños espirituales de mucho peso para los lectores creyentes de la Biblia.

Palabras de Dios desaparecen por decisión de los eruditos

Añadido a esto, es posible que en las Biblias críticas desaparezcan de pronto palabras de Dios familiares y amadas, según la decisión arbitraria de la ciencia secular, sin dar cuentas de ello a nadie.  Así por ejemplo, en la Biblia de Lutero, de 1912 el evangelio de Marcos comienza así: “Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios”.  La Biblia alemana de Elberfeld antigua, no revisada, decía lo mismo.

Pero en la primera y segunda revisión de la Biblia de Elberfeld revisada, que afirma utilizar el mejor texto griego, (Del Prefacio de la Biblia de Elberfeld revisada: “Aquí, el trabajo de los eruditos sobre el texto y el descubrimiento de manuscritos más antiguos y mejores ha logrado resultados considerables, de modo que hoy está a nuestra disposición el texto básico de la Biblia en ediciones bastante más fiables.  La revisión de la Biblia de Elberfeld se ha basado en estas ediciones”) de buenas a primeras eliminaron de las Biblias tan supuestamente modernas y fidedignas las palabras “Hijo de Dios”, siendo una afirmación tan central.  En una nota al pie informaban que: “Algunos manuscritos antiguos añaden: Hijo de Dios”.  El lector, obviamente, tiene que suponer que no eran inspiradas.  Pero, cosa extraña, en las revisiones más recientes de la Biblia de Lutero, la de 1972 y la de 1984, y en la de Elberfeld actual, ¡vuelve a aparecer de nuevo esta afirmación!  ¿Cómo es esto posible?  La 26ª edición de Nestle-Aland, sin llamar la atención, había revisado algunas de las decisiones más arbitrarias del Nestle-Aland anterior (el NA 25) y había vuelto a introducir las palabras “Hijo de Dios” en su texto.

Esto es sólo un ejemplo del texto básico “movedizo” de las Biblias modernas, relativizado y sometido a la arbitrariedad de los eruditos.  Algo parecido ocurrió y ocurre en varios pasajes en diferentes ediciones modernas de la Biblia que siguen a NA en lugar de seguir el texto tradicional.  En el Apéndice se hallan más ejemplos.  Especialmente grave es la omisión, o puesta en duda de tan importantes testimonios sobre nuestro Señor como Lucas 24:36, omisión apoyada solamente por el corrupto Códice D.

Las notas críticas minan la fe en la fiabilidad de la Escritura

El daño para los lectores de la Biblia no sólo se produce en los pasajes borrados o cambiados por la opinión de los críticos textuales.  Muchas ediciones críticas de la Biblia han insertado multitud de notas originadas por la crítica textual en lugares donde se encuentra el texto genuino, pero con ello le ponen en duda (La Biblia de las Américas solamente en los evangelios tiene ya 96 notas; Dios Habla Hoy tiene 58 notas críticas en los evangelios, la Reina-Valera Revisión del 95 tiene 55 y la Reina-Valera Actualizada 361 notas críticas solamente en los evangelios).

Estas notas son una siembra sistemática de dudas acerca de la transmisión fiable del NT.  En Mateo 17:21: “Pero este género no sale sino con oración y ayuno”, dice la nota en la Biblia de las Américas: “Varios manuscritos antiguos no incluyen este versículo” (dicho sea de paso, son el Sinaítico, el Vaticano y 3 manuscritos más).  ¿Es este versículo parte de la Palabra inspirada de Dios?  ¿Habría que tomarle menos en serio que los versículos anteriores?  Peor aún es la nota de Marcos 16:9-20: “Algunos mss. más antiguos no incluyen los versículos del 9 al 20”; (¡faltan sólo en el Sinaítico y Vaticano, y en una cursiva tardía!).  Con ello se deja libre al lector si quiere aceptar como inspirada por Dios y genuina la parte final del Evangelio de Marcos o no.  “¿Conque Dios ha dicho?” – muchas veces nos encontramos con este principio básico de la crítica textual.

Con estas omisiones, las traducciones liberales, como p. ej. la traducción ecuménica unida, manifiestan abiertamente su tendencia crítica frente a la Biblia.  Valga como ejemplo la nota al pie de Juan 7:53-8:11: “Esta parte no pertenece al conjunto del Evangelio de Juan; los mejores testigos textuales no lo transmiten.  El relato (¡!), sin embargo, representa probablemente una transmisión antigua, y en cuanto al contenido pertenece al Evangelio”.  En la Edición de Estudio de la Biblia Reina-Valera 1995 leemos: “Este texto no aparece en la mayoría de los manuscritos; otros lo incorporan en lugar diferente.  El relato parece haber sido una historia conservada primero en forma independiente y luego incluida aquí”.  De esta manera, palabras de Dios preciosas, no solamente se califican de no inspiradas e “inclusión posterior”, sino que de modo general se difunde la inseguridad sobre la transmisión textual del NT – una inseguridad completamente injustificada, que nace únicamente de las teorías equivocadas de la crítica textual.

Hay que decir también que las notas críticas en las Biblias muchas veces están formuladas de manera más positiva de lo que es la realidad, como encubriendo y desorientando, para que el lector no pueda reconocer la arbitrariedad y lo dudoso de las decisiones de la crítica textual.  Por una parte incluyen una valoración como “los manuscritos mejores, los más fiables dicen...” (con lo cual se refieren siempre al Sinaítico, Vaticano y los manuscritos alejandrinos).  Por otra parte exageran donde, hablando del Sinaítico y Vaticano, dicen: “Algunos manuscritos más antiguos no incluyen los versículos del 9 al 20” [cita de la Biblia de las Américas].  Cualquier lector normal pensará que detrás de la expresión “algunos” habría entre cuatro y doce manuscritos, pero seguro que no supondrá que son sólo dos.  Seguramente que tendría otra impresión de todo esto, si leyera: “Los versículos 9-20 faltan en dos de los manuscritos más antiguos”.  Más leal y honesto sería si añadieran: “pero se hallan en muchos cientos de testigos textuales de todo el mundo, incluido el Códice A, W y D del Siglo V”.

Este trato dudoso de la verdad se manifiesta también en las omisiones originadas por el temible Códice D, apoyadas sólo por un manuscrito del NT entre miles.  Poniendo en duda Lucas 24:36 la primera revisión de la Biblia de Elberfeld, por ejemplo dice: “En algunos manuscritos falta esta frase final”.  Esto se refiere al Códice D.  ¿Cómo denominar tal trato de la verdad?  Y no es solamente esta traducción de la Biblia la que se preocupa de “borrar las huellas”.  La traducción unida escribe casi lo mismo sobre este versículo: “La primera parte de este v. falta en algunos testigos textuales antiguos”.  Igualmente parcial y presentando los hechos más positivos de lo que son en realidad, es el otro extremo, cuando la Biblia de Elberfeld revisada, por ejemplo, dice “Algunos mss posteriores añaden...” refiriéndose, como en Hechos 20:15 a todos los testigos de la transmisión mayoritaria, que serán más de mil manuscritos.

Los frutos espirituales peligrosos de las Biblias críticas

Para la iglesia creyente es también de suma importancia examinar la tendencia espiritual de las omisiones y de los cambios que la crítica textual ha introducido en sus versiones del NT.  Si estudiamos los pasajes que se apartan del texto recibido bajo este punto de vista (Un resumen muy bien especificado se halla en E.W. Fowler, Evaluating Versions of the New Testament, Cedarville (Strait Street Inc.) 2ª Ed. 1986.
Una lista detallada de pasajes cambiados en BIBLIAS ESPAÑOLAS se halla en el Apéndice II.  Está basada en una lista parecida que ha publicado K.-H. Kauffmann, Albstadt, para las Biblias alemanas),  nos daremos cuenta que efectivamente ninguna de las grandes doctrinas del NT ha podido ser puesta en duda completamente o minada por estos cambios; no se le ha permitido a Satanás llegar a tal extremo en el menoscabo de la Palabra de Dios.  Pero sí ha quedado perjudicado y oscurecido el testimonio bíblico de muchas doctrinas importantes.  Especialmente la doctrina de la Escritura sobre el Señor Jesucristo, el hecho de que es Hijo de Dios y Su obra de redención.

Los cambios introducidos por la crítica textual tienen una tendencia espiritualmente destructora y dañina para la fe bíblica.  Al contrario, fomentan la apostasía del cristianismo de los últimos tiempos por las falsas variantes introducidas.  Apoyan herejías como el gnosticismo, el universalismo y el arrianismo; fomentan el ecumenismo por medio de cambios “católicos” y ayudan a mezclar las religiones por el debilitamiento de la doctrina bíblica de la salvación solamente por la fe en Jesucristo (p. ej. “el Padre” en lugar de “el Padre de nuestro Señor Jesucristo” en Efesios 3:14).  Los cambios introducen errores, contradicciones y puntos oscuros en la Escritura, minando la fe en la inspiración y falta de errores de la Palabra de Dios.  En muchos de los casos le privan al creyente de palabras y afirmaciones importantes y preciosas, que durante siglos se consideraban como Palabra de Dios sin duda alguna.

En todo esto queda de manifiesto una cosa: las Biblias críticas, de manera directa o indirecta, contribuyen a sembrar inseguridad en los creyentes.  Hacen de la eterna Palabra de la Biblia dada por Dios una cosa cambiable, sometida al juicio de los hombres y atizan las dudas, si realmente toda la Escritura es inspirada por Dios – siendo estas dudas completamente injustificadas, pues nacen del falso espíritu de la ciencia incrédula.  Nuestro Señor Jesucristo nos ha dicho: “Por sus frutos los conoceréis”.  ¡Dios no siembra la duda en cuanto a Su Palabra!  Cada cual que juzgue él mismo de quien procede la crítica textual moderna.

Lo triste es que estas versiones de la Biblia son aconsejadas por muchos maestros bíblicos, predicadores y otros responsables creyentes, seguramente con las mejores intenciones y con buena fe.  No queremos acusar a ningún creyente de querer introducir intencionadamente en el pueblo de Dios la nefasta influencia de la crítica textual.  Muchos partidarios creyentes de la crítica textual desconocen el trasfondo espiritual; algunos son presos de una confianza errada en la ciencia tan supuestamente “objetiva”.  Precisamente los hermanos fieles a la Biblia, que defienden aún la autoridad y perfección de la Palabra de la Sagrada Escritura, casi nunca son conscientes de que sus Biblias críticas contradicen a su propia convicción espiritual.

9. La iglesia creyente necesita una posición propia, basada en la Biblia, sobre la transmisión textual

     El resumen dado hasta ahora sobre el modo de proceder de la crítica textual y sus frutos perjudiciales se ha hecho con la intención de poner de manifiesto una cosa: En lo que se refiere a la cuestión sobre cuál es el texto del NT genuino, fiable y dado por Dios, los creyentes no deben seguir ciegamente los juicios de la crítica textual y de la teología influida por esta.  ¡Esta cuestión tan sumamente importante tiene que ser juzgada espiritualmente por personas espirituales (es decir, nacidas de nuevo)!  ¿Cómo, pues, se puede obtener un punto de vista sobre el texto del NT, que brote de la fe bíblica?  Como en todas las demás cuestiones también, el fundamento ha de ser la Sagrada Escritura misma.  Queremos intentar iluminar brevemente esta pregunta sobre la base de unos principios fundamentales bíblicos.

Principios básicos de un punto de vista bíblico sobre la transmisión textual

Cada creyente debería partir de tres principios básicos, cuando considera la transmisión del NT:

1. Toda la Escritura es inspirada por Dios.
La doctrina en 2 Timoteo 3:16, 2 Pedro 1:20, 21 y otros testimonios de la Escritura nos muestra que toda la Biblia, todo el AT y todo el NT, palabra por palabra son inspirados y por lo tanto Palabra de Dios, revelación divina autoritativa y perfecta.  En ninguna manera y en ninguna parte es meramente palabra de hombres, aunque Dios haya usado a santos hombres para escribirla.  Como Palabra del Dios vivo podemos aceptarla para nosotros sin reservas, con una fe sencilla y obedecerla de todo corazón (comp. 1 Ts. 2:13).

2.Dios cuida de su Palabra.
El Señor Jesucristo dice en Marcos 13:31: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.  Si Dios ha dado esta Palabra, para edificar y guiar a los creyentes, entonces Él, el Todopoderoso, la conservará para su iglesia hasta el fin de los tiempos (comp. Is. 55:11).  Si Dios nos insta a aceptar, guardar y obedecer esta Palabra por la fe, entonces de ahí se deduce que Él también la guardará para nosotros, de otra manera sería imposible obedecer a su mandato.  En Jeremías 1:12 dice Dios: “Porque yo velo sobre mi palabra para darle cumplimiento” [Versión Moderna].

El Salmo 12:6, 7 dice: “Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.  Tú, Jehová, las guardarás; De esta generación las preservarás para siempre” [Según la Biblia inglesa del Rey Jaime].  ¿Cómo guarda Dios Su Palabra?  En el NT hallamos una indicación importante en el encargo de Pablo a Timoteo: “Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús.  Guarda el buen depósito [es decir, las palabras del v. 13] por el Espíritu Santo que mora en nosotros” (2 Ti. 1:13, 14).  De ahí podemos deducir, que Dios quiso conservar Su Palabra por medio de creyentes nacidos de nuevo, que dirigidos por el Espíritu Santo protegieron esta Palabra contra cambios y la transmitieron fiel después de los apóstoles.

3.  Satanás, el adversario de Dios, intentará falsificar esta Palabra y quitársela a los creyentes.
Precisamente porque es Palabra de Dios y no palabra de hombres sin fuerza, tenemos que contar con que el adversario odia esta Palabra y tratará de atacarla.  En la Biblia mismo hallamos como seduce a Eva con las palabras de Dios tergiversadas (Gn. 3:1), pronunciando las palabras “críticas” de tan gravísimas consecuencias: “¿Conque Dios ha dicho?”.  También vemos cómo tienta al Señor Jesús citando palabras de la Escritura, pero omitiendo algo (Mt. 4:6).  El mismo Señor Jesús nos enseña que Satanás intenta robarnos la Palabra de Dios (comp. Mr. 4:15).  Pablo, guiado por el Espíritu Santo nos avisa: “Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios” (2 Co. 2:17).  En 2 Corinitos 4:2 habla otra vez de aquellos que falsifican la Palabra de Dios.  Por eso nos exhorta la epístola de Judas “que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3).

¿Cuál es la transmisión textual que Dios ha guardado?

En lo que se refiere a la transmisión de la Palabra de Dios, tenemos que partir de la siguiente base: Tiene que haber una línea de transmisión del NT pura y guardada por Dios, caracterizada por fiabilidad y fidelidad en la transmisión, por congruencia interna y claridad.  Esta transmisión tiene que provenir de los escritos originales por medio de una línea de transmisión ininterrumpida.  Es lógico suponer que en esto, las iglesias fundadas por los apóstoles, que poseían los escritos originales y tenían probablemente hasta entrado el Siglo II, al menos copias cuidadosas certificadas, desempeñaran un papel clave en esto, como también los colaboradores de los apóstoles.  Si ha de ser fiable, esta transmisión estará caracterizada por una gran armonía entre los distintos manuscritos entre sí y un trabajo cuidadoso de los copistas.

Por el otro lado tenemos que contar con que en la historia de la transmisión del NT habrá huellas de la influencia satánica: textos hechos por instrumentos de Satanás, es decir, por falsos maestros y sus seguidores.  La señal predominante de tales textos será probablemente la omisión de palabras inspiradas.  Según la Biblia, los testigos falsos se destacan en que su testimonio no coincide, por eso tendremos que esperar en esta línea de transmisión un alto grado de diferencias, al igual que dejadez y arbitrariedad con respecto al trato del texto santo.

Y ahora hagámonos la siguiente pregunta: ¿Cuál de las transmisiones textuales conocidas es la que Dios ha guardado?  Si queremos juzgar espiritualmente, entonces deberíamos aplicar los principios deducibles de la Escritura para los hechos que conocemos de la historia de la transmisión del NT, sin dejar que la crítica textual influya en nuestra opinión por medio de su interpretación parcial de estos hechos.  Aquí lo decisivo es que la iglesia creyente no se deje cautivar ni engañar por la filosofía y la ciencia (comp. Col. 2:8; 1 Ti. 6:20, 21).

Tal examen nos mostrará claramente y sin lugar a dudas que el texto mayoritario cumple perfectamente con todos los criterios espirituales que un creyente fiel a la Biblia exige del texto dado por Dios, y que es la línea de transmisión fiel que Él ha guardado.  Este texto glorifica al Señor Jesucristo; testifica de la sana doctrina y edifica a los creyentes sin ningún oscurecimiento o mezcla de cosas falsas.  A través de muchos siglos fue leído y aceptado como Palabra de Dios por los creyentes verdaderos; muchas cosas hablan a favor de que los Valdenses y sus precursores en la Alta Italia utilizaban los manuscritos del texto mayoritario, al igual que los Godos (Biblia de Ulfilas) y los misioneros anglosajones.

Los críticos textuales mismos dan testimonio de que el texto básico transmitido de la Reforma es un texto claro y bien comprensible; dicen que es un texto que está completamente de acuerdo con las enseñanzas de la Escritura - y por eso precisamente es, a su modo de ver, un texto armonizado y revisado artificialmente, puesto que niegan la inspiración divina de la Biblia.  Pero los creyentes no deben seguirles en esta valoración subjetiva.  Para cualquier defensor serio de la inspiración de las Sagradas Escrituras está claro que la Palabra de Dios no se contradice y que todas las afirmaciones bien comprendidas tienen que coincidir doctrinalmente entre sí.  Así, por ejemplo, Kurt y Barbara Aland, enemigos abiertos de la inspiración verbal, constatan con razón: “El concepto de la inspiración verbal, es decir de la inspiración libre de errores, que defendió enérgicamente la ortodoxia de ambas confesiones, exige el Textus Receptus (Aland/Aland, Der Text..., p. 16. )”.

A diferencia de este, la línea de transmisión alejandrina no tiene el testimonio de la conservación y confirmación divina.  Los manuscritos de esta línea fueron hechos por adherentes de falsas doctrinas y llevan las huellas visibles de sus enseñanzas falsas.  Las copias no se hicieron cuidadosamente y no concuerdan entre sí.  Menoscaban la gloria de nuestro Señor Jesucristo y apoyan falsas doctrinas.  Un manuscrito que figura entre sus testigos principales (el Sinaítico) trata a ciertos libros apócrifos heréticos como si fueran escrituras sagradas.  Sus testigos no fiables fueron dejados de lado durante siglos y no fueron utilizados por los creyentes; algunas variantes falsas, sin embargo, entraron de ahí en la “Vulgata”, que es traducción de la iglesia católica.


10. El Textus Receptus como fundamento dado por Dios para las traducciones del Nuevo Testamento

     Si seguimos considerando la línea de transmisión hasta el tiempo de la Reforma, desde el punto de vista de la fe y con discernimiento espiritual (no científico), entonces vemos que todos los creyentes de aquel entonces en unanimidad mundial aceptaron y reconocieron como dadas por Dios las traducciones de la Biblia que se basaban en el Textus Receptus.  Él se basa en la línea de transmisión del texto mayoritario que Dios guardó y le da a esta transmisión una forma determinada y fija.  Esto es importante, puesto que aparte de toda la armonía asombrosa general entre los miles de manuscritos del texto mayoritario, no obstante, inevitablemente hay ciertas diferencias en algunos puntos.  Cuando hubo que traducir el texto, era necesaria una forma definitiva y claramente determinada, y esta forma la hallamos únicamente en el Textus Receptus.

Para la publicación del Textus Receptus se tomó como base principalmente la transmisión del texto mayoritario.  En algunos puntos se aceptaron también formas textuales que no tenían una base sólida y uniforme en esta transmisión.  (Pero hay que decir también, sin embargo, que según nuestros conocimientos, no es posible todavía un juicio definitivo sobre esto, ya que los muchos miles de manuscritos de la transmisión mayoritaria sólo están analizados y registrados parcialmente).  En algunos lugares contiene palabras, que según los conocimientos actuales a penas se hallan confirmadas en los manuscritos griegos, pero las traducciones y las citas de los “Líderes de la iglesia” sí dan testimonio de que son muy antiguas.  El más conocido de estos pasajes es el “comma johanneum” en 1 Juan 5:7, 8. (El Textus Receptus dice aquí: “7 Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. 8 Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan”)  Estas circunstancias causan dificultades a algunos creyentes que se acercan a esta cuestión desde el punto de vista de la ciencia y la razón humana en vez de acercarse a ella desde la fe.

Algunos teólogos creyentes han intentado preparar una edición del texto mayoritario (ingl. Majority Text) deducido científicamente, partiendo del conocimiento correcto de que la transmisión bizantina es la genuina que Dios ha guardado (Sobre el texto mayoritario comp. Zane C. Hodges/Artur L. Farstad, The Greek New Testament According to the Majority Text, Nashville/Camden/New York (Thomas Nelson) 2ª ed. sin año. Sobre los problemas mencionados de este modo de proceder comp. el prefacio y la introducción de esta edición).  La dificultad al hacerlo está en que tal edición, al igual que todos los resultados científicos, sólo puede sacar a luz una forma textual provisional, no fija, que en muchos pasajes tiene que apoyarse en suposiciones y conclusiones racionales humanas.  También aquí existe el gran peligro de que el hombre con la ayuda de su inteligencia limitada y su comprensión restringida en estas cosas, decida sobre lo que es Palabra de Dios y lo que no lo es.

Como defensores del Textus Receptus compartimos, pues, muchas convicciones con estos creyentes, pero a pesar de ello estamos convencidos que este camino no nos puede llevar hacia un texto del NT fiable, fijo y confirmado por Dios.  Para nuestra Biblia, que debe ser la norma para toda nuestra vida, no necesitamos un texto movedizo provisional, sino un texto autoritario y firme.

La lógica de la fe en lugar de la lógica de la ciencia

Un texto así de firme y fiable, dado y transmitido con una seguridad del 99,99%, (Aquí hay que señalar que el traductor de la Biblia que traduce el Textus Receptus en un número reducido de pasajes tiene que decidir a cuál de las diferentes ediciones del TR va a seguir. El texto de Nestle-Aland contiene cambios en un 10% de las palabras del NT; la transmisión mayoritaria aumenta la certidumbre sobre las partes integrantes del texto quizá en un 95%. En el TR no llegan ni siquiera a 100 los pasajes (siendo aproximadamente en total 140.000 palabras) en el que el Texto de Stephanus 1550 y el de Elzevir difieren entre sí de manera digna de mención) sólo nos lo puede ofrecer el Textus Receptus.  Pero aceptarlo significa exponerse al desprecio y a la burla de todos los científicos, y a la oposición de muchos creyentes que han sido influenciados por la ciencia racionalista.  El Textus Receptus no es un texto determinado científicamente y tampoco se puede demostrar científicamente, sino que es un texto que se acepta por fe como dado y transmitido por Dios.  Le aceptamos de parte de Dios con una confianza sencilla como la de un niño, y lo hacemos también en aquellos puntos donde los hombres racionales le acusan y rechazan.  Tenemos buenas razones para hacerlo, pero son razones espirituales, no son argumentos científicos.  No podemos ni queremos ganar con ellas la lucha bajo las reglas de juego dictadas por los investigadores textuales eruditos y los teólogos, porque la posición de la fe dirigida espiritualmente no es conciliable con la ciencia que trabaja de manera empírica, en este punto ocurre casi lo mismo que con la teoría de la evolución.

La ciencia jamás puede aceptar la doctrina de la creación, porque no acepta en su argumentación “la incógnita” del Dios vivo y de Su actuar.  De la misma manera, la ciencia no puede aceptar el texto recibido de la Reforma, porque tiene como base la fe en la fidelidad de Dios y su intervención protectora.  Pero los creyentes que creen fielmente en la inspiración de la Biblia pueden guiarse por la Palabra de Dios que nos dice: “Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.  Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. (1 Co. 2:12-14).

Si por la fe partimos de la base de que el Dios vivo todopoderoso actuó en la historia de la transmisión del NT y veló sobre el texto, para que sus hijos amados pudieran poseer Su Palabra íntegramente y sin falsificar, entonces podemos reconocer que la protección de Dios se muestra en la historia de la transmisión textual greco-bizantina, que fue pasando con toda garantía el texto del NT cuidadosamente a través de muchos siglos.  Según 2 Timoteo 1:14, Dios dio su confirmación por medio del testimonio de los creyentes que reconocieron este texto como genuino.

Del mismo modo podemos ver Su cuidado en la Reforma donde la Palabra de Dios por primera vez después de siglos llegó en las lenguas originales a los creyentes que no hablaban el griego, para ser traducida.  En Judas 3 ya dice: “que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”.  El Textus Receptus es para nosotros el punto histórico en el que nos fue transmitido una vez por siempre el buen depósito de la fe, el NT.  En esto, Dios también dio testimonio por medio de los muchos creyentes nacidos de nuevo de todo el mundo, que unánimes aceptaron este texto como genuino.  Podemos aceptar tranquilos en la fe lo que Dios nos ha dado, en lugar de compilar y crear nosotros mismos un NT construido de entre los miles de manuscritos, utilizando nuestra inteligencia limitada.

Aquí vemos un paralelismo claro con el texto transmitido del Antiguo Testamento, el “texto masorético” de las Sagradas Escrituras hebreas.  Este texto nos ha sido transmitido a través de muchas copias cuidadosas con una garantía asombrosa.  Según la Palabra divina de Romanos 3:2 (“les ha sido confiada la palabra de Dios”) Dios utilizó a los judíos para guardar y transmitir su Palabra sin falsificaciones.  Aunque esta transmisión se conserva tan sólo en manuscritos relativamente tardíos a partir del Siglo X, es la guardada y confirmada por Dios.  Por eso todas las traducciones de la Biblia de la Reforma conscientemente tomaron el texto masorético como base para su Antiguo Testamento.  Las Biblias críticas, sin embargo, cambian a menudo el texto masorético inclinándose por traducciones antiguas como la “Septuaginta” o “correcciones textuales” ideadas por ellos mismos.

La Reforma fue la manifestación decisiva y el nuevo comienzo en la difusión de la Palabra de Dios en la historia del Reino de Dios.  Cualquier cristiano reconocerá que la mano de Dios estaba obrando visiblemente en la Reforma (lo cual no significa que todo lo que ocurrió durante la Reforma fuera divino y bueno).  ¿Sería compatible con nuestra fe en la conservación divina de la Palabra de revelación, suponer que Dios, en ese comienzo de una nueva época para la historia de la iglesia, hubiese dado a los creyentes un Nuevo Testamento falsificado en algunos puntos?  ¿Ha permitido Él que las grandes traducciones de la Biblia de la Reforma, la Biblia de Lutero, la Biblia de Zurich, la Biblia del Rey Jaime, por las que millones de personas creyeron en el Señor Jesucristo, tuvieran todas un texto dudoso?  ¿Es posible que Dios privara a millones de sus hijos durante casi cuatro siglos - que en realidad son quince siglos - de la verdad completa de Su Palabra?

Los reformadores mismos fueron muy conscientes de la importancia de esta cuestión - sobre todo porque la iglesia católica negaba la fiabilidad y autoridad de las Biblias evangélicas.  En la “Confesión de Westminster” de 1647 queda resumido de esta manera el punto de vista de los creyentes de entonces: “El Antiguo Testamento en hebreo (...) y el Nuevo Testamento en griego (...) son auténticos porque han sido inspirados por Dios y guardados en todos los tiempos por su especial cuidado y providencia (...). (Bekenntnisse der Kirche. Bekenntnisse aus zwanzig Jahrhunderten. Ed. v.H. Steubing u. a. Wuppertal (Brockhaus) 1985, p. 210 (la cursiva es nuestra)  En las luchas espirituales de aquellos tiempos, cuando los creyentes tenían que defenderse contra ataques astutos contra la Palabra de Dios, se atuvieron a la transmisión que les había sido dada, por creer firmemente que Dios había conservado Su Palabra.  Estaban convencidos de que Dios había guiado la mano de los editores del texto básico de la Reforma, para darles una base firme para su vida espiritual.

¡Podemos adoptar la posición de la fe!

La respuesta de los creyentes fieles a la Biblia frente a la crítica textual y las Biblias “modernas” influidas por ella, debería consistir en contar por fe con la conservación y la intervención de Dios durante la transmisión del texto verdadero del NT.  Entonces podemos aceptar hoy todavía el texto recibido de la Reforma como un texto dado por la providencia de Dios, ileso de todos los ataques racionalistas lanzados contra él.  Podemos atenernos a él sabiendo que Dios mismo ha puesto el sello visible de su aprobación y confirmación sobre esta transmisión.

El fruto de las Biblias de la Reforma son innumerables almas salvadas y numerosos avivamientos genuinos obrados por el Espíritu Santo.  La palabra que predicaron Whitefield y Spurgeon, Wesley y Edwards, Hofacker y Krummacher, Harms y Schrenk; la Palabra que llevaron a las naciones paganas hombres como David Livingstone o Hudson Taylor, Ludwig Nommensen o Samuel Hebich, era el Textus Receptus del NT confirmado por Dios.

Sobre el fundamento de este texto conservado y sellado por el Señor han nacido un gran número de movimientos espirituales bendecidos por Dios.  Valgan como ejemplos el movimiento de hermanos en sus comienzos fructíferos, el pietismo, el tiempo de los avivamientos o los anabaptistas bíblicos y las iglesias bautistas.  Contrastando con esto tenemos que hacernos la pregunta, si las Biblias críticas jamás han dado unos frutos tan bendecidos por Dios.  Naturalmente, esto no significa que no puedan convertirse personas por medio de estas Biblias y obtener cierta bendición por ellas (el autor es uno de ellos) - pero la introducción de Biblias críticas seguro que no es casualidad que ocurra precisamente al mismo tiempo en que la iglesia está superficializándose dolorosamente y se encuentre en una decadencia espiritual.  El apartarse de la fe sencilla y del texto guardado de la Reforma, seguramente ha hecho que Dios haya tenido que quitar de su bendición para Su iglesia.

 

11. ¿Qué podemos hacer?

    Esta breve exposición deberá abrirle los ojos a cualquier creyente fiel a la Biblia, y dejar claro que la iglesia de Jesucristo no puede dejar en manos de críticos textuales incrédulos o teólogos científicos la decisión sobre cuál es el texto del NT que Dios ha dado y en el que se puede confiar plenamente.  Deberíamos humillarnos y arrepentirnos de que demasiados creyentes (incluido el autor) durante mucho tiempo han adoptado las afirmaciones de la crítica textual sin un examen espiritual y han descuidado el deber de velar sobre el texto recibido del Nuevo Testamento y guardarlo (comp. Ap. 3:8).  Así ha podido penetrar la crítica textual sin encontrarse con resistencia alguna digna de mención, y causar mucho daño.

Este trabajo quiere estimular a examinar espiritualmente la cuestión si el texto recibido de la Reforma es el texto fiable del NT que Dios ha guardado.  En esto deben ser solícitos especialmente los hermanos que por su ministerio de la Palabra en la iglesia tienen una responsabilidad especial.  Las disputas, la polémica y un espíritu partidario serían perjudiciales a la hora de evaluar estas cosas.  Tampoco se trata aquí de condenar a creyentes que con toda su buena fe confían en las Biblias críticas y quizá por falta de información o discernimiento rechazan al Textus Receptus.  Este gran engaño de muchos creyentes más bien debería impulsarnos a orar fervientemente a Dios para que Él, a pesar de todo, por su misericordia abra todavía los ojos a muchos de sus hijos.

En todo caso es necesario preocuparse de que estas cuestiones no causen inseguridad y desconcierto en creyentes jóvenes y más débiles.  Diferentes convicciones con respecto a esta cuestión no deben ser el motivo de divisiones.  Esto es un gran reto para nuestra actitud espiritual y debería llevarnos a orar para que el Señor mismo guíe a su iglesia en esto.  Ante nuestros propios fracasos y las seducciones cada vez más fuertes de los últimos tiempos, es esencial que con humildad pidamos misericordia a nuestro Dios y nos apoyemos en sus promesas de que Él mismo pondrá otra vez sobre el candelero la Palabra suya que Él conservó y transmitió.

El deseo de este trabajo es que los creyentes de hoy se apoyen con sencillez en la Palabra de la Sagrada Escritura guardada por Dios y traída por Él hasta nosotros y que se edifiquen por ella (comp. Jud. 3 y 20), en esta época de apostasía de la fe recibida y en estos tiempos de seducción liberal y ecuménica.  Podemos defender esta Palabra contra todos los ataques y dudas, porque sabemos que:

“Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos.  De generación en generación es tu fidelidad”
(Sal. 119:89, 90)

“Porque recta es la palabra de Jehová, y toda su obra es hecha con fidelidad”
(Sal. 33:4)

CONTINUARÁ >>>

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