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¿Aplausos en los templos?

Un oyente colombiano que nos escucha por radio nos ha escrito planteándonos lo siguiente: «La iglesia a la que pertenezco tiene un pastor joven que nos dice: 'El culto sin palmadas y aplausos es un culto sin vida'. 

Este planteamiento ha dividido nuestra congregación. Yo me he dado cuenta de que usted tiene una respuesta sensata para todo lo que le preguntan. ¿Qué opina usted en relación con el culto amenizado con aplausos?»

Respuesta: Yo me convertí hace 62 años. He visto iglesias grandes y pequeñas. Unas fervientes en espíritu y otras tibias. Pero en el pasado no he visto iglesias que hayan amenizado sus cultos con aplausos. Y debemos preguntarnos si el culto con aplausos tendrá algo que ver con la anunciada apostasía de la iglesia.

En 1 Juan 2:15, se nos dice: "No améis el mundo, ni las cosas que están en el mundo". Si alguno ama los métodos del mundo, el amor del Padre no está en él.

En el pasado los templos se edificaban con el propósito de que en ellos se rindiese culto a Dios. Jesucristo nos enseña que solamente Dios es digno de recibir adoración. Y preguntamos: Los que pretenden amenizar el culto con aplausos ¿piensan que Dios está presente? ¿Si vieran presente a Dios se atreverían a aplaudir? La palabra aplauso se encuentra una sola vez en la Biblia, y no se refiere a aplauso de persona (Is. 55:12).

No hay una sola evidencia en la Biblia que nos diga o sugiera que la presencia del Señor haya motivado a un ser humano a aplaudir. Juan, el discípulo amado, nos dice que vio al Señor tal como es ahora: "Cuando le vi, caí como muerto a sus pies" (Ap. 1:17). Y el profeta Isaías nos dice: "En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime... Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos" (Is. 6:1,5).

Una de las revelaciones más grandes sobre la alabanza al Señor en el futuro se encuentra en Apocalipsis 5:8-14. Y no vemos en este pasaje palmadas y aplausos, lo que vemos es adoradores postrados delante del Señor.

Los aplausos tienen su lugar en la esfera seglar. Se aplaude en los congresos legislativos, en la tribuna política, en un teatro, en un salón social. Se aplaude al orador, al cómico, al artista, al mago, al payaso. Pero el templo no es un lugar apropiado para aplaudir ni para recibir aplausos.

¿A quién aplauden los que ahora quieren aplaudir en los cultos? A los que actúan frente a ellos. Y esto puede conducirnos a que en el templo no se conceda a Dios el primer lugar, sino a los que reciben los aplausos de la congregación. En un culto amenizado con aplausos ni tienen a Dios en primer lugar ni resulta agradable al Señor.

El profeta Habacuc nos dice: "Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra" (Hab. 2:20). Si lo que va a decir en un templo dedicado a Dios no está motivado por el respeto y la reverencia a Dios, cállese. Porque el templo no es el lugar adecuado para dar culto a otro que no sea el Dios Altísimo. Cuando Dios estableció el primer sistema de culto en un templo, dijo a los llamados a participar de aquel culto: "... MI SANTUARIO TENDRÉIS EN REVERENCIA" (Lv. 19:30 y 26:2). Y San Pablo nos exhorta en Hebreos 12:28, a servir al Señor con "temor y reverencia".

Desde los días de los apóstoles hasta hace poco tiempo, los cristianos se congregaban en los templos con el propósito de tributar culto a Dios, y hacerlo en espíritu y en verdad. Las partes fundamentales de la liturgia cristiana eran el canto de alabanza al Señor, la oración, la lectura bíblica y la predicación del evangelio. Hasta ahora no sabíamos de ninguna religión cuyos devotos pretendiesen tributar culto a su Dios o a sus dioses por medio de aplausos.

El culto a Dios debe tener carácter sagrado. Debe inspirar respeto y reverencia. Si Dios se dirigiera hoy a algunas iglesias, como se dirigió un día a los israelitas que convocaban asambleas y fiestas solemnes, puede que les dijese: "vuestros cultos y métodos de alabanza me producen el efecto de un vomitivo, no los puedo soportar".

Dicen las Sagradas Escrituras que donde no hay dirección sabia el pueblo perece (Pr. 11:14 y Jue. 17:6).

Resumiendo:

• El aplaudir en los templos ha surgido en estos días, después de 20 siglos de cristianismo. ¿Han fallado los líderes del cristianismo en los 20 siglos pasados o estamos fallando los que vivimos en los últimos días del presente siglo?

• Ni en la Biblia ni en la historia encontramos apoyo para aplaudir en un culto que supone tener a Dios por objeto.

• Los aplausos tienen su lugar en la esfera mundana, pero no en los templos.

• Hasta ahora ninguna religión ha adorado a su Dios o a sus dioses por medio de aplausos.

• Los aplausos y la reverencia no ligan. Los aplausos matan la reverencia.

• Dios demanda reverencia en su santuario.

• Los aplausos en los templos constituyen un aspecto de la apostasía. Los pastores estamos llamados a dirigir las iglesias, y dice la Escritura que tendremos que dar cuenta a Dios (He. 13:17).

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