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Monte Hermón: La puerta de los ángeles caídos

Monte Hermón

Departamento de Profecías Bíblicas

Según la Enciclopedia Británica, «Hermón» significa «lugar prohibido».  Jerónimo, el traductor del siglo IV de la Biblia Latina la Vulgata, interpretó a Hermón como «anatema».  El monte Hermón fue la puerta de entrada para un grupo de ángeles perversos que corrompieron la raza humana en los días de Noé.  

 Moisés escribió al respecto: “Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas... Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre” (Gn. 6:1, 2, 4).

Ellos en forma literal tomaron mujeres de la tierra como compañeras, dando origen a una progenie monstruosa cuyo comportamiento era totalmente perverso. Los descendientes de esos ángeles son llamados “gigantes” en la Biblia, pero esta palabra es traducida del hebreo nefilim, que significa «los caídos».

Pero entonces, ¿por qué se les llama “gigantes?” La Biblia presenta muchísima evidencia de que realmente eran gigantes. Más que eso, parece que tenían poderes sobrehumanos que dieron origen a esas antiguas leyendas de los dioses griegos. Josefo, el historiador judío escribió en el primer siglo, en su obra Antigüedades de los judíos, Libro 1, Capítulo 3, Parágrafo 1, que «muchos ángeles de Dios convivieron con mujeres y engendraron hijos injuriosos que despreciaban el bien, confiados en sus propias fuerzas; porque según la tradición estos hombres cometían actos similares a los de aquellos que los griegos llamaban gigantes».

Si usted está ligeramente familiarizado con la antigua mitología griega, no dudo que se estremecerá ante las implicaciones de esta declaración. Esas antiguas leyendas están colmadas con perversas combinaciones de hombres y bestias. Hablan de semidioses cuyos poderes eran usados caprichosamente para torturar y esclavizar a la humanidad. Narran historias horribles de incesto, ocultismo y toda serie de horrores, de dioses que tomaban las vidas a su antojo. Se caracterizaban por sus pensamientos y actos diabólicos en una pesadilla orgiástica de abuso de poder. La mitología griega es una continua historia de horror, poblada con bestias y monstruos de cada descripción.

El libro de Génesis se refiere a ellos simplemente como “gigantes”. Un gigante entonces es una especie de perversión de eso que es natural y que fuera originalmente designado por Dios para vivir en paz sobre la tierra. De hecho, la traducción antigua en griego del Antiguo Testamento, llamada la Septuaginta, se refiere no sólo a los «Nefilim», sino también a los «Refaim» como “gigantes”. Pero en la traducción en inglés y en español de la Biblia, esta conexión está en su mayor parte perdida. En lugar de eso, encontramos el uso del nombre propio Refaíta.

Hay una observación de los rabinos acerca de esta historia en un antiguo comentario judío, el Zohar, volumen 1, página 186, en el cual dos rabinos hacen la siguiente observación: «El rabino José dice, siguiendo una tradición, que estos Nefilims eran Uza y Azazel, a quienes Dios privó de su santidad celestial. Y nos preguntamos: ‘¿Cómo pueden existir ellos en este mundo?’ El rabino Hiya responde que eran una clase de espíritus a los cuales se refieren en Génesis 1:20 con las palabras ‘las aves que vuelan sobre la tierra’, y estos, como ya hemos dicho, se les aparecieron a los hombres en la forma de seres humanos. Si preguntan: ‘¿Cómo pueden transformarse?’ La respuesta es que ellos lo hacen, que de hecho se transforman en toda clase de formas, porque cuando descendieron del cielo, se hicieron tan concretos como el aire y adoptaron forma humana. Estos son Uza y Azazel, quienes se rebelaron en el cielo y fueron expulsados abajo por Dios, convirtiéndose en corpóreos en la tierra y permaneciendo en ella, siendo incapaces de despojarse de su forma terrenal. Subsecuentemente se extraviaron y fueron en pos de mujeres, y hasta este día existen y les enseñan a los hombres de la tierra las artes mágicas. Ellos engendraron hijos a quienes llamaron los anaceos (los gigantes) que eran conocidos como ‘hijos de Dios’».

Note que uno de los rabinos aludió a una clase de espíritus descritos como “aves”en Génesis 1:20. Tal vez fue de esto que se originó la historia de que los ángeles tenían alas como las aves. Hasta este día, las palomas blancas son símbolo del bien, mientras que los cuervos negros tipifican el mal. También debe notarse que las aves parecen tener una conexión con los reptiles. Al fénix se le describía como un águila en el occidente, pero en el oriente era un dragón alado. En la tradición popular se pensaba que Satanás era como una especie de gárgola con alas como de vampiro.

El libro de Enoc

El libro apócrifo de Enoc amplía la historia de los Nefilims. Primero permítame hablarle un poco acerca de este texto misterioso. Los eruditos han trazado su origen a mucho antes del primer siglo. Dijo George H. Schodde en su obra Introducción general al libro de Enoc, publicado el 21 de noviembre de 1881, que «en la literatura primitiva de la iglesia hay una entera cadena de evidencias a este efecto. Casi todos los líderes de la iglesia sabían del libro apócrifo de Enoc. Entre los líderes apostólicos, la epístola de Bernabé se refiere a tal obra. A partir de ese tiempo hasta el siglo VII, la literatura cristiana produjo amplia prueba del uso constante y la alta reputación de este libro. Teólogos primitivos como el mártir Justino, Clemente de Alejandría, Orígenes, Ireneo, Tertuliano, Hilario, Epifanio, Agustín y otros se refirieron a él y lo usaron... siguiendo el ejemplo de Judas, cuya cita es tomada de Enoc 1:9. Todos ellos con excepción de Tertuliano, niegan la canonicidad de este libro, y muy apropiadamente lo consideran apócrifo; algunos van incluso hasta negar la cononicidad de Judas porque se atrevió a citar un libro apócrifo».

Leemos en el Libro de Enoc: «Así sucedió, que cuando en aquellos días se multiplicaron los hijos de los hombres, les nacieron hijas hermosas y bonitas; y los Vigilantes, hijos del cielo las vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: ‘Vayamos y escojamos mujeres de entre las hijas de los hombres y engendremos hijos’... Y eran en total doscientos los que descendieron sobre la cima del monte que llamaron ‘Hermón’, porque sobre él habían jurado y se habían comprometido mutuamente bajo anatema» (Enoc 6:1, 2, 6).

De todos los lugares de este planeta a donde los ángeles pudieron haber descendido, lo hicieron en la frontera norte de la tierra prometida. Conocedores tal vez acerca de los planes futuros, de que Dios planeaba entregarle este territorio a los descendientes de Abraham, estos ángeles maquinaron su estrategia para introducir «la simiente de la serpiente» en la raza humana. Asimismo el monte Hermón se encuentra en el territorio en donde Cam y su familia emigraron después del juicio de Dios en la torre de Babel. Según Génesis 10:6, Cam tuvo cuatro hijos: “Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán”.

Canaán se estableció en el área del monte de Hermón y en dirección sur del territorio que se convirtió en la tierra prometida de Abraham. Es por eso que a la tierra prometida se le llamó «Canaán» en los días de Moisés y Josué. Mizraim prosiguió a trasladarse en dirección sur hacia Egipto. Coincidencialmente, el monte Hermón tiene tres picos y la familia de Cam encontró otra serie de «tres picos» que habían sido construidos antes del diluvio, es decir las tres grandes pirámides. Evidentemente Mizraim estaba fascinado por las pirámides y desarrolló un sistema de adoración basado en estas estructuras antiguas. Cus y Fut continuaron migrando en dirección sur y se establecieron en Etiopía y partes del sur de África.

Hasta este día el monte Hermón es todavía el lugar desde donde continua derramándose el mal sobre Israel. Es el área en donde se encuentran los sirios y Hezbolá.

El Libro de Enoc continua: «Todos y sus jefes tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas y comenzaron a entrar en ellas y a contaminarse con ellas, a enseñarles la brujería, la magia y el corte de raíces y a enseñarles sobre las plantas. Quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura que nacieron sobre la tierra y conforme a su niñez crecieron; y devoraban el trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban abastecerles. Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos’ (Sal. 14:4; Mi. 3:3)» (Enoc 7:1-4).

Tal parece que estos ángeles caídos, los Nefilims, contaminaron prácticamente toda la vida sobre la tierra. Realmente no sabemos cuántas personas se contagiaron, lo único que la Escritura nos dice es que Noé y su familia permanecieron genéticamente puros. Por esta razón, Dios destruyó la raza humana con el diluvio. Si no hubiera sido por Noé y sus tres hijos, estos ángeles caídos le habrían puesto fin a la vida sobre el planeta. Noé, Sem, Cam y Jafet ayudaron a salvar a los animales y repoblar la tierra.

Dios juzgó a los ángeles

Tanto Pedro como Judas nos ofrecen información adicional acerca de estos ángeles caídos. Pedro dijo: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos” (2 P. 2:4, 5).

Y Judas agregó: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Jud. 6).

Ambos pasajes hablan de juicios severos contra los Nefilims. A pesar de todo, Moisés dijo que “los hijos de Dios”mencionados en Génesis 6:4 reaparecieron después del diluvio. Pero... ¿Cómo puede ser esto posible? Bueno, El libro de Enoc sólo menciona 200 ángeles y Satanás no se encontraba entre ellos. Tenga en mente que las huestes de Satanás eran más que 200. Tal vez el grupo original de Nefilims eran una fuerza mucho mayor de ángeles demoníacos, quienes bajo el liderazgo de Satanás llegaron a la tierra después del diluvio. Es posible que la torre de Babel, cuyo significado literal es «Puerta a Dios», haya sido construida en un esfuerzo por ponerse en contacto con estas fuerzas tenebrosas y constituir así una defensa en contra de la amenaza de otro juicio. Tal como hiciera notar, en el Zohar, el rabino Hiya dijo: «Y hasta este día existen y le enseñan a los hombres de la tierra las artes mágicas».

Asimismo, Génesis 6:4 añade que “...también después...”, indicando que después del diluvio más Nefilims retornaron a esta área y se establecieron en lo que Josué llamó la “tierra de gigantes”. Moisés y Josué conquistaron estos gigantes, y Og era el rey de ellos. Moisés escribió: “Porque únicamente Og rey de Basán había quedado del resto de los gigantes. Su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabá de los hijos de Amón? La longitud de ella es de nueve codos, y su anchura de cuatro codos, según el codo de un hombre. Y esta tierra que heredamos en aquel tiempo, desde Aroer, que está junto al arroyo de Arnón, y la mitad del monte de Galaad con sus ciudades, la di a los rubenitas y a los gaditas; y el resto de Galaad, y todo Basán, del reino de Og, toda la tierra de Argob, que se llamaba la tierra de los gigantes, lo di a la media tribu de Manasés” (Dt. 3:11-13).

Og reinaba en el monte Hermón y Josué registró: “Y el territorio de Og rey de Basán, que había quedado de los refaítas, el cual habitaba en Astarot y en Edrei, y dominaba en el monte Hermón, en Salca, en todo Basán hasta los límites de Gesur y de Maaca, y la mitad de Galaad, territorio de Sehón rey de Hesbón. A éstos derrotaron Moisés siervo de Jehová y los hijos de Israel; y Moisés siervo de Jehová dio aquella tierra en posesión a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés” (Jos. 12:4-6).

Durante los días de los jueces, la tribu de Dan se trasladó a esta área y adoptó la adoración canaanita de estos ángeles. Era una idolatría antigua que se oponía a la adoración de Jehová. ¡De hecho, Baal y Astarot eran deidades canaanitas, cuyo origen era el monte Hermón! El libro de Jueces incluso le llama a Hermón, “Baal-hermón”, cuando dice: “Los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, los sidonios, y los heveos que habitaban en el monte Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta llegar a Hamat” (Jue. 3:3).

Además, los ángeles caídos que vivían alrededor del monte Hermón adoptaron un nombre bíblico para el monte. Tuvieron la audacia de plagiar el nombre que Dios le diera al monte Moriah. ¡El monte Sion! Moisés escribió: “Y poseyeron su tierra, y la tierra de Og rey de Basán; dos reyes de los amorreos que estaban de este lado del Jordán, al oriente. Desde Aroer, que está junto a la ribera del arroyo de Arnón, hasta el monte de Sion, que es Hermón” (Dt. 4:47, 48).

En el texto original hebreo cuando la palabra «Sion», comienza con la letra «S», implica un lugar «elevado», tal como en este caso particular, mientras que cuando aparece con «Z» se traduce como «fortaleza». Es evidente que Satanás estaba tratando de falsificar el plan redentor de Dios para la redención del hombre. El diablo estaba determinado a reemplazar la «simiente de la mujer» con «la simiente de la serpiente».

En un libro titulado Los dioses de la logia, el autor Reginald C. Haupt Jr., describió así en la página 126, lo que descubrió durante su viaje al monte Hermón, «En las excavaciones de Baalbek, cuyo nombre fue cambiado a Heliópolis por los griegos, fueron descubiertos templos honrando a Baal y Baco. Lo mismo es cierto en Sidón. El templo es llamado el templo de Baal de Sidón. Pero aún mucho más importante es el templo de Baal descubierto en el monte Hermón. Quizá tendría más significado para usted, si yo Reginald Haupt citara directamente de mi fuente. En la edición de 1982 de la Biblia de Referencia Thompson Chain (Cuarta Edición Mejorada), el suplemento arqueológico fue provisto por G. Fredrick Owen... El doctor Owen, escribió en la página 376 de este suplemento: ‘El monte Hermón, el principal de los montes de Palestina tiene ocho kilómetros de ancho y 32 de largo. Tiene tres picos, el más alto de todos se eleva 2.794 metros sobre el nivel del mar Mediterráneo. Por siglos antes del tiempo de Abraham, la montaña ha sido venerada en conexión con Baal.

La adoración a Baal era la religión líder de Canaán. Uno de los picos más altos del país eran los lugares santos conocidos como los ‘lugares altos’, entre más alto era más santo. Se plantaban bosques y se erigían santuarios para adoración. Como el monte Hermón se destacaba por encima de las otras montañas en la región, era el principal lugar alto, el santuario de los santuarios. Los canaanitas miraban al monte Hermón, de la misma forma como los musulmanes miran hacia La Meca cuando oran.

Durante el verano de 1934, el doctor Stewart Crawford y este escritor Reginald Haupt, guiamos una pequeña expedición, en la cual estudiamos los santuarios antiguos de Baal que rodean el monte Hermón. Localizamos muchas ruinas y en cada caso el santuario estaba tan orientado que cuando los sacerdotes y los devotos estaban ante el altar, miraban de frente hacia el principal santuario de Baal, o Quibla, localizado en el más alto de los tres picos del Hermón.

Nosotros entonces ascendimos al monte y encontramos las ruinas del templo de Baal construido por los albañiles de Herodes, el cual databa justo a los primeros años previos de la era cristiana. En un lugar abajo, cerca de la esquina noroccidental del templo, excavamos y encontramos montones de ceniza y huesos quemados, las cuales habían sido arrojados allí como basura de desperdicio de los sacrificios’».

Durante el ministerio de Jesús, él y sus discípulos visitaron Cesarea de Filipo, en donde el río Jordán brota desde las vertientes del monte Hermón. Allí puede verse todavía la gruta donde Baal era adorado. Mientras observaba estos santuarios, Jesús hizo esta pregunta: “...¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” (Mt. 16:13b). El Señor estaba parado en el territorio de su gran enemigo, de Satanás y sus idólatras Nefilims. Es el área de donde surgirá el anticristo.

La conexión francesa

En 1666, Luis XIV de Francia autorizó la construcción de un observatorio en París para medir la longitud. Este fue el comienzo del Meridiano Cero de París. El meridiano es una línea imaginaria que forma la mitad de un círculo máximo y une los polos norte y sur. Los meridianos son, por tanto, líneas de longitud; la latitud y longitud se utilizan conjuntamente para situar puntos en el globo terráqueo a través de coordenadas esféricas.

¡Aunque usted no lo crea, de acuerdo con «El Meridiano Cero de París» el monte Hermón y el territorio antiguo de Dan, están localizados a 33 grados de longitud de este mismo meridiano y a 33 grados latitud norte del Ecuador! El grado 33 se convirtió en una parte importante de la francmasonería, probablemente debido a la historia que se remonta a los caballeros templarios, la dinastía francesa Merovingia y su familia que tiene vínculos con los descendientes de Dan, el hijo de Jacob.

Sin embargo, los británicos serían superados. En 1675, el primer astrónomo real de Inglaterra Sir Flamsteed, estableció un primer meridiano en Londres que rivalizaría con ese en París. En 1725, Edmund Halley, el segundo astrónomo real estableció un segundo meridiano. A mediados del siglo XVIII, otro astrónomo real James Bradley, estableció un tercer meridiano. Y en 1851, otro astrónomo real Sir George Airy, instaló un nuevo equipo para medir, en una habitación al lado del equipo original de Bradley, justamente a unos cinco metros de distancia, el cual finalmente se convirtió en la base para el tiempo internacional.

Bien pronto llegó a ser claro que el mundo necesitaba adoptar una hora standar mundial para el Meridiano Cero, por lo tanto en 1884, 25 países se reunieron en Washington, DC, y votaron para aceptar el meridiano de Airy en el observatorio de Greenwich en Londres como el principal meridiano. Francia se abstuvo de votar. Hasta 1911 los franceses consideraron el Meridiano Cero como un rival de Greenwich para propósitos de mantener un registro del tiempo, y en 1914 para propósitos de navegación. Hasta este día los cartógrafos franceses continúan marcando el Meridiano de París en algunos mapas.

En los primeros años del siglo XX, se publicó un folleto en Rusia titulado: Los protocolos de los sabios de Sion. Era un documento que supuestamente ponía en evidencia el plan de dominio mundial de parte de los judíos. Sin embargo, su conexión masónica es obvia. Dice Michael Baigent en la página 193 de su libro: Sangre santa, santo grial, que el folleto termina con esta declaración: «Firmado por los representantes de Sion del grado 33».

En el idioma original en que fuera escrito este folleto la palabra «Sion» se deletrea con «Z», pero en el folleto aparece con «S», indicando obviamente su conexión con el monte Hermón.

La tribu de Dan

Jacob profetizó: “Será Dan serpiente junto al camino, víbora junto a la senda, que muerde los talones del caballo, y hace caer hacia atrás al jinete” (Gn. 49:17), mientras que Moisés “A Dan dijo: Dan es cachorro de león que salta desde Basán” (Dt. 33:22). Estas dos profecías son asombrosas, en el sentido en que conectan a Dan con «la simiente de la serpiente», de la cual emergerá el anticristo para reclamar el título de «León de Judá».

En el libro de Jueces la reubicación de los danitas se extiende hasta la tierra prometida. Ellos se establecieron al pie del monte Hermón, en el territorio de Basán y adoptaron la religión idólatra canaanita de Baal y Astarot. Finalmente, emigraron a partes desconocidas y se convirtieron en la proverbial TRIBU PERDIDA.

Sin embargo, los daneses descendientes de los espartanos de Grecia, establecieron las mismas costumbres religiosas que practicaran los danitas en el monte Hermón. La mitología griega es una nueva versión elaborada de la religión danita. Los espartanos inventaron a un “mensajero de los dioses” y le llamaron «Hermes», lo cual es una variación de Hermón, mientras que los romanos le llamaba «Mercurio». Supuestamente Hermes tenía un hijo llamado Pan. El nombre «Pan» bien pudo ser una corrupción del nombre “Dan”. Hoy, los árabes le llaman «Banias»a Cesarea de Filipo, pero esto se debe a que en el idioma árabe no existe el sonido de la «P».La forma más antigua era «Paneas»que significaba «la ciudad de Pan». El nombre se deriva de Pan, el dios pagano que era adorado allí. Todavía pueden verse en ese lugar los nichos para las estatuas de Pan. En el año IV después de Cristo, esta área se convirtió en el tetrarcado de Filipo, el hijo de Herodes, quien le cambió el nombre de Paneas a Cesarea de Filipo, nombre que continuó hasta el reinado de Herodes.

El apelativo Pan significa «Todas las cosas, todos los dioses, o toda la vida». Por consiguiente, cuando los romanos construyeron un templo cubierto con una cúpula para conmemorar a todos sus dioses, le llamaron «Panteón». Esta es una combinación de la raíz de dos palabras: «Pan», que representa al hijo de Hermes o Mercurio, y «teo» que significa «dioses». Es claro que el monte Hermón, con sus famosos “ángeles caídos” se infiltró en la mitología de muchas culturas antiguas.

Salomón también dijo estas palabras importantes sobre el monte Hermón: “Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía; ven conmigo desde el Líbano. Mira desde la cumbre de Amana, desde la cumbre de Senir y de Hermón, desde las guaridas de los leones, desde los montes de los leopardos” (Cnt. 4:8). Aquí Salomón mencionó “las guaridas de los leones” y “los montes de los leopardos”. Esto bien puede ser una referencia a la profecía dada por Moisés, en la que llama a Dan “cachorro de león”.

De igual manera, tal parece que Salomón estaba al tanto de los danitas y su conexión con el monte Hermón y por eso usó la metáfora de los danitas “y las guaridas de los leones”. Cuando los danitas llegaron por primera vez al norte de Israel, conquistaron la villa de Lais, que significa «león» y le cambiaron el nombre a “Dan”. Leemos en el libro de Jueces: “Y llamaron el nombre de aquella ciudad Dan, conforme al nombre de Dan su padre, hijo de Israel, bien que antes se llamaba la ciudad Lais” (Jue. 18:29).

Salomón además mencionó el monte Hermón, asociándolo con los “leopardos”. Se dice que Cam, el nieto de Nimrod, llevaba puesta una piel de leopardo como símbolo de su realeza. Hay también pinturas de faraones egipcios adornados con estas mismas pieles. Incluso algunos reyes europeos de la edad media llevaban puestas pieles de leopardo. Un antiguo comentario judío asocia las pieles de leopardo que se ponía Nimrod con las vestiduras de pieles que hizo Dios para Adán y Eva. Dice en la página 250 del volumen uno del Zohar: «Verdaderamente era un hombre poderoso, porque estaba cubierto con las vestiduras de Adán, y por medio de ellas pudo ponerle trampas a la humanidad y engañarla. El rabino Eleazar dijo: ‘Nimrod usaba ese ropaje para atraer a las personas hacia la adoración idólatra, lo cual lo capacitaba para conquistar el mundo y proclamarse como gobernante, de tal forma que la humanidad le rendía adoración. Fue llamado Nimrod porque se rebeló contra el Rey superior de todos, contra los ángeles de más alto rango y contra los de menor rango’.

El rabino Simeón dijo: ‘Nuestros colegas son conocedores de un profundo misterio respecto a estas vestiduras’». En el capítulo 7 de Daniel y el 13 de Apocalipsis, el anticristo parece estar conectado con el leopardo metafórico.

No podemos decir con certeza que Adán y Eva usaron pieles de leopardo, pero hay un buen número de fuentes que sugieren que Nimrod llevaba puesta una piel de leopardo. Uno de los que aseguró esto fue Alexander Hislop, en su libro: Las dos Babilonias, donde dice: «Esta costumbre de domesticar al leopardo, poniéndolo así al servicio del hombre, se remonta a los primeros tiempos de la antigüedad primitiva. En las obras de Sir William Jones, encontramos que según las leyendas persas, Hoshang, es decir Nimrod, el padre de Tahmurs, quien construyó Babilonia, fue el ‘primero que crió perros y leopardos para cazar’. Como Tahmurs, quien edificó a Babilonia, no puede ser otro más que Nimrod, esta leyenda sólo le atribuye a su padre lo que implica su nombre.

Ahora, como el dios clásico que lleva la piel de león es reconocido por esa señal como Hércules, el matador del león de Nemea, de la misma forma, el dios vestido con las pieles de leopardo, de manera natural fue marcado como Nimrod, el ‘dominador de leopardos’. Tenemos clara evidencia, que la piel de leopardo con relación al dios egipcio no era algo ocasional.

Wilkinson nos dice, que en todas las ocasiones importantes cuando el sumo sacerdote egipcio era llamado para oficiar, era indispensable que llevara puesta, como su vestidura de oficio, la piel de leopardo.
Como es un principio universal en todas las idolatrías de que el sumo sacerdote lleve puesta la insignia del dios al que sirve, esto indica la importancia que la piel manchada debía atribuirle como un símbolo del propio dios».

El anticristo danita

Ireneo e Hipólito, unos de los primeros teólogos de la iglesia, basándose en Jeremías 8:16, dijeron que el anticristo saldría de la tribu de Dan, ya que dice la Escritura: “Desde Dan se oyó el bufido de sus caballos; al sonido de los relinchos de sus corceles tembló toda la tierra; y vinieron y devoraron la tierra y su abundancia, a la ciudad y a los moradores de ella” (Jer. 8:16). En otro artículo hemos discutido el hecho que el gran rey Alejandro el Grande, aseguraba haber nacido de la «simiente de la serpiente». También hemos discutido la posibilidad de que Nerón, el emperador romano fuese un descendiente de los danitas. Cuando Nerón gobernó al imperio romano, le cambió el nombre de Cesarea de Filipo en honor de sí mismo. Dice en la página 162 de la Enciclopedia Judaica, que por un tiempo, el lugar de la antigua ciudad danita se llamó Neronias, que significaba «la ciudad de Nerón».

Finalmente, el antiguo Midras Judío, los escritos explicativos y exegéticos judíos de las Escrituras, comparan a Sansón con su tan esperado Mesías, cuando dice: «Sansón en algunos aspectos fue considerado un precursor del Mesías quien vendrá de Judá, pero su madre de acuerdo con el Midras será de la tribu de Dan».

¡Increíble! Los judíos esperan a un Mesías cuyo padre sea de la tribu real de Judá, pero su madre de la tribu de Dan!
Esos ángeles caídos que descendieron al monte Hermón introdujeron la «simiente de la serpiente» en la raza humana. Evidentemente, después del diluvio, se asociaron con miembros de la tribu de Dan, introduciendo una vez más «la simiente de la serpiente» en el genoma humano. La primera vez que ocurrió, Dios juzgó al mundo con agua. La próxima será con fuego.