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Vientos de Apostasía - Es una obra para los cristianos confundidos a raíz de tantas... - Capítulo XIII

Capítulo XIII

¿Sanar y repartir el Espíritu Santo a nuestro antojo?  

Esta es una porción del relato de Mike Thomas tal como fuera publicado en la revista Florida del 2 de noviembre de 1991: "Los que sostienen a los golpeados tratan de sujetar los cuerpos tambaleantes, El erguido y con un movimiento como si diera un golpe azota al entero coro de la iglesia con un solo lanzamiento ... 'Eso es poder', grita Benny. '¡PODER!'. Hinn entonces se quita su chaqueta confeccionada a la medida y la frota enérgicamente contra su cuerpo. Él le está frotando el Poder a la chaqueta. Luego comienza a darle vueltas violentamente, tal como el Divid bíblico le diera vueltas a su honda. Derriba a su seguidores a izquierda y derecha. ¡Pum! ¡Pum! Vibra el escenario con los golpes de los cuerpos que cae Luego arroja 'la chaqueta ungida'. Otro ¡pum! Mientras uno de los que recogen a los caídos se apresura a levantar a una mujer, Hinn lo golpea ... luego golpea al que levanta al otro recogedor que también ha caído. Cuando Benny Hinn está en movimiento nadie está a salvo del Poder ... Tantos para ser golpeados, y tan poco tiempo ... El sopla ruidosamente sobre el micrófono ... Cientos caen de espaldas ... a una mujer en el pasillo le da un colapso y comienza a balbucear. Y entonces de súbito, Benny se va. El poder se desvanece del salón y las perdonas quedan con la vista fija aturdida y en silencio".

Este sólo aspecto de las reuniones de Hinn es suficiente para condenarlo. Él caprichosamente arroja el Espíritu Santo a su alrededor en la forma más irreverente, usando la tercera Persona de la Trinidad como su siervo para atraer la atención sobre sí mismo. Hinn actúa como si la "unción" fuera alguna especie de poder metafísico a su disposición, para ser frotado sobre los objetos. Luce impresionante, y opera principalmente por el poder de la sugestión, pero no tiene propósito excepto hacer que las personas se paren asombradas ante él. "Asusta" - dijo Bill James, un exmiembro de la iglesia. "Las personas quedan hipnotizadas cuando lo ven, es como Dios".

Sin embargo, a lo que el Señor Jesucristo se refirió, es que la gente sencillamente, sin buscarlo, ni anhelarlo, sin pensar siquiera en ello, estaría en condiciones de echar demonios en su nombre, de hablar nuevas lenguas, de tomar serpientes en sus manos sin sufrir daño alguno, que si llegaran a tomar algo venenoso no les haría mal, y finalmente "sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán". ¿Ocurre hoy tal cosa? Ciertamente no. Hay muchísimos cristianos de fe y oración, consagrados al Señor, sanos en sus doctrinas, fíeles al Señor, de conducta intachable. Nadie puede dudar de la autenticidad de su regeneración, y sin embargo no hacen nada de esto. Visitan a los enfermos, pero son impotentes para curarlos. Oran por ellos y piden a otros que oren, pero los enfermos por lo general empeoran y mueren o siguen iguales. Note que el Señor no dijo que serían sanados los que tuvieran fe, sino que "los enfermos" sanarán, creyeran o no.

No creo que la declaración de Jesús sea tan complicada. La generación apostólica de la iglesia tuvo en buena parte este poder. Cuando el Evangelio comenzó a penetrar más allá de Palestina, Dios se manifestaba con frecuencia con poder para convencer a cuantos escuchaban esas nuevas doctrinas, de que sus mensajeros eran realmente discípulos del Señor. No debemos olvidar que para entonces no se disponía de la Palabra escrita como ahora. Los más afortunados contaban con el Canon del Antiguo Testamento. El Nuevo todavía estaba en proceso de escribirse. Una vez completado el Canon Sagrado, estos milagros que eran parte de las credenciales Mesiánicas, dieron paso a las Escrituras.

¿Se imagina usted si hoy estuviera en vigencia lo que expresara el Señor Jesucristo en el capítulo 16 de Marcos? Un cristiano, tal vez un custodio o portero de un hospital, simplemente decidiría a cierta hora del día recorrer una sala de enfermos internados por diversas dolencias, tal vez convalecientes de una seria operación, otros con fracturas, heridas, etc. Este sencillo trabajador, sólo tendría que orar por todos ellos y cada uno se levantaría completamente sano, tomaría su ropa y enseres personales y se iría a casa. Luego, este sencillo hermano, bien podría recorrer otros pabellones del hospital con el mismo resultado, A fin de cuentas, cuando los médicos y enfermeras se dieran cuenta, ¡no habría un solo enfermo en el hospital! Al comenzar a llamar a las casas de los internados, ¡qué gran sorpresa! El mismo paciente les hablaría para contarles que un hombre sencillo pasó junto a su cama, oró por él o ella y ahora está completamente curado. Pero ... ¿Porqué no se había hecho esto antes? Bueno, simplemente nadie había entendido las palabras de Marcos 16:17,18.

El solo hecho de que la "sanidad divina" sea algo exclusivo de ciertos individuos, debe merecer nuestra atención, ya que no se trata de algo que se supo inmediatamente después de la Reforma cristiana. Recién a fines del siglo XIX, cuando la iglesia cristiana entró en el período de Laodicea, fue cuando se "re descubrió" la sanidad divina. Si usted es buen observador, notará que todos los "sanadores" sin excepción usan los mismos métodos, más o menos las mismas palabras y obtienen los mismos resultados. Repiten que "Jesucristo es el mismo, ayer y hoy y por los siglos", ofrecen "pruebas de sanidad" que impresionan a algunos, se creen semidioses que sólo tienen que imponer las manos con poder, se consideran muy espirituales - mucho más que los demás - colocan la salud física muy por encima de la espiritual o la salvación del alma, recogen grandes sumas de dinero, aseguran recibir revelaciones especiales de parte del "espíritu" e insisten en que todos aquellos que tengan fe suficiente sanarán. ¡Esto es una estafa, un engaño sin paralelo en el que se está involucrando al propio Señor! Jesús le dijo a los suyos: "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido el mundo" (Jn. 16:33). Las aflicciones, las pruebas, al igual que las enfermedades, lo único que logran es fortalecer la fe de los cristianos. "En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida aprueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (I Ped. 1:6,7).

De acuerdo con esta declaración, las aflicciones bien pueden acompañarnos hasta cuando nuestro Señor Jesucristo se manifieste en su gloria en el momento de recoger a los suyos. "¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración" (Stg. 5:13). La Biblia no dice que si hacemos oración, la aflicción necesariamente se irá. Tal cosa no ocurrirá hasta que la aflicción haya alcanzado su objetivo. Dios sabe por qué nos aflige, ya sea con una enfermedad, cirugía difícil, algún defecto físico o cualquier otro problema. Lo único que Santiago puede ofrecernos, guiado por el Espíritu Santo, es que oremos durante ese período de aflicción, que en lugar de buscar sanadores, gemir, llorar y buscar milagros, aprendamos a orar más intensamente.

Existe también otro serio problema con estos "sanadores". Es el fraude que ya se ha comprobado una y otra vez. Son muchísimos los "sanadores" que actualmente están sanando a diestra y siniestra, porque dicen haber recibido este don y revelaciones privadas. Entre ellos se encuentra el tele-evangelista Peter Popoff, muy conocido en Estados Unidos. Este señor fue un mentiroso tan obvio que daba vergüenza verle - no obstante los líderes de la iglesia le permitieron que defraudara al rebaño y acarreara censura al nombre de Cristo. Fueron los ateos humanístas quienes lo pusieron al descubierto hace unos 7 años, el mago James Randi y Paúl Kurtz, entre otros. Popoff aseguraba haber "recibido revelaciones de Dios", que lo capacitaban para citar nombres, direcciones y dolencias de las personas entre el público. Pero la verdad era que su esposa Elizabeth, circulaba entre la audiencia antes de las reuniones y recopilaba información, que más tarde le trasmitía a su marido desde la cabina de radio a través de un sofisticado audífono oculto en el oído de Popoff.

¿Un engaño deshonesto? Sí, verdaderamente sí Randi y su grupo grabaron la prueba. Fue durante (cruzada en febrero de 1986 en el Coliseo de San Francisco. Cuando Peter Popoff hizo su gran entrada al templete en medio de gritos y aleluyas, la señora Popoff probó su equipo con estas palabras: "Hola Petey. ¿Me puedes oír? Si no puedes estás en problema Voy a leerte una serie de nombres". Durante las "sesiones de sanidad" la información que recibía Popoff en su oído era más o menos así: "Ella debe encontrarse a tu mano derecha. A la derecha. Está vestida de azul. Vive en el 4267 Masterson y está orando por hija Joy, quien padece una alergia a los alimento" Siguiendo a estas informaciones se escucharon las risas de Efízabeth y de Pam, esta última esposa Reeford Shirrell, el asistente de Popoff - mientras tanto y a continuación, Popoff le repetía esa información a la víctima, pretendiendo que Dios se la había "revelado".

Popoff debió haber sido expuesto y denunciado por los líderes de la iglesia, pero no fue así. Incluso aún después de que fuera desenmascarado por los humanistas como un deshonesto deliberado, la publicación Charísma continuó imprimiendo una página entera con sus anuncios y los cristianos siguieron enviándole sus ofrendas a este "hombre de Dios"

Estos fraudes han sido expuestos a la luz del público por los mismos inconversos que tiene pruebas grabadas y filmadas. Sin embargo, ¡la gente todavía sigue a este hombre, continúa buscando sus sanidades y siguen gritándole aleluyas y recibiendo "sanidad". Pero si hay tantas pruebas de los fraudes, ¿porqué tanta gente sigue a estos individuos que ya no ocultan el engaño? Pedro el apóstol, habló de estos días y guiado por el Espíritu Santo escribió: "Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme" (II Ped. 2:1-3).

Dios también dijo por boca de sus profetas: "¿No castigaré esto? dice Jehová; ¿y de tal gente no se vengará mi alma? Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso. ¿Qué, pues, haréis cuando llegue el fin? ... Porque desde el más chico de ellos hasta el más grande, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores. Y curan la herida de mi pueblo con liviandad, diciendo: Paz, paz; y no hay paz"(Jer. 5:29-31; 6:13,14).

En ese tiempo, "desde él profeta hasta el sacerdote, todos [eran] engañadores". Pero hoy podemos decir que "desde el evangelista hasta el pastor, todos son engañadores", pretenden sanar, recibir revelaciones de Dios, contar con poderes que otros no tienen y actuar en el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, en el mejor de los casos, lo único que hacen esto? "siervos de Dios" es aprovecharse de la desdicha de tantos hombres y mujeres que sufren la consecuencia de sus propios pecados.

Hace unos días vi un interesante programa de televisión. Un caballero muy bien vestido salió al escenario y le dijo a una simpática audiencia que ese día haría una demostración muy interesante, de algo que ellos no podrían explicar, ya que en la tarjeta que llevaba en sus manos había un poder especial. A continuación solicitó la cooperación del público y dos voluntarios se ofrecieron. A uno le dio algo para que lo sujetara y al otro le entregó la tarjeta indicándole que mirara al primero. Todo esto sólo tomó unos breves segundos, dos o tres y el hombre siguió hablando. De repente se dirigió al que tenía la tarjeta y le pidió que le dijera la hora. Cuando el caballero miró su muñeca notó que no tenía el reloj y algo confundido le dijo a su interlocutor que había llegado con el reloj al salón, pero que seguramente le había extraviado en algún lugar del auditorio. ¡Lo sorprendente fue que nadie en el público se dio cuenta que este prestidigitador le había arrebatado su reloj pulsera y que también le había quitado la corbata! El mago simplemente sacó las dos cosas de su bolsillo y se las entregó. Se dirigió al segundo espectador y le dijo que ya era el momento de bajar del escenario, ¡fue entonces cuando el segundo voluntario advirtió que no tenía ni corbata ni camisa! ¡Grande fue su sorpresa cuando notó que no llevaba puesta la corbata, pero fue aún mayor cuando se dio cuenta que no tenía camisa!

Todos en el auditorio estallaron en risas, ya que no era para menos, era divertido, pero al mismo tiempo este hombre demostró algo: Su habilidad para mover las manos y los dedos mucho más rápido que la vista. Algo muy similar ocurre hoy en estas campañas de "sanidad", con la diferencia de que en lugar de que el mago haga lo que hizo éste, su especialidad es mover la lengua, articular palabras, repetir ciertas frases, coordinar sus miradas, voz y palabras, de manera que las personas que los escuchan oigan exactamente todo lo que desean oír. De una manera muy sutil el "evangelista" les habla de la sanidad del cuerpo, de sanar inmediatamente de cualquier mal que padezcan, de lograrlo sin esfuerzo, de obtener poder ilimitado, de lograr todo esto sin perder nada de su fe cristiana. "Por el contrario" - aseguran - "ahora será mucho mejor que antes, porque podrán derivarle poderes especiales a otros".

Tiene que transcurrir algún tiempo, para que esos que creían haber recibido tanto, se adviertan que entre palabra y palabra, promesa y promesa, glorias a Dios y aleluyas, entregaron todo el dinero que tenían y que tanto necesitaban para su familia. Además de haber desviado su vista de Cristo y de fijarla en un hombre, todo por tener el objetivo equivocado de contar con mucho poder, mucha salud y mucho dinero. Pero resulta "que del dicho al hecho hay mucho trecho" y lo que abunda en todos estos engañados es la más completa desolación. Lo más trágico de todo es que son muy pocos los cristianos que detectan el fraude. Y aquellos que lo logran prefieren callar, antes que denunciar y hablar abiertamente para detener esta avalancha de apostasías. Los vientos soplan fuertes y sin duda van dejando tras de sí una desolación espiritual y moral nunca antes vista. Cada una de estas "cruzadas de milagros" es otra vergüenza para el pueblo de Dios y otro golpe en contra de la divulgación del Santo Evangelio.

Cuando nos ponemos a analizar este asunto de la sanidad, nos encontramos con una serie de interrogantes. Uno de los aspectos que la mayoría pasa por alto, es que en el texto griego original hay dos palabras completamente diferentes, pero que son traducidas como "sanidad" o "sanar" en nuestra Biblia en español, cuando en realidad deberían traducirse como "curación" o "curar". El único lugar en el Nuevo Testamento donde se dice que hubo sanidad por la imposición de las manos, es en el caso del padre de Publio, en la isla de Malta. Es cierto que hubo sanídades instantáneas, aunque no imposición de manos. En muchos casos en que se traduce "sanidad", lo que dice el texto original es "curación". ''En aquellos lugares había propiedades del hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó solícitamente tres días. Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. Hecho esto, también los otros que en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados" (Hec. ?É:7-9).

Ahora bien, en los versículos 8 y 9 se menciona el verbo "sanar". Allí dice que el padre de Publio se "sanó" y que luego los otros en la isla que vinieron "eran sanados". La impresión es que Pablo también le impuso las manos a ellos y se sanaron, aunque la Biblia no lo dice. Solamente declara que Pablo "le impuso las manos" al padre de Publio y que "los otros qué en la isla tenían enfermedades, venían, y eran sanados". En el texto original griego, para este caso en particular en que Pablo "impuso las mano" se usa la palabra "laomai", que significa sanar de golpe, en el acto, por la imposición de las manos, "sanar en el acto y completamente". Pero cuando Lucas describe lo que pasó con los demás de la isla que vinieron y se sanaron, usa la palabra griega "Terapeuo", de la cual se origina nuestro vocablo "terapia". En el original griego esta palabra significa "curar", "hacer curaciones o aplicar la medicina". Pero en las traducciones no se tuvo en cuenta esta diferencia abismal, porque a pesar de que en ambos casos las personas fueron curadas, en el primero fue instantáneo y en el segundo progresivo. El enfermo que sufría de cualquier mal, era sanado mediante la terapia que le aplicaba Lucas, que era médico, o los otros. Cuando Pablo habló de los dones espirituales para el servicio de la iglesia, dijo: ''Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; o otro palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros ..." (I Cor. 12:8-10).

Note como Pablo se expresa aquí. Dice que algunos tienen "dones de sanidades" y a renglón seguido dice que otros tienen el don de "hacer milagros". Obviamente, según él, los que tienen "dones de sanidades" no sanaban milagrosamente, sino que tenían el don de hacer curaciones, ya que luego se refiere a los que tienen el don "de hacer milagros" como a algo muy distinto.

El deber del predicador es estudiar las Escrituras. Muchos de estos disparates son extremadamente serios y el común de los hermanos no comprende la diferencia. A continuación permítame presentarle una lista de las preguntas más comunes que se hacen a este respecto, respondiendo las mismas en conformidad con la Escritura:

  1. ¿Es cierto que Dios quiere que todos sean sanos? No.
  2. ¿Es cierto que él puede sanar a todos? .
  3. ¿Es cierto que la sanidad del enfermo depende de sí tiene suficiente fe? No.
  4. ¿Quiere Dios que algunos hombres y mujeres cristianos estén enfermos?.
  5. ¿Es cierto que las enfermedades provienen del diablo? No.
  6. ¿Es cierto que es Dios quien hace al sano y al enfermo? .
  7. ¿Es verdad que hay ciertos hombres con poderes especiales que tienen el don de sanidad? No.
  8. ¿Es verdad que todos los cristianos, sin excepción, tienen el don de sanidad? No.
  9. ¿Es cierto que el don de sanidad cesó cuando se completó el Canon Sagrado?.
  10. ¿Es cierto que Isaías 53:4,5 dice que Jesús llevó nuestras enfermedades físicas? No.
  11. ¿Puede hoy una persona sanarse por la fe, mediante la oración? .
  12. ¿Debemos orar por los enfermos para que se haga la voluntad de Dios? .
  13. ¿Es correcto que le "ordenemos" al Señor para que sane al enfermo? No
  14. ¿Quiere Dios que todos los hombres estén sanos? No.
  15. ¿Quiere Dios que todos los hombres sean salvos? .