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Vientos de Apostasía - Es una obra para los cristianos confundidos a raíz de tantas... - Capítulo V

Capítulo V

Disparates  lamentables

Si usted ha tenido la oportunidad de asistir a alguna de estas reuniones o ver alguno de estos videos, tal vez habrá notado que se trata de servicios en los que reina el desorden total. El “predicador o evangelista” al frente es quien decide los milagros. En otras palabras, tienen un dios que se sujeta a su voluntad, por eso pueden anunciar los milagros por adelantado con toda confianza, porque no es necesario pedir que se haga la voluntad de Dios. El mismo gurú hace el papel de Dios, ¡y cómo lo hace! ¡Es increíble cómo se le sujeta el espíritu tumbador!

Durante todo el servicio casi no se usa la Biblia, excepto una que otra vez como pretexto, se lee un pasaje que no tiene ninguna aplicación con lo que el animador está diciendo. Su interés es llegar a los bolsillos de los presentes, en ellos está lo que busca. Las almas no importan para nada, tan pronto los “emborracha” de espíritu, es el momento de ajustar cuentas.

No sé cuánto dinero recogen, pero lo cierto es que después de las ofrendas, comienzan los testimonios “de sanidad” y las “alabanzas”. El líder sigue ordenando más y más para cada sector del público. Todos caen como manojos de paja movidos por el viento. El líder se divierte y se confunde con la audiencia. Muchas mujeres danzan abrazándose, riendo a carcajadas con una mirada que luce verdaderamente extraña.

Algunas muchachas jóvenes tiemblan como epilépticas, moviendo la cabeza de la misma forma como lo hacía el hindú que tenía varios rehenes en Oregón, saltan, caen y se retuercen dando voces y alaridos extraños. Allí los alaridos se confunden con las “alabanzas”, y es claro que si estas reuniones se prolongaran, la multitud podría perder los estribos, quedando sin ningún control. Algunos jóvenes saltan, otros gimen se revuelcan en el suelo, abren la boca desmesuradamente, se desmayan, o tal parece que se desmayan, tiemblan y al mismo tiempo ríen.

Los pastores (al menos dicen serlo) que están allí, verdaderamente idolatran a estos líderes y buscan de ellos esa ‘doble unción “. Cuando Simón el mago solicitó exactamente lo mismo, como Pedro el apóstol no era un “televangelista, ni un milagrero” no le sopló, ni le tocó, ni le ordenó al Espíritu que tomara posesión de él. “Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu Corazón no es recto delante de Dios Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón, porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás” (Hec. 8:18-23).

Cada vez se nota más y más el desorden y confusión en estas reuniones, no obstante, el espíritu que reina allí siempre obra con mucha cautela, no quiere destruir su misión antes de obtener los frutos esperados. No obstante, es probable que no pase mucho tiempo antes de que esto se salga de su cauce. No me extrañaría que en un futuro comenzaran a desvestirse y a andar desnudos en el lugar de reunión. Cualquier cosa es posible cuando se juega con el espíritu de confusión, pretextando que es el Espíritu Santo. Las mismas palabras que le dijera Pedro a Simón, aplican en este caso particular de la doble unción: “No tienes tú parte ni suerte en este asunto”

RECODEMOS LA HISTORIA

 Quiero compartir ahora con mis lectores, algo que ocurrió hace muchos años, antes de que yo naciera, mis padres solían contarnos lo sucedido. He tenido la oportunidad de conocer personalmente a varios hermanos que presenciaron lo acaecido, aunque nunca le di mucha importancia, hasta hace poco que hablé con mi padre quien me recordó todas estas cosas.

Él me contó de los casos que ocurrieron entre 1930 a 1933, cuando un espíritu extraño se apoderó de las iglesias Pentecostales extremistas. En la vecindad donde vivían mis padres, habían varias familias que pertenecían a esa iglesia, pero como en ese tiempo, ni los Bautistas ni los Pentecostales tenían templo, decidieron congregarse juntos. El problema surgió cuando los Pentecostales recibieron este “soplo” del espíritu, porque hicieron cosas tan vergonzosas que voy a limitarme a relatarles sólo unas pocas.

En un comienzo se pensaba que esto había acontecido solamente en esa pequeña localidad, pero luego supimos que exactamente en esos mismos días ocurrieron hechos similares en las iglesias Pentecostales en todo el mundo.

En primer lugar surgieron algunos “profetas”, quienes profetizaron que el rapto de la iglesia tendría lugar en una fecha que ellos mismos señalaron. Conforme se aproximaba el plazo fijado, se prepararon reuniéndose con otras familias de la misma iglesia, llevaron consigo enseres domésticos, animales y todo lo que consideraron necesario.

Todos se reunieron en un campo abierto, propiedad de uno de los miembros de la iglesia, del líder principal.

La convivencia en este campo abierto, duró sólo unas semanas, los profetas siempre estaban “profetizando”. Los hombres y las mujeres se subían al techo de los edificios, se quitaban la ropa y calculaban las medidas del templo celestial. El desorden era increíble, a pesar de que se trataba de personas trabajadoras, honradas y moralmente intachables.

Con el paso de los días las autoridades se interesaron en el asunto. El Señor por cierto no vino. Entonces el “espíritu” les dijo “que debían cambiar de esposas, tomando una nueva para cada uno de ellos, especialmente los líderes. A uno de ellos, cuyo nombre omito deliberadamente, el “espíritu” le dijo que tomara una jovencita de sólo 16 años. Yo tuve la oportunidad de conocerla cuando ya era madre de varios hijos. Esta jovencita, como era hija de un hermano de la iglesia Bautista, tuvo que ser regresada a su casa a la fuerza, su padre la rescató a tiempo, y para evitar que volviera al lugar, la ató con una soga como si se tratara de una bestia.

Ella mismo dijo que no tenía idea porqué actuaba así. No tenía fuerzas para resistir a ese “espíritu” Después que el Señor no vino en el rapto, algunos de ellos llevaron a sus casas a sus nuevas esposas, las que a su vez fueron echadas de allí por las esposas legítimas. Fue por esta causa que la iglesia Bautista en esa comarca que conozco, se separó para siempre de la iglesia Pentecostal.

Verdaderamente era una “nueva unción”. Todo lo quedan “doble” “triple”, y cuanto quisieran. Hoy este espíritu extraño que va arrasando con todo, ha vuelto a invadir nuestras iglesias. Esto que sucedió en Argentina está manifestándose en Europa, Australia, en todo el continente americano y en la antigua Unión Soviética de una manera total.