Menu

Escuche Radio América

Vientos de Apostasía - Es una obra para los cristianos confundidos a raíz de tantas... - Capítulo VI

Capítulo VI

Falsos  Cristos

Aunque los líderes de este movimiento no dicen ser ellos mismos el Cristo, una y otra vez afirman, que el mismo Señor dijo que sus seguidores harían mayores milagros que él. De manera, que según ellos, lo que Jesús quiso decir fue que habrían predicadores que lo superarían en milagros y prodigios.

Jesús nunca implicó tal cosa cuando dijo: “El que cree en mí, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará... “(Jn. 14:12). No olvidemos que sólo tuvo la oportunidad de realizar sus obras durante tres años y medio. Murió en plena flor de la vida, cuando la mayoría de ministros comienzan su ministerio - a los 33 años de edad. Por lo tanto estaba refiriéndose a la brevedad de su labor. Hoy, muchos pastores, especialmente esos que tienen acceso a los medios masivos, le predican el Evangelio a millones, algo que el Señor Jesucristo nunca pudo hacer en persona. “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros Como me envió el Padre; así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Jn. 20:21,22).

Por supuesto que Jesús no afirmó que tenemos que andar por allí distribuyendo el Espíritu Santo, dando doble porción o algo así, sino que le dijo a los suyos que esperaran en Jerusalén hasta que recibieran la promesa del Consolador, el Espíritu Santo. Y luego, como prueba de que habían recibido el Espíritu Santo, no declaró que hablarían en lenguas, sino que añadió: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hec. 1:8).

El Señor Jesucristo nunca manifestó que recibirían poder para hablar en lenguas o para sanar o tumbar gente, sino para dar testimonio, para hablar valientemente del Cristo resucitado, el único Salvador. Pretender soplar para impartirle el Espíritu Santo a terceros, es procurar uno mismo ser el Señor Jesucristo. En el video puede verse claramente esta pretensión. También al orar dice: “Lo que tú has puesto en mi vida Señor, en este momento lo transfiero, lo que tú me has dado lo reciben ellos” Es casi una repetición literal de las palabras que expresara el Señor Jesucristo: “Ahora han conocido que todas las cosas proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado...” (Jn. 17:7,8).

En otro momento él dice ser “el ungido de Dios como canal de bendición... “También declara: “Venga, reciba, beba todo lo que tiene que beber” Es bien sabido que los hombres no tenemos otra cosa que ofrecer más que un completo fracaso. Es en realidad el Señor Jesucristo quien dice: “Si alguno tiene sed venga a mí y beba” (Jn. 7:37b). Jesús nunca le dijo a los que le seguían que buscaran a un predicador, a algún “ungido” para beber. Él es el único que puede proporcionamos la Palabra de vida y su Espíritu Santo. Dirigiéndose a las multitudes este hombre atrevido dijo: “El Señor va a soplar sobre ustedes un viento de gloria”, pero luego el único que realmente sopló usando el micrófono fue él mismo. ¿Será acaso que se cree el Señor?

El extremo del auto señorío de estos “profetas de los últimos días” se nota cuando toman la Biblia y leen un pasaje en Isaías 45:1-4, y abiertamente se refieren a sí mismos con los títulos que aparecen en este pasaje. Atribuyéndose expresiones tales como “su ungido”, “iré delante de ti” “te daré los tesoros escogidos”, “Los secretos más guardados”, “mi escogido te llamé”, etc. Pero... ¿Son ellos el ungido? ¿Son los poseedores de los tesoros y secretos escondidos y los enviados a las naciones?

Ellos hablan mucho de visiones, de que el Señor les habla de que tienen una revelación aquí y allá. Desde luego que esto se opone a la todo-suficiencia de la Biblia, porque si se permite que el escucha coloque sus visiones y mensajes recibidos de Dios, a la par con la Biblia, Dios protestará advirtiéndonos que nos cuidemos de tales visionarios, de tales profetas, porque él no los ha enviado, somos nosotros los que debemos comparar sus enseñanzas a la luz de las Escrituras.

La Biblia nos dice que la suprema revelación divina es nuestro Señor Jesucristo. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros” (Jer. 23: 16,17).

Este predicador y muchos otros predicen bonanza y paz para los hombres. Hablan de avivamiento porque arrastran a miles que casi pelean para entrar y escuchar sus charlas. No mencionan una sola palabra de arrepentimiento, ni del juicio venidero. Repiten…“¡Estupendo, esto es maravilloso, ésta es una fiesta de Dios, aquí está Dios, el poder de Dios se manifiesta!”. Pero lo que en realidad celebran son reuniones ocultistas salpicadas con algunas palabras de la Biblia para disfrazarlas como reuniones cristianas. Los artistas saben manipular a sus dóciles ovejitas, y éstos como si fueran llevados al matadero, cumplen con todos los requerimientos del gurú.

“No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras Dice Jehová.- He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen. Él ha dicho. He aquí dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos;, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas;, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová” (Jer. 23:21,22,31,32).

La Biblia está saturada de advertencias para los cristianos, a fin de que no sucumbamos víctimas de los trucos de Satanás. “Muchos” - dijo Jesús, “vendrán diciendo que son el Cristo” Ciertamente no es necesario que la persona diga literalmente “Yo soy el Cristo “. Pero cuando se presenta atribuyéndose los atributos divinos, lo que pretende es usurpar el lugar de él.

La Biblia no enseña nada respecto a la “segunda unción”, ni de un ministerio de la unción fresca y poderosa del Espíritu Santo. Ese “evangelio” es la mentira de la nueva religión llamada la Nueva Era, aunque es tan vieja como Lucifer. Esta oleada furiosa entró con una fuerza increíble y confundió a muchísimos cristianos, porque los sorprendió desprotegidos. Un cristiano carente de conocimiento de la Palabra de Dios, puede ceder fácilmente ante la fuerza de algo que le hace reír, saltar, brincar, sentirse bien, que le da deseos de abrazar a otros y de recibir una “tonelada de poder”, gracias a la generosidad y humildad del gurú de turno.

Usted puede ver las manos de todos, extendidas hacia ellos, como solicitándoles algo que tienen, porque son escogidos por Dios, pero que nosotros también podremos tenerlo si cumplimos con ciertos requisitos y seguimos las instrucciones que nos dan.

El espíritu de confusión y de perdición, por lo general es ruidoso. Hace que las personas se sientan atemorizadas y amenazadas. Eso fue exactamente lo que ocurrió cuando los israelitas edificaron el becerro de oro en el desierto y se entregaron al desenfreno. Así está registrado en el capítulo 32 del libro de Éxodo.

Algo muy diferente ocurrió en el caso de Elías y los profetas de Baal, mencionado en el capítulo 1 del libro primero de Reyes, cuando verdaderamente se manifestó el Espíritu Santo, cuando era Dios mismo quien estaba presente. “Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes y quebraba las peñas delante de Jehová, pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su mano, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una vos diciendo: ¿Qué haces aquí Elías?”(1 Rey. 19:11-13).

El Espíritu Santo no tiene que ser “invitado”, ni puede ser manipulado, ni aplaudido, ni tampoco puede haber hombre alguno que le “ordene” hacer esto o aquello, sanar a éste o llenar al otro. No todo lo sobrenatural procede del Espíritu Santo o de Dios. Aunque quien hable o haga algo, lo diga y lo haga “en el nombre y para la gloria de Dios”. El deber del cristiano no es escuchar con atención y limitarse a eso, su obligación es analizar lo escuchado a la luz de las Escrituras. La Biblia dice: “Amados, no creáis a todo espíritus, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Jn. 4:1).

Note el imperativo: se nos ordena “probar los espíritus”; y se nos informa que los “muchos” no están del lado de la verdad sino del engaño. No tenemos problema para reconocer a un gitano, un gurú declarado, o a un hechicero que no oculta su mensaje y su fe. Nuestro problema es descubrir la verdadera enseñanza de un “evangelista”, un “predicador o pastor”, uno de esos... “siervos de Dios”. Éste usa la Biblia, salpica sus retóricas con expresiones bíblicas, da “Gloria a Dios” dice “amén” y puede que cante algún himno cristiano, que ore fervorosamente, diga y haga otras cosas que parecen totalmente aceptables - cristianas.

Es mi esperanza que este libro le permita abrirse camino y lograr captar la astucia de Satanás para no caer en sus garras, porque el desfile de los “profetas, sanadores, tumbadores, sopladores y distribuidores de poderes divinos”, va en aumento. Estas prácticas irán aumentando rápidamente y es probable que en un futuro no muy lejano ocurran cosas tan vergonzosas y trágicas en estos encuentros de “doble unción” que las autoridades tendrán que fijar ciertas pautas y decidir qué es y qué no es cristiano.

Bien caben aquí las palabras del apóstol Pablo al joven pastor Timoteo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (II Tim. 3:1-5).

El deber del cristiano es seguir a Cristo y permanecer fiel a él. La atracción de estos “cristos” en su desfile tan apresurado es de hacernos ver que la partida de los redimidos está a la puerta, pero también el amo de este mundo y el falso cristianismo apresuran su marcha. Todo está profetizado en la Biblia y todo está tomando su lugar. Jesús dijo: “Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabezas, porque vuestra redención está cerca” (Luc 21:28).

ALGUNOS CONSEJOS 

1  Lea la Biblia y haga su propio estudio.

2  Tenga cuidado con los libros de autores que están a favor de nuevas experiencias.

3   Asegúrese de que su iglesia sea verdaderamente cristiana, bíblica. 

4   Nunca asista a esos centros espiritistas que son presentados hoy como concentraciones de muchos cristianos para escuchar a algún predicador doblemente ungido. Se trata de lugares muy peligrosos donde se practica la hipnosis colectiva y se trafica con las almas. 

5  Tenga mucho cuidado con los sanadores y las sanidades, hay mucho, pero realmente mucho fraude.

6   Cuando esté enfermo, haga todo lo que pueda por aliviarse, pida a Dios que le ayude, y si es su voluntad que le sane. Pero no acuda a recibir ayuda de ningún “sanador”, porque si ese sanador es instrumento de Dios, usted también es cristiano y sanará de la misma manera. Usted puede clamar directamente a Dios, además si a eso vamos el propio Señor Jesucristo dijo en Marcos 16:17,18, que estas señales seguirán a todos “Los que creen”.

7   Evite por todos los medios de caer en el pecado y blasfemar contra el Espíritu Santo.

8   Busque cuanto antes una iglesia bíblica y concurra allí con toda su familia.

9   No mande su dinero a los “sanadores” radiales, de televisión o dondequiera que estén, no participe “en pecados ajenos” (I Tim. 5:22). 

10  Pase más tiempo en oración, a solas con el Señor y en  compañía de su familia.