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¿Está Dios juzgando al mundo hoy?

¿Está Dios juzgando al mundo hoy? Algunos responden: «Por seguro que sí». Ha habido un gran aumento en los desastres naturales y muchos lo consideran como un presagio del juicio venidero. El terrorismo nuclear y biológico es una gran amenaza.

Los terremotos y las guerras sacuden y estremecen el planeta en su marcha hacia la muerte.Tal vez una mejor pegunta sería: «¿Está Dios reaccionando ante las actividades del hombre?» Ciertamente la Biblia nos dice que a través de la historia, los hombres y las naciones han sentido la autoridad de su mano orientadora, tanto para bien como para mal.

Pero... ¿Es que acaso bendice a unos y maldice a otros? Sin duda, el Señor bendice las actividades del justo. Asimismo, es claro que juzgó a Hitler y a los nazis por la forma cómo trataron a los judíos, de tal manera que la respuesta general sería: «Sí... ¿Pero será que escogió este momento en la historia para juzgar el comportamiento depravado, inicuo e inmoral de las grandes potencias del mundo?»

Hoy, se percibe un sentimiento creciente entre los cristianos que el juicio de Dios está muy cerca. Pero... ¿Es esto simplemente una impresión subjetiva o será que sólo queda un tiempo breve para que los horrores del día del Señor le sobrevengan a la humanidad? Parece que quienes estudian las Escrituras piensan así. No obstante, en la actualidad no sólo son los cristianos quienes tienen esa impresión, sino que las mentes seculares también experimentan un ansioso presentimiento que se manifiesta en la creciente especulación sobre posibles catástrofes de todo tipo.

En los telenoticierosse especula sobre las horrorosas consecuencias posibles del próximo gran terremoto en Los Angeles, de un gran tsunami en la costa oriental de Estados Unidos, de la probable pandemia de gripe aviar, de la creciente actividad volcánica y cosas similares.

Habiendo sido testigos de las devastaciones recientes, ellos ahora creen en la posibilidad de que tal vez pronto puedan ocurrir cosas peores. En realidad, simplemente están reaccionando ante lo que perciben como una tendencia. No lo ven como un juicio de Dios. Para ellos simplemente se trata de las consecuencias de una mala administración en el nivel humano. Consideran que la polución, el recalentamiento global y explotación excesiva de los minerales de la tierra, está directamente conectado con la desestabilización del planeta. Acusaciones sobre el daño, el abuso del planeta y sus consecuencias son el tema principal de las noticias hoy.

Por otra parte, las personas espirituales de cada categoría, tienen la tentación de ver las catástrofes actuales como retribución divina, como el Poder Superior que reacciona ante las acciones de los seres humanos. Hay muchísimos ejemplos de esto, a través de todo el espectro religioso. Los “videntes” de la Nueva Era y los pronosticadores, proclaman que el saqueo a la “madre tierra”, a la diosa pagana Gea, hacen que ella se estremezca con terremotos, viento y fuego.

Los clérigos islámicos, prontamente interpretaron las devastaciones que ocasionaron los huracanes Katrina y Rita, como un juicio de Alá en contra de las Naciones Unidas por apoyar a Israel. Los religiosos judíos, tal como el conocido rabino Kaduri, atribuyeron las catástrofes naturales recientes al comportamiento pecaminoso de los israelitas, prediciendo juicios aún mayores en un futuro cercano. Tanto cristianos como judíos se han preguntado en voz alta si acaso el huracán Katrinafue enviado por Dios como un castigo por haber entregado el territorio de Gaza.

Pero... ¿Cómo debemos entender el juicio de Dios? Después de admitir primeramente que sus motivos van más allá del razonamiento humano, debemos regresar a la Escritura conforme buscamos la respuesta a esta pregunta. Como veremos en esta serie de artículos, el DÍA DE JUICIO DE DIOS, ese que el hombre intrínsecamente teme, está centrado alrededor del renacimiento de la nación de Israel. El desconectarlo de Israel e interpretarlo en una forma arbitraria, es no entender nada.

Jesús, el juez

Entre los cristianos, es un artículo de fe que Dios se manifestó en la carne cuando Jesús vino a su pueblo. El Señor Jesucristo claramente declaró: “...El que me ha visto a mí, ha visto al Padre...” (Jn. 14:9).

Por consiguiente, la forma cómo Dios trata a este planeta y a su pueblo puede ser visto en la persona de Jesucristo. En el intento por balancear su amor y su juicio, examinaremos sus acciones mientras estuvo en la tierra. Durante su ministerio público, Jesús hizo muchas acciones maravillosas. Trajo, tanto amor como autoridad unidos, en una vida que constituye el pináculo de la historia humana. Su amor, un fenómeno prácticamente incomprensible en el liderazgo humano, fue el aspecto más magnético de su personalidad.

Su inteligencia trascendió todo lo experimentado en el plano humano. Pero fue su autoridad absoluta en cada situación lo que más maravilló a sus seguidores y desconcertó a sus enemigos. En una ocasión, en el último día de la fiesta de los tabernáculos, de pie en el templo, se proclamó a sí mismo como el agua de la vida. Esto, claro está, creó una gran controversia:“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. Entonces algunos de la multitud, oyendo estas palabras, decían: Verdaderamente éste es el profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo? Hubo entonces disensión entre la gente a causa de él. Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó mano. Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (Jn. 7:37-46).

Aquí, las autoridades del templo, sus enemigos, testificaron que cuando Jesús habló lo hizo con autoridad absoluta. No hubo pausas o titubeos tratando de buscar palabras. Tampoco vacilaciones ni teatro barato. Habló con la seguridad de quien creó todas las cosas, observó su caída y presidirá sobre su juicio final. En este último punto es importante reconocer que sólo Él ejecutará el juicio: “Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida. Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Jn. 5:20-23).

Este breve pasaje asocia inexorablemente las acciones y motivos de Dios el Padre, con Jesús el Hijo. Pero quizá su mayor importancia yace en el hecho que revela la verdad fundamental acerca del juicio de este planeta. El papel y oficio de Juez le ha sido dado al Hijo, sólo a Él. Es en esta base que examinaremos el estado actual de los asuntos de los hombres.

El juicio al sistema mundial no será algo al azar, ni tampoco fortuito. Cuando sobrevenga el gran juicio, no será Dios reaccionando ante la iniquidad del hombre. Se llevará a cabo de acuerdo a un plan, con un calendario definido y propósito. Aunque no estamos diciendo que no esté cercano. Los eventos mundiales actuales, de hecho parecen reflejar el punto de vista bíblico de los últimos días.

Guerras, terremotos, hambres y pestes

El propio Jesús dijo que llegará el “fin” y que estará marcado por catástrofes humanas y naturales. En la tan conocida conversación con sus discípulos, este tópico fue tratado en detalle. Vamos a examinarla una vez más, pero en esta ocasión desde la perspectiva de las catástrofes mundiales actuales: “Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes y hambres y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores” (Mt. 24:1-8).

Tal vez esta es la conversación más conocida en la historia. Así sea que no lo hayan leído en detalle, creyentes e incrédulos de la misma manera han oído hablar de alguna forma de las famosas hambrunas, pestes y terremotos de los últimos días. Todos estos trastornos están asociados con el concepto de un Dios airado, con el día del juicio, y hasta cierto punto estas ideas son ciertas

Para comprender verdaderamente la naturaleza precisa del juicio de Dios, debemos analizar cuidadosamente el contexto de su diálogo con los discípulos, quienes primero que todo, admiraban la vista del templo y su complejo de edificios extendidos a través del valle del Cedrón. Jesús reacciona ante su ansiosa anticipación al decirles que el hermoso edificio que se erguía ante ellos sería completamente destruido. Esta fue la forma de introducir la idea de que el estado de las cosas llegaría a su fin.

Ellos reaccionaron en una forma muy natural. Suponían que Dios juzgaría la iniquidad de los fariseos y los herodianos. La forma cómo expresaron esta creencia se manifestó en una pregunta. Presupone un juicio completo del sistema diabólico. Jesús ya les había dicho que se iría y regresaría otra vez. Los discípulos suponían que a su regreso, conquistaría el mundo, por eso le preguntaron: “...Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?” (Mt. 24:3).

En la Biblia Nueva Versión Internacional, dice este versículo: «¿Cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo?», lo cual es una traducción del griego kosmos, que significa «orden»o «arreglo». En otras palabras, ellos se estaban refiriendo al entonces dominante imperio romano. En términos generales, aludían al complejo de las potencias gentiles que controlaban la condición política del mundo.

Por la estructura de la pregunta, es obvio que asociaban el retorno de Jesús con el derrocamiento del gobierno mundial gentil. Anhelaban que Él llegara en su reino y que se sentara en poder sobre el trono de David.

Sin nombrarla como tal, los discípulos estaban realmente hablando de la edad de la Iglesia, del intervalo entre la partida y el retorno del Señor (que corresponde a la era presente) y que suponían que sería un breve lapso de tiempo. Como ya sabemos, por los últimos 1.975 años aproximadamente, el mundo ha estado dominado por una sucesión de gobiernos gentiles.

En el recuento de Lucas de este intercambio, Jesús usa el término “los tiempos de los gentiles”: “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan” (Lc. 21:24).

En Romanos 11:5, Pablo se refiere al misterio de las dos casas (la Iglesia e Israel) que deben crecer hacia la plenitud espiritual, antes de la llegada de la edad del reino: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Ro. 11:25).

De tal manera que cuando Jesús les respondió la pregunta a sus discípulos sobre el fin del mundo, se refirió a la serie de eventos tumultuosos que sacudirían a las naciones en preparación de su retorno para establecer su reino... al día del Señor. Jesús les advirtió de cinco peligros o amenazas específicas que precederían su venida:

• Aparecerán muchos engañadores predicando toda serie de mensajes falsos sobre el papel de la Iglesia, Israel y el desarrollo profético en general. Así ha sido, en una historia colmada con miles de sectas falsas y callejones religiosos ciegos, sin salida.

• No sólo habría guerras, sino que se hablaría de continuo de la guerra. Los dos últimos milenios, se han caracterizado precisamente por ese tipo de actividad, en una base más o menos ininterrumpida.

Jesús dijo que casi a la conclusión del período de los gentiles, las naciones y los reinos estarían en pugna unos contra otros. Eso fue exactamente lo que ocurrió en el siglo XX con sus dos guerras mundiales, tendencia que ha persistido y continuará empeorando en este siglo XXI.

• Jesús profetizó que habría hambres. Es obvio que hanhabido muchas hambrunas en los dos últimos siglos. Sin embargo, hay que admitir que la mayoría de las hambres son el resultado de disputas políticas, no de una carestía real de alimentos. Ciertamente esto fue cierto en el último siglo bajo los comunistas en Rusia, China y África. Conforme la población del mundo aumenta, la mayoría de expertos predicen la posibilidad de hambre en una escala global.

• El Señor predijo pestilencias, es decir, enfermedades. En nuestra era, han llegado a ser llamadas «epidemias» o «pandemias». En la actualidad hay advertencias terribles de epidemias fabricadas por el hombre: amenaza química y biológica. Más que eso, con el tráfico global expandido a niveles récord, la posibilidad de que un virus de la influenza se transforme en una pandemia, es una amenaza bien real. Además, las enfermedades de transmisión sexual y muchas otras, están desenfrenadas.

• Finalmente, el Señor advirtió sobre los terremotos, pero no sólo de movimientos telúricos en el sentido general, sino de “terremotos en diferentes lugares”. Estas palabras sugieren una sacudida global, en la cual la tierra llegará a estar en un estado crítico de inestabilidad. Esto será como una especie de desplazamiento masivo de las placas tectónicas del mundo. Hoy, es común para esos que viven en áreas de terremotos, referirse AL GRANDE. Tanto los ciudadanos comunes y corrientes como los geólogos exhiben la ansiedad creciente de que cualquier día van a sucederse una serie de temblores mundiales.

Tampoco debemos olvidar que la actividad volcánica está estrechamente asociada con la actividad telúrica. A lo largo de las intersecciones de las placas tectónicas de la tierra, la acción del fuego interior que brota de los volcanes es una amenaza constante. De manera significativa, esto también ha aumentado a una tasa evidente.

Dolores de parto y el fin”

Durante este discurso, el Señor Jesucristo cuidadosamente advirtió a sus discípulos que todavía no era el fin. Sabía que deseaban que les diera una solución rápida al problema del gobierno gentil, ya que anhelaban que se estableciera Su reino. El Señor les informó en términos claros que antes debían tener lugar una serie de eventos para que la edad del dominio gentil llegara a su fin.

Todo esto habría de culminar en lo que Jesús llamó el “principio de dolores”. Entendemos que esta expresión es una alusión específica al renacimiento de la nación de Israel y a la institución del reino. El término «dolores» es una traducción del griego odin, la palabra para referirse a los dolores de la mujer encinta. El uso de esta expresión específica nos dice que Jesús está invocando la imagen usada por muchos profetas del Antiguo Testamento. Esto no se refiere a ansiedad general. Es un vocablo específico que describe los eventos de los últimos días que rodearán la reunificación y santificación de la nación de Israel.

Un ejemplo excelente de esto se encuentra en una profecía dada por Isaías. Describe claramente a Israel como una mujer dando a luz. Curiosamente, da a luz antes que se le presenten los dolores de parto. Isaías dramáticamente representa esto como algo único, prácticamente increíble. Tal cosa es contraria a la naturaleza, pero se entiende fácilmente como el nacimiento histórico del Mesías, seguido por el nacimiento futuro de Israel como nación: “Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen dolores, dio a luz hijo. ¿Quién oyó cosa semejante? ¿quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos. Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer? dijo Jehová. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? dice tu Dios. Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella” (Is. 66:7-10).

Aquí, los dolores de parto de Sion es claramente un evento separado del nacimiento del Mesías. Los dolores vienen después del nacimiento del “hombre niño”. Más que eso, el nacimiento de Israel como nación en los últimos días es presentado como parte de una progresión a largo término, de eventos que comenzaron con el nacimiento del Mesías.

Secuencialmente, él llega primero, luego los dolores de parto asociados con el nacimiento de Israel. Otro término para estos dolores de parto es “juicio”. Como el nacimiento de un niño, será un proceso que involucrará una serie de dolores de parto, trastornos que llegarán a ser progresivamente más intensos, hasta que finalmente se establezca el reino.

Recuerde también que la profecía de Isaías de “un día”, puede muy bien referirse al nacimiento de Israel en los últimos días, el 14 de mayo de 1948. A pesar del significado histórico, el establecimiento de Israel fue sólo parte de un entero proceso, no del fin.

Los dolores de parto como juicio

Con referencia al juicio, el capítulo 12 de Apocalipsis describe a una mujer en el cielo que da a luz al “hombre niño”, luego más tarde se refiere a 1.260 días de extrema dificultad, bajo la amenaza de extinción, pero escapa por un milagro de Dios: “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días” (Ap. 12:5, 6).

La mujer, que representa a Israel, da a luz al Mesías. Más tarde deberá soportar una clase enteramente diferente de parto, cuando da a luz el reino. Y si no es suficiente para dejar claro el punto, el profeta Jeremías usa la misma metáfora, asociando el establecimiento final de Israel con la figura del nacimiento de un niño. En esta ocasión, enfatiza la naturaleza crucial del evento, describiendo a un hombre que tiene dolores de parto. Luego le llamó al evento el “tiempo de angustia para Jacob”, un término específico para el día del Señor.

Esto hace que la pintura quede enteramente clara. El nacimiento de un niño, el juicio de Dios, el restablecimiento de Israel y el día del Señor, son expresiones diferentes para el mismo evento.

“Porque he aquí que vienen días, dice Jehová, en que haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá, ha dicho Jehová, y los traeré a la tierra que di a sus padres, y la disfrutarán. Estas, pues, son las palabras que habló Jehová acerca de Israel y de Judá. Porque así ha dicho Jehová: Hemos oído voz de temblor; de espanto, y no de paz. Inquirid ahora, y mirad si el varón da a luz; porque he visto que todo hombre tenía las manos sobre sus lomos, como mujer que está de parto, y se han vuelto pálidos todos los rostros. ¡Ah, cuán grande es aquel día! tanto, que no hay otro semejante a él; tiempo de angustia para Jacob; pero de ella será librado. En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, yo quebraré su yugo de tu cuello, y romperé tus coyundas, y extranjeros no lo volverán más a poner en servidumbre, sino que servirán a Jehová su Dios y a David su rey, a quien yo les levantaré” (Jer. 30:3-9).

Entre los dispensacionalistas, hay virtualmente un acuerdo unánime de que el “tiempo de angustia para Jacob” es el mismo período descrito por Jesús en el discurso del monte de los Olivos, como el tiempo de guerras, catástrofes naturales, “...la abominación desoladora... gran tribulación... falsos Cristos... falsos profetas, y... grandes señales y prodigios...” (Mt. 24:15, 21, 24). Este es el juicio que Dios el Padre le ha encomendado al Hijo y su finalidad es triple:

• Derrocará la iniquidad de las potencias gentiles,

• Creará un despertar espiritual por medio de los 144.000 de las doce tribus de Israel, y

• Hará que el corazón de Israel se vuelva al Señor, de tal manera que el pueblo judío depositará su confianza en él.Escondites subterráneos

En resumen, el juicio futuro de este mundo es un evento futuro, en el cual la ira de Dios se revelará en despliegue sin precedente de poder. Tal como dijo el propio Jesús: “Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mt. 24:21).

Este juicio futuro será único. No se debe confundir con nada de lo que está ocurriendo hoy. Leemos en el capítulo 6 de Apocalipsis acerca de cómo reaccionarán los hombres ante los horrores de la tribulación: “Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes” (Ap. 6:15).

El capítulo 24 de Isaías detalla los cambios masivos que tendrán lugar en la tierra. Isaías registró con muchísima anterioridad las mismas condiciones detalladas más tarde en el libro de Apocalipsis, describiendo incluso esos que huyen de la devastación, quienes intentan esconderse en fosos. Esto sin duda debe ser una referencia a refugios subterráneos, los cuales tal parece que son insuficientes para proteger a los refugiados: “Terror, foso y red sobre ti, oh morador de la tierra. Y acontecerá que el que huyere de la voz del terror caerá en el foso; y el que saliere de en medio del foso será preso en la red; porque de lo alto se abrirán ventanas, y temblarán los cimientos de la tierra. Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará. Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra. Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán castigados después de muchos días. La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso” (Is. 24:17-23).

Es bien sabido y está documentado que la mayoría de potencias mundiales por largo tiempo se han ocupado en construir complejos a gran escala de refugios subterráneos, completamente equipados con alimentos, agua, combustible y equipo de supervivencia de alta tecnología. Estados Unidos, Rusia y China, todos han hecho provisiones para proteger a sus dirigentes y miembros destacados de la sociedad, contra cualquier cataclismo o amenaza nuclear o biológica.

¿Juicio o justicia?

Así sea que lo admitan o no, temen al día del Señor, el cual cambiará poderosamente al mundo, tanto cultural, espiritual, como geofísico. Los sistemas climatológicos y el clima en general, y como algunos creen, hasta las características de rotación del planeta serán alterados para crear un nuevo medio compatible para la edad del reino. La inestabilidad planetaria, finalmente será controlada.

En el proceso, la estructura de los poderes diabólicos del orden mundial serán aniquilados. Este es juicio en una escala monumental. Como vimos anteriormente, se llevará a cabo bajo la autoridad del Señor Jesucristo. Los trastornos que estamos viendo hoy, no importa lo terrible y desconcertantes que puedan parecer, están bien distantes de los estremecedores veredictos promulgados por el Hijo de Dios. Lo que estamos viendo en la actualidad, definitivamente no es el día del Señor.

Sin embargo, tal como ya sugiriera, bien podrían ser los eventos precursores de ese día. Además, la retribución divina es parte de la vida en el planeta tierra durante la edad de la iglesia. El juicio final es en el futuro, pero la justicia tiene lugar en una base diaria.

Esto nos lleva de regreso a la pregunta original, ¿cómo debemos interpretar la justicia de Dios, cuando es repartida en una base diaria? Esta pregunta es pertinente, porque muchos han sugerido que podemos ver la mano de Dios en la serie reciente de catástrofes alrededor del mundo.

Los ancianos cabalistas de Israel a menudo ven la mano de la justicia de Dios en los acontecimientos mundiales. El rabino cabalista Yitzchak Kaduri se lamentó por sus compañeros israelitas que viajaron de vacaciones a los antros de placer de Indonesia. En Phuket, Tailandia, y las islas de Sumatra, que fueran impactados duramente en diciembre de 2004 por el tsunami, la compra de placeres ilícitos, indecentes e inmorales, era considerado cosa común. Recordemos que el señor Kaduri pronunció estas palabras dos semanas antes del diluvio, «que se anticipaban grandes tragedias en el mundo porque los judíos viajaban al oriente».

Por «oriente», se estaba refiriendo a Tailandia y Sumatra. Su advertencia no fue atendida y muchos de sus compañeros judíos vieron el tsunami como un testimonio de la justicia de Dios. Ahora, permítame aclarar, no estoy sugiriendo que debemos tomar las palabras del rabino como si se tratara de un profeta de Dios, en el sentido del Antiguo Testamento, pero él está completamente convencido que Dios próximamente impactará al mundo con más maldiciones en respuesta al estado actual de iniquidad del hombre.

El 14 de septiembre de 2005, Israel National News informó que el señor Kaduri había pronunciado esta advertencia: «Encuentro que esta declaración es adecuada para que la escuchen todos los judíos en el mundo. Es urgente que todos retornen al territorio de Israel debido a los terribles desastres naturales que amenazan al mundo.

En el futuro el Santo, bendito sea, traerá grandes desastres en los países del mundo para hacer menos doloroso el juicio al territorio de Israel.

Estoy ordenando la publicación de esta declaración como una advertencia, para que los judíos en los países del mundo estén alertas del peligro pendiente, y vengan al territorio de Israel para la reconstrucción del templo y la revelación de nuestro justo Mesías».

Entre los judíos, sus palabras llegaron a oídos de los medios noticiosos israelitas y fueron publicadas internacionalmente. Algunos sugieren que debe haber sido un mensaje en medio de los vientos huracanados de Katrina. Los cristianos se apresuraron a hacer la conexión entre la forzada evacuación de los judíos residentes en Gaza y la devastación causada por el huracán Katrina. Tomando la Escritura, citan las palabras iniciales de Dios a Abraham, en el gran pacto de la promesa: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:3).

El doctor Arnold Fuchtenbaum se refiere a este decreto como «una especie de maldición por maldición», citando incidentes históricos en los cuales esos que trataron de destruir a los judíos fueron destruidos ellos mismos de la misma manera. Recuerda las historias de José y Moisés en Egipto, el primero por medio de quien fue bendecido Egipto y el segundo quien fue salvo de la pena de muerte en Egipto que pesaba sobre los varones primogénitos judíos. Irónicamente fueron los primogénitos de Egipto los que fueron condenados irremediablemente a morir. Luego, está el incidente de Ester en Persia y el perverso Amán, quien buscaba ahorcar al primo de Ester, el justo Mardoqueo, y acabó en su propia horca. Trató de eliminar a los judíos valiéndose de la ley, y en el fin los judíos eliminaron a sus perseguidores.

También menciona a los nazis como un ejemplo contemporáneo de esos que han intentado destruir a los judíos, pero que terminaron siendo destruidos ellos mismos. El ministro de propaganda Julius Streicher, clamó a este respecto: «¡Purim 1946! ¡Purim 1946!»

Aaron Klein, el 7 de septiembre de 2005, en la página de Internet WorldDailyNet, pregunta: «¿Envió Dios a Katrina como una venganza por lo de Gaza?» Después de discutir los diversos comentarios entre los religiosos, cita las palabras de un rabino líder de Israel, dice: «Katrina es una consecuencia de la destrucción de Gaza, de la colonia de Gush Katif, mientras Estados Unidos estaba urgiendo y animando.

 El rabino Avraham Shmuel Lewin, director ejecutivo del congreso rabínico para la paz, le dijo a la WorldDailyNet: ‘Estados Unidos debió haber desanimado al primer ministro israelí Ariel Sharom para que no implementara la evacuación de Gaza, en lugar de eso empujó y presionó a Israel para que hiciera concesiones’.

Lewin es uno de los muchos rabinos en Israel y en el exterior, que ha estado haciendo declaraciones similares tanto en privado como en discursos, ante sus congregaciones.

El rabino Joseph Garlitzky, dirigente del movimiento internacional Chabad Lubavitch de la sinagoga de Tel Aviv, le relató a WorldDailyNet una predicación que pronunciara desde el púlpito, cuando dijo: ‘No tenemos profetas que puedan decirnos exactamente cuáles son los caminos de Dios, pero cuando vemos algo tan enorme como Katrina, yo diría que el presidente Bush y la secretaria de estado Condoleeza Rice, tienen que rendir cuentas por sus acciones, ya que Estados Unidos estaba haciendo algo bien equivocado. Hay muchas conexiones obvias entre la tormenta y la evacuación de Gaza, las cuales vinieron una después de la otra. Nadie tiene derecho a quitarle un centímetro del territorio de Israel, al pueblo judío’».Klein llamó la atención al hecho que Estados Unidos respaldó el retiro de Gaza, incluso atribuyó la prisa, a la presión de los oficiales norteamericanos. Cita a George Bush, quien dijo: «Acepto con beneplácito el plan de evacuación... Estos pasos marcarán un progreso real hacia la realización de la visión que expuse en junio de 2002, de dos estados viviendo lado a lado en paz y seguridad». He aquí lo que Garlitzky y otros han estado diciendo:

• Bush, desde Texas, y Rice desde Alabama, fueron quienes más influyeron y patrocinaron la evacuación de Gaza. El huracán Katrina impactó a Louisiana y Mississippi, los estados entre Texas y Alabama. Aunque le faltó añadir que más tarde Rita también impactó a Texas.

• Las casas de Gaza descritas como hermosas y encantadoras fueron demolidas por los militares israelitas. Las casas de Nueva Orleans, que en un tiempo fueron hermosas, ahora yacen en ruinas.

• El día que Katrina hizo impacto, Israel comenzó a llevar a cabo lo que fue considerado el aspecto más controversial de la evacuación de Gaza, la exhumación de los cadáveres del cementerio judío. Los medios noticiosos reportaron que en la región de Nueva Orleans podían verse los cadáveres flotando en medio de las aguas.

• Citó las palabras de un cristiano quien le dijo al servicio noticioso Newswire: «El huracán es una retribución directa de lo hecho a Israel: casa por casa».

Esta tierra bendita

Las citas mencionadas son apenas unas pocas entre miles de pensamientos similares expresados por personas en todo el mundo. Inmediatamente después del desastre, judíos, cristianos y una variedad de comentaristas seculares trataron de buscar un motivo y culpar a alguien.

Asombrosamente, Estados Unidos ha sido por largo tiempo el territorio más bendecido en el mundo. Aunque ha experimentado sus propios incidentes cataclísmicos en el pasado, tal como la guerra civil, el gran incendio en Chicago, el terremoto en San Francisco, el huracán que impactó a Galveston, la riqueza y estabilidad de este país es legendaria.

Por contraste, otros países han sido azotados por devastaciones abrumadoras. En la ex Unión Soviética, millones han muerto a causa de la guerra, ejecuciones y hambre. ¡Los estimados suman más de 30 millones de personas! Eso sin contar las víctimas de la guerra y del hambre, ya que entre 1921 y 1922, murieron nueve millones de personas bajo Lenin. Luego entre 1932 y 1933, bajo el programa de industrialización de Stalin, cuando se usó el grano para comprar maquinarias, ocho millones de personas murieron de inanición.

 En China, aproximadamente en el mismo período de tiempo, trece millones murieron por falta de alimentos. Después entre 1958 y 1962, treinta millones murieron de hambre debido al plan de Mao encaminado a revitalizar todos los sectores de la economía en China.

Las grandes guerras del siglo pasado, nunca llegaron al territorio de Estados Unidos. Pero entonces, ¿por qué esta nación no ha experimentado nunca las terribles catástrofes que han sufrido otras naciones? La respuesta debería ser obvia.

Los rusos y los chinos adoptaron el ateísmo marxista como la solución a los males sociales y políticos heredados por milenios de despotismo decadente. Uno podría decir que habían renunciado deliberadamente a ser bendecidos en alguna forma. Esto nos hace recordar las palabras de David en Salmos 37:25: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”.

 Hoy se habla mucho acerca del hambre, pero la verdad es que casi siempre es un resultado de las luchas políticas, guerra y persecución. Curiosamente, las hambres hoy están concentradas en países plagados por años de revolución marxista. Corea del Norte, Chad, Etiopía, el sur de Sudán, Somalia y Zimbabwe son casos patentes de hambre inducida.

La historia es similar en materia de terremotos. El gran terremoto de San Francisco ocurrido el 18 de abril de 1906, arrasó la ciudad y le dio muerte a unas 700 personas. Pero no fue nada comparado con el terremoto del 28 de julio de 1976 en Tangshan, China, ¡qué causó por lo menos 800.000 víctimas! En 1927, Nan-Shan, China, ¡experimentó un terremoto que acabó con 200.000 personas! Pero estos dos terremotos no fueron los únicos súper asesinos en esa región. Hoy se advierte una serie de sacudidas alrededor de todo el mundo. Los volcanes amenazan con hacer erupción. ¿Quién no ha oído hablar del gran volcán en el Parque Nacional Yelowstone? ¡Los expertos dicen que si llegara a explotar, millones quedarían sepultados o incinerados... en Estados Unidos!

 Tal vez no en forma tan patente, las pestes (la propagación de las enfermedades) siguen el mismo patrón regional. El SIDA ha devastado el territorio de África en formas que van más allá de cualquier otra experiencia en Estados Unidos. Las grandes epidemias de influenza en el oriente han sido un producto de variaciones de la peste aviar. China, Vietnam y otras regiones en el sureste de Asia son territorio fértil para esta terrible pestilencia. Uno no puede dejar de preguntarse: ¿Impactará esta influenza asesina el territorio de Estados Unidos?

Hasta ahora no, pero si lo hace, este pueblo todavía es bendito. Como nación, Estados Unidos adora al Dios que creó el mundo, quien luego vino a morar entre esos que creó. Mientras los creyentes puedan interceder en favor de esta nación, la gracia de Dios prevalecerá. Él ha prometido que nunca abandonará a los creyentes.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis están listos para montar y emprender su galope. El despotismo del gobierno global, guerras, perturbaciones económicas, enfermedades, hambre y muerte, se vislumbran ahora en el horizonte. Gracias a Dios todavía vivimos en la edad de la gracia. La fe, no el temor, es la luz que nos guía. Incluso hoy, Estados Unidos es verdaderamente una tierra bendita.

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