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Jerusalén, Epicentro del Pueblo Judío

          Zacarías el profeta nos informa que estamos aproximándonos a los últimos días, por lo tanto no debe sorprendernos que Jerusalén sea el foco de atención del mundo entero.  Esta ciudad construida sobre el Monte Moriah, es una de las más antiguas del mundo. 

Según la tradición del pueblo judío, su historia comienza en la creación, el mismo instante en que también fue colocada allí la Piedra del Cimiento, sobre la cual Abraham ató y casi sacrificó a su hijo Isaac, según las instrucciones de Dios.

          En la Biblia se le menciona por diferentes nombres, algunos de los más importantes son...

Jerusalén...

  1. “La ciudad del gran rey” (Salmos 48:2).
  2.  “La ciudad... de oro” (Apocalipsis 21:21).
  3. “La ciudad de David” (2 Samuel 5:7).
  4.  “La ciudad de Dios” (Salmos 46:4).
  5.  “Ciudad de la Verdad” (Zacarías 8:3).
  6.  “La santa ciudad” (Apocalipsis 21:2).
  7. “Jerusalén, la ciudad de paz”.  Éste es el significado en hebreo del nombre Jerusalén.

          Dos veces el Templo fue edificado allí, y dos veces fue destruido.  El rey Nabucodonosor invadió a Israel y derribó el primer templo en el año 586 antes de Cristo, y cuando regresó el pueblo judío 70 años después, en el año 515 de la misma era, construyó el segundo templo bajo la dirección de Zorobabel.  Alrededor del año 20 antes de Cristo, el rey Herodes expandió su plataforma con muros masivos y lo embelleció enormemente.

          En el día judío del 9 de Av, en el año 70 de nuestra era, luego de la invasión de los romanos, el ejército de Tito conquistó a Jerusalén y el Segundo Templo, quemando y derribando sus muros.  Sin embargo, dejaron el muro externo de la plataforma alrededor del Monte del Templo, aparentemente porque no les pareció significativo. Por lo tanto, el Muro Occidental permaneció allí intacto, según su extensión original.

          Los siguientes 1.900 años en la historia de Jerusalén pueden caracterizarse como una serie de tribulaciones perpetradas por numerosos ejércitos y pueblos.  En el año 130 de nuestra era, el emperador romano Adriano, supresor de la revuelta de Bar Kojba, reconstruyó a Jerusalén como una ciudad pagana y la llamó Aelia Capitolina.

          En el siglo IV, cuando el cristianismo se convirtió en la religión del Imperio Romano, los emperadores del Imperio Bizantino declararon a Jerusalén como una ciudad sagrada para el cristianismo.  En el año 638, los musulmanes la conquistaron y en un esfuerzo por transformarla en una población árabe-musulmana, construyeron mezquitas sobre el Monte del Templo.

          En 1099, los cruzados la conquistaron, y en 1187 Saladino, el gobernante musulmán de Egipto y Siria, expulsó a los Cruzados de la ciudad.  Durante los siguientes 330 años, varias dinastías musulmanas la controlaron, hasta que los turcos otomanos finalmente la conquistaron en 1517.  En 1538, Solimán el Magnífico reconstruyó los muros alrededor de la ciudad, los que se ven en la actualidad.  Los turcos otomanos oprimieron a los ciudadanos de Jerusalén por 400 años, hasta que pasó a manos del Mandato Británico a finales de la primera guerra mundial en 1917.

          A lo largo de tantos siglos tan difíciles, el pueblo judío nunca abandonó su amor por el destruido Templo, el lugar más sagrado de su fe.  Los israelíes no sólo oran para que sea nuevamente reconstruido, sino que también hacen peregrinajes a su previo lugar para orar y tocar esas antiguas piedras.  Gobernantes extranjeros que controlaron este territorio, a menudo expulsaban a los judíos de allí y del Monte de los Olivos, hasta que ellos por fin lograron poseer una pequeña área junto al Muro Occidental.

          Está registrado en la Jewish Virtual Library - La Biblioteca Virtual Judía, que durante los más de mil años en que Jerusalén se encontró bajo el dominio musulmán, los árabes usaron el Muro como un basurero para humillar a los judíos visitantes.  Además de tales humillaciones, la apariencia y el área del Muro Occidental cambió dramáticamente durante los 1.900 años de dominio extranjero.

          En el libro Touching the Stones of Our Heritage - Tocando las Piedras de Nuestra Herencia, su autor Dan Bahat, uno de los principales arqueólogos líderes en Jerusalén, describe así esta muralla: "Era como si el Muro se hubiese hundido en la tierra.  Su altura quedó doblegada y su gloria oculta.  Los ejércitos que llegaban en son de conquista desplegaban su ira contra él, minando su magnificencia.  Diversos gobernantes escondieron la piedra del cimiento con infraestructura y proyectos de construcción.  Alteraron totalmente la apariencia del valle a su costado hasta que eventualmente, a principios del siglo XVI, sólo quedaba visible una pequeña sección del Muro Occidental, un sector escondido y aprisionado entre casas y patios construidos en derredor.  Era un pedazo de Muro de enormes y magníficas piedras por el lado este del estrecho sector.  El Muro Occidental aparecía así en muchos dibujos, tapices y tallados en cada hogar judío.  Más aún, esa era la imagen indeleble grabada al fuego en las conciencias del pueblo judío".

          El gobierno del Mandato Británico, al igual que la previa administración turca, no reconocían a los judíos como los dueños legales del Muro Occidental.  Por 19 años, desde la Guerra de Independencia en 1948, hasta la Guerra de los Seis Días en 1967, el Muro Occidental permaneció bajo control jordano.  No se permitía allí la visita de ningún judío, a pesar de un acuerdo de armisticio firmado en 1949 que garantizaba el derecho de los israelíes a visitarlo. 

          Finalmente en 1967, durante la Guerra de los Seis Días, paracaidistas israelíes lograron penetrar hasta el interior de la Ciudad Antigua a través de la Puerta de los Leones.  El nombre de esta puerta se debe a las dos esculturas de animales de aspecto feroz que la flanquean.  En realidad son tigres, el símbolo heráldico del sultán Beybars de Egipto.  También se le llama Puerta de San Esteban, por el mártir cristiano que, según la tradición, fue lapidado cerca de allí.

El Muro Occidental y el Monte del Templo fueron liberados, Jerusalén fue reunificada y el pueblo judío nuevamente podía acercarse al Muro Occidental para orar.  El lugar sagrado, que era el anhelo en el corazón de cada judío, volvió a estar bajo su propia soberanía.

          En su libro Jewish Literacy - Conocimiento Judío, el rabino Joseph Telshkin escribe: "Uno de los primeros en llegar al Muro de los Lamentos en la Guerra de los Seis Días, fue el ministro de defensa israelí Moshe Dayan, quien ayudó a revivir la antigua costumbre de insertar oraciones escritas en papel dentro de sus grietas.  Fue revelado luego que en la oración de Dayan, pedía ‘Que la paz duradera descendiera sobre la Casa de Israel'".

La dimensión total del Muro Occidental

          Luego de la reunificación de Jerusalén, poco a poco los arqueólogos se dieron cuenta que el Muro Occidental tenía mucha más longitud y profundidad de lo que previamente conocían, exponiendo secretos que aún se siguen descubriendo.  Su longitud total es de 488 metros.  Los primeros 80 en su extremo sur, fueron desenterrados y examinados inmediatamente después de la Guerra de los Seis Días, y forman parte de un parque arqueológico.  La Plaza de Oración fue agrandada en los años subsiguientes a la guerra, y está localizada frente a la siguiente sección hacia el norte, y mide 57 metros.  Sin embargo, ¡la sección visible del Muro desde su Plaza de Oración sólo constituye una novena parte de su totalidad!  Los restantes 320 metros continúan bajo tierra, debajo de las calles y las casas de la Ciudad Antigua de Jerusalén.

          En 1968, el Ministerio de Asuntos Extranjeros comenzó a excavar el resto del Muro, creando un largo túnel bajo los actuales edificios de la Ciudad Antigua. Esa sección norte del Muro estaba en excelentes condiciones, exactamente como la había construido el rey Herodes.  Los arqueólogos creen que ese es el pavimento original durante el período del Segundo Templo, sobre el que caminaban los peregrinos cuando llegaban al Monte del Templo para participar en los ritos hace dos mil años.

          Además de lo hermoso y asombroso del pavimento y las bóvedas, una de las secciones más impresionantes es una alcoba conocida como "Junto al Lugar Santísimo”. Ese es el punto del Muro Occidental que está más cerca al sitio donde previamente se encontraba el Lugar Santísimo del Templo.  La mayoría de visitantes, se detienen allí para hacer una oración silenciosa y reflexionar sobre el lugar que Jehová Dios escogió "para poner en él su nombre".

Oraciones en el Muro

          Es una experiencia espiritual única y conmovedora orar ante el Muro.  Muchos expresan que se sienten más cerca de Dios. Un rabino prominente dijo: "Una vez que hayas vivido un momento ante el Muro, nunca te alejas".   El rabino Feldman del Centro Judío de Princeton lo expresó así: "Es una experiencia inolvidable, estar allí ante ese muro, mirar a la multitud, y recordar a las generaciones pasadas que estuvieron en ese mismo lugar. Sentirse saturado de la atmósfera de oración, y de que eres parte de algo mucho más grande que tú".

          El rabino norteamericano Joseph Telushkin, conferencista y autor reconocido, describe el Muro Occidental como "una sinagoga al aire libre".   Su enorme plaza permanece abierta las 24 horas del día, y devotos pueden encontrarse allí a cualquier hora en el día o en la noche. Algunos de los mejores momentos para visitarlo son las horas tranquilas de la noche, durante las fiestas especiales en que está repleto de personas en oración y cuando se usa para las ceremonias de bar mitzva.

          Es fascinante observar cómo los hombres levantan su rollo abierto del Tora mientras cantan o recitan sus oraciones. El tráfico que entra y sale de la plaza es continuo, con judíos y gentiles, jóvenes y viejos, ricos y pobres, personas con impedimentos físicos o mentales, religiosos y turistas, algunos con mirada colmada de asombro. La mayoría llega con una oración escrita en un papel para insertarlo en alguna pequeña grieta del Muro.  La impresión general que se percibe en la gente y sus oraciones, tanto escritas como habladas, y a veces con llanto y exclamaciones de dolor, es la enorme necesidad que se presenta en este lugar llamado en Ezequiel 38:12 en nuestra Biblia Reina Valera, Versión 1909, "el ombligo de la tierra".  Sin embargo, Dios puede escuchar cada una de ellas.

          En la mayoría de las ocasiones los varones pueden llegar hasta tocar el Muro, si es que tienen puesta la kipá, el gorrito con que se cubren la cabeza y que se provee gratuitamente a la entrada.  Cuando uno está frente al Muro, lo primero que ve son los muchos pedacitos de papel entre las rendijas de las piedras. Esos son los mensajes y las oraciones escritos con anterioridad.  El rabino Telushkin también escribió: “La costumbre de insertar las oraciones escritas en las grietas del Muro conocido como Kotel es tan común, que muchos periódicos judíos en Estados Unidos anuncian su servicio para insertar tales oraciones por los enfermos. Las cualidades místicas asociadas con él se mencionan en una canción israelí muy popular, que dice: 'Hay gente con corazones de piedra, y piedras con corazón de gente'.  Incluso, algunos alegan que el antiguo dicho de que 'las paredes tiene oídos' es una expresión hebrea que se origina del Muro Occidental”.
Dice en la Jewish Virtual Library - La Biblioteca Virtual Judía: “Hay ocasiones especiales en que se encuentran grandes multitudes ante el Kotel, como los viernes por la noche, durante todas las fiestas y celebraciones, y el ayuno de Tisha B'Av, que conmemora la destrucción del primero y segundo Templo.  Más que un simple lugar de oración, el Muro se ha convertido en un símbolo nacional donde se realizan muchas ceremonias, algunas hasta seculares".

          Una de las razones por qué el Kotel es uno de los lugares favoritos en todo Israel, es que representa un medio de contacto, tanto para los judíos como para los cristianos. Es como si fuera un sitio de común encuentro para la oración donde judíos, cristianos y hasta seculares pueden unirse a orar por la nación de Israel, por el pueblo judío mundialmente, por la paz en el Medio Oriente y el mundo, para que el Dios Todopoderoso derrame sus bendiciones y su auxilio.

           Algunos se podrían preguntar: “¿Por qué ese lugar, que no es particularmente bello, puede tener tan poderoso efecto sobre la gente?”.  Podría dar varias respuestas, pero creo que la más apropiada trasciende la simple realidad histórica: y es la presencia tangible de Dios que se percibe allí, no en vano le dijo a Salomón respecto al antiguo Templo: “Yo he oído tu oración y tu ruego que has hecho en mi presencia.  Yo he santificado esta casa que tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre; y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días” (1 Reyes 9:3).

          Según la tradición judía, la Divina Presencia nunca ha abandonado el Muro Occidental.  En su libro Touching the Stones of Our Heritage  - Tocando las Piedras de Nuestra Herencia, Dan Bahat escribe: "Generaciones y generaciones de judíos han llegado allí para abrazar las piedras; para sentir y tocar sus grietas…Todo ha sido impreso e incrustado en estas rocas, que han absorbido las oraciones de los cercanos, y las añoranzas de los lejanos. El que desee asombrarse, sentir y comprender esto debe venir a Jerusalén, al Muro Occidental.  Aquí es donde se unen el lamento y el gozo, la desesperanza y la esperanza".

          El Muro Occidental, el remanente del antiguo complejo del Templo, evoca la memoria de un pasado glorioso de Israel: de la presencia de Jehová Dios habitando en el templo, de una era de soberanía judía en la tierra, de días pasados aún presentes en los sueños de muchos judíos. Este remanente del pasado trae la esperanza de una renovación en la bendición de Dios sobre su pueblo, y para algunos representa la restauración del pasado glorioso según lo prometido por Dios en su Palabra.

          El Dios que llevó de regreso a su pueblo a su tierra ancestral desde los cuatro confines de la tierra tiene un plan moderno para él.  Uno que fue revelado por medio de sus profetas hace muchos siglos.  El Muro Occidental hoy día, es recordatorio de que Dios y su obra no pueden desaparecer y que busca a los que deseen conocerle y ser bendecidos por Él. Tanto para los judíos como para los gentiles, el Muro sirve como una conexión tangible con Dios.

          Durante los pasados mil años, el Muro ha sido conocido como HaKotel HaMa’araví.  Y en Israel hoy día, es muy frecuente escuchar que se le llama simplemente HaKotel, que significa "El Muro".  Los cristianos deben comprender la importancia del nombre para el lugar histórico más sagrado de los judíos, pero aún es más importante que conozcan su historia y el sitio que ocupa en la vida del pueblo judío.

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