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Profecías Ocultas en los diez mandamientos

La profecía es el tema dominante de la Biblia.  Los eruditos dicen que un tercio de la Escritura es profecía.  De hecho, aunque el Antiguo Testamento es un registro histórico del pueblo de Israel, en él también se encuentra un tesoro escondido de profecías, tipos y símbolos.

Cuando una persona se encuentra en la cima de una montaña puede observar todo el territorio que le rodea: colinas, valles, campos, florestas, ríos y lagos.  Asimismo cuando examinamos profundamente la Escritura advertimos una perspectiva mucho más amplia de lo que antes estuvo oculto a nuestro entendimiento.  Encontramos que además de la verdad principal hay realidades maravillosas adicionales ocultas en todas partes.

Conforme vayamos compartiendo con ustedes este mensaje, nuestra oración es que el mismo pueda servir de alimento a los santos hambrientos de la Palabra de Dios, de edificación a los estudiantes de la Biblia, de convicción para los críticos y de buenas nuevas para los inconversos. 

En Éxodo 20:3-17 el Señor nos dio sus diez mandamientos, los que dicen:
1.   “No tendrás dioses ajenos delante de mí.
2.   No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás...
3.  No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.
4.   Acuérdate del día de reposo para santificarlo...
5.   Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.
6.   No matarás.
7.   No cometerás adulterio.
8.   No hurtarás.
9.   No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.
10. No codiciarás la casa de tu prójimo... ni cosa alguna de tu prójimo".

Los diez mandamientos representan unas de las porciones más familiares de la Biblia.  Es una pena que tengamos la tendencia a pasarlos por alto - de ponerlos a un lado en nuestros estudios.  Algunos consideran que no son lo suficientemente complejos para atraer nuestra atención y meditación, especialmente en el campo de la profecía bíblica.

Existe la tendencia marcada de apartar los diez mandamientos para examinar porciones más complicadas de la Escritura.  De hecho son tan conocidos, que la mayoría de predicadores ni siquiera se toman el trabajo de predicar sermones a este respecto.  Es cierto que tienen gran connotación moral, y que además constituyen el baluarte de nuestro sistema de creencias judeo-cristianas, pero existe la tendencia a relegarlos al área de lo simplístico.

Sin embargo, los estudiosos de las profecías bíblicas, han encontrado que es exactamente lo contrario, que ellos parecen ofrecer una vista general profética de la historia humana.  Han descubierto, que cada uno de los diez mandamientos es un cuadro profético de aproximadamente 500 años de historia, comenzando con Abraham, cuando la ley moral de Dios fue introducida por primera vez a la raza humana. Con cada mandamiento representando 500 años, ellos en su totalidad escenifican 5.000 años, desde los días de Abraham hasta el fin del reinado milenial de Cristo. 

Es importante aclarar, que hay una razón para que comencemos con el llamado a Abraham para salir de la tierra de Ur de los caldeos, en lugar de ir al comienzo, hasta la creación de Adán.  Esto se debe a que de acuerdo con los eruditos rabinos, el mundo permanecerá por 7.000 años.

Ellos enseñan que los primeros 2.000 años de historia humana estuvieron caracterizados por el caos; que los 2.000 siguientes serían testigos del florecimiento de la Tora, de la Ley; que el tercer período de 2.000 años sería la edad del Mesías y los mil años restantes testificarían la exaltación del Mesías.  De acuerdo con esta descripción Talmúdica, sólo los últimos cinco, de los siete mil años tienen un significado bíblico y espiritual.

El florecimiento de la Tora

Vamos entonces a comenzar con el florecimiento de la Tora.  La Tora como hemos declarado muchas veces, son los cinco primeros libros de la Biblia que escribiera Moisés.   Noten por favor que hay cinco milenios a considerar.  Cuando Dios llamó a Abraham fuera de Ur de los caldeos, los hombres justamente se habían iniciado en una nueva religión: la astrología, la que surgió alrededor de la construcción de la torre de Babel.

El primer Mandamiento

El primer mandamiento nos ofrece un cuadro general de ese período antiguo de la historia: "No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Exo. 20:3).  Desde los días de Babel y el llamado de Abraham, hasta los días de Moisés, la raza humana se caracterizó por el desarrollo de la idolatría pagana.

En la torre de Babel Dios confundió el lenguaje de los hombres y creó varios idiomas y dialectos.  "Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.  Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.  Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego.  Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla.  Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéramos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.  Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.  Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.  Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.  Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra..." (Gen. 11:1-8).

Los tres hijos de Abraham: Sem, Cam y Jafet, comenzaron a emigrar a otros lugares con sus descendientes.  Jafet y sus hijos se trasladaron al norte y oeste en dirección a Europa.  Sem y sus hijos se desplazaron hacia el este y Cam y su descendencia avanzaron hacia el occidente, en dirección a Canaán, Egipto y África.

Cuando partieron llevaron consigo la cosmología de Babel.  La antigua adoración pagana del sol y la luna que comenzara en Babel, dio origen a la astrología. Es por esa razón que encontramos pirámides a todo lo ancho del mundo, en cada nación antigua, porque todo era un intento por reconstruir la torre de Babel.  Hay pirámides en el Lejano Oriente y en Centro América, tal como Copán en Honduras; Kukulkan en Chichén Itzá y la Pirámide del Sol en Teotihuacán, México.  Mientras que la religión de Babel encontró su camino hacia Europa en la forma de la mitología griega y romana.

Se adoraba el sol en Babilonia antigua bajo el nombre de Baal, a la luna, la diosa de la fertilidad se le llamaba Astarot.  En Egipto, Isis.  En Grecia la diosa de la fertilidad era conocida como Atenea, de cuyo nombre fue tomado el de Atenas.  El primer mandamiento de forma apta describe el desarrollo de la adoración pagana: "No tendrás dioses ajenos delante de mí".

Hoy la religión de Babilonia es promovida bajo el disfraz de la astrología, y por triste que sea admitirlo es un pasatiempo popular en los hogares de millones de personas alrededor del mundo.   Las columnas del horóscopo se publican diariamente en casi todos los periódicos y revistas del mundo occidental, además de los muchos programas de televisión y radio sobre la materia.  La astrología también puede verse en las religiones paganas del Lejano Oriente.  El hinduismo, budismo, yoga, sintoísmo y meditación trascendental, son sólo algunas de las adaptaciones modernas tomadas de la cosmología antigua de pueblos paganos.

El segundo Mandamiento

El segundo mandamiento representa un período de 500  años desde el Sinaí hasta Salomón: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos" (Exo. 20:4-6).

Este segundo mandamiento es un cuadro general de ese segundo grupo de 500  años - cubriendo el tema que comenzó con la construcción del becerro de oro. "Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.  Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición.  Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto" (Exo. 32:2-5).

¡Cuán característico!  Tal parece que en cada grupo de 500  años, representado por uno de los mandamientos, la raza humana hubiera sido encontrada culpable de quebrantar la ley de Dios. Todo comenzó con un becerro de oro, pero no acabó allí.  A lo largo de los 500  años siguientes, los pueblos estuvieron plagados de continuo con idolatría.

Tal vez recordarán que en los días de los jueces, Gedeón derribó el altar de Asera, cortó su imagen en pedazos y derribó los lugares altos que eran templos de adoración de los dioses paganos de la astrología.  "Aconteció que la misma noche le dijo Jehová: Toma un toro del hato de tu padre, el segundo toro de siete años, y derriba el altar de Baal que tu padre tiene, y corta también la imagen de Asera que está junto a él; y edifica altar a Jehová tu Dios en la cumbre de este peñasco en lugar conveniente; y tomando el segundo toro, sacrifícalo en holocausto con la madera de la imagen de Asera que habrás cortado.  Entonces Gedeón tomó diez hombres de sus siervos, e hizo como Jehová le dijo" (Jue. 6:25-27).  Esa es sólo una de las muchas historias indicativas de ese período de 500 años.

Tal vez recordarán que el rey Saúl, hacia la conclusión de ese período de 500 años, tuvo que decretar la pena de muerte sobre todo el que practicara la hechicería.  Él mismo, más tarde quebrantó su propia ley cuando buscó el consejo de la bruja de Endor.  "Y Saúl había arrojado de la tierra a los encantadores y adivinos... Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte.  Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación.  Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere" (1 Sam. 28:3,7,8).

¡Sí, ese período de 500  años, parece estar proféticamente retratado por la violación de la segunda de las grandes leyes morales!

El tercer Mandamiento

Ahora llegamos al tercer mandamiento, indicativo de la edad de oro, desde Salomón hasta el cautiverio en Babilonia.  "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano" (Exo. 20:7).

Fue así como comenzó la exaltación del nombre de Dios.  Se construyó un templo magnífico para Su gloria, el templo de Salomón, el que rivalizó con las siete maravillas del mundo antiguo.  El nombre personal de Dios se convirtió en el más reverenciado y alabado en la historia.  Este nombre era considerado impronunciable.  Llegó a ser conocido como "El Nombre Inefable".  Sólo el sumo sacerdote podía pronunciarlo.  Era necesario la liturgia y ceremonia del templo para invocar el Nombre Inefable de Dios.

Durante esos días, los escribas aprendieron a considerar el nombre de Dios con el máximo de cuidado.  Ellos eran escogidos para hacer copias de las Escrituras.  Era importante que estas copias fueran reproducidas en forma meticulosa y exacta.  Cuando un escriba judío tenía que transcribir el nombre de Dios, que se deletreaba en hebreo con cuatro letras Yod, hay, vav, hay, se lavaba primero en una limpieza especial ceremonial, se cambiaba las ropas y tomaba un nuevo pluma, un frasco nuevo de tinta, antes de atreverse a escribir el nombre.  ¡Cuán maravillosamente retrata el tercer mandamiento la edad dorada de Israel durante los días del magnífico templo de Salomón!  Sin embargo, después de la muerte de Salomón, comenzaron a surgir los problemas.

Jeroboam, comandante de la milicia de Salomón dirigió una insurrección contra Roboam, el hijo de Salomón y heredero del trono.  Jeroboam guió a las tribus del norte para que se rebelaran contra Judá.  Ellas establecieron su propia capital en Samaria, y el monte Gerizim se convirtió en el lugar de otro templo.  A partir de ese día la nación permaneció dividida.

En el año 721 antes de Cristo, las tribus del norte fueron conquistadas por Asiria, y cerca de cien años después, en el 606 antes de Cristo, las tribus del sur fueron llevadas cautivas a Babilonia - finalizando así la mitad de un milenio que comenzó con la exaltación del nombre inefable y acabó con su profanación. "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano" (Exo. 20:7).

El cuarto Mandamiento

La última mitad de ese milenio está representada simbólicamente por el cuarto mandamiento: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo.  Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.  Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó" (Exo. 20:8-11).

Exactamente por esta razón el pueblo judío fue llevado cautivo a Babilonia.  Según el último capítulo del libro 2 de Crónicas, Dios envió al pueblo de Israel cautivo a Babilonia para que la tierra pudiera descansar.  "Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia, y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas; para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los sesenta años fueron cumplidos" (2 Cro. 36:20,21).

La invasión de Antíoco Epífanes tuvo lugar porque los sacerdotes estaban erigiendo estatuas a los dioses de la mitología griega en los terrenos que rodeaban el templo.  Dios debía estar muy airado.  Él permitió que Antíoco sitiara la ciudad de Jerusalén durante tres años.  Los asirios saquearon el templo y sacrificaron un cerdo sobre su altar.

El historiador judío Flavio Josefo escribió, que Antíoco Epífanes cometió la "abominación desoladora" de que habló el profeta Daniel.  Tuvieron que transcurrir tres años para que Judas Macabeo y su grupo de soldados recapturaran la ciudad.  Luego llegaron los romanos y el diminuto Israel una vez más se convirtió en un territorio ocupado.

"Acuérdate del día de reposo para santificarlo" (Exo. 20:8).  ¡Qué cuadro más maravilloso de ese período de 500  años, desde el retorno de Israel a la conclusión del cautiverio en Babilonia, hasta el nacimiento de un bebé en Belén.

El quinto Mandamiento

Luego llegamos al quinto mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da" (Exo. 20:12).  Este mandamiento presenta la oportunidad para que las bendiciones de Dios sean otorgadas sobre el territorio de Israel.  Del Padre, que es Dios y de la madre, que bien puede ser Israel o María una judía, vino el Mesías.  ¡Si sólo el pueblo de Israel hubiera honrado al Padre y a la madre de donde provino el Salvador... Pero no lo hicieron!  En lugar de eso rechazaron al Señor Jesucristo.  El Evangelio de Juan lo pone en esta forma: "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron" (Jn. 1:11).

Este período de 500  años de historia, se caracterizó por el rechazó a Jesús.  En los primeros días del ministerio del Señor el mensaje era: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 4:17). Si ellos le hubieran recibido, el Señor Jesucristo habría podido derrotar a los romanos y establecer su reino, pero el quinto mandamiento fue quebrantado y la promesa profética implícita en él quedó sin cumplirse.  Noten por favor, que fue el quinto mandamiento y que el número cinco bíblicamente está asociado con la gracia. Con el nacimiento de Jesús, Dios estaba ofreciéndole gracia a su pueblo.  Si ellos hubieran honrado al Padre y a la madre, acogiendo a su Hijo, podrían haber recibido a su vez la promesa profética, "sus días se habrían alargado en la tierra que Jehová Dios les daba".

Cuarenta años después del Calvario, los romanos sitiaron a Jerusalén, asesinaron a unos 100.000 hombres, mujeres y niños y redujeron a cenizas el magnífico templo de Herodes.  En el año 132 de la era cristiana, un judío llamado Bar Kochba dirigió otra rebelión en contra de los romanos.  El sumo sacerdote declaró que él era el tan esperado Mesías.  ¡Cuánta ceguera!  Los judíos habían rechazado a su Mesías.  No habían honrado a Dios, el Padre ni al Hijo.  En lugar de eso habían elegido a otro como su mesías.  Bar Kochba murió en la revuelta y los romanos decidieron que tenían más que suficiente de este pueblo rebelde.

Ellos en forma metódica deportaron a los cautivos judíos vendiéndolos en los mercados de esclavos del mundo.  Los expulsaron de su territorio en la gran diáspora, la gran dispersión de Israel.  Luego le cambiaron el nombre de la ciudad de Jerusalén, llamándola Aelia Capitolina y erigieron una estatua de Júpiter en el lugar en donde una vez se encontrara el templo.

Tal pareciera como si el quinto mandamiento correspondiera proféticamente con ese período de la historia que abarcó desde el nacimiento de Cristo hasta la gran diáspora.  "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da" (Exo. 20:12).

El sexto Mandamiento

El sexto mandamiento nos lleva a la última mitad del primer milenio inmediatamente después de la venida de Cristo.  Representa una vista profética general de ese tiempo comprendido aproximadamente entre los años 500 al 1000 de la era cristiana.  "No matarás" (Exo. 20:13).

Los romanos le dieron muerte a muchos a principios de siglo, la Roma Imperial se había convertido en el Sacro Imperio Romano y el cristianismo llegó a ser la religión del estado.  Al menos ya no hubo más crucifixiones, no más personas quemadas en la hoguera, no más animales salvajes devorando cristianos en la arena del Circo Máximo, ni más gladiadores - Roma había sido cristianizada.  Concluyó ese período que a su inicio representó proféticamente el sexto mandamiento: "No matarás".

Pero al igual que todos los otros períodos de 500  años anteriores, concluyó con la profanación del mandamiento.  Conforme se aproximaba el año 1000, hicieron su aparición los cruzados y la iglesia católica declaró que acabaría con los herejes. Su lema era "Mate un judío y salve un alma".  Miles de miles de soldados fueron enviados a la Tierra Santa para librar las guerras de la liberación.  Los cruzados terminaron siendo un fracaso.  ¡Pero qué cuadro profético tan increíble del sexto mandamiento representaron estos 500  años de historia humana!

El séptimo mandamiento

Los siguientes 500  años de historia están caracterizados proféticamente por el séptimo mandamiento en el grupo de leyes morales divinas.  "No cometerás adulterio" (Exo. 20:14).

Durante esos años la llamada institución católico romana se complació cometiendo todo tipo de herejías imaginables.  Entresacaron ciertas ceremonias paganas a través de todo el mundo y las incorporaron en su propia liturgia.  La práctica de rezar el rosario, la venta de indulgencias y la intolerancia de la inquisición, son sólo uno de los pocos ejemplos que caracterizaron ese período de 500  años.

Fue ese el adulterio espiritual que encendió la chispa de la Reforma.  Y fue Martín Lutero quien compendió los sentimientos de millones de personas, y el 31 de octubre de 1517 clavó sobre la puerta de la iglesia del Palacio de Wittenberg sus 95 tesis y dirigió la rebelión en contra de Roma.  La gran Reforma protestante fue el resultado inevitable del adulterio espiritual de Roma.  El séptimo mandamiento parece ser un cuadro profético de ese período de historia comprendido entre el año 1000 al 1500 de la era cristiana.

El octavo Mandamiento

El octavo mandamiento está representado proféticamente en los años comprendidos entre el 1500 hasta nuestro día presente.  "No hurtarás" (Exo. 20:15).

El año fue 1492, cuando Cristóbal Colón descubrió América.  Pero alguien más estaba ya allí cuando él arribó con sus naves en las playas del Nuevo Mundo.  Cristóbal Colón no fue la primera persona en llegar al hemisferio occidental.  Los indígenas le habían precedido y de hecho habían poblado a Norte, Centro, Sur América y las islas del Caribe.  ¡El descubrimiento de América dio inicio al gran robo!  ¡Los europeos comenzaron a arrebatarle a los indígenas lo que les pertenecía para llevárselo a Europa!  "No hurtarás", dice la Biblia, pero el robo más grande la historia tuvo lugar al principio de esos 500  años.

Durante esta mitad del milenio, un cartel internacional de banqueros tomó control de Europa.  Ellos le prestaban dinero a un rey para librar sus guerras, mientras que al mismo tiempo financiaban al ejército del monarca oponente. Las deudas incurridas en esas guerras llegaron a ser conocidas como débito nacional.  Los gobiernos tuvieron que imponer más impuestos para pagar los intereses de estas deudas.  ¡Pero lástima!  Los países se comprometieron más y más con estos banqueros internacionales, tanto que en la actualidad todos los países del mundo se encuentran bajo el control de esos banqueros internacionales.

Ellos muy pronto establecerán un nuevo sistema monetario mundial. "No hurtarás", dice el octavo mandamiento y cuán fantásticamente fue quebrantado durante esos pasados 500  años.

El noveno y décimo Mandamientos

Los últimos dos mandamientos representan un cuadro profético del reinado milenial de Cristo.  "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio... No codiciarás la casa de tu prójimo ... ni cosa alguna de tu prójimo".

El reinado milenial de Cristo comenzará con el juicio de las naciones.  El Juez vendrá, la Corte se reunirá y pueden ustedes estar seguros que entonces no habrá testigos falsos.  Finalmente, el territorio será restaurado a sus dueños originales.

¡Es asombroso!  Incluso hasta en los diez grandes mandamientos de Dios hay una profecía, un patrón profético perfecto de la historia humana.  Es claro que Dios tiene control absoluto de todo, que trazó su plan de las edades desde muchos antes de poner el fundamento del mundo. ¡Cuánta emoción produce saber que estamos viviendo en el inicio del séptimo milenio y que muy pronto estaremos viendo el comienzo del glorioso reinado milenial de Cristo!

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