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Rezar versus Orar

Muchos rezan y rezan el "Padrenuestro".  Tal vez mi lector sea uno de ellos.  Déjeme preguntarle . . .

  • ¿De qué le aprovecha? 
  • ¿Cómo le afecta interiormente? 
  • ¿Le santifica?  
  • ¿Le acerca a Dios? 
  • ¿Efectúa algún cambio o reajuste en la dirección de su vida?  
  • ¿Hace más tiernos sus afectos? 
  • ¿Lima sus asperezas?  
  • ¿Reorienta sus intenciones? 
  • ¿Modifica sus ambiciones? 
  • O simplemente ¿le deja igualito sirviéndole para nada?
  • Si el 'Padrenuestro' no afecta y cambia profundamente la dirección de su vida, me temo que enfrente usted un problema titánico, una interferencia descomunal en su comunicación con el Eterno.  Se me sugiere que el meollo de su problema radica en que usted está rezando en vez de estar orando.

    Existe una diferencia abismal entre  rezar y orar.  Rezar es repetir una oración que otro ha pensado, expresado ó escrito. Orar no es repetir sino hacer oración.  Orar, pues, es crear; crear oración basándose en sentimientos propios, en emociones personales, en dificultades y problemas muy de uno y no meramente estar reproduciendo, como reproduce repetitivamente una grabación en cinta magnética o en un disco compacto.  Orar es tener experiencia primaria y no secundaria, de primera mano y no de segunda. Cuando rezamos es como si nos pusiéramos una ropa ajena, ropa usada por otro, estrenada por otro. Cuando oramos es como cuando nos vestimos con ropa nueva que estrenamos nosotros. 

    El rezar aplasta la creatividad y oblitera la vibración libre del alma en la presencia del Señor.  El orar estimula y promueve ambas.  Rezar es dormitar.  Orar es velar (Mt 26:41). Rezar es aprisionarse en la cárcel del pensamiento ajeno.  Orar es soltarse en la plenitud del pensamiento propio y expansionar el espíritu en la inmensidad de Dios.  Rezar es repetir como repiten los loros.  Orar es ejercitarse inteligentemente como es propio de seres creados a la imagen de Dios.

    Cristo advirtió seriamente contra la práctica de rezar.  Jesús se pronunció en contra de repetir, y repetir y repetir, hasta gastar las ideas y dejarlas sin fuerza, sin sabor, y sin sentido.  Recitar y recitar una oración es desteñirla, desvirtuarla.  El Señor Jesús enseñó de esta manera:  “Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mt 6:7).  Bien se parafrasea en la Biblia Al Día este versículo así: “Cuando estés orando, no te pongas a estar repitiendo la misma oración, como los paganos, que piensan que si repiten la oración varias veces, Dios va a contestar enseguida”

    El Padrenuestro no es un rezo.  Es una oración.  Es la oración que el Maestro enseñó a sus discípulos y no el rezo que los discípulos recitarían a su Maestro.  Se la dio como un modelo, como una pauta para enseñarlos a orar, no para enseñarlos a rezar.  Para enseñarlos a crear, no a repetir.  Tenía como objeto enseñarlos a expresarse articuladamente, no a dormitar.  La intención del Cristo no era que se la embotellaran en la computadora del cerebro para repetirla lorificándola, sino para que los discípulos derivaran de ella directrices, sacaran principios, patrones, con los cuales formular sus propias oraciones y así llegaran a ser creativos conversadores con su Dios.

    Alguien ha dicho: “Al orar con este modelo de oración no puedo decir PADRE si no encuentro la realidad de este parentesco en mi vida personal y cotidiana por no haber nacido todavía del Espíritu Santo en la familia de Dios.  No puedo decir NUESTRO (Padre nuestro) si mi ser íntimo vive en estrechez espiritual, creyéndome ser el sólo y único objeto de la atención del cielo, el favorito del Padre, el monopolizador de su atención.  NUESTRO incluye a otros que como yo son objetos también del amor, del interés y del cuidado del Padre. No puedo decir QUE ESTAS EN LOS CIELOS si pienso y si vivo como si sólo existiera este mundo, que no hay cielo sino el de la gratificación de mis apetitos terrenales.  No puedo decir SANTIFICADO SEA TU NOMBRE si mi lengua es todavía profana, si no ha sido santificada por el Señor.  No puedo decir VENGA TU REINO si no he hecho nada para que ese reino venga al corazón de los que me rodean, si no testifico a otros para que por fe entren en ese reino.  No puedo decir HAGASE TU VOLUNTAD si yo estoy decidido a hacer la mía continuamente.  No puedo decir ASI EN EL CIELO COMO EN LA TIERRA si no me consagro al instante y por entero al servicio de Dios.  No puedo decir EL PAN NUESTRO DE CADA DIA DANOSLO HOY si vivo únicamente de mis experiencias pasadas, si vegeto en el conocimiento adquirido ayer, si no estoy renovando mi espíritu día a día en la lectura y reflexión de la Palabra de Dios.  El ejercicio de  alimentación espiritual ha de hacerse cotidianamente.  No puedo decir NO NOS DEJES CAER EN TENTACION si deliberadamente me coloco al borde de las mismas, si juego con las posibilidades de pecar enlodándome en ellas.  No puedo decir TUYO ES EL REINO si no le doy a Cristo, Rey de reyes y Señor de señores, el primer lugar en mis afectos y si no me someto a EL voluntariamente para obedecerle negándome a mí mismo.  No puedo decir PORQUE TUYO ES EL PODER si altaneramente vivo en el ejercicio de mis propias fuerzas y no en las de Dios, si me creo y actúo como un engreído y autosuficiente.  No puedo decir TUYA ES LA GLORIA si ando siempre en busca de mi propia buena fama y de las lisonjas de mis prójimos.  No puedo decir POR TODOS LOS SIGLOS si mi horizonte y visión se limitan sólo al siglo presente.  No puedo decir AMEN, sin bregar, cueste lo que cueste, para que los postulados de esta oración transpiren en mi propia vida.”

    Reiteramos que el Padrenuestro no es un rezo sino una oración.  Es una experiencia vital y a la vez exclusiva, no para todo el mundo sino para un grupo definido.  Desde su mismo principio la oración indica para quién ella sirve de modelo.  ¿Cómo principia la oración?  Pues, con la palabra “PADRE”, PADRE NUESTRO.  Es decir, la oración es exclusivamente para los hijos, no para los hijos de cualquiera, sino para los hijos del Padre, del Padre Dios.

    ¿Es usted hijo de Dios?
    Déjeme cerciorarme . . .
    ¿Habla usted mentiras . . . aun sean mentiras piadosas o “mentirillas blancas”?  El diablo, dijo Jesús, es padre de mentira.  ¿Tiene usted malos  deseos?  ¿Entretiene usted pensamientos obscenos en su mente habitualmente?  ¿Amamanta usted en su pecho algún rencor, odio, resquemor contra alguien?  ¿Se aíra y maldice apasionadamente?  Estas cosas vienen del diablo. Cristo dijo que los hijos del diablo cumplen ó hacen los  deseos de su padre.  Como el Padrenuestro es una oración exclusiva para los hijos de Dios, los hijos del diablo no tienen derecho a usarla.

    Quizás a esta altura se ande preguntando usted: ¿Cómo puedo llegar a ser un auténtico hijo de Dios?  Pues simplemente . . . haciendo lo que Juan 1:12 dice: “A los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”  Juan 1:12 pone en evidencia que hay que recibir a Cristo como Salvador en el corazón para nacer en la familia de Dios.

    Déle, pues, entrada por fe en su corazón a Jesucristo hoy. Arrepiéntase sinceramente de sus muchos pecados y por fe identifíquese con la Obra de Cristo en la Cruz.  La Biblia dice: “La sangre de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado” (1 Jn 1:7). Al usted apropiarse por fe la obra de la Cruz ingresa automáticamente en la familia de Dios.  Desde esa posición de privilegio, como pecador ya hecho hijo, podrá orar con toda propiedad: “Padre nuestro”. ¡A apropiarse por fe, pues, la Obra de la Cruz ahora mismo!  ¡A disfrutar de lo lindo de la dulce comunión con el Padre Dios! 

    ¡A clamar a Dios, de todo corazón!  ¡A balbucear en su presencia, “Padre, Padre, Padre Nuestro”!

    Mariano González V.
    Apartado 2153
    Santo Domingo, República Dominicana

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