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¿Es usted un idólatra?

Aquí tiene usted una serie de preguntas sobre lo que la Palabra de Dios, la Santa Biblia, dice sobre la idolatría, los idólatras y el paradero final de cuántos la practican.

1 ¿Que es la idolatría?

 Idolatría es tener cualquier imagen, ya sea de un hombre, una mujer, un animal o una cosa, para adorarla con el pretexto de acercarse así a Dios.  ¿Sabe usted lo que dice Dios sobre esto?: “No tendrás otro Dios que a mí.  No te harás esculturas ni imagen alguna de lo que hay en alto de los cielos, ni de lo que hay abajo sobre la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra.  No te postrarás ante ellas, y no las servirás...” (Ex. 20:3-5a – Nácar-Colunga).

Hay quienes dicen que no adoran a nadie ni a nada, pero que tienen alguna imagen para acercarse mejor a Dios.  ¡Esto está totalmente prohibido!

  2    ¿Sabe usted cuál es el castigo para cuantos son idólatras?

     Dios dice que la maldición es tal, que pasa de generación a generación: “No te postrarás ante ellas, y no las servirás, porque yo soy Yavé, tu Dios, un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, y hago misericordia hasta mil generaciones de los que me aman y guardan mis mandamientos” (Ex. 20:5, 6 – Nácar-Colunga).
¿No será que nuestro país está como está por causa de este grave pecado de la idolatría, puesto que esto ocurre ya por varias generaciones?

     3   ¿Por qué cree usted hay tantos homicidios, suicidios, asaltos, alcoholismo y tanta drogadicción?

     Como si lo del libro de Éxodo no fuera suficiente, el mismo texto aparece nuevamente en Deuteronomio: “No te harás imagen de escultura, ni figura alguna de cuanto hay arriba, en los cielos, ni abajo, sobre la tierra, ni de cuanto hay en las aguas, abajo de la tierra.  No las adorarás ni les darás culto, porque yo, Yavé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen” (Dt. 5:8, 9 – Nácar-Colunga).

Note que mientras el idólatra piensa que es muy devoto y ama mucho a Dios porque sale en procesión con algún ídolo, prende sus velitas a algún “jesús” imaginario, Dios dice que los idólatras le aborrecen.  Dice que Él castiga “la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen”.

¿Qué culpa tienen sus hijitos que dependen de usted y que luego, por causa suya (padre y madre) heredan maldición en lugar de bendición?

4 ¿Sabe usted cuál es el paradero final de todos los idólatras?

     “Los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el estanque, que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte” (Ap. 21:8 – Nácar-Colunga).

Note la compañía que tendrán los idólatras por la eternidad.  Cobardes, incrédulos, abominables, homicidas, fornicarios, hechiceros y mentirosos... “tendrán su parte en el estanque, que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte”.

¡Qué horrible, amarga y desesperante la eternidad para todos los idólatras!  ¿Cree usted que los idólatras paraguayos son mejores que los demás idólatras del mundo?  Otra denuncia que hace Dios contra los idólatras la tenemos en Apocalipsis 22:15: “Fuera perros, hechiceros, fornicarios, homicidas, idólatras y todos los que aman y practican la mentira”.  Aquí el escritor sagrado los llama “perros, hechiceros y homicidas”.

Puede usted estar seguro de que en el cielo no entrará un sólo idólatra, por bueno que sea como ciudadano y no importa cuánta obra de caridad haya hecho.

5 ¿Cómo es el “dios” de los idólatras?

     “Está nuestro Dios en los cielos, y puede hacer cuanto quiere.  Sus ídolos son plata y oro, obra de la mano de los hombres; tienen boca, y no hablan; ojos, y no ven; orejas, y no oyen; narices, y no huelen; sus manos no palpan, sus pies no andan; no sale de su garganta un murmullo.  Semejante a ellos serán los que los hacen y todos los que en ellos confían” (Sal. 115:3-8 – Nácar-Colunga).

6 Dios describe a los que tienen... “Fábrica de dioses”

     “Todos los forjadores de ídolos son nada, y sus favoritos no sirven de nada, y son testigos ellos mismos, no ven nada, no saben nada para vergüenza suya.  ¿Quién forja un dios, quién funde un ídolo para no servir de nada?   He aquí que todos sus devotos serán confundidos; los que los hacen son hombres.  Que se junten, que vengan todos; temblarán cubiertos de vergüenza.  Un herrero aguza el cincel, forja en la fragua su obra, hace la imagen a golpe de martillo y la forja con su robusto brazo; incluso tiene hambre y está sin fuerzas; no bebe agua, está desfallecido.  Quien trabaja en madera tira la cuerda de medir, lo marca con el lápiz, lo ejecuta con los cinceles, lo marca con el compás.  Hace así como una semejanza de hombre, de un hombre bello, para que habite en una casa.  Córtanse cedros, se toma un roble o una encina, se deja crecer fuerte entre los árboles del bosque; se planta un pino, que la lluvia hace crecer, y sirven al hombre para el fuego; toma de ellos para calentarse, enciende para cocer el pan.  Además hace con ellos dioses, ante los cuales se prosterna; hace estatuas, que adora.  Ha quemado el fuego la mitad, sobre sus brasas asa carne, y se sacia comiendo el asado.  Caliéntase luego diciendo: ¡Ea!, me caliento, veo la lumbre.  Con el resto se hace un dios, un ídolo, que adora prosternándose ante él, y a quien suplica diciendo: Sálvame, porque tú eres mi dios.  No saben, no entienden, porque están cerrados sus ojos y no ven, están cerrados sus corazones y no entienden.  No reflexionan, no tienen conocimiento ni inteligencia para decir: He quemado la mitad al fuego, sobre sus brasas he cocido el pan, he asado la carne y me la he comido; lo que con el resto haga será una abominación; me prosternaré ante un tronco de madera.  Se alimenta de ceniza, un corazón engañado le extravía, y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en mi diestra?” (Is. 44:9-20 – Nácar-Colunga).

¿Es posible que una persona sea tan ciega que tome un montón de leña para hacerse un asado y del sobrante de esa leña se fabrique un... “dios”?

La explicación del cómo, vea en el versículo 20: Se alimenta de ceniza, un corazón engañado le extravía, y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en mi diestra?”.  Dice que quienes lo hacen se alimentan de ceniza.  Quienes practican la idolatría no se alimentan de la Palabra de Dios, sino de la ceniza de dogmas, doctrinas y tradiciones de los hombres.  ¿Está usted entre ellos?  ¿Por qué no aprovecha los manjares celestiales y comienza a vivir la verdadera vida cristiana?

7 ¿Qué hacer entonces?

     ¡Oh, mi amigo!  Dios le ama y le perdonará si usted arrepentido abandona su religión saturada de idolatría: “Puesto que el día en que os habló Yavé de en medio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, guardaos bien de corromperos haciéndoos imagen alguna tallada, ni de hombre ni de mujer” (Dt. 4:15, 16 – Nácar-Colunga).

HAGA LO SIGUIENTE:
1.  Reconozca que está en el error y que no es salvo/a.
2.  Reconozca que Dios aborrece la idolatría porque es grave pecado.
3.  Reconozca que Él le ama y si usted se arrepiente y deja la idolatría Él le perdonará y usted no dejará maldición para sus hijos, nietos y demás, sino bendición.
4.  Confiésele al Señor sus pecados, incluyendo la idolatría, y abandone esa vida de falso cristianismo.
5.  Acepte el perdón que Él le ofrece a cambio del arrepentimiento y la fe en Él.  Él le perdonará y le limpiará de todo pecado y esto para siempre.

¿Por qué la idolatría es pecado tan grave?  Ningún otro pecado es tan severo y frecuentemente condenado en la Santa Biblia como la idolatría.  Pero... ¿Por qué?  ¿Acaso las personas que tienen a sus ídolos no saben que cualquier objeto inanimado no tiene vida?

*   ¿Acaso no saben que un... San Pedro de madera no lo es?
*   ¿Acaso no saben que un “Jesús de bronce” no es nuestro Señor?
*   ¿Acaso no saben que una “Santa Teresa” de yeso no tiene vida?
*   Es probable que usted ignore el por qué de todo esto.

¿Qué es un ídolo?  No se trata únicamente de esas estatuas a las que los idólatras prenden velas.  Todo lo que ocupa el lugar que le corresponde a Dios en nuestra vida, es un ídolo.

Sin duda usted habrá visto en algún diario de nuestra ciudad donde aparece un joven o una señorita al lado de algún atleta famoso y lee la inscripción: «Este es mi ídolo».

Todos sabemos que la gran mayoría de los habitantes de este país por poco rinden pleitesía a los futbolistas.  Energía, dinero, entusiasmo y tiempo, lo invierten con tal de presenciar a sus “ídolos” jugar.  Y si ganan, por poco el delirio llega a extremos de ruidos ensordecedores con bombas, silbidos, bocinazos de automóviles, etc.  ¿Qué significa todo esto?  ¡Es el servicio a dios deporte!  Pero este no es el único, ya que está el dios drogas, dios sexo, dios lujuria, dios dinero, dios fama.  Bien podríamos colocar juntos a varios de estos ídolos “santos” del paganismo “cristiano” y llamarlos... san deporte, santa lujuria, san dinero, santa droga, santa fama, etc.

Pero lo peor de todo, es cuando levantamos un ídolo que tenga forma de una persona, hombre o mujer, lo colocamos en algún lugar visible y le prendemos vela.  Lo dejamos en un rincón de nuestra sala de estar porque queremos que cuantos nos visiten, sepan que somos cristianos devotos.  Lo que no sabemos, es que tras cada ídolo, imagen, grande o pequeña, con o sin velas, se esconde la persona de Satanás.

Cuando reducimos a Dios a uno de esos objetos, aunque un buen carpintero le dote de buen rostro, todos sabemos que no se trata de Dios.  ¿Entonces?  ¿De qué se trata?  ¡De Satanás!  Él no quiere que creamos en el Dios que aparece en las páginas de la Biblia.
Hay idólatras que tratan de justificarse diciendo... «yo no adoro a ningún ídolo».  Tengo ese… San tanto y cuanto solamente para concentrarme mejor en el verdadero Dios.  Pero... ¿Sabe usted lo que dijo el Señor a este respecto?  Él dijo que ...los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:23, 24).

Dios madrugó mucho para advertir a cuántos decían amarle y obedecerle, del peligro de la idolatría: “Entonces os habló Yavé de en medio del fuego y oísteis bien sus palabras, pero no visteis figura alguna, sino sólo una voz… Puesto que el día en que os habló Yavé de en medio del fuego, en Horeb, no visteis figura alguna, guardaos bien de corromperos haciéndoos imagen alguna tallada, ni de hombre ni de mujer, ni de animal ninguno de cuantos viven sobre la tierra, ni de ave que vuela en el cielo, ni de animal que repta sobre la tierra, ni de cuantos peces viven en el agua, debajo de la tierra; ni alzando tus ojos al cielo, al sol, a la luna, a las estrellas, a todo el ejército de los cielos…” (Dt. 4:12, 15-19a – Nácar-Colunga).

El deporte no tiene nada de malo en sí.  La madera, los metales, el yeso, tienen sus funciones y no son malos en sí.  El dinero, la familia, la educación, la buena fama, no tiene nada de malo en sí.  Pero cuando estas cosas se convierten en objetos de adoración y culto, es porque se trata de la abominable idolatría.  Cuando se llega a esto, el cautivo en esta trampa es capaz de salir con una estatua en procesiones en ciertas fechas fijadas para los respectivos ídolos.  Si su mayor pasión es tal o cual equipo de algún deporte, recuerde que usted está en peligro muy serio.

     ¿SABE USTED QUE NINGÚN IDÓLATRA SERÁ SALVO?  ¡Todos estarán en el infierno!
¿Sabe usted cuál será la compañía eterna de los idólatras?  Aquí la tiene: “Los cobardes, los infieles, los abominables, los homicidas, los fornicarios, los hechiceros, los idólatras y todos los embusteros tendrán su parte en el estanque, que arde con fuego y azufre, que es la segunda muerte” (Ap. 21:8 – Nácar-Colunga).

Los cobardes           Los idólatras
Los incrédulos          Los mentirosos
Los abominables      Lo fornicarios
Los hechiceros

     Todos estos... “tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda”.

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