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Dogmas antibíblicos del romanismo

Con cada día que pasa, más y más evangélicos están viendo al catolicismo romano como otra rama del cristianismo, incluso hasta las librerías cristianas venden ahora libros católicos.

Tal vez uno de los eventos proféticos más significativos que anunció la cercanía del retorno del Señor Jesucristo fue el documento conjunto que se firmó el 29 de marzo de 1994, titulado "Evangélicos y católicos unidos: La misión cristiana en el tercer milenio". Después de eso, cada día son más los líderes evangélicos que han expresado su creencia de que los evangélicos pueden unirse con los católicos para ganar al mundo para Cristo.

Los apologistas católico romanos ven la Reforma protestante como "la rebelión protestante". Aseguran que la iglesia católica de ese tiempo necesitaba desesperadamente una renovación, pero que Martín Lutero y los otros reformadores escogieron un método equivocado y antibíblico. Esta declaración es una contradicción absoluta. ¿Cómo es posible cambiar algo en una organización que asegura tener autoridad divina en todo lo que hace y un dirigente que es infalible? Sugerir siquiera un cambio, habría sido ir contra la supuesta infalibilidad de sus enseñanzas y convertirse de inmediato en un candidato para la hoguera.

Sin embargo, en esta declaración hay algo de verdad, porque la iglesia católica sí necesitaba desesperadamente una renovación. Según Richard P. McBrien, profesor de teología de la Universidad Notre Dame, "La Reforma protestante comenzó durante el pontificado de León X, en gran parte debido a su decisión de vender posiciones en la iglesia e indulgencias a fin de pagar las deudas en que había incurrido debido a su extravagancia personal, campañas militares y para sufragar la construcción de la Basílica de San Pedro". León publicó su famosa bula papal "Exsurge domine" el 15 de junio de 1520 en la cual condenó a Lutero por sus falsas enseñanzas.

Cuando Lutero quemó públicamente la bula, León lo excomulgó. El señor McBrein hace esta declaración: "Desafortunadamente León X y la Curia no comprendieron el significado de estos movimientos reformistas, de la necesidad urgente de desarraigar la corrupción y los abusos. Por seguro estaba demasiado distraído con los asuntos militares y políticos".

El salirse de una organización humana que en forma arrogante se auto atribuye autoridad divina, no es antibíblico sino necesario y apropiado. Algo similar ocurrió en el tiempo de Pablo y esta fue su decisión: "Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno" (Hch. 19:8,9). Pablo adoptó esa decisión y concluyó diciendo: "Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados" (1 Co. 11:19).

La palabra "disensiones"es la traducción de un vocablo griego que también puede significar "sectas heréticas" o facciones. Aunque parezca contradictorio, estas "herejías" entre la iglesia son necesarias, ya que permiten hacer separación entre los cristianos de nombre y los verdaderos creyentes. Aunque las divisiones son a menudo dolorosas, desempeñan una función importante. La iglesia católica nació corrupta con Constantino y esos que confrontaron tan gran mentira hicieron lo correcto. La iglesia católica dice, que hoy en día los evangélicos están más divididos que nunca y que deben volver a la iglesia madre, a la católica, pero los desacuerdos han existido siempre, incluso en tiempos del Nuevo Testamento. Tal como lo ocurrido entre Pablo y Bernabé, sobre lo cual leemos: "Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están. Y Bernabé quería que llevasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos; pero a Pablo no le parecía bien llevar consigo al que se había apartado de ellos desde Panfilia, y no había ido con ellos a la obra. Y hubo tal desacuerdo entre ellos, que se separaron el uno del otro; Bernabé, tomando a Marcos, navegó a Chipre" (Hch. 15:36-39).

Aunque la iglesia católica pretende hacer creer que en ella todo está muy bien, que no hay desacuerdos, que está unida en todo, desde el hecho de que Pedro fue el primer Papa hasta el celibato sacerdotal, nada está más lejos de la verdad. Hubo períodos de tiempo, en que el papado estuvo involucrado en toda clase de inmoralidad y divisiones y hoy en día todo el mundo está enterado de los escándalos de pedofilia y abuso sexual entre el clero católico. A continuación voy a compartir con usted solo seis doctrinas fundamentales de la iglesia de Roma, las cuales son fabricadas y completamente antibíblicas.

 

El Papado

No hay evidencia de que Pedro ocupara la posición de primer líder de la iglesia primitiva, la cual reclaman los Papas para sí como sus supuestos sucesores. La promesa del Señor Jesucristo a Pedro: "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos..." (Mt. 16:19a), tuvo cumplimiento cuando Pedro le presentó el reino a los judíos el día de Pentecostés y a los gentiles en la casa de Cornelio.

• "Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día... Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas" (Hch. 2:14,15,36-41).

• "Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia... Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso. Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo" (Hch. 10:34,35,44,45).

La promesa adicional del Señor Jesucristo a Pedro: "... y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mt. 16:19b), fue idéntica a la promesa que le hiciera a todos los discípulos: "De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt. 18:18-20). Asimismo esta otra promesa, fue hecha a todos los discípulos: "A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, le son retenidos" (Jn. 20:23).

Es claro que esa autoridad especial que reclaman los Papas de la iglesia católica como supuestos sucesores de Pedro, nunca fue ejercitada por Pedro como cabeza de la iglesia ni tampoco como jefe de los apóstoles. En sus epístolas Pedro exhorta por igual, no ordena ni subordina. Escuche sus palabras: "Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada" (1 P. 5:1). Él ofrece como base de sus escritos, no ninguna posición o poder eclesiástico exaltado, sino el hecho de que fue ".. testigo de los padecimientos de Cristo... que vio con sus propios ojos su majestad" (1 P. 5:1, 2 P. 1:16).

El primer concilio de la iglesia registrado en Hechos 15:4-29, que fuera celebrado en Jerusalén alrededor de los años 45 ó 50 de la era cristiana, no fue convocado por iniciativa de Pedro, sino de Pablo. Además, fue Jacobo y no Pedro quien tomó el liderazgo. Aunque Pedro hizo una declaración importante, no fue doctrinaria. Fue principalmente un resumen de su experiencia cuando llevó el Evangelio por primera vez a los gentiles: "Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros" (Hch. 15:7,8).

Sin embargo, fue Jacobo quien dijo: "Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre" (Hch. 15:19,20). Fue su declaración la que se convirtió en base de la carta oficial enviada a Antioquía.

Cuando Pedro quiso agradar a los judíos y a los gentiles actuando incorrectamente, Pablo, quien escribió mucho más del Nuevo Testamento que Pedro y cuyo ministerio obviamente fue mayor y más extenso, públicamente amonestó a Pedro por su error: "Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos. Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?" (Gá. 2:11-14).

Vemos entonces que este reclamo específico de que Pedro ocupaba una posición especial como líder y desempeñaba el papel de jefe entre los apóstoles como el primer Papa, es refutado por numerosos pasajes en el Nuevo Testamento. El catolicismo romano basa su falso reclamo solamente en esta declaración del Señor Jesucristo: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia..." (Mt. 16:18).

Uno no necesita argumentar con el texto original griego, que Pedro, "petros" en la Escritura griega, no es esta "roca"que es "petra". La verdad del asunto no depende de una interpretación dudosa de este solo versículo, sino de la totalidad de la Escritura. Está demostrado completamente, que este punto de vista del romanismo no es válido, no sólo por los pasajes del Nuevo Testamento a los cuales ya me he referido, sino por el hecho que toda la Biblia, en lugar de apoyar el punto de vista de los católicos romanos, de hecho lo refuta.

El propio Dios a través de todo el Antiguo Testamento, es descrito claramente como la única "Roca" inconmovible de nuestra salvación. Permítame citarle unos pocos ejemplos:

• "Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador..." (Sal. 18:2).

• "Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿y qué roca hay fuera de nuestro Dios?" (Sal. 18:31).

• "... Oh Jehová, roca mía, y redentor mío" (Sal. 19:14).

• "A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí..." (Sal. 28:1).

• "¿No eres tú desde el principio, oh Jehová, Dios mío, Santo mío? No moriremos. Oh Jehová, para juicio lo pusiste; y tú, oh Roca, lo fundaste para castigar" (Hab. 1:12).

Mientras que el Nuevo Testamento declara, que el Señor Jesucristo es la Roca sobre la cual está construida la iglesia, y que Él siendo Dios, es el único calificado para esa posición. La Roca de Mateo 7:24-29, sobre la cual "un hombre prudente... edificó su casa...", no fue Pedro, sino el Señor Jesucristo.

El propio Pedro declara que Cristo es la "piedra del ángulo"sobre la cual está construida la iglesia y cita un pasaje del Antiguo Testamento para así demostrar su cumplimiento: "Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en él, no será avergonzado. Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados" (1 P. 2:6-8).

Pablo también llama a Cristo "piedra del ángulo" y declara que la iglesia está "edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo" (Ef. 2:20). Esta declaración por consiguiente, claramente le niega a Pedro una posición especial como fundamento de la iglesia. En cuanto al testimonio de la historia, no es cierto que Pedro residiera en Roma, mucho menos que fuera su primer obispo. La Biblia prueba sin lugar a dudas que ni Pedro ni nadie más fue reconocido jamás como Papa o dirigente de la iglesia. Ese concepto era desconocido en los primeros años de la iglesia, la historia así lo demuestra.

Mientras los católicos pretenden demostrar que el obispo de Roma era reconocido como dirigente de la iglesia, no hay prueba de este reclamo antes de Constantino. De hecho, fue él quien decretó que el obispo de Roma fuera cabeza de la iglesia. Constantino creó la posición de Papa con un propósito predeterminado, y por cientos de años los propios Papas reconocieron este hecho.

Incluso hasta los historiadores católicos admiten que durante la edad media la jerarquía papal de la iglesia católica romana hizo circular un documento fraudulento para justificar su posición y poder. Este documento no trazaba la autoridad papal por sucesión apostólica desde Pedro ni tampoco intentaba justificar ese oficio con la Biblia. En lugar de eso, el documento conocido como La Donación de Constantino, acreditaba la posición papal y el ejercicio de su autoridad, como un decreto imperial.

El documento, supuestamente escrito por Constantino, declaraba: "Y nosotros (los emperadores romanos) tendremos primacía sobre las cuatro sedes principales de Antioquía, Alejandría, Constantinopla y Jerusalén, al igual que sobre todas las iglesias de Dios a través del mundo entero; y el Pontífice que ocupe en algún momento dado la sede de esa misma y más santa Iglesia de Roma ocupará la posición más alta entre todos los sacerdotes del mundo entero y por su decisión serán arregladas todas las cosas concernientes a la adoración de Dios o la seguridad de la fe de los cristianos". El hecho de que los Papas dependan de este fraude prueba dos cosas:

La falta de honestidad de los Papas para justificar su posición y

Que incluso en la edad media los Papas, lejos de reclamar su autoridad como recibida por sucesión apostólica desde Pedro, reconocían que su oficio había sido creado por Constantino, admitiendo así que no había habido ningún Papa antes de ese tiempo.

Queda entonces bien claro, que si en la edad media ya se hubiera establecido la tradición de que Pedro fue el primer Papa y que esos que desempeñaban ese oficio habían recibido su posición y autoridad por sucesión apostólica que se remontaba hasta él, entonces no habría habido necesidad de falsificar un documento tal como La Donación de Constantino. El hecho que lo consideraran necesario, demuestra el fraude adicional: el reclamo actual de la iglesia católica romana de que la autoridad papal se remonta a Pedro.

 

El Sagrado Corazón

El popular dogma católico del Sagrado Corazón de Jesús o el Corazón Inmaculado de María, no tiene ninguna base bíblica sino que proviene del reino del ocultismo. El "Sagrado Corazón " es descrito como un objeto visible y radiante dentro del pecho de Jesús o en ocasiones es María quien lo sostiene en su mano. ¡Verdaderamente un corazón bien extraño! Aquí tenemos una fuente mágica de poder y protección, con una extraña identidad propia. La devoción está dirigida a este objeto místico el cual llega a convertirse en un reemplazo sutil de una relación personal con Cristo y devoción a Él.

El corazón del Señor Jesucristo, indudablemente es inmaculado, perfecto, sin pecado. Aunque es 100% hombre, también es Dios. Ninguna otra persona ha estado jamás sin pecado: "... porque no hay hombre que no peque..." (1 R. 8:46). "Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque" (Ec. 7:20).

Si alguien argumenta que estas Escrituras fueron dadas antes del nacimiento de María, entonces permítame citarle estas otras que fueron registradas después de su muerte: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Ro. 3:23). "Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros" (1 Jn. 1:10). Estas declaraciones no hacen excepción alguna, ni Pablo ni Juan en ningún momento hacen un caso especial de María.

"El Inmaculado Corazón de María", no sólo demanda devoción igual, sino mayor que la que se le da a Cristo. Durante las apariciones de Fátima, los niños dijeron que para traer la paz en la tierra había que tener devoción, no por el Corazón de Jesús, sino por "El Inmaculado Corazón de María".

 

La Inmaculada Concepción

Atribuirle un "Corazón Inmaculado" a María es negar su pecaminosidad humana. De hecho, esto es confirmado por otro dogma relacionado: el de la Inmaculada Concepción. Esta herejía fue primero popularizada por medio de los esfuerzos de Eadmer, un monje británico del siglo XII, y fue finalmente declarado como un dogma por el Papa Pío XI en 1854. Enseña que María "desde el primer momento de su concepción, por una gracia singular y privilegio del Dios Todopoderoso, en vista de los méritos de Cristo Jesús el Salvador de la humanidad, fue preservada libre de toda mancha de pecado original y permaneció sin pecado toda su vida".

Se arguye que esta gracia extraordinaria fue extendida a María para guardarla sin pecado. Este reclamo contradice la entera lógica de la Biblia. Si era posible guardar a María sin pecado entonces ¿por qué Dios no hizo lo mismo con Adán y Eva impidiendo así en primer lugar que el pecado entrara en el mundo? Adán y Eva no fueron concebidos inmaculadamente por padres pecadores; fueron creados por Dios sin pecado y colocados en un medio perfecto sin pecado. Pese a todo pecaron. Cualquiera criatura con el poder para decidir, con excepción del propio Dios, pecaría inevitablemente. Si este no fuera el caso, entonces Dios nunca habría permitido el pecado.

La única forma de impedir que la humanidad peque, es quitándole el libre albedrío. Pero eso nos convertiría en robots, haciendo imposible que amáramos a Dios o a nuestros semejantes, porque el ingrediente esencial del amor es el libre albedrío. Vence el poder del pecado sin destruir el poder de elección, sólo por el plan de redención de Dios, es decir mediante la muerte de Cristo como expiación del pecado. El amor en el corazón de los redimidos brota como agradecimiento por todo lo que Dios ha hecho por ellos.

Es Cristo morando por fe en el corazón y la esperanza de que un día estaremos eternamente con Él en la presencia de Dios, lo que hace del creyente cristiano una nueva criatura, sin las propiedades sensuales que contribuyen al pecado. Esta redención completa que es el mensaje entero de la Escritura sería superflua si la exención de pecado pudiera lograrse simplemente por la extensión de una gracia particular, tal como en el caso de María. Esa herejía socava toda la Biblia.

Finalmente, la negación del lugar de María como una "pecadora salvada por gracia" tiene su efecto, ya que la coloca en el lugar de una diosa. Aunque el catolicismo niega esta acusación, eso es exactamente lo que ocurre en la práctica.

 

La Misa y la Transubstanciación

Juan el Bautista aclamó al Señor Jesucristo como "... el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn. 1:29). Mientras que Hebreos 9:26 dice de Cristo: "... Pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado".

El siguiente capítulo de la Epístola a los Hebreos pasa a explicar que los sacrificios de animales en tiempos del Antiguo Testamento no podían quitar el pecado, que esto sólo fue posible mediante el sacrificio eficaz de Cristo, el cual fue prefigurado en los sacrificios de animales, por lo cual no tiene que ser repetido: "Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (He. 10:11-14).

La Biblia no puede decir más claramente que la redención de la humanidad fue obtenida una vez y para siempre mediante la muerte expiatoria, entierro y resurrección de Cristo: "... porque esto lo hizo una vez y para siempre, ofreciéndose a sí mismo" (He. 7:27). Lo único que se necesita es que la humanidad se reconcilie completamente con Dios: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna... y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Jn. 3:36; 5:24).

El sacrificio del Señor Jesucristo logró nuestra redención completa y eterna, nos dio salvación, perdón de pecados y liberación por el castigo que exigía la justicia de Dios. Su muerte procuró vida eterna y un hogar celestial como dádiva gratuita de la gracia de Dios para esos que reciben a Cristo como Señor y Salvador.

Un poco antes de entregarle el espíritu a su Padre celestial, el Señor Jesucristo exclamó triunfante desde la cruz: "¡Consumado es!" (Jn. 19:30). El intentar hacer cualquier ofrenda adicional o algo más a fin de recibir el perdón de pecados y la aceptación de Dios, es negar la suficiencia de lo que el propio Cristo ya ha completado y Dios ha aceptado.

Verdaderamente, cualquier intento por ofrecerle a Dios algo más en adición al sacrificio del Señor Jesucristo hecho una vez y para siempre, constituye un rechazo a la salvación que ofrece Dios. Si el sacrificio que hizo Cristo de sí mismo sobre la cruz no es suficiente, entonces... ¿qué es y cómo sabremos qué es? ¿Cuántas veces más debe el Señor ser ofrecido sobre los altares católicos?

Mientras los católicos insisten en que el sacrificio de Cristo no fue suficiente, no pueden afirmar ni decir cuántas misas deben ofrecerse, cuántos rosarios hay que rezar, cuántas limosnas hay que dar, cuánto tiempo deben sufrir las almas en el purgatorio a fin de pagar la deuda a la justicia infinita de Dios y cuándo llegan finalmente las almas al cielo.

Considere la siguiente enseñanza católica, tal como aparece en la publicación The Fatime Crusader, de noviembre y diciembre de 1986, la revista oficial de la Cruzada Internacional del Rosario de Fátima: "A la hora de la muerte las santas misas que usted ha asistido devotamente serán su mayor consolación. Cada misa irá con usted al juicio y contará para su perdón (Pero... ¿Cuán efectivamente y hasta dónde?) Con cada misa usted podrá disminuir el castigo temporal debido a sus pecados, de acuerdo con su fervor (¡que cosa más vaga y absurda!)... A través del Santo Sacrificio, nuestro Señor Jesucristo suple para muchas (Pero... ¿para cuáles? ¿por qué no todas?) de sus negligencias y omisiones ... Al escuchar la Santa Misa piadosamente usted le provee a las almas en el purgatorio el mayor alivio posible ... También acorta su purgatorio con cada misa".

El dogma del catolicismo romano es claro: La muerte de Cristo sobre la cruz, en lugar de ser el sacrificio completo hecho de una vez y para siempre por los pecados, es simplemente el primer abono. Incluso después que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó triunfante, todavía permanece una deuda gigantesca que debe pagarse por completo con un sin fin de misas, limosnas, buenas obras, rosarios, sufrimientos aquí y en el purgatorio, etc.

No se puede negar que ese es el otro evangelio sobre el que predicó Pablo y sobre el cual porta testimonio la entera Biblia. Por lo tanto es apropiado recordar una vez más las advertencias de Pablo: "Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema" (Gá. 1:8).

En lugar de fe en Quien concede vida eterna como una dádiva gratuita de su gracia, los católicos romanos lo sustituyen con la enseñanza de la transubstanciación que tiene lugar en la misa, cuando el pan y el vino supuestamente, y por un acto mágico, se transforman en la carne y sangre de Cristo. La salvación entonces es afectada, no por el sacrificio hecho de una vez y para siempre por Cristo al darse a sí mismo sobre la cruz por nuestros pecados, sino por los sacerdotes católicos romanos ofreciendo una y otra vez su cuerpo y sangre y participando fielmente de él. Es claro entonces que la misa nulifica el sacrificio logrado plenamente por Cristo: "... el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios..." (He. 9:14) y contradice la enseñanza bíblica de que: "con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados" (He. 10:14).

La misa también nulifica la resurrección de Cristo. A través de la misa, su cuerpo inmortal resucitado, el cual ya no contiene sangre porque la derramó hasta morir sobre la cruz del Calvario, se transforma en mortal, en el cuerpo sustentado con sangre que Cristo tenía antes de morir, anulando así su sacrificio perfecto. No asombra entonces que tantos hubieran preferido morir en la hoguera antes de confesar la herejía por medio de la cual negaban Escrituras como estas: "Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan... Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado" (He. 9:24-28; 10:11-14,18).

De acuerdo con el dogma católico romano, la participación física del Sacramento de la Misa, al igual que el acto físico del bautismo, producen beneficios espirituales. Esta enseñanza se deriva de dos declaraciones que hiciera el Señor Jesucristo:

Cuando dijo ante un grupo de incrédulos: "... De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros" (Jn. 6:53), y

Cuando en la última cena junto con sus discípulos, "Mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mt. 26:26-28).

La lectura cuidadosa de estos pasajes confirma lo que el sentido común demanda: que el Señor Jesucristo no estaba apoyando el canibalismo, el comer y beber de su carne y sangre literal. Tampoco dijo que hacer esto contribuía a la salvación personal. En primera instancia, en este mismo discurso Cristo dijo que esos que creyeran en Él tendrían vida eterna. Por lo tanto, es obvio que dejó claro que "comer" y "beber" significaba "creer". Que era necesario creer que Él, el Creador del universo, había venido a la tierra, no como una aparición o en un cuerpo espiritual, sino como un hombre real de carne y hueso para morir por nuestros pecados."Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás... Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero... De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida... El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida" (Jn. 6:35,40,47,48,63).

En segunda instancia, el Señor estaba sentado en presencia de sus apóstoles en su cuerpo físico, cuando dijo sobre el pan que sostenía en su mano: "Esto es mi cuerpo". Ninguno de los discípulos que estaban con Él, podía pensar en forma razonable que el pan se convertiría en su cuerpo físico literal, ya que el Señor se encontraba claramente visible ante ellos en su forma normal. Tampoco dijo que "el pan más tarde se convertiría en su cuerpo", sino "Esto es mi cuerpo". El único significado es que el pan y el vino eran símbolos de su cuerpo y sangre.

El catolicismo se enorgullece de tomar las palabras de Cristo en estos pasajes en forma literal. La regla para discernir cuándo hay que tomar la Escritura literalmente y cuándo figurativamente, es aceptarla siempre literalmente a menos que no tenga sentido o que no sea necesario hacerlo. Sin duda no tiene sentido sugerir que Cristo, mientras estaba presente en su cuerpo físico, quiso decir que la hogaza de pan que sostenía en sus manos era también su cuerpo literal. Tampoco tiene sentido que el cuerpo de Cristo se multiplique interminablemente por todo el mundo millones de veces para que se lo coman una y otra vez. Esta práctica de ninguna manera, corresponde con las palabras textuales del Señor Jesucristo, porque ese "cuerpo mágico" de ninguna manera puede ser su cuerpo literal.

Si aceptamos esto, tendríamos que aceptar textualmente las palabras del Señor Jesucristo cuando dijo: "Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo" (Jn. 6:51). También tendríamos que aceptar literalmente que el Señor Jesucristo es pastor y que nosotros somos ovejas, ya que dijo: "Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (Jn. 10:11), o que es literalmente una puerta: "De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas" (Jn. 10:7). O que es la luz: "Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo..." (Jn. 8:12).

El interpretar literalmente las declaraciones del Señor Jesucristo concerniente a comer su carne y beber su sangre, contradice y socava el propio evangelio que predicara Cristo. Esa salvación se alcanza creyendo en lo que Él hizo, no a través de una obra física que tengamos que hacer nosotros.

El efecto de la herejía de la transubstanciación, es hacer que la salvación dependa del acto físico y repetido de comer la carne y beber la sangre, que el Señor Jesucristo tenía antes de su crucifixión y resurrección, sin indicación alguna de cuántas veces hay que hacerlo. Esta salvación nunca se completa, porque el sacerdote debe una y otra vez transformar más pan y vino en cuerpo y sangre, para que así los fieles puedan participar repetidamente de este sacramento durante la misa.

La transformación mágica del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo sólo pueden realizarla los sacerdotes sobre los altares católico romanos. Por lo tanto, para los católicos la salvación depende, no de la fe personal y una relación con el Cristo resucitado y glorificado que murió por nuestros pecados, sino en la relación personal con la iglesia y en la participación de esos sacramentos administrados y decretados por ella, los cuales son esenciales para la salvación.

Además, la doctrina de la transubstanciación niega que Cristo vino una sola vez y para siempre en la carne, así como niega que murió y fue sacrificado una vez y para siempre. De acuerdo con 1 Juan 4:3, ésta es una enseñanza del Anticristo: "Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo..."

Según el dogma católico, Cristo viene una y otra vez en la carne, sobre los miles de altares católicos romanos alrededor del mundo como hostia, que se transforma una y otra vez en su cuerpo. Tampoco tiene un cuerpo físico como enseña la Biblia, sino que su "cuerpo" está en exhibición en miles de lugares al mismo tiempo. Como Dios, el Señor Jesucristo es omnipresente en Espíritu, pero no existe tal cosa como un cuerpo omnipresente.

Una de estas hojas con explicaciones dadas en la Iglesia del Sagrado Corazón, situada en Montmartre, una parte alta de París, declara: "Encima del altar mayor una custodia que contiene el pan transformado en el cuerpo de Cristo durante la misa ha estado solemnemente expuesta desde 1855, para la adoración ininterrumpida tanto en la noche como en el día. Esos que toman parte en esta plegaria de adoración son el vínculo entre Cristo y las personas de su esfera social, de su país y del mundo entero..."

Incluso aun después de atribuirles poderes heréticos, el bautismo y la misa no son suficientes. La insistencia del catolicismo de que la expiación llevada a cabo por el Señor Jesucristo sobre la cruz no nos limpia completamente del pecado ni nos libra del castigo, requiere mucho más ritual y esfuerzo: Las buenas obras, rezos, penitencias, rezar el rosario una y otra vez, mortificarse el cuerpo, ayunar, usar escapularios, medallas, etc. Esta lista continúa y a esto tendríamos que añadir, que hay muchos que a cada rato están inventando nuevos medios de gracia. Son innumerables las cosas que requiere la iglesia católica para poder llegar finalmente al cielo.

Pero nadie, ni siquiera el Papa puede calcular cuántas misas tienen que ofrecerse, cuánto sufrimiento hay que soportar, cuántos rosarios hay que rezar, los católicos nunca dicen qué es suficiente. La iglesia permanece extrañamente silenciosa respecto a las preguntas más importantes.

 

La regeneración por el Bautismo

Un católico cree que el bautismo de agua le imparte vida divina, como dice en el parágrafo 694 del Catecismo Católico: "... Así el agua bautismal significa realmente nuestro nacimiento a la vida divina..."

"La regeneración por el bautismo" es un vestigio del catolicismo herético del cual Martín Lutero y otros reformadores nunca pudieron librarse y del cual dependen todavía algunos grupos protestantes. La Iglesia Unida Pentecostal, declara por ejemplo: "El agua del bautismo es una parte esencial de la salvación del Nuevo Testamento... Sin un bautismo apropiado es imposible entrar en el Reino de Dios".

Sin embargo, lejos de enseñar tal doctrina, la Biblia señala que Cristo, el Salvador de los pecadores, nunca bautizó a nadie: "Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos" (Jn. 4:2). Y que Pablo sólo bautizó a unos pocos, incluso no estaba seguro respecto a cuántos había bautizado: "Doy gracias a Dios de que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo, para que ninguno diga que fuisteis bautizados en mi nombre. También bauticé a la familia de Estéfanas; de los demás, no sé si he bautizado a algún otro" (1 Co. 1:14-16). Como ha comprobado, estos pasajes de la Escritura contradicen la enseñanza de que el bautismo es esencial para la salvación.

Es claro que alguien más bautizó a los cristianos en Corinto. Pese a todo, Pablo se llama a sí mismo su "padre" y explica: "... Pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio" (1 Co. 4:15). Pablo había sido el medio para la salvación de ellos, sin haberlos bautizado. Si el bautismo fuera esencial, de hecho si fuera uno de los medios para experimentar el nuevo nacimiento, entonces Pablo no se habría llamado a sí mismo padre que los había engendrado en Cristo Jesús.

Lejos de ser salvos mediante el bautismo, los corintios, tal como Pablo les recordó, fueron salvos por creer en el Evangelio: "Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Co. 15:1-4).

Pablo en ningún momento sugiere siquiera que el bautismo salva, en lugar de eso enseña en forma consistente que la salvación sólo proviene de creer en el Evangelio. El apóstol afirma esto en forma repetida. Note por ejemplo lo que dice Romanos 1:16: "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree..." En esta declaración de Pablo no hay una sola palabra respecto al bautismo. De hecho, Pablo va más allá al declarar: "Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio..." (1 Co. 1:17).

Pero entonces... ¿Qué con respecto a Marcos 16:16 que dice: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas que el que no creyere, será condenado?" Bueno, esta Escritura no dice que el bautismo salva, sino que debe acompañar la salvación. Son los salvos los que se bautizan, por eso dice el resto del versículo: "mas el que no creyere, será condenado". La Biblia no dice en ningún lugar que el que no se bautiza será condenado. Tampoco declara que creer no es suficiente, en ninguna parte leemos una declaración como esta: "Si sólo cree pero no se bautiza está condenado".

Pero, sí encontramos porciones que dicen: "El que creyere será salvo" y una sola vez leemos: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo..." Hay decenas de versículos que declaran que si no creemos en el Evangelio o no creemos en Cristo somos condenados, pero no hay uno solo que diga que si no nos bautizamos somos condenados. Si la falta del bautismo condenara el alma irremediablemente por la eternidad, la Biblia no excluiría una advertencia tan importante.

El bautismo es una declaración pública de que uno ha creído en Cristo y al hacer esto ha aceptado su muerte, entierro y resurrección para poder ser salvo. Es un acto de obediencia a una ordenanza del Señor, como tal todo cristiano debe ser bautizado, pero no es esencial para la salvación. El ladrón que estaba en la cruz nunca fue bautizado. "Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lc. 23:42).

Supóngase que una persona a punto de morir en un accidente automovilístico clama agonizante: "¿Qué debo hacer para ser salvo?" ¿Cree que es correcto que le responda: "Lo siento, no hay esperanza para usted porque debe ser bautizado para ser salvo, y eso es imposible en este momento?" ¡Gracias a Dios que la Biblia nunca ha requerido que debamos ser bautizados para ser salvos!

Pero entonces... ¿qué quiso decir el Señor Jesucristo cuando declaró: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios?" (Jn. 3:5). La evidencia que ya hemos considerado, refuta la idea de que la expresión "naciere del agua" se refiere al bautismo. Nicodemo, el hombre a quien el Señor Jesucristo le dijo esto, sabía que el agua en el Antiguo Testamento era usada para la limpieza.

Claro está, el agua no puede limpiar el pecado, pero fue un símbolo de la limpieza espiritual que se origina al creer y prestar atención a la Palabra de Dios. Por eso fue que Pablo escribió aludiendo a la iglesia: "Habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra" (Ef. 5:26). "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo" (Tit. 3:5). Pedro asimismo declaró: "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 P. 1:23).

Por otra parte, la iglesia católica cree que un niño recién nacido puede ser regenerado, que puede ser hecho cristiano mediante el bautismo. Tal es la herejía del "sacramentalismo", el cual le atribuye poderes espirituales a un acto físico. La iglesia católica administra siete de tales sacramentos:

• Bautismo

• Confirmación

• Penitencia

• Comunión

• Extremaunción

• Orden y

• Matrimonio.

Volviendo a lo que Jesús dijo a Nicodemo, de nacer de agua, no olvidemos que el Señor no preparó varios medios de salvación. No existe un medio de salvación para los mayores y otro para los pequeños.

Lo que es claro en las Escrituras es que la persona debe oír la palabra de Dios, debe arrepentirse y creer en Jesucristo, recibiéndole como Salvador personal. Es claro que un bebé no puede llenar este requisito, por lo cual, en su condición de inocencia, no es culpable de no haber sido salvo.

Si Cristo salvara a unos y el bautismo a otros, entonces las palabras del Señor en Jn. 14:6, lo mismo que muchos otros, donde se insiste que él (Cristo Jesús) es el único camino, la única puerta, el único medio de salvación, no tendrían valor. Por otra parte, la muerte del Señor sería un sacrificio innecesario, porque habría otro recurso, en este caso el bautismo, que haría lo mismo, sin derramamiento de sangre.

Es necesario notar que todos aquellos que fueron bautizados, primero fueron evangelizados, luego, se arrepintieron confesando sus pecados y finalmente fueron bautizados, porque ya eran salvos. Lo bebés, las personas con impedimento mental, que por fuerza mayor no pueden entender el Evangelio, ciertamente no serán jamás culpados de incredulidad.

Esto claramente socava el Evangelio que predicaran los apóstoles: el enseñar que un infante sin capacidad para ejercitar el requisito moral de elegir libremente y tener fe en Cristo, por medio del bautismo impuesto por un sacerdote, quien derrama un poco de agua sobre su cabeza y hace unos pronunciamientos, puede experimentar el nuevo nacimiento.

La herejía, claro está, es creer que un acto físico puede contribuir a la salvación. A pesar de todo este error no se limita sólo al bautismo, se extiende a tomar la comunión, a llevar puesto un escapulario, a rezar el rosario y otros actos prescritos por la iglesia católica que son o esenciales o contribuyen a la salvación. Una vez que nuestra fe se deposita en algo más, ya no estamos confiando totalmente en el Señor Jesucristo para salvación. Por lo tanto, los sacramentos son enemigos de la cruz y del Evangelio y han apartado a millones del verdadero camino.

 

El purgatorio 

De acuerdo con el dogma católico, los sufrimientos del Señor Jesucristo sobre la cruz no fueron suficientes para pagar el castigo completo exigido por Dios por el pecado. Para compensar esa supuesta deficiencia, cada persona que cree en Cristo debe también sufrir por sus propios pecados ya sea en esta vida o en el purgatorio, o en ambos lugares, esa es la expectativa general de los católicos desde el papa hasta el último fiel.

Como muchos otros dogmas de la iglesia católica, el purgatorio es una doctrina inventada que no podemos encontrar en la Biblia, tampoco hay una sola Escritura que lo apoye, mientras que sí son muchas las que lo contradicen. Esta enseñanza fue propuesta por el Papa Gregorio I en el año 593 y dogmatizada por el Concilio de Florencia en 1439, como una creencia requerida a cada católico que espera llegar finalmente al cielo. El Concilio de Trento excomulga, es decir condena eternamente, a todos los que no creen en el purgatorio.

Otras personas también pueden sufrir por los pecados de uno para suplir la supuesta deficiencia de la obra que el Señor Jesucristo no pudo completar. Los católicos han enseñado que varios "santos", tales como santa Catalina de Génova, "Patrona de las santas almas en el purgatorio", recibieron la sagrada comisión de parte de Dios de sufrir en sus propios cuerpos, a fin de alcanzar la pronta liberación de esas almas en el purgatorio.

El padre Pío nació el 25 mayo de 1887 en Pietrelcina, Italia y falleció en San Giovanni Rotondo el 23 de septiembre de1968. El 10 de noviembre de 1910, después de ser un sacerdote por sólo tres meses, el padre Pío, quien pronto se volvería famoso, le escribió una carta a su Padre Provincial. Esto fue lo que publicó el boletín de La Fundación del Padre Pío de América y la Asociación de Misas, del mes de agosto de 1988, sobre esta carta, que decía en parte: "Mi querido Padre, deseo solicitar su permiso para hacer algo. Desde hace ya algún tiempo, he sentido la necesidad de ofrecerme a mí mismo al Señor como una víctima por los pobres pecadores y las almas en el Purgatorio... Le he implorado al Señor que derrame sobre mí el castigo preparado para esas almas, de tal manera que ellas puedan ser consoladas y admitidas rápidamente en el Paraíso".

Mientras que el deseo del padre Pío de ser castigado por los pecadores era un sentimiento admirable, fue un insulto para el Señor Jesucristo quien pagó completamente por la deuda de nuestros pecados, como nuestro único y suficiente Salvador. El padre Pío durante un período de 30 años, supuestamente evidenció su sufrimiento por las almas en el purgatorio a través de los estigmas, un sangramiento misterioso en las palmas de las manos, al compartir presuntamente los sufrimientos de Cristo. El padre Pío fue beatificado el 2 de mayo de 1999 y canonizado el 16 de junio del 2002.

Como ya hiciera notar, el Señor Jesucristo exclamó triunfante desde la cruz: "¡Consumado es!" (Jn. 19:30). Anunciando que la pena demandada por la justicia infinita de Dios había sido pagada por completo. Sus sufrimientos habían acabado. Él ahora está en el cielo en un cuerpo resucitado y glorificado, ¡que no tiene sangre en sus venas y que ciertamente ya no sangra más! Es una gran herejía asegurar que el sangramiento y sufrimiento continúa a través de otros a fin de ayudar a pagar la deuda que el Señor Jesucristo ya pagó por completo. Pese a todo, esa es la mentira inherente en la misa y en otros sacramentos de la iglesia católica romana.

Su rechazo deliberado a las claras enseñanzas de la Biblia, hicieron que el padre Pío quedara expuesto a un gran engaño demoníaco. Profundamente devoto de Nuestra Señora de Fátima, quien supuestamente le curó de una enfermedad en 1959, aseguraba que "millones de almas de difuntos asistían a sus misas y que se detenían en su celda para darle las gracias por ayudarlas en su camino al Paraíso". Estos espíritus no eran figuras de su imaginación. Aseguraba que los veía con sus ojos físicos. Es casi incomprensible que un hombre pudiera estar tan seguro de servir a Dios mientras realmente estaba asociándose con demonios.

El purgatorio permanece entre cada católico y el cielo, no importa cuán devoto sea. El dogma de la iglesia requiere que unos sufran por más tiempo que otros, dependiendo de cuántos rosarios rezaron, a cuántas misas asistieron, cuántas misas les han oficiado por su descanso y cuántas indulgencias ganaron por diferentes medios. Algunos sólo están en el purgatorio por una semana, porque María, quien sí completó lo que Cristo no pudo, ha prometido liberación especial a esos fieles que llevan puesto "su escapulario".

El escapulario consiste de dos pedazos de tela marrón, uno contiene la promesa de María, y el otro un cuadro de María con el niño Jesús. Una pieza se lleva puesta en el pecho y la otra en la espalda y están unidas una con otra por dos cordones del mismo color. María supuestamente se le apareció a San Simón Stock el 16 de julio de 1251 y le dio "La Gran Promesa" que desde entonces ha servido de consuelo a millones de católicos: "Que cualquiera que muera llevando puesto su escapulario no sufrirá el fuego eterno".

En el año 1322 el Papa Juan XXII recibió una promesa adicional de "María" conocida como "El Privilegio Sabatino". Y esta promesa dice: "Yo, la Madre de Gracia, descenderé el sábado después de la muerte de ellos y quienquiera que se encuentre en el Purgatorio que tuviera puesto el escapulario cuando murió, lo pondré en libertad". La famosa plegaria de San Simón Stock finaliza así: "¡Oh Dulce Corazón de María, sé nuestra salvación!"

Otro efecto obvio de la doctrina del purgatorio es eliminar la esperanza de resurrección simultánea de todos los que han muerto creyendo en Cristo. Esto sería imposible a menos que cada alma tuviera que esperar hasta que el último católico hubiera purgado sus culpas en el purgatorio o fuera puesto en libertad por María. Tampoco podría haber un rapto de creyentes vivos, quienes no han ido siquiera al purgatorio y por lo tanto no han purgado suficientemente sus culpas para entrar en el cielo. Por lo tanto los católicos no esperan al Señor Jesucristo en el rapto.

Pese a todos esos dogmas erróneos, todavía hay esperanza para los católicos, la puerta del perdón y de la gracia de Dios todavía está abierta. El Señor Jesucristo todavía está diciendo: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Jn. 5:24). Escuche también estas palabras del apóstol Pablo: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Co. 5:17).

Hay muchos evangélicos y católicos romanos que ignoran cuán diametralmente opuestos son los dogmas católicos de la Palabra de Dios. Es necesario decir la verdad. Los católicos que creen que son cristianos deben ser confrontados en amor con la verdad. Los evangélicos deben ser fieles a la Palabra para que puedan proclamarles el Evangelio a los católicos en lugar de unirse a ellos bajo un falso evangelio.

Para entender mejor al Catolicismo Romano, es necesario reconocer que no se trata únicamente de un cristianismo saturado de herejías, tradiciones y dogmas de hombres, sino que es una corriente religiosa cuyo mismo origen no es cristiano.

El cristianismo comienza con Cristo, pero el catolicismo comienza con Constantino. Es suficiente leer la historia para darse cuenta uno de la persecución que sufrieron los cristianos a manos de los emperadores romanos.

Pero por el año 312 de nuestra era, Constantino, que era emperador, se dio cuenta que la persecución de los cristianos lo hacía impopular y lo único que lograba, era más y más cristianos.

Fue entonces cuando él decretó que su imperio ya era cristiano, aceptaba como religión, el cristianismo. Así las cosas, es, como dicen algunos historiadores, fácil comprender el "crecimiento" de la iglesia, leudada con la levadura del paganismo babilónico. No obstante, hubo cristianos que no formaron parte del "nuevo cristianismo" logrado mediante decreto imperial, y así, la llama del Evangelio de Cristo se mantuvo hasta la misma reforma.

Si tratamos de encontrar coincidencias entre el Catolicismo Romano y el Cristianismo, nunca podremos encontrarlas. Si un cristiano quiere ser Católico Romano, debe renunciar a su fe cristiana.

Creencias tales como la canonización de "santos", el constante sacrificio de Cristo en la hostia, la co-salvación de María, el celibato sacerdotal, las oraciones a "santos" y "santas". La salvación por medio de las obras, fuera de la gracia divina, la jerarquía de la Iglesia. La supuesta ascensión de María al cielo, el purgatorio y muchas otras creencias más, incluyendo las tradiciones de la iglesia a la par o aún por encima de las Escrituras. Todo esto nos muestra que cuando hablamos del Catolicismo Romano, no estamos hablando del cristianismo, tanto por su origen como por sus doctrinas. El cristiano, si quiere hacer causa común con el catolicismo, debe primero abandonar a Cristo, tan alejados estamos los unos de los otros.

Para quienes deseen conocer más acerca de todo esto, hay varios libros muy buenos sobre el tema, pero, uno que aconsejaría es, "Babilonia Misterio Religioso" de Ralph Woodroph.

Estamos viviendo días cuando nos corresponde tomar muy en serio las palabras de Pablo, cuando él dice:

"No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso" (2 Co. 6:14-18).

Un detalle más: El cristiano toma como autoridad final, en materia de fe y conducta, a la Sagrada Escritura. La Biblia es la autoridad y solamente la Biblia. En cambio el Catolicismo romano reconoce como autoridad suprema a la iglesia (el Vaticano), el segundo lugar la tradición de la iglesia, y como pretexto, la Biblia. Si entre la Biblia y la tradición se producen contradicciones, se descarta la Biblia y se sigue la tradición.

El reemplazo de la Biblia por la tradición está severamente condenado en la Biblia (Mt. 15:1-9).

La religión católica puede impresionar como muy solemne y verdadera, pero el Señor habla de este tipo de "cristianos" con sus tradiciones, diciendo: "Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres" (Mc. 7:6-7).

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