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¿Conoce realmente a la madre de Jesús?

Muchos de nuestros amigos católicos piensan que los cristianos aborrecemos a María, la madre de Jesús. Puede usted estar seguro que la amamos, es nuestra hermana en la fe porque también ella reconoció tener bajezas y confesó a Jesús como su Salvador, su Dios y Señor ¡Qué ejemplo de la hermana María! Es exactamente lo que todo cristiano debe hacer: Reconocer a Cristo como su Salvador, Señor y Dios.

Si alguna vez alguien le convenció que María es «Reina del cielo», «Madre de Dios», «Corredentora» nuestra, o que escucha nuestras oraciones, que podemos orarle y ella será más comprensiva con nosotros que el mismo Señor, entonces le invito a leer este mensaje con una mente abierta, como quien investiga y no quiere ser engañado. Como alguien que desea estar completamente seguro de estar en la verdad y que sus creencias no son pura mitología.

¿Me creerá usted si le digo que el cristianismo nominal le ha dado hasta ahora más de 50 títulos diferentes a la que ellos llaman «Virgen María?» Dios no tiene estos títulos, tampoco el Señor Jesucristo, de manera que esta María, como «Reina del cielo» debe estar por encima de Dios el Padre y de Jesucristo nuestro Salvador.

Obviamente, al leer todo este artículo, usted comprenderá que lo único que tiene en común esta María con la madre de Jesús, es el nombre. Esa persona con el título de «Reina del cielo» es una entidad completamente diferente. El culto, tal como lo conocemos hoy, a la «Reina del cielo», se originó hace miles de años antes de Cristo y se ha convertido hoy en la figura principal para muchos llamados «cristianos». Si usted no abre los ojos a tiempo, bien puede convertirse en víctima del mayor engaño que jamás haya conocido, en nombre de la fe cristiana.

Si alguna vez creyó que las «apariciones» deMaría y todos sus milagros provienen de la madre de Jesús, comprenderá después de leer este estudio, cuán equivocado estaba y cuán astutamente le engañaron.

Damos publicidad a este mensaje con el fin de que las personas que realmente no quieren ser engañadas, puedan leerlo a la luz de las Escrituras, la Santa Biblia. Muchos de los textos bíblicos los encontrará aquí, pero usted puede ampliar su estudio sobre este tema leyendo la Biblia. El Espíritu Santo se encargará de guiarle en esta investigación. Es su privilegio, su deber, su derecho y su oportunidad investigar bien si su fe está basada en la Roca sólida que es el Señor, o si sus principios yacen sobre la arena de las tradiciones de los hombres mezcladas con mitologías paganas de las generaciones pasadas.

Pero, ¿es cierto que María tiene tantos títulos? Es probable que incluso le hayan adjudicado más, pero aquí tiene usted, 54 de esos títulos que se le dan en las letanías del rosario: Arca de la alianza, Auxilio de los cristianos, Casa de oro, Causa de nuestra alegría, Consuelo de los afligidos, Espejo de justicia, Estrella de la mañana, Madre de la divina gracia, Madre purísima, Madre del Creador, Madre de Cristo, Madre Castísima, Madre intacta, Madre virgen, Madre inmaculada, Madre amable, Madre admirable, Madre del buen consejo, Madre del Salvador, Puerta del cielo, Refugio de los pecadores, Reina concebida sin mancha original, Reina de los ángeles, Reina de los patriarcas, Reina de los confesores, Reina de todos los santos, Reina asunta al cielo, Reina de los profetas, Reina de los apóstoles, Reina de los mártires, Reina de las vírgenes, Reina del santísimo rosario, Reina de la paz, Reina del mundo, Rosa mística, Salud de los enfermos, Santa María... Ruega por nosotros, Santa madre de Dios, Santa virgen de las vírgenes, Torre de marfil, Torre de David, Trono de sabiduría, Vaso espiritual, Vaso venerable, Vaso insigne de devoción, Vaso de honor, Virgen digna de veneración, Virgen digna de alabanza, Virgen poderosa, Virgen clemente, Virgen prudentísima, Virgen laudable, Virgen clemente, Virgen Fiel.

¿Es a esta María, la del rosario, la que usted conoce? O ¿conoce a la madre de Jesús? ¿Sabe realmente quién es? Es probable que piense que sí, porque ha oído hablar de ella desde siempre, pero es importante examinar el asunto a la luz de la Sagrada Biblia, la Palabra de Dios. El Señor Jesucristo dijo que Juan el Bautista era el más grande de los profetas. Sin embargo, cuando a Juan le preguntaron: "¿Tú, quién eres?" (Jn. 1:19) él, rechazando los títulos y honores, respondió: "Yo no soy el Cristo" (Jn. 1:20). Y cuando insistieron y "Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?" él replicó: "Yo soy la voz de uno que clama en el desierto..." (Jn. 1:22,23a).

Algo muy similar ocurre con María. Es cierto que fue sumamente bendecida por Dios al concebir a Jesús, por eso el ángel le dijo: "¡Salve, muy favorecida!" (Lc. 1:28). Ningún creyente verdadero en el Señor Jesucristo niega esto, puesto que lo dice la Biblia, la única Palabra de Dios. Pero de ahí, a los títulos que los católicos celosos le han adjudicado, existe un abismo profundo. Y como en el caso de Juan el Bautista, si dejamos hablar a María, ella misma nos dirá quién es. Dijo por ejemplo en Lucas 1:38: "He aquí la sierva del Señor..." María es una mujer santa, no una mentirosa. Sabía quién era y nosotros podemos saberlo de su propia boca.

Juan el Bautista, el mayor de los profetas, afirmó lo siguiente acerca de Jesucristo: "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe" (Jn. 3:30). Lo mismo fue con María. Leemos en Juan 2:5, que ella se retira y le dice a los siervos y a todos los que quieran escucharle, lo siguiente acerca de su Hijo: "Haced todo lo que os dijere". Si los supuestos devotos de María le hicieran caso, de aquí en adelante serían devotos de su bendito Hijo, el Señor Jesucristo, y no de ella. La clave para la vida eterna y la gracia de Dios está en el Señor Jesucristo, no en María. Porque, ¿qué dice el Hijo? "para que todos honren al Hijo como honran al Padre" (Jn. 5:23a). Él en ningún momento incluyó a María en lo divino o celestial. Y cuando el Señor Jesucristo habló del cielo, dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Jn. 14:6). Nunca siquiera insinuó: «María es otro camino». Él, no ella, es el camino. ¡No se desvíe! ¿Quién es María? El ángel la llamó: "muy favorecida". Ella dijo de sí misma: "la sierva del Señor".El Señor Jesucristo la llamó "Mujer" (Jn. 2:4). Los apóstoles la conocían como "María la madre de Jesús" (Hch. 1:14).

Los verdaderos creyentes y seguidores del Señor Jesucristo, tenemos cuatro testimonios bíblicos respecto a María:

El de un ángel,

El de ella misma,

El del Señor Jesucristo y

El de los apóstoles.

Sin embargo, hay muchos que insisten en exaltar a una mujer piadosa y humilde para hacer de ella, lo que ni un ángel ni ella misma ni el Señor ni los apóstoles hicieron: «Una diosa». Reconozco que a los devotos de María les puede doler esto, y no lo digo con ánimo de ofender a nadie. Pero, con todo amor y firmeza en Cristo, y prefiriendo a Dios antes que a los hombres, hay que enderezar lo torcido. El culto que se le rinde a María carece de apoyo bíblico. No hay ni siquiera un solo ejemplo en todo el Nuevo Testamento de que se le rinda a ella ninguna clase de culto o lugar especial. Pero, ¿prefiere seguir haciéndolo a sabiendas que Dios no lo enseña ni lo aprueba ni hay ejemplo en la Biblia de que lo haga? Entramos aquí en el tema de la honradez, porque francamente, si sigue en su terquedad no es ninguna virtud. Si afirma como verdadero algo que Dios no aprueba, esto no es honesto ni fiel a Dios, por el contrario, es pecado, que en este caso no es otra cosa que idolatría. Perdóneme si le ofendo, pero la María que el catolicismo romano ha fabricado y el culto que ha fomentado y permite que se le rinda, no es bíblico. Esta «María», es otra «mujer» disfrazada como María para que los hombres le rindan culto.

Si es honesto, tendrá que admitir que nadie en el cielo o en la iglesia en el Nuevo Testamento la llama madre de Dios, porque Dios no tiene madre, porque es eterno. Es la madre de Jesús, de la encarnación, de la expresión humana de Dios, pero no de Dios. Tampoco es madre de la Iglesia, al menos de la verdadera, porque la iglesia es una creación de Dios por el Espíritu Santo, tal como Adán y Eva que no tuvieron madre o padre. La Iglesia es la esposa del Señor Jesucristo, y ¿cómo va a ser María la madre de Jesús y al mismo tiempo de su esposa? Esto no es místico, no es un misterio sino más bien ridículo.

La bienaventurada María de la Biblia no es madre de todas las gracias, porque la gracia procede eterna y exclusivamente de Dios. Tampoco dispensa la gracia, porque la gracia tiene su fuente en Dios y en el Señor Jesucristo, y no en los seres humanos, por piadosos que sean. María de ninguna manera es el trono de la sabiduría, porque la sabiduría viene de Dios. El Señor Jesucristo, "... nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención" (1 Co. 1:30b). Por lo cual, concluye el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo: "El que se gloría, gloríese en el Señor" (1 Co. 1:31b).

Los que rezan el rosario y le rinden culto a María se están gloriando en alguien que no es el Señor ni es la María de la Palabra de Dios. Están cometiendo un gran pecado del cual hay que arrepentirse. Están blasfemando, robándole al Señor Jesucristo su gloria, título y atributos por los cuales es digno de ser adorado. Están dándole sus atributos a una persona sin autorización divina. La verdadera María no es reina del cielo, porque para los que conocen su Biblia y les importa lo que dice, saben que el título, «Reina del cielo» es una designación idólatra de la mitología pagana de Babilonia, un título que se le adjudicaba a Semiramis, y en Egipto a Isis. Tal como dice Jeremías 44:17,18 y 25. Vemos por el versículo 15, que muchos de sus devotos eran mujeres. Este culto de devoción a mujeres, contaminó la iglesia cristiana, cuando bajo el estandarte de Constantino, los paganos empezaron a borrar los nombres de sus estatuas de diosas y poner en su lugar el nombre «María». No es cristiano ni bíblico ni apostólico.

María, la de la Biblia, ya nos dijo quién es ella. El ángel también habló y nuestro Señor Jesucristo lo ratificó, lo mismo los apóstoles. Todo esto constituye un testimonio contundente e innegable, que merece nuestro respeto y nuestra fe. Si a pesar de todo lo que he dicho quiere seguir venerando a esa «María» que la iglesia católica promociona, entonces, perdóneme por lo que voy a decirle, pero no es cristiano ni le importa la Palabra de Dios. Es devoto pagano de una diosa a quien le pusieron el nombre «María» para acaparar a devotos. Le aconsejo en el nombre de Jesucristo, que sea honrado, que no siga ciegamente la tradición, sino que investigue en el temor de Dios, con un afán legítimo por saber la verdad y agradar a Dios.

Lea la Sagrada Biblia, escudríñela, y si no encuentra en ella el culto a María, entonces arrepiéntase y pida perdón a Dios. Desista de llamar a María por títulos que no se encuentran en ninguna parte de la Biblia. Siga el consejo de la verdadera María y el de Juan el Bautista. Su consejo es que honre, siga y obedezca al Señor Jesucristo. Que confíe plena y únicamente en él. Toda la gracia de Dios está en él. Toda la salvación y el socorro que pueda necesitar en esta vida están en él. El Señor Jesucristo es el único mediador, el único camino de salvación.

Las apariciones de María

Pero las cosas no se limitan al culto y adoración a María, sino que es obvio que algo más está ocurriendo estos últimos días. Con la conclusión del milenio y el inicio del nuevo, literalmente nos hemos visto saturados con especiales de televisión dedicados a las apariciones de la virgen, sus profecías, las profecías de la virgen de Fátima, etc. También con las noticias de crucifijos e imágenes de «María» que sangran o de apariciones. Fascinados por estas supuestas manifestaciones y por los asombrosos testimonios de sanidad y otros eventos milagrosos, ríos de personas acuden a venerar a estas imágenes.

A diario escuchamos historias a través de las cadenas hispanas de televisión en Estados Unidos, de imágenes que sangran y de apariciones, tal como la virgen en Puerto Rico que en la actualidad está dando mensajes al rebaño. Muchas de las personas que acuden a ver estas imágenes e ídolos aseguran que al regresar a sus casas han experimentado un gran cambio, una profunda paz interior y una fe religiosa renovada. Naturalmente la vasta mayoría de esos que acuden a ver esos «milagros» son católicos romanos, aunque también en ocasiones van allí muchos protestantes curiosos. A pesar de que un grupo numeroso de personas han sugerido que los mensajes de estas supuestas «apariciones» son ecuménicos, la realidad es que son 100% católicos romanos, muy similar es además a las supuestas apariciones y mensajes de Lourdes y de Fátima los cuales fueron reconocidos oficialmente como «milagros» por la iglesia católica romana.

No obstante, las preguntas que debería formularse todo cristiano sincero es: «¿No sería posible que estas apariciones fuesen una falsificación de Satanás? ¿No podría ser el caso que el Diablo, tal como dice 2 Tesalonicenses 2:9: ‘con gran poder y señales y prodigios mentirosos’ esté arrastrando a millones y confirmándolos en un falso sistema religioso?» Una cosa es bien cierta, los cristianos deben tener discernimiento. La Biblia está colmada de palabras de advertencia, alertándonos para que no creamos que todo lo que parece «milagroso» necesariamente proviene de Dios: "Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios" (1 Ti. 4:1). La Biblia deja bien claro que los «espíritus engañadores»estarán bien activos en los últimos días y que tendrán éxito, apartando a muchos de la fe verdadera en Dios y condenando para siempre sus almas.

Siendo que hay sólo dos fuentes posibles que provoquen los fenómenos sobrenaturales, hay dos cosas que debemos preguntarnos antes que todo, y son:

• ¿Está ocurriendo verdaderamente algo sobrenatural? y

• ¿Proviene todo eso de Dios o de Satanás? 

Esto fue exactamente lo que el apóstol Juan quiso decir cuando nos amonestó con estas palabras: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo" (1 Jn. 4:1). El hecho de que alguien vea una aparición que declare ser María, José, un ángel, un familiar muerto o quienquiera que diga ser, no garantiza necesariamente que la tal aparición sea quién dice ser. Porque ¡bien podría ser un demonio personificando a determinado santo o persona!

Dios nos ha advertido en su Palabra que Satanás es un mentiroso, ya que no desea que estemos ignorantes de sus tretas: "para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones" (2 Co. 2:11). Satanás tiene muchos trucos debajo de su manga, porque es sin duda el más inteligente de todos los falsificadores y a menudo se disfraza en forma muy ingeniosa. No nos equivoquemos, cuando Satanás se muestra ante las personas no lo hace como un feo monstruo con cola y cuernos como muchos le imaginan, sino que bien puede aparecerse como un hermoso ángel, como un dulce caballero o como el espíritu de un santo muerto. Es por eso precisamente que la Biblia nos dice que probemos a los espíritus para determinar si provienen de Dios: "Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia..." (2 Co. 11:14,15).

El diablo es un engañador, un mentiroso y un experto en disfraces. Él se disfraza en forma astuta presentándose ante las personas como alguien bueno, puro y justo para engañar con toda su ponzoña. De esta forma arrastra consigo a multitudes de almas y hace que se aparten del verdadero cristianismo. Pero Satanás no sólo se disfraza, no sólo falsifica, sino que también puede obrar milagros para engañar a muchos, por eso el Señor Jesucristo nos dio esta advertencia: "Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos" (Mt. 24:24).

Ciertamente Satanás puede hasta falsificar los milagros genuinos de Dios, de otra manera el Señor Jesucristo no nos habría dado tal advertencia. La Biblia nos brinda en el libro de Éxodo un ejemplo poderoso de esos milagros inspirados satánicamente, cuando los hechiceros de Egipto duplicaron o falsificaron los milagros legítimos de Dios: "Vinieron, pues, Moisés y Aarón a Faraón, e hicieron como Jehová lo había mandado. Y echó Aarón su vara delante de Faraón y de sus siervos, y se hizo culebra. Entonces llamó también Faraón sabios y hechiceros, e hicieron también lo mismo los hechiceros de Egipto con sus encantamientos; pues echó cada uno su vara, las cuales se volvieron culebras; mas la vara de Aarón devoró las varas de ellos" (Ex. 7:10-12).

Note bien que el poder sobrenatural de Dios transformó la vara de Aarón en una culebra frente a Faraón y sus siervos, pero que Satanás falsificó los milagros de Dios en virtud de hechicerías y encantamientos. ¡Si la vara de Aarón no hubiese devorado las de los hechiceros, los que no podían discernir fácilmente habrían creído que los milagros falsificados por Satanás provenían de Dios! ¡Satanás puede y de hecho obra milagros!, no en vano el apóstol Juan nos advirtió diciendo: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios..." (1 Jn. 4:l).

Con esto en mente, vamos a examinar y a discernir entonces todo lo que está ocurriendo en la actualidad y aplicando la prueba de la Escritura vamos a determinar con exactitud cuál es la fuente verdadera que origina estos milagros.

¿Manifestaciones demoníacas?

Estas apariciones que en su mayoría son de «María» están plagadas de inconsistencias indicando que las tales no son de María, sino que de hecho se trata de manifestaciones demoníacas. Recuerde que la Biblia nos insiste diciendo: "Examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Ts. 5:21). Pero permítame aclararle por qué estas apariciones no pueden ser de María.

Como dijera en un principio, María, la madre de Jesús, nunca enseñó o instruyó a nadie durante su entera vida. De hecho, en el libro de Hechos de los apóstoles no encontramos registrado de ninguna mujer que hubiese llegado a tener la suficiente presunción para enseñar en la iglesia. Sin embargo, vemos que eso es exactamente lo que hacen todas estas apariciones, dando mensajes personalmente a través de los videntes para los sacerdotes locales, obispos, Papa y a la humanidad en general.

El asunto en todo esto, es que las epístolas prohíben estrictamente que las mujeres enseñen o prediquen en forma ministerial: "La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio" (1 Ti. 2:11,12). "Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación" (1 Co. 14:34,35).

Estas visiones y apariciones de ultratumba parecen más bien un fenómeno ocultista o psíquico que mensajes enviados del cielo, y permítame explicarle por qué. Los trances que experimentan los videntes son idénticos al trance en que entran todos los practicantes del ocultismo alrededor del mundo. Raphael Gasson en su libro La desafiante falsificación, describe cómo los médiums espiritistas entran en trance de tal forma que los espíritus, quienes en realidad son entidades demoníacas, puedan aparecérseles. Gasson dice que durante el trance, «el propio médium no está consciente de nada de lo que se diga o se haga a su alrededor» y esto es exactamente lo que le ocurre en casi todas estas visiones. Durante su trance ellos no se advierten de las pruebas que están realizando en sus cuerpos, de los fuertes ruidos que hacen especialmente para distraerles e incluso ni siquiera se advierten de las personas que se paran frente a sus ojos.

Joseph A. Pelletier dice en la página 86 de su libro La Reina de la paz visita a Medjugorje, que uno de los videntes se sumía en trances tan profundos, «que un miembro de la Comisión de Investigación del Obispo, clavó una aguja en la espalda de Vicka, en el hombro y en su brazo. Y aunque esto hizo brotar la sangre que manchó su vestido, ella no manifestó haber sentido nada en absoluto».

Todos los videntes aseguran ver «luz» antes de que se aparezca la Madona. Virtualmente todos los escritores que han registrado eventos sobre apariciones hablan de estas «luces brillantes», o «luces como estrellas» que ven los videntes. El finado Joseph A Pelletier dice en la página 54 de su libro La Reina de la paz visita a Medjugorje, que «la luz es algo que siempre ven los videntes cada vez que se aparece la Madona...»

Gasson dice sobre este fenómeno en la página 88 de su libro La desafiante falsificación, que «frecuentemente en el curso de prácticas ocultistas con médiums inexpertos, los estudiantes ven muchas luces de colores... y cuando un médium está próximo a caer en trance, esos espíritus de luz a menudo pueden verse justo antes de que el espíritu guía se dispone a tomar control». El «guía» es ese espíritu demoníaco que posee al médium y toma control de su cuerpo y mente, el que provoca las visiones y le ofrece guía. La Biblia se refiere a tales demonios como a "espíritus de muertos", ofreciéndonos estas advertencias:

"No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos. Yo Jehová vuestro Dios" (Lv. 19:31).

"Y la persona que atendiere a encantadores o adivinos, para prostituirse tras de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la cortaré de entre su pueblo... Y el hombre o la mujer que evocare espíritus de muertos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán apedreados; su sangre será sobre ellos" (Lv. 20:6,27).

"No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos" (Dt. 18:10,11).

"Ya Samuel había muerto, y todo Israel lo había lamentado, y le habían sepultado en Ramá, su ciudad... Entonces Saúl dijo a sus criados: Buscadme a una mujer que tenga espíritu de adivinación, para que yo vaya a ella y por medio de ella pregunte. Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en Endor que tiene espíritu de adivinación. Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres, y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere. Y la mujer le dijo: He aquí tú sabes lo que Saúl ha hecho, cómo ha cortado de la tierra a los evocadores y a los adivinos. ¿Por qué, pues, pones tropiezo a mi vida, para hacerme morir?" (1 S. 28:3,7-9).

"Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina" (1 Cr. 10:13).

"Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores; se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira" (2 Cr. 33:6).

"Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?" (Is. 8:19).

Después de haber considerado toda esta evidencia nos vemos forzados a concluir que estos videntes experimentan trances como los médiums, y que la Madona que ellos dicen ver no es otra cosa más que un espíritu. El señor Gasson dice en uno de sus libros a este respecto: «El trance de los médiums está dividido en secciones, en un estado mental y otro físico. La forma más común de trance mental es la clarividencia y clariaudiencia, lo cual es el poder para ver y escuchar claramente cosas sobrenaturales».

Todo esto quiere decir entonces, que los ocultistas que entran en trance mental ven visiones y escuchan mensajes de demonios que se hacen pasar por espíritus de muertos. Para comprobar esto, Gasson enfatiza: «Sólo el médium puede ver el espíritu, a menos que otros en la congregación tengan también este don y esté a tono con la misma vibración».

Hay otro aspecto en estos extraños fenómenos que lo lleva a uno a creer que estas apariciones no son otra cosa más que manifestaciones demoníacas. Por ejemplo durante las apariciones de «María» en Medjugorje en varias ocasiones, la aparición invitó a las personas a que «la tocaran». Claro está, ella era invisible para todo el mundo con excepción de los videntes, sin embargo, a través de ellos invitó a cualquiera que lo deseara que fuese adelante y lo hiciera.

Con respecto a tal incidente, Pelletier dice que los videntes le dijeron a la multitud de espectadores: «Nuestra Señora los está mirando a todos y les dice que esos que deseen tocarla pueden hacerlo». Todos corrieron al lugar en donde se encontraba «Nuestra Señora» y los videntes comenzaron a guiar a las personas hasta donde estaba para que pudieran tocarla. Pero su velo fue pisoteado y los videntes gritaron: «¡Se ha ido!». Esos que la tocaron dijeron que sintieron sus manos entumecidas. En dos ocasiones en el mismo capítulo, Pelletier menciona la partida súbita de la aparición cuando esos que deseaban tocarla le pisotearon el velo. Mientras que los crédulos tal vez se encojan de hombros y atribuyan la súbita partida del espectro argumentando que «ella se sintió tal vez ofendida por los pies torpes de los espectadores», esos que están familiarizados con los fenómenos psíquicos reconocen de inmediato la asombrosa similitud de lo que ocurrió, con la retirada súbita del ectoplasma de un médium en trance cuando se asusta. Pero, ¿qué es el ectoplasma?

Gasson describe el ectoplasma como un fenómeno que se manifiesta durante las sesiones espiritistas y que define la categoría del trance al que él llama «trance físico», añadiendo: «Durante estas sesiones los espíritus operantes hacen uso de una sustancia que emana del propio cuerpo del médium. Esta sustancia es un vapor espeso medio luminoso que procede de la boca, oídos, nariz, ojos, o del estómago del médium... a esta niebla se la llama ectoplasma... y es la base del fenómeno psíquico».

Él dice que el ectoplasma sólo puede tocarse con el consentimiento del espíritu guía, pero que un sobresalto o que se toque en forma súbita, hace que el ectoplasma salte hacia atrás y regrese de inmediato al cuerpo del médium, «tal como si estuviera conectado al cuerpo del médium por un pedazo fuerte de elástico». Esto explicaría la desaparición inmediata de la visión de Medjugorje cuando los espectadores le pisaron el velo. Cuando comparamos las fugaces materializaciones de la aparición en Medjugorje y de otras supuestas apariciones con las apariciones del Señor Jesucristo después de su resurrección, podemos percibirnos de inmediato de los contrastes tan notables. Dice la Escritura que después de que el Señor Jesús resucitó...

Se presentó ante María y cuando ella le reconoció, tuvo que decirle: "No me toques porque aún no he subido a mi Padre..." (Jn. 20:17).

Cuando las mujeres salieron a darles las buenas nuevas a los discípulos de que el Señor había resucitado: "he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán" (Mt. 28:9,10).

En estos dos incidentes no advertimos nada fantasmagórico o espectral. No notamos en el Señor ninguna tendencia a desaparecer de súbito por un sobresalto, ni siquiera cuando las mujeres se abrazaron a sus pies o cuando María le tocó. De hecho, sabemos que después de su resurrección el propio Cristo invitó a sus discípulos a que le tocaran: "Luego dijo a Tomas: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente" (Jn. 20:27).

También leemos en la Biblia que Jesús comió con sus discípulos: "Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio" (Lc. 24:30). "Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor" (Jn. 21:12). Y además de todo esto: "...se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios" (Hch. 1:3).

Nadie se atrevería a negar que las diferencias son definitivas y que además nos llevan a la ineludible conclusión de que las supuestas apariciones de la «Virgen María» son sólo manifestaciones ocultistas de fenómenos psíquicos y que ciertamente no se trata de la madre de Jesús quien prohibió en forma expresa tales actividades.

Estas extrañas apariciones carecen de precedentes bíblicos. De hecho, en ninguno de los 66 libros de la Biblia que fueran escritos en un período de 1.500 años, se halla registrado algo similar a lo que está ocurriendo en estos últimos días. Y aunque los proponentes de las apariciones citan en forma desesperada los escasos incidentes de «ultratumba» mencionados en la Escritura para darle validez a su caso, la realidad es que tales relatos distan mucho de parecerse a lo que está ocurriendo de apariciones fantasmagóricas y estatuas que sangran.

Permítame citarle cuáles son los casos en que se apoyan para darle validez a sus reclamos:

• El capítulo 28 del libro primero de Samuel, en donde encontramos el recuento histórico de que el rey Saúl fue ante la bruja de Endor y le pidió que invocase el espíritu de Samuel, "... Y el rey le dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He visto dioses que suben de la tierra. él le dijo: ¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era Samuel..." (1 S. 28:13,14).

• Cuando Moisés y Elías se le aparecieron a Jesús y tres de sus apóstoles en el monte de la Transfiguración: "Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él" (Mt. 17:1-3).

• Las apariciones del Señor Jesucristo a sus discípulos después de su resurrección que se hallan registradas en Juan 20:11-29; 21:1-23; Mateo 28:9-20; Marcos 16:9-20; 1 Corintios 15:5-8; Hechos 1:3,4. Sin embargo, como ya citara anteriormente, estos relatos bíblicos lejos de apoyar las apariciones demuestran que las mismas no son divinas, note esto:

* Con excepción de las apariciones del Señor Jesucristo a sus discípulos, las otras apariciones que se hallan registradas en la Biblia sólo se sucedieron una vez, a diferencia de las repetidas apariciones que están sucediéndose en estos últimos días. El recuento bíblico registra estos eventos únicos para un tiempo y propósito específico. Pero no hay un sólo versículo en la Palabra de Dios que le dé validez a ninguna de estas apariciones.

* En el capítulo 28 del primer libro de Samuel, notamos que la aparición de Samuel ¡fue conjurada por una bruja! Esto era necromancia, una práctica condenada sin reservas por Dios. No es simple coincidencia que este pasaje en que se registra la detestable práctica ocultista exhiba tres asombrosas similitudes con lo que se registró en Medjugorje, ambos eventos comparten características comunes con rituales ocultistas, permítame citarlas:

• Un vidente, o videntes, que actúan como médiums para conjurar y comunicarse con la aparición.

• El hecho similar de que, sólo la bruja en el caso de Saúl, y los videntes en los casos de Fátima, Lourdes o Medjugorje, fueron los únicos que pudieron ver la aparición.

• El poder aplastante tanto de parte de Saúl como de parte de los visionarios de hacer algo que está prohibido por Dios, algo que él define como comunicación con los espíritus de muertos. La Escritura declara: "Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones. No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu Dios echa estas naciones de delante de ti" (Dt. 18:9-12).

 Uno puede ver fácilmente por lo menos dos propósitos específicos en la transfiguración:

• El propio Señor Jesucristo fue fortalecido y animado por la visita celestial en preparación para su muerte.

• Sirvió para confirmar la fe de los discípulos con respecto a la naturaleza divina de Cristo, en preparación contra el ataque que habrían de sufrir después de su muerte.

Es obvio que la fe y confianza de los apóstoles necesitaba ser fortalecida, tal como dice este comentario: «Podemos imaginar muy bien que este era un tiempo de intensa depresión en el pequeño grupo de Jesús. La popularidad de su Maestro se había evaporado entre el pueblo. Sus poderosos enemigos parecían estar cada vez más cerca rodeando al Maestro a quien estaban determinados a aplastar. El Señor Jesucristo les había comunicado a ellos sus últimas recomendaciones, todo presagiaba un tiempo de peligro y sufrimiento en el futuro inmediato, tanto para él como para sus apóstoles. El propósito de esta grandiosa visión de gloria conocida como la transfiguración, cuando Dios permitió que se aparecieran estos santos: Moisés quien había muerto y Elías quien fuera arrebatado vivo al cielo, parece haber sido inspirarle a los apóstoles mayor confianza en el Señor Jesucristo. Es cierto que sólo tres discípulos presenciaron esta visión, pero los tres eran representativos de los doce. Y no hay duda que la actitud de ellos se reflejó en sus compañeros».

Es innegable que por haber testificado este evento los apóstoles quedaron mejor equipados para enfrentar los días venideros. Pedro nunca lo olvidó, confirmándolo con sus propias palabras: "Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo" (2 P. 1:16-18). Incluso la transfiguración fue un testimonio grandioso directo desde el cielo de que Jesús era ese de quien hablaban las profecías del Antiguo Testamento las que se habían cumplido en él.

Sugerir siquiera que hay semejanzas entre la transfiguración y las "apariciones" de estos últimos días, revela ignorancia completa de los hechos. La aparición de Moisés y Elías fue algo único, un evento de una sola vez. En contraste, estas supuestas apariciones ocurren a cada rato. De hecho, esta frecuencia las hace más inconsistentes, haciéndolas lucir como sospechosas en el mejor de los casos, o como demoníacas en el peor. Incluso hasta los propios católicos que promueven estas apariciones se han visto forzados a poner en tela de juicio su autenticidad debido al número increíble de veces que se repiten.

¡En el monte de la transfiguración fue el propio Señor Jesucristo quien se transfiguró! "... La apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente" (Lc. 9:29). A los apóstoles se les permitió ver parte de esa gloria que él tuviera antes con el Padre (Jn. 17:5). Sin embargo, en todas estas apariciones ¡es siempre "María" quien recibe la honra! y tal cosa está en desacuerdo con Isaías 48:11 en donde Dios declara: "... Y mi honra no la daré a otro".

En la transfiguración toda la atención estaba dirigida a Cristo. Él era quien iba a morir por los pecados de los hombres y quien iba a ser glorificado y adorado. Cuando el apóstol Pedro sugirió que debían construirse "tres enramadas", una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías, Dios inmediatamente los cubrió con una nube. Pero veamos mejor lo que dice la Biblia: "Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía. Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd" (Lc. 9:33-35).

Es interesante notar que apenas Pedro hizo tal insinuación, ¡Dios los cubrió con la nube para no permitir que se les diese honra, gloria o devoción a Moisés o a Elías! ¡Porque era el Señor Jesucristo quien debía tener un lugar preeminente en la vida, corazones y pensamientos de los discípulos! Dios en forma directa corrigió el pensamiento sincero aunque equivocado de Pedro, dirigiendo su atención por completo hacia Cristo y diciendo: "¡Este es mi Hijo amado; a él oíd!"

¡Cuán diferente es todo esto a las apariciones de que oímos hablar a diario! En ellas casi toda la atención se aparta de Cristo y se le otorga a "María". Allí, ella es el foco central de oración, adoración y atención. Allí sus palabras son más importantes que la Palabra de Dios y la devoción a "María" suplanta la de Cristo. Si fueran realmente de parte de Dios, si fuese verdaderamente María, ella actuaría en completa armonía con lo que está registrado en la Biblia sobre su persona. No diría nada de sí misma, porque ni siquiera el Espíritu Santo habla de sí mismo, tal como dijo el Señor Jesucristo: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad... El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber" (Jn. 16:13,14). Si fuese ciertamente María, rehusaría que la adorasen, porque así lo hizo mientras estuvo en la tierra. Haría que toda la adoración fuese dirigida a Cristo.

Sin embargo, estas apariciones demandan adoración a "María". En su libro sobre apariciones, Pelletier dice: «Nuestra Señora pide que los miembros de los grupos de oración y meditación se consagren al corazón de ella, que se le entreguen por completo». Es obvio que tal petición está en oposición con Isaías 42:8 en donde Dios dice: "Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas".

Por consiguiente y de acuerdo con la Palabra de Dios, estas apariciones no son de María, sino de una entidad que la personifica, con el único propósito de apartar a multitudes de la adoración verdadera. ¡Cuán trágico es ver que los hombres no escuchan las amonestaciones de Dios y las de la propia María, sino que a cambio están atendiendo a los deseos de apariciones satánicas que exigen devoción para sí, en lugar de pedirla para Cristo nuestro Señor! ¿Acaso no es lo que siempre ha querido hacer el diablo? ¿Acaso no ha anhelado siempre que los hombres no adoren a Cristo sino que le adoren a él?

Dios ya nos ha dado todas las revelaciones que necesitamos. Nos dio a su Hijo, al Señor Jesucristo para que sufriera y muriera por nuestros pecados y él, Jesús, nos dio su mensaje completo en la Biblia. Las Sagradas Escrituras están completas, contienen toda la revelación de Dios a los hombres y no dicen en ningún lugar que Dios enviaría a "María" o a ningún otro emisario con "mensajes" para nosotros. Ya tenemos la Biblia y estamos obligados a creer en ella y a obedecer sus preceptos. ¿O acaso creemos que Dios es voluble? ¿Que cambia de forma de pensar de un día para otro, o de mes en mes, año tras año o siglo a siglo? ¿Cree usted que Dios hará ahora algo que rehusó hacer en el pasado? Positivamente tenemos que responder a estas interrogantes con un enfático NO. De hecho, uno de los primeros atributos de Dios es su inmutabilidad, PORQUE DIOS NUNCA CAMBIA. "Porque yo Jehová no cambio..." (Mal. 3:6). "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (He. 13:8).

Dios no está enviando a María a ningún lugar para que le confíe mensajes al mundo a través de los videntes. Dios ya ha declarado en la Biblia que NO HARÍA TAL COSA. Estas apariciones provienen de otra fuente. ¡Y una vez más nos vemos forzados a concluir, por la prueba de las Escrituras, que el origen de esta fuente es Satanás! Cuando los escribas y fariseos le preguntaron a Jesús, "Maestro, deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás" (Mt. 12:38,39).

Esos que están poseídos por una fe equivocada rehusan ser libres por la sangre preciosa del Señor Jesucristo y prefieren depositar su fe en un engaño. Todas estas supuestas apariciones e ídolos que sangran, se originan del padre de la mentira. Sólo tenemos un camino y ese es a través de nuestro único mediador, porque la Biblia dice: "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Ti. 2:5).

 Existe mucho desacuerdo, incluso hasta entre eruditos bíblicos conservadores, con respecto a si la aparición era o no del profeta Samuel muerto, o si era una entidad demoníaca que le personificó. La palabra de Dios nos deja saber con certeza, que ningún ocultista (bruja, nigromante, espiritista, médium, parapsicólogo, etc.) tiene poder para comunicarse con los espíritus de los muertos.

La llamada invocación de los muertos es o fraudulenta o una falsificación demoníaca. Por lo tanto, la bruja de Endor o era una farsante o una médium con un espíritu guía. La iglesia judía primitiva y los primeros padres de la iglesia, tal como el mártir Justino, Orígenes y Agustín creían que en este único caso en particular, Samuel en virtud de una provisión especial de Dios verdaderamente se le apareció a Saúl.

Otros escritores como Tertuliano, Jerónimo, Lutero y Calvino creían que había sido un demonio el que personificó a Samuel. No vamos a argumentar nada con respecto a estos dos puntos de vista, note solamente que cualquiera haya sido el caso, los medios que usó la bruja para comunicarse con la aparición fueron ocultistas y por consiguiente eran abominables y estaban absolutamente prohibidos por Dios.

Son incontables las Escrituras que condenan tal práctica, demasiado numerosas para mencionarlas todas, sólo citaré alguno de los libros en donde están registradas, como por ejemplo: Deuteronomio 18:9-14; Éxodo 7:11,12; 22:18; Levítico 19:26,31; 20:6,27; 1 Crónicas 10:13,14; 2 Reyes 21:5,6; Isaías 2:6; Jeremías 27:9,10; Zacarías 20:2; Malaquías 3:5; Hechos 8:9-40; 16:16-40; 19:19; Gálatas 5:16-21; 2 Timoteo 3:8; Apocalipsis 21:8; 22:15.

Un examen cuidadoso de estos pasajes revela que Dios sin reserva condena a todos los que participan en actividades ocultistas. De hecho, Dios juzgó precisamente al rey Saúl por haber buscado una bruja para comunicarse con el profeta Samuel que ya había muerto: "Así murió Saúl por su rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra de Jehová, la cual no guardó, y porque consultó a una adivina, y no consultó a Jehová; por esta causa lo mató, y traspasó el reino a David hijo de Isaí" (1 Cr. 10:13,14).

La transfiguración del Señor Jesucristo está mencionada en cada uno de los evangelios sinópticos y este incidente es citado por los defensores de las apariciones como un supuesto precedente de «las apariciones actuales de María». Pero, ¿cree usted que esto es suficiente para darle validez a todos estos extraños fenómenos que están ocurriendo en estos últimos días? La realidad es que son tan diferentes que lejos de darle validez lo único que hace es demostrar lo opuesto.

Esta es la explicación que brinda La Enciclopedia Wycliffe sobre la transfiguración: «Lucas 9:29 nos deja saber que la transfiguración tuvo lugar ‘en tanto (que el Señor) oraba’. Los discípulos que estaban dormidos se despertaron y vieron al Señor Jesucristo transfigurado. Su rostro brillaba con una luz semejante a la del sol, incluso tal como brilla después de su ascensión y glorificación y como así lo revela el libro de Apocalipsis, además sus vestiduras eran blancas como la nieve: ‘Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza’ (Ap. 1:14-16).

La gloria que el Hijo de Dios poseía por propio derecho regresó a él por un momento, él mismo así lo declaró: ‘Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese’ (Jn.17:5). La misma voz que dijera al momento de su transfiguración: ‘Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd’ (Mt. 17:5), fue la misma que se escuchó al momento de su bautismo: ‘Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia’ (Mat. 3:16,17). Esto identificó a Jesús no sólo como el Mesías, sino también como el profeta anunciado en Deuteronomio 18:15-19, el único que podía proclamar verdaderamente que la muerte de cruz que iba a sufrir era la voluntad de Dios.

La transfiguración marca una etapa importante en el ministerio y revelación del Señor Jesucristo. Por eso cuando ocurrió, dos grandes representantes del Antiguo Testamento, el de la ley llamado Moisés y Elías el de los profetas, se unieron a Jesús para consumar el plan de la muerte expiatoria de Cristo, su sepultura y resurrección, de ‘su éxodo’ como dice el texto original griego en Lucas 9:31. Es decir que se había profetizado por anticipado que su pasión sería el medio de redención de su pueblo y así fue tipificado en el Antiguo Testamento, por el cordero pascual sacrificado antes del éxodo del pueblo de Israel desde Egipto.

Moisés y Elías eran similares en el hecho de que ambos tuvieron una visión de Dios en un monte, Moisés en el de Sinaí y Elías en el de Horeb: ‘Entonces Moisés subió al monte, y una nube cubrió el monte. Y la gloria de Jehová reposó sobre el monte Sinaí...’ (Ex. 24:15,16a). ‘... (Y Elías) Caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios. Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová...’(1 R. 19:8b,9a). También eran similares porque ninguno conoce el lugar de sepultura de los dos: ‘Y murió allí Moisés... y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy’(Dt. 34:5a,6b). ‘Y Elías subió al cielo en un torbellino... Y nunca más le vio...’ (2 R. 2:11b,12b). Además, ambos son mencionados en los versículos finales del Antiguo Testamento: ‘Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel. He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible’ (Mal. 4:4,5)».

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