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Los evangélicos abandonan la autoridad bíblica

La apostasía está desenfrenada entre la iglesia evangélica hoy.  Por lo menos esa es mi perspectiva, al igual que la de cualquiera que ha observado las tendencias religiosas y todo lo que ha ocurrido en las últimas tres décadas.  No obstante, antes de presentar los asuntos específicos que me preocupan, permítame definir algunos términos.

•   El uso de la palabra «evangélico» en este artículo, simplemente se refiere a esos que dicen que consideran que la Biblia es la única autoridad en los asuntos de fe y práctica.
•   «Apostasía»:Implica esas enseñanzas y hábitos que son contrarios a la Palabra de Dios, pero que sin embargo seducen y engañan tanto a quienes profesan ser cristianos, como a cristianos verdaderos.
•   «Apostasía bíblica»: Es el abandono de la fe verdadera que resultará en un cristianismo falso bajo el control del anticristo.  Tal como anticipa la Escritura: “Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Ts. 2:3).

Aunque la culminación de la apostasía tendrá lugar después del rapto de la Iglesia, varios aspectos de esta religión apóstata continuarán atrapando a muchos creyentes a todo lo largo de su desarrollo.

En cierto momento en el futuro habrá un rechazo total por el cristianismo bíblico, seguido por la religión del anticristo, la que tendrá una apariencia de cristianismo que será aceptable para todos los credos.  Esta perversión no sucederá de súbito cuando el anticristo aparezca.  El proceso comenzó hace muchísimo tiempo en el huerto del Edén con el engaño de Satanás a Eva, y se está convirtiendo cada vez más en una influencia corruptora dentro del cristianismo, conforme se aproxima el tiempo de la aparición del falso mesías a quien el mundo entero adorará, tal como está profetizado en el capítulo 13 de Apocalipsis.

Satanás inició su diálogo con Eva, plantando la semilla de la duda respecto a la ordenanza que diera Dios, cuando le dijo: “...¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (Gn. 3:1b).  Desde entonces, esta pregunta del adversario ha sido la estrategia principal para inducir la rebelión en contra del Creador.  Sus implicaciones impugnando el carácter de Dios y aprobando los razonamientos del hombre parecen interminables.  Como por ejemplo: «¿Por qué Dios trató de privarnos de algo bueno?»  «¿Está realmente en control de todas las cosas?»  «¿Hace Dios las reglas?»  «¡No hay absolutos!»  «Usted necesita considerar lo que Él dice desde su propia perspectiva...», etc.

A pesar de que cuando Eva respondió, repitió la orden que le diera Dios, le añadió su propio pensamiento.  Note que la ordenanza original de Dios fue: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn. 2:16b, 17).  Sin embargo, “...la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, NI LE TOCARÉIS, para que no muráis” (Gn. 3:2, 3).  Eso es lo que ocurre cuando tienen lugar diálogos respecto a absolutos: que se le añade a la verdad o se le quita.  Trágicamente muchos cristianos no le ven nada de malo a que se escriba de nuevo la Palabra de Dios.  Están perfectamente contentos con el contenido de sus versiones de la Biblia en las que se ha hecho exactamente eso.
En respuesta a Eva, Satanás de manera evidente rechazó la advertencia de Dios de que morirían como resultado de su pecado y añadió: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Gn. 3:4b, 5).  Con esto, afirmaba que Dios era un mentiroso y al mismo tiempo lo estaba desechando.  Ese siempre ha sido el juego de Satanás.  La serpiente entonces convenció a Eva de que si obedecía la orden de Dios se privaría de la iluminación, de la divinidad y el conocimiento, y así limitaría severamente su potencial.

Las variaciones de esta mentira básica, de ese que ha sido mentiroso desde el principio, han engañado exitosamente a la humanidad a lo largo de la historia: “...Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él.  Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Jn. 8:44b).

La afirmación de Satanás “...¿Conque Dios os ha dicho...?” (Gn. 3:1b), atacando directamente la Palabra de Dios, ha llevado tanto a quienes profesan ser cristianos, como a cristianos verdaderos a la apostasía.  Cuestionar o rechazar lo que Dios ha dicho en las Escrituras es el corazón para instigar la rebelión religiosa.  Las razones son obvias:

•   Si no podemos confiar en la Biblia como la comunicación específica del Creador a la humanidad, entonces sólo nos quedaremos con las opiniones y conjeturas de los hombres acerca de Dios y lo que él desea.
•   Las especulaciones de una humanidad finita acerca de su Creador infinito, no son sólo terriblemente erróneas, sino diabólicas, porque son generadas por la naturaleza pecaminosa y egoísta del hombre.
•   Hasta un creyente verdadero puede ser arrastrado a las tinieblas sin la luz y lámpara de la Palabra de Dios.  Como dijo el salmista: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino” (Sal. 119:105).

Aunque por siglos la Biblia ha estado bajo un ataque continuo, la estrategia de la serpiente antigua cuando dijo: “¿Conque Dios os ha dicho?”, ha demostrado ser la más mortal de todas.  El proceso involucra que los cristianos evangélicos se aparten del conocimiento, de la comprensión y dependencia de la Palabra de Dios.  El objetivo es producir un cristianismo superficial, de analfabetos bíblicos con respecto a lo que enseña la Escritura, y quienes por consiguiente carecen de una base y no tienen interés por discernir la verdad bíblica del error.  Por “analfabetos bíblicos” me refiero a esos evangélicos que saben leer, que tienen su Biblia o un Nuevo Testamento, pero que en raras ocasiones los leen, prefiriendo recibir su conocimiento bíblico de alguna otra fuente.

Condicionados por el proceso subversivo del abandono de la “leche” de la Palabra, estos cristianos bíblicamente superficiales tienen poca o ninguna preocupación por la doctrina, olvidando la amonestación de Pedro, quien dijo: “Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 P. 2:2).  Se especializan en la experiencia, siendo sus sentimientos los que determinan casi exclusivamente lo que creen.  El apóstol Pablo hablando proféticamente de los últimos días, parecía tener esto específicamente en mente cuando dijo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Ti. 4:3, 4).

Hace un par de décadas, la referencia obvia con respecto a la advertencia de Pablo habrían sido los carismáticos y pentecostales extremistas, con su obsesión por sanidad, prosperidad y espiritualidad energizada por su búsqueda incesante de dones, señales y prodigios.  Hoy, el cristianismo sediento de experiencias se ha extendido más allá de los límites de lo que es considerado un elemento evangélico marginal.  Ahora impregna toda la Iglesia, incluyendo esas denominaciones y movimientos que en un tiempo fueron conocidos por sus puntos de vista doctrinales conservadores y adherencia a la Biblia.  Ellos han bloqueado de manera vigorosa sus puertas del frente a las engañosas señales y prodigios, mientras les han abierto las entradas laterales y los cuartos de los niños, en formas menos obvias, a los proveedores de la experiencia, con consecuencias igualmente desastrosas.

Antes de presentar ejemplos del cristianismo fundado en experiencias de hoy, es necesario entender que el cristianismo verdadero se basa tanto en la doctrina como en la experiencia.  Incluye una relación personal con el Señor que comienza cuando uno entiende la doctrina, es decir, la enseñanza bíblica de salvación, el evangelio de Cristo, y lo acepta por fe.  Cuando esto ocurre, el Espíritu Santo viene a morar en la persona.  Como dice la Escritura:

•   “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Ef. 1:13).
•   “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Ef. 4:30).
•   “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros.  Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él” (Ro. 8:9).

Cuando uno comprende todo lo que el Señor hizo por nosotros, sentimos un amor profundo y verdadero por él.  Es entonces cuando nuestra relación y amor por Jesús crece mediante el conocimiento y obediencia a su Palabra dada en la Biblia.  Además, conforme maduramos en la fe los frutos del Espíritu se manifiestan ampliamente en nosotros, tal como dice Gálatas 5:22: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”, todo esto es parte de la experiencia.  Pero entonces...  ¿Cuál es el problema con la experiencia?

El principal error en la iglesia evangélica hoy, es que las experiencias, sentimientos, emociones, pasiones, intuición, etc, se han convertido en la guía por intentar establecer la espiritualidad verdadera.  En lugar de que los sentimientos y emociones subjetivas se manifiesten como un resultado de nuestra adherencia a la sana doctrina, se han convertido en el juez que determina o no, si algo es verdaderamente cristiano.  En vez de probar una enseñanza, práctica o situación por la Palabra de Dios, el árbitro es la “forma cómo uno se siente al respecto”.  Esto pone la imaginación humana en el asiento del juicio.  Ese pensamiento solo debería provocar una emoción en el corazón de cada cristiano que cree en la Biblia: ¡horror absoluto!  Sin embargo, doctrinalmente es incluso más aterrador.

Dos veces en el libro de Proverbios, casi exactamente en los mismos términos, se nos dice: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Pr. 14:12).  En otras palabras, si un hombre se guía por lo que piensa o siente, independientemente y en oposición a lo que Dios ha declarado, las consecuencias generarán su destrucción.  La muerte es la separación del espíritu y alma, del cuerpo; por consiguiente, la muerte incluye separar al hombre de la luz de la verdad de Dios: “¡A la ley y al testimonio!  Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8:20).

Las experiencias que hacen que el hombre se sienta bien, son como una levadura abriéndose camino a través de toda la iglesia, mientras socavan la verdad bíblica.  Hoy día hay muchas manifestaciones infecciosas.  El énfasis mayor son las señales y prodigios, sanidad y prosperidad, el «rhema contra el logos», el «logos»es conocer a Dios por su Palabra y el «rhema»por la experiencia, los nuevos apóstoles y profetas, el reino y dominio, redimiendo la cultura de las misiones, la guerra espiritual estratégica, la sanidad interior, los doce pasos, la psicología cristiana, el activismo social evangélico, el ecumenismo, el crecimiento de la iglesia, una iglesia con propósito, la iglesia emergente, el misticismo contemplativo, el entretenimiento en la iglesia, la adoración contemporánea y las nuevas versiones acomodadas de la Biblia.  Todos estos movimientos están en oposición a las claras enseñanzas de la Palabra de Dios, sin embargo multitudes los siguen ansiosamente.

A pesar que estos diversos intentos a menudo se superponen en términos de conceptos y métodos, comparten una tendencia común: mientras de boca alaban las Escrituras, todos ellos, así sea por ignorancia, porque se engañan a sí mismos, o por un engaño planeado, pervierten críticamente sus enseñanzas.  El camino que le parece derecho al hombre, el camino que parece correcto, produce crecimiento numérico, parece más espiritual, mueve a las personas emocionalmente, parece mover a Dios en favor de uno, sirve para unir a los fieles, hace que todos se sientan más cerca de Dios y que se sientan mejores respecto a sí mismos, es más positivo, llena las bancas de los templos con más personas, impresiona al mundo, además no juzga a nadie.  Es ese camino el que está eliminando sistemáticamente toda preocupación por la sana doctrina dentro de la iglesia.  Son estas experiencias entre los evangélicos, opuestas a la doctrina, las que están anunciando la apostasía.

Me falta espacio para explicar todos los movimientos mencionados más arriba, aunque he estado hablando de ellos por años.  Aunque en ocasiones están conectados por individuos, metodologías similares o metas, el pegante básico que esencialmente los mantiene unidos a todos, es la propensidad a la experiencia subjetiva por encima de la Palabra escrita.  Todos están trabajando desde esta misma premisa antibíblica.

Los carismáticos y los pentocostales extremistas tienen la enseñanza fundamental, de que la forma cómo Dios se comunica hoy, es aparte de la Biblia.  Que Dios trata directamente con las personas, particularmente a través de una generación de apóstoles y profetas.  A esta “nueva forma” se le llama «el rhema de Dios», en supuesto contraste con el «logos»,el cual es categorizado como la forma antigua escrita.  Uno de sus máximos líderes, Charles Peter Wagner, fundador de Global Harvest Ministries (El ministerio de la vendimia global), asegura que Dios está instruyendo a la Iglesia en muchas formas y que ésto lo hace por medio de sus profetas modernos.  Por consiguiente, a juzgar por lo que se está promoviendo, la Biblia tiene muy poco valor o prácticamente ninguno.  Esta enseñanza no sólo es antibíblica, sino que ha sido el catalizador para la mayoría de rituales espirituales falsos del siglo pasado, de la proliferación de falsos profetas, de la creencia que es necesario atar a los espíritus para poder tomar dominio de ciudades, de países y finalmente del mundo para “el Señor”.

Las experiencias que están utilizando los evangélicos hoy para acercarse a Dios, tal como la visualización y la meditación, son las mismas técnicas usadas por los contempladores y místicos.  Richard Foster y otros han derivado su enfoque para su supuesta formación espiritual de los “santos y místicos” católicos.  Foster redactó la Biblia de Formación Espiritual Renovaré, para apoyar su enfoque bíblico, aunque sus comentarios difaman la Escritura y rebajan la sana doctrina.  Hace varias décadas, Foster introdujo las técnicas del misticismo oriental en la iglesia, en la “Celebración de Disciplina” la que fuera adoptada rápidamente como lectura obligatoria para liderazgo en las Cruzadas Estudiantiles.  Ahora su agenda de formación espiritual es fundamental para la Iglesia Emergente, un movimiento creciente en Estados Unidos entre evangélicos de 20 a 30 años, quienes son atraídos por liturgias sensuales, tales como velas, incienso, la repetición de “mantras”, las vestimentas, rituales, estatuas, iconos y otras cosas más, tomados del catolicismo romano y de la Iglesia Ortodoxa de Oriente, como supuestos medios para incrementar su formación espiritual.

Eugene Peterson, un contribuyente de la Biblia Renovaré, tiene su propia versión de la Biblia, la cual es extremadamente popular, se titula El Mensaje.  En esta perversión humanista y culturalmente aceptable de la Palabra de Dios, y gracias a la supuesta licencia poética, se manifiestan de manera evidente las experiencias.  Sin embargo, esta “Biblia” es promovida ardorosamente por Rick Warren.  Nuestra Biblia Versión Reina-Valera dice en Mateo 16:25: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará”, pero ahora vea lo que dice la versión El Mensaje en este mismo versículo: “El esfuerzo propio no es para nada ayuda.  La abnegación es el camino, mi camino para encontrarme a mí mismo, al verdadero yo”.  ¡Trate de encontrar cualquier otra sugerencia al “yo verdadero” en otra versión de la Biblia de este versículo!  Esta es la levadura de la psicoterapia, la cual es completamente experimental y subjetiva, pero que ha penetrado en la Iglesia.

Aunque están en guardia en contra de los abusos bíblicos de los carismáticos, incluso hasta las iglesias evangélicas más conservadoras han sido engañadas por las metodologías auto-orientadas y sensitivas de la psicología.  Nada en el cristianismo contemporáneo ha elevado más el clamor de la serpiente cuando dijo: “...¿Conque Dios os ha dicho...?”, que la llamada psicología cristiana, la que desafía claramente lo que enseña la Escritura.  Desde el psicoanalizado y cristianizado programa de los Doce Pasos para los alcohólicos anónimos, el programa «Celebremos la Recuperación» que la iglesia Saddleback de Rick Warren ha propagado en miles de iglesias, los ministerios ocultistas de sanidad interior, tal como la Casa de Elías de John y Paula Sandford, hasta las enseñanzas humanistas de Enfoque a la Familia de James Dobson, la levadura psico-espiritual sigue propagándose sin disminuir.

El movimiento para crecimiento de la iglesia ha impulsado el experimentalismo y su pariente cercano el pragmatismo hasta el máximo, por medio del poder del comercio.  La sana doctrina ha sido puesta a un lado mientras las iglesias satisfacen las necesidades de los consumidores considerados como cristianos potenciales.  Descartaron la convicción por el pecado, porque tal cosa impedía que la gente se sintiera bien, porque no atraía a nadie, ni vendía.  El único anhelo de “la iglesia con propósito” es atraer a los perdidos, y para hacerlo no le ha importado recurrir a los métodos del mundo, de hecho en su esfuerzo titánico ha ignorado todo tipo de advertencias y ha desechado por completo las doctrinas de Cristo.  Mientras se buscan grupos de rock y de música contemporánea que “los acerque más a Dios”, toda la iglesia se está hundiendo en las profundidades del compromiso mientras reparte salvavidas temporales tratando de salvar al mundo de sus problemas.  Este es el camino que parece derecho para el mundo y para un número asombroso de esos que profesan creer en la Biblia.

Irónicamente, en nuestros días se está viendo más televisión, entretenimiento cristiano, juegos cristianos tal como Los que se quedan: Fuerzas eternas, y nuevas versiones de la Biblia de toda clase.  El resultado ha sido la corrupción de la Palabra de Dios por carecer de sana doctrina, ¡especialmente cuando los que portan la batuta son los departamentos de mercadeo!  Es obvio que la iglesia evangélica de Estados Unidos y de la mayor parte del mundo refleja la tibieza de la Iglesia de Laodicea, como dice Apocalipsis 3:14-17: “Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!  Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.  Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”.  Todo esto y la búsqueda incesante de experiencias para hacer que las personas se sientan bien, ha dado como resultado un cristianismo superficial y frívolo, que se ha convertido en un contribuyente voluntario del gran engaño de los últimos días.

Pese a todo lo terrible de la situación, no tenemos razón para desanimarnos, por el contrario debemos estar animados y ser fructíferos, obedeciendo la exhortación inspirada de Pablo: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Ti. 4:16)

La corrupción de la Palabra de Dios

     La palabra profética de Dios es exacta, cumpliéndose así las palabras del apóstol Pablo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Ti. 4:3, 4).

     Es obvio por esta escritura profética, que la doctrina bíblica dejará de ser considerada como algo favorable.  La implicación es que se le verá como una carga, algo que los cristianos no desearán sufrirmás.  Conformarse a la sana doctrina involucra disciplina espiritual, diligencia solícita y adoptar decisiones basadas en la Palabra de Dios que van en contra de los deseos de la carne.

     Pero... ¿Qué es la sana doctrina?  Muy simple, son las enseñanzas de Dios incluyendo sus instrucciones, sus preceptos y mandamientos; en resumen, es cada palabra registrada desde Génesis hasta Apocalipsis.  Como dijo el propio Señor Jesucristo: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lc. 4:4).  No obstante, en los últimos días, muchos, si acaso no la gran mayoría de “cristianos” no soportarán la sana doctrina.

     Entonces, ¿qué quedará?  ¡La apostasía!  Una forma de cristianismo que es un simple remedo de lo que enseña la Biblia, que acomoda los deseos de la carne bajo el disfraz de piedad, tal como dice el apóstol Pablo en su segunda Epístola a Timoteo.  Además, habrá una gran cantidad de cristianos alrededor del mundo, quienes voluntaria o involuntariamente, sutil o no sutilmente, pero con seguridad, corromperán la sana doctrina y el proceso ya está avanzando.

     Como ya vimos en la primera parte de este artículo, la principal estrategia de Satanás en la seducción de la humanidad es socavar, pervertir, distorsionar, corromper, difamar, denigrar y negar las Escrituras por todos los medios posibles.  El producto final de su misión será una religión apóstata y una iglesia en la cual sus adherentes adorarán y seguirán al anticristo, al hombre de pecado, el anarquista que estará facultado con el poder de Satanás.  Llevar a cabo su misión involucra una fórmula simple que fue terriblemente efectiva en el huerto del Edén, a lo largo del Antiguo Testamento y en los tiempos apostólicos.  Ha continuado durante la historia de la Iglesia hasta nuestros días, induciendo a la humanidad para que se desvíe y para que finalmente termine por rechazar lo dicho por Dios.  Adán y Eva fueron los primeros en sucumbir.  La naturaleza pecaminosa que heredaron sus descendientes, ha hecho de ellos una presa aún más fácil para el adversario, el diablo, quien anda “...como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P. 5:8b).

     Dios de continuo le declaró a los israelitas que si le obedecían serían bendecidos, pero que si caminaban en desobediencia sufrirían las devastadoras consecuencias de su pecado: La separación de Él, y con esto la pérdida de su justa dirección y protección, además de sus varias acciones disciplinarias, las que incluían el estar sujetos a su ira.  La experiencia de Israel en el desierto durante el Éxodo y a lo largo de los siglos de rebelión y arrepentimiento, tal como está registrado en el libro de Jueces, testifican el hecho de que Dios es fiel a su Palabra y a sus advertencias.  Deuteronomio parece ser repetitivo y redundante, conforme Moisés una y otra vez le repite las instrucciones de Dios al pueblo de Israel, advirtiéndoles que debían obedecer lo que les ordenó: “Y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley.  Porque no os es cosa vana; es vuestra vida, y por medio de esta ley haréis prolongar vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella” (Dt. 32:46, 47).

     Samuel, el profeta y juez, hizo eco a las exhortaciones de Moisés más de tres siglos después, cuando dijo: “No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de Jehová, sino servidle con todo vuestro corazón.  No os apartéis en pos de vanidades que no aprovechan ni libran, porque son vanidades” (1 S. 12:20, 21).  El apartarse de Dios no sólo es una búsqueda en pos de la vanidad, algo que no vale la pena, sino que el proceso en sí es iniquidad.  Eso fue exactamente lo que le dijo Samuel a Saúl: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación.  Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 S. 15:23).

     La inspirada analogía de Samuel, no sólo hace hincapié en la perversidad de la rebelión, sino que al comparar la obstinación con la idolatría, provee una revelación que nos ayuda a reconocer los incentivos que usa Satanás para instarnos a desobedecer y que prevalecen en la Iglesia hoy.

     El tema dominante era la idolatría.  Dios le dio este mandamiento al pueblo de Israel: No tendrás dioses ajenos delante de mí.  No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra...  No hagáis conmigo dioses de plata, ni dioses de oro os haréis” (Ex. 20:3, 4, 23).  ¿Y cuál fue la respuesta de ellos?: “...Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos” (Ex. 24:7b).  Sin embargo, días después, cuando Moisés demoró en regresar desde el monte Sinaí y tuvieron miedo, se olvidaron de Dios y se volvieron a lo que suponían que supliría mejor sus necesidades emocionales y espirituales.  Se hicieron un ídolo para adorarlo, un becerro de oro.

     Aunque la acción de ellos fue una rebelión abierta en contra de Dios, consideremos qué fue lo que influenció su pensamiento: El líder espiritual de ellos había desaparecido, se sintieron atrapados por el pánico.  Se sentían más cómodos con las formas físicas de adoración que aprendieron de los egipcios, que con las instrucciones de un Dios invisible.  Tal vez Aarón pensó que la mejor forma para apaciguarlos, era darles algo con que sus sentidos físicos pudieran relacionarse, una especie de experiencia para que tuvieran confianza.

     Pero... ¿Qué hay de malo con tomar un enfoque holístico, es decir, satisfacer las necesidades del cuerpo, mente y espíritu?  ¿Acaso no era “aceptable” la adoración de ellos de un objeto físico, al igual que un ritual espiritual, siendo que el mismo estaba dirigido al Dios de Abraham, Isaac y Jacob?  Eso fue lo que Aarón debió pensar.  “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.  Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.  Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición.  Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.  Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová” (Ex. 32:1-5).

     La respuesta de los israelitas fue precursora del espíritu del ecumenismo y compromiso religioso tan prevalente en estos días, el cual también se basa en mentiras (“Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto”).

     Necesitamos urgentemente tener una comprensión bíblica de lo que abarca la idolatría.  Los ejemplos en el Antiguo Testamento y las amonestaciones en contra de ella, fueron dados por Dios.  Pero entonces... ¿Por qué son importantes para nosotros?  ¡Porque la iglesia evangélica hoy está siguiendo el ejemplo de Aarón!  La mayoría de cristianos definirían «idolatría» como «sea lo que fuere que ocupe el lugar de Dios en nuestras vidas».  ¡Y es cierto!  No obstante, demasiado a menudo, la gran mayoría no entiende la forma cómo opera la idolatría.  Consecuentemente, no tienen el discernimiento necesario para estar en guardia en contra de ella.

     Pero... ¿Por qué es tan crítica la idolatría?  Vamos a comenzar con lo obvio.  La Biblia define los ídolos como los dioses falsos.  Salmos 96:5a dice: “Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos...”  Los ídolos son objetos de engaño, y lo que es peor, la creación de hombres y demonios.  Adorarlos es perversión.  La veneración en sí, a menudo es corrupción y depravación, actividades ritualistas que satisfacen los sentidos físicos.  Los llamados dioses son representados físicamente y adorados sensualmente.  La mayoría de evangélicos saben todo esto, pero lo que muchos parecen no entender hoy, es la naturaleza de la idolatría y cómo pervierte nuestra adoración del Dios verdadero y vivo.

     La adoración que Dios deseaba de los israelitas, del pueblo que separó para sí mismo, se yergue en agudo contraste con los esfuerzos religiosos de las naciones paganas.  En lugar de darles imágenes, Moisés les declaró las palabras de Dios, y luego escribió éstas palabras en un libro: “Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová, y levantándose de mañana edificó un altar al pie del monte, y doce columnas, según las doce tribus de Israel...  Y tomó el libro del pacto y lo leyó a oídos del pueblo...” (Ex. 24:4, 7a).  Dios no sólo le dijo a Moisés, sino que puso por escrito que no debían hacerse imágenes para representarlo: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen” (Ex. 20:4, 5).

     Pero... ¿Por qué Dios daría tal mandamiento?  Porque ninguna imagen, dibujada, grabada, pintada, o escultura de ninguna clase o medio, podrá verdaderamente representar a Jehová Dios, quien es infinito, como dice 1 Reyes 8:27b: “...He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener...”  Hasta los lugares de adoración prescritos por Dios eran drásticamente diferentes a los de los paganos.  ¡No había nada físico que adorar!  El Lugar Santísimo dentro del tabernáculo y luego en el templo de Salomón, no contenía imagen alguna de Dios, sino su Palabra representada por el arca del pacto.  Dentro del arca se encontraba el Testimonio Divino, las dos tablas de piedra escritas por el propio dedo de Dios: “En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el arca” (Dt. 10:1, 2).  Una vez más vemos por el diseño Divino, el énfasis en su Palabra.

     Dios decidió revelarse a la humanidad por medio de palabras, no de imágenes.  De la misma manera, la adoración debe ser a través de su Palabra y conforme a ella.  A no dudar, el Señor seleccionó las palabras porque son más apropiadas para transmitir precisamente lo que quiere que la humanidad sepa y haga.  Las palabras tienen significados definidos y pueden ser interpretadas objetivamente.  Sólo las palabras, habladas o escritas, pueden aproximarse a comunicar exactamente los atributos de nuestro Dios trascendente y su naturaleza divina.  Por otra parte, la adoración estimulada por imágenes se basa en la imaginación, no en las enseñanzas de la Escritura.  Las imágenes religiosas en el mejor de los casos sólo pueden comunicar información en una forma simbólica y superficial.  La forma de interpretarlas son en su mayoría subjetivas, experimentales y dependen de la imaginación del observador.  Sin embargo, el mensaje de la Biblia no es acerca de gratificación estética, sino sobre nuestra redención; no es acerca de nuestros sentimientos, sino de Su verdad, cosas que las imágenes no pueden expresar, sino sólo oponerse.  El Señor Jesucristo oró a su Padre por sus discípulos con estas palabras: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Jn. 17:17).

     La teología de la Biblia es enseñanza.  Está dada en palabras para que el hombre pueda entenderla: “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (Pr. 4:7).  La Biblia fomenta la fe que se basa en la evidencia, la lógica y la razón.  Ningún sistema que confía en las imágenes puede hacer tal reclamo, y cuando las personas que tienen la Biblia se vuelven a las imágenes religiosas, están abandonando la razón y siguiendo la idolatría.  Eso les ocurrió a los israelitas a lo largo de su historia, incluso cuando fueron instruidos por Dios para que hicieran una serpiente de bronce como un símbolo que señalaba finalmente a la muerte de Cristo sobre la cruz, en pago por los pecados del mundo.  Ellos más tarde convirtieron esta serpiente de bronce en un objeto de idolatría y como consecuencia Dios determinó su destrucción: “Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán” (2 R. 18:4).

     A lo largo de su historia, el cristianismo asimismo ha sucumbido a la idolatría por medio de las imágenes y el ritual litúrgico.  Según la tradición católico romana, cuando el Señor Jesucristo iba camino al Calvario, Verónica limpió su rostro con un lienzo y sobre él quedó impreso su rostro.  Esto supuestamente se convirtió en la fuente para todas las imágenes, iconos, pinturas y esculturas que se veneran hoy de Jesús.  Santa Verónica continúa siendo reverenciada hasta este mismo día cuando los católicos observan el Vía Crucis (las Estaciones de la Cruz durante la semana santa).

     Los ortodoxos orientales comenzaron a fabricar imágenes e iconos de Cristo, María y los santos, como instrumentos para trascender místicamente lo temporal, por medio de imágenes que nos capacitan para “ver espiritualmente” la divinidad indescriptible.  En el siglo IX, la iglesia rusa ortodoxa incorporó los iconos como una parte central de su adoración, incluyendo una forma de adivinación conocida como «orando a través de iconos».  Una vez más esta es la rebelión religiosa que según la Escritura es como el pecado de hechicería.

     El emperador Constantino contribuyó mucho en la introducción de las imágenes idólatras en el cristianismo, a fin de apaciguar las multitudes de paganos a quienes forzó para que se unieran a la nueva religión favorita del reino.  Sin embargo, fue durante la edad media que la Iglesia Católico Romana incrementó en gran manera el uso de las imágenes visuales.  Hubo una gran profusión de estatuas religiosas, pinturas, relieves, exhibición de reliquias, al igual que la liturgia con el uso de vestimentas lujosas, incienso, velas y las procesiones.  Todo para estimular la participación de la población más ignorante.  En lugar de educar a las personas, la Iglesia Católico Romana los alimentó con una teología de experiencias visuales que acentuó su ignorancia respecto a las Escrituras y estimuló la superstición.  Por la gracia de Dios, la imprenta de Gutenberg en el siglo XV y la Reforma en el XVI, fueron instrumentos claves para ayudar a esos que protestaron en contra de los abusos de la Iglesia Católico Romana en oposición a la Biblia.

     Por increíble que parezca, la iglesia evangélica hoy está siendo arrastrada progresivamente a la idolatría, conforme se aparta cada vez más de la Palabra de Dios y se vuelve a las imágenes visuales.  Una de las metas de las Sociedad Bíblica Americana es dramatizar la Biblia en video para la generación actual orientada visualmente, la cual tiene muy poco interés en la lectura.  La película Jesús, una representación dramática del evangelio de Lucas, ha sido el elemento básico en las Cruzadas Estudiantiles de los evangélicos en el exterior.  La propia película católica La pasión de Cristo, se convirtió en un éxito de taquilla en gran parte debido al apoyo abrumador que recibió de los evangélicos.  Organizaciones conservadoras bíblicas tales como El Evangelio para Asia, están usando la producción cinematográfica de Hollywood de Mel Gibson como parte de su programa para alcanzar a inconversos.  Millones de DVDs de La pasión de Cristo fueron comprados por iglesias evangélicas para sus escuelas dominicales, estudios bíblicos y reuniones de grupo.

     Recientemente se estrenaron películas como La historia de Navidad y Una noche con el Rey, usando como compañeros en la evangelización a los corruptos productores de Hollywood.  Un pastor, cuya iglesia compró el cupo entero de una sala de cine para una exhibición privada de La pasión de Cristo, sólo vio una conversión: la de su propio arrepentimiento.  El pastor sintió tal convicción al advertir que en lugar de estar contribuyendo con su iglesia, estaba “apoyando a Hollywood”.  Con todo lo grave que fue esto, al igual que su arrepentimiento, lo cierto es que este pastor no entendió cuán serio es tratar de representar la Palabra de Dios en una forma dramatizada visual, estando por lo tanto vulnerable a repetir el mismo error de idolatría visual.

     Esta no es una condenación general en contra de las películas o videos, sino que no se deben usar películas para presentar las Escrituras visualmente, sin pecar de ser idólatra.  Las imágenes son históricamente falsas, no sólo provienen de la imaginación de un escritor o un director de cine, sino que también se conforman a la mecánica de los medios noticiosos, los actores, la cinematografía, el arte, la música, las luces, los efectos de sonido, etc., todo lo cual está designado para manipular los sentidos y las emociones con propósitos dramáticos.

     Las películas bíblicas son una tendencia actual que está contribuyendo a apartar a los evangélicos de la leche de la Palabra y producir analfabetos cristianos.  Esto es especialmente cierto en relación con nuestra juventud orientada visualmente.  Son muchos los movimientos dentro del cristianismo evangélico que se están apartando agresivamente de la Escritura, volviéndose a la idolatría y la experiencia.

     Servimos a un Dios misericordioso que puede rescatar a un alma, incluso de las circunstancias más tenebrosas, pero quien a pesar de su gracia, no apoya la religiosidad de los hombres que tratan de servirlo de acuerdo con sus propios métodos.  Un Dios que ha dicho: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.  Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Is. 55:8, 9).  De acuerdo con el grado que nos desviemos de sus caminos, estamos cayendo en la idolatría.  Tal como explicó Jesús: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Jn. 4:24).

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