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La historia de la reencarnación

La reencarnación es la creencia de que la esencia individual de la persona (mente, alma, consciencia y energía), vive en un cuerpo en la tierra varias veces y no sólo una vez.

La creencia en la reencarnación ha estado presente en toda la humanidad desde la antigüedad, en las religiones romana, egipcia, griega, hinduismo, budismo, taoísmo, jainismo, sijismo y shinto.  También en las religiones no africanas y tribales de América y Oceanía.  El cristianismo, el judaísmo y el islam, son prácticamente las únicas corrientes doctrinales en el mundo que no incorporan esta creencia, no obstante, se ha infiltrado bajo la forma de diversas herejías y posturas no oficiales.

El concepto actual de la reencarnación es en realidad un refinamiento de la antiquísima teoría de la transmigración del alma, también conocida como metempsicosis.  Esta doctrina propone que todas las almas de los seres humanos están sujetas a un ciclo de nacimientos, en los cuales el alma en realidad está purgando por todo lo malo a través del sufrimiento administrado por la ley del karma.

En Los Vedas, los libros sagrados de los hindúes, la palabra «karma» originalmente significa «un sacrificio» o «un acto ritual».  En Los Upanishads, que son los escritos que forman parte de la literatura védica incorporada a los Brahmana, el karma evoluciona a un concepto en el que cualquier acto de esta vida tendrá efecto en una vida próxima.  Finalmente, en El Bhagavad Gita, o Canto del Bienaventurado, que es un tratado filosófico y poético de India, inserto en el libro Cuarto del Mahabarata, el karma es considerado como un castigo en esta vida por algo diabólico cometido en una vida pasada, una especie de purificación para las vidas futuras.  Según esta ley el alma puede renacer en un insecto, animal o en un cuerpo humano.  Una persona glotona, por ejemplo, podría reencarnar en el cuerpo de un cerdo como castigo.

El karma es una ley inmutable que hace que una persona pague por todo lo malo que haga en esta vida a través del sufrimiento que experimentará en la próxima.  Es decir, que de acuerdo con esta ley, esa persona puede nacer convertida en gusano o tal vez ciega de nacimiento.  Nadie puede pagar la deuda kármica de otro.  Todo el sufrimiento que experimente alguien en esta vida es por su propia culpa, porque el karma siempre le cobrará lo malo que haya hecho.  ¡No hay escape posible!

Según esta doctrina, el alma humana es eterna y es parte de un alma universal, de una Entidad Suprema, parte de su conciencia viviente y vital.  Dentro de cada ser hay un segmento no separado de esta inteligencia universal y este fragmento es lo que constituye el alma del hombre, que nunca cesa de formar parte de este Ser, así como la electricidad de una serie de lámparas eléctricas de un circuito no es una porción separada o desconectada de la corriente que fluye por todas las lámparas.  La persona emana de esta “energía cósmica” y pasa a través de los ciclos múltiples de nacimiento hasta que finalmente es reabsorbida en una realidad inconsciente.  A través de este ciclo de nacimientos, la persona retornará a una fusión impersonal inconsciente con el “Ser Supremo”.

La teoría de la transmigración del alma fue diseminada en el mundo occidental en la forma del misticismo órfico.  Esta era una religión antigua griega cuya fundación se le atribuye a Orfeo y que se caracterizaba por la creencia en la transmigración del alma.  Fueron muchos los filósofos occidentales y griegos que apoyaban la metempsicosis en una forma u otra, terminando por convertirla en una doctrina tanto oriental como occidental.

Es increíble que el judaísmo hubiera podido conservar sus dogmas revelados siendo que tanto el oriente como el occidente habían abrazado esta teoría de la transmigración kármica.  Las doctrinas judías sobre Dios, la creación, el pecado, el hombre, la muerte y la salvación, eran contrarias a las filosofías orientales y occidentales, por eso no debe asombrarnos que el judaísmo hubiese gastado toda su energía en sobrevivir sin tener mucha influencia en el mundo filosófico.

Cuando hizo su aparición el cristianismo, la gran mayoría de las creencias religiosas griegas del primer siglo, entre ellas el gnosticismo, apoyaban la transmigración kármica, aunque el cristianismo finalmente terminó por desplazar tales dogmas con su doctrina de la muerte expiatoria y sustituta del Señor Jesucristo, en la cual él pagó con su sufrimiento por todas nuestras deudas, no porque hubiese pecado, ni porque tuviese karma, sino porque sufrió y murió por nuestros pecados.

La teoría de la transmigración kármica ha sido modificada para que se ajuste a la mentalidad cristiana occidental.  Como un cristiano no aceptaría la idea de reencarnar convertido en un insecto o en un animal, este concepto fue redefinido de tal manera que el nacimiento siempre ocurre en un cuerpo humano.  Esta occidentalización de la teoría de la transmigración fue expuesta primeramente por grupos ocultistas, tales como teosofía y más tarde por muchos de los gurúes de India que vinieron a América.  También fue adoptada por psíquicos como Edgar Cayce y Jeane Dixon.

Cayce, quien era conocido como «el profeta dormido», ya que daba sus lecturas médicas y profecías mientras se encontraba en estado de trance, contribuyó mucho a popularizar este punto de vista occidental de la reencarnación.  Cayce aseguraba que era un cristiano que creía en la reencarnación.  Él incluso también aceptaba las creencias metafísicas básicas que constituyen la base de la filosofía de la reencarnación.  Era cristiano de nombre, pero hindú en sus creencias, porque sus prácticas ocultistas eran uña y carne con sus creencias sobre la transmigración.

Por consiguiente, esta versión occidental de la metempsicosis es una forma híbrida de diversas filosofías religiosas que han tomado prestado algo del cristianismo para hacerlo más aceptable a las mentes occidentales.  Este pensamiento de la transmigración se ha infiltrado en nuestra sociedad en forma tan gradual que muy pocos se han dado cuenta de la clase de mezcla inconsistente que es en realidad.

Argumentos más populares para apoyar la reencarnación

     El primer argumento que se escucha a menudo es: «La reencarnación del alma es una respuesta al problema del mal, explica por qué nacen personas con defectos físicos, por qué algunos nacen ricos y otros pobres y qué es lo que determina el coeficiente de inteligencia de cada persona.  Aclara la razón de tanta injusticia, la desigualdad y el sufrimiento en la vida y explica de dónde obtenemos la personalidad.  La teoría de la reencarnación kármica es la única explicación para los defectos de nacimiento, para las incapacidades físicas, la pobreza, la injusticia social y el sufrimiento».

Sin embargo, la teoría de la transmigración kármica no soluciona el problema del mal, incluso tampoco lo aclara.  La mayoría de los que confían en la reencarnación como un hecho, creen que el alma humana es eterna, y al decir eterna están implicando que no tuvo principio.  Para explicar el problema del mal en esta vida, ellos señalan las vidas pasadas, asimismo para explicar el sufrimiento.  Pero si se detiene a pensar por un minuto, se dará cuenta que este método resulta en una regresión infinita que sólo eterniza el problema sin solucionarlo.

Si tal como aseguran hubo una primera vida, esta primera existencia sin duda no tenía por qué tener deuda kármica porque el alma no había vivido aún, por consiguiente, ni la regresión infinita ni la primera vida prueban que la reencarnación es la respuesta al origen del mal que hay en este mundo.

Los antiguos filósofos usaban la teoría de la reencarnación kármica para poder explicar la razón de por qué algunas personas nacían con defectos físicos, lisiados, retardados, con un coeficiente de inteligencia bajo, con rasgos definidos en la personalidad, etc.  Por la sencilla razón de que no sabían que había un código genético en el ADN, el ácido desoxirribonucleico.  Ellos presumían que todas las criaturas debían nacer normales, sin taras, con una salud perfecta y que cualquier defecto congénito tenía una explicación mística o religiosa.  Esa era la forma cómo explicaban el problema genético.

Las investigaciones recientes han demostrado que el estudio de la genética en India, gradualmente está terminando por destruir la explicación kármica de los defectos congénitos, porque las imperfecciones de nacimiento están disminuyendo conforme las madres aprenden la importancia del cuidado prenatal.  Vemos por lo tanto que sólo el cuidado prenatal que ayuda a prevenir los defectos de nacimiento pone la teoría del karma en un dilema.  Admitir que la medicina moderna puede remover el karma o nulificar sus efectos, niega que esto sea una ley.

Sin embargo, los que apoyan esta creencia atribuyen el cuidado prenatal que evita los defectos congénitos, simplemente a un buen karma.  Aquí, la pregunta sería: ¿Cómo pueden unas simples instrucciones clínicas remover o curar algo que se considera un problema místico?  Sabemos que los antiguos que creían en la reencarnación carecían por completo de conocimiento científico para explicar los defectos congénitos, sin embargo, los modernos que apoyan la reencarnación sólo tienen dos alternativas: o refutan los estudios genéticos del código ADN o buscan argumentos mucho más sólidos dentro de su teoría clásica de la reencarnación.

Los anales históricos revelan que las sociedades que creen en la reencarnación tienen una triste historia de negligencia en el cuidado prenatal y atención médica apropiada para esos que nacen con defectos físicos.  Como consideran que estas personas lisiadas física o mentalmente están supuestamente recibiendo el karma que se merecen a causa de sus actos diabólicos en sus vidas pasadas, se les deja morir en medio de la pobreza y miseria.  Obviamente si la ley del karma es correcta, no debemos interferir con la administración del sufrimiento.  Por eso no sorprende el hecho de que en los países orientales nunca se hayan preocupado por establecer instituciones de rehabilitación para los retardados mentales o para quienes padecen defectos congénitos.  Estas instituciones sólo aparecieron con el arribo de los misioneros cristianos.

El asunto ético acerca de si se debe interferir o no tratando de aliviar el sufrimiento kármico de una persona, es otra cosa que pone a la reencarnación en un dilema.  Porque si alguien que sigue la ética cristiana trata de aliviar el sufrimiento de otro, al hacerlo le estará agravando las aflicciones en su próxima vida, porque estaría evitando que sufra su karma prescrito.  Esto estorbaría su purificación y su absorción final en el Ser.  Por consiguiente, la interferencia acarrea más mal y sufrimiento a la persona a quien se desea ayudar.

Por otra parte, si esa otra persona que cree en la reencarnación no interfiere ni trata de aliviar el sufrimiento humano, es obvio que su creencia en sí es una fuente de maldad.  ¿Cómo puede alguien considerar la reencarnación como una solución aceptable al problema del mal, si ella en sí es una fuente de maldad?  ¡Por qué dejar de hacer el bien cuando se debe y puede, es lo mismo que hacer el mal!

Hasta ahora nunca hemos oído comentar que uno de los gurúes de India que han hecho su fortuna en Estados Unidos a través de la meditación trascendental, yoga o enseñando sus creencias sobre la reencarnación, haya dado un céntimo para tratar de aliviar el sufrimiento de alguien.  Tampoco sabemos de ningún hospital, sala cuna o escuela especial para minusválidos o retardados que haya sido construida por alguno de ellos.  Y si alguien no ayuda a su prójimo pudiendo hacerlo, ¿no es acaso esto diabólico en sí?  Por consiguiente, es imposible que alguien que se llame cristiano crea en la reencarnación, porque ambos conceptos son contradictorios entre sí.

La teoría de la reencarnación kármica, ni soluciona ni explica el origen del mal, por el contrario históricamente sabemos que esta creencia ha contribuido a agravarlo.  Dado que considera todos los defectos congénitos, físicos y mentales como producto de actos diabólicos cometidos en vidas anteriores, los que creen en esta teoría no manifiestan ni un átomo de compasión por el prójimo, ni deseo de aliviar el sufrimiento de sus semejantes.

El segundo argumento que hemos escuchado en repetidas ocasiones es este: «La teoría de la reencarnación es verdadera porque muchas personas han logrado recordar sus vidas pasadas a través de diversos métodos.  Algunos experimentan ‘recuerdos intuitivos’, es decir, creen recordar algo que supuestamente vivieron en el pasado.  Otros tienen ‘recuerdos espontáneos de sus vidas pasadas’.  Un tercer grupo supuestamente ha recordado sus vidas pasadas mediante hipnosis regresiva.  Mientras que un cuarto grupo experimenta ‘recuerdos psíquicos’ a través de reuniones espiritistas, médiums o experimentos con percepción extrasensorial».

La mayoría de estos casos son fraudes bien obvios.  Son incontables los gurúes de India y de occidente que creen en la reencarnación y han asegurado que en sus vidas pasadas fueron Jesús, Moisés, Buda, Mahoma, etc.  Por lo tanto, es claro que todos ellos no podían haber sido Jesús, Moisés, Buda o Mahoma, en sus vidas anteriores, porque ni siquiera los seguidores más agresivos de estas creencias se han atrevido a postular la tesis de almas múltiples para Adán, Moisés, Buda, Jesús o cualquier otro.

Cuando toda una docena de líderes asegura ser la reencarnación de una figura histórica importante, esto tácitamente quiere decir, o que todos son unos mentirosos, o que uno está diciendo la verdad y el resto está mintiendo.  En cualquier caso, todas son declaraciones fraudulentas, así sea que quienes las proponen sean movidos por un engaño intencional o que estén sinceramente engañados.

Curiosamente todos estos casos ocurren en las culturas hindúes, lo cual arroja aún más sospechas sobre su credibilidad, porque si la teoría de la reencarnación es verdadera, entonces... ¿por qué sólo los niños hindúes tienen tales experiencias?  Estoy casi seguro que las mentes de esos niños han sido entrenadas para creer que ellos han vivido antes, lo cual estimula su imaginación joven para fabricar tales vidas.  ¿No ha observado cómo los pequeños pretenden ser otras personas?  Es bien obvio que dado sus creencias, la imaginación de estos niños hindúes se siente estimulada a inventar vidas pasadas.  Aunque la mayoría de estos casos de “recuerdos espontáneos” pueden ser refutados fácilmente sólo con analizar la forma tan poco científica como fueron investigados, o mediante explicaciones psicológicas obvias de la experiencia.

El recordar vidas pasadas bajo estado hipnótico es quizá el argumento más popular que se esgrime hoy.  Sin embargo, hay mucha controversia a este respecto ya que en la mayoría de los casos han surgido otras explicaciones que han demostrado que los mismos no tenían nada que ver con la reencarnación.  Quizá usted leyó u oyó hablar de la «búsqueda de Bridey Murphey», búsqueda que continuó aún después de que disminuyó la publicidad.

Bueno, era el caso de una mujer que mientras se encontraba bajo estado hipnótico podía hablar gaélico y contar cosas sobre la antigua Irlanda, pero que era incapaz de hacerlo mientras estaba consciente.  Tras examinar el caso, los investigadores descubrieron que ella había pasado los primeros años de su vida al cuidado de su abuela irlandesa que hablaba gaélico, quien le encantaba leerle historias acerca de la antigua Irlanda.  Aparentemente la mujer aprendió todas esas cosas de su abuela, pero no durante una vida pasada.  Aunque ella conscientemente no podía recordar el gaélico y todas esas historias sobre Irlanda, su mente subconsciente las recordaba y las revelaba mientras estaba bajo trance hipnótico.

¿Cuántos de estos casos tan comentados sobre reencarnación recordados bajo estado hipnótico, son en realidad recuerdos enterrados de experiencias vividas hace mucho tiempo que quedaron sepultadas en la mente subconsciente?  La mente archiva todo, por lo tanto el extraer esos recuerdos de la mente subconsciente mediante la hipnosis no es prueba de la veracidad de la reencarnación.  También hay otras explicaciones para esos casos.  Muchos de esos que dicen recordar existencias pasadas en realidad están hablando acerca de otras vidas, pero no que las hayan vivido en encarnaciones pasadas, sino de otras vidas producto de sus sueños y añoranzas.

Sin embargo, está el hecho de que el interés en el ocultismo, incluyendo la reencarnación, se basa en el deseo de obtener poder sobrenatural y conocimiento que es imposible alcanzar a través de medios racionales.  Algunos de los que apoyan esta teoría enseñan que cuando usted conoce sus vidas pasadas tendrá el poder de obtener salud y riquezas.  Mientras que otros dicen que los desórdenes mentales son causados por incidentes ocurridos en vidas pasadas.

El trance hipnótico es el estado mental apropiado que han utilizado por siglos los médiums y hechiceros para autoinducirse quedando a merced y control de espíritus demoníacos.  La regresión hipnótica a una vida pasada fácilmente puede ser una experiencia ocultista.  Tal es el caso de las profecías que daba Edgar Cayce mientras se encontraba bajo trance, asimismo lo que le ocurría a Jeane Dixon, quien a menudo veía lo que predecía en su bola de cristal o en las cartas astrológicas que no son más que objetos ocultistas.

Otro argumento popular que escuchamos es este: «La Biblia sí enseña la reencarnación, ¿acaso estos pasajes no enseñan que Juan el Bautista era la reencarnación de Elías?  Vea lo que dice la Escritura:

•   Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir’ (Mt. 11:14).  ‘He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.  Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición’ (Mal. 4:5, 6).
•   ¿No dice también en Hebreos 7:2, 3 que Melquisedec era la reencarnación previa de Jesús?: ‘A quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre’.
•   Y en Juan 3:3, ¿no se refirió Jesús a la reencarnación cuando le dijo a Nicodemo que debía nacer de nuevo?: ‘Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios’.
•   ¿Y qué de Juan 9:2?  ¿Acaso los apóstoles no invocan allí la ley del karma para explicar la causa de que ese hombre hubiera nacido ciego?: ‘Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?’
•   ¿Acaso Santiago 3:6 no habla implícitamente de la rueda kármica?: ‘Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.  La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno’.
•   ¿No se refiere Gálatas 6:7 a la ley del karma, cuando dice: ‘No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará?».

Sin embargo, la exégesis objetiva de los versículos que citan esos que apoyan la creencia de la reencarnación, con sus respectivos contextos, no revela ninguna referencia a la teoría de la reencarnación o karma.  Ningún exégeta entrenado tomaría en serio estas teorías sobre la reencarnación por las siguientes razones:

•   Es bien claro que Juan el Bautista no era la reencarnación de Elías, pero veamos por qué:
*   Porque Elías como Enoc, nunca murió, sino que fue trasladado al cielo.  Como dice 2 Reyes 2:11, 12: “...Y Elías subió al cielo en un torbellino... Y nunca más se le vio...” También leemos en Hebreos 11:5 sobre Enoc: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios...”
*   Leemos además en Lucas 9:30-33 que Elías se apareció vivo en el monte de la Transfiguración, ya que dice el versículo 30: “Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías”.
*   En Juan 1:21 está registrado que cuando los discípulos le preguntaron a Juan el Bautista, “¿Qué pues?  ¿Eres tú Elías?  Dijo: No soy.  ¿Eres tú el profeta?  Y respondió: No”.
*   En cuanto a Mateo 11:14 en donde el Señor Jesucristo dice sobre Juan el Bautista, que “...él es aquel Elías que había de venir” y luego añade lo mismo en Marcos 9:11-13, simplemente está explicando que el ministerio de Juan el Bautista tenía el espíritu y poder del ministerio de Elías, así lo declara Lucas 1:17 donde leemos: “E irá delante de él (del Señor Jesucristo) con el espíritu y el poder de Elías...”
•   Melquisedec es un personaje misterioso del que la Biblia habla poco y de quien hay diversas opiniones.  Melquisedec aparece repentinamente en Génesis 14:18-20 como rey de Salem, queriendo decir probablemente Jerusalén, como sacerdote de Dios.  Algunos creen que sencillamente se trataba de alguien, de quien no se tiene registro histórico de su nacimiento y muerte, ni de sus ancestros.  Sin embargo, otros creen que Melquisedec es la teofanía de Jesús, es decir, su manifestación corpórea antes de su encarnación como Cristo.  Sin embargo, ninguno de estos dos puntos de vista tiene nada que ver con la reencarnación.
•   Sólo esos que leen Juan 3:1-6 en forma superficial pueden hacerse la idea de que este pasaje en que el Señor Jesucristo le habla a Nicodemo sobre el nuevo nacimiento se refiere a la reencarnación.  El nuevo nacimiento de que habla el Señor, se trata del espíritu, no de la carne, y es una obra del Espíritu Santo.  Vemos qué dice el versículo 16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”.
Podemos ver entonces que se trata simplemente de un acto de fe personal en Cristo Jesús.  Incluso Juan 1:12 aclara que, “a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. A través de todo el Nuevo Testamento podemos ver que el nuevo nacimiento es una experiencia espiritual que se conoce como conversión o regeneración y que tiene lugar en esta vida, no en ninguna venidera.
•   En Juan 9:2, 3 cuando le preguntaron los discípulos al Señor Jesucristo: “Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?  Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él”. Esto y todo lo que ocurriera después, lejos de probar la ley del karma, la está negando por completo.  Según la ley del karma, el hombre habría nacido ciego por pecados cometidos en su vida pasada, pero el Señor dice bien claro que su ceguera no tiene nada que ver con esto y lejos de dejarlo sufriendo “para no prolongar su karma” (como dicen ellos), lo sanó.  Vemos luego en el versículo 38 que el hombre le adoró.  No hay nada en esta historia que apoye la teoría de la reencarnación.
•   Esta “rueda de la creación” mencionada en Santiago 3:6, según los que apoyan la reencarnación se refiere a los ciclos interminables de la reencarnación.  Sin embargo, nunca debemos tomar un solo texto fuera de su contexto para tratar de demostrar algo, porque es obvio que el apóstol se refiere aquí a la necesidad de controlar nuestras palabras, a fin de no pecar: “Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas.  He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!  Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad.  La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (Stg. 3:5, 6).
•   Las palabras del apóstol Pablo en Gálatas 6:7: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”, son usadas como un ejemplo clásico de que la Biblia sí hace alusión al karma y al samsara.  Este proceso de «sembrar y segar», supuestamente representa nuestras acciones y las consecuencias de las mismas, tal como las dicta el karma.  Sin embargo, los siguientes versículos explican que el punto es juzgar los efectos de nuestras acciones desde la perspectiva de la vida eterna, tal como está declarado en la Biblia, sin que involucre otra existencia adicional: “Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.  No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.  Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:8-10). «Segar destrucción» significa la separación eterna de Dios en el infierno, mientras que la “vida eterna”representa la comunión eterna con Dios en el cielo.  Es claro que estos versículos en su contexto no sugieren la reencarnación del alma después de la muerte.  El juez supremo de nuestras acciones es Dios, no un karma impersonal.

Es un hecho que las Escrituras no enseñan la teoría de la reencarnación o la ley del karma, no importa cuánto se busque o se trate de tergiversar un texto.  La Palabra de Dios se opone por completo a esta creencia, ya que dice bien claro: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (He. 9:27).

Los que creen en la reencarnación harían muy bien en prestar atención a la advertencia de Pedro quien dijo: “Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 P. 3:15, 16).

A continuación presentaremos un sumario de muchas otras observaciones que anulan por completo la teoría tanto oriental como occidental de la reencarnación.

•   Los filósofos antiguos no contaban con los medios para poder calcular la población mundial, por lo tanto presumían:
*   Que la población mundial es básicamente estable: «conforme una persona muere, nace otra que toma su lugar».
*   Que incluso cuando la guerra y los desastres naturales reducen la población en una localidad determinada, otros lugares experimentan prosperidad y su número de habitantes aumenta.  De esta forma la población mundial permanece estable.
*   Por consiguiente, siempre habrá almas suficientes para nacer en los cuerpos de los infantes, porque el número de muertes corresponde con el de nacimientos.
*   Que el alma humana no es creada, sino eterna, lo cual quiere decir que no se están creando almas para que entren en este ciclo de reencarnaciones.  Edgar Cayce, un creyente en la reencarnación del siglo XX  también sostenía este mismo concepto.
*   Cuando el alma se ha purificado suficientemente retorna al Ser Supremo.
No obstante, estas pretensiones carecen de fundamento y explicaremos por qué:
•   Si es cierto que no se están creando nuevas almas y que las almas que se purifican son absorbidas en el Ser Supremo, entonces la población mundial por lógica debería disminuir, pero en lugar de eso ha aumentado y continúa aumentando en forma alarmante.
•   Deberían haber menos personas ahora que las que había hace dos mil años, pero las estadísticas demuestran que hay más personas vivas en la actualidad que todas las que han existido en todas las generaciones previas sumadas.
•   Los antiguos experimentaban un índice de mortalidad infantil elevado, mientras que la expectativa de una vida larga era muy baja, por eso ellos creían que morían personas suficientes que proporcionaban almas adecuadas para todos los nuevos nacimientos.  Tal vez nunca tuvieron que confrontar el problema de si habrían o no almas suficientes, pero hoy todo ha cambiado, el índice de mortalidad infantil ha disminuido y el término promedio de vida se ha alargado.
•   Dado que ellos afirmaban que el alma es eterna y no creada, estaban también diciendo que no se creaban nuevas almas para reemplazar a esas que retornan o son absorbidas en el Ser Supremo, por lo tanto, ¿de dónde salen todas esas almas que están causando la explosión demográfica?

Bueno, es cierto que algunos transmigracionistas de oriente han preparado una respuesta a esta pregunta, ya que dicen que como el número total de almas incluye a todas las criaturas vivas que hay sobre la tierra, animales e insectos, esto quiere decir que siempre habrá almas suficientes para todos porque simplemente ha disminuido la población de animales e insectos mientras ha aumentado la de los seres humanos.

Sin embargo, pese a esta solución que presentan, de que las almas de los animales e insectos están pasando a los seres humanos, de acuerdo con la ley del karma esto significaría que las almas están evolucionando hacia un nivel más alto.  Pero si cada alma está purificándose progresivamente, purgando lo malo a través de ciclos de nacimientos y recibiendo el castigo kármico, sería apenas lógico observar que la humanidad estuviera tornándose mejor, que experimentara un progreso moral auténtico, pero este no es el caso.

Además, si la reencarnación y el karma supuestamente han estado obrando por miles de años, sin duda debería haber una prueba histórica del mejoramiento de los seres humanos.  Pero... ¿Existe realmente esta evidencia?  ¿Ha progresado la humanidad tornándose moral?  ¿Están mejorando los hombres en escala ascendente?  ¡No, por el contrario!  El hecho que nadie puede negar hoy es que la humanidad es tan perversa en este tiempo como nunca antes.  Las estadísticas demuestran un aumento sin precedentes en el índice de crímenes, atracos, drogadicción, corrupción, homosexualidad, pedofilia, etc., todo lo cual niega el principio de la ley del karma, por lo tanto es obvio que esta respuesta tampoco le da una solución al problema.

Tal vez a esto, alguno de los que creen en la reencarnación podría replicar diciendo que todo el progreso moral del hombre tiene lugar en un plano espiritual e invisible y que no hay evidencias de esto en el reino visible.  No obstante, tampoco esta respuesta soluciona el problema, porque después de todo... ¿Por qué el hombre debe ser castigado en esta vida para alcanzar un progreso que va a experimentar en otro plano espiritual?  No tiene sentido suponer que mientras somos malos en este mundo estamos perfeccionándonos en el reino espiritual.  ¡Es completamente fuera de toda lógica!

Lo único que podemos concluir de todo esto es que la teoría de la reencarnación y la del karma son falsas, porque tanto la historia como la lógica están en su contra.  Se necesita poseer una súper fe para decir que el progreso del alma tiene lugar en el reino espiritual, sin beneficiar a la humanidad en un sentido físico.

Razones que demuestran

la invalidez de la ley del karma

Son muchas las razones que demuestran que la llamada ley del karma es sólo un mito, que únicamente es un concepto en la mente de esos que creen en la teoría de la reencarnación, pero además no es un mito bueno, sino malo que ha causado sufrimiento indescriptible y miseria. He aquí las razones para decir esto:

•   No existe evidencia suficiente que demuestre que esta ley es cierta.
•   No hay nada análogo en la naturaleza, tampoco una ilustración o ejemplo en el mundo que vivimos.
•   Esta regresión infinita de vidas pasadas para poder explicar todo lo malo que ocurre en la actualidad, le roba a la historia todo su significado.  Asume un punto de vista cíclico de la historia, el cual niega esos eventos únicos y finales que tienen lugar, ya que todo se repetiría indefinidamente sin un significado final.  No hay un principio ni un punto culminante en la historia.
•   No satisface la sensibilidad moral del hombre o su sentimiento de justicia.
•   No proporciona ningún modelo de lo bueno o de lo malo, dado que su administración del sufrimiento es arbitraria y caprichosa.
•   Enseña que el sufrimiento es el único propósito real en la vida, pero el hombre siente una aversión natural hacia tal concepto.
•   Dado que ve la vida de cada individuo como algo carente de propósito, más allá de su propio sufrimiento, no existe ese concepto de vivir para la gloria de Dios o para el bien de otros, porque la ley del karma está intrínsecamente centrada en el «yo».
•   Mutila la unidad de la humanidad, ya que cada alma está atrapada en un ciclo de renacimientos que benefician únicamente a esta alma individualmente.
•   Produce desilusión, fatalismo, pesimismo, etc.
•   No puede aplicarse ninguna presión ética para tratar de vivir una vida buena ahora, ya que siempre existe la esperanza de vivir otra.
•   Enseña que el sufrimiento es culpa de cada persona y que nunca puede ser culpa de otros, es un concepto psicológicamente devastador.
•   Hace que las personas ignoren el sufrimiento de otros.
•   No estimula al individuo a aliviar el sufrimiento humano.
•   Produce orgullo entre los ricos y saludables y vergüenza entre los pobres y enfermos.
•   Destruye toda autoidentidad, ya que usted sólo es lo que es en esta vida, porque en realidad ha sido un número incontable de otras personas en el pasado y como nunca sabrá cómo fue en cada una de esas vidas, se da el caso de que es alguien sin rostro, alguien que carece de autoidentidad.  ¡Esto es psicológicamente dañino!
•   No concede lugar al perdón, ya que el karma ni otorga ni reconoce el perdón.  Tampoco da gracia, ni ejercita la misericordia ni el amor.  ¿Cómo puede la ley del karma ser justa y solucionar el problema del mal si no tiene gracia, misericordia o perdón como una parte esencial de su naturaleza o administración?  La ley del karma es cruel.
•   Tampoco brinda respuesta a esta pregunta, ya que si pecamos en esta vida como adultos, ¿cómo puede ser justo que se nos castigue como un infante en una vida futura?
•   Hace que el arrepentimiento y la restitución por todo lo malo que se haga en esta vida sean innecesarios, porque de acuerdo con los que creen en la reencarnación la ley del karma incluso no permite ninguna expiación en esta vida por lo malo que se haga en la misma, sino que la deuda kármica se pagará en la futura vida.  ¿Cómo puede ser esta ley justa cuando hace que el arrepentimiento sea innecesario?
•   No demuestra de ninguna forma que es posible que alguien pueda sufrir vicariamente en nuestro lugar y pagar la “deuda kármica”.
•   Por último, esos que creen en la ley del karma asumen que no hay maldad que pueda ser mayor que el castigo y que por lo tanto éste es finito tanto en duración como en intensidad.
Además, la teoría de la reencarnación kármica es políticamente reaccionaria y viene a ser un instrumento conveniente de las clases de alta posición para oprimir y explotar a las clases más bajas.  Enseña a las mayorías oprimidas a aceptar su pobreza: los ricos merecen la buena vida mientras que los pobres merecen su sufrimiento.  Un reencarnacionista consistente nunca tratará de derrocar a un gobernante corrupto.  La situación tan miserable de la casta de los intocables en India revela el impacto político de la teoría de la reencarnación.

La teoría de la transmigración también conduce a la ruina financiera y ecológica, ya que como los insectos y animales pueden ser renacimientos kármicos de almas humanas, no se hace ningún intento por destruir a los insectos y roedores que se comen las reservas de alimentos.  De tal manera que al permitir que esos saqueadores se coman toneladas de comida están forzando al pueblo a morir de inanición, incluso tampoco hacen nada por detener la propagación de las enfermedades causadas por contaminación a través de insectos.  Por eso no asombra que las enfermedades y el hambre sean experiencias comunes en culturas donde se acepta la teoría de la transmigración, la que únicamente conduce a la miseria en escala masiva.

El mundo occidental debería observar primero la miseria del mundo oriental antes de apresurarse a abrazar sus doctrinas, porque tal miseria es un resultado directo de la creencia en la reencarnación kármica.  La gran mayoría ha aceptado la teología oriental sin saber siquiera lo que abarca en detalle.  El sistema de castas que prevalece en India, el cual encierra a un individuo dentro de determinada clase impidiéndole que pase de una casta a otra es el fruto psicológico de la teoría de la reencarnación kármica.  Así como el cristianismo produjo la democracia, el capitalismo y la compasión en el occidente, la reencarnación kármica produjo en India el sistema opresivo de castas y la miseria.

Y nos preguntamos: ¿Cómo entonces los occidentales piensan que pueden abrazar las doctrinas de la reencarnación kármica sin escapar de la experiencia de su fruto económico, psicológico y político?  Hay muchos que aseguran ser cristianos y al mismo tiempo creer en la reencarnación, ¿pero es esto posible? “¿Y qué concordia Cristo con Belial?  ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?” (2 Co. 6:15).

Son demasiadas y muy serias las dudas que surgen con respecto a la integridad intelectual y la validez científica de la teoría de la reencarnación kármica, la cual sólo acarrea ruina en cualquier nivel de la existencia humana. Vemos que cuando examinamos sus argumentos, estos resultan inválidos.  El estilo de vida que parte de esta doctrina sólo conduce a un desastre político, económico y psicológico, porque sus raíces están asentadas en el mundo del ocultismo, el cual es condenado por las Escrituras.  Es imposible aceptar el concepto de la reencarnación como una teología válida, filosofía o estilo de vida.  Sólo el punto de vista cristiano proporciona credibilidad y una perspectiva de vida consistente, tanto ahora como en la nueva vida que hay más allá de los umbrales de la muerte.

La posición de los cristianos

Los creyentes auténticos creemos que el cristianismo bíblico es la única fe en el mundo en la cual la persona vive de acuerdo con lo que cree y cree en lo que vive.  Es más que suficiente la evidencia que se puede presentar desde cualquier nivel de pensamiento y experiencia para demostrar la validez y superioridad del cristianismo bíblico:
•   Hay un solo Dios verdadero y eterno manifestado en tres personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
•   El cristianismo rechaza cualquier idea de que Dios es una fuerza impersonal o energía.
•   El universo no es eterno, ni es parte de Dios, ni una extensión de su esencia, sino que fue creado y depende de su Creador para su propia existencia.
•   El hombre fue creado a semejanza de Dios y es distinto del resto del mundo.  El hombre no puede ser parte de Dios ni está destinado a convertirse en dios.  Fue creado con el propósito de vivir para la gloria de Dios y el bien de otros.  La Escritura tampoco enseña que el alma humana preexistía antes de su nacimiento.
•   El hombre fue creado justo, santo, con conocimiento y libre albedrío para decidir vivir una vida de obediencia a la voluntad de Dios o una vida de desobediencia. En el principio el hombre desobedeció y desde entonces ha sufrido las consecuencias de su desobediencia.
•   He aquí cómo describe la Escritura la pecaminosidad del hombre: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios.  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.  Sepulcro abierto es su garganta; con su lengua engañan.  Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura.  Sus pies se apresuran para derramar sangre; quebranto y desventura hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz.  No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Ro. 3:10-18).
*   La rebelión del hombre lo condujo a inventar religiones falsas, por eso el apóstol Pablo expone así el origen verdadero de todas las religiones idólatras: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.  Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.  Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.  Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.  Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos.  Amén” (Ro. 1:18-25).
*   La ira de Dios se ha manifestado contra la desobediencia en eventos históricos concretos, tales como el diluvio universal y la destrucción de Sodoma y Gomorra, por eso dice la Escritura: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn. 6:5).  “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jer. 17:9, 10).
*   Dada la condición tan pecaminosa del hombre, la única esperanza de salvación para él era que Dios mismo tomase la iniciativa y le proporcionara salvación eterna.  Como éramos incapaces de buscar a Dios, él vino a buscarnos: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.  Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.  Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.  Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:1-10).
*   “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.  Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.  Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.  Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.  Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Ro. 5:6-11).

A pesar de que “la paga del pecado es muerte”, tal como enseña Romanos 6:23, el Padre envió a su Hijo, el Salvador del mundo.  Para llevar a cabo su plan de salvación y pagar por la deuda de nuestro pecado, tuvo que mostrar misericordia, amor, gracia y concedernos el perdón.  Para lograrlo, el Señor Jesucristo, la segunda persona de la santísima Trinidad, murió por nosotros pagando por completo la deuda del pecado con su sufrimiento infinito.  El que no tuvo pecado, por nosotros se hizo pecado, para sufrir en nuestro lugar.  Él murió la muerte que nosotros deberíamos sufrir, asimismo vivió la vida que nosotros deberíamos vivir: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.  Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.  El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.  Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.  Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.  Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Jn. 3:16-21).

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