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¿Cómo entender algunos textos que parecen contradecir la seguridad del cristiano?

Se entiende que existen algunos textos en la Biblia que, al leerlos, especialmente si se desconoce el contexto, parecieran indicar que el cristiano es responsable totalmente de su salvación.  Es decir, que el Señor le salva, pero ahora dependerá cómo este cristiano se conduzca, y entonces, si su conducta no es lo que nosotros pensamos que debe ser ese cristiano, o nunca fue salvo o si lo fue, perdió su salvación.

Esta es una herejía muy peligrosa, pero hay quienes incluso han preparado una Biblia, cuyo nombre esBiblia de Estudio de la Vida Plena.

Note lo que dice Filipenses 2:12:“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”.

¿Sabe usted lo que dice el comentario al pie en esta “Biblia”?: «Los creyentes salvados por gracia deben ocuparse en su salvación hasta el final.  Si dejan de hacerlo, perderán la salvación recibida.  No deben ocuparse en su salvación con simples esfuerzos humanos, sino mediante la gracia de Dios...».

La cosa va así: El Señor le salva por su gracia, dándole vida eterna, pero esa salvación y esa gracia divina, si no lleva el sello de sus propios esfuerzos de... “ocuparse de su salvación”, aunque usted haya sido salvo, de nada le servirán las promesas del Salvador, de nada le servirá la salvación consumada en la cruz, de nada le servirá el que usted haya depositado su fe en la promesa del Salvador.  Todo cuanto tiene que ver con su salvación depende del hecho si usted se ocupa o no de ella.

¿Se imagina hasta dónde hemos llegado en el desprecio de la gracia divina?  ¿Quién es el responsable de mi salvación?  ¿Soy yo o es mi Salvador, o tal vez ambos?
¿Cuán completa y perfecta es mi salvación?  ¿Qué consumó mi Señor cuando exclamó desde la cruz: “Consumado es” (Jn. 19:30)?

¡Cuánto daño hacemos a la causa del evangelio al rebajar la obra de Cristo con su oferta de vida eterna, como si se tratara de un truquero que ofrece algo como totalmente pagado, pero en la otra mano esconde una trampa que me compromete al punto de anular completamente el don de la salvación!

Note además lo que dicen estos textos:
•    “¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley de Jehová está con nosotros?  Ciertamente la ha cambiado en mentira la pluma mentirosa de los escribas” (Jer. 8:8).
“Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os da.  No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno” (Dt. 4:1, 2).
•    “Toda palabra de Dios es limpia; El es escudo a los que en él esperan.  No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, Y seas hallado mentiroso” (Pr. 30:5, 6).

¿Sabe usted cuánto daño hacemos a los que sencillamente depositaron su fe en Cristo, al entristecerlos, exigiéndoles lo que nosotros ni con un dedo tocamos?  ¿Acaso los que escribieron estas pocas líneas a modo de comentario o explicación, ya no pecan más?  ¿Acaso no saben que comparecerán ante el Señor para responder por el daño hecho?

Por favor tome en cuenta lo que dice en Ezequiel 13:22: “Por cuanto entristecisteis con mentiras el corazón del justo, al cual yo no entristecí, y fortalecisteis las manos del impío, para que no se apartase de su mal camino, infundiéndole ánimo”.
Pero... ¿Cómo se interpreta Filipenses 2:12? “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”.

Veamos cómo nos corresponde ocuparnos en nuestra salvación

Todo lo que debemos hacer es ver cómo lo hacían los cristianos en los días de la iglesia apostólica.  Algunos ejemplos:
“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.  Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:41, 42).
•    “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hch. 8:4).
•    “Saludad a María, la cual ha trabajado mucho entre vosotros.  Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor.  Saludad a la amada Pérsida, la cual ha trabajado mucho en el Señor” (Ro. 16:6, 12).
•    “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Co. 15:10).
•    “Palabra fiel es esta, y digna de ser recibida por todos.  Que por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios, porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen. Esto manda y enseña.  Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.  Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.  No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio.  Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.  Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Ti. 4:9-16).

En todos estos textos se habla de TRABAJAR, pero no encontrará la menor insinuación en el sentido que ese TRABAJO contribuya para la salvación.
En el mismo texto de Filipenses 2, siguiendo la lectura más allá del versículo 12, notamos qué les dice el apóstol: “Haced todo sin murmuración y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (vs. 14, 15).

En la misma carta a los filipenses, note lo que él dice en cuanto a cómo debían ellos OCUPARSE en su salvación: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.  Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil. 2:3-8).

No hacer cosas “por contienda o por vanagloria”, es ocuparse uno de su salvación.
Estimar a los demás como superiores a uno mismo, es ocuparse en su salvación.
Hacer las cosas “sin murmuración” (v. 14).
“Gozaos en el Señor” (Fil. 3:1).
“Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo” (Fil. 3:2).
“Regocijaos en el Señor siempre” (Fil. 4:4).  Si ellos tuvieran que preocuparse por no perder su salvación, no podrían regocijarse en el Señor, ¡y menos “siempre”!
“Vuestra gentileza sea conocida...” (Fil. 4:5).
“Por nada estéis afanosos...” (Fil. 4:6).
Note el resto del versículo 6: “...Sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Fil. 4:6).
Y el remache de cómo debemos ocuparnos en nuestra salvación lo tenemos en el capítulo 4 versículos 8 y 9: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.  Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros”.

Note que en el versículo 9 Pablo dice que ellos debían imitarlo.  Pero... ¿Creía él que ya no pecaba más?  Y si todavía pecaba, ¿qué ganaban los filipenses con imitarlo?
Note cómo resume Pablo su propia experiencia cristiana: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.  Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.  De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.  Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.  Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.  Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.  Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.  Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.  ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?  Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado” (Ro. 7:15-25).

Veamos el pasaje de Hebreos 6:4-9: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio.  Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada.  Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así”.

Este es otro texto que parece confuso para muchos cristianos.  Pero examinemos brevemente qué nos dice su autor.
1. Si quiere entender bien de qué habla el autor sagrado, debe comenzar la lectura en Hebreos 5:11: “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír”.
Se habla de quienes se estancan en la vida cristiana.  De ahí la referencia a dejar “...los rudimentos de la doctrina de Cristo...” (He. 6:1).
2. Los versículos 4-6, hacen refierencias a quienes supuestamente fueron salvos y luego perdieron su salvación.  Más bien a quienes nunca profundizaron sus conocimientos.  La solución NO es perder la salvación y volverla a obtener otra vez (ser salvos de nuevo) porque la primera vez parece que no resultó muy buena: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio”.

A esto se refiere el escritor cuando dice que es “imposible”.  Es imposible perder la salvación y es imposible volverla a recuperar.  Tendría que ser posible perderla si se ha de recuperar, pero tanto lo uno como lo otro es imposible.

Lo que sí es posible, es estancarse en la infancia escritural y espiritual y también es posible corregir este mal.
3. En los versículos 7 y 8 se nos dice que la tierra que recibe la lluvia, es para beneficio de quienes la labran.  Así también el Espíritu Santo ha sido derramado en nuestros corazones.  Pero note bien lo que dice el versículo 8: “Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”. Hay tierra que recibe la lluvia, pero produce espinos y abrojos.

Ahora note el versículo 9.  Así como los cristianos que no tienen desarrollo, son como espinos y abrojos, el escritor dice: “Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así”.

¿Qué significa todo esto?  Todos estos “pertenecen a la salvación”, aunque mucho de lo que hacen los cristianos que nunca crecen, son tan útiles como los espinos y abrojos para un agricultor.

¿Cómo se entiende Hebreos 12:12-17?: “Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.  Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.  Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.  Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”.

Este es otro texto que confunde a no pocos cristianos, porque dicen que Esaú es la semblanza de un cristiano que perdió su salvación, como aquel perdió la primogenitura, y que luego, ni aún llorando logró recuperarla.  ¿Es esto lo que aquí se enseña?

1. El versículo 12 dice que los destinatarios de esta carta debían levantar “las manos caídas y las rodillas paralizadas”.
Estos, a mi juicio, eran cristianos cuyas vidas estaban “paralizadas”, porque las manos y los pies simbolizan una vida activa para el Señor.  No eran cristianos entusiastas, no compartían el evangelio con tantos otros que lo necesitaban, con lo cual se privaban de la recompensa que el Señor tiene para los suyos.
2. El versículo 13 urge, diciendo: “Haced sendas derechas para vuestros pies”. Obviamente las sendas de ellos no eran tan derechas, porque al no comprometerse con el evangelio, eran, tal como dice más adelante “para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado”.
Un cristiano de dudoso testimonio, es como un hombre cojo que pretende correr con los atletas.
3. El versículo 14 dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”.
Probablemente este es uno de los más difíciles de entender.  Porque dice que sin la santidad “nadie verá al Señor”.
Creo que esto es lo que tenemos aquí: Si no seguimos la paz y la santidad, nadie verá al Señor en nosotros, por lo cual nadie se sentirá estimulado a seguirle.  Pero además, es también cierto que sin la santidad, la cual nos da el Señor al salvarnos, nadie verá a Dios.  Dicho en otras palabras, si uno no es salvo, tampoco es santo, de ahí que, ciertamente, es imposible que vea a Dios.
4. El versículo 15 dice: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

La primera parte del texto dice que los destinatarios (hebreos), miren con cuidado, no sea que desprecien la gracia, que dejen “de alcanzar la gracia de Dios”.
La segunda parte enumera algunas de las razones que podrían impedir el alcanzar esa gracia.  Estas razones son, “que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados”.

Si tomamos esto como palabras dirigidas a los judíos que ya eran creyentes, pero algunos de ellos un tanto... amargados, eso hacía que otros se debilitaran también.  La paráfrasis traduce así estas palabras: «No dejen que en ustedes broten raíces de amargura; porque éstas, al salir a la superficie, pueden causar problemas serios y dañar la vida espiritual de muchos» (He. 12:15).

5. Los versículos 16 y 17 del capítulo 12, dicen: “No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.  Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”.

Hay quienes en forma precipitada y sin considerar el contexto, interpretan la acción de Esaú como quien perdió su salvación y luego procuró recuperarla con lágrimas, pero ya no hubo caso.

La historia de la venta de la primogenitura se encuentra en Génesis 25:27-34: “Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas.  Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza; mas Rebeca amaba a Jacob.  Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom.  Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura.  Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?  Y dijo Jacob: Júramelo en este día.  Y él le juró, y vendió a Jacob su primogenitura.  Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura”.

Note especialmente el versículo 34.  Esaú no menospreció “su salvación”, sino “su primogenitura”.

Notemos lo que ocurrió y después: “Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar.  E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.  Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú?  Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.  Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses?  Yo le bendije, y será bendito.  Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío.  Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.  Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición.  Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí?  Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?  Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío.  Y alzó Esaú su voz, y lloró” (Gn. 27:30-38).

Hay que tener en cuenta el versículo 38: “Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío?  Bendíceme también a mí, padre mío.  Y alzó Esaú su voz, y lloró”.

¿Por qué perder la primogenitura era tan grande pérdida?  ¿Cuáles eran algunas de las ventajas del primogénito?: “Si un hombre tuviere dos mujeres, la una amada y la otra aborrecida, y la amada y la aborrecida le hubieren dado hijos, y el hijo primogénito fuere de la aborrecida; en el día que hiciere heredar a sus hijos lo que tuviere, no podrá dar el derecho de primogenitura al hijo de la amada con preferencia al hijo de la aborrecida, que es el primogénito; mas al hijo de la aborrecida reconocerá como primogénito, para darle el doble de lo que correspondiere a cada uno de los demás; porque él es el principio de su vigor, y suyo es el derecho de la primogenitura” (Dt. 21:15-17).

Lo que notamos aquí es que el primogénito recibía el doble de lo que correspondía a sus hermanos.  Muchas veces tenía derecho también al trono si su padre era rey: “Durmió Josafat con sus padres, y lo sepultaron con sus padres en la ciudad de David.  Y reinó en su lugar Joram su hijo, quien tuvo por hermanos, hijos de Josafat, a Azarías, Jehiel, Zacarías, Azarías, Micael, y Sefatías.  Todos estos fueron hijos de Josafat rey de Judá.  Y su padre les había dado muchos regalos de oro y de plata, y cosas preciosas, y ciudades fortificadas en Judá; pero había dado el reino a Joram, porque él era el primogénito” (2 Cr. 21:1-3).

Esaú despreció la primogenitura. Esaú, si lo comparamos con un cristiano, despreció esa distinción que Dios tiene preparada para aquellos que aprovechan tan especial sitial.

Creo que en la presencia del Señor, ante su tribunal muchos cristianos llorarán amargamente cuando descubran que su descuido mientras vivían habiendo conocido al Señor, es irreversible, aunque se arrepientan llorando amargamente: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Co. 5:10).

De esto habla Juan en 1 Juan 2:28: “Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados”.

Hágase estas preguntas:
•    ¿Hace usted lo mejor en el servicio del Señor?
•    ¿Es usted fiel al Señor en todo sentido de la palabra?
•    ¿Qué en cuanto a su testimonio en su hogar, su iglesia y en general?
•    ¿Qué clase de material está enviando a su hogar eterno?

Esaú nunca pensó que la primogenitura le serviría de algo... ¡Pero luego lo lamentó!
Si usted está tan seguro de su salvación por gracia, está bien, pero esto no significa que sus obras, su conducta, no tienen importancia.

“El que persevere hasta el fin”.  “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.  Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.  Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 24:10-13).

Jesús dijo estas palabras para cuando su iglesia ya estará con él.  Una mejor traducción sería: «El que sobreviviere (de los judíos) hasta el fin, será salvo».
Son muchísimos los textos que hablan del remanente que sobreviva la tribulación afirmando que todos ellos serán salvos.  Hablamos del remanente de Israel:
•    “En aquel tiempo el renuevo de Jehová será para hermosura y gloria, y el fruto de la tierra para grandeza y honra, a los sobrevivientes de Israel.  Y acontecerá que el que quedare en Sion, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén registrados entre los vivientes, cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sion, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación” (Is. 4:2-4).
•    “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.  Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (Jer. 31:33, 34).
•    “Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.  Ni se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios.  Mi siervo David será rey sobre ellos, y todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en mis preceptos, y mis estatutos guardarán, y los pondrán por obra.  Habitarán en la tierra que di a mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y mi siervo David será príncipe de ellos para siempre.  Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre.  Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.  Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre” (Ez. 37:20-28).
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.  Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.  Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.  Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Ro. 11:25-29).
¿Significa todo esto que no hay textos en la Biblia que hablan de quienes pretenden ser salvos, pero no lo son?

Textos bíblicos que hablan de los que no son salvos

Puesto que en conducta muchas veces los cristianos no difieren de los incrédulos, hay, sin embargo algunos ejemplos donde claramente se dice lo que los espera al final del camino:
•    “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos.  Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos” (Ro. 16:17, 18).
•    “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo.  Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.  Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras” (2 Co. 11:13-15).
•    “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.  Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Ti. 3:1-5).
•    “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.  Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme” (2 P. 2:1-3).
•    “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.  Porque algunos hombres han entrado encubiertamente, los que desde antes habían sido destinados para esta condenación, hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.  Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales. ¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré.  Estos son manchas en vuestros ágapes, que comiendo impúdicamente con vosotros se apacientan a sí mismos; nubes sin agua, llevadas de acá para allá por los vientos; árboles otoñales, sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; fieras ondas del mar, que espuman su propia vergüenza; estrellas errantes, para las cuales está reservada eternamente la oscuridad de las tinieblas” (Jud. 3, 4, 10-13).
Si examinamos cada uno de estos textos, nos daremos cuenta de que claramente se dice que ellos serán condenados.

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