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El antisemitismo

La descripción que nos ofrece la Escritura de Satanás es muy diferente a la que se promueve popularmente.  La Biblia no trata de él como un personaje extravagante, con cuernos, cola, un tridente y con un vestido rojo ridículo, ajustado al cuerpo.

   En lugar de eso es un adversario inteligente, engañoso y peligroso.  El apóstol dice refiriéndose a él: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”(1 P. 5:8).

Satanás conoce nuestras debilidades y las explota con gran ventaja.  La Escritura realmente no habla mucho sobre su poder, de lo inteligente que es, de su extrema sutileza, su engaño y muchas mentiras.  Él se vale de astucia, falsedad y utiliza todo lo que tiene a su disposición con tal de hacernos caer.  No en vano dijo el apóstol que es como un león rugiente.

Pablo dijo refiriéndose a los poderes diabólicos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Ef. 6:12).  Son esas tinieblas espirituales las que nos atacan de continuo y nos engañan.  Por consiguiente, Pablo prosigue a decir en 2 Corintios 2:11: “Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones”.

La ignorancia no es una excusa, especialmente cuando se trata de un enemigo de esta naturaleza.  Una de las reglas cardinales de la guerra es conocer a nuestro adversario.  Cuanto más podamos identificarlo, mejor podemos combatirlo.  Sabiendo cómo actúa, estamos más capacitados para reconocer cómo ataca y cómo defendernos y resistir sus dardos fieros en la fortaleza del Señor.

Pero... ¿Cuál es la naturaleza de Satanás?  En la Biblia, los nombres de una persona, frecuentemente revelan su naturaleza, actividad y misión, y el diablo es conocido por más de treinta nombres diferentes, algunos de los cuales son:

• El “...adversario...” (1 P. 5:8).
“...El dios de este siglo...” (2 Co. 4:4).
• El “príncipe de la potestad del aire...” (Ef. 2:1-3).
“...El acusador de nuestros hermanos...” (Ap. 12:10; Job 1:6-12).
•    “El enemigo...” (Mt. 13:39).
•    “...El tentador...” (Mt. 4:3).
•    El “...león rugiente...” (1 P. 5:8).
•    “El padre de mentira” (Jn. 8:44).
•    “...El gran dragón, la serpiente antigua...” (Ap. 12:9).
•    “...Homicida... mentiroso...” (Jn. 8:44), etc.

¿Cuáles son los objetivos principales de Satanás?

•    Engañarnos respecto a la verdadera naturaleza del pecado.
•    Hacer que dudemos de la Palabra de Dios.
•    Hacer que nos sintamos inferiores e inadecuados.
•    Tentarnos para que no confiemos en Dios.
•    Desanimarnos respecto a nuestro progreso y crecimiento espiritual.
•    Desalentarnos por causa de nuestra inconsistencia y la de otros hermanos.
•    Hacernos perder nuestra vitalidad y credibilidad.
•    Animarnos para que abdiquemos de la vida cristiana.
•    Hacernos inefectivos y carentes de fruto en nuestro servicio a Dios.
•    Dividir nuestras congregaciones por medio de conflictos innecesarios y sin resolver.
•    Hacer que dudemos de las verdades dadas en la Palabra de Dios.
•    Instigar el odio contra Israel, Su pueblo escogido.

¿Cuáles son las armas que tiene Satanás en su arsenal?

•    Miedo, acusaciones falsas y condenación.
•    Dudas e información falsa.
•    Furia y hostilidad.
•    Preocupación y ansiedad.
•    Culpa verdadera y falsa.
•    Tentaciones de toda clase, engaño y mentiras.
•    Desaliento y desánimo.
•    Depresión profunda.
•    División y conflicto.
•    Ignorancia y conceptos erróneos contra Su pueblo escogido.

Ya mencionamos, que una de las armas en el arsenal de Satanás contra los cristianos, es instigarlos para que odien al pueblo de Dios, Israel.  Pero... ¿Cómo es posible esto?

Cómo pueden los cristianos odiar al pueblo que dio a nuestro bendito Salvador?  ¿Será que realmente existe el antisemitismo cristiano?  ¡Eso no tiene sentido!  Tristemente es así, aunque el tema nos pueda parecer absolutamente contradictorio, ya que se supone que los cristianos debemos estar a favor de los judíos, pero nunca en contra.

Cuando se trata del amor hacia el pueblo de Israel, la travesía por esa tenebrosa herencia resulta muy difícil, mucho más que permanecer cómodos en nuestro ámbito cristiano.  Para comprender dicho enigma, tenemos que penetrar en la mente y el corazón de los judíos.  Un rabino judío comentó: «No me digas que me amas, si no sabes lo que me causa dolor». Y yo le pregunto: «¿Conoce el dolor de ellos?  ¿Ha penetrado en el mundo de los judíos lo suficiente como para reconocer el odio de que han sido víctimas, y que aún sufren?  ¿Puede usted imaginar un desprecio tan universal que finalmente hasta se designó una palabra específica para identificarlo, y puede comprender que ese término existe por causa de usted mismo?».

El «antisemitismo»es un término moderno para una condición antigua.  El agitador de masas alemán Wilhelm Marr introdujo esta horrible palabra en 1879, a medida que organizaba un movimiento en contra de los judíos.  Tristemente, por siglos ellos han padecido la forma más cruel de ese odio de parte de muchos que se hacen llamar cristianos.

Dennis Prager, quien nació en 1948, es un periodista norteamericano, autor, columnista y anfitrión de un programa de radio.  Es muy conocido por sus puntos de vista sociales y valores judeo cristianos.  Prager, junto con el rabino ortodoxo norteamericano Joseph Teleushkin, quien asimismo nació en 1948 y también es autor y conferencista, escribieron un libro publicado en inglés que se titula ¿Por qué los Judíos? Allí explican por qué los judíos han sido objeto del odio universal más grande en la historia, y por qué el estado de Israel es el más despreciado en el mundo.

Y dicen en una porción de su libro: «El odio contra los judíos ha sido la peor de todas las fobias en la humanidad.  Aunque otros grupos en el mundo han sido aborrecidos, ningún odio ha sido tan universal, tan profundo o tan permanente». Junto con esos autores, debemos también preguntarnos: ¿Por qué los judíos?  ¿Por qué son tan odiados?  ¿Por qué son tan perseguidos?  ¿Cuál es el carácter de este pueblo que ha generado tanta ira y veneno, hasta el punto en que el término incluso tome una identidad casi “cristiana”, al llamársele «antisemitismo cristiano»?

En ocasiones algunos me han preguntado ásperamente: «¿Y por qué Dios prefiere tanto a los judíos?». Pero... ¿Puede usted percibir lo que hay realmente detrás de esa pregunta?  Lo que se advierte es ignorancia de la verdad y negación a la realidad.  La verdad, es que Dios no prefiere a los judíos, sino que los escogió.  La realidad es que el pueblo judío, por esa razón lleva una pesada responsabilidad, una carga que ninguna otra nación jamás ha tenido que llevar.

Los decretos en contra de los judíos y los pogromos pueden ser trazados desde los inicios de la historia, mucho antes de la era cristiana.  Pero el expediente más largo de antisemitismo lo tiene el catolicismo que ha sido la religión más dominante en muchas naciones por casi dos milenios.

El factor Judío

El Señor llamó a Israel para que evidenciara tres verdades fundamentales:

1. De que hay un solo Dios, en contraste con la idolatría mundial, que es el único y que no hay otro fuera de Él.
2. En la Biblia, el Dios de Israel escribió sus propias instrucciones, respecto a cómo vivir una vida santa delante de Él, y espera que su pueblo le obedezca.
3. Así como un árbol necesita la tierra para sostenerse, el pueblo judío también necesita y reclama el territorio de Israel como suyo, porque Dios mismo se lo otorgó.  En la actualidad es la propiedad más disputada en el mundo.

Los cristianos bíblicos apreciamos la luz de la verdad divina que proviene de esa nación escogida por Dios, ya que es luz redentora para todos los pueblos.  Pero algunos que se aplican a sí mismos el título de “cristianos”, hasta les molesta la simple sugerencia de que siquiera necesiten una luz.  El pueblo judío ha sido escudriñado, analizado y criticado, amado y odiado, por cada generación.

El activista social de Sudáfrica, Olive Schreiner, comentó: «Es difícil que las demás naciones del mundo vivan en presencia de los judíos.  Su sola mención les irrita e incomoda.  Ellos avergüenzan al mundo porque han hecho cosas inimaginables.  Se han convertido en extraños de la moralidad desde que su antepasado Abraham introdujo en el mundo los elevados niveles éticos y el temor del Cielo». Por su parte, Winston Churchill opinó: «Algunas personas quieren a los judíos, y otras no.  Pero ningún hombre pensante puede negar el hecho de que son, más allá de toda duda, la raza más formidable y admirable que haya aparecido en el mundo».

Es necesario examinar la historia a profundidad para conocer el origen del antisemitismo.  Los cristianos fieles a la verdad bíblica deben estar dispuestos a escudriñar hasta sus más profundas raíces, y luchar contra las fuerzas espirituales del mal que oprimen a los escogidos de Dios.  La raíz del antisemitismo se encuentra en los niveles sociales, históricos, políticos, económicos, religiosos, interpersonales además de los espirituales.

El fallecido autor y maestro cristiano Derek Prince escribió, que uno de sus profesores en la Universidad Hebrea en 1946, creía que la raíz del problema era sociológico, ya que el pueblo judío era una minoría extranjera con una cultura distinta, que desarmonizaba con los demás pueblos gentiles a su alrededor.  Prince le respondió, que la raíz era espiritual, y que el establecimiento del estado judío intensificaría el problema al proporcionar un blanco más obvio para el antisemitismo.  Después que han transcurrido más de 60 años, podemos juzgar si el estudiante o el maestro tenía la razón.  Actualmente, los sociólogos nos dicen que el antisionismo se ha convertido en el nuevo antisemitismo.

Pero... ¿Qué es exactamente el antisemitismo?  La respuesta puede ser muy variada, pero es importante que quienes creemos en el Dios de la Biblia, sepamos cuáles son los fundamentos del problema.  Que tengamos claro que el antisemitismo tiene su origen en la misma fuente de toda maldad, que se trata de algo personal con identidad propia.  Dios tiene un enemigo y éste tiene nombre propio.

Son dos los niveles del antisemitismo, a los cuales podríamos denominar inferior y superior.  El nivel inferior es como la planta baja de un edificio.  Es uno invisible y espiritual, en donde tenemos la caldera hirviente del odio, de la cual emanan las llamas, el humo y los gases tóxicos del antagonismo en contra del pueblo judío.  El segundo nivel, el superior, vendría a ser como la planta alta, en donde encontramos la expresión manifiesta y tangible del antisemitismo, el escenario donde se encuentran los participantes del drama.

En el nivel inferior, la naturaleza del mal que alimenta y propulsa al superior, ha permanecido idéntica a través de las edades, y junto con el superior se refuerzan en su maldad.  El origen de este odio, tal como suponemos es Satanás, cuyo pensamiento central es la destrucción total de los judíos, de los descendientes naturales de Abraham, Isaac y Jacob, en otras palabras del pueblo de Israel.  Vemos que Dios le dijo a Jacob: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (Gn. 32:28).

De manera igualmente importante, el deseo de Satanás es destruir totalmente a quienes por la poderosa mano de Dios se han adherido a esa herencia por la fe y gracia, y han sido injertados en el olivo.  El hecho de que el antisemitismo haya existido desde hace tantos siglos, es evidencia de que no es producto de una cultura especialmente violenta, una religión específica o un grupo social marginado.  Cada país o grupo social que ha perseguido a los judíos ha encontrado una justificación.  Sin embargo, sus orígenes se encuentran más allá de la comprensión de los historiadores, los sociólogos o los educadores.

Los planes de Satanás siempre han sido acabar con el pueblo judío y lo ha tratado de hacer valiéndose de todos los medios, utilizando cualquier agente que esté dispuesto (ya sea una sociedad, un movimiento político, una religión o una causa), y pone el máximo empeño por alcanzar esa meta.  El antisemitismo, antijudaísmo, antisionismo o simplemente la “judeofobia” son las manifestaciones visibles del mal.  Los nombres pueden variar, pero las intenciones son tan funestas como siempre.

En el nivel superior, el antisemitismo es muy evidente.  Puede ser medido y observado.  Es la maldad que se manifiesta en la carne, la mente, o la política de un país, grupo religioso, o estado.

La raíz espiritual nace de un tenebroso odio diabólico que surge de las profundidades mismas del infierno.  Se manifiesta por medio de personas que deciden maldecir en vez de bendecir a Israel.  Satanás y sus secuaces se oponen al pueblo judío porque son el instrumento escogido por Dios para realizar su programa de redimir al mundo.  El Dios de Abraham, Isaac y Jacob lo desea efectuar por medio del pacto eterno que hizo con Israel, cuando dijo: “Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti.  Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos” (Gn. 17:7, 8).  Sin embargo, cuando la Iglesia Católica no reconoció la naturaleza eterna de la relación de Dios con Israel, dio rienda suelta a un odio demoníaco y mortal contra el pueblo judío.

¿Antisemitismo “cristiano”?

El señor Dennis Prager también escribió: «Los primeros padres de la Iglesia se vieron confrontados con el terrible hecho de que los judíos, por el simple hecho de continuar existiendo, amenazaban la legitimidad de la Iglesia». Aunque ese es un análisis verdadero, carece de sentido.  Algunos padres de la Iglesia asumieron que el cristianismo sólo tendría validez si se invalidaba el judaísmo.  Esa perspectiva de «uno u el otro» en vez de «ambos a la vez», sentó las bases para el antisemitismo cristiano, al que Prager llama «el odio contra el judío más perdurable de la historia». Alguien escribió: «La historia que cada judío ha aprendido de memoria es la historia que cada cristiano ha olvidado». Si los cristianos hemos de amar realmente al pueblo judío, es necesario que estemos bien enterados del dolor que le ha causado la Iglesia a lo largo de los años, que recordemos esta dolorosa historia.

La Iglesia fue inicialmente judía, comenzando con el Señor Jesucristo y sus apóstoles quienes eran todos descendientes del pueblo de Israel, hasta una multitud judía procedente de las naciones que se reunió en Jerusalén el día de Pentecostés.  Durante varias décadas, la Iglesia estuvo integrada mayormente por el pueblo de Israel.  Los primeros cristianos eran de la secta nazarea, con pensamiento y costumbres hebreas.  Las primeras disputas entre la Iglesia y la sinagoga fueron en realidad debates entre miembros de la familia en torno a ese nuevo “Camino”que muchos seguían.

Pero nuevos cristianos gentiles comenzaron a añadirse a esa fe que iba en expansión.  De acuerdo con el designio de Dios, los gentiles podían formar parte de ella, porque eran injertados a la raíz judía, pero con ellos también llegó el pensamiento griego que gradualmente ahogó la perspectiva hebrea del mundo y de su vida en Dios.

Pero... ¿Cómo penetró esa estructura de autoridad griega en la Iglesia?  Realmente fue una simple transición.  Es cierto que ya no tenemos emperadores que actúen como “dios”, pero ¿quién ocupó el lugar de ellos dentro del liderato cristiano?  El ejemplo más claro lo vemos en la estructura de la Iglesia Católico Romana con el Papa.  De manera interesante, la doctrina de la infalibilidad Papal fue definida dogmáticamente en 1870 durante el Primer Concilio Vaticano.  Fue entonces cuando se oficializó el concepto de que el Papa hablaba incuestionablemente de parte de Dios.  A eso se refiere el término «ex cátedra», que literalmente significa «desde la silla», ya que lo que pronuncia el Papa supuestamente tiene mayor autoridad que cualquier otra persona, concilio o líder.

La separación entre los cristianos y los judíos se agrandó a medida que la Iglesia perdía su rumbo bajo el liderato helenizado.  Las subsiguientes revueltas del pueblo de Israel contra Roma, el asedio romano contra Jerusalén y los reclamos de falsos mesías, forzaron la huida de los cristianos, dejando atrás solo a los judíos.  Cuando los líderes gentiles vieron que el resto del pueblo fue expulsado de la Tierra Prometida, que Jerusalén era conquistada y el templo destruido, comenzaron a enseñar que la Iglesia había reemplazado y suplantado a Israel.  La Iglesia pronto comenzó a leer las Escrituras de manera alegórica.  Ya no habían más judíos, excepto para propósitos ilustrativos.

Siglos de heridas

Durante los siglos subsiguientes, el cristianismo romanizado por Constantino procedió a herir y humillar al aparentemente derrotado judaísmo.  El autor Marvin Wilson, profesor de estudios bíblicos y teológicos en el Colegio Gordon en Wenham, Massachusetts, hace la siguiente observación: «Sería muy difícil encontrar un sólo siglo cuando la iglesia no contribuyera de manera significativa a la angustia del pueblo judío». Sólo para que tenga una idea, a continuación compartiremos con usted una muestra histórica de las enseñanzas de varios líderes cristianos:

Segundo Siglo:

•    Ignacio de Antioquía: «El que celebra la Pascua participa con los que mataron a Cristo y a sus apóstoles».
•    Justino Mártir: «El pacto de Dios con los judíos ya no es válido, porque la Iglesia reemplazó a los judíos».
•    Ireneo, obispo de Lyón:«Los judíos han perdido su herencia de la gracia de Dios».
•    Clemente de Alejandría: «Dios ha dado la filosofía griega para dirigir a los gentiles, no las Escrituras Hebreas».

Tercer Siglo:

•    Orígenes: «Una interpretación alegórica de las Escrituras Hebreas es suficiente».
•    Tertuliano: «Todos los judíos son culpables por la muerte de Cristo».
•    Cipriano, obispo de Cartago: «Todos los judíos deben irse de su territorio o morir».
•    Eusebio: «La Iglesia ahora posee las promesas y bendiciones del Antiguo Testamento; las maldiciones son para los judíos».

Cuarto Siglo:

•    Jerónimo: «Los judíos son serpientes, llevando la imagen de Judas, incapaces de comprender la Biblia».
•    Agustín: «Los judíos sobreviven para ser pueblo del testimonio, su opresión testifica la validez del cristianismo y le otorga a los cristianos el derecho de humillarlos».
•    Juan Crisóstomo, obispo de Antioquía: «Dios siempre ha odiado a los judíos, y es un deber cristiano odiarlos también: Yo odio a la sinagoga; odio a los judíos por la misma razón... los judíos han sido abandonados por Dios, y por su crimen de deicidio no hay expiación posible».
Así fue creado el nuevo término «deicidio» «el asesinato de Dios».  Los líderes eclesiásticos enseñaron que todos los judíos de todos los tiempos eran culpables de lo mismo.

Más actos hirientes

Durante los siguientes siglos, la denominada “Iglesia Triunfante” descubrió más maneras de subyugar al pueblo judío, recordándoles su supuesto estado de maldición.  Constantino se convirtió en emperador del “catolicismo” y en el año 312 comenzó la persecución en contra de los judíos.

Con la aparición de este emperador y su “cristianización” del imperio romano, la mayor parte de la Iglesia adoptó una estructura jerárquica en imitación a la cultura romana.  Según el pensamiento hebreo, sólo Dios es la máxima autoridad, pero  ¿qué sucedió cuando se adoptó una mentalidad griega?  Que se creó una jerarquía aparte y superior a los congregantes.  De hecho, Constantino fue el primer emperador en requerir que los obispos vistieran de ropa imperial para que pareciesen como parte de la realeza.  Eso nunca hubiese sucedido si la Iglesia se hubiese mantenido en su mentalidad judía donde solamente Dios es la autoridad.

Bueno, en primer lugar, todas las iglesias occidentales han heredado esa tendencia. Por casi mil quinientos años, la estructura de la iglesia occidental europea fue dirigida por un Papa a manera de emperador, y los obispos a manera de gobernadores o subcomandantes bajo el mando del “emperador”. Esa fue la costumbre que heredaron las iglesias occidentales.  En segundo lugar, casi todas las denominaciones han puesto un líder o un grupo como cabeza de sus congregaciones, sea un presidente del concilio, o un sínodo o consejo eclesiástico.  Hemos cambiado la terminología o el estilo un poco, pero es la misma cadena autoritaria de mando, sea católico, ortodoxo o de las principales denominaciones protestantes.
¿Cuáles son los resultados?  En el pensamiento griego, el rey tenía una conexión directa con Dios.  ¿Y qué implica esto?  ¿Recuerda la historia romana?  Los emperadores eran considerados como dioses.  En el pensamiento de los judíos, esto es una blasfemia.  Podemos encontrar ejemplos en la historia cuando la autoridad del profeta era igual, o sobrepasaba la autoridad del rey en momentos que hablaba de parte de Dios.  Probablemente el mejor ejemplo de eso es el profeta Natán, cuando retó las acciones pecaminosas del rey David respecto a Betsabé.  ¿Recuerda lo que ocurrió?: “Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre.  El rico tenía numerosas ovejas y vacas; pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija.  Y vino uno de camino al hombre rico; y éste no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas, para guisar para el caminante que había venido a él, sino que tomó la oveja de aquel hombre pobre, y la preparó para aquel que había venido a él.  Entonces se encendió el furor de David en gran manera contra aquel hombre, y dijo a Natán: Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte.  Y debe pagar la cordera con cuatro tantos, porque hizo tal cosa, y no tuvo misericordia.  Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre.  Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.  ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?  A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón.  Por lo cual ahora no se apartará jamás de tu casa la espada, por cuanto me menospreciaste, y tomaste la mujer de Urías heteo para que fuese tu mujer.  Así ha dicho Jehová: He aquí yo haré levantar el mal sobre ti de tu misma casa, y tomaré tus mujeres delante de tus ojos, y las daré a tu prójimo, el cual yacerá con tus mujeres a la vista del sol.  Porque tú lo hiciste en secreto; mas yo haré esto delante de todo Israel y a pleno sol” (2 S. 12:1-12).

En ningún otro país del mundo antiguo hubiese podido sobrevivir una persona, luego de hacer tal crítica contra el rey.  Pero en el antiguo Israel, prevalecía una clara comprensión de que la autoridad del profeta era igual o aún mayor que la del rey.
Las denominaciones protestantes principales también tienen una jerarquía, ya sea una persona o un concilio de líderes, que definen la “verdad” para esa denominación.  En contraste, el judaísmo tiene más flexibilidad porque tiene múltiples cabezas que ofrecen sus opiniones respecto a algún asunto controversial.  Si fuera a preguntar quién es la cabeza principal dentro del judaísmo hoy día, tendríamos que contestarle que no hay una sola persona.  Ni siquiera en el moderno estado de Israel, donde existe la posición del Rabino Principal, pero realmente son dos.  Uno es el Rabino Principal de los Sefardíes y el otro es el Rabino Principal de los Asquenazíes, y a nadie le parece especialmente extraño.
Otro fenómeno que trajo consigo la “cristianización de Roma por Constantino” fue que cuando Roma era pagana, adoraban las estatuas de los emperadores y de los distintos dioses, pero cuando se hizo “cristiana”, simplemente cambiaron las estatuas de los dioses por las de los santos.  Si hubiesen estado firme en sus raíces, nunca habrían tenido esos problemas porque nunca se les habría ocurrido hacer eso, ya que la Biblia dice: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.  No tendrás dioses ajenos delante de mí.  No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos” (Ex. 20:2-6).
Es claro que no podemos hacer imágenes para adorarlas, y si la Iglesia hubiese mantenido el pensamiento judío, habrían destruido todas esas estatuas en vez de incorporarlas como parte de la adoración.  Por otro lado, la Iglesia olvidó que tenía que ser diferente a los demás.  El Señor Jesucristo nos dice en el Nuevo Testamento: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Jn. 17:16).

Con la paganización de la Iglesia se implantaron también todo tipo de restricciones que afectaban directamente a los judíos.  A continuación mencionaremos algunas:

•    Se le prohibió a los cristianos que comieran con los judíos, que se casaran con ellos e incluso que visitaran médicos judíos.
•    Se les prohibió a los judíos que orasen el Shemá, la declaración sobre el único Dios de Israel citado por el Señor Jesucristo en Marcos 12:29: “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”.
•    Los judíos no podían celebrar la Pascua cuando caía antes de la semana santa.  Parece que la Iglesia olvidó que la semana santa realmente era la celebración de la Pascua judía y el Domingo de Resurrección el día de las primicias.
•    Una iglesia europea mal informada se aprovechaba de sus representaciones de viernes santo para perseguir a los judíos de la localidad.  Muchos eran arrastrados por las calles, golpeados y asesinados por el crimen de haber matado a Cristo.
•    En el año 589 en España, el Tercer Concilio de Toledo ordenó que los niños nacidos entre matrimonios católicos y judíos fuesen bautizados por la fuerza, iniciándose una campaña por convertir a todos los judíos.  Miles huyeron por temor a la muerte y otros miles tuvieron que convertirse por la fuerza.
•    En el año 614, Ciro II y sus tropas persas asesinaron a miles de católicos y destruyeron sus iglesias.  Los judíos fueron acusados de apoyar a los invasores.  Luego en el año 629, Heraclio expulsó a los persas y se vengó en forma sangrienta de los judíos.
•    En el año 680, en España, el rey católico Ewig ordenó la conversión de cada judío, el que se negaba era exilado o muerto.
•    En el año 694, en España, el rey Egica acusó a los judíos de traición.  Se les confiscaron las propiedades y fueron declarados esclavos, prohibiéndoles practicar su fe.  Por decreto, a la edad de siete años los niños eran arrebatados de sus padres y entregados bajo la custodia de tutores católicos.
•    En Burdeos, Francia, en el año 848, la iglesia acusó a los judíos de traición y de haber entregado la ciudad a las fuerzas invasoras danesas.
•    En Toulouse, Francia, el día de Pascua, un judío era abofeteado públicamente en el rostro por el obispo, en castigo porque su pueblo entregó a Jesús en manos de los romanos.  Esto se constituyó en parte de las observaciones de la Pascua.
•    En el año 1095, el papa Urbano II proclamó la primera cruzada para liberar los lugares santos de los musulmanes.  Al año siguiente, bajo el mando de Gualterio Sin Haber, grandes números de campesinos y algunos caballeros entre ellos, avanzaron hacia Jerusalén masacrando a los judíos.  Le dieron muerte a 800 de ellos en Worms y más de 1000 fueron aniquilados en Mainz y enterrados en fosas comunes. En total 5.000 judíos fueron asesinados en el territorio que rodea al Rin.  El ejército de Gualterio fue detenido por las fuerzas musulmanas en Dorylaeum, Asia Menor, pero otros dos ejércitos que le seguían continuaron avanzando y llegaron a Jerusalén en el año 1099.
•    Entre 1096 y 1300, en una serie de siete cruzadas regionales, los soldados cristianos de Europa marcharon bajo la insignia de una cruz roja para retomar la Tierra Santa de los musulmanes.  De camino, sintieron la necesidad de acabar con los judíos.  Además de los musulmanes, toda una comunidad judía en Francia fue quemada en la hoguera.  Luego de darle muerte a los musulmanes en Jerusalén, los cruzados reunieron a todos los judíos en la principal sinagoga, sellaron sus puertas y la incendiaron.  Mientras los hombres, las mujeres y los niños clamaban adentro pidiendo compasión, ellos cantaban «Cristo, te adoramos».
•    En 1171, los judíos de Blois, en el centro de Francia, fueron acusados de cometer asesinatos rituales; de asesinar y sacrificar niños para obtener la sangre de ellos para sus fiestas del Cordero Pascual.  Los católicos consideraban a los judíos como inhumanos, nacidos del diablo, que necesitaban beber sangre a fin de mantener su apariencia humana.
•    Acusaciones similares en contra de los judíos se hicieron en Norwich, Inglaterra en 1144.  El 26 de mayo de 1171, todos los judíos residentes en Blois, hombres, mujeres y niños fueron quemados en la hoguera.
•    En 1190, una turba de cruzados ingleses atacó a los judíos en York.  Ellos se refugiaron en un castillo y se suicidaron en masa.  Más o menos en el mismo tiempo, los judíos fueron designados oficialmente como esclavos del rey inglés Ricardo I Corazón de León.  El papa Inocencio III aplaudió el nuevo decreto.
•    En 1215, el mismo año en que se firmara la Carta Magna en Inglaterra, el papa Inocencio III celebró el IV Concilio Luterano.  Fue un personaje clave en la formación de la inquisición.  A los judíos se les ordenó que llevaran puesta ropa diferente para diferenciarlos de los católicos y se les prohibió trabajar en oficinas públicas.
•    En 1227, en Narbona, Francia, la iglesia ordenó que los judíos llevaran puestas unas insignias ovaladas, prohibiéndoles salir fuera de sus casas durante la semana santa.
•    En 1291, un ejército de 16.000 campesinos cruzados europeos enviados por el papa Nicolás IV, llegaron a Akko y masacraron a los judíos.
•    En 1298, la iglesia inició la persecución en contra de los judíos en Franconia, Baviera y Austria.  El noble  Kalbfleish dijo que había recibido la orden divina de acabar con los judíos.  140 comunidades fueron destruidas y más de 100.000 israelitas fueron masacrados sin misericordia.
•    En 1370, los judíos fueron culpados de haber profanado la hostia usada en la misa en Brabante.  El acusado fue quemado vivo.  Todos los hebreos fueron desterrados de Flandes y hasta 1820, cada quince años se celebraba una fiesta para conmemorar el evento.
•    En 1391, la iglesia persiguió a los israelitas en España.  En Sevilla, 70 comunidades fueron cruelmente masacradas y los cuerpos de los judíos desmembrados.
•    En 1453, el monje franciscano Capistrano, persuadió al rey de Polonia para que privara a los judíos de todos los derechos ciudadanos.
•    En 1469, la iglesia comenzó las expulsiones en masa de los israelitas desde España.  Los que no huían eran convertidos a la fuerza, o eran arrestados y ejecutados por la inquisición.
•    En 1483, Tomas de Torquemada fue nombrado director de la inquisición española.  13.000 judíos fueron convertidos por la fuerza y cualquiera que era acusado de practicar su fe en privado, era quemado en la hoguera.
•    El 31 de marzo de 1492, el rey Fernando y la reina Isabel firmaron un edicto desterrando a los judíos de España.  300.000 que se negaron a ser bautizados tuvieron que irse sin un centavo.  Los reyes católicos comisionaron a Cristóbal Colón para que fuese de exploración, pero expulsaron al mismo tiempo a cientos de miles de judíos, y muchos más fueron torturados y asesinados.
•    Entre 1846 a 1878 todas las restricciones anteriores contra los judíos fueron puestas en vigor por el papa Luis IX.
•    Los líderes cristianos obligaron a los judíos a que vistieran marcas distintivas y ropa humillante.  Mucho antes que los nazis, los musulmanes y los cristianos requirieron que usaran un símbolo amarillo.  Hicieron circular teorías de conspiración culpándolos por la peste negra.  Debido a sus buenas costumbres de higiene y dieta en obediencia al Tora, el pueblo judío en su gran mayoría, casi nunca fue víctima de las plagas, razón por la cual se les acusaba de envenenar los pozos o de poner hechizos.  También se les difamaba por robar las hostias de la comunión para hincarlas con agujas y torturar a Cristo, y de esa manera continuar asesinándolo en cada generación.
•    De siglo en siglo, la mayoría de la Europa cristiana expulsó a los judíos de sus países.  Cierre sus ojos por unos minutos, y visualice a millones de judíos mientras huían ante el símbolo de la cruz y deambulaban sin hogar ni tierra: de Alemania en 1012, de Francia en 1182, de Inglaterra en 1290, de España en 1492, de Lituania en 1495, de Portugal en 1496 y de Italia en 1550.  También fueron expulsados de Hungría, Austria, Bohemia y Moravia.  Luego considere a Rusia con su asentamiento judío, un amplio confinamiento territorial como residencia para más de un millón, donde sufrían constantes persecuciones oficiales del estado bajo la bendición de la Iglesia Ortodoxa Oriental.
•    Recuerde las masacres de Alemania en 1298, España en 1391, Ucrania en 1648, Polonia en 1655 y Rusia en 1906, sólo por mencionar unos pocos.  La Inquisición fue diseñada para deshacerse de toda herejía eclesiástica de España.  Los judíos sólo tenían la opción de bautizarse o irse al exilio.  Muchos continuaron practicando su judaísmo en secreto, exponiéndose a una brutal investigación, arresto y muerte consecuente.

El cambio

Con la Reforma Protestante que tuvo lugar entre los años 1500 a 1600, llegó una oportunidad para mejorar la condición del pueblo judío a medida que la Iglesia regresaba a la autoridad bíblica y a su conexión judía.  Martín Lutero, valiente teólogo y líder espiritual de la Reforma, escribió un ensayo titulado Jesucristo nació como Judío, en reconocimiento a su identidad.  Sin embargo, al igual que muchos de sus precursores, continuó alegorizando a Israel, al igual que a porciones de la Biblia.  A pesar de que se enfrentó contra el corrupto establecimiento católico, se dice que Lutero se tomó la libertad de desarrollar un programa para convertir a los judíos y como no tuvo éxito, se tornó hostil contra ellos.
Se dice también que Lutero creía en el derecho divino de los reyes.  Si recuerda lo que mencionamos previamente acerca del pensamiento occidental, el rey era la línea directa de Dios con el ser humano.  Lutero escribió un tratado en el que decía que los reyes tenían el derecho de determinar la vida y el futuro de los pobres campesinos.  Ese pensamiento se hizo muy popular en la Europa central.  Varias dictaduras se ampararon bajo este concepto, y ayudó para que los gobernantes fuesen aceptados por el pueblo común, incluyendo los alemanes en tiempos de la dictadura nazi.  Después de todo, si el gobierno ordena algo, tenemos que obedecerlo.  Podríamos añadir a lo anterior otros ejemplos tristes de nuestro legado europeo “cristiano”, pero basta con el caso del aporte que realizó el catolicismo al Holocausto.

Se dice también, que más adelante Lutero escribió otro tratado titulado Sobre los Judíos y sus mentiras, abogando para que se quemaran sus sinagogas, se destruyeran sus casas, se le confiscaran sus libros de oración y copias del Talmud, se les prohibiera a los rabinos enseñar, que se les negara el derecho de viajar, y se les obligara a trabajar como servidumbre.

Los reformadores subsiguientes efectuaron muchos cambios, pero dejaron intacto el error de la teología del reemplazo y el trato alegórico de las promesas bíblicas al pueblo judío.  Les enojaba en extremo la resistencia de los judíos ante los intentos por convertirlos, y John Calvino luego escribió: «Su podrida y terca dureza de corazón merece que se les oprima sin cesar, sin medida y sin fin, y que mueran en su miseria sin compasión de nadie».
Cualquier esperanza de reparar la relación entre cristianos y judíos quedó destrozada.  Persistió una irreconciliable brecha, y el cisma quedó tan profundo que dio lugar al peor de todos los horrores.

El Holocausto

Con el Holocausto, fueron aniquilados dos terceras partes de los judíos europeos y una tercera parte de los judíos del mundo.  Esa es nuestra historia moderna.  ¿Y cómo afecta eso a la mentalidad de un pueblo?  ¿Acaso usted también no estaría a la defensa si a su pueblo lo persiguieran con intenciones de acabarlo?  Añada a eso la sensación de que el Holocausto provino como resultado de un catolicismo amargado.  Nosotros sabemos que el nazismo no fue un movimiento católico, pero escuche la observación que hizo un judío: «Esos campanarios alrededor de los campamentos de muerte eran católicos, ¿cierto?  Y la madre de cada guardia era católica, ¿no es así?».

Trágicamente, la “solución final” de Hitler fue el resultado de siglos de antisemitismo.  Marvin Wilson escribió: «Quizás la razón primordial por la que ocurrió el Holocausto fue que la Iglesia se olvidó de sus raíces judías». El autor Richard Booker, director del ministerio Sounds of the Trompet, un instituto para estudios hebreo cristianos, también escribió: «La política antisemita del catolicismo proveyó la justificación teológica que le permitió a Adolfo Hitler dar seguimiento a su ‘solución final’ para el problema judío.  Él sabía que podía implantar su plan de exterminio judío porque el catolicismo europeo era antisemita hasta la médula».

Raul Hilberg, quien nació en Viena en junio de 1926 y murió en Williston, Vermont en agosto de 2007, era un político, científico e historiador.  Fue considerado como el erudito más prominente del mundo en materia del Holocausto.  Sus libros en tres volúmenes titulados La destrucción de los judíos europeos, es considerada una obra maestra y un estudio seminal de la solución final nazi.

Hilberg declara en su obra: «Los misioneros del ‘cristianismo’ dijeron en efecto: ‘Ustedes no tienen derecho de vivir entre nosotros como judíos’.  Los líderes seculares luego proclamaron: ‘Ustedes no tienen derecho de vivir entre nosotros’.  Los nazis por fin decretaron: ‘Ustedes no tienen derecho de vivir’». Durante siglos, parecía que el catolicismo sólo tenía tres opciones para bregar con el pueblo judío:
1. Convertirlos, y así de esa manera “validar el cristianismo”,
2. Expulsarlos, y de esta forma consolidar la cultura, y
3. Exterminarlos, y de esa forma satisfacer el odio supremo.

La solución final de Dios

Pero existe otra opción: bendecirlos y ver lo que Dios puede hacer.  Los cristianos están redescubriendo esa opción bíblica, que es profunda tanto en su simpleza como en su fuerza.  Nuestra oportunidad es aferrarnos a la Palabra de Dios y bendecir, no maldecir, a su pueblo.  Pablo enseñó hace mucho tiempo “…que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia” (Ro. 11:31).

Hemos llegado a la raíz espiritual.  El fallecido autor y maestro cristiano Derek Prince explicó, que una vez cuando  predicaba en su Iglesia de Jerusalén, se escuchó a sí mismo declarar de repente: «El antisemitismo se puede resumir en una sola palabra ¡MESÍAS!». Y sigue diciendo: «En ese momento comprendí que el antisemitismo surgió de Satanás, motivado por su conocimiento de que Quien lo vencería, el Mesías, sólo podría venir a través de un pueblo que estuviese especialmente preparado por Dios para ello».

Hoy día, el pueblo judío anhela la llegada del Mesías para que venga y los salve.  Los cristianos también esperamos a Jesús para que venga y establezca su reino milenial y a Israel como cabeza de las naciones.  Es el Rey del Universo quien posee la solución finalpara Satanás: su destrucción y el triunfo total del bien sobre el mal.

Recordemos asimismo las palabras de Pablo: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad.  Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados.  Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.  Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Ro. 11:25-29).

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