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¿Es el diezmo una enseñanza Neotestamentaria?

Entiendo que más de uno de mis colegas pastores quedarán decepcionados, pensando que al eliminar el acariciado diezmo, las finanzas de las iglesias habrán llegado a los años de las “vacas flacas”.  ¡Todo lo contrario!

 La mayoría de las iglesias así lo enseñan.  Sin embargo, en el Nuevo Testamento aunque se menciona el diezmo en Mateo 23:23, de ninguna manera el Señor exige que su vigencia debe continuar también en la iglesia: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe.  Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”.  Aquí Jesús está hablando con los escribas y fariseos, con la “crema” del judaísmo en el campo religioso.  Ellos no formaban parte de la iglesia primitiva.

Así que tenemos que saber distinguir lo que era para ellos y lo que es para nosotros.  Todo el capítulo 23 de Mateo es muy fuerte, pero está dirigido a estos jerarcas eclesiásticos que habían abusado mucho de la pobre gente.

Ahora vamos al Antiguo Testamento, porque allí aprenderemos para qué es el diezmo, a quién fue dado y para qué sirve.  Diezmo es la décima parte de lo que usted gana.  Algunos dicen que debe ser del ingreso bruto y otros del neto.  Yo también enseñaba lo mismo, pero es un error serio imponerlo como si se tratara de algo neotestamentario.

 ¿A quién fue dado el mandamiento del diezmo?  Busque la respuesta en Levítico 27:29-34: “Ninguna persona separada como anatema podrá ser rescatada; indefectiblemente ha de ser muerta.  Y el DIEZMO de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.  Y si alguno quisiere rescatar algo del diezmo, añadirá la quinta parte de su precio por ello.  Y todo DIEZMO de vacas o de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, el DIEZMO será consagrado a Jehová.  No mirará si es bueno o malo, ni lo cambiará; y si lo cambiare, tanto él como el que se dio en cambio serán cosas sagradas; no podrán ser rescatados.  Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí”.

Note especialmente el versículo 34, donde se nos dice para quién fue dado este mandamiento: “Estos son los mandamientos que ordenó Jehová a Moisés para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí”.

 Los hijos de Israel debían diezmar, pero... ¿Por qué?  Porque la tribu de Leví, la que tenía a su cargo todo el sacerdocio y el ministerio espiritual, no recibió tierras para cultivarlas, ya que los diezmos de las once tribus restantes debían mantener a quienes les servían espiritualmente: “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los DIEZMOS en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.  Y no se acercarán más los hijos de Israel al tabernáculo de reunión, para que no lleven pecado por el cual mueran.  Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel.  Porque a los levitas he dado por heredad los DIEZMOS de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad” (Nm. 18:21-24).
Once de las doce tribus de Israel debían obligatoriamente entregar sus diezmos a fin de permitir que la tribu de Leví, de donde provenían los sacerdotes, pudieran ocuparse en los menesteres espirituales.  Esto no ocurre hoy.  Los pastores no son miembros de la tribu de Leví, ni el resto de los miembros pertenecen a las demás tribus.

La cuestión diezmar era estrictamente obligatorio para los judíos: “Indefectiblemente DIEZMARÁS todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año.  Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el DIEZMO de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.  Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia” (Dt. 14:22-26).

¿Qué pasaba cuando las once tribus dejaban de diezmar?  ¡No tenían guías espirituales y se prostituían tras los dioses paganos!: “Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo.  Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades.  Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren” (Dt. 14:27-29).  Aquí amplía un poco, ya que incluye a extranjeros, huérfanos y viudas necesitados.

¿Se aplica a la iglesia lo de Malaquías 3:6-12?: “Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos.  Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis.  Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.  Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?  ¿Robará el hombre a Dios?  Pues vosotros me habéis robado.  Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado?  En vuestros diezmos y ofrendas.  Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.  Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.  Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.  Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos”.

Veamos por qué no se aplica: Porque la iglesia no constituye la tribu de Leví.

 Porque el antiguo pacto, con todos sus artículos y exigencias en lo que se refiere a la Persona de Cristo, ya no está en vigencia, pues ha cumplido su objetivo: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gá. 3:24).  Todo lo que está en el Nuevo Testamento, que aparece primero en el Antiguo, está en vigencia, pero lo que no está vigente o está directamente anulado no se menciona en el Nuevo Testamento.  Y algo que no alude para nada, es esta cuestión sobre el diezmo.

 Porque el Nuevo Testamento va mucho más allá del diezmo: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.  Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.  Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.  Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hch. 4:32-37).

 Porque, aunque Pablo en sus epístolas menciona el aspecto material y la ayuda para quienes desempeñan las labores espirituales, jamás hace alusión al diezmo.  ¿Por qué?  Creo que las iglesias de entonces, tanto en Jerusalén, Judea, Samaria, Europa y Asia Menor, eran bastante parecidas en su capacidad económica como la mayoría de nuestras iglesias en todo el continente.

Si un pastor tuviera que depender de los diezmos de su iglesia, teniendo dos, tres o más hijos, moriría de hambre.

 Pablo toca varias veces la cuestión finanzas en la iglesia, sin embargo nunca se refiere al diezmo: “¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar?  ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas?  ¿Quién planta viña y no come de su fruto?  ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?  ¿Digo esto sólo como hombre?  ¿No dice esto también la ley?  Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla.  ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros?  Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.  Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?  Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?  Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.  ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?  Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Co. 9:6-14).  Él no enseña nada del diezmo, ni una sola palabra.  No encontraremos en ninguna de sus epístolas que Pablo enseñe algo acerca de cómo ofrendar o diezmar, eso está a cargo de cada uno y si usted es consciente de su responsabilidad, bueno, arréglese con el Señor.

 El Nuevo Testamento usa más bien la palabra “ofrenda”: “En cuanto a la OFRENDA para los santos (predicadores, etc.), haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.  Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces OFRENDAS” (1 Co. 16:1, 2).  Dos veces se menciona la palabra “ofrenda”, pero nada de diezmo.

Cuando enseñaba que el diezmo era neotestamentario, yo juzgaba así: Pablo era judío, acostumbrado al diezmo.  Luego el otro: “Según haya prosperado”, implica (pensaba yo) «proporción».  Puesto que Pablo era judío, conocía el diezmo, ese “según” habría sido el diezmo, pero esas deducciones no sirven, esto sería pretender algo que la Biblia no enseña.    Definitivamente diezmar es más que nada, nada es mucho menos que diezmo.  Hay dos razones por qué no diezmar:

1) Porque a la iglesia no se le exige tal cosa ni se la menciona, y
2) Porque es muy pobre, muy poco… pero si usted no va a dar nada, porque debe diezmar y se le enseñó eso, entonces puede diezmar, es un poquito más que nada… y yo prefiero que haya algo y no nada.

La iglesia de Macedonia decidió enviar una “ofrenda” a la de Jerusalén, ya que esa iglesia estaba atravesando por dificultades financieras: “Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos.  Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una OFRENDA para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.  Pues les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales” (Ro. 15:25-27).  ¿Por qué no habla de porcentaje?  Porque esto supone nacer en el ser humano.  ¿Cómo es que la iglesia en sus orígenes se desprendió de toda su inversión, así nada más, sin que nadie le dijera nada, y nosotros no podemos?  ¿Tanta importancia damos a la evangelización y todo esto?

 Repetición contradictoria.  He visitado muchas iglesias y he notado que antes de recolectar lo que se anuncia como... diezmos y ofrendas, se suele repetir 2 Corintios 9:7: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”.
Si el cristiano tiene derecho de dar únicamente lo que se propuso, entonces al verse obligado a dar el diezmo, no es necesariamente lo que se “propuso”, porque el diezmo Dios no lo propuso a los judíos, pues si así fuera, los levitas serían todos un ejército de esqueletos.

 Pero... ¿Acaso Abraham no le dio los diezmos a Melquisedec?.  Esto era mucho antes que existiera el pueblo hebreo, todavía era Abram su nombre y ni siquiera existía la ley mosaica, mucho menos los diez mandamientos ni nada de eso: “Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano.  Y le dio Abram los diezmos de todo” (Gn. 14:18-20).

Pero... ¿Acaso ocurrió esto en el Nuevo Testamento?  ¿Acaso no es cierto que Abraham lo hizo voluntariamente, incluso antes que naciera Leví, de cuya tribu vinieron los sacerdotes?  Además debemos recordar que los hebreos no eran los únicos que diezmaban, ya que Abraham mismo no se puede decir que era un judío pues él fue quien dio origen a toda esa nación.

Finalmente, no es ningún pecado diezmar, pero tomar esto como una obligación para la iglesia es doblemente incorrecto.  En primer lugar porque este sistema impide que la iglesia cuente con los fondos que tanto necesita, dejando la impresión en la mayoría de sus miembros que con el diezmo ya «han cumplido su obligación misionera».  La otra razón, es, porque la misma iglesia en sus orígenes tuvo completamente otra postura.  Los cristianos, ni bien entendieron cuál era su deber, se desprendieron de sus inversiones y/o ahorros, y todo lo recaudado entregaron para la divulgación del evangelio hasta mucho más allá de la “iglesia madre” en Jerusalén.  Lo que se dice de esa iglesia nunca más se repitió: “Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad” (Hch. 4:34, 35).

•   Nadie les dijo que hicieran como lo hicieron.
•   Nadie les dijo que vendieran lo no indispensable y se desprendieran de todo lo recaudado para la causa del evangelio.
•   Nadie había imaginado un plan tan efectivo para acabar con la desigualdad social, la pobreza y la ignorancia espiritual... ¿Todavía preferiría el diezmo?  ¡Por supuesto que diezmar es mucho más que nada!

Muchos se sorprenderán de mi respuesta en cuanto a diezmos.  Incluso, más de un colega estará furioso porque algunos de los hermanos de su iglesia tal vez dejen de diezmar.

Sin embargo el diezmar no es  Neotestamentario>

Razones:
 Porque este fue un mandamiento para los judíos, quienes debían hacerlo para asegurar el mantenimiento de los levitas:

 “Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová” (Lv. 27:30).
 “Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.  Y no se acercarán más los hijos de Israel al tabernáculo de reunión, para que no lleven pecado por el cual mueran.  Mas los levitas harán el servicio del tabernáculo de reunión, y ellos llevarán su iniquidad; estatuto perpetuo para vuestros descendientes; y no poseerán heredad entre los hijos de Israel.  Porque a los levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán a Jehová en ofrenda; por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad.  Y habló Jehová a Moisés, diciendo: Así hablarás a los levitas, y les dirás: Cuando toméis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida a Jehová el diezmo de los diezmos” (Nm. 18:21-26).
“Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año... Y si el camino fuere tan largo que no puedas llevarlo, por estar lejos de ti el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner en él su nombre, cuando Jehová tu Dios te bendijere, entonces lo venderás y guardarás el dinero en tu mano, y vendrás al lugar que Jehová tu Dios escogiere; y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia.  Y no desampararás al levita que habitare en tus poblaciones; porque no tiene parte ni heredad contigo.  Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades.  Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren” (Dt. 14:22, 24-29).
“Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán” (Dt. 26:12).

Todos estos mandamientos fueron dados a los judíos para que la tribu de Leví pudiera ocuparse en los menesteres espirituales.

 La segunda razón de por qué este sistema no es para la iglesia, es porque no aparece en el Nuevo Testamento, aunque hay referencias al mantenimiento de los que se ocupaban en predicar, enseñar y administrar los asuntos eclesiásticos.

Algunos ejemplos. El caso de Mateo 23:23, ¿favorece el diezmo o todo lo contrario?  Ningún escritor del Nuevo Testamento escribió tanto sobre la marcha de la Iglesia como el apóstol Pablo, pero jamás insinuó siquiera el diezmo como método para que el evangelio siguiera predicándose y que los encargados de las iglesias tuvieran el sostenimiento necesario: “¿O sólo yo y Bernabé no tenemos derecho de no trabajar?  ¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas?  ¿Quién planta viña y no come de su fruto?  ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño?  ¿Digo esto sólo como hombre?  ¿No dice esto también la ley?  Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla.  ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros?  Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto.  Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?  Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros?  Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo.  ¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo, y que los que sirven al altar, del altar participan?  Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Co. 9:6-14).

¿Cuál era el porcentaje que ellos debían llevar a la iglesia?: “En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.  Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Co. 16:1, 2).  “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7).

  ¡PORQUE EL DIEZMO ES MUY POCO!  Puesto que los cristianos primitivos, aunque todos judíos, decidieron librarse del diezmo y entregaron todo cuanto tenían como ahorro o inversión: “Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común.  Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.  Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.  Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre, como tenía una heredad, la vendió y trajo el precio y lo puso a los pies de los apóstoles” (Hch. 4:32-37).
¿Quién les enseñó este método tan original?  ¡Fue el Espíritu Santo!: “Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel.  Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hch. 8:3, 4).

Por supuesto que si usted no da nada completamente, el diezmo será siempre más que nada.
Jamás se le ocurra tomar Malaquías 3:8-12 para justificar el diezmo: “¿Robará el hombre a Dios?  Pues vosotros me habéis robado.  Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado?  En vuestros diezmos y ofrendas.  Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado.  Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.  Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos.  Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos”.

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