Menu

Escuche Radio América

¿La muerte, que es?

Aunque la muerte es tan conocida y todos sabemos que no la podremos evitar, sin embargo no es nuestro tema favorito. Pero... pensándolo bien, ¿por qué tenemos que temer a la muerte o tratar de esquivarla?

Veamos qué es la muerte para un cristiano, una persona salva por la fe en Cristo. Note bien que no digo una persona religiosa, pero sí una persona que ha depositado su fe en Cristo.

Vamos a examinar al cristiano, pensando en quién era, quién es y quién será. ¡Qué bueno que tengamos un documento infalible para abordar este tema! Cuando asistimos a un funeral, muchas veces nos entregan una breve biografía del difunto, impresa en una tarjeta, donde nos dicen del día de su nacimiento, si se ha casado, el nombre de su cónyuge, sus hijos y probablemente sus nietos, etc. También se destacan sus actos. Si era un profesional, sus logros, etc. Por lo general se refieren a esa persona como quien era, pero tratándose de la muerte, se puede usar esta forma de expresión únicamente en su pasado en el cuerpo, ya que el cuerpo que perteneció a quien ahora consideramos muerto ha quedado sin su dueño. La muerte NO acaba con la vida de la persona, porque la persona sigue viva. Muere el cuerpo, no la persona.

Entonces... ¿Qué pasó con esa persona? Está con el Señor. ¿Tiene cuerpo o no lo tiene? Permítame hablar estrictamente desde el punto de vista divino, porque es Dios quien nos revela, en su Palabra, lo que ocurre con el cristiano que muere. Por ejemplo, leemos: "Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos" (2 Co. 5:1-3). Luego fíjese lo que dice en los versículos 6 al 8: "Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor". Es notable que Pablo use las palabras "este tabernáculo, se deshiciere". Dice que "tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos". Nos basta esta información para saber que cuando una persona muere y se produce la separación (muerte significa separación) entre el cuerpo y el alma, el cristiano obtiene inmediatamente un cuerpo nuevo. En lugar de "tabernáculo", que es una especie de carpa, ahora el Señor le entrega un "edificio". La "carpa" (el cuerpo presente) nos sirvió para el tiempo, no importa cuántos años, pero el "edificio" es para la eternidad. ¡Qué maravilla es todo esto que Dios nos revela en su Palabra! Esta es la razón porqué Pablo dijo: "Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia" (Fil. 1:21).

Pero... ese cristiano que para nosotros falleció ¿tiene memoria, habla, ve, siente, sabe de dónde vino y tiene en cuenta a sus familiares que dejó? Por cierto que así es, ya que si en este "tabernáculo" nuestros cinco sentidos funcionan tan bien, ¿cuál no será nuestra condición cuando obtengamos nuestro "edificio" que Dios nos ha preparado?

Pero esto no es todo, porque cuando leemos en Lucas 16:19-31: "Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos", notamos que el que representa la muerte de uno que no es salvo, suplica a Abraham que el salvo que murió, llamado Lázaro, lleve el mensaje del evangelio a sus cinco hermanos para que ellos no tengan que sufrir los tormentos del infierno. Teniendo esto en cuenta, ¿cree usted que ese condenado pediría que un "dormido" inconsciente vaya y les predique? Hay aquellos que dicen ser cristianos y predican que la muerte nos lleva a una especie de sueño, donde permanecemos hasta el día de la resurrección, pero la Biblia no camparte tal doctrina, es falsa.

Para Dios todos viven. Adán y Eva, sus hijos y todas las generaciones viven. Unos en el cielo y otros en el infierno, pero todos viven. Todos ellos hablan, sienten, gozan o sufren, según el caso; tienen memoria, etc.: "Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. Respondiéndole algunos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho" (Lc. 20:38, 39).

¿Qué podemos y debemos hacer por los muertos? Depende de qué clase de muertos estamos hablando. Hay muertos cuyos cuerpos están ya enterrados y hay muertos que caminan, cantan, son profesionales, manejan vehículos, operan a los enfermos, pilotean grandes aviones con cientos de pasajeros, se casan "muerto con muerta", tienen familias, muchas veces compuestas de muertos, etc. Pero hay quienes viven felices, gozan a todo dar, ven, hablan, cantan, ríen y no tienen preocupación alguna, ya que gozan de todos los bienes celestiales. Ellos están muertos para nosotros, porque sabemos muy bien el lugar donde se colocó ese cuerpo. Pero no es lo mismo con ellos allá en la presencia del Señor. Ya partieron y conocen a tantos hombres y mujeres que vivieron cientos y miles de años antes, a quienes nunca los conocieron aquí, excepto, en muchos casos, por sus biografías.

Si hay algo seguro en esta vida es la muerte. Ésta muchas veces llega sin previo aviso alguno. ¿Está preparado para esta... partida final con rumbo a la eternidad? Pero... ¿Ya escogió su destino?

Tal vez usted tiene metida en su cabeza la idea tan popular que nadie puede conocer a ciencia cierta si al morir irá al cielo o al infierno. No hay tal, la Biblia claramente dice que todos aquellos que recibieron a Jesucristo como Salvador personal, son eternamente salvos y para ellos no hay juicio ni infierno. Fue Jesús quien dijo: "De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Jn. 5:24).

¡Cuán fácil es escoger el cielo! Con sólo recibir por la fe a Jesucristo y ya está. No se necesita ningún esfuerzo personal: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Ef. 2:8, 9).

Pero debemos dejar bien claro aquí que todos aquellos que mueren sin ser salvos van a un lugar llamado "de tormento eterno", lugar de "fuego", de dolor, desde donde no hay retorno. En ambos casos se trata de la misma eternidad. Hablando de este tema, Jesús terminó sus palabras diciendo: "E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna" (Mt. 25:46).

Yo no sé cuándo, dónde ni por qué moriré. Tampoco me interesa mucho saber esto. Pero lo más importante sobre la muerte sí, yo sé. Sé que cuando se me declare muerto aquí y mi cuerpo sea llevado al cementerio, estaré ya en la presencia de mi Salvador, revestido de esa mi "habitación celestial"; ese cuerpo glorificado, perfecto y eterno.

¿Cuál es la razón que le mantiene a usted lejos de la reconciliación con Dios? Su cuenta con Dios, la cuenta de sus muchos y graves pecados ya ha sido cancelada por el mismo Señor Jesucristo cuando él murió clavado de una cruz. Todo lo que usted debe hacer es reconocerle como Salvador personal. Hágalo hoy mismo, arrepentido de sus pecados dígale que usted lo reconoce como su Salvador personal. Si lo hace de verdad, y aunque nada sienta, no se preocupe. Los sentimientos no nos ofrecen ninguna garantía de nuestra salvación. Es el Salvador quien nos garantiza la vida eterna, la cual él mismo nos la preparó: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Jn. 1:12). Note la palabra "todos". Esto significa que usted es uno de los "todos". Mi estimado lector, aproveche esta oportunidad y haga las paces con Dios por medio de Cristo Jesús, nuestro único Salvador.

volver arriba