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El cielo, un lugar especial en el universo

En la Biblia el término cielo es interpretado en tres formas diferentes:

1. El cielo atmosférico

Es el que rodea el planeta tierra y en donde se encuentra el aire que respiramos, la lluvia, las nubes y otros elementos. Isaías el profeta tenía esto en mente cuando escribió:

“Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos. Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca...” (Is. 55:9-11a).

2. Los cielos celestiales

Esto se conoce como espacio exterior, en el cual los hombres ahora están comenzando a penetrar. Es difícil ser definitivo con respecto a distancias, pero es interesante saber que los científicos ahora están comparando el espacio con el tiempo. Creen que ambos son eternos. Sugieren que el espacio tampoco tiene fin. Que sigue y sigue... Contiene el sol, la luna, los planetas e innumerables estrellas con sus respectivos sistemas, galaxias, cúmulos, etc. Las naves y las sondas espaciales que lanzan ahora hacia el espacio exterior, están transmitiendo la información resultado de sus exploraciones, a la tierra.

Los hebreos de la antigüedad, quienes ignoraron los mandamientos de Jehová, adoraron frecuentemente a las estrellas. También le ofrecieron sacrificios a “la reina del cielo”: “Entonces todos los que sabían que sus mujeres habían ofrecido incienso a dioses ajenos, y todas las mujeres que estaban presentes, una gran concurrencia, y todo el pueblo que habitaba en tierra de Egipto, en Patros, respondieron a Jeremías, diciendo: La palabra que nos has hablado en nombre de Jehová, no la oiremos de ti; sino que ciertamente pondremos por obra toda palabra que ha salido de nuestra boca, para ofrecer incienso a la reina del cielo, derramándole libaciones, como hemos hecho nosotros y nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes, en las ciudades de Judá y en la plaza de Jerusalén, y tuvimos abundancia de pan, y estuvimos alegres, y no vimos mal alguno” (Jer. 44:15-17).

El primer versículo de la Biblia declara: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gn. 1:1). Más adelante dice en Génesis 1:14: “Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años”.

3. El cielo santificado - el hogar de Dios

Esto sugiere que el cielo es un lugar definido más allá de las estrellas. Cuando Jesús ascendió al Monte de los Olivos: “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos” (Hch. 1:9). Pablo enfatizó este hecho con más detalles: “La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero” (Ef. 1:20, 21).

La Biblia enseña que finalmente Cristo retornará a la tierra. Que descenderá del cielo con voz de mando: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Ts. 4:16). Vendrá en las nubes del cielo: “...Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hch. 1:11). Llegará acompañado por un número inmenso de sus seguidores montados en caballos blancos: “Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos” (Ap. 19:14). Hay otras Escrituras que enseñan que este cielo es el hogar del Todopoderoso más allá de las estrellas.

Esta misma verdad es evidente en las referencias hechas con respecto a la caída de Lucero, un ángel creado que se rebeló en contra de la autoridad de Jehová y fue expulsado del cielo: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Is. 14:12-14). Satanás fue arrojado a lo que podríamos llamar un cielo inferior.

El Nuevo Testamento describe una segunda expulsión, cuando “el gran dragón” será lanzado a la tierra: “Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él... Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón” (Ap. 12:9, 13). La Biblia describe, cómo en los días finales el archienemigo de Dios será arrojado a la tierra en donde perseguirá a los judíos.

Tal parece que hubo un tiempo en que Satanás vivió en el país de Dios, pero fue expulsado a un cielo inferior el cual se convirtió en su sede. La Biblia le llama “...príncipe de la potestad del aire...” (Ef. 2:2) y el libro de Daniel lo describe como el que interfiere el paso del ángel que fue enviado en respuesta a las oraciones continuas de Daniel: “En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas... Y me dijo (el ángel): Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia” (Dn. 10:2, 11-13).

Repitiendo lo que dijera en un principio, el cielo es un lugar definitivo ubicado en algún lugar por encima de la tierra. Es extremadamente interesante saber que los científicos ahora están hablando de «un agujero negro en el espacio» el cual hasta no hace mucho era completamente desconocido. Ellos aseguran que hay algo extraño acerca de ciertas partes del cielo y que nadie ha podido explicar este fenómeno. Esto tal vez tenga algo que ver con los cielos distantes, el hogar de Dios o quizá no. Es también cierto que Jesús ascendió a un lugar y que retornará en las nubes del cielo. Regresará de donde ha estado, porque Dios tiene un sitio reservado para sí mismo en algún lugar en el universo, todo lo cual armoniza con lo que se le ha enseñado al hombre.

Los antiguos indígenas norteamericanos creían que después de muertos sus espíritus iban a morar en felices cotos de caza. Algunas de las tribus en el norte de India hablan de la tierra de los Radiantes. Impresiona también escuchar el testimonio de los pigmeos. Cuando el primer misionero cristiano les habló acerca del cielo, un nativo replicó: «Oh, sí, nosotros sabemos todo sobre ese lugar. Vivíamos allí». Y señalando hacia una estrella lejana dijo: «Sólo vinimos aquí a pescar en los ríos, pero una de nuestras mujeres era codiciosa. Se comió tantos peces y se puso tan gorda que cuando trató de regresar a través de esa ventana, se quedó atorada. Nuestro pueblo no pudo halarla para llevarla de regreso. Así que permaneció atorada en la abertura y desafortunadamente hemos tenido que permanecer aquí desde entonces».

Hay una civilización en los cielos que excedea cualquier cosa conocida en la tierra

Las maravillas en nuestro hogar eterno están reveladas en varios ejemplos similares a través del Nuevo Testamento.

1. En Lucas 19:12 al cielo se le llama “país”

“Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver”. Al referirse a todos los santos del período del Antiguo Testamento, el escritor de la epístola a los Hebreos dijo: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria” (He. 11:13, 14). Esas palabras claramente sugieren expansión, una grandeza que va más allá.

2. En 2 Pedro 1:10, 11 al cielose le llama reino

“Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”. Esto sugiere el reinado de un monarca en el que habrá sentido del orden, autoridad y bienaventuranzas bajo el gobierno de Dios. Sir James Jeans en su libro El universo a nuestro alrededor, dice: «Hay más mundos en el espacio superior que granos de tierra sobre todas las playas de la tierra». ¡El reino eterno de Dios es vasto, ilimitado!

3. En Hebreos 11:10 y Apocalipsis 21:1, 2,al cielo se le llama ciudad

“Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido”. Esto sugiere ciudadanía y una población que habitará y residirá en las moradas provistas por Dios.

Cuando Jesús estaba próximo a abandonar este mundo, les dijo a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:1-3). Estas palabras del Señor sugieren una familia, amor y el gozo del compañerismo continuo con Dios. También es importante recordar que cuando el Señor habló de la casa de su Padre, mencionó moradas o lugares para habitar. Luego anunció que iba a irse para comenzar un nuevo trabajo al que le dispensaría su atención continua. Por eso dijo: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”.

Cuando el Salvador pronunció estas palabras, la Iglesia todavía no había sido fundada. Por consiguiente, no había cristianos para que habitaran esas moradas ya construidas por Dios de las que habla Cristo. El Señor planeaba construir un lugar especial. Y nosotros sabemos cuán vasta será la Nueva Jerusalén cuando descienda del cielo de Dios. Juan al ver la Nueva Jerusalén, dijo: “La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura... doce mil estadios; la longitud, la altura y la anchura de ella son iguales” (Ap. 21:16). Según El Diccionario Bíblico el estadio era de aproximadamente 178 metros. Esto quiere decir, que para calcular el tamaño real de la ciudad tendríamos primero que multiplicar los 178 metros que tiene un estadio por los 12.000 estadios que tiene la ciudad por cada lado. Esto nos da 2.136.000 metros los que reducidos a kilómetros vienen a ser 2.136 kilómetros por cada lado. Entonces, sabiendo ya que la ciudad tiene 2.136 kilómetros de lado y como la Escritura dice que es un cuadrado, si multiplicamos los 2.136 por 2.136, nos dará un área de 4.562.496 kilómetros cuadrados, y si esta cantidad la multiplicamos por los 2.136 kilómetros de la altura, tendremos un volumen de 9.745 millones, 491.456 kilómetros cúbicos. Este sería el tamaño aproximado de la Nueva Jerusalén.

Es una ciudad con una extensión aproximada a la mitad del territorio de Estados Unidos o de Europa. Algunos piensan que sería demasiado grande y han interpretado Apocalipsis 21:16 como si implicara la suma de las dimensiones, pero no hay base válida para esto. La Nueva Jerusalén cubrirá un área de 4.562.496 kilómetros cuadrados, en contraste con la ciudad de Nueva York que abarca un área de unos 800 kilómetros cuadrados. El número de habitantes estimados en 1995 para la ciudad de Nueva York era de unos 7.800.000 y si dividimos este número por los 800 kilómetros de su área total, encontramos que alberga unos 9.750 habitantes por kilómetro cuadrado. Si la Nueva Jerusalén estuviera habitada con la misma cantidad de habitantes por kilómetro cuadrado podría albergar unos 44.484 millones 336.000 habitantes, lo cual equivale a más de ocho veces la población actual del mundo (4.562.496 x 9.750 = 44.484.336.000/5.500.000.000 = 8). Aunque no puedo asegurar dogmáticamente que este sea el tamaño exacto de la ciudad, sí puedo decir que indudablemente será inmensa.

Si la Nueva Jerusalén descendiera sobre Estados Unidos, su pared occidental se extendería desde Los Angeles hasta Vancouver en Canadá. La pared norte iría desde Vancouver hasta Toronto. La oriental desde Toronto hasta Dallas en Texas y la del sur desde Dallas hasta Los Angeles. Lo más seguro sería que se hundiría, porque la tierra no podría soportar una estructura tan inmensa sobre su superficie. Tal vez sea esta la razón de por qué Dios hará una tierra nueva. Como dijo Juan: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más” (Ap. 21:1). Muchos estudiosos de la profecía creen que la Nueva Jerusalén podrá albergar más personas que todas las que han vivido desde Adán y Eva.

Repitiendo lo que ya dijera, las moradas mencionadas por Jesús no son las casas de los cristianos. Además, tampoco estaban habitadas por los justos del período del Antiguo Testamento, porque ellos todavía no habían ascendido al cielo. Estaban esperando por ese momento en que el Salvador “...Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad...” (Ef. 4:8). Cuando Pedro predicó el día de Pentecostés, le recordó a su audiencia: “Porque David no subió a los cielos...” (Hch. 2:34). Estos hechos hacen suscitar varias preguntas:

¿Para quien fueron construidas esas moradas?

• La Biblia enseña que en algún momento antes de que comenzara el tiempo, Dios creó un número desconocido de ángeles para que fueran sus siervos. El salmista escribió: “Alabad a Jehová desde los cielos; alabadle en las alturas. Alabadle, vosotros todos sus ángeles; alabadle, vosotros todos sus ejércitos. Alabadle, sol y luna; alabadle, vosotras todas, lucientes estrellas. Alabadle, cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos. Alaben el nombre de Jehová; porque él mandó, y fueron creados” (Sal. 148:1-5). También Pablo al escribirle a los colosenses dijo: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él” (Col. 1:16).

A lo largo de las edades del Antiguo Testamento estos seres creados, los ángeles, en forma consistente se aparecieron en forma humana y como hombres, pero nunca se les vio como animales. Dos veces se menciona a Miguel. Judas y Juan se refirieron a Miguel como un arcángel: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda” (Jud. 9). “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo” (Ap. 12:7, 8).

Gabriel se le apareció a la virgen María: “Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María” (Lc. 1:26, 27). El escritor de la epístola a los Hebreos también dijo: “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios. Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego” (He. 1:6, 7).

Los ángeles poseen cuerpos que se asemejan mucho a los de los seres humanos. Ellos necesitan un lugar donde vivir, porque no son pájaros volando eternamente en el espacio. Y me pregunto: ¿No sería posible que cuando Cristo dijo: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay” estuviera refiriéndose al lugar donde moran los ángeles?

• Hay muchas personas que sostienen la teoría no probada, sobre la posibilidad de vida inteligente en el universo. Esta idea parece estar apoyada por mentes inquisitivas en el gobierno. Estados Unidos ha lanzado al espacio naves y sondas espaciales con cargamento especial. Por ejemplo el 3 de diciembre de 1973 la sonda espacial Pioneer 10 penetró en el campo gravitacional de Júpiter, lo que le imprimió la aceleración necesaria para escapar del sistema solar. Un año después, su gemelo, Pioneer 11 pasó cerca de Júpiter en ruta hacia Saturno, donde también se aceleró hasta abandonar finalmente nuestro sistema solar. Junto al valioso instrumental científico cada vehículo transporta una placa de 15 centímetros, por 23 centímetros, hechas de aluminio anodizado en oro. En ellas se encuentran impresos signos y diagramas que constituyen la carta de presentación más curiosa jamás enviada. Cada nave lleva una grabación fonográfica con saludos en 50 idiomas diferentes y mensajes del secretario general de la ONU y del presidente norteamericano en ese tiempo, Jimmy Carter; sonidos de la tierra, lluvia, gente, automóviles, etc; 116 fotografías de paisajes y objetos terrestres y una hora y media de música de toda clase, desde clásica hasta popular. Todo esto con la esperanza de que seres inteligentes intercepten las sondas espaciales y reciban toda la información concerniente a la raza humana. En caso de que tal cosa ocurriera, se espera que estos seres respondan en forma similar.

El libro de Job expresa pensamientos intrigantes. Dice por ejemplo: “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella” (Job 1:6, 7). Pero... ¿De dónde venían estos hijos de Dios que se presentaron ante Dios?

Los proponentes de esta enseñanza citan la genealogía que aparece en el capítulo 3 de Lucas y especialmente en el versículo 38 para apoyar su reclamo de que a Adán, representante de la raza humana, se le llamó hijo de Dios. También se dice que Dios creó muchos otros seres inteligentes y que ellos también tienen un líder que los representa. Estos “dirigentes” llamados por creación “hijos de Dios”, llegan periódicamente desde sus respectivas esferas en el imperio de Dios para rendir cuentas y recibir instrucciones del Todopoderoso respecto a la obra de supervisar la parte que les corresponde del dominio de Dios. Se han hecho varias preguntas:

* ¿Que se pensaría de un gobierno que construye millones de embarcaciones y luego decide sólo botar una al agua?

* ¿Qué podría decirse de una administración que decidió construir millones de casas y luego permite que sólo habiten una?

* ¿Qué puede decirse de una comisión de agricultura que ara millones de hectáreas de tierra y finalmente sólo decide plantar una?

De la misma manera: ¿Cómo podría un Dios sabio y poderoso crear billones de billones de mundos y luego ordenar que sólo la tierra estuviese habitada? Los que proponen esta teoría creen que los otros mundos están habitados por seres inteligentes, pero sin pecado y que a sus líderes, como a Adán, también se les llama hijos de Dios. Hubo un día en que ellos comparecieron ante el Altísimo para recibir las instrucciones necesarias. Adán no asistió, porque ya había perdido el derecho a hacer cualquier reclamo al cual hubiera podido tener derecho, ya que se había vendido a Satanás, quien atendió en su lugar.

Si esto es cierto, entonces hay un sinnúmero de moradas en el imperio celestial de Dios. No obstante, es un hecho establecido que los ángeles existen para servir a Dios y al hombre: “Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (He. 1:13). Todo lo tocante a esta interpretación son simples especulaciones, y aunque es interesante considerar los diferentes puntos de vista de los estudiosos de las profecías, de ninguna manera podemos adoptarlos como un dogma.

Los ciudadanos del cielo son más saludables e inteligentes que los seres humanos

• LA SALUD DE LOS ÁNGELES

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella” (Mt. 28:1, 2). Marcos describe así este mismo evento: “Pero decían entre sí (las mujeres): ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron” (Mr. 16:3-5). Lucas escribió: “Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes” (Lc. 24:4). Mientras que Juan suministró otra información: “Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto” (Jn. 20:11, 12).

Estos relatos se tornan extremadamente interesantes cuando se comparan. Mateo, Marcos y Lucas no estuvieron presentes cuando las mujeres vieron los ángeles, ellos sólo escribieron lo que les contaron otros. Juan y Pedro llegaron después, pero no vieron a los mensajeros celestiales. No hay discrepancia en los diversos relatos. Cada detalle se ajusta el uno con el otro para formar una historia completa.

Es significativo que Mateo dijera que “un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra”. Mientras que Marcos dice, que cuando las mujeres “entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho”. Evidentemente, un pequeño grupo de ángeles descendieron para ser partícipes del evento más grandioso en la historia.

Probablemente los ángeles fueron creados mucho antes que Adán y Eva. No hay forma que podamos decir con certeza en qué tiempo para así poder determinar su edad. Tal vez para el tiempo de la resurrección de Jesús tenían ya miles de años, sin embargo, la Biblia describe a este ángel como “un joven”. Eran ángeles, seres inmortales. Entre estos seres radiantes del mundo de Dios, la enfermedad, los hospitales, la muerte, las funerarias y los asilos para personas ancianas son algo desconocido. En el cielo nunca se han visto ataúdes ni tampoco lápidas para tumbas. Tampoco se requieren médicos, enfermeras y seguro médico. Dios hizo nuestro planeta inicialmente para ser así, desafortunadamente el pecado arruinó sus planes y la tierra se convirtió en un planeta renegado en el universo.

• LA INTELIGENCIA DE LOS ÁNGELES

Todas las distancias y velocidades carecen de importancia. Dice en la enciclopedia Hombre, ciencia y tecnología: «El año luz es la distancia recorrida por la radiación electromagnética en un año. Dado que la radiación electromagnética posee una velocidad próxima a los 300.000 kilómetros por segundo, el año luz equivale a unos 9.500 billones de kilómetros o a 0,307 parsec». La evolución de la velocidad es un tema fascinante. En un tiempo fue igual a la velocidad que podía correr el hombre o volar las aves. Luego, con la invención de la rueda, llegaron las bicicletas, los automóviles, los aviones y otras máquinas que revolucionaron el progreso.

La edad espacial inició una nueva era. La edad espacial abrió las puertas de un nuevo mundo. Los cohetes de propulsión han capacitado al hombre para explorar el cielo. Se han lanzado sondas espaciales, las cuales a pesar de desarrollar grandes velocidades, tardarán muchos años en llegar a planetas distantes. El universo que nos rodea parece no tener límite. Llegar a las fronteras del espacio exterior tomaría una eternidad. A pesar de todas estas dificultades aparentes, estas grandes distancias no tuvieron significado alguno para los siervos angélicos de Dios. Ellos vinieron a la tierra y partieron sin ninguna dificultad. Como dice la Escritura: “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado” (Lc. 2:8-15).

Un fenómeno idéntico tuvo lugar cuando Jesús ascendió al cielo: “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que lo ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas” (Hch. 1:9, 10).

Los discípulos observaban cómo el Señor iniciaba su jornada hacia la mano derecha de la Majestad en las alturas. Esto, de acuerdo con los hechos expresados aquí, sería una forma lenta de viajar. Sin embargo, él realizó su jornada de regreso en una fracción de tiempo. Cuando María se encontró con el Señor resucitado, le dijo: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas vé a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn. 20:17). Evidentemente su misión era ascender al cielo en donde sería coronado con gloria y honor. Como dice la Escritura: “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (He. 2:9). Ese evento terminó bien pronto y Juan, continuando con su relato, dijo: “Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros” (Jn. 20:19). Nosotros con nuestro conocimiento limitado no tenemos idea de cómo ocurrió esto. ¡Comparado con tal conocimiento, la humanidad no sabe nada!

Pablo declaró que cada cristiano recibirá un cuerpo “...semejante al cuerpo de la gloria suya...” (Fil. 3:21). Cuando tengamos un cuerpo glorificado ya no necesitaremos aviones para viajar grandes distancias, ¡completaremos cualquier jornada en un momento! En el Antiguo Testamento se encuentra registrada una interesante historia en la que un ángel le dio muerte a 185.000 hombres. La Biblia no revela cómo ocurrió esto, pero ciertamente demuestra que Dios sabe cómo librar sus propias batallas: “Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos” (2 R. 19:35).

En el Antiguo Testamento hay otro relato en el que contrasta la fe de un profeta con el miedo de su siervo: “Y se levantó de mañana y salió el que servía al varón de Dios, y he aquí el ejército que tenía sitiada la ciudad, con gente de a caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ¡Ah, señor mío! ¿qué haremos? El le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos. Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 R. 6:15-17).

Cuando Simón Pedro sacó su espada para defenderse en contra de los enemigos, Jesús le dijo: “Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mt. 26:52, 53). Esta fue una declaración interesante ya que Cristo aseguró que podía llamar en un momento a 72.000 ángeles. Tal vez como algunas personas han sugerido, el otro mundo no está tan distante como pudiéramos imaginar.

Los científicos declaran que si el sol estuviera más cerca de la tierra la raza humana se asaría y si estuviera más lejos se congelaría. Una inteligencia Suprema lo colocó en el lugar correcto exhibiendo así una sabiduría única. Esto simplemente afirma el hecho de que mírese desde el ángulo que se mire, las inteligencias celestiales exceden a cualquier cosa conocida sobre la tierra.

Tres palabras majestuosas expresan la magnificencia de Dios. Ellas son: omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia. Dios es Todopoderoso, está en todas partes y lo sabe todo. El universo existió por su palabra. Por su poder existen todas las cosas. Este texto de la Escritura introduce en este cuadro majestuoso una nota de ternura y compasión: “Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado” (Gn. 2:4-8).

¡Este es un cuadro maravilloso de Dios de rodillas! Sin duda, Ese cuya palabra creó el universo, ¡habló también e hizo que apareciera el jardín más exuberante que haya existido jamás! Es hermoso pensar que las manos de quien sostiene el universo, tal vez tomaron una pequeña planta y la plantaron con ternura en un lugar especial para agradar a la primera pareja. Tal vez esa fue la única ocasión en que el Todopoderoso se puso de rodillas. Adán y Eva eran dos personas inexpertas, pero Dios los amaba tanto que hizo provisiones especiales para su comodidad y felicidad. Esta es una suposición lógica que la mente humana no puede comprender plenamente, ¡que su amor fuera tan grande que estuviera dispuesto a sacrificar a su propio Hijo!

Si captamos esto en su plenitud, podemos decir como Pablo: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1 Co. 2:9). Jesús también dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:1-3). Hay una diferencia abismal entre un huerto y la Nueva Jerusalén, ¡su similitud estriba en que las mismas manos que crearon el huerto del Edén están construyendo la Nueva Jerusalén para sus redimidos! Todos los que conocen a Cristo como su Señor y salvador personal saben que esto es cierto, ¡que un día estaremos en un lugar de belleza indescriptible con nuestro Creador!

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