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Historia de la iglesia

La iglesia cristiana está conformada por el “cuerpo de creyentes”, integrada por todos esos que han sido salvos y redimidos por el Dios vivo y verdadero, gracias al sacrificio del Señor Jesús en la cruz.  La incorporación en el cuerpo de Cristo, no es por pertenecer a una denominación, ni por el bautismo, o por el compromiso. 

Ser miembro de una iglesia en la tierra, no garantiza la salvación, pero ser miembro del cuerpo de Cristo sí.  La salvación tampoco se obtiene por un ritual, una ceremonia o por el nacimiento natural, sólo se recibe por fe: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

La iglesia verdadera no incluye a ninguno de los grupos o denominaciones que niegan - no sólo al Dios verdadero,  sino que tampoco incorpora a esos que sirven a dioses falsos, o a los que consideran que el sacrificio de Jesús no fue suficiente y que es necesario agregarle obras a la salvación.

Está compuesta sólo de aquellos que han sido redimidos por el Señor Jesucristo, quien murió en la cruz y resucitó de entre los muertos.  Ellos son justificados sólo por la fe en Él, no son salvos por falsos maestros, falsos evangelios, ni por sus propias obras o por sus obras combinadas con la gracia de Dios.  Los redimidos son salvos por la gracia a través  de la fe en el Señor Jesucristo, porque  “... En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

El comienzo de La Iglesia

Hay dos interpretaciones acerca de cuándo comenzó la Iglesia.  La primera es que tuvo su principio el día de Pentecostés y que está compuesta por todos los creyentes regenerados desde ese  día hasta la primera resurrección.   Además, que los creyentes llegan a ser sus miembros cuando reciben el bautismo por el Espíritu Santo, el que es un bautismo espiritual e invisible.

La segunda interpretación, principalmente la de los fundamentalistas, es que la Iglesia empezó durante el ministerio del Señor Jesucristo.  Ambos grupos presentan argumentos basados en las Escrituras, sin embargo las conclusiones de este segundo grupo, demuestran una mejor interpretación de las mismas.  Son muchísimos los versículos que prueban esto, pero sólo me limitaré a citar algunos ejemplos:

1.      El Señor Jesucristo fue quien llamó a sus discípulos que integraron su Iglesia:  “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor” (Lucas 6:12–16).

2.      Los apóstoles fueron puestos en la iglesia por Cristo antes del día de Pentecostés.  “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” (1 Corintios 12:28). “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (Efesios 4:11).

3.      El propósito de estos doce los encontramos en Marcos 3:13-15: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar, y que tuviesen autoridad para sanar enfermedades y para echar fuera demonios” (Marcos 3:14–15).  Por tres años el Señor los entrenó para el ministerio que realizaron, después de eso ascendió al cielo.

4.      Los apóstoles fueron enseñados de las verdades acerca de la Iglesia antes del día de Pentecostés: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Mateo 16:18–19).

5.      La Iglesia recibió la Gran Comisión antes del día de Pentecostés:  “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.  Amén” (Mateo 28:18–20). También  Marcos 16:15, Lucas 24:46–49 y Juan 20:20–23.

6.      La iglesia tuvo la autoridad para ejercer disciplina antes del día de Pentecostés: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.  Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.  Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.  De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo” (Mateo 18:15–20).

7.      La Iglesia practicaba la ordenanza del bautismo desde antes del día de Pentecostés. “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.   Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:18–19).

8.      El Señor Jesucristo instituyó la ordenanza de la cena del Señor antes del día de  Pentecostés.   “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre” (Mateo 26:26-29).

8.      La Iglesia tuvo a Jesús como Cabeza antes del día de Pentecostés. “Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23:8).  “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

9.      La iglesia tuvo una membresía antes del día de Pentecostés: “En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número)...” (Hechos 1:15)

10.    El día de Pentecostés  se añadieron a la iglesia que ya estaba en existencia  tres mil creyentes. “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas...  alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo.  Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:41 y 47).

Períodos de la Iglesia

La historia de la Iglesia generalmente se divide en tres períodos.

1.      El período del imperio romano.  El cual fue el tiempo de las persecuciones, los mártires, los padres de la iglesia, las controversias, y la “cristianización” del Imperio Romano.

2.      La Edad Media.  La época del surgimiento y poderío del papado, de la Inquisición, el monaquismo, el mahometismo y las cruzadas, y

3.      El período moderno.  El tiempo de la Reforma Protestante, el crecimiento de la iglesia evangélica, la circulación amplia de la Biblia, la libertad creciente de los gobiernos civiles del poder eclesiástico y sacerdotal, las misiones mundiales la reforma social y la fraternidad creciente.

Las tres grandes divisiones del cristianismo

1.      El catolicismo romano - Que está propagado en el sur de Europa y América Central y Sur, dirigido por el papa de Roma y el magisterio católico.  Es el cristianismo primitivo más el paganismo griego y romano.

2.      La iglesia católico griega - Que impera en Europa oriental y suroriental, que fuera producto de un gran cisma en la iglesia en el siglo IX cuando el oriente se separó del occidente debido a la pretensión del papa de enseñorearse de la iglesia entera.

3.      El Protestantismo - Que predomina en Europa occidental y América del Norte, y que llegó a su auge en el siglo XVI dirigido por Martín Lutero, en un esfuerzo para restablecer el cristianismo primitivo libre de todo paganismo.

Los Padres de la Iglesia

Durante esos primeros años de la Iglesia, surgieron los llamados Padres de La Iglesia, quienes eran un grupo de pastores y escritores eclesiásticos, obispos en su mayoría, de los primeros siglos del cristianismo, cuyo conjunto doctrinal es considerado testimonio de la fe y de la ortodoxia en la Iglesia católica.  Entre ellos se destacaron:

  •        Policarpo - Quien vivió entre los años 69 al 156.  Fue discípulo del apóstol Juan, y obispo de Esmirna.  En una persecución ordenada por el emperador, fue arrestado y llevado ante el gobernador, al serle ofrecida la libertad si maldecía a Cristo, respondió: "Ochenta y seis años he servido a Cristo, y Él nada me ha hecho sino el bien ¿cómo, pues, podría yo maldecirle a Él, mi Señor y Salvador?". Fue quemado vivo.
  •        Ignacio - Nació el año 67- y murió en el 110. Fue discípulo de Juan, y obispo de Antioquía.  El emperador Trajano ordenó su arresto, presidió el juicio y le sentenció a que fuera arrojado a las fieras en Roma.   Mientras era devorado por las fieras se regocijaba clamando: "Que las fieras estén ávidas de acometerme; si no lo están, yo las obligaré. Vengan, jaurías de fieras; vengan desgarramientos y mutilaciones, quebranto de huesos y desmembramientos; vengan, crueles torturas del diablo; solamente alcance yo a Cristo".
  •        Papías - Vivió entre los años 70 al 155.  Fue otro discípulo de Juan y era obispo de Hierápolis.  Padeció el martirio en Pérgamo, más o menos al mismo tiempo que Policarpo.
  •        Justino Mártir - Vivió entre los años 100 al 167.  Murió como mártir en Roma. Señalando al crecimiento del cristianismo, dijo que ya en sus días "No había raza alguna de hombres que no ofreciera oraciones en el nombre de Cristo". 
  •        Ireneo - Nació en el año 130 y murió en el 200.  Fue alumno de Policarpo y Papías.  Viajó extensamente, y luego llegó a ser obispo de Lion, en Galia.  Se le conoce especialmente por sus escritos contra los gnósticos.  Murió como mártir.
  •        Orígenes - Vivió entre los años 185 al 254. Fue considerado como el erudito más grande de la iglesia primitiva.  Gran viajero, y escritor prolífico.  Murió en Palestina, como resultado de su encarcelamiento y tortura bajo Decio.
  •        Tertuliano - Nació en el año 160 y murió el 220, en Cartago.  Se le consideró como "padre del cristianismo latino".   Era abogado romano, y pagano, pero después de su conversión, se convirtió en un defensor del cristianismo.
  •        Eusebio - Nació en el 264 y murió en el 340.  Fue llamado el "Padre de la Historia Eclesiástica".  Era obispo de Cesarea para el tiempo de la conversión de Constantino, sobre quien llegó a tener gran influencia.
  •        Juan Crisóstomo - Vivió entre los años 345 al 407.  Fue un orador inigualado, y el predicador más grande de sus tiempos; era orador, expositor, y recibió el apodo de "Boca de Oro".
  •        Jerónimo - Nació en el año 340 y murió en el 420.  El más erudito de los Padres latinos.  Se educó en Roma y tradujo la Biblia al latín. Su obra, llamada la “Vulgata", es todavía la versión autorizada de la iglesia católica romana.
  •        Agustín - Vivió entre los años 354 al 430.  Era obispo de Hipona, en el norte de África. Fue un gran teólogo de la iglesia primitiva y  moldeó las doctrinas de la Iglesia católica de la Edad Media.

Persecuciones en contra de la Iglesia

Durante sus primeros años, la Iglesia tuvo que enfrentar sangrientas persecuciones bajo los emperadores del imperio romano.

  •        La primera persecución de la iglesia tuvo lugar entre los años 54 al 68 bajo Nerón, el sexto emperador de Roma.  Este monarca reinó por espacio de cinco años de manera tolerable, pero luego dio rienda suelta al mayor desenfreno y a las más atroces barbaridades.   Le prendió fuego a Roma, inventó todo tipo de castigos contra los cristianos, hizo que algunos fueran cosidos en pieles de animales salvajes, arrojándoselos a los perros para que los atacaran, a otros los cubría con cera y luego les prendía fuego atados a postes para que iluminaran sus jardines como antorchas humanas.  Fue durante esta persecución que fueron martirizados Pablo y Pedro.  No se sabe con exactitud cuántos cristianos fueron asesinados en ese tiempo, pero se calculan que fueron miles.
  •        La segunda fue emprendida por el emperador Domiciano, en el año 81 y se extendió hasta el 96.  Entre los numerosos mártires que sufrieron durante este período, estaban Simeón obispo de Jerusalén que fue crucificado, y el apóstol Juan quien fue hervido en aceite y luego desterrado a Patmos.   Además expidió un decreto, que decía “Que ningún cristiano, una vez traído ante un tribunal, quedaría exento de castigo sino renunciaba a su religión”.
  •        La tercera, se inició en el año 98 bajo Trajano y se extendió hasta el año 117.  Adriano, el sucesor de Trajano, continuó esta tercera persecución con tanta severidad como su sucesor. En este tiempo fueron martirizados alrededor de diez mil cristianos.
  •        La cuarta, fue ordenada por Marco Aurelio Antonino y se extendió del año 161 al 180. Las crueldades que ejecutó fueron de tal calibre que los espectadores se estremecían de horror al verlas, y quedaban atónitos ante el valor de los mártires. 
  •        La quinta, por Severo durante los años 193 al 211.  Esta persecución fue cruenta, pero no general.  Se extendió principalmente en  Egipto y el norte de África.  En Alejandría a diario eran quemados, crucificados o decapitados muchos mártires, entre ellos Leonidas, el padre de Orígenes. En Cartago, Perpetua, una dama de la nobleza y su fiel esclava Felicitas fueron despedazadas por las fieras.
  •        La sexta, persecución la emprendió Maximino, del 235 al 238.  Durante ese tiempo fueron sacrificados muchos cristianos dirigentes.
  •        La séptima por Decio, del 249 al 251. Este emperador estaba determinado a exterminar el cristianismo.  Su persecución se extendió por todo el imperio, y fue muy violenta.  Multitudes perecieron bajo torturas crueles, tanto en Roma, el norte de África, Egipto y Asia Menor.
  •        La octava por Valeriano, del 253 al 260.  Más severo que Decio, se proponía la destrucción total del cristianismo.  Muchos dirigentes fueron ejecutados, entre ellos Cipriano, obispo de Cartago.
  •        La novena por Aureliano, del 270 al 275.
  •        La décima por Diocleciano de los años 284 al 305.  Esta fue la última persecución imperial, y la más severa. Durante diez años se buscaba a los cristianos en cuevas y en selvas.  Eran quemados, arrojados a las fieras, y muertos mediante cuanta tortura, la crueldad pudiera inventar. Era un intento resuelto y sistemático para abolir aun el nombre de cristiano.
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