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Celebración de Pentecotés

          Pentecostés ya está aquí.  Se celebra el domingo y el lunes 24 y 25 de mayo de 2015.  Corresponde a la festividad judía de Shavout o Fiesta de las Semanas, y es conocida por los cristianos como Pentecostés.  En el calendario judío, esta fecha corresponde al sexto día de Siván del año 5775, marcando el primero de los días de celebración.

           El rey David nació y murió en un día de Pentecostés.  Según la tradición de los rabinos, la Iglesia nació y será arrebatada el día de Pentecostés.  Además, desde el segundo siglo de la era cristiana, a esta conmemoración se le asignaron dos días, para acomodar el ciclo lunar que no tiene una fecha determinada.  De hecho, los judíos se refieren a esta conmemoración como “La festividad sin una fecha”, otorgándole así un aura de profundo misterio.

          Cada año durante este tiempo, recordamos el gran significado de Pentecostés en el panorama de la profecía bíblica.  Hace ya más de tres décadas, que en nuestros programas de profecías, comenzamos a hablar de sus increíbles verdades proféticas.  Mejor que cualquier otra festividad judía antigua, Pentecostés encarna esos elementos que asociamos con el arrebatamiento o Rapto de la Iglesia. Constantemente nos referimos a este evento, para refrescar la memoria de los cristianos con respecto al gozo de esta temporada,  y para recordarles que la venida del Señor está muy cerca, a las puertas.

          Conforme avanzamos hacia mediados del año 2015,  nos encontramos en medio de una nueva oleada de renovado entusiasmo, por la posibilidad respecto a la cercanía del Rapto de la Iglesia. Con Rusia avanzando en Ucrania, las armas nucleares que se están fabricando en Irán y las otras que se están blandiendo en Arabia Saudita, la amenaza de guerra en el Medio Oriente está más alta que nunca antes.  Siria y Yemen están colapsando y Líbano está decayendo a medida que aumenta el poderío de ISIS.  Un siglo después de la caída del califato otomano, estos grupos, junto con los turcos, esperan crear otro similar.  Como resultado, el interés en la culminación profetizada de la era de la Iglesia, se ha elevado a un nivel sin precedentes.

          En nuestros programas de Profecías Bíblicas, hemos documentado numerosas conexiones notables entre Pentecostés y la conclusión profética de la era de la Iglesia.  Es la cuarta de las fiestas y el centro de las festividades solemnes de Israel que son: la Pascua - Pesach; los Panes sin Levadura - Hag-Ha-Matzot;  las Primicias - Bikkurim; la Fiesta de las Semanas o Pentecostés - Shavuot; la Fiesta de las Trompetas - Rosh HaShanah; el día de Expiación - Yom Kippur y los Tabernáculos - Succoth.

          Las tres primeras, son fiestas de primavera y representan el sacrificio de sangre y la resurrección.  Las tres últimas se celebran en el otoño, y son semblanzas del juicio y el establecimiento del Reino.   En el centro, y a comienzos del verano está Pentecostés.  En la Biblia, está representada por dos hogazas de pan con levadura, que eran elevadas como ofrenda por el Sumo Sacerdote.   Los judíos hoy conmemoran esta celebración anualmente, en una ceremonia llamada “la decoración de la novia” - lo cual nos recuerda a la Iglesia - la “Esposa de Cristo”.

          Cincuenta días después de las primicias, los judíos ofrecían dos panes, horneadas con levadura, como una segunda ofrenda al Señor. “Y contaréis desde el día que sigue al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla de la ofrenda mecida; siete semanas cumplidas serán. Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová.  De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová” (Levítico 23:15-17).  Esto abarca una segunda fiesta de la cosecha, pero note que en esta ocasión sí se usa levadura para los panes.

          Esta información llega a ser particularmente excitante para los cristianos, cuando reconocemos que la celebración de 50 días de la Fiesta de las Semanas, era conocida en los días del Nuevo Testamento como Pentecostés.  Este nombre, Pentecostés, el cual los cristianos reverenciamos porque fue el día en que el Espíritu Santo descendió sobre los creyentes, se deriva de la palabra griega para quincuagésimo.  Imagine: justo cuando los judíos ofrecían los panes al Señor ¡Dios envió su Espíritu Santo para vivir en el interior de los cristianos!

          Como creyentes, el significado de esta fiesta es mejor apreciado al leer en Juan 14:25 y 26, las palabras del propio Señor Jesucristo: “Os he dicho estas cosas estando con vosotros.  Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.  En estos versículos, Jesús prometió que cuando partiera al cielo, le enviaría el Espíritu Santo a todos los creyentes para que les otorgara poder y los guiara.

          Esto tuvo cumplimiento, y Hechos 2:1-4 dice al respecto: “Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.  Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen”.  El día de Pentecostés es considerado como el día del nacimiento de la Iglesia del Nuevo Testamento.

          El Señor Jesucristo dijo: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).  Por primera vez, tanto judíos como gentiles llevarían el mensaje del Evangelio de Dios.  Más tarde el Creador menciona estos dos grupos y dice que es Dios de ambos. “¿Es Dios solamente Dios de los judíos?  ¿No es también Dios de los gentiles?  Ciertamente, también de los gentiles” (Romanos 3:29).

          Cuán emocionante es poder descubrir el profundo simbolismo de la Fiesta de las Semanas o Pentecostés.  Los dos panes ofrecidos al Señor, representan el nacimiento de la Iglesia del Nuevo Testamento compuesta tanto de judíos como de gentiles.

          Este significado profético es enseñado por Victor Buksbazen en su libro Las fiestas de Israel, quien añade: “Los tres mil judíos cristianos fueron las primicias espirituales de la Iglesia de Cristo.  Es así como el simbolismo del Antiguo Testamento, en los dos panes, se convirtió en una realidad gloriosa en el Nuevo Testamento - una Iglesia compuesta de judíos y gentiles, comprados por la sangre del Cordero”.
Los dos panes representan a la Iglesia, integrada por judíos y gentiles en un solo grupo, aunque ésto de ninguna manera descarta a Israel, porque Dios todavía recuerda a su pueblo escogido.  El capítulo 11 de Romanos enseña que Israel es el árbol de olivo y que los gentiles son las ramas injertadas.  Un día ese tiempo especial de la Iglesia sobre la tierra concluirá, y la luz de Dios una vez más estará brillando sobre el árbol de olivo, la nación de Israel.

          Cuando se lee la Biblia, es claro que el pasaje de Romanos declara que los gentiles son “las ramas silvestres” que han tenido el privilegio de ser injertadas en el olivo. Escuche lo que dice:  “Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.  Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie.  No te ensoberbezcas, sino teme.  Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.  Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar.  Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?” (Romanos 11:17-24). 

          ¿Podría la levadura en estos panes indicar que existe error en este nuevo grupo?  El pan de la Pascua no contenía levadura, porque es una semblanza perfecta de Jesús cuyo cuerpo fue herido y partido por nosotros, tal como dijo Él mismo la noche de la Pascua: “Y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido” (1 Corintios 11:24).

          Sin embargo, el pan con levadura bien puede ser una semblanza de la Iglesia, la cual todavía no es perfecta, a pesar de que sus integrantes sí somos perdonados.  Note, ¿quién “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya”?  ¿Quién nos librará asimismo de la predisposición a pecar que Pablo describió con tanta exactitud, “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.  Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí”?  El señor Scofield dice en su Biblia Anotada: “La levadura está presente, porque hay mal en la Iglesia”.

          Una vez más Dios revela una hermosa semblanza profética:

1.      La Fiesta de las Semanas o día de Pentecostés ocurre 50 días después de las Primicias.

2.      Los dos panes combinados en una ofrenda, nos recuerdan a los judíos y gentiles incluidos en la Iglesia del Nuevo Testamento, y

3.      La levadura en los dos panes nos recuerda que los miembros de la Iglesia pecan.

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