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¿Que está ocurriendo en el mundo de hoy?

- El mapa de Medio Oriente está siendo rediseñado, en sangre.
-         El matrimonio instituido por Dios ha sido redefinido por los gobiernos de los hombres.
-         De acuerdo con el espíritu que prevalece en este día, ser hombre o mujer es simplemente un “estado de ánimo”.

-         Los cristianos están siendo perseguidos en todo el mundo.
-         La nación de Israel está bajo un asedio político mundial y hasta militar.
-         El antisemitismo está en aumento nuevamente, solo unas décadas después del Holocausto.
-         La humanidad le llama al mal bien y a lo bueno malo.
-         Cincuenta y ocho millones de niños antes de nacer, han sido sacrificados sobre los altares a Baal.
-         La moralidad ha sido invertida.  Es como estar en un universo alterno.  Vivimos en un mundo extraño, en donde arriba - ahora es abajo.  La izquierda es derecha.  Y lo que era bueno, ahora es malo.
-         Lo incorrecto ahora es correcto.

Sólo se necesitó un poco de tiempo y de reacondicionamiento, para que las personas invirtieran sus creencias, descartaran verdades antiguas y adoptaran mentiras y falsedades convenientes.

Y todo ha ocurrido, porque se removió a Dios de la ecuación, al Autor de toda cosa buena, y lo remplazaron con una nueva mitología centrada en el hombre.

Mientras que nuestra cultura, una vez cristiana, está literalmente en un caos completo, ¿en dónde se encuentra la iglesia? ¿Se ha preguntado que ha pasado con la “sal y la luz” de este mundo?

Sorprende advertir el silencio de los creyentes en todo el planeta, porque no se trata sólo de Estados Unidos, un país que fuera construido teniendo como fundamento la Palabra de Dios, sino que es un fenómeno mundial.  Es como si los líderes cristianos hubieran sido amordazados, dejados sin palabras, secuestrados o arrebatados prematuramente.

Estas son señales inconfundibles de los tiempos, precisamente lo que uno lee con respecto a los últimos días en el capítulo 24 de Mateo, 21 de Lucas y en 2 Timoteo 3:1-8.

Y dicen algunas de estas profecías: “Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe.  Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán.  Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.  Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.  Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24:4-8).

“Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos;  y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:11-12).

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.  Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,  sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella...” (2 Timoteo 3:1–5).

Estamos viviendo en tiempos que requieren de una fe profunda y bien fundada. Estamos presenciando un espiral en descenso de millones de personas, cuya fe no era tan sólida como la roca.  Nuestras creencias necesitan ser probadas, como la de aquellos creyentes en el primer siglo, de quienes dice la Escritura, “... Estos que trastornan el mundo entero...” (Hechos 17:6b).

Fue hace casi dos mil años que los seguidores judíos de Jesús el Mesías, trastornaron el mundo para Dios, emprendiendo la revolución social y espiritual más importante en la historia de la humanidad. Fue ese grupo de creyentes quienes de manera radical presentaron el evangelio al mundo, incluyendo a los judíos, gentiles, paganos y a todos aquellos con fe en el único Dios verdadero.

¿Están ustedes  tan sorprendidos como nosotros ante la oposición que hay en contra de los  creyentes de la Biblia, y el silencio de los muchos otros que se autodenominan cristianos, los cuales nos critican porque consideramos la Escritura como la única fuente autorizada en materia de instrucción, enseñanza y edificación para la vida, y no ponemos por encima de ella a libros de autores “cristianos” famosos?

Los creyentes de todo el mundo deberían sentirse en deuda con los judíos mesiánicos: Con Pablo, Pedro, Juan, Mateo, Marcos y los demás, porque todos los discípulos originales de Jesús eran judíos. Durante el primer siglo, estos judíos mesiánicos difundieron las buenas nuevas en el mundo conocido con rapidez y eficacia.  Lo hicieron sin contar con radio, televisión, libros, prensa, tratados, automóviles, aviones, incluso sin Internet ni computadoras. 

Piense acerca de esto, porque es algo que la generalidad del mundo cristiano no comprende del todo ni aprecia de inmediato.  La mayoría de la iglesia hoy ignora el hecho de que los primeros evangelistas eran todos judíos. Muchos ni siquiera piensan en Jesús en ese contexto. En consecuencia, tal como hemos visto a través de la historia, se ha vuelto demasiado fácil oscurecer las raíces hebreas del cristianismo: borrarlas, torcerlas, sacarlas de la historia, demonizarlas, revisarlas y hasta vilipendiarlas.  Esa es la única forma para que ideas tan viciosas como la teología de reemplazo pudieran en algún momento establecerse entre quienes profesan fe en Dios.

Asimismo y tristemente, la generalidad de los judíos no entienden que el “cristianismo”  es simplemente el cumplimiento mesiánico y profético de lo que Dios prometió todo el tiempo, en el Antiguo Testamento.  Al menos eso es lo que debería ser.   Comprensiblemente, los israelíes lo han visto a lo largo de la historia, como “otra religión” - una religión pagana, que con frecuencia ha sido una amenaza personal para todos ellos.

¿Sabían ustedes que el Señor Jesucristo nunca le llamó a sus seguidores “cristianos”?  Sus apóstoles y primeros discípulos nunca se llamaron cristianos.  Se conocían como “hermanos”, “creyentes”, “los fieles”, “los elegidos”, “los llamados” y “siervos” del Mesías.  El término “cristiano” fue utilizado por primera vez por los paganos para describir a los seguidores de Jesús.

No se trata necesariamente de que este nombre sea malo.  Después de todo, Cristo es la palabra griega para Mesías.  De tal manera, que en un sentido, así sea que los cristianos lo sepan o no, de hecho están llamándose seguidores del Mesías o irónicamente Mesiánicos.

Hermanos de diferentes partes del mundo en diversas ocasiones, preguntaron por carta y hasta telefónicamente, si el fundador de nuestro ministerio, el Pastor José Holowaty era judío, pero no era así.  Les llamaba mucho la atención el amor que siempre profesó por el pueblo escogido de Dios.  Él se sentía profundamente en deuda con el pueblo judío por habernos dado y revelado su Mesías, y por haber propagando el Evangelio e invitarnos a todos para que nos asiéramos a las promesas y herencia de Abraham, Isaac, y Jacob.

Hoy en día, el movimiento de los judíos mesiánicos porta testimonio de lo que eran esos creyentes del primer siglo.  Creemos que no es coincidencia que este grupo esté creciendo conforme nos acercamos a la conclusión de esta edad y vemos las señales proféticas llegando a su clímax - especialmente desde que Israel retornó a su territorio ancestral.  También está enseñando de manera efectiva e inspirando a los creyentes no judíos con respecto a las raíces de su fe.

Del mismo modo, conforme el movimiento judío mesiánico adquiere más prominencia en los planes de Dios para los últimos días, hay otro grupo paralelo que crece entre los creyentes no judíos en Jesús. En las últimas décadas, parece que cada vez más seguidores de Jesús, han comenzado a explorar las raíces hebreas de su fe. Esta es una obra del Espíritu Santo, y así como nuestros antepasados espirituales, los judíos mesiánicos, lideraron la revolución de Jesús en el primer siglo, este otro grupo probablemente estará a la vanguardia de la Revolución de Jesús que cierre la era y nos lleve a “la restauración de todas las cosas”.

El Señor Jesucristo regresará pronto, y nuestro papel como creyentes que amamos al Mesías, es que tanto los judíos mesiánicos como los cristianos no judíos entiendan las raíces de su fe, sino lo hacemos seremos juzgados en consecuencia.

Jonathan Cahn, un rabino mesiánico autor del best seller El Presagio, considerado por el periódico New York Times, como uno de los mejores escritores de este día, dijo refiriéndose a los judíos mesiánicos: “Lo importante para nosotros no es sentirnos satisfechos como creyentes.  Sino estar unidos cuando es radical creer en el Mesías.  Los primeros creyentes mesiánicos fueron radicales, eran revolucionarios por eso cambiaron el mundo.  Y la última forma de esta fe será cuando se vuelva radical nuevamente.  Los líderes judíos deben ocupar su lugar en el liderazgo como lo fue al principio”.

No creemos que sea simple coincidencia que el señor Cahn y otros maestros mesiánicos estén ocupando un lugar central en la iglesia de hoy.  Sus profundas enseñanzas en su libros Presagio, Paradigma, el Libro de los Misterios y el Misterio del Shemitá, lo han convertido en uno de los oradores más solicitados en las iglesias, conferencias, televisión cristiana y otros medios, incluso en el Capitolio de Estados Unidos y en los desayunos presidenciales de oración.

¿A qué se está refiriendo cuando afirma que los judíos mesiánicos necesitan ocupar su lugar en el liderazgo de la iglesia?  A “Que así como fue en el principio, lo mismo será al fin”.  El señor Cahn dice, que en el primer siglo, este movimiento era la cabeza, no la cola de esos que se llamaban a sí mismo, la gente del “Camino”.  Y conforme nos aproximamos al fin de la edad, es entonces cuando este grupo se convertirá en la cabeza, no en la cola, porque todavía sigue siendo el “Camino”.  Jesús es el único candidato en la historia humana que califica para ser el Mesías, y usted no puede separar el cristianismo de sus raíces judías, sin distorsionar la propia naturaleza de dónde vino y hacia dónde va.
Pero... ¿cómo eran las cosas en el principio - en el primero siglo?   Leemos en el libro de Hechos, que el Señor Jesús resucitado permaneció cuarenta días con sus seguidores.  Estos hombres y mujeres judíos, antes asustados, desesperados y desilusionados, comieron nuevamente con su Señor, recibieron una vez más sus enseñanzas y el Espíritu Santo les dio poder para cambiar el mundo para su Dios.

Al principio tenían dos cosas en común: eran judíos y conocían a su Mesías.  Eso era todo, nada más.  Se trataba de un pequeño grupo de pescadores galileos, y los miembros de sus familias, algunos de Jerusalén que al escuchar su mensaje y presenciar sus milagros, reconocieron su condición de pecadores creyeron en lo que decían las Escrituras y vieron el cumplimiento de ellas en Él.  Fueron realmente sólo unos pocos quienes aceptaron a Jesús como al Cristo resucitado.

El día de Pentecostés, sólo estaban reunidos en el aposento alto 120 discípulos. Los judíos estaban llegando a Jerusalén desde los pueblos vecinos para esta festividad bíblica.  Después de que Pedro les predicó, unos tres mil más se integraron como parte de la comunidad mesiánica.  Esta es una porción del mensaje que pronunció: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.  Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.  A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.  Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.  Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2:29–36).

El Espíritu Santo descendió sobre ellos en forma de “lenguas repartidas como de fuego” y Pedro y los otros discípulos fueron facultados por Él, para hablar en lenguas, y cada uno de los presentes los escuchó en su propio idioma. Pero después, de esto: ¿Qué se les pidió a esos otros tres mil nuevos creyentes que hicieran?  ¿Se les exigió que renunciaran a su fe judía y se convirtieran en “cristianos”?  ¡No! ¡Se les ordenó que se arrepintieran de sus pecados y que fuesen salvos de esa perversa generación!  Y ellos continuaron adorando en el templo y en sus sinagogas fuera de Jerusalén.

Estos primeros judíos mesiánicos hicieron muchos milagros: le dieron vista a los ciegos, sanaron a los enfermos, expulsaron demonios e incluso hasta resucitaron muertos, tal como lo hizo el Señor Jesús.   El capítulo 2 de Hechos nos dice que  “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno.  Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:44-47).

Transcurrieron varios años para que Pedro y el resto de los discípulos consideraran la posibilidad de que el precioso don de la salvación estaría también a disposición de los gentiles impuros e incircuncisos.  Incluso habría de pasar aún más tiempo antes de que los no judíos, aceptasen al Mesías Judío.  Mientras tanto, ellos estremecieron su propio mundo con su mensaje.

Un día en que Pedro y Juan llegaron al templo para adorar, fueron recibidos por un hombre tullido de nacimiento que pedía dinero, “Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios” (Hechos 3:6–9).

Todo las personas allí reunidas le vieron y se llenaron de asombro, Pedro entonces les habló de Jesús, como había estado entre ellos, les había hablado, obrado milagros y no creyeron en Él y terminaron crucificándolo y les dijo: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:19-21).

Así es como era la “iglesia” del primer siglo.  Y aunque en las diferentes versiones de la Biblia se hable de “iglesia”, en el idioma original era la palabra griega para “sinagoga”.   Lo cual de ninguna manera implica que nació una nueva religión.  Los discípulos no comenzaron a reunirse en “iglesias” como las que tenemos hoy, sino que continuaron haciéndolo en el templo, en las sinagogas y en los hogares.

Durante mucho tiempo se encontraban y adoraban con judíos no mesiánicos, hasta que las tensiones hicieron que terminaran siendo expulsados.  Dondequiera que se encontraban, la gente se congregaba para escuchar el mensaje y presenciar milagros asombrosos:  “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón.  De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.  Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos” (Hechos 5:12–15).

Y pensar que todo comenzó con un mensaje radical sobre los “tiempos de refrigerio” y “la restauración de todas las cosas”.  Ese es nuestro destino como creyentes, un destino que tal como dice Hechos 3:21, estuvo en la mente de Dios “desde tiempo antiguo” - desde el principio del mundo.   Y dice la Escritura que después de este mensaje de Pedro sobre “la restauración de todas las cosas”,  “... Muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil” (Hechos 4:4).

Si ustedes desean tener un mejor conocimiento respecto a cómo era en el principio la iglesia del primer siglo, les aconsejamos que lean detenidamente el entero libro de Hechos.  Es el mejor registro histórico que tenemos escrito por el apóstol Lucas, de las “obras” que realizaban los apóstoles.

En la iglesia actual a muchos no les gusta hablar de “obras” y esto se debe al error que se cometió hace muchos siglos, cuando la gente comenzó a confundir las buenas obras con la búsqueda de la salvación.  Sin embargo, no debería ser así, porque el péndulo ha girado en la dirección completamente opuesta, hasta el punto de que hacer las buenas obras del Señor,  se han convertido para muchos en anatema.

Las Escrituras nos enseñan que las buenas obras por sí mismas son inútiles para encontrar la salvación, pero también nos dejan claro que ellas son el fruto visible y la confirmación de la salvación.   Por favor, no le pedimos que acepte como cierto esto, sólo les suplicamos que lean la Epístola de Santiago con una mente abierta, especialmente el capítulo 2 y miren si pueden llegar a otra conclusión.  Allí encontramos que el hermano del Mesías, quien en un tiempo fuera un escéptico, afirmó por inspiración Divina: “Tú crees que Dios es uno; bien haces.  También los demonios creen, y tiemblan.  ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?  ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?  ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?...  Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta”  (Santiago 2:19-22,26).

Pero... ¿Cuáles son las diferencias centrales entre esa primera iglesia y lo que la “nueva iglesia” ofrece hoy?  Permítannos repasarlas.  El Evangelio Apostólico del primer siglo...

-         Fue impulsado por el arrepentimiento,
-         No promovió un nuevo credo, sino más bien, el regalo de la salvación que representaba la continuación ininterrumpida de lo que había sido determinado por Dios Padre, desde Génesis hasta Malaquías.
-         Confirmó todas las escrituras existentes de ese tiempo, lo que conocemos hoy como “el Antiguo Testamento”.
-         Fue facultado por el Espíritu Santo, el que descendió sobre los creyentes de una manera dramática, otorgándole a todos ellos, valor, audacia, perspicacia, claridad y unidad y amor.

Compare todas esas características con lo que ve y se enseña en la iglesia del siglo veintiuno. ¿Se ha advertido de lo que muchos evangélicos están enseñando y aceptan hoy como verdad?   El decir que “se arrepientan de sus pecados” es algo prácticamente inaudito que se escuche en una iglesia hoy.  De hecho, si el pecado lo definimos simplemente tal como dice 1 Juan 3:4: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley” es algo que tampoco tiene sentido, porque como los mandamientos fueron eliminados, entonces también el pecado.

Lo que predican muchas iglesias hoy, es que la simple aceptación de la realidad de la obra de Jesús sobre la Cruz provee una especie de inmunización contra el pecado.  Pero aclaremos esto: ¡Hasta el diablo acepta la realidad de lo que el Señor Jesucristo hizo sobre la cruz!

Algunos incluso enseñan que los cristianos son incapaces de pecar y que ni siquiera deben preocuparse con las transgresiones de la ley.  Creen que no tienen realmente, ni que preocuparse ni apartarse de los pecados, porque la ley fue clavada sobre la Cruz.  Que lo importante es el amor.  La mayoría de los grandes líderes evangélicos hoy, ven el Antiguo Testamento como una simple antigüedad, una serie de pactos abrogados y descartados entre Dios y el hombre, no como las leyes eternas y lecciones que son tan importantes hoy, como cuando fueron escritas por inspiración del Espíritu Santo.

Anthony Campolo, mejor conocido como Tony Campolo, nació el 25 de febrero de 1935.  Es un pastor norteamericano, sociólogo, autor, conferencista y ex-consejero espiritual del expresidente Bill Clinton.  Es reconocido como uno de los líderes evangélicos más influyentes de Estados Unidos y ha sido uno de los principales proponentes de la reforma progresiva dentro de la comunidad evangélica.  También se convirtió en líder del movimiento cristiano la Letra Roja, cuya meta es enfatizar las enseñanzas de Jesús.

Campolo es conocido como uno de los líderes más influyentes de la izquierda, y como un gran defensor del pensamiento progresista y la reforma dentro de la comunidad evangélica.  Ha sido invitado especial de los más importantes programas de televisión. Es un ministro bautista ordenado y evangelista, y actualmente sirve como pastor asociado de la Iglesia Bautista Monte Carmelo en el oeste de Filadelfia.

Sin embargo, ahora este prominente pastor y autor apoya plenamente el matrimonio entre personas del mismo sexo y ha pedido una mayor inclusión de los homosexuales abiertos dentro del Cuerpo de Cristo.  Esto es parte de un comunicado que publicó en su página web: “Me ha tomado muchas horas de oración, estudio, conversación y confusión emocional, poder llegar al lugar donde estoy finalmente, listo para pedir la plena aceptación de las parejas homosexuales cristianas en la iglesia”.

A lo largo de los años, Tony y su esposa Peggy han venido participando en debates públicos sobre el papel de las lesbianas y los gays en la iglesia y en la sociedad. Hasta no hace mucho, siempre señalaba que la homosexualidad como orientación no era pecado, pero sí la práctica de las relaciones íntimas entre personas del mismo sexo.  Desligando el asunto social del religioso indicó, que en la sociedad todas las personas deben tener los mismos derechos independientemente de sus preferencias y creencias.  Su esposa, por su parte, no ha tenido problemas en aceptar las relaciones homosexuales en la comunidad cristiana, siempre desde el contexto de la fidelidad y de la monogamia.

En su declaración, Campolo admitió que el cambió en su postura sobre el tema, se debió a largas horas de estudio de la Biblia y su interacción con parejas homosexuales.  Reconoce también, que en parte fue influenciado por su esposa Peggy, quien  concluye que “El matrimonio siempre debe ser principalmente para el crecimiento espiritual, y que las parejas homosexuales cristianas pueden reflejar efectivamente ese objetivo”.

Dice también Campolo: “A causa de mi preocupación abierta por la justicia social, en los últimos años me hacía la misma pregunta una y otra vez: ‘¿Estás listo para aceptar plenamente en la iglesia, a esas parejas cristianas homosexuales que han hecho un compromiso de por vida el uno con el otro?’.  Por medio de Peggy, llegué a conocer a muchas parejas cristianas homosexuales cuyas relaciones trabajan casi de la misma forma que la nuestra”.

Nuestra amistad con ellos, me permitió entender lo importante que es la exclusión y desaprobación de sus uniones por la comunidad cristiana.  Reconocí que nosotros en la iglesia debemos apoyar activamente a estas familias”.

Campolo enfatizó que como cree que la homosexualidad no es una elección, considera que no tiene el derecho a condenar a aquellos que se dedican a un estilo de vida gay.

Agregando: “Como científico social, he llegado a la conclusión de que la orientación sexual casi nunca es una elección, y he visto lo perjudicial que puede ser tratar de ‘curar a alguien que es gay’.  Como cristiano, mi responsabilidad no es condenar o rechazar a los gays, sino más bien amarlos, abrazarlos, y tratar de atraerlos a la comunión de la iglesia”.

El pastor denunció que el himno “Tal como soy” debía ser considerado como uno que incluye a los “hermanos y hermanas gays y lesbianas”.  Recordó cómo, en el pasado, la comunidad cristiana “Adoptó posiciones bíblicas para mantener a las mujeres fuera de los roles de enseñanza en la iglesia” y por “excluir de la comunión” a aquellos que se habían divorciado y vuelto a casar.

Agregando: “Me temo que en nuestra interpretación de la Escritura estamos cometiendo el mismo tipo de error otra vez.  Razón por la cual ahora estoy hablando esto con ustedes.  Espero que lo que he escrito aquí será de ayuda a mis hermanos cristianos, para acoger con amor a todos nuestros hermanos y hermanas - gays y lesbianas en la iglesia”.

El doctor Michael Brown, presidente del ministerio radial La línea de fuego, y director de la Coalición de Conciencia, ofreció una carta abierta a Campolo respecto a su visión del mundo cambiante y le instó a que reconsidere su decisión antes de que “ocasione más reproches al Evangelio y perjudique a la gente que está tratando de ayudar”.

Le dice en su carta: “Usted ha ofendido al Señor, rechazando el claro testimonio de Su Palabra y  como era de esperar, dada su postura – no cita una sola escritura en apoyo de su nueva posición doctrinal’.

“En el espíritu de su declaración pública dada a conocer ayer, en la cual insta a las iglesias para que les den la bienvenida a las parejas del mismo sexo, estoy escribiéndole esta carta abierta,  para que reconsidere su decisión antes de que ocasione más reproche al Evangelio y hiera a quienes desea ayudar’.

“Al igual que usted, soy tanto profesor, como predicador del Evangelio, y siempre he apreciado su voluntad por abordar temas polémicos, sin preocuparse por esos a quienes ofende, además de su disposición para sacudir y estremecer a los cristianos seguros en sus cómodos sistemas de creencias, todo en favor de la verdad y la justicia’.

“Sé que su esposa Peggy ha sido durante mucho tiempo una defensora orgullosa y abierta de los matrimonios de  personas del mismo sexo.  Y que por un buen número de años, usted  ha creído que es imposible que una persona cambie su orientación sexual.  Incluso que ha explorado la posibilidad de las relaciones románticas, no sexuales, entre personas del mismo sexo dentro de la iglesia, dando ahora el siguiente paso inevitable al darle su pleno respaldo a la unión y práctica de las parejas homosexuales, pidiéndole a la iglesia que los apoye y los acoja en amor’.

“Puedo preguntarle: ¿Qué le impidió abrazar esta posición hace años?   ¿Acaso, no fue el testimonio claro e inequívoco de la Biblia?’.

“Seguramente sus emociones lo instaban a que acogiera en amor a las parejas del mismo sexo’.

“Seguramente su compasión lo impulsaba a poner sus brazos alrededor de los hombros de un estudiante universitario gay, y decirle que seguir a Jesús no le impedía tener una relación íntima con otro hombre’.

“Sin embargo, se abstuvo de hacerlo debido a la enseñanza de la Escritura. Sabiendo que la Biblia declara enfáticamente que Dios creó a los hombres para las mujeres y a las mujeres para los hombres.  Que el matrimonio, en la forma prevista por Dios, es la unión por toda la vida de un hombre y una mujer, y que la práctica homosexual estaba estrictamente prohibida en todas las circunstancias’.

“¿Cuándo tuvo lugar ese cambio? ¿En qué momento la Biblia de súbito, dejó de ser clara sobre este tema?’.  
          “Le creo cuando dice que ha escuchado todos los argumentos bíblicos sobre el asunto y no dudo, de que ha pasado muchas horas de oración, estudio, conversación y confusión emocional para llegar al lugar donde está finalmente, listo para pedir la plena aceptación de las parejas homosexuales cristianas en la iglesia’.

“Reconozco que puede ser demasiado tarde para que cualquiera de nosotros trate de convencerlo a usted en este momento de su vida, cuando ya tiene 83 años, ¿no es cierto?… Aún así, uno mi voz con otros, en el espíritu de Santiago 5:19-20, que dice: ‘Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados’.   Por favor, reconozca que está cometiendo un grave pecado contra el Señor, en contra de su iglesia, y contra sus amigos del movimiento de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales, por abrazar esta nueva posición.  De hecho, ya es cómplice en el engaño potencial y la destrucción de  los creyentes y no creyentes por igual’.

“Usted dice que fue su reflexión sobre el significado del matrimonio lo que en última instancia provocó el cambio en su corazón, pero ¿puede realmente tomar su Biblia y decirle al mundo que hay un solo versículo que apoya el ‘matrimonio’ de dos hombres o dos mujeres?  ¿Está realmente dispuesto a presidir una ceremonia matrimonial y decir: ‘Yo os declaro marido y hombre’ o ‘Esposa y mujer’? Y en su corazón: ¿cree sinceramente que Dios diseñó un hombre para estar con un hombre o viceversa? ¿Y qué cuando una pareja gay se une en un acto de sodomía, es que acaso su intimidad santifica esta práctica prohibida?’.

“Tony, cuando las parejas del mismo sexo leen la Palabra de Dios, ¿qué hacen con versículos como estos: ‘Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.  Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella’ (Efesios 5:24-25).   ¿Cuál es el marido y cuál la esposa? ¿Y qué hacemos con el hecho de que no hay una sola referencia positiva a la homosexualidad en la Biblia, sin importar cuán inclusiva pueda ser la iglesia?  Las parejas homosexuales deben vivir con esa realidad, ¡de que toda referencia a la práctica homosexual es condenada en los términos más enérgicos!’.

‘Usted escribió: ‘Que cuando entonamos el viejo himno de invitación, 'Tal como soy’, también nos estamos refiriendo a nuestros hermanos gays y hermanas lesbianas, que ésto también es una verdad para ellos’.

“¡Sí, es cierto!  Es una verdad para ellos, al igual que para el resto de nosotros: Venimos a Jesús con quebrantamiento de espíritu y nuestros pecados, y Él nos transforma por su gracia, al igual que transformó a los publicanos y las prostitutas de su época’.

“En cuanto a la posibilidad de cambio, conozco personalmente a ex homosexuales que experimentaron cambio en su orientación sexual, ya fuera por el poder del Evangelio, consejo espiritual o ambos.  Mientras que conozco a otros que no experimentaron ningún cambio en su orientación, pero que se comprometieron a seguir al Señor, y están viviendo vidas célibes, benditos y gozosos de estar declarando al mundo, que Jesús es suficiente’.

“Estoy totalmente de acuerdo con usted, que debemos pedir a todos en la iglesia que tengan un corazón compasivo hacia aquellos que se identifican como lesbianas, gays, bisexuales o transexuales.  Y me uno a ustedes en su deseo de llegar hasta los marginados y desposeídos, porque todo cristiano verdadero debe tratar de emular a nuestro Salvador en este sentido’.

“Pero en ningún caso puedo unirme a usted en su apostasía de la Palabra de Dios, en términos del significado del matrimonio y de las normas de la moral sexual.  Oro para que el Señor tenga misericordia de usted y de su esposa Peggy, para que Dios les conceda el arrepentimiento’.

“Con su franqueza típica, usted declaró que: ‘Temía que en nuestra interpretación de la Escritura estuviéramos cometiendo el mismo tipo de error que habíamos cometido en el pasado al marginar a las mujeres en la enseñanza de la iglesia y excluir de la comunión a aquellos que se habían divorciado y vuelto a casar otra vez.  Razón por la cual ahora estaba hablando esto con nosotros’.  Pero se equivoca, estimado señor, usted habría hecho mucho mejor guardando silencio, que hablando. Eso habría sido lo menos que podíamos haber esperado de un líder de su estatura”.

Esto del señor Campolo es sólo un ejemplo, porque tardaríamos días citando a los miles de pastores en Estados Unidos que comparten este mismo sentimiento, y no sólo con respecto a los homosexuales, sino contra el aborto, y contra todo tipo de perversidades a lo que ahora llaman una expresión de la “libertad individual”.   Algo que no tiene nada que ver con Dios. 

Y les preguntamos: ¿Desearían volver al tipo de fe que trastornó al mundo en el primer siglo?  Si es así, necesitamos pensar, sentir, respirar, orar, escuchar, hablar y hacer lo que hicieron los creyentes del primer siglo, centrarnos en el Mesías y seguir siendo guiados por el Espíritu Santo.  En resumen, tenemos que hacer lo que la Biblia enseña, no lo que dicen los hombres.  Eso fue, después de todo, el grave error de los fariseos, como vimos en la primera parte de esta serie de mensajes.

Fueron esos primeros discípulos del Mesías quienes guiados por el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, propagaron el Evangelio de manera efectiva después de la ascensión del Señor Jesucristo al cielo.  Ellos fueron los radicales que pusieron en moción una fe revolucionaria y radical que cambió al mundo.

Más tarde, y debido a que Jesús hizo posible que los gentiles encontraran la salvación a través de Él, otros se unieron a este movimiento.  ¿Quiénes fueron? Cornelio fue el primero de estos gentiles en ser “injertado” en las promesas de Dios a Abraham y a la congregación de Israel después de la ascensión de Jesús.

Eso no significa, por supuesto, que antes de eso no se salvó alguien fuera de la comunidad judía, porque siempre hubo un camino para que los gentiles se convirtieran en parte de la casa de Israel.  Josué le dijo a los israelitas, que el propio Abraham, fue un idólatra, pero que encontró favor con el Señor.   “Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños” (Josué 24:2).  Rut, una moabita, se unió a la casa de Israel y se convirtió en parte de la línea genealógica de Jesús, al igual que Rahab la ramera de Jerico. Incluso antes de eso, algunos egipcios se unieron a los israelitas en el Éxodo y así se convirtieron en parte de la congregación de Israel.

No olvidemos que Israel fue escogido como nación para llevar y preservar la Palabra de Dios, como una luz a los gentiles, en otras palabras al mundo entero. Tal como dijo Dios por medio del profeta, esa es su responsabilidad: “... Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Isaías 49:6).

Cornelio, el centurión romano de Cesarea, fue escogido por Dios como un vehículo para recordarle a Pedro y los otros apóstoles de esta misión.  Leemos en el capítulo 10 de Hechos que Cornelio y toda su familia adoraban al Dios verdadero, que daba limosnas al pueblo y oraban al Creador de continuo.  Un ángel se le apareció y le dijo que fuese a Jope y buscara a Pedro que él le diría lo que tenía que hacer.

La Biblia es un libro de patrones

El apóstol Pablo le hizo esta advertencia a Timoteo y a los creyentes de todas las edades, pero particularmente a los que estamos viviendo en estos últimos días:  “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (2 Timoteo 4:3–4).

La Escritura nos habla, no sólo con enseñanzas específicas y claras de verdad, instrucción, profecía y sabiduría, sino que también lo hace con patrones.  En Éxodo, Josué, 1 y 2 Reyes, 1 y 2 Crónicas, 1 y 2 Samuel, y otros libros históricos, proféticos y de sabiduría, podemos observar el patrón de los hijos de Israel cuando caminaban con Dios y eran bendecidos, pero también los vemos cuando se alejaban de Él y eran disciplinados y privados de sus bendiciones.

Esos patrones tienen tanto significado para nosotros hoy, como lo tuvieron para los israelitas de entonces.  Desafortunadamente, hoy solemos leer el Nuevo Testamento con la idea de que anuló todo lo pasado, descartó las reglas o las cambió.  Hoy, como en el tiempo de Jesús, somos culpables de inventar nuestras propias normas e ignorar las revelaciones de la Palabra de Dios.  Pero toda la Escritura, en su totalidad es verdad, para ayer, hoy y mañana.

El apóstol Pablo escribió: “Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.  Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:15–16).  

Tengan bien presente que las Sagradas Escrituras a que se refirió Pablo era el Antiguo Testamento.  Con sus palabras estaba respaldándolo como verdadero, válido y aplicable a los creyentes, después de la muerte y resurrección de Jesús y para siempre.  Estaba diciéndonos a los cristianos de hoy, que usáramos las Escrituras del Antiguo Testamento para asegurarnos de estar en la verdad, no caer en el error, siguiendo mandamientos de los hombres, en lugar de sólo seguir las enseñanzas inspiradas por el Espíritu Santo y respaldadas por la Biblia, la Palabra de Dios.

Es hora de que la iglesia se despierte y no permita que nadie le haga creer que Pablo contradice el resto de la Biblia.  Él repetidamente declaró que guardaba la Ley. No permita que nadie le diga que los mandamientos fueron abolidos.  El Antiguo Pacto, que era un pacto matrimonial, se ha ido, porque los israelitas fueron infieles a Dios.  Ahora hay un nuevo contrato matrimonial; sin embargo, los mandamientos permanecen porque son una expresión de los valores del Creador.

Todo el Nuevo Testamento y sus doctrinas deben medirse y ser consistentes con las Escrituras del Antiguo Testamento.  No debe ni puede haber contradicciones entre ellos.  Los patrones y la verdad fueron establecidos por Dios desde el principio del mundo.  Y el mismo Dios, el Señor Jesús que creó los cielos y la tierra, no cambia su mente.   Él no comete errores, no reescribe sus reglas, porque conoce el final desde el principio.

Ciertamente, las enseñanzas de los hombres no son el patrón, ni las nuestras, ni las de ningún pastor o predicador por muy sabio, ilustre y respetable que sea.  La única medida perfecta es la Biblia - la Palabra  infalible de Dios, eso es lo único que cuenta.

Mientras tanto, cuando los hombres de Cornelio iban en busca de Pedro,  “... Pedro subió a la azotea para orar, cerca de la hora sexta.  Y tuvo gran hambre, y quiso comer; pero mientras le preparaban algo, le sobrevino un éxtasis; y vio el cielo abierto, y que descendía algo semejante a un gran lienzo, que atado de las cuatro puntas era bajado a la tierra; en el cual había de todos los cuadrúpedos terrestres y reptiles y aves del cielo.  Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás. Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo.  Y mientras Pedro estaba perplejo dentro de sí sobre lo que significaría la visión que había visto, he aquí los hombres que habían sido enviados por Cornelio, los cuales, preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta. Y llamando, preguntaron si moraba allí un Simón que tenía por sobrenombre Pedro. Y mientras Pedro pensaba en la visión, le dijo el Espíritu: He aquí, tres hombres te buscan” (Hechos 10:9b-19).

Bien pronto Pedro comprendió el significado verdadero de la visión y lo que quiso decirle el Espíritu Santo.  “Entonces Pedro, descendiendo a donde estaban los hombres que fueron enviados por Cornelio, les dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿cuál es la causa por la que habéis venido?  Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oír tus palabras.  Entonces, haciéndoles entrar, los hospedó.  Y al día siguiente, levantándose, se fue con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Jope.  Al otro día entraron en Cesarea. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos. Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirle, y postrándose a sus pies, adoró.  Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate, pues yo mismo también soy hombre.  Y hablando con él, entró, y halló a muchos que se habían reunido.  Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo; por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar.  Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho venir?” (Hechos 10:21–29).

Pedro entendió que la visión que Dios le dio en Jope no se trataba de un cambio en las leyes dietéticas bíblicas,  de no comer carnes inmundas, sino de un repudio a una tradición extrabíblica hecha por el hombre de mantener una estricta separación de hombres y mujeres de otras naciones con los israelíes.   La visión de Pedro confirmó, que los no judíos son bienvenidos a la congregación de Israel a través del arrepentimiento y la adopción:  “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia. Dios envió mensaje a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos” (Hechos 10:34–36).

Pedro entonces pronunció un breve mensaje del Evangelio, tal vez el primero predicado a un grupo de no judíos, sobre la restauración de todas las cosas.  “Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios.  Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús.  Entonces le rogaron que se quedase por algunos días” (Hechos 10:45–48).

Pero... ¿Cómo esos primeros gentiles encontraron el camino para ser adoptados en la casa de Israel?  Ellos llegaron en sumisión y por instrucción después que un mensajero celestial le dijo a Cornelio que buscara a Pedro.  No llegaron pidiendo que les permitieran ser parte de una nueva religión.  Se unieron a los judíos Mesiánicos, quienes siempre que podían estaban  adorando en el templo  y en las sinagogas.  Y esos nuevos creyentes fueron instruidos a hacerlo de la misma forma - a que aprendieran los mandamientos y las Escrituras.

¿Por qué creemos que fue así? ¡Por qué está registrado en la Biblia!  Leemos en el capítulo 15 de Hechos, que hubo disputas entre los creyentes judíos mesiánicos respecto a qué se requería de los no judíos para que fuesen salvos.  Algunos de los fariseos que se convirtieron en seguidores de Jesús evidentemente llevaron consigo algunas de sus ideas extra legalistas, insistiendo que la circuncisión era un requisito previo para la salvación.  Otros decían que era necesario obedecer la Ley, porque los gentiles la desconocían.

Santiago, el hermano del Señor y dirigente de la comunidad de judíos mesiánicos en Jerusalén les dio esta respuesta: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre.  Porque Moisés desde tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada día de reposo” (Hechos 15:19–21).

Este fue el veredicto: cuando los gentiles se arrepintieran y se convirtieran en seguidores de Jesús, se les ordenaría alejarse de toda idolatría y pecado sexual y conformar sus dietas en conformidad con la ley bíblica, aunque Santiago no mencionó específicamente las carnes inmundas.

Pero ese no fue el final del camino hacia la santidad para los nuevos creyentes.  Como concluyó Santiago, tendrían la oportunidad a lo largo del tiempo de aprender la totalidad de las Escrituras que se les predicaría semanalmente en las sinagogas a las que asistían.  Es muy importante que tengamos todo esto bien presente, porque la mayoría de creyentes hoy se limitan a leer y estudiar sólo el Nuevo Testamento y tienen un desconocimiento absoluto del Antiguo Testamento, lo cual los convierte en creyentes mediocres, en el mejor de los casos.

¿Están listos para explorar todo lo que esto significa? ¿Para profundizar en la Palabra de Dios y para redescubrir las raíces radicales que trastornaron el mundo? ¿Estás dispuesto a hacerlo en obediencia a Dios, si lo requiere?

¿Si creen que este mundo, tal como lo conocemos, está llegando a su clímax, con algo muy nuevo en el horizonte? ¿No consideran que ya es hora de que quitemos las escamas que nos cubren los ojos y caminemos en conformidad con nuestro Creador, a través de la santificación en espíritu y verdad?

Modificado por última vez enMartes, 26 Junio 2018 15:53
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