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La resurrección del Señor

En esta semana, prácticamente en el mundo entero, pero especialmente en los países en donde predomina el cristianismo y el catolicismo, se está celebrando la llamada “Semana Santa”.  Es el tiempo durante el cual se conmemora la última semana en la vida terrenal del Señor Jesucristo, su muerte como Cordero de Dios en sacrificio por nuestros pecados y su gloriosa resurrección.

Aunque este evento constituye el más importante en la vida de la raza humana, ha sido distorsionado y pervertido hasta el extremo que muchos pasan por alto su verdadero significado.  Esta semana que debería ser de recogimiento, oración y meditación, en la actualidad, para la gran mayoría constituye un tiempo de vacaciones, de diversiones.  En casi todos los países hispano americanos pueden verse los balnearios, piscinas, centros de juego y lugares de diversión abarrotados de personas, se realizan cruceros especiales, fogatas y bailes en la playa. Incluso en países como Colombia, los medios noticiosos ahora le llaman “Parranda Santa”.

Mientras que en Estados Unidos las celebraciones y tradiciones paganas no tienen nombre.  Allí la Pascua es una temporada colmada con gran cantidad de imágenes y símbolos paganos, con caramelos, pollitos, lirios blancos, vestidos nuevos, huevos pintados de colores y conejos de chocolate.  Semanas antes de la Pascua las tiendas comienzan a exhibir una serie de artículos, todos los cuales son parte de esta colorida celebración.  Allí encontrará de todo: desde pinturas para colorear los huevos, tarjetas, dulces y demás.  La venta mayor es la de caramelos. Según la Asociación Internacional de Vendedores al Por Menor, en Estados Unidos se vende en esta época un estimado de $1.500 millones de dólares sólo en golosinas.

Sin embargo, este tiempo debe ser uno de los más importantes en nuestra vida, porque conmemora el hecho que el Señor Jesucristo murió por nosotros, ya que es sólo a través de su muerte sustitutiva que podemos ser salvos del justo juicio de Dios el Padre.  Nuestro pecado, es rebelión contra Dios y sus consecuencias es separación de Él y muerte.  “Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Isaías 59:2).  “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Dios que es rico en misericordia nos proveyó un camino para que pudiéramos escapar de Su juicio, al enviar a su Hijo Jesús a que muriera en la Cruz llevando nuestros pecados en Su cuerpo.   Él llevó el castigo que merecíamos, el cual era la muerte y quitó las consecuencias de ese pecado de nosotros, pero sólo si creemos y recibimos este sacrificio por fe. “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

Por lo tanto, sin el sacrificio de Cristo no tendríamos esperanza de escapar del juicio de Dios.  Era de vital importancia que Él muriera por nosotros, debido a que sin su muerte en nuestro lugar estaríamos condenados.  Finalmente, debemos recibir a Cristo como nuestro Señor y Salvador, y ser salvos por la fe en Él.  La razón de por qué sólo podemos ser salvos por la fe, se debe a que nuestras obras y nuestra propia justicia no son suficientes para complacer a un Dios santo.

Por lo tanto, la muerte expiatoria del Señor Jesucristo fue un hecho absolutamente necesario para nuestra salvación, pero más importante aún fue su resurrección y lo es por muchas razones.  Primero, porque la resurrección es un testimonio del maravilloso poder de Dios.  Creer en la resurrección es creer en Dios, porque si Él creó el universo tiene asimismo el poder para levantar a los muertos.

Sólo Dios autor de la vida, puede resucitar a los muertos.  Sólo Él puede revertir el aguijón de la muerte y dar la victoria sobre la tumba.  “Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:54–55).  La resurrección del Señor Jesucristo, es prueba de la soberanía absoluta de Dios sobre la vida y la muerte.

Asimismo la resurrección valida sus propias palabras, ya que Él afirmó ser el Hijo de Dios y Mesías.   Su resurrección fue la “señal del cielo” que autentificó Su ministerio: “Vinieron los fariseos y los saduceos para tentarle, y le pidieron que les mostrase señal del cielo.  Mas él respondiendo, les dijo: Cuando anochece, decís: Buen tiempo; porque el cielo tiene arreboles.  Y por la mañana: Hoy habrá tempestad; porque tiene arreboles el cielo nublado.  ¡Hipócritas! que sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los tiempos no podéis!  La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Y dejándolos, se fue” (Mateo 16:1–4).

La resurrección del Señor Jesucristo, verificada por cientos de testigos oculares, provee la prueba irrefutable de que Él es el Salvador del mundo.  Considerando el hecho que éste es el evento más importante en la historia y que tiene implicaciones profundas en nuestras vidas, es imperativo que determinemos el gran debate por nosotros mismos. ¿Resucitó Jesús realmente de entre los muertos? Y si fue así, ¿cómo afecta la resurrección, nuestras vidas diarias? Vamos a continuación a examinar lo que enseña la Biblia acerca del primer domingo de Pascua, la explicación para la tumba vacía y la importancia de este evento histórico en la vida de esos que seguían a Jesucristo.
Lo único del Evangelio es la resurrección de Cristo.  Otras religiones tienen varios libros sagrados, valores morales e incluso el concepto de la vida después de la muerte.  Cada religión contiene un registro de la muerte de su líder, pero sólo el cristianismo tiene un Dios que se hizo hombre, murió en la cruz por toda la humanidad y resucitó con poder y gloria.  Sólo Jesucristo está vivo, mientras que todos los otros líderes religiosos están muertos.  El hecho es, que la resurrección es algo crucial que deben entender y creer los creyentes que viven en el siglo XXI.

Los evangelios individualmente no contienen un recuento completo de la resurrección con todos los detalles, sino que cada escritor ofrece una perspectiva y un énfasis diferente.  Sin embargo, al reunir los cuatro evangelios, tenemos un cuadro completo de la resurrección.  El Evangelio de Lucas nos ofrece detalles increíbles acerca de la primera Pascua.  Allí encontramos el registro bíblico de los últimos días del Señor Jesucristo, incluyendo su arresto y resurrección.  Luego Lucas, a través de su cuidadosa narrativa histórica, nos relata los hechos relacionados con la resurrección de Jesús.  Y dice el capítulo 24: “El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.  Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido” (Lucas 24:1-12).

Las mujeres llegaron al sepulcro esperando concluir la labor de preparar el cuerpo de Jesús para su sepultura.  Esto era una muestra de amor y respeto por su Maestro. Tuvieron que interrumpir la tarea debido a que era día de reposo, por eso el cuerpo de Jesús tuvo que ser colocado a toda prisa en una tumba antes de la puesta del sol.  Lo que las mujeres no sabían, era que Nicodemo y José de Arimatea ya habían concluido los preparativos para la sepultura antes de haber colocado a Jesús en la tumba.  Leemos en Juan 19:39-42: “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos. Y en el lugar donde había sido crucificado, había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aún no había sido puesto ninguno. Allí, pues, por causa de la preparación de la pascua de los judíos, y porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús”.

En el Evangelio de Mateo está registrado que las mujeres no se dieron cuenta que ocurrió un terremoto y que la piedra que cubría la entrada del sepulcro había sido movida por un ángel. “Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos” (Mateo 28:2-4).  Los soldados romanos se desmayaron quedando como muertos y sin duda salieron corriendo cuando vieron la tumba vacía.  Cuando las mujeres llegaron no encontraron a nadie por los alrededores, sino que advirtieron que la piedra había sido removida y que el cuerpo no se encontraba allí.

Mientras permanecían paradas ante la tumba, las mujeres se sorprendieron por la aparición de dos ángeles.  “Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás” (Lucas 24:4-9).

Como tal parecía que ellas no se acordaban de las palabras de Jesús respecto a su propia resurrección, los ángeles les recordaron las promesas del Señor y les dijeron que fuesen y buscasen a Pedro y los discípulos y les contasen lo que había ocurrido.  Los discípulos se mostraron escépticos en principio, pero luego corrieron a la tumba para cerciorarse.  Pedro fue el primero en entrar, seguido por los otros y allí vio los lienzos envueltos como prueba que Jesús estaba vivo. “Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido” (Lucas 24:12).  Incluso hoy, todavía hay muchos que se muestran escépticos ante la resurrección de Jesús, y necesitan ésta realidad en sus vidas para ser sus seguidores.

En Juan 20:11-18 encontramos este relato: “Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (Que quiere decir, Maestro). Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas”.

Este pasaje nos narra, cuando el Señor se apareció por primera vez.  Fue su primera aparición, aunque después tuvieron lugar muchos encuentros más.  Para María Magdalena y los otros seguidores de Cristo, la primera Pascua fue un evento de emociones entremezcladas que finalmente resultaron en gozo inexpresable y celebración. La tumba vacía era una prueba obvia de su resurrección.  Si Jesús no resucitó de la tumba, entonces alguien tomó su cuerpo.  Piense acerca de este escenario por un minuto: Si sus oponentes lo tomaron, ¿por qué no hicieron que apareciera después? Los discípulos de ninguna forma pudieron hacerlo, porque una élite de los soldados romanos custodiaba el sepulcro el que tenía un sello que no podía romperse fácilmente.

Las acciones de los seguidores de Jesús no deberían sorprendernos.  Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor, en los lugares de trabajo, las escuelas o en los vecindarios, para ver a tantas personas que pasan su tiempo buscando a Dios en cosas muertas y sin sentido alguno.  Practican la religión, asisten a la iglesia, hasta leen la Biblia, mortifican sus cuerpos andando de rodillas en peregrinaciones, incluso hay algunos que se dejan azotar en las procesiones de semana santa, o clavar sobre una cruz, pero esto no es lo que significa el cristianismo.

¡Cómo el Señor Jesucristo resucitó de la tumba, nosotros podemos tener una relación personal con el Dios vivo!  Es el mismo Dios quien cambia las vidas con el mismo poder con que resucitó a Jesús de la tumba. ¿Ha experimentado usted ese cambio? ¿Es el poder de la resurrección una realidad en su vida?  La resurrección de Jesús es el hecho central del cristianismo.  Sin ella no habría fe cristiana ni mucho menos iglesia.

Pero permítannos dar un paso adicional.  Si Jesús de Nazaret de hecho resucitó de entre los muertos haciendo que tuvieran cumplimiento sus atrevidas declaraciones, entonces también son verdad todas las otras cosas que dijo incluyendo esas que involucran nuestro destino eterno.  La resurrección nos da, no sólo poder sino también seguridad y confiabilidad en todo lo que Jesús dijo y enseñó.

La evidencia de que el Señor Jesucristo de hecho murió y resucitó de la tumba confirma lo único de la fe cristiana y prueba que es el Hijo de Dios.  Nadie más en la historia ha podido jamás profetizar su propia resurrección.  La tumba vacía no sólo hace plausible su resurrección, sino que cualquier intento por refutarla se ve confrontado por evidencia abrumadora.

“Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.  Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.  Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:14–16).

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