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La verdadera unidad cristiana

La Biblia habla de unidad en dos formas diferentes.  La primera es una unidad falsa basada en los deseos y metas del hombre aparte de Dios.  Tal como este conocido caso que leemos en la Biblia:

 “Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.  Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.  Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego.  Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.  Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.  Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.  Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.  Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.  Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra” (Gn. 11:1-9).

El clamor del momento entre los “cristianos” es por tolerancia y unidad, pero esta es la unidad falsa del anticristo y los verdaderos hijos de Dios deben resistirla.  Ecuménico significa el mundo entero, y es el espíritu de la apostasía de los últimos días.  También hay una unidad verdadera que se basa en la verdad apostólica, la unidad cristiana de la iglesia del Nuevo Testamento, unida en mente, fe y propósito para servir al Señor Jesucristo y cumplir con la gran comisión bajo la dirección de líderes debidamente ordenados.  Tal como enseña la Escritura:

•    “Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 15:6).
•    “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10).
•    “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).
•    “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.  Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo... Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Ef. 4:1-7, 11-13).

En este último pasaje de la Escritura vemos la verdadera unidad bíblica, la cual está bien distante de la filosofía ecuménica.  La Biblia enseña que los cristianos verdaderos...

*    Tenemos la unidad del Espíritu.  “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.  Esto significa que se trata de una unidad que involucra a esos que son regenerados y guiados por el Espíritu de Dios.  Lo cual contrasta con el concepto ecuménico de unir a todos los que mencionen el nombre de Cristo, sin tener en cuenta si son o no son cristianos regenerados.

En una gran conferencia ecuménica que se celebró en St. Louis, Estados Unidos, en el año 2000, titulada El Congreso Norteamericano sobre el Espíritu Santo y Evangelización Mundial, cuando el hermano David Cloud les preguntó a muchas de las personas que estaban a cargo de los diferentes ministerios: «¿Cuándo experimentó usted el nuevo nacimiento?».  Ni uno solo pudo dar una respuesta en conformidad con la Escritura.  Algunos respondieron que habían nacido de nuevo cuando fueron bautizados.  Otros cuando tuvieron una experiencia al estilo carismático.  Un tercer grupo, ni siquiera estaba familiarizado con la expresión.  Sin embargo, todas esas personas estaban íntimamente involucradas en el movimiento ecuménico.

*    Segundo, está la unidad de fe.  “Como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe”.  La unidad bíblica es imposible aparte de la única fe enseñada y establecida por los apóstoles.  El pueblo de Dios es llamado para que contienda “…ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3).
No hay unidad entre esos que creen y siguen la Biblia, y esos otros que no.  Note que “la fe”no está dividida en asuntos cardinales y secundarios.  Jesús dijo en Mateo 23:23: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe.  Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello”.  El Señor quiso decir, que mientras no todo en la Escritura tiene la misma importancia porque hay diferentes niveles, todo sí es importante.  No se debe ni se puede separar una porción de la Escritura, con el propósito de unidad.

En 1 Timoteo 6:14 Pablo le dijo a Timoteo: “Que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo”.  Pablo enseñó que era necesario conservar la doctrina apostólica “sin mácula”hasta el retorno de Cristo.  Las máculas son pequeñas, cosas aparentemente insignificantes.  De esta forma, Pablo le estaba enseñando a Timoteo el valor de toda la Escritura.

El tema de 1 Timoteo es la verdad práctica de la iglesia, su gobierno, el papel de la mujer en el trabajo de la iglesia, las viudas, etc.  Esas son las cosas ignoradas típicamente por los ecuménicos, porque los consideran asuntos de “importancia secundaria”.  No obstante, Pablo le dijo a Timoteo que guardara todas esas cosas sin mancha, y asimismo lo instruyó “...para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina” (1 Ti. 1:3b).  Eso demuestra, cuán estrictas son las normas de la doctrina.  Cuando uno lo sigue al pie de la letra, es imposible ser ecuménico, ni siquiera en el sentido más leve de los nuevos evangélicos.

*    Está la unicidad que tiene su unidad básica en la asamblea del Nuevo Testamento.  Este mandamiento está dado a la Iglesia de Éfeso: “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef. 4:3).  Note que por Efesios 1:1, sabemos que la carta está dirigida “...a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso”, no al cuerpo de creyentes a todo lo ancho de una región en particular.

Es posible practicar la unidad dentro de la iglesia local, porque sólo allí se puede preservar la doctrina y la justicia.  Fuera de la asamblea no es posible implantar la disciplina bíblica, el liderazgo o la vigilancia.  Cuando los cristianos intentan practicar la unidad inter-denominacional, siempre hay compromiso, porque el solo intento por respetar cada aspecto de la fe del Nuevo Testamento causa divisiones en lugar de unidad.

Yo no soy responsable por mantener la unidad con todos los que profesan ser cristianos en el mundo, sino con los creyentes en mi iglesia local, y con esos otros con quienes comparto las mismas creencias.  La Biblia dice: “Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 15:6).

¡Esto de ninguna forma describe el ecumenismo!  Eso sólo es posible dentro de la asamblea del Nuevo Testamento, en donde los creyentes pueden estar unidos en doctrina, espíritu y propósito, en una forma que es imposible aparte de la iglesia.  Como dice Filipenses 1:27: “Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio”.

*    La unidad bíblica significa tener una mente.  No es una unidad ecuménica en diversidad.  Vea lo que dice la Escritura:
•    “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Ro. 15:5, 6).
•    “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1 Co. 1:10).
•    “Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros” (2 Co. 13:11).

*    La unidad bíblica significa compromiso total con la fe apostólica.  La fe del Nuevo Testamento no son muchas doctrinas separadas, sino un cuerpo unificado de verdad dentro del cual se ajustan todas las doctrinas.  No es bíblico pensar que sólo unas pocas doctrinas “cardinales” de la Biblia son cruciales, mientras otras enseñanzas y prácticas del Nuevo Testamento pueden ser ignoradas por el bien de la unidad.

El apóstol Pablo instruyó a Timoteo para que guardara cada aspecto de la verdad bíblica, “...El mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo” (1 Ti. 6:14).  Esto se refiere a los detalles en la Palabra de Dios.  Es imposible mantener inequívocamente la verdad del Nuevo Testamento en todos sus aspectos y al mismo tiempo ser ecuménico.  Tal como observó muy sabiamente un pastor, quien dijo: «Si lo hacemos, limitaremos nuestro mensaje, o limitaremos nuestro compañerismo».  La opción es clara.  Si uno es fiel a la fe del Nuevo Testamento, es imposible tener un gran compañerismo con muchos creyentes, y si uno tiene gran compañerismo con muchos cristianos, entonces tiene que limitar el mensaje.

Dijo el Señor Jesucristo: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Jn. 17:21).

El moderno movimiento ecuménico ha tomado estas palabras del Señor, como uno de sus versículos claves, clamando que la unidad por la que oró, es la unidad ecuménica de quienes profesan ser cristianos, pero que no le hacen caso a la doctrina bíblica.  No obstante, el contexto del capítulo 17 de Juan destruye este mito, porque allí el Señor enfatiza claramente que la unidad por la cual estaba orando es una que se basa en salvación, verdad y separación del mundo, ya que dijo: “He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra... Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste... Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo... Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad... Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Jn. 17:6, 8, 14, 17, 19).

Ésta no es una unidad de cristianos verdaderos con los falsos.  No es una unidad que ignora las diferencias doctrinales por el bien de un gran compañerismo.  De hecho, no hay nada en la plegaria de Cristo que indique que el hombre debe hacer algo en un intento por crear la unidad descrita aquí.  El capítulo 17 de Juan no es un mandamiento dirigido a los hombres, sino una plegaria a Dios Padre.  Y la plegaria fue respondida.  Describe una realidad espiritual que fue creada por Dios entre los creyentes genuinos quienes están comprometidos con su Palabra, la Santa Biblia, no con algo concebido por los hombres.

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