Menu

Escuche Radio América

El mosaico eclesiástico

Lamento decirlo, pero nuestras iglesias hoy están sumergidas en serios problemas. No me referiré a las iglesias que “crecen” con la levadura de nuevas revelaciones, nuevos espíritus, nuevos experimentos, nuevas experiencias, nuevos profetas y profetisas, gracias a ese “otro evangelio” que menciona Pablo.

Me refiero a las iglesias generalmente pequeñas, centradas en las enseñanzas bíblicas. Si usted tuviera que darle una calificación de eficiencia a su iglesia, entre 1 al 10, ¿cuál sería el puntaje para su iglesia suponiendo que se tuviera que tener en cuenta los siguientes aspectos?:

• Su teología o enseñanza bíblica.

• La organización para llevar a cabo sus responsabilidades.

• Su música.

• Las reuniones de oración.

• La capacidad del pastor y de los maestros de las diferentes clases y edades.

• La puntualidad de sus miembros en las reuniones.

• Las ofrendas, diezmos y cooperación monetaria en general.

• El compañerismo y trato que reciben los nuevos que visitan.

• La actividad en ganar almas y crecer numéricamente, y

• Su influencia entre los hispanoparlantes del área.

Creo que el puntaje sería muy pobre, tan pobre que no conviene siquiera intentar una encuesta de esta naturaleza. Con gran preocupación debemos admitir que las iglesias bíblicas, aunque no sean liberales en sus doctrinas, lo son en su actitud hacia los demás, hacia el Señor y el amor a la Palabra de Dios. Pero veamos cuál sería el resultado promedio de esta encuesta:

• Ciertamente nuestra enseñanza teológicamente es muy buena.

• En cuanto a la organización, no parece haber muchos problemas.

• La música sigue siendo la de siempre en todas las iglesias bíblicas.

• Las reuniones de oración son pobres en asistencia y pocos hermanos realmente oran, aunque estén en la reunión.

• En lo que toca a los mensajes desde el púlpito, no parecen tan mal. Lo mismo se puede decir, aunque muy en general de los maestros de las diferentes clases.

• En lo que toca a puntualidad, eso nunca ha sido bueno, aunque en algunos casos sea por fuerza mayor, porque están trabajando.

• En cuanto a los diezmos y ofrendas estamos por debajo de lo deficiente. Años atrás teníamos hasta un 90% de diezmadores. Ahora tal vez tenemos un 15 ó 20% de diezmadores fieles.

• En cuanto a compañerismo, si se trata del grupito de siempre, está bien. Pero... ¿Qué ocurre cuando viene alguien desconocido y que parece de pocos recursos?

• En cuanto a ganar almas, creo que estaríamos más o menos en cero.

• Debemos admitir que la influencia que tenemos en la comunidad es nula.

Esta sería la radiografía de la gran mayoría de las iglesias bíblicas. No tenemos otra salida que reconocerlo. Sí, es cierto que todas tienen algunos hermanos verdaderamente consagrados, pero son muy pocos. Hay una manera sencilla para describir la clase de hermanos que componen nuestras iglesias. Si la actitud de algunos no fuera tan perjudicial, yo diría que la iglesia ofrece a quien es un observador diligente un interesante “Mosaico de conducta”. Sé que describir a algunos de los hermanos resultará un tanto pintoresco, pero lo hago porque me preocupa todo esto y para que cada lector honesto y sincero logre identificarse con el grupo a que pertenece y así mejore sus puntos débiles y corrija su conducta.

1. El “hermano Achicoria”

¿Alguna vez escuchó algo así? ¿Realmente hay hermanos como la achicoria? Lo veremos a continuación. Lo primero que vamos a hacer es ir al diccionario, porque sé que probablemente muchos ni siquiera saben qué es la achicoria. El diccionario dice: «Planta de las familias de las compuestas, de hojas recortadas ásperas y comestibles, así crudas como cocidas. La infusión de la amarga o silvestre se usa como remedio tónico aperitivo». Pero entonces... ¿Por qué decimos que hay “hermanos Achicoria? Porque aquí estamos tratando con una planta que puede ser medicina y parte de una ensalada saludable. Sin embargo, a muchas personas que se dejan llevar por el paladar, no les gusta por su sabor un tanto amargo.

La achicoria es altamente medicinal y contiene minerales como el hierro y otros que son de enorme beneficio para el cuerpo. En la iglesia, los “hermanos Achicoria” son aquellos poco dulces a primera vista. Son algo amargos en su carácter, no muy melosos, no muy suaves. No son muy atractivos a la vista, no tienen mucho carisma. No son “queridos por todos”. A veces son hermanos pensativos. Otras veces los vemos algo preocupados y con una sonrisa borrosa. No gustan mucho de las fiestas, las risas y las diversiones. Toman en serio la vida de oración y el estudio de la Palabra. No aceptan muchas responsabilidades, pero las que aceptan las toman muy en serio. No soportan a los claudicantes, ni a los petulantes o chismosos. Por lo general son de pocas palabras.

Pero... ¡Cuán saludables son los “Achicoria” en los momentos de decaimiento espiritual! Es una lástima que muchos hermanos piensen que los “Achicoria” son solamente medicina y que por lo tanto no pueden ser parte del menú diario, sino solamente cuando uno se siente mal. Parece que el texto favorito del “hermano Achicoria” está en el capítulo 3 de Romanos: “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Ro. 3:10-12).

Estamos hablando del hermano que rara vez tiene motivos para la carcajada. Su preocupación por los perdidos es genuina, pero la gran mayoría de los hermanos lo ven sólo como un “amargado”. No, no es eso. Lo que ocurre es que se trata de un hermano que toma en serio, no solamente el cielo, sino la brevedad de la vida y el mismo infierno. Si usted es un “hermano Achicoria”, bienvenido a nuestra iglesia bíblica.

2. El “hermano Carretilla”

Creo que todos sabemos qué es una carretilla. Pero si tiene algún problema, el diccionario también menciona este artefacto que suele ser muy útil. Dice: «Carro pequeño de mano que se compone de un cajón, donde se pone la carga; una rueda en la parte anterior y en la posterior dos pies para descansarlo y dos varas que se toman para empujarla... En las obras sirve para trasladar tierra, arena y otros materiales...»

Estoy seguro que casi todos conocemos una carretilla y no cabe duda que en alguna u otra ocasión la hemos usado. Es una herramienta sencilla y muy útil para la casa, especialmente para quienes poseen algo de tierra en la que pueden trabajar. En la obra de construcción es virtualmente infalible. Por la docilidad de la oportuna carretilla, usted puede mover objetos muy pesados de un lugar a otro, que de otra forma no lo haría. Pero hay un problema con la carretilla: sólo podemos lograr sus servicios a la misma medida que la empujemos. Si la deja allí, allí se queda. La carretilla no es como el vehículo que se desplaza de un lugar a otro con tal que tenga combustible y al que usted sólo tiene que sujetar el volante y presionar los pedales. Los “hermanos Carretilla” son parecidos a este instrumento.

• Son de gran utilidad. Son sencillos y pueden hacer mucho, pero no espere nada de ellos, excepto lo que usted les repita que hagan una y otra vez. No es asunto de que le asigne una tarea al hermano o a la hermana y ya la están haciendo automáticamente. No. Si le dice: «Hermano, por favor encárguese de la transportación de quienes no poseen vehículo y necesitan ayuda». ¿Sabe cuál es la respuesta? El “hermano Carretilla” contestará con una amplia sonrisa: «¡Con mucho gusto hermano! Lo haré». Pero este “hermano Carretilla” espera que vuelva a decirle lo mismo. Usted tiene que empujarlo, de lo contrario no hará nada. Pero una vez que sabe que se trata de una carretilla, tanto usted como el hermano estarán bien. Usted, porque no esperará que la carretilla se mueva sola y la carretilla porque nunca la verá disgustada.

• Otro factor interesante es que para empujar la carretilla debe tomar las dos varas con sus manos. Usted no puede empujar la carretilla con el hombro, tampoco puede presionarla con el pie, como el pedal del acelerador. Pienso que esto es muy importante. Se trata de hermanos que deben ser tratados “mano a mano”. Deben ser tratados bien. Hay que saludarlos con un amplio apretón de manos o una palmada en la espalda, de lo contrario el “hermano Carretilla” permanecerá inmóvil como un buda.

• Otro detalle es, que si quiere sacar provecho de la carretilla, usted mismo debe hacer una buena parte. Pesa mucho levantar por las dos varas a la carretilla y mantenerla sujeta de esta forma. Se trata de hermanos que requieren que se les ayude a llevar la carga, que los ayuden en el trabajo que se espera que hagan. El “hermano Carretilla” no recibe órdenes. Sólo funciona cuando se le empuja, cuando se le ayuda.

3. El “hermano Matraca”

No creo que ningún padre o madre llamaría a su hijo o a su hija “Matraca”, porque no parece un nombre muy bueno. Pero... ¿Qué es una matraca? Dice el diccionario: «Rueda de tablas fijas en forma de aspa (aspa es un conjunto de dos maderos o palos atravesados el uno sobre el otro de modo que formen la figura de una ‘X’) entre las que cuelgan mazos que al girar producen un ruido grande y desapacible... Instrumento de madera compuesto de un tablero y una o más aldabas o mazos, que al sacudirlo produce ruido desapacible...»

Una matraca es algo bien sencillo que sirve para hacer ruido, nada más. Es bien ordinaria, pero puede producir tanto ruido que le pone a uno los nervios de punta.El “hermano Matraca” hace mucho ruido, promete mucho, pero todo termina en palabras, como los discursos de los políticos. En ningún otro círculo de la sociedad hay más “matracas” juntas que en una reunión de políticos. Pero muchas iglesias suelen también tener un buen número de “matracas”. Algunas veces tienen buenas ideas y hablan mucho de ellas. Siempre están recordando todo lo que hicieron en otro lugar hace ya muchos años, muy probablemente en otro país para que nadie se moleste en comprobar la veracidad de tantas linduras que cuentan. He aquí algunas características del “hermano Matraca”:

• Es primo hermano de otro hermano llamado “Excusado”.

• Promete mucho y suele hablar bien.

• Se gana el respeto y la confianza de la iglesia, la que no se da cuenta que es puro ruido. Mucho trueno, pero poca lluvia. Un montón de teoría y muy poca práctica. Infinidad de promesas, pero de allí no pasa.

A veces desempeñan tan bien su oficio de puro ruido, que los confunden con hermanos que animan, que estimulan, que inspiran a seguir adelante. Si fuera cierto que se trata de un estímulo o una inspiración, el mismo hermano sería el primero en hacer su parte más allá del común de la gente. Pero... ¡Qué poco vale la palabra para los “hermanos Matraca! En otro contexto, refiriéndose al valor de la palabra empeñada, el rey Salomón dice: “Hijo mío, si salieres fiador por tu amigo, si has empeñado tu palabra a un extraño, te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios. Haz esto ahora, hijo mío, y líbrate, ya que has caído en la mano de tu prójimo; vé, humíllate, y asegúrate de tu amigo. No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento; escápate como gacela de la mano del cazador, y como ave de la mano del que arma lazos” (Pr. 6:1-5).

Aunque este pasaje habla de la fianza que uno firma, de firmar por alguien para que compre algo, hay un paralelo entre esto y la palabra empeñada ante muchos hermanos del “hermano Matraca”. Algunos hermanos piensan que no es un gran pecado aceptar cargos y luego reducir las obligaciones a lindas palabras, sin hacer nada. Otros no tienen intención alguna de trabajar, porque creen que su ministerio se limita a “hacer ruido” con sus palabras huecas. El mayor problema con estos “hermanos Matraca” es que son simplemente mentirosos.

Aquí podemos invocar las palabras de Jesús, cuando se refirió a quienes decían lo que no debían: “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del buen tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ellas darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mt. 12:34-37).

Nuestras palabras, en caso de compromisos o promesas de que haremos esto a aquello, son justificadas por los hechos o son negadas por ellos. Nuestras palabras valen poco o nada, hasta que se transforman en hechos. Si promete desempeñar fielmente su cargo en la iglesia, esto no significa que lo esté haciendo así. Sus promesas verbales tendrán validez cuando después de transcurrir el tiempo cumpla lo que prometió, no solamente delante de la iglesia, sino delante de Dios.

No sea una máquina que hace ruido con su lengua. No deje la impresión de que puede hacer grandes cosas para el Señor, si no tiene intenciones serias delante de Dios. No abra su boca sólo por abrirla, tome muy en serio sus palabras: “Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras. Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio. Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Ec. 5:1-5).

Cada vez que llegamos al final del año y ya para comenzar el nuevo, nos corresponde una reunión de nombramientos. Siempre faltan hermanos que ayuden en las tareas de la iglesia. Maestros debidamente preparados y que amen al Señor. Faltan líderes, también hermanos en lo que podríamos llamar logística, es decir, en todo cuanto tiene que ver con proveer transportación, coordinar ayudas de tipo material, etc. La razón principal de por qué no disponemos de estos hermanos, no es por la falta de elemento capaz, sino por la abundancia de “matracas”. ¿Sabe usted que un día tendrá que darle cuentas a Dios de todas las mentiras que dijo y que la iglesia creyó que eran verdad?

Mi consejo para el “hermano Matraca” es que haga una oración de arrepentimiento. Que diga: «Señor, no he actuado bien en relación con tu causa. No cumplí con el cargo que yo mismo acepté. He sido negligente, no me di cuenta del enorme daño que hacía con esta actitud, tanto a la iglesia como a los extraños. Estoy arrepentido, no quiero seguir haciendo lo mismo. Perdóname esta vez y seré diferente».

4. El “hermano en Cuarto Menguante”

La palabra «menguante» viene de «mermar». Dice el diccionario: «Que mengua. Decadencia o decrecimiento de una cosa... Cuarto menguante...» Solemos usar la palabra menguante en relación con la luna. Comienza la luna nueva, luego sigue el cuarto creciente, luna llena y finalmente cuarto menguante, y vuelve a reiniciarse el ciclo. Cuando una persona se convierte, es como la “luna nueva”. Se trata de un recién nacido. Solemos decirle, «el hermano nuevo, la hermana nueva», porque realmente lo son. Son nuevos en nuestro medio, nuevos en la fe cristiana, nuevos porque acaban de arrepentirse y recibir a Cristo. Son incluso nuevos en el cielo, donde los mismos ángeles estuvieron de fiesta al momento de su conversión.

Luego, al cabo de unos años, estos hermanos nuevos comienzan a crecer. Crecen en el conocimiento de la Biblia, al leerla. En la oración, cuando oran. En el testimonio cristiano, porque hacen esfuerzos por dominar el temperamento y hablar a otros de Cristo. Es muy natural que un cristiano crezca, de la misma forma que es natural que un niño sano que recibe el alimento adecuado se vaya desarrollando rápidamente, aumentando de estatura, peso e inteligencia. Todos los hermanos que tienen una vida espiritual normal, crecen pronto: pasan de “nuevos” a “cuarto creciente” y de allí a “luna llena”.

La luna llena nos hace pensar en muchas canciones románticas, poemas e historias, imaginarias o reales que hablan de madurez, de estabilidad. De la misma manera, cuando el cristiano llega a su madurez espiritual y escritural, realmente se enamora de todas las promesas divinas. Es entonces cuando el creyente no tiene duda de todo lo que enseña la Biblia.

Es cierto también que la luna llena es la que irradia más luz, aunque esta luz no es propia. La luna alumbra de noche porque refleja la luz del sol. Cuando el cristiano llega a su madurez, cuando alcanza la “luna llena”, suele ofrecer mejor testimonio, tanto en el hogar, con los suyos, como entre cristianos y extraños. Pero hay casos en que la luna sigue en “cuarto menguante”. Ese hermano, en principio tan entusiasta, ahora ya no es muy fiel en los servicios del templo. Ya no quiere aceptar cargos en la iglesia. Ya no es generoso en sus contribuciones. Los miembros de la iglesia no saben qué le pasa, tampoco lo saben su esposa e hijos. Todavía asiste a la iglesia y se le puede ver, pero ha menguado mucho, como la luna. Se trata del típico ciclo lunar. «No sé qué le pasa a mi esposo», dice la esposa. «Papá anda raro», dicen los hijos. «Debemos orar por el hermano», declara el pastor.

Lo más triste de esto es, que mientras la luna nueva vuelve nuevamente a su estado de nueva, pasa a creciente y finalmente a llena, el hermano en cuestión permanece en “cuarto menguante”, a veces por el resto de su vida. Hay una pregunta muy oportuna que le hace el apóstol Pablo a los gálatas: “¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais?...” (Gá. 4:15). Los gálatas habían hecho mucho por Pablo. Le habían recibido, incluso estando enfermo y le asistieron con verdadero amor fraternal. Conocieron la gracia divina y se rindieron a Cristo. Todo marchaba muy bien, pero luego algo sucedió, a esto se debe la epístola a los Gálatas.

Lo que ocurrió fue algo muy triste. Los hermanos habían caído en una falsa doctrina traída a ellos por los “Adventistas del Séptimo Día” de su tiempo. Se confundieron y prestaron atención a las falsas doctrinas. Lo primero que sucedió fue que perdieron el gozo y el entusiasmo que tenían antes.

Permítame hacer un paréntesis aquí para compartir con usted una experiencia. Ocurrió aquí en Asunción donde nuestra emisora difunde mensajes totalmente bíblicos. Una joven esposa y madre de varios hijos descubrió su condición perdida y recibió al Señor. Luego compartió el mensaje y su decisión con su esposo. Éste también se convirtió. Pensando que debían asistir a algún lugar donde se congregaban los cristianos, pero sin tener la menor idea de que no todas las iglesias que dicen ser evangélicas, lo son en realidad, asistieron a la que quedaba más cerca. Ni bien se presentaron, el “pastor” de esa iglesia, le dijo a la nueva hermana que ella había sido poseída por un demonio y acto seguido comenzó a reprender al tal demonio hasta que la señora cayó al suelo como desmayada. Cuando se recuperó de la caída y sin saber lo que pasaba, sintió como un alivio. Luego experimentó gran angustia y tristeza, perdiendo todo deseo de leer la Biblia y orar. Se dio cuenta que se había equivocado y había asistido a un centro espiritista, aunque semejaba un templo, con canciones de alabanza, oraciones, etc. «¿Por qué he perdido ese deseo de leer la Biblia y orar?», se pregunta ella.

Como continuó escuchando la radio, reconoció que debía venir hasta la emisora y contar su experiencia para obtener mayor claridad. La persona encargada la recibió y le aclaró lo que había sucedido. Ella aceptó las palabras de orientación y fue a una verdadera iglesia cristiana donde luego, tanto ella como su esposo, fueron bautizados. Hoy, felices, sirven al Señor.

Es un síntoma muy triste cuando un hermano, después de tanto gozo en el servicio del Señor, vuelve a enfriarse y asume una actitud indiferente. Es muy probable que haya pecado en su vida. O también puede darse el caso que el hermano no es “luna”, que nunca ha sido salvo, por lo tanto no sigue el recorrido lunar.

5. El “hermano Loro”

El “hermano Loro” es todo aquel que simplemente repite lo que aprende, porque por lo visto tiene buen oído. El loro no se da cuenta cuándo corresponde decir algo. A las diez de la noche puede decir: «Buenos días», o a mediodía: «Buenas noches». El loro no respeta las visitas, ni le importa si están escuchándole pequeños o damas. Si aprende palabras groseras, las dirá en cualquier momento. Asimismo hay hermanos que repiten lo que no entienden. Jesús habló de estos cuando dijo: “Y orando no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mt. 6:7).

Hay hermanos que repiten sus oraciones. Me enteré de uno que le decía a Dios en su oración: «¡Señor, quita esa telaraña de mi vida!». Cuando oraba con un grupo de hermanos, siempre repetía lo mismo. Un día uno de los hermanos que oraba con él, cansado de oír una y otra vez de esta telaraña, ni bien éste dijo amén, comenzó orando así: «¡Señor! Por favor mata de una vez la araña».

Muchos repiten como loros: «Que Dios le bendiga». Otros hacen lo mismo con: «Amén, aleluya y gloria a Dios». Algunos dicen siempre: «¡Alabado sea el Señor!» Por otra parte, hay quienes suelen usar términos técnicos sin conocer su significado sólo para parecer más cultos. Hay quienes usan fuera de contexto la palabra «apologética». Esta palabra viene de «apología», que es la ciencia que expone las pruebas de la fe cristiana. Otros usan la palabra «escatología» sin saber que se refiere a la doctrina de las últimas cosas, es decir, el destino final del hombre y del universo. Algunos la palabra «homilética», la que se deriva de «homilía» que simplemente significa: «Razonamiento o plática que se hace para explicar al pueblo los asuntos espirituales». Si alguien le dice que está estudiando Homilética, recuerde que lo que esa persona estudia, es cómo preparar un tema para no distorsionar la verdad y cómo preparar un bosquejo para hablar en público. Estos hermanos que repiten palabras cuyo significado no saben, suponen, al hacerlo, que esto los hace más sabios.

Cierta vez un pastor predicó enfáticamente contra el pecado de la concupiscencia. «Concupiscencia» quiere decir: «Apetito y deseo de los bienes terrenales y apetito desordenado de placeres deshonestos». Pues bien, cuando terminó el mensaje, un hermano fue invitado para concluir la reunión con oración. El hermano comenzó a orar así: «Señor, te pido que nos des más concupiscencia».

El loro repite todo lo que oye y aprende. A veces aprende a cantar. También repite las palabras groseras, lo mismo que el vocabulario más fino. Pero de manera especial, el loro no pretende comunicar nada cuando habla. Todo hermano que no lee porque no quiere, que no estudia porque está cansado, que no escribe por pereza, muy pronto se atrofiará y sólo servirá de loro. Repetirá como un loro lo que otros cristianos dicen por andar con ellos, pero no sabrá lo que dice.

Incluso hay algunos que dicen: «Hay poder en el nombre de Jesús» y lo repiten como el mantra hindú o los rezos de algunos grupos que dicen ser cristianos. El nombre, cualquiera que sea, es sólo la combinación de letras y nada más. El énfasis aparente de la Biblia en el nombre de Jesús es para distinguir a la persona de Jesús de los dioses falsos, quienes también tenían un nombre.

Este hermano llamado “Mascarita Dominical” es tal vez el que más abunda y el más conocido en nuestras iglesias.  Se trata del hermano que tiene una vida fuera de la iglesia, y otra completamente diferente mientras está entre los hermanos.  Entre los hermanos habla exaltando a su esposa, pero en la casa ella sólo recibe desprecios, gritos, burlas y hasta amenazas.  En el templo es un padre muy atento con sus hijos, pero en el hogar es indiferente, impaciente y sordo a sus reclamos, muchas veces justos.

De estos habló Jesús cuando dijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia.  ¡Fariseo ciego!  Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio.  ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia.  Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad” (Mt. 23:25-28).  Jesús conocía la vida privada de estos líderes religiosos.  Sabía lo que había en la mente y corazón de ellos.  Sabía cuán hipócritas y falsos eran.  Jesús sabía todas las mentiras que decían cuando pretendían servir como modelos de conducta.

Cuando concurrimos al templo los domingos vestimos lo mejor que tenemos.  De la misma manera, ponemos la mejor cara posible, adoptamos los mejores modales, la voz más dulce y pausada.  Expresamos nuestros objetivos y aspiraciones, en algunos casos supuestos, y logramos impresionar a quienes nos escuchan de cuán maduros y orientados estamos.

Esto es tan cierto, que existen casos donde el esposo es simplemente un tirano en su hogar, para con su esposa e hijos, pero logra disimularlo tan bien y su careta o mascarita dominical parece tan real, que muchas damas suelen decir: «Dichosa la esposa de este caballero», mientras que la esposa piensa: «Pagaría a cualquiera que quisiera sacármelo de encima, no lo aguanto más».  ¿Cómo es posible tanto engaño?  Muy sencillo, se trata del “hermano Mascarita Dominical”.

Dijo el salmista: “Oh Jehová, tú me has examinado y conocido.  Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.  Has escudriñado mi andar y mi reposo, y  todos mis caminos te son conocidos.  Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda.  Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano.  Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender.  ¿A dónde me iré de tu Espíritu?  ¿Y a dónde huiré de tu presencia?  Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.  Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí  me guiará tu mano, y me asirá tu diestra.  Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí.  Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz” (Sal. 139:1-12).  En otro lugar leemos: “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?  Yo he oído lo que aquellos profetas dijeron, profetizando mentira en mi nombre, diciendo: Soñé, soñé” (Jer. 23:24, 25).

Dios lo ve en su hogar, con su familia y en la intimidad de sus pensamientos más secretos.  Dios oye cada palabra que dice y conoce cada uno de sus pensamientos.  Dios sabe exactamente lo que planea en su corazón, aunque jamás se lo haya contado a persona alguna.  Sabe lo que sucederá mañana y sabe todo lo que hará, incluso le adivina el pensamiento, no sólo lo que diga o haga.  Él sabe cuántos años le quedan de vida, lo sabe todo.  ¿De qué le vale la máscara dominical?  Cuando comparezcamos ante el tribunal de Cristo, ¡todo será revelado!  El Señor quitará todas las máscaras, y todo cuanto fuimos, dijimos e hicimos saldrá a la luz.  El nombre correcto para estos hermanos es «Hipocresía».  Jesús dijo: “Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz” (Mc. 4:22).

Si hay cosas en su vida que no le gustaría que salieran a la luz en presencia de millones de redimidos, resuélvalas ahora para que así queden borradas definitivamente.  Debe arrepentirse delante de Dios y delante de aquellos a quienes haya perjudicado con su conducta y todo quedará en línea.  Arroje  su mascarita en el fuego del arrepentimiento verdadero y la confianza total en el perdón de Dios.

El “hermano Excusado”

Hay otro grupo más en nuestras iglesias, son los hermanos que siempre se excusan, por eso les llamo los “hermanos Excusados”.  Desde el momento de encargarles algo, no se ponen a trabajar, sino a pensar en excusas que parezcan creíbles: «Lo siento, me dio un fuerte dolor de cabeza».  «No entendí bien lo que me dijo, pensaba que era para mañana».  «El tráfico estaba tan pesado que no pude llegar a tiempo».  «Mi vehículo se arruinó cuando estaba por salir, no quiso arrancar».  «Recibí una llamada urgente de mi país, de mis parientes y tuve que hacer algunos arreglos».  «Mis niños lloraban mucho y no pude dormir. Cuando lo logré, me dormí tan profundo que al despertar ya había pasado la hora de la cita».

En la Biblia también encontramos que las excusas son muy populares.  Vemos por ejemplo el caso de la primera pareja en el huerto del Edén:

•   ADÁN Y EVA: “Y Dios le dijo... ¿Has comido del árbol que yo te mandé que no comieses?  Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.  Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho?  Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (Gn. 3:11-13).  Estas fueron las primeras excusas.  Adán no asumió la responsabilidad de su desobediencia, sino que le echó la culpa a Eva, quien a su vez culpó a la serpiente.  Sin embargo, Dios le había dicho  expresamente a Adán que no comiera del árbol del conocimiento del bien y del mal.

•   MOISÉS: Luego tenemos el caso de Moisés.  El capítulo 4 de Éxodo nos relata cómo Dios llamó a Moisés para un gran ministerio.  ¿Cree usted que Moisés saltó de alegría y se puso a las órdenes de Dios?: “Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua” (Ex. 4:10).

•   AARÓN: Cuando Moisés estaba en la presencia de Dios recibiendo los mandamientos divinos, Aarón fabricó un becerro de oro e introdujo la idolatría.  Para salir del paso este hombre recurrió a las excusas: “Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?  Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal.  Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.  Y yo les respondí: ¿Quién tiene oro?  Apartadlo.  Y me lo dieron, y lo eché en el fuego, y salió este becerro” (Ex. 32:21-24).  ¿Se dio cuenta de cuáles fueron sus excusas?  Primero afirmó que el pueblo era dado a la idolatría.  Luego la otra excusa fue que cuando echó el oro en el fuego, ¡simplemente salió ese becerro!  Pero Aarón no se arrepintió, no reconoció el daño que había hecho, ni su pésimo testimonio, sino que simplemente se excusó.

•   SAÚL: El rey Saúl estaba en serios apuros y Samuel le había dado instrucciones exactas de cómo hacer las cosas.  Debía esperar hasta que él viniera.  Pero no ocurrió así, porque Saúl al ver que Samuel no llegaba y que la gente se desesperaba, decidió hacer las veces de sacerdote: “Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho?  Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas” (1 S. 13:11).

Los hombres siempre han tratado de justificar su pecado excusándose, como si las excusas los exoneraran de culpa.  Pablo dice que los hombres no tienen excusa: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Ro. 1:20).

El “hermano Excusado” trata de probar sus excusas.  Como está acostumbrado a ellas, no quiere que se le tilde de negligente.  Sin embargo, cuando las excusas se convierten en algo bueno y legítimo, el cristiano entonces puede justificar cualquier pecado.  Creo que las excusas serán el principal argumento de los pecadores ante el trono blanco.  Tal vez dirán: «Señor, es que los cristianos tenían muy mal testimonio».  «Señor, en mi ciudad los cristianos hicieron un escándalo vergonzoso». «Señor, mis padres me causaron un trauma desde la infancia».  «Señor, en la escuela a que asistí desde pequeño me inculcaron el ateísmo».  «Señor, yo siempre cumplí con todos los requisitos de mi iglesia y de mi religión».  «Señor, los predicadores predicaban la salud física y la prosperidad material, ellos tienen la culpa».

Pero... ¿Es esto todo lo que tenemos en nuestras iglesias?  ¡Rotundamente no!  Existen otros hermanos que también debemos destacar:

El “hermano Servicial”

El “hermano Servicial” es aquel hermano o aquella hermana que siempre está dispuesto/a.  Pareciera que estuvieran esperando la oportunidad de servir.  Están listos para hospedar al forastero, participan en todos los esfuerzos financieros especiales y apoyan el plan de trabajo de la iglesia.  Son el brazo derecho del pastor, el punto de referencia en caso de alguna emergencia.  Yo les llamo también los «hermanos que ayudan».

Pasan los años y estos hermanos nunca reclaman reconocimiento alguno.  Uno nunca los ve disgustados de hacer esto o aquello.  Se les puede llamar a medianoche y nunca se molestarán.  Generalmente no son personas de mucha letra y trabajan en el anonimato.  Pablo los menciona cuando habla de los dones: “...los que sanan, los que ayudan, los que administran...” (1 Co. 12:28b).  Pablo, al escribirles a los colosenses menciona a Bernabé y a Justo, y dice “...que son los únicos de la circuncisión que me ayudan en el reino de Dios, y han sido para mí un consuelo” (Col. 4:11).

El “hermano Reflector”

Cuando conducimos por la noche, especialmente en zonas rurales, los potentes reflectores del automóvil generalmente nos engañan.  Cuando las luces del auto alumbran cualquier pedazo de lata, ésta refleja un brillo admirable.  Todo esto me hace pensar en hermanos cuya vida refleja el amor, la ternura, la pureza y la santidad de Cristo.

Estos hermanos de vida limpia son muy útiles para el pastor y para toda la iglesia.  Se puede depender del trabajo que prometen realizar porque están en constante comunión con el Señor.  Jesús dijo: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mt. 5:14).  También dice otro texto de la Escritura: “Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová; mas los que te aman, sean como el sol cuando sale en su fuerza...” (Jue. 5:31).

El “hermano Reflector” es aquel que da un claro testimonio cristiano.  Es el hermano que testifica de su condición de esposo, padre, vecino y compañero  de trabajo.  Es como una “pieza indispensable” en el engranaje de la marcha de la iglesia.  Es el hermano que conoce bien su Biblia.  Por lo general, sin que nadie lo nombre se convierte en un punto de referencia, tanto en su vecindario como en la iglesia.  La gente no se identifica con sus convicciones bíblicas, pero sí con su conducta bíblica.

El “hermano Piecamina”

Estamos describiendo ahora a ese hermano que sabe que tiene los pies para caminar.  Los pies sirven, no para colgar de las piernas, sino para caminar, andar y mover el resto del cuerpo.  En la Biblia se habla de los pies de manera superlativa, más que del rostro, del color de los ojos o de la cabellera: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios reina!” (Is. 52:7).

Esta declaración del profeta, habla en primer lugar del Señor Jesucristo, porque él fue el primero en anunciar las buenas noticias del perdón de Dios y la vida eterna: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.  Reedificarán las ruinas antiguas, y levantarán los asolamientos primeros, y restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones” (Is. 61:1-4).

Creo que cuando el profeta dice que Jesús vino “a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová”, se estaba refiriendo al mismo año en que Dios deseaba que reinara sobre su pueblo Israel.  Lamentablemente no fue así porque lo rechazaron. En Lucas 4:16-21, está registrado que Jesús leyó estas mismas palabras estando en Nazaret, agregando que dicha profecía se había cumplido ese día: “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.  Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.  Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él.  Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lc. 4:16-21).

Este incidente es sumamente importante, porque el Señor les dice que en ese momento se había cumplido una profecía tan anhelada por ellos.  Lamentablemente no la aceptaron, no creyeron en que el reino divino había llegado, ¡qué allí mismo estaba el Mesías tan esperado!  Si nos detenemos en la profecía del capítulo 61 de Isaías y luego comparamos la parte de esa profecía que repite Jesús, nos damos cuenta que en ese momento sólo se cumplió una parte, el resto es todavía cosa del futuro, porque los judíos rechazaron a su Mesías.  Note cuáles partes no se cumplieron:

   “...el día de venganza del Dios nuestro...

•   ...consolar a todos los enlutados;

•   ...ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza,

•   oleo de gozo en lugar de luto...

•   ...y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.

•   ...manto de alegría en lugar del espíritu angustiado...

•   Reedificarán las ruinas antiguas...

•   ...levantarán los asolamientos primeros...

•   ...restaurarán las ciudades arruinadas, los escombros de muchas generaciones” (Is. 61:2b-4).

El capítulo 61 de Isaías sigue describiendo el reinado del Señor y la gloria de Israel.  Tristemente cuando Jesús vino a cumplir con todas estas profecías lo rechazaron y lo crucificaron.

Pero... ¿Qué tiene que ver todo esto con el “hermano Piecamina?  Sí tiene que ver y mucho, porque el Señor, a pesar de saber que los judíos no le aceptarían, no por eso dejó de anunciar ese año de la buena voluntad de Jehová.  De la misma manera, el “hermano Piecamina” es ese cristiano que sabe que no aceptarán sus palabras, sabe que el Espíritu Santo está en su ser y que Dios le ha levantado para proclamar las buenas nuevas.  El “hermano Piecamina” no se detiene, no deja de testificar sólo porque la gente lo rechace.  Siempre sigue su curso, pensando en la salvación de tantos perdidos.  Este hermano aprovecha todos los recursos a su alcance para cumplir con su objetivo.  Lee la Biblia y ora por los pecadores.  Si le ofrecen un cargo en la iglesia lo acepta.  Si hay un programa de evangelización, allí está él.  Si hay material para la evangelización, está listo para distribuirlo.  En su automóvil, en su bolsillo y en sus manos, sin falta siempre hay literatura para el perdido.  Su corazón está inmerso en el cansancio, pero nada lo detiene.  Se trata de un hermano que siempre está listo para servir.

Si tuviéramos que orar intensamente pidiendo una sola cosa, creo que todos, en todas las iglesias bíblicas tendríamos que decirle al Señor: «Pedimos que conviertas a toda la membresía de esta iglesia en ‘hermanos Piecamina’.  ¡Sin estos hermanos ninguna iglesia crecerá jamás. Sin ellos la iglesia va camino a su propia tumba. Sin los ‘hermanos Piecamina’ la iglesia será estéril!»

        LA FALTA DE CRECIMIENTO EN LA IGLESIA ES SU MAYOR ENEMIGO.

volver arriba