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¿Aurora o Crepúsculo?

La Biblia dice: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto.  El camino de los impíos es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan”
Pr. 4:18, 19). 

Ahora veamos cómo lo traduce la paráfrasis: «Pero el hombre bueno camina bajo la luz cada vez más resplandeciente del favor divino - a la aurora sigue el esplendor matutino - mientras que el malvado anda a tientas y tropieza en la oscuridad».

No cabe duda de que el planeta tierra está habitado por dos familias, una lleva el nombre “de los justos” y la otra la “de los impíos”.  Todos nosotros pertenecemos a una de ellas.
¿Cuál es la diferencia entre el justo y el impío?

Mencionemos algunas diferencias muy marcadas.

1.        El justo ve todo con optimismo.  Comienza un nuevo año y aunque no tiene la menor idea de cómo le irá, sabe que tiene a un Salvador quien sabrá controlar todo en bien suyo.  Siempre recuerda Romanos 5:1: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

2.        El impío teme todo el día, todo el año, y lo único que experimenta es inseguridad, temor, cansancio.  Su indeseado acompañante se llama Temor.  Teme en su casa, teme viajando en su automóvil, teme viajando en avión, teme de sus vecinos, teme perder el trabajo, teme enfermarse y de manera especial ¡teme a la muerte!  ¿Cuál es el verdadero nombre de este desgraciado?  “Dice el necio en su corazón: No hay Dios…” (Sal. 14:1).

3.      El justo dedica tiempo para hablar con Dios, manteniendo siempre un diálogo ameno y de gran provecho.  Orando le habla a Dios y para convertir el monólogo en diálogo, recibe los consejos de Dios leyendo su Biblia cada día.  Nunca es defraudado, porque los consejos que recibe son oportunos, sabios y comprensibles.  Además, sabe muy bien que para cumplir lo que su Creador y Redentor exige, nunca está sólo, ya que es ayudado por Aquel que le inspira, le protege y le guía en cada decisión que suele tomar.  No así el que vive siempre su crepúsculo, ya que su amo no puede ofrecer luz, sino tinieblas.

4.      No podemos evitar que la luz de la aurora dé paso a la noche, pero el que sabe aprovechar la luz divina, la vida de santidad y total entrega al Salvador, sabrá también que la noche le permite un descanso seguro y total.  Son horas necesarias cuando no necesita de la luz diurna, pero ya tiene todo listo para saber que Aquel en cuya luz anda, sabrá protegerle junto con su familia.

5.      ¿Significa esto que el justo vive más que el impío?  No necesariamente, ya que es Dios mismo que determina en la mayoría de los casos cuando ha de abandonar el cuerpo que lo habita.  No es tan importante cuántos años de vida viviremos, sino cómo los viviremos y si realmente hemos gozado de ese día perfecto, tal como se nos dice de la senda del justo.  El temor de la mayoría de seres humanos es la muerte, cuando el alma se separa del cuerpo.  Aunque se les promete extrema unción y se garantice el cielo, este hombre sabe muy bien que tal eternidad no le pertenece.  ¿Por qué el Señor culpa a los que, como que no tienen la capacidad de renunciar a su vida sin salvación?  La respuesta la tenemos en Juan 5:39, 40: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida”.

LO QUE USTED DEBE SABER

1. No hay salvación fuera de Cristo Jesús y usted mismo debe recibirle como su propio y eterno Salvador.
2. No hay salvación después de la muerte.  Tenga especial cuidado con el supuesto purgatorio inventado por el cristianismo pagano.
3.       No hay pecado que el Salvador no le pueda perdonar, pero usted debe acudir a Él directamente.

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