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Joven: Cuidate de “doña Excusa”

Cuando queremos hacer algo que no está bien, buscamos excusas para justificar nuestros hechos.  Por ejemplo, si queremos ser deshonestos en el examen que rendimos, pensamos: «Bueno, todos lo hacen», aunque no siempre sea así.  Si queremos retener las ofrendas que son del Señor, decimos: «Bueno... Dios es dueño de todo y no necesita de mi dinero.  ¡La mayoría en la iglesia no da la ofrenda!». 

Cuando llegamos tarde al trabajo, porque nos quedamos hasta más allá de la medianoche pegados al televisor viendo alguna película morbosa, le decimos a nuestro superior... «Que el transporte andaba mal... Que el bus no llegaba...»

Pero... ¿Qué ocurre cuando prometemos algo y luego no cumplimos?  ¡Cuán común es esto en nuestro medio!  No sólo entre los incrédulos, donde la mentira corre a raudales, sino aún entre los jóvenes cristianos.

Sin embargo, hay ocasiones en que tal parece que estuviéramos mintiendo aunque verdaderamente tuvimos razones de fuerza mayor que nos obligaron a incumplir la cita a la hora determinada, esto no debe convertirse en rutina.  Además, si hay alguna razón de fuerza mayor, ¿qué cuesta comunicarse telefónicamente con la persona afectada, sea el trabajo, un familiar o un amigo, e informarle lo que está sucediendo?
¡En buen español, la mayoría de las excusas son mentiras!  Lo que tenemos que hacer (como jóvenes), es examinar lo que dice la Biblia sobre la mentira.  No, no es un pecado cualquiera, sino que es muy serio delante de Dios.  La Biblia dice que debemos hablar verdad los unos con los otros.  Máxime los jóvenes que justamente estamos estableciendo las bases, echando el fundamento para una vida futura.  ¡Qué saludable y bueno es proponerse de una vez por todas a decir siempre la verdad!  Sí, yo sé que es difícil, a mí también me tocó recurrir a la mentira.  Uno se siente muy mal, pero es grande la fiesta entre los demonios.  ¿Recuerdas que hay una breve obra clásica que se titula Danza de los espíritus benditos?  Bueno, que te parece si con nuestra actitud de mentirosos componemos una Danza de los espíritus demoníacos, celebrando la mentira de (y aquí puedes agregar tu nombre).

En el famoso Sermón del Monte registrado en los capítulos 5 al 7 de Mateo, Jesús dijo: “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.  Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.  Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.  Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mt. 5:33-37).  Si somos cristianos nunca debemos hacer juramento alguno.  Cualquier persona que pretende jurar, en realidad está escondiendo algo dudoso, con lo que quiere pretender lo que no es.  ¿Notaste cómo los presidentes de las naciones suelen jurar que serán fieles a la Constitución y luego lo que más hacen es no cumplirla?  El juramento es pura formalidad.  El juramento no hace del mentiroso una persona veraz.  El mentiroso será mentiroso, sea que jure o no.  Si no está acostumbrado a hablar siempre la verdad, es porque está acostumbrado a mentir.  La mentira le sale tan “normalmente” que hasta parece verdad.  ¿Sabes lo que dice la Palabra de Dios sobre la mentira y los mentirosos?:

     “No hurtaréis, y no engañaréis ni mentiréis el uno al otro” (Lv. 19:11).     “El labio veraz permanecerá para siempre; mas la lengua mentirosa sólo por un momento” (Pr. 12:19).
     “Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo; juzgad según la verdad y lo conducente a la paz en vuestras puertas” (Zac. 8:16).
     “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros”(Ef. 4:25).
     “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Ap. 21:8).

No, no pienses que la mentira es un “pecadillo’ que no tiene mucho significado.  No hay cielo para los mentirosos.  ¿La solución?  ¡Comencemos desde hoy mismo sólo a hablar la verdad!  Pidámosle a Dios que nos ayude en este esfuerzo y convirtámonos en personas dignas de crédito.  Seremos felices, Dios será glorificado y los demás sabrán que no somos mentirosos.  Aunque... «todos lo hagan».  ¿Por qué no ser diferente?  Eso: «De que donde va Vicente, va toda la gente», es un dicho, no un axioma.  No estás obligado joven amigo a ser como los demás.  Puedes y debes ser diferente.  Tienes un gran porvenir en la compañía del Señor.

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