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Cristiano: ¿Feliz o infeliz?

Es notable cuántas muecas se están inventando para dar una apariencia de "cristiano feliz". ¿Notó la cantidad de calcomanías que aparecen diciendo: «Sonríe, Dios te ama?» Esto significa que quien no sonríe, es porque Dios no le ama.

Hace muchos años, cuando le sacaban una fotografía a una familia, donde aparecía el papá (sentado y con las palmas de las manos sobre sus muslos), la esposa a su lado, de pie y los hijos a cada lado, pero todos muy serios; se les decía: «Ahora todos serios».

Luego todo cambió, porque no solamente llegaron películas a todo color, sino que comenzó a insistirse que para la fotografía todo el mundo hiciera la mejor mueca posible, como diciendo: «Sonrío porque soy una persona feliz».

No hay nada de malo en una sonrisa. A todos nos gusta tratar a una persona sonriente, pero pretender que un buen cristiano debe demostrarlo sonriendo siempre, es convertir la fe cristiana en puras apariencias externas. La sonrisa de ninguna manera refleja siempre la felicidad o el gozo, lo mismo se puede decir de un rostro serio, que siempre se trate de una persona infeliz.

La felicidad del cristiano estriba en su relación con el Señor. Una relación estrecha hace que el cristiano se sienta seguro. La seguridad a su vez permite la felicidad. En el evangelio según San Juan 15, se habla de permanecer en él, de llevar fruto, de que su Palabra permanezca en nosotros, de glorificar así a Dios el Padre y de llevar mucho fruto, hasta que finalmente el Señor dice: "Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido" (Jn. 15:11). Luego dice: "Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido" (Jn. 16:24). Finalmente, en Juan 17:13, el Señor dice: "Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos". ¿Se cumplió este gozo en aquellos por los que él intercedió? Note lo que dice en Hechos 5:40-42 "Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo". Ellos no vivían gozosos por haber leído una calcomanía «sonríe, Dios te ama» ni por haber asistido a algún "festival de música juvenil". Lo que hizo que ellos vivieran ese gozo verdadero, fue que se sintieron privilegiados al haber sido azotados por causa de Cristo. Pablo y Silas se pusieron a cantar sus "dúos favoritos" en la cárcel. No fue después de haber cobrado jugosa entrada para tan singular concierto, sino: "Después de haberles azotado mucho, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con seguridad. El cual, recibido este mandato, los metió en el calabozo de más adentro, y les aseguró los pies en el cepo. Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían" (Hch. 16:23-25).

Si pudiéramos entrevistarlo a Pablo hoy, ¿cuál sería su respuesta sobre el secreto de la felicidad o el gozo? Ya la tenemos en 2 Corintios 12:10: "Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte". Luego él le dice a los hermanos en Filipos: "Y aunque sea derramado en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros. Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo... Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro" (Fil. 2:17, 18; 3:1).

¿Sabe, mi hermano, por qué tenemos necesidad hoy de tanta mímica para mostrar una carta de gozo y felicidad? ¡La falta de lealtad a la sana doctrina bíblica, las apariencias dominicales de santidad, poca voluntad para compartir el evangelio con tanta gente que lo necesita! La gente prácticamente nos suplica que les hablemos de Cristo, pero son muy pocos los hermanos que lo hacen. Y aquellos que lo hacen, no tienen por qué buscar la felicidad. Rebozan de gozo al ver que el Señor los usa, los prospera en todo cuanto emprenden para su gloria. En lugar de buscar la felicidad, busque a los infelices que, sin saberlo, van al infierno, mientras tanto usted, sabiendo lo que los espera, no se molesta por advertirlos del peligro al que se exponen. No es necesario que usted sea azotado por predicar a otros. Es probable que al buscar apoyo de los hermanos, logre muy poco, pero eso sí, usted será un cristiano feliz, gozoso, sin necesidad de técnicas ni muecas para aparentar algo que no es.

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