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Tatuajes y perforaciones en el cuerpo

Sé que este es un tema difícil de encarar, pero considero que es necesario hacerlo.  Son muchos ya los hermanos que nos han escrito o nos llamaron, preguntando respecto a si es o no correcto que un cristiano se haga tatuajes; asimismo se ha convertido en algo muy de moda hacerse el piercing. 

El piercing es un agujero en el cuerpo, en el que se coloca un pendiente.  Estas perforaciones reflejan valores culturales, religiosos, espirituales, moda, erotismo, inconformismo o identificación con una subcultura.  En la cultura occidental tradicional sólo se le practicaba un agujerito único en cada oreja a las niñas desde muy pequeñas para los aretes, pero eso ha cambiado.

     “No haréis tonsura en vuestras cabezas... Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo... ni imprimiréis en vosotros señal alguna.  Yo Jehová...  No harán tonsura en su cabeza... ni en su carne harán rasguños” (Lv. 19:27a, 28; 21:5).

Si usted es joven, se hará un gran favor y agradecerá al Señor por haberse encontrado con estas advertencias.  Cada vez se hace más popular entre los jóvenes la cuestión de tatuajes en el cuerpo.  No se trata simplemente del “gusto de la muchachada”, de “moda del momento, costumbre, cultura o incluso adorno”.

Nadie puede negar que quienes más usan tatuajes y piercing son los pandilleros y drogadictos, pero con eso no estoy acusando a nadie, sólo admitiendo una verdad.  Entiendo que muchos se han tatuado o se han practicado el piercing antes de haber recibido a Jesucristo como su Señor y salvador, por lo tanto no estoy condenándolos, sino que quiero poner las cosas en su perspectiva apropiada.

Asimismo, sé que hay “cristianos” a quienes esto no les importa, y siguen haciéndose las perforaciones y tatuajes sin que esto les incomode para nada.  Vuelvo y repito, no es mi intención hacer que se sientan culpables.  He preparado este artículo, para ofrecer una respuesta a esos que me lo han preguntado y a esos otros a quienes les preocupa este tema.

Tal vez usted diga que es el espíritu de la época, que cada generación a lo largo de los siglos siempre ha seguido una moda, ya sea en la forma de vestir, de adornarse, en la música y quien sabe cuántas cosas más, y que esto incluye los tatuajes y las perforaciones en el cuerpo.  Como cristianos lo primero que debemos tener presente es que no debemos seguir la moda y corriente del mundo, y las perforaciones en el cuerpo y los tatuajes, ciertamente son una tendencia mundana.

Si no es cristiano, no se preocupe porque esto no es para usted, ya que a esos fuera de la dirección de Dios, no les importa lo que el Señor pueda decir sobre este tema.  Pero como no hay prohibición ni en la cultura oriental ni en la occidental para determinar qué está bien o qué está mal a este respecto, uno debe ir a la Biblia, así que por favor lea este artículo.

La revolución cultural ha pasado por muchas etapas, desde teñirse el cabello hasta ropas extravagantes y peinados de toda clase: el cabello parado, las blusas mostrando el ombligo, en fin todo tipo de modas y estilos.  Ahora la tendencia son los tatuajes y las perforaciones.  Sin embargo, como cristianos no podemos dejarnos influenciar por el mundo y su cultura.

Además de los cambios desagradables en la apariencia física que causan los tatuajes y el piercing, ambas prácticas constituyen un riesgo para la salud.  Hay miles de casos documentados de jóvenes de ambos sexos que se han infectado con el virus del sida o con hepatitis por una de estas dos prácticas, asimismo han adquirido infecciones bacterianas de la piel y las mucosas, reacciones alérgicas, irritaciones cutáneas, lepra, esterilidad y hasta lesiones malignas como melanoma y otras patologías.

¿Cree usted que es correcto que un joven cristiano se exponga a este tipo de riesgos, sólo por una moda?  ¡Cuánto se lamentan hoy quienes desearían hacer desaparecer sus tatuajes y no pueden!  Otros se han arruinado para toda su vida.

Son muchos los efectos secundarios que trae consigo esta novedad.  Un joven que se hizo un piercing en la lengua, nos hizo el siguiente comentario: «Ya casi no me duele, los primeros días tenía la lengua muy inflamada, casi no podía comer, sólo tomaba líquidos.  También se me trababa el arete cuando hablaba aunque ya terminé por acostumbrarme».  Sin embargo, existen otros riesgos físicos que pueden afectar drásticamente la salud, tales como: el dolor e inflamación en las encías, dientes dañados, infecciones y pérdida de algunas piezas de la dentadura.

Un estudio publicado por The Journal of the American Dental Asociation en julio de 2003, afirma que las personas que se practican el piercing en la boca, ya sea en la lengua o en el labio, corren el peligro de sufrir problemas gingivales graves.  Una de las consecuencias más comunes es la contracción de las encías, lo que deja el diente sin protección, hasta el punto que en ocasiones termina por caerse.  De acuerdo con esta investigación, una joven de 19 años que había llevado un pendiente con forma de barra durante un año, en una primera revisión se detectó que sufría una retracción de la encía en uno de sus dientes de seis milímetros.  Cinco meses después ya era de ocho milímetros.

El piercing en la lengua, que es la práctica más común y que se calcula en 81%, provoca daños principalmente detrás de la encía inferior.  El de labio, que lo usan 38%, afecta a la parte frontal de la encía.  Otros “adornos” peligrosos son los que se hacen en la mejilla o en la ceja, aunque estos no son tan populares.  Además de la dificultad para hablar, las infecciones bucales, e incluso dientes rotos, los piercing de la boca pueden producir alteraciones en la producción de saliva y dificultades en la masticación. ¡Tanto dolor y tanto daño al cuerpo sólo para pretender estar al día con la supuesta “última moda!
Aunque la Biblia no habla específicamente de esto, tampoco podemos justificar tales prácticas.  En el Nuevo Testamento encontramos varios principios espirituales que nos presentan suficientes razones para evitar esta moda.  Debemos glorificar a Dios también con el cuerpo, aunque tal vez este sea uno de los aspectos menos mencionados cuando se trata de glorificar a Dios.

Se le da énfasis a la doctrina, en que debemos tener cuidado en lo que creemos, también en lo que decimos, lo que vemos, incluso hasta lo que bebemos, pero... ¿Qué del cuerpo?  ¿Es que el uso correcto del cuerpo se limita sólo a la vestimenta?  No, sino también al uso que le damos al cuerpo mismo.
La Biblia nos dice en Romanos 12:2, «que no debemos conformarnos a este mundo», mientras que en 1 Corintios 6:12, Pablo escribe sobre una nueva libertad, dice: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna”.  Luego repite esto mismo en 1 Corintios 10:23: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”.
No obstante, necesitamos leer esto en el contexto de 1 Corintios 10:21-23: “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.  ¿O provocaremos a celos al Señor?  ¿Somos más fuertes que él?  Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”.

Pablo nos está diciendo que ahora somos libres, pero que a pesar de eso debemos adoptar decisiones correctas, esas que estén en conformidad con el Señor.  Las cosas que no son ordenadas por Dios pueden ser perjudiciales a la salud y al crecimiento espiritual.  Con la influencia del mundo fortaleciéndose cada día y la presión de los demás sobre esos menores de veinte años, se hace cada vez más difícil hacer lo correcto.  Algunas veces incluso, puede ser muy confuso decidir entre lo que es aceptable para el hombre o para Dios.

Muchos dicen que las perforaciones en el cuerpo son como cuando los hombres comenzaron a llevar el cabello largo en la década de 1960.  El cabello largo en ese tiempo era una señal de rebelión contra lo establecido.  Si esta es la respuesta de un cristiano, no es correcta.  No debemos revelarnos en contra de lo establecido, debemos someternos al gobierno a menos que nos diga específicamente que no obedezcamos a Dios en ciertas áreas.  Bien claro dice la Escritura: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.  De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Ro. 13:1, 2).

El cabello crece naturalmente, no es algo ajeno al cuerpo que estemos añadiendo.  No necesitamos ir donde alguien para hacer que nos crezca, algo muy diferente a hacerse marcas y perforaciones en el cuerpo.  Esta es ahora una forma aceptable de rebelión, pero los cristianos tenemos la Biblia que dice: “Hijos sois de Jehová vuestro Dios; no os sajaréis, ni os raparéis...” (Dt. 14:1).

La práctica de cortarse el rostro, los brazos y las piernas que tenía lugar en época de duelo, era universal entre los paganos.  Se usaba como una forma de respeto hacia un muerto.  El hacerse cortes en la piel estaba asociado con los paganos quienes se tatuaban como muestra de duelo por algún familiar muerto.  Ellos también se marcaban con el ídolo o el dios al que servían.

Los ismaelitas usaban aretes, tal como dice Jueces 8:24: “Y les dijo Gedeón: Quiero haceros una petición; que cada uno me dé los zarcillos de su botín (pues traían zarcillos de oro, porque eran ismaelitas)”.

Los israelitas terminaron siendo arrastrados por esta práctica.  Dice en Éxodo 32:2 que cuando Aarón edificó el becerro de oro, dijo a los israelitas: “Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos”.

Luego leemos en Éxodo 35:22, que cuando fueron a construir el tabernáculo donaron sus joyas de oro: “Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová”.

Pero como la práctica de usar aretes entre los hombres era algo ajeno al pueblo judío, sino que ellos la adoptaron de las naciones paganas a su alrededor, notamos que en Oseas 2:13 el Señor dijo que los castigaría por haber ido en pos de otros dioses: “Y la castigaré por los días en que incensaba a los baales, y se adornaba de sus zarcillos y de sus joyeles, y se iba tras sus amantes y se olvidaba de mí, dice Jehová”.

Todas estas prácticas son comunes hoy entre todos los que se rebelan en contra de Dios y su Palabra.  Incluso en la actualidad los jóvenes de ambos sexos se liman los dientes para lucir como vampiros.  Otros se hacen implantes de teflón en sus cabezas con apariencia de cuernos.  Muchos se hacen perforaciones y se colocan pendientes en el rostro y en diversas partes del cuerpo, incluso hasta en sus partes privadas.

Dios le prohibió estrictamente al pueblo hebreo que se practicara cualquier tipo de laceración en su cuerpo.  Israel debía ser diferente a todas las naciones a su alrededor, lo mismo debe ser la Iglesia, a pesar de que no estamos específicamente bajo esas leyes.  Israel era una teocracia, es decir, una nación bajo Dios, y todavía hay principios para ellos en el Antiguo Testamento que son un ejemplo para nosotros.

Es posible que algunos digan: «Bueno, Dios ordenó la circuncisión y eso es cortar la piel».  Es cierto, pero la circuncisión no es cortarse la piel, sino una pequeña operación que debía practicársele al varón judío al octavo día de su nacimiento.  Era significativa para Israel, algo así como una señal del pacto Abrahámico, y era obligatoria para esos que se unían a Israel en la adoración del Dios verdadero.  Simbolizaba el nuevo corazón que Dios le da a esos que le siguen.   Tal como dice su Palabra:

•   “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros” (Gn. 17:10).
•   “Mas con esta condición os complaceremos: si habéis de ser como nosotros, que se circuncide entre vosotros todo varón” (Gn. 34:15).
•   “Y le dio el pacto de la circuncisión; y así Abraham engendró a Isaac, y le circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas” (Hch. 7:8).
•   “En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo” (Col. 2:11).
•   “¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión?  No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.  Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia” (Ro. 4:10, 11).

Mientras que la circuncisión era parte del pacto que Dios hizo con Israel, únicamente, Pablo de hecho declara que no vale nada cuando se está en el nuevo pacto: “He aquí, yo Pablo os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo.  Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley.  De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.  Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia; porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor” (Gá. 5:2-6).

Hay un principio que debe gobernar nuestra conciencia individual, incluso aunque no esté explícitamente mencionado en la Escritura.  Necesitamos preguntarnos: «Lo que hago, ¿glorifica a Dios o glorifica al hombre?»  Asimismo debemos preguntarnos: «¿Cuál es la verdadera razón para hacer esto o aquello?»  Al mundo, la sociedad y la cultura le gusta la novedad, pero nosotros no debemos copiar al mundo.  Estas son tendencias actuales de la moda y el cristiano no debe dejarse influenciar por esto.

En el pasado las personas que practicaban esto, lo hacían como una expresión de adoración a sus dioses.  Sin embargo, cuando un “cristiano” se perfora el cuerpo o se hace “un tatuaje cristiano”, no creo que su intención sea adorar a otros dioses, pero lo que debemos determinar es: ¿Realmente está honrando a Dios con esto?  Como pueblo de Dios debemos aprender de las lecciones a Israel.

•   Dice Levítico 19:28: “Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna.  Yo Jehová”.
•   Dios en forma repetida le advirtió a su pueblo: “Cuando entres a la tierra que Jehová tu Dios te da, no aprenderás a hacer según las abominaciones de aquellas naciones... Perfecto serás delante de Jehová tu Dios” (Dt. 18:9, 13).

Eran los sacerdotes de Baal quienes se hacían cortes en la piel para implorar el favor de su dios.  Esas eran prácticas comunes en culturas que no conocían a Jehová y servían a otros dioses.

Cualquier forma de desfiguramiento voluntario de la persona está en contra de lo determinado por el Creador.  Nosotros somos el templo de Dios y no debemos profanarlo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?  Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Co. 3:16, 17).  Por esta simple razón debemos tratar nuestro cuerpo con respeto y reverencia porque es creación Dios.

Profanar significa a menudo arruinar algo con inmoralidad o por otra influencia: “...Y todo lo que no proviene de fe, es pecado” (Ro. 14:23b).  La pregunta que debería hacerse es: «¿Se haría un tatuaje Jesús o los apóstoles?»

•   “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia” (Ro. 8:10).
•   “Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia” (Ro. 6:13).

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