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¿Qué es esto?

Supongamos que Luis, nuevo en la fe de Cristo, desea conducir a su amigo Tito al conocimiento del Salvador.  Pero al mismo tiempo su conocimiento de las Escrituras y de todo cuanto está ocurriendo hoy en tantas iglesias, con sus rituales, supersticiones y manifestaciones extrañas de “poder”,

 lo dejó totalmente desilusionado, preguntándose: «¿Qué es esto?  ¿Es una iglesia cristiana o se trata de un centro de brujería y poderes demoníacos?»

“¿Qué es esto?” fue tomado de Éxodo 16:14, 15, cuando los judíos, mientras caminaban de Egipto a la tierra prometida, divisaron por primera vez el Maná como alimento hasta que llegaran y conquistaran esa tierra.

Luis le habló de Cristo a Tito y ahora sería la primera vez que lo llevaría a uno de esos servicios dominicales.  ¡Jamás imaginó que se trataba de un salón de ocultismo avanzado!

Tito estaba ansioso por escuchar la Palabra de Dios de labios de un pastor, a fin de enterarse más a fondo de lo que es la salvación y cómo vivir esa nueva vida que acababa de comenzar.

Nosotros también marchamos hacia ese... cielo prometido y suponemos hacerlo guiados por el mismo Señor, tal como los hebreos eran guiados por Él.  El mismo Salvador que los salvó a ellos de la muerte de sus primogénitos en Egipto, gracias a la sangre que el destructor vio sobre las puertas de quienes creyeron que el Señor hablaba en serio y sacrificaron a ese cordero que habían preparado de antemano, usaron su sangre como prueba de que habían creído que dicha sangre haría la diferencia.  Hoy creemos firmemente que es la sangre del “Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, y es el único recurso que tenemos de parte del Señor para ser eternamente salvos.

Cuando Luis y Tito entraron en ese “templo”, más bien un amplio salón, quedaron sorprendidos de la cantidad de personas allí.  No vieron una sola Biblia, tampoco se cantó algún himno.  Todos parecían muy felices y abundaban los abrazos.  Es ahora que Tito comenzó a bombardear a Luis con... «¿Qué es esto?», ya que ambos estaban como... perdidos.

Luis sabía que la Palabra de Dios fortalece, orienta, alumbra el camino, enseña cómo vivir para agradar al Señor, inspira y trae paz a quien la escucha y la vive.

Estos dos caballeros ahora vieron a un individuo al frente dando ciertas órdenes a los presentes, quienes obedecían mansamente a cada movimiento: «cierren los ojos, levanten las manos, bajen la cabeza, permanezcan de pie, aplaudan, agiten los brazos bien en alto para que esto parezca como... un mar de manos”, etc.  Ambos pensaron que tal vez se trataba de una especie de ejercicio físico para luego escuchar una larga conferencia saturada de las enseñanzas de Jesús y los apóstoles.  ¡Pero estaban muy equivocados, porque ese momento nunca llegó, la Biblia no apareció, y el predicador tampoco! «¿Qué es esto?», volvió a preguntar Tito.  Antes de recibir la respuesta, ambos notaron que el mismo caballero comenzó a soplar, micrófono en mano y caminando por la plataforma de un lado a otro como zorro enjaulado.  Muchos de los presentes comenzaron a caer al piso, hombres y mujeres por igual.  Era un espectáculo jamás imaginado por estos dos visitantes.  Ahora Tito estaba algo disgustado pensando que Luis le había hecho una broma pesada.  «¿Para qué me trajiste aquí?», le preguntó.  Éste le respondió: «Créeme que yo no sabía que esto podría ocurrir en una iglesia.  Yo jamás he visto algo así, perdóname Tito». Ni bien terminaron de hablar, apareció algo aún peor.  Ahora de manera repentina comenzaron a balbucear algo en voz alta.  Luis reconoció que esa era la geringoza de “hablar en lenguas”.

«¿Qué es esto?» preguntó nuevamente Tito.  Esto es lo que ellos llaman “hablar en lenguas”. Pero cuando se detuvo esta manifestación, lo que se vino era completamente fuera de lo imaginado.  Cayeron al suelo nuevamente y comenzaron a reír, cada uno a su manera.  Y... «¿Qué es esto?», de nuevo la pregunta.  «Esto ellos llaman ‘carcajadas sagradas’». «¿Cuánto durará?»  «Yo no sé», le contestó el decepcionado Luis.  «Ellos dicen que es el tal... espíritu que los induce a reír y únicamente él les hará parar».

«¡Pero estos están locos!», le dijo Tito.  «Así es.  Ahora entiendo por qué Pablo le dijo a los cristianos en sus días que debían ser muy cuidadosos en su comportamiento, porque si sueltan los frenos a las emociones y dan cabida a espíritus quién sabe de qué fuente, algún visitante dirá que están locos»: ‘Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?’ (1 Co. 14:23).  También el mismo apóstol dice que lo que sacrifican los paganos lo hacen para los demonios, pero que él no deseaba que los cristianos hicieran lo mismo: ‘Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios’ (1 Co. 10:20).

Luis siguió hablando con Tito y le dijo: «Ahora entiendo que hay dos clases de endemoniados.  Los hay aquellos que están recluidos en algún manicomio porque están siempre poseídos y aquellos que se someten a espíritus siniestros para obedecerlos, hasta ser dominados por una fuerza que los controla completamente».

De nuevo le dijo Tito: «¿No habrá alguna iglesia donde enseñan la Palabra de Dios y que uno como el caso mío, pueda aprender esas doctrinas bíblicas?»

«Sí, hay», le contestó Luis.  «Es una Iglesia estrictamente bíblica, pero no muy popular, aunque las enseñanzas allí se basan en la Biblia.  Estoy seguro de que allí también me preguntarás ‘¿Qué es esto?’, con la diferencia que entonces podré contestarte con verdadero placer». Próximamente hablaremos sobre ese otro... “¿QUÉ ES ESTO?”

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