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El efecto curativo de la música

Sabemos que desde los tiempos de la antigua Grecia, numerosos filósofos, historiadores y científicos escribieron sobre la música como agente terapéutico. Hace más de 2.500 años, el filósofo griego Pitágoras recomendó cantar y tocar un instrumento musical cada día para eliminar del organismo el miedo, las preocupaciones y la ira.

 No obstante, fue en el siglo XIX que comenzaron a aparecer informes de experimentos controlados. La terapia musical o músico-terapia moderna tuvo su origen en Inglaterra. El texto más antiguo sobre música y medicina fue escrito por el doctor Richard Browne y publicado en 1729. Su obra aplicó a la músico-terapia los principios científicos elaborados por el matemático, científico y filósofo francés René Descartes, considerado el fundador de la filosofía moderna, y tuvieron gran impacto en la práctica de la terapia musical en Estados Unidos.

Hoy se sabe que la música tiene una serie de efectos fisiológicos. Influye sobre el ritmo respiratorio, la presión arterial, las contracciones estomacales y los niveles hormonales. El ritmo cardíaco se acelera o se torna más lento, hasta sincronizarse con el ritmo musical. También se sabe que la música puede alterar el equilibrio eléctrico de nuestro cerebro.  Los expertos sostienen que la terapia musical puede afectar la salud positiva o negativamente, que el sonido puede ser un gran sanador.

Los terapistas musicales utilizan el sonido para ayudar con una amplia variedad de problemas médicos, que van desde el mal de Alzheimer hasta el dolor de muelas. Los médicos están bien conscientes del poder del sonido. Existe evidencia documentada de la habilidad de la música para disminuir el dolor, mejorar la memoria y reducir el estrés.

Hay dos interpretaciones alternas de la terapia musical, ambas pueden ser correctas. La primera sostiene que la música tiene cierto efecto positivo sobre nuestro sistema nervioso. Esta interpretación se origina en un estudio de la Universidad de California, que demostró que los niños que se exponen a la música de Mozart antes de una prueba de inteligencia exhiben un mejoramiento en la puntuación. Los investigadores concluyeron que la música de Mozart activa las vías neurológicas resultando en un mejoramiento en la capacidad intelectual.

Aunque este efecto es pasajero, algunos investigadores lo interpretan en el sentido de que cierto tipo de música motiva cambios favorables en el cerebro de las personas que la escuchan. Incluso, hay investigadores que creen que cuando se expone a los niños a la música clásica desde edades sumamente tempranas, puede tener efectos favorables permanentes sobre el sistema nervioso.

La otra posibilidad es que la música actúe simplemente como una distracción. Se sabe que el esparcimiento puede tener efectos favorables sobre la percepción del dolor. El dolor se agrava mientras más pensamos en él, por lo que cualquier cosa que desvíe nuestra atención puede hacer que nuestra sensación de dolor disminuya. Ciertamente la música puede actuar distrayéndonos y apartando nuestra atención de eventos desagradables.

Sin embargo, según muchos estudiosos del tema eso no es todo. Aparentemente también tiene la capacidad de evocar sentimientos y estados de ánimo, que pueden ser de gran ayuda para controlar, no sólo el dolor, sino el temor y la ansiedad que acompañan y exacerban la percepción del mismo. Muchas personas trabajan y estudian mejor con un trasfondo musical. La música apropiada, usada de la forma correcta parece tener un efecto positivo en las personas. Probablemente haya una explicación neurológica a los efectos de la música, aunque no sea un lenguaje universal, ciertamente sí es un modificador universal del estado de ánimo. Parece que el escuchar sonidos suaves y melodiosos es algo tan necesario a nuestro organismo como cualquier vitamina.

Muchas veces, cuando estamos enfermos o pasando por estados anímicos difíciles, encontramos que no respondemos como quisiéramos a la música que siempre nos ha gustado. Y es que los cambios que la enfermedad causa en nuestro organismo nos hacen responder de modo distinto a la melodía. Un ejemplo relacionado es el de una persona que se siente deprimida. La mayoría pensaría que necesita música alegre y animada, sin embargo muy probablemente ese tipo de ritmo puede estar tan alejado de sus sentimientos presentes, que en lugar de levantarle el ánimo bien podría ponerlo de mal humor o antagonizarlo. En estos casos lo más recomendable es empezar por escuchar música que refleje un estado anímico similar al que la persona está sintiendo. Esta música armonizará con la persona y hará contacto con la misma de un modo que la otra no puede, ayudándolo a salir de su depresión. Luego, a medida que su estado de ánimo cambie, podrá ir escuchando otro tipo de melodías más alegres.

Varios estudios han demostrado que la música tiene la capacidad de reducir la ansiedad y la sensación de dolor. En un estudio con 38 pacientes que llegaron a una sala de emergencia presentando heridas que requerían de sutura, se dividió a estos en dos grupos. Uno de los grupos escuchó música de Mozart mientras era sometido a los procedimientos quirúrgicos, encontrándose que los pacientes que lo integraban, informaron sentir menos dolor durante la intervención quirúrgica que el grupo que no escuchó música.

Recientemente se ha estado empleando la músico-terapia como un medio para aliviar la ansiedad de pacientes que han de ser sometidos a algún procedimiento quirúrgico. Se ha encontrado que los enfermos que escuchan música de Mozart, Bach o cualquier otro clásico, antes, durante y después de su cirugía, sienten menos dolor y ansiedad, requieren menos medicamentos y se recuperan con mayor rapidez. La música aparentemente bloquea los sonidos típicos de una sala de operaciones que provocan ansiedad en los pacientes. En un estudio reciente se encontró que por medio de la música en la sala de operaciones se logró una reducción de un 50% en la cantidad de sedantes requeridos. En otro estudio se estimó que la música es tan efectiva como dos miligramos de Valium o de cualquier otro tranquilizante.

La música también se utiliza terapéuticamente en los pacientes del mal de Alzheimer. Se ha encontrado que estos pacientes se benefician tanto al escuchar, como de tocar un instrumento. Los beneficios de la músico-terapia para estos pacientes son varios, mejoran sus estados de ánimo y reducen la necesidad de medicamentos. La música también puede estimular partes del cerebro, ayudando a evitar o retardar el deterioro de las mismas.

La músico-terapia puede ser una especie de paliativo para las personas que padecen de estados depresivos. En un estudio llevado a cabo con 30 ancianos que padecían de este desorden, se examinaron los efectos de la terapia musical sobre sus estados anímicos, encontrándose que los pacientes que se sometieron a la terapia que consistía en sesiones semanales llevadas a cabo en su propia casa, experimentaron una gran mejoría. Estos enfermos también informaron que tenían menos tensión nerviosa y un mejor estado de ánimo, que quienes no recibieron la terapia musical.

La músico-terapia no sólo es útil en caso de enfermedades. Por ejemplo, también se ha usado como parte de la preparación de las embarazadas. En estos casos produce una actitud mental positiva, ayudando a la relajación, requiriéndose así menos medicamentos. De este modo, la música se ha convertido no solamente en fuente de placer sino también en un manantial inagotable de salud y bienestar.

Cuentan los biógrafos de Wolfgang Amadeus Mozart, que la vida de este gran genio y el contexto familiar en que nació, fue determinante para formar su brillante inteligencia musical que le permitió crear más de 600 obras musicales, hasta su prematura muerte a los 35 años de edad. Ya desde niño, dominaba la técnica de la composición a la vez que poseía una imaginación desbordante. Sus obras instrumentales incluyen sinfonías, divertimentos, sonatas, música de cámara para distintas combinaciones de instrumentos y conciertos. Sus obras vocales son, básicamente, óperas y música de iglesia. Sus manuscritos muestran cómo, salvo cuando hacía borradores de pasajes especialmente difíciles, primero pensaba la obra entera y luego la escribía.

Su existencia prenatal se vio acompañada continuamente por el sonido del violín de su padre que era director de orquesta en Salzburgo. De igual forma su madre, hija de un músico, también contribuyó a su inteligencia musical, al proporcionarle un contexto lleno de canciones y de serenatas que contribuyeron a que Mozart a los seis años de edad, compusiera su primera obra, Minueto y Trío para teclado.

Cada día se están descubriendo más evidencias científicas que indican que los niños en su fase intrauterina y después de nacer, son sensibles a la música y ésta a su vez favorece enormemente su desarrollo neurológico. Actualmente los investigadores, están de acuerdo en que el oído es el primer órgano que se desarrolla a nivel embrionario, empezando a funcionar activamente a partir del cuarto mes. Esto es fundamental para comprender el efecto que tiene la música en las actividades creativas del niño.

La música de Mozart, a diferencia de la de otros músicos, posee unas propiedades muy particulares que la distinguen, pues su ritmo, melodía, métrica, tono, timbre y frecuencias, logran estimular el cerebro humano, especialmente las zonas relacionadas con el hemisferio derecho. Además el secreto del “efecto Mozart” radica en que los sonidos de sus melodías son simples y puros. Sin embargo, hay que aclarar que no todas las melodías de Mozart producen dichos efectos, sólo aquellas de frecuencia alta como la sonata para dos pianos en re mayor y los conciertos para violín tres y cuatro. Estas composiciones son especialmente recomendables para producir efectos a nivel cognitivo, ya que la música simple y repetitiva no ensancha el cerebro humano.

Casi podemos decir que existe una música para el cuerpo y otra para el espíritu, la primera permite activar la totalidad corporal, tal como la música que se utiliza para los ejercicios aeróbicos, la que ayuda a la recuperación del equilibrio y del estado emocional de los sujetos en forma transitoria, originando de esta forma estados liberadores del estrés. Por el contrario las melodías para el espíritu de Mozart, han hecho aportes muy significativos, produciendo estados de distensión neuronal propicios para la creatividad. Entonces se puede decir, que esta música no sólo activa las redes neuronales, sino que estimula la concentración, la atención y la memoria, todo lo cual es fundamental para el proceso de aprendizaje.

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