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Historia del mundo en las moléculas de la vida

El descubrimiento en la década de 1950, del ADN como la molécula que contiene el diseño de la vida, fue el punto de partida en una carrera para comprender la base molecular de la existencia.  Uno de los hallazgos más intrigantes a seguir, fue que se pueden usar pedazos específicos de ADN (ácido desoxirribonucleico) para estudiar la historia humana. 

Antropólogos genetistas están ahora ocupados decodificando esa historia, escrita en las moléculas de la vida desde el principio del tiempo.  Es un registro que está siendo descifrado sólo en nuestra generación, y uno que confirma la historia del hombre registrada en la Escritura con detalles asombrosos.

Wendy Wippel es una bióloga molecular que trabajó para el Centro de Control y Prevención de Enfermedades, pero ahora escribe sobre medicina y ciencia y es fundadora de una nueva disciplina científica, la teología molecular.  Reside en Hernando, Mississippi con su esposo y sus dos hijas.

     El descubrimiento en la década de 1950, del ADN como la molécula que contiene el diseño de la vida, fue el punto de partida en una carrera para comprender la base molecular de la existencia.  Uno de los hallazgos más intrigantes a seguir, fue que se pueden usar pedazos específicos de ADN (ácido desoxirribonucleico) para estudiar la historia humana.  Antropólogos genetistas están ahora ocupados decodificando esa historia, escrita en las moléculas de la vida desde el principio del tiempo.  Es un registro que está siendo descifrado sólo en nuestra generación, y uno que confirma la historia del hombre registrada en la Escritura con detalles asombrosos.

     La antropología genética se lleva a cabo haciendo uso de los cromosomas Y, y el ADN mitocondrial, dos segmentos que tienen propiedades únicas para facilitar los estudios de la herencia multigeneracional.  El cromosoma Y del ADN, es pasado sólo de padre a hijo, de manera similar el ADN mitocondrial es pasado únicamente de la madre a su descendencia.  Además, ambos acumulan cambios a una tasa predecible, produciendo una especie de rastro genético que hace posible seguir esa huella conforme la población se fue movilizando alrededor del globo.

     De manera intrigante y a la luz del conocimiento científico actual, tal parece que la Biblia se refiere al ADN, cuando dice: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Sal. 139:16).  Asimismo parece hacer referencia tanto al tiempo y los lugares donde vivían las personas, cuando dice que Dios “de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación” (Hch. 17:26).

     La comprensión actual del proceso genético confirma completamente el recuento bíblico en Génesis 6:3, que dice: “Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”.  La reducción de la vida en las personas después del diluvio, concuerda con un modelo matemático, según el cual la duración de la vida humana bajo condiciones ideales es precisamente el límite anticipado por Dios en Génesis, al igual que el promedio exacto especificado en el Salmo 99:9, 10.  Además, la afirmación de Job 14:5 de que, «Ciertamente los días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; porque Dios les puso límites, de los cuales no pasará», también ha sido confirmada recientemente.

     Se ha demostrado que la duración de la vida humana ha sido predeterminada y preprogramada en el propio ADN, por medio de mecanismos que involucran una secuencia repetitiva del ADN al final de cada cromosoma llamado telómero.  Parte del telómero se remueve con cada división de la célula, su remoción completa inicia el suicidio de la célula.

     El campo de la antropología genética, el cual permitió que la historia del hombre fuese estudiada con el ADN, fue del conocimiento del público en 1987, con el anuncio de que el análisis del ADN mitocondrial había demostrado que cada ser humano en el planeta descendió de una sola mujer.  Análisis similares del cromosoma Y demostró que cada varón también es descendiente de un solo hombre.  Los científicos involucrados alegremente proclamaron, que desde que este varón identificado vivió un tiempo considerable después de la mujer, la Biblia había sido repudiada oficialmente, con titulares a través del globo declarando: «¡Adán y Eva nunca existieron!»

     La Enciclopedia Wikipedia dice al respecto: «Algunos genetistas escrutadores del ADN han proclamado que descendemos de un único antepasado femenino, una mujer africana a la que llaman ‘Eva mitocondrial’, que vivió hace unos 200.000 años y cuyos descendientes se habrían extendido por todo el planeta desde hace unos 150.000 años, sustituyendo a las especies existentes de Homo sapiens.

     Una comparación del ADN mitocondrial de distintas razas y regiones sugiere que todas las secuencias de este ADN tienen envoltura molecular en una secuencia ancestral común.  Asumiendo que este se obtiene sólo de la madre, estos hallazgos implicarían que todos los humanos vivos descienden en última instancia de una mujer, posiblemente una mujer prehumana.

     A esta mujer la llaman ‘Eva mitocondrial’ y es el antepasado común a todos los seres humanos si seguimos la línea de las madres de cada persona, en el árbol genealógico de toda la humanidad.  Basándose en la técnica de ‘reloj molecular’, los investigadores creen que Eva vivió aproximadamente hace 150.000 años o como máximo 200.000 años... Considere el árbol genealógico de todos los seres humanos que viven en la actualidad.  Ahora, imagine una línea de cada individuo a su madre, y continúe esas líneas desde cada una de esas madres a sus respectivas madres.  De esta manera estará retrocediendo en el tiempo y todas las líneas convergerán en un punto en que todas las hijas comparten la misma madre.  Cuanto más retroceda en el tiempo, menos linajes quedarán hasta que quede solo uno.  Este es el linaje de los descendientes de la Eva mitocondrial.

     Note que cuanto más pequeña es una población, más rápidamente converge el ADN mitocondrial.  Esto sirve de sustento a la teoría del origen común.  Esta teoría plantea que todos los primeros pobladores de Asia, Europa y América descendían de un grupo que emigró de África hace entre 100.000 y 200.000 años.

     Sabemos de Eva a causa de las mitocondrias, un orgánulo celular, que sólo se pasa de la madre a la prole. Cada mitocondria contiene ADN mitocondrial y la comparación de las secuencias de este ADN revela una filogenia molecular.  Así como las mitocondrias se heredan por vía materna, los cromosomas Y se heredan por vía paterna.  Por lo tanto es válido aplicar los mismos principios con estos.  El ancestro común más cercano por vía paterna ha sido apodado ‘Y cromosoma Adán’.  Es muy importante aclarar que no vivió en la misma época que la Eva mitocondrial.  Por el contrario, su existencia fue por lo menos 50.000 años más reciente y, por supuesto, no fue su marido».

     Los científicos harían muy bien en revisar sus lecciones de la escuela dominical.  Lo que realmente representan “Y cromosoma Adán” y “Eva mitocondrial” son entidades estadísticas llamadas “El Ancestro Común más Reciente” o MRCA, por sus siglas en inglés, queriendo significar con esto el último familiar compartido.  Pero contrario a la opinión de la ciencia, ellos en forma maravillosa confirman el recuento bíblico.  Los varones en el arca eran Noé y sus hijos, y todos debían tener cromosomas Y idénticos.  Sin embargo, se ha demostrado que las cuatro mujeres: las esposas de Noé, Sem, Cam y Jafet, quienes aunque no eran familiares entre sí, sí tenían un solo linaje común que se remonta a la Eva de la Biblia.  Entonces a partir de allí, el MRCA de los hombres fue Noé, pero el MRCA del linaje materno, no era el de la esposa de Noé, sino el de Eva, tal como así lo confirma la ciencia y el relato bíblico.  Y Eva, lógicamente, vivió mucho tiempo antes que su contraparte Noé.

     Los genetistas han confirmado el reclamo de la Biblia tan desacreditado por largo tiempo, de que Noé y su familia poblaron el mundo entero, descartando la propagada teoría de que los seres humanos evolucionamos simultáneamente en diferentes lugares.  Los análisis de los cromosomas Y y el ADN mitocondrial también confirman, que después de Noé, la población creció y se dispersó hacia el noreste de África y el Levante, y que se congregaron en el Medio Oriente un poco antes de diseminarse en el resto del mundo, coincidiendo también con la historia bíblica sobre los eventos que ocurrieron entre el tiempo cuando ocho personas salieron del arca y la entera población humana que sumaba 70 familias, se congregó en la planicie del Sinar para edificar la torre de Babel.

     Todos sabemos lo que ocurrió después.  Dios detuvo la construcción de la torre y dispersó a la humanidad.  Numerosas culturas en el globo recuerdan este evento, y una vez más los análisis de ADN así lo confirman.  La evidencia genética y arqueológica demuestra que poco después de Noé, los humanos en un súbito y rápido éxodo poblaron el globo.  Los científicos han especulado por largo tiempo, qué fue lo que provocó esta migración masiva en este gran salto de la humanidad.  La Biblia provee la respuesta.  Y gracias a la evidencia del ADN ahora podemos saber al detalle y con precisión la forma cómo se desplazaron nuestros primeros ancestros.

     De manera interesante, tanto la información genética como la lingüística reflejan una división triple de la humanidad, aproximadamente en el tiempo en que debieron existir Sem, Cam y Jafet; con el grupo de Cam y sus descendientes avanzando hacia el oeste en África y al oriente a lo largo de las costas en el Pacífico sur; el grupo de Jafet colonizando a Europa, asimismo al centro y al noreste de Asia, y Norte y Sur América; mientras que los descendientes del último, de Sem, permanecieron mayormente en el Medio Oriente.

     La evidencia, arqueológica, genética y lingüística, ubica pequeñas colonias originales en el área Vasca de Francia, el archipiélago australiano y el área desértica de Kalahari, en África, casi con seguridad de las familias de los hijos y nietos de Noé.  Este hecho, y la evidencia de pequeños grupos de primos que quedaron a lo largo de la vía, confirman y proveen un mecanismo para ésta afirmación bíblica: “Estos tres son los hijos de Noé, y de ellos fue llena toda la tierra” (Gn. 9:19).  La reproducción aislada de un grupo pequeño de la población, es el método definido en genética, para producir una diversidad de rasgos que conllevan al desarrollo de razas definidas.  Eso podemos verlo claramente en la crianza de los perros y en el porcentaje de enfermedades raras consanguíneas que afectan a determinados grupos, tal como a los Amish.  Los descendientes de Noé, quienes sumaban unas 70 familias, se esparcieron en todo el globo, y bien pudieron haber sido influenciados por las condiciones del medio ambiente que los rodeaba, al igual que por factores genéticos al azar, exhibiendo con el paso del tiempo un amplio espectro de rasgos físicos distintivos.

     El llamado de Dios al pueblo judío, un concepto científico incuestionable, también ha sido confirmado genéticamente.  Los estudios del cromosoma Y probaron en forma concluyente que la población tanto árabe como judía comparten un mismo ancestro común, quien de acuerdo con la datación genética vivió hace unos 4.000 años.  Además, se demostró que a pesar de que se dispersaron, los judíos permanecieron obedientes al mandamiento de abstenerse de celebrar matrimonios mixtos con no judíos.  Los autores observaron «que el nivel de divergencia entre la población judía era bajo a pesar de su alto grado de dispersión geográfica».

     El análisis del cromosoma Y también ha demostrado un grupo particular de marcadores, llamados Cohenim Modal Haplotipo o CMH, en palabras más sencillas se trata de marcadores particulares en los cromosomas, los cuales son asociados distintivamente con los hombres judíos que aseguran ser descendientes de Aarón y por consiguiente creen que los poseen heredados de Aarón.  Los análisis de los datos genéticos estiman que el poseedor original del CMH vivió hace unos 3.300 años, colocándolo exactamente en el período apropiado de tiempo.

     Estudios adicionales del cromosoma Y muestran que el pueblo judío de hecho, fue dispersado en todo el globo, pero que a pesar de todo retuvieron su identidad genética y nacional hasta un grado notable.  Los judíos de Europa, el Medio Oriente, y África del Norte comparten perfiles genéticos casi idénticos, con sólo leves diferencias, las cuales no obstante, permiten que se pueda rastrear la diáspora, con desplazamientos claros hacia el occidente tanto en Europa como en África del Norte, después del año 70 de la era cristiana.  Una de las aplicaciones más intrigantes en las pruebas del cromosoma Y y el ADN mitocondrial, es una revelación continua de las profundidades de la dispersión que confirman las tradiciones mantenidas por tanto tiempo del origen judío entre ciertas tribus aisladas.  El reclamo de los Lemba de África del Sur, de su herencia judía, fue ignorado por largo tiempo, hasta que finalmente su perfil genético demostró un gran predominio del CMH entre sus miembros varones.  Asimismo, poblaciones numerosas similares propagadas a través del globo, han sido identificadas genéticamente como descendientes de Israel.

     La promesa de Dios de guardar a su pueblo a lo largo del exilio y volverlo a congregar nuevamente para sí mismo en los días finales, también ha sido documentada.  Los análisis genéticos han demostrado que varios judíos huyeron del Edicto Español de Expulsión en 1492, escondidos entre la tripulación de los barcos españoles que zarparon hacia el Nuevo Mundo, llegando hasta allí sus descendientes.  Esta confirmación genética fue verificada en los residentes más antiguos de New Mexico y en los Melungeones, una población misteriosa en Tennessee que parece ser descendiente de los primeros españoles que llegaron a lo largo de la costa oriental, incluyendo la colonia en Roanoke que despareció a principios de los años 1500.  Conforme los judíos alrededor del globo reclaman su historia, se está haciendo uso de la verificación genética de su herencia, tanto para confirmar como para apoyar su repatriación, creando la reunificación del exilio judío profetizado en la Biblia.  ¡Estamos viendo el cumplimiento de la profecía ante nuestros propios ojos!

     Con todo lo fascinante que es el paralelo detallado del análisis del ADN con la historia del mundo registrada en la Escritura, la aplicación más significativa de la tecnología todavía puede estar por venir, para cumplir con aspectos proféticos del futuro.  Para junio de 2007 se ha programado, ¡lo que se ha catalogado como “la reunión familiar más grande de todos los tiempos, ya que su preparación tardó 3.000 años”!  La meta de los organizadores es reunir a todos los descendientes varones del linaje de David en Jerusalén para una celebración del Mesías judío.  Esto incluirá pruebas genéticas masivas con el objetivo de identificar marcadores genéticos específicos para el linaje Mesiánico.  Con todo lo emocionante que es contar con una forma genética para verificar las credenciales del Mesías, surge la posibilidad de que la tecnología pueda ser aplicada incorrectamente.  Y me pregunto: ¿Emergerá un líder mundial cuyo perfil genético pueda confirmar su reclamo válido al trono de David?  Sólo el tiempo lo dirá.  Pero el ADN la molécula de la vida, continuará escribiendo la historia.

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