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Vientos de Apostasía - Es una obra para los cristianos confundidos a raíz de tantas... - Capítulo XIV

 

Capítulo XIV
"Ciertamente llevó él nuestras enfemedades"  

Una de las muestras más elocuentes de cómo se basan los "sanadores" en un pretexto y no en el contexto, es cuando repiten una y otra vez Isaías 53:4,5 donde dice: "Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados".

Todo este capítulo habla de lo que el Señor hizo para sanarnos de nuestros pecados, de que sufrió los dolores que soportó para que nosotros pudiéramos ser eternamente salvos por la fe en él. La Biblia define muchas veces la condición espiritual del hombre, describiéndolo físicamente como enfermo ... "Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite" (Is. 1:6).

Lo que el profeta dice aquí no es que el pueblo de Israel estaba enfermo, con el cuerpo totalmente llagado, desde la planta del pie hasta la cabeza. Literalmente esto no era así, porque estaban físicamente bien, aunque muy mal espiritualmeníe. Por eso, para corregir la "enfermedad" de ellos, él les invita diciéndoles: "Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (Is.. 1:16-18).

No olvidemos que lo primero a lo que el profeta se refiere aquí, no es a la sanidad física, sino a la sanidad espiritual, tanto para Israel como para nosotros los gentiles. El pecador sufre las consecuencias de sus propios pecados, pero no hay razón para ello. No tiene por qué padecer porque nuestro Señor Jesucristo llevó sobre sí mismo todo lo que nosotros debíamos soportar en el mismo infierno. En segundo lugar, esta profecía apuntaba también hasta una dimensión limitada, hacia la salud física. Esta profecía se ha cumplido totalmente, porque Cristo pagó con su propia vida por nuestros pecados y también cumplió literalmente la profecía durante su ministerio terrenal. "Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras Dolencias" (Mat. 8:16,17).

Es claro que la profecía de Isaías se cumplió literalmente y como las profecías no tienen doble cumplimiento, una vez ha pasado, como en este caso, jamás vuelve a repetirse. Es cierto que llegará un día cuando ya no habrán más enfermedades, ni dolor, ni muerte, ni separación, nada de eso. Esto será cuando Dios establezca nuevos cíelos y nueva tierra. La Biblia habla del fin de las enfermedades y de todos los sinsabores que vivimos mientras estamos en este cuerpo contaminado por el pecado. Pero por ahora, no tenemos ningún "cheque en blanco" basado en la fe para sanarnos de cualquier enfermedad. Esto no es cierto, la Biblia no enseña tal cosa.

En cuanto al maravilloso futuro oiga lo que dice la Biblia al respecto: "Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del rio, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Y no habrá más maldición ... No habrá allí más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz de sol, porque Dios el Señor los iluminará; y reinará por los siglos de los sighs" (Apoc. 22:1-5). "Enjugará Dios toda lágrima de los ojos di ellos; y ya no habrá muerte ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron" (Apoc. 21:4).

Podemos estar completamente seguros de que nuestro Señor cumplirá con su promesa y nos dará la salud perfecta, un cuerpo que no será contaminado por el pecado y una salud cabal. No habrá lugar para las enfermedades, las debilidades, las lágrimas o los sufrimientos de ningún tipo. Pretender hacerlo ahora es hacer a Dios mentiroso. La Biblia niega rotundamente ese paraíso terrenal con el cual sueñan los sanadores y los miembros de la Nueva Era. Pero ... ¿Por qué tanta discusión en cuanto a la sanidad? Obviamente existe mucho fraude en el asunto y esta es la razón para que haya tanta discusión a! respecto. Enseñar que uno no se sana porque no tiene fe, es mentira. Enseñar que Dios quiere que todos se sanen es otra mentira. Anticipar milagros invitando a incautos para que concurran con sus enfermos, es la tercera gran mentira. Enviar pañuelitos "ungidos" para que el enfermo se los aplique, es brujería. Invitar al radioescucha o al telespectador para que coloque una mano sobre el aparato de radio o el televisor y otra sobre el lugar que le duele, también es brujería. Este tipo de sanadores tienen hoy mucho éxito, tanto como los brujos que usan hierbas, hechizos y demás. Una característica muy común de esos predicadores, es su énfasis en el positivismo. Ellos dicen que, "Son técnicas que usted tiene que aprender", además que "Debe cambiar completamente su manera de pensar en cuanto a Jesús". Permítame decirle, la única manera para que un cristiano cambie completamente su manera de pensar en cuanto a Jesús, es situándolo en el lugar de Satanás. Algunos de los maestros del positivismo son verdaderamente atrevidos. Paúl Yonggi Cho, dice por ejemplo: "Pero en mi iglesia yo predico acerca del Señor Jesús que salva, que santifica, que bautiza con el Espíritu Santo, y que sana a los enfermos. En nuestra iglesia presentamos todos estos aspectos. Procuramos crear la presencia completa, la presencia del Señor que todo lo puede, todo lo hace y todo lo abarca. Usted puede crear la presencia de Cristo sólo con su boca. Si usted habla acerca de la salvación, aparece la figura del Cristo que salva. Si habla acerca de la sanidad divina, aparece Cristo el Sanador. Si usted habla del Señor que obra milagros, entonces pone en libertad la presencia del Señor que opera milagros. El Señor Todopoderoso está limitado por sus labios y sus palabras".

"El depende enteramente de usted, cuando está predicando, y si usted no habla claramente de él por miedo a Satanás ¿cómo puede Jesús manifestar su poder en medio de su generación?" (Cuarta dimensión, página 68).

De acuerdo a este autor, los papeles se han invertido. Ahora ya no es el Señor quien nos usa, somos nosotros quienes lo usamos y le permitimos o le impedimos actuar. Si queremos, el Señor se nos sujeta hasta que nosotros decidamos lo contrario. "En mi iglesia", dice el señor Yonggi, "procuramos crearla presencia completa, la presencia del Señor que todo lo puede". ¿Es ésto lo que el Señor dijo que debemos hacer? Jesús dijo: "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mat. 18:20).

En la Escritura nunca encontraremos ni siquiera una insinuación respecto a que la presencia del Señor en nuestro medio, depende de la disposición de nuestra mente, de lo que "creamos" o de lo que visualicemos. Él promete estar donde se congregan en su nombre, tan poquitos como dos o tres. ¿Cómo pueden estos "dos o tres" que se congregan en su nombre, saber que él está con ellos? Simplemente por la fe. Él prometía estar y por lo tanto está. ¿Recuerda lo que le ocurrió a los dos discípulos de Jesús que iban camino a Emaús? Ellos sin duda estaban en su "nombre", porque toda la conversación giraba en torno al Salvador que había muerto y que según los rumores había resucitado. Casi sin que se advirtieran, el Señor estaba caminando con ellos. "Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos" (Luc 24:15). Lo único fuera de lugar que sintieron fue esto que dijeron: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?" (Luc. 24:32).

¿Desde cuándo tiene usted la obligación de "crear la presencia de Cristo con su boca" ¿Desde cuándo se invirtieron los papeles? ¿Desde cuándo el Señor comenzó a depender de usted? Lo que ahora se enseña es que el Señor hará todo cuanto nosotros le permitamos. Somos nosotros los soberanos y él humildemente se nos sujeta. Lo que el señor Yonggi afirma es que los milagros que haremos, las almas que ganaremos, el tamaño de la iglesia que tendremos, todo depende enteramente de nosotros, porque el poder está en el interior de cada corazón.

Pero permítame citarle otro párrafo, porque el atrevimiento de este señor llega mucho más allá de lo que pudiéramos pensar. "Deseo imprimir en vuestros corazones esta verdad: Ustedes tienen, dentro de ustedes mismos, todos los recursos que necesitan, ahora mismo. No mañana, no ayer. ¿Hoy mismo! Ustedes tienen todo lo que es de Dios, que habita dentro de ustedes. Dios no está allí durmiendo. Dios nunca jamás se toma vacaciones. Dios está ahí mismo para trabajar por su salvación. Y Dios nunca obra sin venir al pensamiento de ustedes, sin venir a través de su visión, sin venir a través de su fe. Ustedes son el cauce de Dios. Usted puede decir: ¡Oh, Dios trabaja activamente en el universo, y a través de todas las cosas! Pero Dios le contestará: No, yo habito dentro de ti. Y nunca vengo al mundo con poder si no es a través de ti. Usted es el cauce. Usted tiene la responsabilidad. Si usted no desarrolla su manera de creer para cooperar con Dios, entonces Dios se verá limitado, a lo menos en la vida suya y en la vida de aquellos que dependen de usted. Dios será tan grande como usted le permita ser y tan pequeño como usted lo obliga a ser" (Cuarta dimensión, páginas 132 y 133).

Ésto aparte de herejía es hasta blasfemia. En primer lugar, él asegura que los recursos divinos están todos en nosotros mismos, ya que dice: "Dios nunca obra sin venir al pensamiento de ustedes, sin venir a través de su visión, sin venir a través de su fe". ¿Quiere decir esto que Dios depende enteramente de mi pensamiento, de mí visión y mi fe? Siempre había sabido que dependemos de él, que la voluntad de él prevalecerá para siempre, sin importar nuestro pensamiento positivo, nuestra visualización o lo que sea. Dios dice: "Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" (Is. 55:9).

Por otra parte, ¿será verdad que si no desarrollo mi manera de creer. Dios se verá limitado? Pero el colmo lo encontramos en esta expresión: "Dios será tan grande como usted le permita ser y tan pequeño como usted lo obliga a ser". ¿Pero dónde están los atributos divinos de Dios, tal como su Omnisciencia, Omniprescencia y Omnipotencia? En algún momento sin que nos diéramos cuenta, por lo visto algunos individuos que descubrieron la visualización y demás poderes, limitaron a Dios a la condición del hombre. Dios se pone a disposición de cada uno, y cada uno decide cómo actuará él y cuan poderoso será. Según esta enseñanza, usted lo agranda y lo achica, todo depende de su mente, porque allí está Dios, esperando que usted actúe. Nosotros como cristianos sabemos que la Gran Comisión todavía está en vigencia, y si el Señor dijo que estará con nosotros hasta el fin del mundo y el fin del mundo todavía no llegó, entonces él está con nosotros todos los días, tan poderoso como lo fue siempre, con todos sus atributos. No necesitamos "crear su presencia en nuestra mente". Nosotros somos su creación, no sus creadores. "Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados" (Is. 57:

El grave problema en todo cuanto se enseña hoy sobre Dios y el Espíritu Santo, y cómo trabaja el Señor Jesucristo, es que nosotros los humanos tomamos la iniciativa. Dios se nos sujeta, el Señor se nos sujeta y el Espíritu Santo también. Esto se llama herejía, pero para muchos es el "redescubrimiento" de una gran verdad que debe quedar impresa en lamente y el corazón de cada cristiano. Debemos recordar, sin embargo, que apenas somos mensajeros suyos, y si no somos fieles a su Palabra, él no se achicará esperando que le demos el lugar de mayor autoridad, sino que nos descartará y usará a otros, a aquellos que estén dispuestos a hacer su voluntad. De esto habló el Señor Jesucristo cuando dijo: "El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden" (Jn. 15:6).

Nuestro deber no es convertir ,a nadie, no es transformar vidas, no es regenerar, porque esto es obra del Espíritu Santo. No necesitamos nada más que ser regenerados, llevarle la palabra a los perdidos y mostrarles cómo vivirla con nuestro propio ejemplo. Hecha esta parte lo demás corresponde al Espíritu Santo. ¡Y cuan cierto es que él cumple fielmente su promesa! Hasta hoy vemos a hombres y mujeres abandonando su vida de pecado y entregándose al Señor, ¡aceptando por la fe a Jesucristo como Salvador y Señor!