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Las crónicas de Narnia

La historia clásica de niños del irlandés Clive Staples Lewis, finalmente llegó a la pantalla grande, capturando todo el esplendor y detalle de la novela.  Cada butaca se mantiene ocupada en los salones de cine que exhiben Las crónicas de Narnia: El león, la Bruja y el ropero, la primera adaptación cinematográfica importante del primer volumen de la serie de siete libros.

Esta superproducción tuvo un costo de 100 millones de dólares y recaudó 67 millones en su primer fin de semana de exhibición.

En la trama, los cuatro niños Pevensie: Lucía, Edmundo, Susana y Pedro, son evacuados de Londres durante la II Guerra Mundial a causa de los bombardeos aéreos de los nazis.  Terminan viviendo en una gran casa de campo de un profesor, lejos de la cuidad y de la guerra.  Tratando de divertirse juegan a las escondidas y Lucía se oculta en un gran ropero, que es el portal hacia una tierra paralela llamada Narnia.  Muy pronto, los cuatro niños Pevensie entran a este mundo mágico donde siempre es invierno y en el cual nunca llega la Navidad.

La Bruja Blanca es responsable del invierno eterno y como tiene conocimiento de una profecía antigua que dice que dos hijos de Adán y dos hijas de Eva aparecerán un día para deshacer su maldición, de inmediato trata de acabar con los niños.  La Bruja es ayudada involuntariamente por Edmundo, uno de los niños, quien permite que su egoísmo y orgullo lo haga caer bajo los encantos de la Bruja.

La historia está colmada de lecciones sobre la lealtad, el valor, la bondad y el sacrificio. Pedro y Susana se protegen mutuamente, y también cuidan a sus dos hermanos menores.  Al principio Pedro se muestra renuente a asumir el liderazgo, aunque finalmente acepta el mando del ejército determinado a vencer a la Bruja Blanca.

De hecho, muchos de los seres mitológicos y animales de Narnia se arriesgan para ayudar a los niños a pelear contra las fuerzas del mal. Poniendo en peligro su propio bienestar, el señor y la señora Castor invitan a los Pevensies a su humilde hogar y luego los guían por unos túneles y un bosque para escaparse de unos lobos.  Pedro, en su papel de líder y de hermano mayor, defiende a sus hermanos de los lobos rabiosos.

El nuevo amigo de Lucía, un fauno, el señor Tumnus, vence la tentación de querer ganar favor con la Bruja y paga un precio muy alto por ello.  Un zorro se sacrifica y ayuda a los niños a escapar de las garras de la Bruja.  Luego, en un acto que constituye el punto central de la historia, Aslán el león, creador de Narnia, se sacrifica para así pagar el precio de la traición de Edmundo.
Mientras el león es arrastrado hasta la mesa de piedra para que lo maten, los seguidores malvados de la Bruja Blanca se burlan de él y lo humillan.  Aun así, no protesta ni pelea en defensa propia.  Lo atan sobre la mesa de piedra, le afeitan el pelo, lo amarran y golpean.  La Bruja Blanca se para encima de Aslán y lo traspasa con una espada.  Aunque es claro que Aslán tiene poder sobre la Bruja Blanca, decide trabajar por medio de los humanos para que su voluntad se cumpla en Narnia.  Ofrece su sangre inocente como pago por los pecados de Edmundo.  La acción de Edmundo se usa para mostrar cómo todos estamos propensos a descarriarnos del camino recto y angosto.

Después de muerto, Aslán resucita y le dice a los hermanos de Edmundo que ya no mencionen la traición de su hermano: «Lo que se hizo, se hizo», explica. La película concluye con una gran batalla en la que los combatientes son ejércitos de animales y seres mitológicos como minotauros, centauros, unicornios, grifos, cíclopes y gigantes.  Los hermanos defienden así a los animales parlantes, centauros, faunos y seres mitológicos que pueblan Narnia.  Al final de la película, cuando Aslán nombra a los cuatro hermanos reyes de Narnia, presenta a Edmundo a la corte del castillo de Cair Paravel como Edmundo el Justo.

Clive Staples Lewis

     Clive Staples Lewis, el autor de Las crónicas de Narnia, quien era conocido como Jack, nació en 1898 y murió en 1963.  Hoy es extremadamente popular entre los cristianos evangélicos.  La mayoría de las librerías cristianas que venden los libros de Lewis, lo hacen sin una sola palabra de advertencia.  Una encuesta llevada a cabo en 1998 por la revista Christianity Today, catalogó al señor Lewis como el escritor evangélico más influyente de la actualidad.

La edición de diciembre de 2005 de Christianity Today, exhibe una fotografía del señor Lewis en su portada, y casi todos los artículos están dedicados a este hombre.  La portada se titula C. S. Lewis, Super-estrella.  En un artículo publicado en la edición del 7 de septiembre de 1998, para conmemorar los cien años de su nacimiento, el señor James I. Packer, editor en jefe de Christianity Today le llama «nuestro santo patrono», agregando que Lewis «se ha convertido en el Tomás de Aquino, el Agustín y el Esopo del evangelismo contemporáneo».  En la edición del 23 de abril de 2001 de Christianity Today, la revista una vez más le alabó llamándole «El apologista cristiano más grande del siglo veinte», a pesar de que el señor Lewis carecía por completo de instrucción teológica.

Él escribió varios libros de mitos, tal como Las crónicas de Narnia, la cual Christianity Today recomienda con los términos más elogiosos, asegurando que «Cristo vino no para ponerle fin al mito, sino para tomar todo eso que es más esencial en el mito para sí mismo, y hacerlo real».  Yo realmente ni siquiera entiendo lo que quieren decir con esto, excepto que carece por completo de sentido.

Charles Colson, uno de los principales promotores del movimiento Evangélicos y Católicos Unidos, dice que el señor Lewis fue uno de los que más influyó en él para que integrara este movimiento y que Billy Graham, fue otro.  De hecho, el señor Colson dice en la página 36 de su libro Misión común, «que este movimiento busca continuar el legado de Clive Staples Lewis al centrarse en el núcleo de creencias de todos los cristianos verdaderos».

Sin embargo, cuando uno se dedica a investigar la vida del señor Lewis, descubre que es tan popular entre los católicos como lo es entre los evangélicos.  Era miembro de la iglesia anglicana de Inglaterra, cuya historia se basa en gran manera en su compromiso teológico con Roma.  Pero... ¿Era el señor Lewis un creyente fiel?  ¿Creía en la Biblia?  ¡No exactamente!  Incluso hasta la propia revista Christianity Today admite en su edición de diciembre de 2005, que «Clive Staples Lewis no era otra cosa que un evangélico clásico, social y teológicamente.  Fumaba cigarrillos y pipa y visitaba regularmente los bares y cantinas para beber cerveza con sus amigos.  Aunque compartía creencias básicas con los evangélicos, no creía en la infalibilidad de la Biblia, ni en la substitución penal (es decir que Cristo pagó el castigo que nosotros merecíamos).  Creía en el purgatorio y la regeneración bautismal».

Según la publicación News Bulletin, Fundamental Baptist Fellowship, del 4 de marzo de 1984, Lewis vivió 30 años sin casarse, con Janie Moore, una mujer 25 años mayor que él.  La relación con esta mujer casada comenzó cuando todavía era un estudiante en Oxford.  La señora Moore estaba separada de su esposo.  Lewis le confesó a su hermano que estaba enamorado de la madre de uno de sus amigos que había sido asesinado en la I Guerra Mundial.  La relación era definitivamente de naturaleza sexual, aunque hay otros que aseguran que sólo cuidó de la madre de su amigo.  A los 58 años, Lewis contrajo matrimonio con Joy Gresham, una mujer norteamericana que tenía relaciones con Lewis, incluso mientras todavía estaba casada con otro hombre.
Lewis creía en las oraciones por los muertos y en el purgatorio y le confesaba sus pecados regularmente a un sacerdote.  En las páginas 198 y 301 del libro C. S. Lewis: Una biografía, dice que el 16 de julio de 1963 le fue administrado el sacramento católico de la extremaunción.  Lewis negaba la depravación total del hombre y la suficiencia del sacrificio de Cristo en favor nuestro.  Creía en la evolución teísta y rechazaba la Biblia como la Palabra infalible de Dios.  Enseñaba que el infierno es un estado de la mente.

Aseguraba que los seguidores de las religiones paganas pueden ser salvos sin fe personal en el Señor Jesucristo.  Dice en las páginas 64, 208 y 209 de su libro El simple cristianismo: «Pero la verdad es que Dios no nos ha dicho cuáles son sus arreglos respecto a las otras personas...  Hay quienes no aceptan la completa doctrina cristiana acerca de Cristo, pero se sienten tan fuertemente atraídos por él que son suyos en un sentido más profundo que el que ellos mismos pueden entender.  Hay personas en otras religiones quienes están siendo guiadas por la influencia secreta de Dios para concentrarse en esas partes de sus religiones que están en acuerdo con el cristianismo y quienes por eso pertenecen a Cristo sin saberlo.  Por ejemplo, un budista de buena voluntad puede ser guiado a concentrarse más y más en la enseñanza budista de la misericordia manteniéndola en su trasfondo, aunque puede que diga que cree las enseñanzas budistas en ciertos puntos.  Una gran mayoría de los buenos paganos mucho antes del nacimiento de Cristo, tal vez estuvieron en esta posición».

Lewis nunca dio un testimonio bíblico claro del nuevo nacimiento y aseguraba que era innecesario tener fe en la sangre de Cristo.  En su libro El simple cristianismo, explica sus puntos de vista sobre la salvación, asimismo en su biografía Sorprendido por el gozo.  En ninguno de los dos libros ofrece un testimonio transparente del nuevo nacimiento.  En cuanto a la fe en la sangre de Cristo, Lewis afirmó «que no es una parte esencial del cristianismo».

Enseñaba que no importa cómo uno defina la expiación, porque no creía en el sacrificio expiatorio de sangre.  En su libro El simple cristianismo, hizo la siguiente declaración en la página 182: «Usted puede decir que Cristo murió por nuestros pecados.  Puede creer que el Padre nos ha perdonado porque Cristo hizo por nosotros, lo que nosotros debíamos haber hecho.  Puede decir que somos lavados en la sangre del Cordero.  Que Cristo ha derrotado la muerte.  Todo eso es verdad.  PERO SI NADA DE ESTO LE ATRAE,  OLVÍDELO Y APLIQUE LA FÓRMULA QUE LE FUNCIONE.  Sea lo que fuere que haga, no comience a argumentar o a discutir con otras personas porque usan una fórmula diferente».
Esto raya en la herejía.  El señor Lewis erróneamente aseguró que no importa si una persona cree que es lavada en la sangre de Cristo, porque es una simple “fórmula” que puede ser aceptada o rechazada a voluntad.   Declaró que da lo mismo creer o no creer «que el Padre nos ha perdonado porque Cristo hizo por nosotros, lo que nosotros debíamos haber hecho».  Tal cosa es una salvación sin sangre por medio de la vida de Cristo, en lugar de serlo a través de Su cruz, y según la Biblia no es salvación de ninguna clase.

La “sangre”está mencionada más de 90 veces en el Nuevo Testamento, y eso no es accidente: “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22).  Si Jesús hubiera vivido una vida perfecta en lugar nuestro y hubiera muerto sin derramar su sangre por nosotros, nosotros no seríamos salvos.  Lewis dijo en las páginas 54, 55 y 56 de su libro El simple cristianismo: «La creencia central del cristianismo es que la muerte de Cristo de alguna forma nos justificó con Dios y nos da un nuevo comienzo.  Las teorías acerca de cómo hizo esto, ya son otro asunto... Cualquiera teoría que desarrollemos acerca de cómo la muerte de Cristo hizo todo esto, de acuerdo con mi punto de vista es algo completamente secundario».

¡Esta es una enseñanza contraria a la Escritura!  Dios reveló exactamente lo que hizo Cristo y lo que significa «expiación».  No se trata de teorizar o creer en una “fórmula” en contra de otra.  La Biblia dice que nuestra salvación es un asunto de propiciación, un rescate, por medio del cual nuestros pecados fueron lavados por la sangre de Cristo.  La salvación requería tanto la muerte de Cristo como el derramamiento de su sangre.  Lewis nunca menciona la doctrina de la propiciación, pero la propiciación era una parte necesaria de nuestra salvación y la propiciación se hacía con sangre.

Propiciación significa «satisfacción, cubrir, el cumplimiento de una demanda».  Se refiere a que Dios tuvo en alta estima el sacrificio de Cristo, que quedó completamente satisfecho con lo que hizo el Señor Jesucristo en la cruz.  El castigo que merecía el hombre por haber quebrantado su ley fue satisfecho: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” (Ro. 3:24, 25).  “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Jn. 2:2).  “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (He. 2:17).

La palabra griega que se traduce como “propiciación”en Romanos 3:25 también se traduce como “propiciatorio”eh Hebreos 9:5.  El propiciatorio cubría perfectamente la ley, la cual estaba contenida en el arca.  El que Cristo cubriera las demandas de la ley de Dios simboliza propiciación.  La sangre de Cristo que satisfizo esta demanda y quitó nuestros pecados estaba representada en el día de expiación cuando el sumo sacerdote rociaba sangre sobre el propiciatorio (Lv. 16:11-17).  Por medio de la sangre de Cristo tenemos redención eterna: “Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (He. 9:12).

Como ya hemos visto, el señor Lewis no creía en la infalibilidad de la Biblia, nunca dio un testimonio claro de la salvación, predicó herejías, era un hombre mundano y se advierte una influencia pagana masiva en sus escritos.  Pese a todo, varias organizaciones evangélicas tales como Christianity Today y Focus in the Family, entre otras, están ofreciendo cursos acerca de «Cómo encontrar a Cristo en las crónicas de Narnia», cursos que ya se están enseñando en muchas iglesias en Estados Unidos.  Pero entonces... ¿Por qué los evangélicos hoy están tan enamorados con Clive Staples Lewis?  Creo que estas son algunas de las principales razones:

•   A los nuevos evangélicos les encanta C. S. Lewis porque se sienten orgullosos de su intelecto y Lewis definitivamente era un intelectual.  Tenía casi memoria fotográfica.  Estudió filosofía, artes clásicas e inglés en la Universidad de Oxford.  Era uno de los más grandes expertos de su día en literatura inglesa y el principal catedrático en literatura medieval y del renacimiento en la Universidad de Cambridge.  Siendo que los nuevos evangélicos adoran el intelectualismo, no asombra entonces que lo hayan escogido como “su santo patrono”.
•   Los nuevos evangélicos aman a C. S. Lewis por su pensamiento ecuménico y su rechazo a practicar la separación.  Esto lo admite la revista Christianity Today.
•   Los nuevos evangélicos aman a Lewis por su simpatía hacia Roma.  ¿Acaso no firmaron «Católicos y evangélicos unidos, la misión para el tercer milenio?»  Incluso, otros que no se atreven a tanto, usualmente hablan de los errores de Roma en términos suaves, sin mencionarla por lo que realmente es: la institución del Anticristo.  Como ya hemos visto, C. S. Lewis consideraba a la Iglesia Católica Romana como cristiana, y anhelaba la unidad entre el protestantismo y el romanismo.  Sus amigos más íntimos eran católicos, tal como J. R. Tolkien, el autor del Señor de los anillos. Lewis le daba crédito a Tolkien por haber influido en gran manera en su conversión.

Conclusión

     Mientras el cristianismo liberal y muchas veces nominal se goza por tener entre sus favoritos a un hombre tan brillante como lo fuera Clive Staples Lewis.  ¿Cómo es posible que muchos ministros, conocedores de las Escrituras, se dejen seducir tan fácilmente por un individuo que tan abiertamente niega las doctrinas fundamentales de la Biblia?  Vivimos en tiempos cuando a nuestro Señor Jesucristo pretenden convertirlo en un personaje mitológico, es decir, que da igual creer en él tal como siempre hemos creído, o confundirlo con brujos y brujas.

La tal “Bruja Blanca” aparece una y otra vez en sus historietas de ficción, las que han transformado prácticamente en escritos “teológicos”.  Por lo visto ahora ya no debemos depender del Espíritu Santo en lo que a las Sagradas Escrituras se refiere.  Es mucho mejor depender de historietas mitológicas donde Jesús mismo es confundido con personajes irreales.

Nos damos cuenta además, que en estos últimos años, los libros y películas que mayor ingreso monetario reportan, son los que con mayor astucia desplazan al Señor para elevar en su lugar a personajes sacados del paganismo del pasado lejano.  ¡Y pensar que este caballero Lewis es considerado por muchos pastores contemporáneos como un gran “hombre de Dios!”  Cuán cierto es que el ciego puede intentar guiar al ciego.

Pero... ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante este asalto tan astuto en contra de la verdad?  Pablo se encargó de advertirnos de lo que viviríamos cuando dijo: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.  Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.  Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio” (2 Ti. 4-1-5).  Si tuviera que aconsejar a un pastor joven, le hablaría del peligro citando los versículos 3 y 4 y le recomendaría aplicar el versículo 5.  Si mantenemos nuestra mirada fija en Cristo y reconocemos la suficiencia de las Escrituras, nunca seremos desviados.

Lewis murió en 1963, pero Satanás permitió que su fortuna fuese abundante, incluso muchos años más tarde.  Por lo visto cuando este caballero vivía aún, su “evangelio” convertido en fábula no tenía mucho éxito.  Pero pasarían algunas décadas y entonces sí, los “herederos” de su fortuna diabólica crecería como una masa leudada y tendría un atractivo como pan caliente.  Las ventas de sus libros se habían elevado a dos millones de dólares para el año 1977.  Pero valió el gasto, porque desde al año 2001 han aumentado en un 125 por ciento.  Pablo habla también de quienes “Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1 Ti. 1:7).  “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Ti. 4:1).  Si fueran inspiración de C. S. Lewis, no tendrían tanta influencia, ni sus libros ni ahora su película.  Es un hecho que quienes no desean servir al Señor se postrarán, más tarde o más temprano, ante la tiranía de los demonios.

Por favor note lo que Pablo dice en 1 Timoteo 6:3-5: “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales”.  Los cristianos que realmente aman al Señor y creen que la Biblia es la infalible Palabra de Dios, deben aplicar lo que aconseja el apóstol: “Apártate de los tales”.

Pero estas no son las únicas advertencias, notemos lo que el apóstol Pedro nos dice en 2 Pedro 2:13: “Recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores”.

Si piensa que C. S. Lewis era cristiano, entonces debo decirle que usted tampoco conoce al salvador llamado Jesús.  Él dice que él mismo es “el camino, y la verdad, y la vida”.  Luego agrega que “...nadie viene al Padre, sino por mí”.
Llegamos a la conclusión que entre Lewis y Jesús uno es mentiroso.  Dejo que el lector decida cuál de ellos.
Los líderes y pastores bíblicos, los pocos que quedan aún, deberían estar bien informados sobre estas “novedades paganas” que aparecen como mensajes cristianos en libros, internet y películas.  Son tan atractivos y cautivadores que resultan irresistibles para el cristiano promedio.  Si los pastores no advierten a sus congregaciones del peligro que encierran tales mensajes, si nosotros no levantamos la voz, Charles Colson lo seguirá haciendo con mucho gusto en su esfuerzo de... Evangélicos y Católicos Unidos.

Ya no es necesario que los católicos, con toda su idolatría, mariolatría y tradiciones, reciban a Cristo.  De alguna manera la brujería de Lewis lo ha logrado.  No sería extraño que muy pronto los libros de este autor se conviertan en la “Biblia” de los cristianos de la prostitución teológica.  No importa cuántos libros y películas aparezcan con el correr de los días, Jesús fue claro cuando dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24:35).

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