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Obama es el Rey que Dios ha designado, para que reine sobre Estados Unidos en los últimos días

           “Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos... Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos” (1 Samuel 8:7,9).

           Dios es quien pone reyes, y quien los depone.  La Biblia enseña claramente que es Él, no el hombre, quien designa a los gobernantes para que controlen los negocios de la humanidad.  Como dice Romanos 13:1: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”.

          A través de toda la Biblia vemos que Dios elige reyes para un propósito, y que por la misma razón los  depone.  A veces, establece una regla para bendecir a su pueblo, como lo hizo con el rey David.  Y en otras coloca a un gobernante para juzgarlo, tal como en el caso de Saúl.  Pero el Señor no sólo designa reyes para su propio pueblo Israel, sino sobre toda la humanidad.  Tal fue el caso con Faraón de Egipto.  Dice Romanos 9:17: “Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra”.

La historia de Faraón y el mar Rojo

          La historia de Faraón y el pueblo de Egipto es grandiosa.  Por largo tiempo esa nación prosperó bajo su gobierno, como ninguna otra sobre la tierra lo había hecho antes, eran el Estados Unidos del mundo antiguo.  Egipto creció en tamaño, riqueza y poder, tanto que ningún otro país podía enfrentarse a ellos.

          Por su parte, el Señor Jesucristo dijo que el final llegaría, tal como en los días de Lot, en donde toda perversión era glorificada y la Palabra de Dios rechazada.  Ese es nuestro día...

          Si uno le echa un rápido repaso a la historia de cómo era Egipto entonces, tal vez podría pensar que los egipcios recibían las bendiciones de Dios, pero no era así.  Egipto era un país perverso, una nación impía que mantuvo a los judíos como esclavos por siglos, y realizaba sacrificios humanos a sus dioses.  Sin embargo, después de cuatrocientos largos años de oprimir al pueblo escogido por Dios, la paciencia y clemencia del Creador llegó a su fin.

          Por eso levantó a Moisés: “Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros.  Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” (Éxodo 3:15).

          Casi todos conocemos la historia de cómo Jehová Dios designó a Moisés para que fuera líder de los judíos.  Primero, para que los guiara y condujera fuera de Egipto, ¡y luego hacia el territorio prometido de Israel!  Moisés le obedeció, fue y confrontó a Faraón y le declaró todo lo que Dios le había ordenado que dijera.  Ahora, cuando lo comisionó para que fuera y le predicara a Faraón, Él sabía muy bien que rechazaría lo que Moisés iba a decirle.  Porque así como levantó a Moisés para que le predicara, también a Faraón para que escuchara: “Y Jehová dijo a Moisés: Faraón no os oirá, para que mis maravillas se multipliquen en la tierra de Egipto” (Éxodo 11:9).

          Dios también había levantado a Faraón para que fuera un rey poderoso, pero su corazón era perverso y no obedeció a su siervo Moisés.  Así que cuando llegó el día que se dispuso a libertar a los judíos de la esclavitud, también usó a Faraón para un propósito poderoso.  Aunque sabía que el monarca nunca se arrepentiría, Dios le dio múltiples oportunidades y lo usó a él y a Moisés para mostrarle al mundo su poder.  Esta demostración de autoridad tendría resultados notables y drásticos.

          Dijo el Señor: “Y he aquí, yo endureceré el corazón de los egipcios para que los sigan; y yo me glorificaré en Faraón y en todo su ejército, en sus carros y en su caballería” (Éxodo 14:17).

          Dios usó a Moisés en una forma gloriosa, colmada con milagros, tal como la división del mar Rojo.  En él mostró su poder y gloria al dejar en libertad a los judíos en una forma que sería recordada y contada a través del tiempo y por la eternidad.  En Faraón, Dios mostró su poder y gloria, al ahogar a su entero ejército cuando los muros de agua se derrumbaron.  “Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas vuelvan sobre los egipcios, sobre sus carros, y sobre su caballería.  Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar; y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar.  Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno” (Éxodo 14:26-28).  Ambos hombres fueron puestos por Dios, ambos fueron colocados en posición de autoridad, y mientras uno se encuentra en el cielo, el otro está en el infierno.

          ¿Y cuál es el punto aquí?  Que Dios juzgó a una entera nación por la iniquidad de un hombre que rehusó arrepentirse.  Recuerde eso.

Estados Unidos comenzó confiando en el Santo Dios de Israel

          Estados Unidos, durante cada año a partir de 1776, no experimentó nada más que crecimiento en poder, fortaleza y riqueza.  Era, como muchos dicen “La nación más grande sobre la faz de la tierra”.  Este país tuvo su comienzo con los Puritanos, quienes llegaron allí guiados por Dios y establecieron una nueva nación valerosa.  El primer texto de estudio que se usaba en las escuelas y universidades era la Santa Biblia.

          James Madison el cuarto presidente de Estados Unidos dijo esto: “Hemos depositado el entero futuro de la civilización norteamericana, no en el poder del gobierno, nada más lejos de eso.  Hemos colocado el futuro de todas nuestras instituciones políticas, confiados en la capacidad de autogobierno de la humanidad; sobre la habilidad de todos y cada uno de nosotros para gobernarnos a nosotros mismos, para auto-controlarnos y mantenernos de acuerdo con los Diez Mandamientos de Dios”.

          ¡Qué maravilloso comienzo!  Una nación fundada en sumisión a Dios y sus mandamientos, pero la historia no acaba allí...

          Conforme este país crecía, se hizo poderoso, como ningún otro que haya existido jamás en nuestra era cristiana, pero conforme fue desarrollándose comenzaron a olvidarse.  Se olvidaron que Dios los había creado, que los había sustentado, que había realizado hechos poderosos y realizado demostraciones de su poder para bendecirlos.   Sus ciudadanos cantan “Dios bendiga a América”, el dinero dice “En Dios confiamos”, pero en algún momento a lo largo del camino, dejaron de confiar en Dios.   Dejaron de buscar su rostro y comenzaron a fiarse en su propio poderío.

Cuando se remueve a Dios, surge el caos

          La segunda guerra mundial fue la última vez que el mundo entero estuvo en guerra, y fue un enfrentamiento que Estados Unidos casi no gana. Algunos historiadores se refieren a lo cerca que estuvieron de perder esta confrontación, pero no la perdieron, sino que obtuvieron la victoria.  Y después de ganar, este país hizo algo que a Dios realmente le gustó.  El 14 de mayo de 1948, reconoció el derecho a existir de la recién nacida nación de Israel.   Sin embargo, en la siguiente generación hicieron algo muy malo.  ¡Se apartaron de Dios!

          En la década de 1960, se eliminó la oración en las escuelas públicas.  Se removieron los Diez Mandamientos de los tribunales de justicia, se empezó a practicar abiertamente la promiscuidad sexual y la abominación de la homosexualidad, se legalizó oficialmente el derecho a asesinar a niños indefensos - a abortarlos.  El resultado de eso fue un aumento drástico en los crímenes violentos, disturbios raciales en las calles, una generación entera de jóvenes adictos a las drogas y el alcohol, un aumento sin precedentes en las tasas de divorcio, y escuelas públicas que necesitan de policías armados para mantener el orden.  Le dijeron a Dios que se fuera, y Él lo hizo.

La cosecha de frutos amargos

          Aunque la década de 1960 ya pasó hace bastante tiempo, las semillas podridas que fueron plantadas en esa generación han comenzando a dar frutos en la nuestra. En el año 2013, el nombre de Dios todavía está impreso en casi todas las cosas.   Hay mega iglesias con asistencia de más de veinte mil personas, pero el Espíritu y poder de Dios ya no está allí.  Se celebra un Día Nacional de Oración, pero de nada sirve.  Nada cambia, porque no hay una autoridad final, ya que la Verdad absoluta que guiaba y sostenía a los Puritanos, algo que sus ciudadanos sabían como nación, la descartaron.

          Ese país se está ahogando en una deuda nacional tan grande que suma cerca de 20 billones de dólares.  Cada año, unos 400.000 niños son ejecutados por conveniencia.  Y se eligen a líderes que fomentan este asesinato de niños.  No tienen respeto por Dios y su Palabra.  El domingo es considerado como cualquier otro día de la semana.  Incluso, la gran mayoría de cristianos aunque lo crean, no se atreven a decir en voz alta que el Señor Jesucristo es el único camino al cielo. 

          Por ejemplo la Iglesia Bautista del Sur como un todo, ha prohibido muy sutilmente que se mencione en sus publicaciones, pasajes de la Biblia que puedan ofender a personas de otros credos.  Versículos tales como estos:

  •        “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
  •        “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).
  •        “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
  •        “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).
  •        “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).

          Esa nación ha perdido su habilidad para discernir entre lo bueno y lo malo.  No tiene reparo en exponer a sus niños cada instante a propagandas de radio, periódicos, televisión e Internet de alcohol y tabaco.  Su sociedad está saturada de sexo y violencia.  Casi la mitad de las películas que se han hecho en los últimos diez años tienen un contenido demoníaco.  Si Dios se presentara en alguna de las iglesias, no lo reconocerían y la gran mayoría no querrían que estuviera allí.

          Ésta es la generación de norteamericanos que ha colmado la copa de la ira e indignación de Dios.  Por esta razón, Él les ha dado el rey que merecen, les dio a Barack Hussein Obama.

          Estados Unidos ahora tiene su rey, a su presidente número 44.  Él es un fanático en favor de sacrificar a los niños sobre el altar de Planned Parenthood - de Planificación Familiar, y cuando era senador votó tres veces en contra del Acta de Protección para los Infantes Nacidos Vivos, es decir que esos bebés que son abortados, pero que a pesar de todo nacen vivos, requieren por ley el cuidado de los médicos, porque tienen derecho a vivir, pero este hombre rechazó esta ley, reclamó la muerte de estos inocentes, tres veces.   Bajo su reciente programa aprobado para el cuidado de la salud, el aborto es ahora un derecho que pagan los contribuyentes.  Lo cual significa que ahora todos los ciudadanos norteamericanos son parte del asesinato de estos inocentes, y que la sangre de ellos está sobre todos.

          Como ningún otro presidente antes que él, Obama fue criado como musulmán, y aunque afirma que se convirtió en “cristiano”, nada de lo que dice o hace está en línea con alguien que profesa fe en Cristo.  Rara vez, si acaso nunca asiste a la iglesia.  Glorifica la homosexualidad y toda clase de perversión sexual, y en el proceso ha utilizado su cargo de presidente, para imponer como mandato la aceptación forzada de la homosexualidad en esa sociedad.

          La revista Newsweek lo llamó el "Primer presidente gay", porque es el primer presidente estadounidense en respaldar abiertamente y aprobar el matrimonio entre homosexuales y lesbianas y se valió de su cargo de presidente para hacer su deseo realidad.  Proclamó a junio, como el Mes del Orgullo Norteamericano de los homosexuales, lesbianas, bisexuales y transgéneros.  De hecho, lo convirtió en una ordenanza nacional.

          Decretó: "AHORA POR TANTO, YO, BARACK OBAMA, Presidente de los Estados Unidos de América, en virtud de la autoridad que me otorga la Constitución y las leyes de los Estados Unidos, proclamo por la presente, a junio de 2012,  como el Mes del Orgullo de lesbianas, bisexuales, gay y transexuales.  Hago un llamado a la gente de los Estados Unidos para que eliminen los prejuicios que existen en todas partes y para celebrar la gran diversidad del pueblo estadounidense".

          Barack Obama se opone abiertamente a todas las cosas que Dios detesta, y se siente orgulloso por esto.  Hizo campaña con todo eso, y el pueblo norteamericano lo reeligió como presidente.  Cuando se le denominó por primera vez, era alguien prácticamente desconocido, y se valió de la astucia y el engaño para ser elegido.  Pero en el mes de noviembre de 2012, cuando todos fueron a los lugares de votación, ya era bien conocido y decidieron votar por él.

          No se trataba de depositar una papeleta, sino que las personas votaron con su corazón, con sus pasiones y con la visión nacional de lo que será Estados Unidos en los próximos cuatro años.  Con su acción confirmaron que comparten las pasiones de Barack Hussein Obama.  De que están en favor del aborto, del matrimonio entre homosexuales, de que glorifican las perversiones sexuales, y la lista continúa...

          Votaron por él porque es la manifestación de lo que está en el corazón de la inmensa mayoría de ciudadanos.  Este hombre es la encarnación de esa nación, la vida, y el aliento del desdén que respiran sus ciudadanos en contra de los mandamientos del Dios Santo de Israel.  Obama es la personificación del espíritu del Anticristo, pero les encanta.  Se mofa abiertamente del Dios de la Biblia por su amor al islam, pero las multitudes lo aclaman hasta enronquecer.

          Esta nación le ha dicho a Dios abiertamente que ya no quieren seguir sus caminos, ni someterse a sus mandamientos, y Él les dio un rey que los gobierne para que satisfagan ese deseo.  Anhelan el mal y rechazan el bien, por eso Dios les ha dado una mente reprobada.

          “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Romanos 1:28-32).

El juicio de Estados Unidos

          Como nación, este país ha sido entregado al juicio, a la inmundicia, por tener lo que dice la Biblia, una "mente reprobada".  No se arrepienten, porque consideran que no han hecho nada malo.  Esta nación se ve a sí misma como progresista, de mente abierta, sin prejuicios y sin exclusiones, y no como pecadora, rebelde en contra de Dios y su Palabra.  Han cambiado la verdad del Creador por la mentira de Satanás, y Él les ha dado un rey para que los gobierne, quien se asegurará que no puedan encontrar el camino de regreso.

          Barack Hussein Obama es el gobernante escogido por Dios para juzgar a Estados Unidos por sus pecados, y es un juicio del cual tal vez no se recuperen.  Faraón estaba seguro de su victoria, hasta el mismo momento en que él y sus hombres se ahogaron en el mar Rojo.  Estuvo engañado hasta la muerte, tal como este presidente que dirige una vez más el destino de Estados Unidos.   Pero todavía no es demasiado tarde, porque sus ciudadanos pueden despojarse del yugo de su opresión y someterse a la misericordia Divina.

          “Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apocalipsis 18:4).

          El Señor Jesucristo dijo que el fin llegaría como en los días de Noé.  Todos pueden ver el Arca enfrente de ellos, casi pueden sentir que comienzan a caer las primeras gotas de lluvia.  En su corazón saben que la tormenta se aproxima.  Yo insto a los ciudadanos de esa nación, a que se apresuren a refugiarse en el Arca y que no miren hacia atrás mientras Estados Unidos se derrumba.  Los últimos días están aquí, el juicio no se duerme.

          “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

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