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El día de mi navidad

En cierto modo, cada uno de nosotros tenemos nuestra propia NAVIDAD, ya que la palabra misma significa «NACIMIENTO». Todos nosotros solemos celebrar nuestro cumpleaños, pero es raro que hayamos descubierto cuán cierto es que tenemos nuestra propia navidad, bastante semejante a la del Señor cuyo advenimiento recordamos.

 Esta es otra razón, por qué no es tan importante el día exacto en el cual nació Jesús, pero sí, la importancia radica en que él realmente nació.

Veamos algunos de estos aspectos y quedaremos sorprendidos de la similitud que existe entre el nacimiento de nuestro Señor y el NUEVO NACIMIENTO de todo pecador redimido.

El primer paralelo: La pre-existencia de Jesús

No quiero que alguien me interprete mal. De ninguna manera estoy sugiriendo que el Señor Jesús necesitaba nacer de nuevo. Tal cosa sería la peor herejía. Lo que trato de hacer ver son los paralelos que existen entre nuestro Señor y aquellos que se identifican con él.

La Biblia nos hace ver una y otra vez que el Señor Jesucristo es Dios mismo, y por lo tanto, su existencia no comenzó en el vientre de su madre, sino en la eternidad sin principio: "Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten" (Col. 1:17).

Nunca exageramos cuando insistimos en la deidad de Cristo con todos sus atributos, y en este particular caso, su eternidad SIN PRINCIPIO.

"Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad" (Mi. 5:2). Esta declaración del profeta Miqueas está en perfecta concordancia con lo que leemos en Juan 1:1 donde dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios… Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros..." (Jn. 1:1,14a).

Otra elocuente referencia a la eternidad sin principio de nuestro Salvador, la tenemos en una respuesta a los judíos incrédulos que Él les da: "Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy" (Jn. 8:58).

La Biblia habla de la creación de todas las cosas, pero no nos dice que en algún momento, tal como ocurrió con Adán, nuestro Señor haya sido creado. Toda referencia a Él da por sentada su existencia.

Semejanza y discrepancia

Cuando nuestro Señor nació en Belén, todos sabemos que él se humanó para salvarnos, pero no se nos ocurre que allí está su origen.

Cuando un pecador recibe por la fe a Jesucristo, la Biblia dice que él (o ella) acaba de NACER DE NUEVO. Pero a nadie se le ocurre que esa persona tiene allí su origen. Ese hombre o mujer ya ha recorrido sus buenos años de vida, pero en un momento dado, Dios toca su corazón y la persona reconoce su condición perdida y recibe a Cristo como su salvador.

Este hecho, este cambio, esta decisión se llama: El nuevo nacimiento.

Para que Jesús llegara a ser el salvador era indispensable que el Señor naciera de una mujer y muriera por nuestros pecados, es decir, que tomara de lo nuestro (el cuerpo).

Pero para que el pecador reciba la salvación, le es necesario nacer, no de una mujer, sino de arriba, de Dios, del Espíritu Santo.

Nuestro nuevo nacimiento es nuestra propia navidad. De modo que, al celebrar el advenimiento de nuestro Salvador, ¡qué bueno sería que recordáramos en ese momento, el gran milagro de nuestro nuevo nacimiento!

Aun cuando el nacimiento físico de cada uno de nosotros tiene su importancia, sería una verdadera tragedia si no pudiéramos hablar del nuevo nacimiento, de aquel día cuando nos rendimos al Señor: "Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Jn. 3:3)

El segundo paralelo

Cuando nuestro Señor nació allá en Belén, la Biblia dice que hubo alabanzas de los ángeles que con gozo anunciaban el evento: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" (Lc. 2:14).

¿Sabe usted que los ángeles hacen fiesta en los cielos por cada pecador que se arrepiente?: "Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente" (Lc. 15:10).

Rara vez recordamos que el cielo está de fiesta por cada pecador que, al oír la Palabra de Dios, arrepentido, le confiesa sus pecados y le recibe por Salvador. A cambio de esta actitud, Dios le otorga el milagro del nuevo nacimiento.

Nosotros sabemos que el nacimiento de Jesús, tal como la Biblia nos lo relata, fue un milagro. Bien dijo el ángel a María que el nacimiento de su Hijo primogénito, no sería el natural que ella conocía, sino sobrenatural.

Cada cristiano es el producto, no de un proceso natural, sino sobrenatural; es el resultado de lo que hace el Espíritu Santo, no de lo que pudieran hacer los religiosos, los preceptos humanos, los ejercicios de tal o cual naturaleza.

• La religión no produce cristianos, sino religiosos.

• Las obras no producen cristianos, sino obras buenas.

• La disciplina no produce cristianos, sino gente disciplinada.

• La concurrencia al templo no produce cristianos, sino gente del templo.

• La iglesia no produce cristianos, sino gente de la iglesia, cualquiera que sea.

• La filantropía y la generosidad no producen cristianos, sino filántropos y generosos.

• La humildad no produce cristianos, sino gente humilde.

• La bondad no produce cristianos, sino gente buena.

Muchas de estas cualidades pueden ser el fruto del verdadero cristiano, pero no son en sí el medio que produce cristianos. EL CRISTIANO ES EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO, tal como lo fuera nuestro Señor en el vientre de María.

Esta es la razón porqué hay tanto en común entre el nacimiento de nuestro Señor y el nuevo nacimiento de cada cristiano.

El tercer paralelo

Dice la Biblia que al nacer Jesús, allá en Belén, no lejos de ese lugar, un grupo de humildes pastores estaban cuidando sus ovejas y fueron ellos los que, habiéndose enterado del milagroso nacimiento, concurrieron al lugar para comprobar lo sucedido: "Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre …los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado" (Lc. 2:12,15b).

La Biblia dice que el recién nacido (el pecador que acaba de ser salvo) es como un bebé, desde el punto de vista espiritual. Por eso el apóstol urge: "Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación" (1 P. 2:2).

Cada vez que vemos a aquellos que responden a la invitación del predicador, se sienten culpables ante Dios y desean su perdón y la vida eterna, sabemos que es el Espíritu Santo quien produce en los pecadores ese cambio que les permite nacer de nuevo.

Es verdaderamente lamentable que cuando esto ocurre, muy rara vez los hermanos, terminado el servicio, se acercan a quien ha dado este paso de fe, le estrechan la mano, le saludan y se ofrecen para ayudarle y orar por él o ella.

Los pastores del campo vinieron para verificar lo que se les dijo y dieron a conocer el mensaje oído acerca del niño Jesús.

• ¿Nos interesamos nosotros en la vida de un pecador que acaba de ser salvo?

• ¿Compartimos nosotros el gozo de los ángeles por un acontecimiento tan especial?

• ¿Estamos dispuestos a animar al nuevo hermano a seguir adelante?

• ¿Consideramos que la decisión que acaba de hacer el pecador es la más importante?

• ¿Es posible que la decisión de un pecador conmueva a los ángeles y no nos conmueva a nosotros?

• ¿Por qué no valoramos la decisión de un pecador cuando éste decide seguir a Cristo?

• ¿No es acaso motivo de gozo el que un pecador más acabe de nacer de nuevo?

• ¿No es acaso navidad, en todo sentido de la palabra, la regeneración de cada pecador?

Creo que los pastores de Belén nos dejan una profunda lección de cuán importante debe ser para nosotros la decisión de cada pecador que acaba de nacer del poder del Espíritu Santo. No olvidemos, el nacimiento de nuestro Señor fue un milagro y lo es también el nacimiento espiritual de cada hombre y mujer salvos.

El cuarto paralelo

Pero no todo fue tan grato cuando Jesús nació, porque muy pronto hubo quienes desaprobaron tan maravilloso nacimiento: "Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él" (Mt. 2:3).

El nacimiento de Jesús trajo alegría a los pastores, pero turbación a Herodes y otras autoridades, tanto políticas como religiosas.

El nuevo nacimiento del pecador, especialmente cuando se trata de una figura pública, alguien de autoridad, alguien destacado, es muchas veces difícil. No todos aprueban la decisión de un pecador que ostenta un alto cargo, porque al llegar a nacer de nuevo, seguramente exigirá de sus subalternos lo que es justo: honradez, honestidad, veracidad, justicia y todo aquello que para muchos políticos son términos desconocidos.

Cuando un pecador, especialmente alguien conocido, ya sea en el deporte, en el comercio, en la sociedad, en la política, si recibe por la fe a Jesucristo, será mal visto por muchos. Serán muchos los "Herodes turbados" por algo así. Si se trata de un "casi nadie", aunque el cielo lo celebre en grande, los hombres no se preocupan, pero no es lo mismo cuando alguien que ocupa un alto pedestal en la sociedad, se identifica con la fe cristiana.

Para evitar esto, Satanás ha inventado la religión con todas sus liturgias, tradiciones, costumbres y oficios. Una religión que permita que todos se sientan bien, que nadie tenga que ser torturado por su conciencia, si actúa mal.

• Todo pecador debe saber que tendrá enemigos.

• Un esposo mundano desaprobará la decisión de su esposa si recibe a Cristo.

• Una esposa que le gusta la sociedad y el mundo, cegada por su religión, desaprobará la decisión de su esposo.

• Los padres que son religiosos fanáticos, harán lo mismo si el hijo o la hija se rinden a Cristo.

• Cuando Jesús nació, no todo fue alegría y fiesta. Hubo desaprobación y turbación, hubo quienes se sintieron amenazados, molestos y disgustados.

• La salvación de un pecador no siempre es motivo de gozo para familiares y conocidos, compañeros de trabajo, colegas, vecinos, etc.

En los días cuando nació Jesús, pasados unos dos años, hubo mucho llanto porque Herodes, sintiéndose amenazado, mandó matar a muchos pequeños menores de 2 años a fin de lograr la muerte de Jesús en su tierna infancia: "Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta Jeremías, cuando dijo: Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron" (Mt. 2:17,18).

Nos equivocamos cuando, tratando de ganar a un pecador para Cristo, le pintamos una vida cristiana de gozo, gran felicidad, mucha paz, tranquilidad; de una pesada carga que se le quita y de respeto por parte de los demás. Esto ha traído mucho daño a los cristianos que esperaron librarse de problemas que ya tenían, pero lo que ocurrió, es que, al entregarse a Cristo, sus amigos los abandonaron, sus vecinos los despreciaron, incluso, en algunos casos la propia familia se aleja del cristiano como si se tratara de una plaga.

Cuando hablamos del nuevo nacimiento, de la NAVIDAD DE CADA PECADOR, nunca olvidemos que la senda del cristiano no está sembrada de rosas, sino todo lo contrario. Jesús fue claro cuando dijo: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa" (Mt. 10:34-36).

Esto no suena a muy festivo, tampoco a felicitaciones para el recién nacido del Espíritu Santo, no suena a villancicos, intercambio de regalos, cena de gala y adornos de luces, con grandes coros y orquestas celebrando un gran acontecimiento.

En el nacimiento de Jesús podemos ver prácticamente todas las experiencias que corresponden a todo cristiano. Quiero que vea lo que dice el apóstol Pedro: "Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello" (1 P. 4:14-16).

• La persona ya salva, debe asegurarse que ha entendido bien que el evangelio no la exime de sufrimientos, desprecio y falsas acusaciones.

• El cristiano que no sufre la disciplina del Señor es un cristiano inútil.

• Cuando una persona recibe a Jesucristo por salvador, en ese momento dicha persona llega a ser hijo(a) de Dios, porque acaba de nacer en su familia: "Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina?" (He. 12:7).

• Dios no tiene hijos preferidos ni indeseados ni intocables. El trata a todos como para una vida de luchas, amenazas, tentaciones y aprietos.

• Es erróneo pensar o esperar que cuando uno llega a ser cristiano, todo le irá bien siempre. Al contrario, el cristiano es tan humano como los demás, pero tiene a un Padre capaz de protegerle, acompañarle, fortalecerle y librarle.

• El cristiano es comparado con el atleta, con el labrador, con el soldado y con el discípulo.

• El cristiano no es comparado con un mendigo voluntario, un dormilón, un perezoso, alguien bien servido y atendido o alguien que se lleva bien con todos.

• El cristiano es un trabajador incansable, con frecuencia incomprendido y rechazado, admirado por los ángeles, pero despreciado por los hombres.

• Y cuanto más se identifique con Cristo, tanto menos apreciado será.

• Cuanto más busque la santidad, tanto menos comprendido será.

• Cuanto más trabaje en la obra del Señor, tanto más acusado será.

El quinto paralelo

El quinto caso que hace del nacimiento de Jesús algo que ocurre también (o debe ocurrir) en la salvación o nuevo nacimiento de cada cristiano, es la partida de José y María con el niño Jesús a Egipto: "Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo" (Mt. 2:13-15).

Esta cita en cuanto al Señor, cuando aún era un bebé, es verdaderamente llamativa, porque Egipto, ya para aquellos días, mucho antes y después, era símbolo del mundo pagano. Hoy, algunos cristianos suelen decir: «Ese hermano regresó a Egipto», cuando se refieren a algún cristiano que abandonó la iglesia, a los hermanos y como que volvió nuevamente al mundo.

Ahora bien, aunque Jesús nada tenía que ver con la mundanalidad y con "Egipto", sin embargo estuvo allí. Esto nos dice que nuestro nuevo nacimiento, nuestra propia navidad, es necesaria en nuestro propio "Egipto".

El Señor no era egipcio, pero había estado allí. Usted y yo, si somos cristianos, no somos mundanos, sin embargo estamos en el mundo, en nuestro propio "Egipto"; y estamos aquí mientras el Señor nos tenga, no queda otra alternativa.

Llegó el momento cuando el Señor le habló a José, es decir, el ángel del Señor, para que él y María, con Jesús, regresaran nuevamente de Egipto (Mt. 2:19).

Es notable que los ángeles hayan desempeñado un papel tan importante en todo esto, y ciertamente Dios usa hoy a sus… ángeles, es decir, fieles mensajeros suyos para que comuniquen a los nuevos cristianos que deben salir de su propio "Egipto", salir del mundo y vivir para él.

• Si usted nació de nuevo, si tiene su propia navidad, no viva como un mundano.

• Si nació de nuevo, no vuelva a los vicios que antes le tenían atado.

• Si nació de nuevo, no use el vocabulario que usaba antes.

• Si nació de nuevo, no se divierta como antes ni concurra a los lugares que fueron parte de su vida anterior.

• Si nació de nuevo, haga caso al mensajero de Dios (ángel) que trata de ayudarle en su nueva vida.

Resumamos los paralelos navideños

* La preexistencia

Jesús no tuvo su origen cuando María lo concibió, ya que él es eterno, sin principio. Nosotros, cuando recibimos al Señor por salvador, aunque ese es nuestro NACIMIENTO ESPIRITUAL, realmente ya hemos vivido algunos años desde nuestro nacimiento físico.

Aunque no nos estamos igualando al Señor, existe en ambos casos lo que podríamos llamar: la preexistencia.

* La obra del Espíritu Santo

En el caso de Jesús, él fue engendrado por el Espíritu Santo. En el caso del nuevo nacimiento de cada cristiano, somos el producto del Espíritu Santo, basta leer Juan 3:1-8.
 

* Cuando Jesús nació hubo gran gozo proveniente del cielo

Primero era un ángel anunciando y luego una gran cantidad de seres celestiales que cantaban gloria a Dios en los cielos. Así también cuando un pecador se arrepiente y recibe por la fe a Jesucristo, puede estar seguro que, aunque las voces no lleguen a la tierra, hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

* Los pastores que vinieron a verle

Esos humildes pastores que, viendo y oyendo lo del nacimiento del Salvador, inmediatamente se acercaron al lugar, comprobaron el hecho y hablaron de lo que se les había dicho y lo que habían visto, en relación al recién nacido Rey.

Podemos decir que el mensaje del verdadero Salvador y del verdadero evangelio es hoy anunciado, no desde las grandes catedrales con sus liturgias, ceremonias y pompas, ni siquiera en muchos de los templos y sus tele-evangelistas con gran despliegue de lujo, coros y orquestas, sino que, generalmente, los auténticos mensajeros del verdadero mensaje, son las personas más humildes, los que ni siquiera se notan en la sociedad: "Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios…" (1 Co. 1:26-28a).

Los nobles, doctores, reverendícimos y sabios, no son necesariamente lo mismo a los ojos de Dios. Él escoge a quien se deja escoger. Mientras los destacados escribas, doctores de la ley y los principales entre la jerarquía de los judíos dormían plácidamente, fueron los pastores quienes aprovecharon la manifestación divina y tuvieron contacto con el Salvador. Ellos estaban en la categoría de lo necio, débil y vil para el mundo, Dios no los consideró tales. Hoy ocurre lo mismo. Son pocos los sabios, nobles, ricos y gente de autoridad que acuden al Señor Jesucristo.

* Hubo persecución a causa de Jesús

Recordemos lo que ocurrió con Herodes, cómo procuró matar al Señor. Son muchas las filosofías que sacudieron el mundo, por ejemplo: las religiones paganas, el cristianismo papal saturado de paganismo babilónico, luego el comunismo empeñado en borrar del mapa todo vestigio de Aquel que nació en Belén; pero lo único que lograron esos ataques, fue acelerar aún más su crecimiento.

Desde el primer momento los inocentes morían a causa de la fe cristiana. Incluso a esos niños varones, menores de 2 años, sacrificados en Belén y sus alrededores, seguramente los veremos en la presencia del Señor, ¡fueron los primeros mártires sin saberlo!

* Jesús descendió a Egipto

Es verdaderamente llamativo que, mientras Egipto aparece como símbolo del mundo, nuestro Señor, siendo bebé, fue llevado hasta allí y luego regresó para cumplir otra profecía más.

Cuando nosotros llegamos a nacer de nuevo, ciertamente debemos continuar en el mundo por el tiempo que el Señor lo quiera. Estamos totalmente metidos en el mundo, aunque no somos del mundo, así como el Señor no era un niño egipcio más, sin embargo, estamos en nuestro propio "Egipto".

Lo que sucedió después, es que un ángel del Señor avisó a José que regresaran nuevamente a Israel. Esto resulta bien ilustrativo, porque Dios usará a su ángel para anunciar la partida de los hijos de Dios de este mundo, de este "Egipto", pero no con rumbo a Israel, sino para encontrarnos con él en las nubes.

• Hablar de la navidad es más que un momento festivo.

• Hablar de la navidad es más que canciones alegres y visitas a familiares

• Hablar de la navidad nos lleva a la reflexión de nuestra propia NAVIDAD.• Hablar de la navidad debe hacernos pensar en la cantidad de gente que no tiene NAVIDAD. No digo que no tienen regalos, comida abundante o algo así. De nada valen estas cosas si esa gente no puede recordar, siquiera por un momento, su propia navidad, es decir, el momento cuando él (ella) se entregó a Jesucristo, naciendo de nuevo a fin de pertenecerle para siempre

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