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Exorcismo

Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Os conjuro por Jesús, el que predica Pablo. 

Había siete hijos de un tal Esceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto.  Pero respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo; pero vosotros, ¿quiénes sois?  Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.  Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Éfeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y era magnificado el nombre del Señor Jesús.  Y muchos de los que habían creído venían, confesando y dando cuenta de sus hechos.  Asimismo muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; y hecha la cuenta de su precio, hallaron que era cincuenta mil piezas de plata.  Así crecía y prevalecía poderosamente la palabra del Señor” (Hch. 19:13-20).

1.  Los endemoniados realmente existieron, especialmente en los días del ministerio del Señor y todo el tiempo de los apóstoles.
2. Siempre existieron los “aprendices de echadores de demonios”, pero han resultado tan eficaces como estos engañadores hijos de un tal Esceva.
3. Como no eran mejores que el endemoniado mismo, no lograron con él.  Al contrario, los dejó “desnudos y heridos”, aunque invocaron a Pablo y a Jesús, pero de nada les sirvió.
4. Mientras tanto, los que creían en Cristo venían confesando sus pecados y quemaron sus libros de magia y ocultismo.

 OTRO ENGAÑO 

      “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.  Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo.  Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.  Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad.  Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande.  A éste oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es el gran poder de Dios.  Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado mucho tiempo.  Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres”(Hch. 8:4-12). 

     Cuando esos espíritus inmundos (demonios) se enfrentaron con cristianos sencillos, quienes proclamaban Su nombre, salían “dando grandes voces”.

     No se necesitaba ningún exorcismo.  El peligro del hombre es doble cuando hablamos de este tema: Pretender que el demonio no existe y que no hay tal como demonismo.  Esto equivale a decir que el diablo no existe.  Pero la Biblia habla ampliamente de su existencia y cómo opera.

•   ¿La solución?:
•   No son los rezos
•   No son los... «¡te mando!»
•   No son las velas prendidas con curas, carismáticos y pentecostales para echarlos.
•   No son algunos artes mágicos para obtener la liberación.
•   Tampoco es llevar colgando del cuello un crucifijo.

     Notemos lo que relató Jesús en Mateo 12:43-45: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.  Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada.  Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.  Así también acontecerá a esta mala generación”.

     Los demonios no temen a los gritos que podamos darles a modo de orden para que abandonen a algún poseído, si tal fuera el caso.  El único quien puede librar es el Señor cuando se adueña del poseído: “Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba.  Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.  Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno?  ¿Has venido para destruirnos?  Sé quién eres, el Santo de Dios.  Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él!  Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él.  Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto?  ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?  Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea” (Mr. 1:21-28).

     La Biblia dice que incluso muchos demonios pueden habitar en la misma persona: “Vinieron al otro lado del mar, a la región de los gadarenos.  Y cuando salió él de la barca, en seguida vino a su encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aun con cadenas.  Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar.  Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras.  Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él.  Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?  Te conjuro por Dios que no me atormentes.  Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.  Y le preguntó: ¿Cómo te llamas?  Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.  Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región” (Mr. 5:1-10).

     Los versículos siguientes muestran cuán poderosos son al entrar en los cerdos que eran como dos mil.

     Efesios 6:12 es una declaración que debemos tener en cuenta: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”.

     ¿Quién puede ayudar a un endemoniado para que se libere?  Únicamente Jesucristo, pero jamás podrá ayudar alguien que difunde doctrinas de demonios: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad” (1 Ti. 4:1-3).

     Los demonios saben quién los puede derrotar, porque ellos definitivamente son “creyentes”: “Tú crees que Dios es uno; bien haces.  También los demonios creen, y tiemblan” (Stg. 2:19).

            Los demonios desempeñan altos cargos en los gobiernos y son ellos los que nos traen tanto dolor por las decisiones que toman verdaderas potencias mundiales al igual que los países pobres: “Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (Ap. 16:13, 14).

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