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¿Es posible ser salvo, sin creer en el Señor Jesucristo?

Una doctrina muy popular promovida ahora entre los católicos, gracias al Papa Francisco, es “¡Qué podemos ser salvos aunque no creamos en el Señor Jesucristo!”.  El 11 de septiembre del año 2013, exactamente a los seis meses de haber sido elegido Papa, el pontífice católico le escribió una extensa carta a Eugenio Scalfari, exmiembro del parlamento italiano y fundador del periódico La Reppublica, en la que enfatizaba “Que las personas que no creían en Dios serían perdonadas por Él si seguían lo que les dictaba sus conciencias”.  En otras palabras, “¡Qué podían ir al cielo sin necesidad de creer en el Señor Jesucristo!”.

Contestando a una lista de preguntas que le hiciera el señor Scalfari, quien no es católico romano, Francisco respondió: “Usted me pregunta si el Dios de los cristianos perdona a aquellos que no creen en Él, ni le buscan con fe.  Permítame decirle, y esto es fundamental: que la misericordia de Dios no tiene límites si usted se acerca a Él con un corazón sincero y contrito.  El problema para aquellos que no creen en Dios, es obedecer su conciencia’.

“El pecado, incluso para esos que no tienen fe, existe cuando las personas desobedecen su conciencia”.

Robert Mickens, corresponsal en el Vaticano para la revista católica The Tablet, dijo que los comentarios del pontífice son una prueba más de sus intentos por sacudir la imagen de la iglesia católica, la que fuera reforzada por su extremadamente conservador predecesor Benedicto XVI.  Agregando: “Francisco  sigue siendo un conservador, pero de lo que se trata todo esto, es de que él busca tener un diálogo más significativo con el mundo”.

En su respuesta a la carta del papa Francisco, el señor Scalfari agregó “Que los comentarios del Papa eran una prueba más, de su capacidad y deseo de superar las barreras y dialogar con todos”.

Cuando le preguntaron a Francisco sobre la sexualidad, puso de manifiesto su actitud “progresista” y respondió: “Si alguien es homosexual y está buscando al Señor... ¿quién soy yo para juzgarlo?”.

Los emergentes

Otros quienes también promueven esta misma “doctrina” son los evangélicos emergentes y contemplativos.  La idea de que un pecador puede ser salvo por medio de Cristo, sin de hecho creer en Él.

Tony Campolo, quien en un tiempo fuera un pastor bautista altamente reconocido en Estados Unidos, consejero espiritual del presidente Clinton, y quien ahora es un “cristiano emergente”, le dijo al reportero del periódico Edmonton Journal de Alberta, Canadá, y así fue publicado en un artículo titulado  “Evangélicos diferentes: ‘Que nadie puede estar seguro de quién irá al cielo’”.

Cuando el reportero del diario le preguntó: “¿Cree que quienes no son cristianos pueden ir al cielo?”.  Campolo replicó: “Esa es una buena pregunta para hacer, porque lo que creemos y sostenemos es, que confiamos en que Jesús es el único camino al cielo.  Sin embargo, no sabemos a quién llevará Él al reino y a quién no.  Debemos ser muy, pero muy cuidadosos, respecto a pronunciar juicio contra alguien, dejemos el juicio en las manos de Dios.  Decimos que Jesús es el camino.  Lo predicamos, pero no tenemos forma de saber a quién le será extendida la gracia de Dios”.

¡Todo esto no son más que habladurías contradictorias de los emergentes!   Si creemos que “Jesús es el camino al cielo”, entonces definitivamente debemos saber a quién llevará al Reino, y serán esos que confían en Él, y no entrará ninguno de los que no confiaron en Él.   En cuanto a no juzgar a las personas, no es nuestro juicio, es el de Dios.

El norteamericano Brian McLaren, autor, activista y líder de la iglesia emergente, dice en la página 92 de su libro Una nueva clase de cristiano: “Yo realmente no creo que sea asunto nuestro, estar pronosticando el destino de alguien más” y pasa a citar una novela del señor C.S. Lewis, el autor de Las Crónicas de Narnia, como su autoridad.  En esta novela, el personaje era un soldado que había servido a un dios falso llamado Tash toda su vida, pero a pesar de eso fue aceptado por Aslan, quien representa a Cristo.

Y ésta fue la porción que citó el señor McLaren: “‘¡Ay de mí, Señor, no soy hijo tuyo sino siervo de Tash’ - Él le respondió: ‘Hijo todo el servicio que has hecho para Tash, yo lo reconozco como servicio hecho para mí... Por consiguiente, si algún hombre jura por Tash y mantiene su juramento, es por mí por quien juró realmente, aunque no lo sepa, y soy yo quien lo recompensa”.

Según el señor Clives Staples Lewis, quien es profundamente amado por todos los miembros de la iglesia emergente, un individuo puede ser salvo, incluso si sigue una religión falsa en esta vida y no hace profesión de fe en el Señor Jesucristo.

En la página 46 del libro Escuchando las creencias de las iglesias emergentes, la escritora Karen Ward dice: “Afirmo que no hay otro Salvador que Jesucristo, pero al mismo tiempo, no siento necesidad de saber con certeza cuál será el destino final de esos de otros credos religiosos, quienes - o no tienen conocimiento de Cristo o no aceptan los reclamos de los cristianos de la expiación”.

Ésta es la habladuría típica de la iglesia emergente.  Ward piensa que es posible sostener estas contradicciones en perfecta armonía, pero es imposible.  Si el Señor Jesucristo es el único Salvador, entonces podemos saber con certeza el destino final de esos que no creen en Él, ni le aceptan como su Salvador: ¡Y su destino final es el infierno!   ¡Éstas no son nuestras palabras, sino las del Dios Todopoderoso tal como están reveladas plenamente para nosotros en la Escritura!

En la página 130 del libro Espiritualidad cuántica, su autor Leonard Sweet, teólogo e historiador de la iglesia dice: “Uno puede ser un discípulo fiel de Jesucristo, sin negar esas cosas sagradas en los seguidores de Yavé, Kali o Krishna”.

Pero... ¿qué significa esto? ¿Acaso “estas cosas sagradas” colocan a sus adherentes en una relación salvadora con el Dios Todopoderoso y los llevarán al cielo?

Henri Nouwen, un sacerdote holandés católico, profesor, escritor y teólogo, cuyos escritos son citados constantemente por la iglesia emergente y el movimiento contemplativo, dice en la página 51 del libro Jornada Sabática, publicado en 1998: “Hoy, yo creo personalmente que mientras Jesús vino para abrir la puerta hacia la casa de Dios, TODOS LOS SERES HUMANOS PUEDEN CAMINAR A TRAVÉS DE ESTA PUERTA, ASÍ CONOZCAN O NO CONOZCAN A JESÚS.  Hoy, veo que mi llamado es, prestar ayuda para que cada persona reclame su propio camino hacia Dios”.

Dallas Willard, un filósofo norteamericano quien también escribe artículos sobre formación cristiana, igualmente sostiene esta herejía.  En una entrevista con la revista Apologética en Acción, del ministerio La Espada del Espíritu, dijo: “Yo todavía tengo conflicto, respecto a cómo debemos ver a esos que tienen otras creencias.  No estoy seguro si los puedo condenar como si estuvieran equivocados.  Conozco algunos budistas muy buenos. Y me pregunto: ¿Cuál será su destino?”.

Y a su pregunta, él mismo responde: “No me voy a interponer en el camino de nadie a quien Dios desea salvar.  No voy a decir que Él no puede salvarlos.  Me siento feliz cuando Dios salva a alguien que desea en la forma cómo pueda.  ES POSIBLE QUE ALGUIEN QUE NO CONOCE A JESÚS SEA SALVO.  Pero cualquiera que sea salvo, va a serlo por Jesús”.

Refutando esta herejía

La idea de que alguien que no conoce a Jesús, ni le ha recibido como su Señor y Salvador, puede ser salvo, tal vez suene sensata y compasiva, pero es rechazada plenamente por la Escritura, por lo tanto se trata de un sueño absurdo.  “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). 

El nuevo nacimiento es un evento espiritual muy real, y ocurre sólo cuando un pecador conscientemente deposita su fe en el Señor Jesucristo como su Señor y Salvador.  En el mismo pasaje, Jesús explicó cómo nacer de nuevo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Él afirmó con toda claridad: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).

Si una persona no cree conscientemente en Jesucristo ni le acepta como su Señor y Salvador, es condenado.  Jesús concluyó ese sermón diciendo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). ¡Nada puede ser más claro!

El Señor dijo además: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10:9).

Un hombre puede entrar por medio de Cristo y encontrar aceptación con Dios, porque cualquier otra puerta lleva a la destrucción.  Decir que un individuo puede obtener la salvación por medio de Cristo y no saberlo, es tanto ridículo como contrario a la Escritura.

El apóstol Juan dijo: “El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.  Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.  El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:10-12).

La persona que tiene al Hijo, es el que cree en el Hijo, y quien no lo tiene, es quien no cree en Él.  No hay tal cosa como “fe inconsciente salvadora”.

Simplemente, no hay otro medio de salvación que depositar la fe en el Señor Jesucristo y recibirle en tal forma que se experimente el nuevo nacimiento.

Tenga mucho cuidado de esos que rehúsan aceptar las enseñanzas claras de la Palabra de Dios. ¡Son herejes, no importa cuán inteligentemente encubran su incredulidad!

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