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Hechos sobre el nacimiento del Salvador

Cada año durante el tiempo de Navidad, es importante recordar todas las profecías maravillosas concernientes al nacimiento del Señor Jesucristo, ya que ellas confirman su Deidad y la fidelidad de Dios.  A continuación examinaremos algunas de esas profecías.

El tiempo del nacimiento del Mesías fue indicado en Génesis 49:10 por las palabras que le expresó Jacob en su lecho de muerte a su hijo Judá.  Le dijo: “No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos”.

El término “Siloh” fue reconocido por los rabinos judíos como un título Mesiánico.  El “cetro” se refiere al poder judicial de la nación.  Es así, como esta profecía declara que el Mesías llegaría en un tiempo en que la nación de Israel estaría desposeída de su poder judicial.

A pesar de que Judá fue privado de su soberanía nacional durante el período de setenta años que permaneció cautivo en Babilonia, nunca perdió su cetro, porque durante ese tiempo se le permitió tener sus propios jueces.  El escritor cristiano y apologista Josh McDowell,  en su libro Evidencia que exige un veredicto, señala que “El primer signo visible del principio de la remoción del cetro de Judá, tuvo lugar cuando Herodes el Grande, quien no tenía sangre judía, sucedió a los príncipes macabeos que pertenecían a la tribu de Leví y quienes fueron los últimos reyes judíos en reinar en Jerusalén”.

El momento decisivo fue, poco después de la muerte de Herodes, cuando en el año 7 de la era cristiana, los romanos privaron de su poder al Concilio del Sanedrín en Judá para decretar la pena de muerte.  Fue así como el cetro - el supremo poder judicial - fue quitado de Judá.

Esto se menciona incluso en el Talmud - la tradición oral judía.  El Talmud  declara que en esta ocasión los miembros del Sanedrín se vieron abrumados por “una consternación general”.  También está registrado que “ellos cubrieron sus cabezas con ceniza y sus cuerpos con cilicio, exclamando: ‘¡Ay de nosotros, porque el cetro se ha apartado de Judá, y el Mesías no vendrá!’”.

Lo que ellos no advirtieron, fue que Jesús el Mesías, ya había nacido alrededor del año 4 antes de la era cristiana, durante los últimos años del reinado de Herodes, tal como dice Mateo 2:1a.  “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes...”   Por lo tanto “Siloh” había llegado un poco antes de que fuera quitado el cetro - ¡exactamente como fue profetizado!

El lugar de nacimiento

El lugar del nacimiento del Mesías también fue profetizado con precisión quinientos años antes por el profeta Miqueas, quien dijo: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2).

¿Alguna vez se ha preguntado que significa el término “Efrata” en este pasaje?  Es una designación geográfica para indicar a cuál Belén es a que se refiere la profecía.  Es como diferenciar entre Asunción, Paraguay, y la provincia de Asunción en Perú.   El punto es, que había otro Belén en el territorio de Israel en el área norte cerca del mar de Galilea, el cual le había sido otorgado a la tribu de Zabulón.

Al especificar el área de Efrata, la profecía de Miqueas dejaba claro que el Belén que sería la cuna del nacimiento del Mesías, sería ese al sur de Israel, cerca de Jerusalén.   En cumplimiento preciso de esta profecía, Mateo nos dice que “... Jesús nació en Belén de Judea...” (Mateo 2:1a).

El nacimiento virginal

Probablemente no hay otro aspecto de la fe cristiana que haya sido más objeto de abuso que la doctrina del nacimiento virginal de Jesús.  El mundo, claro está, hace mofa del concepto, y trágicamente muchos que profesan ser cristianos.  Creemos que es correcto decir, que son la mayoría de creyentes liberales, voceros representantes de las principales denominaciones, quienes rechazan la idea del nacimiento virginal por considerarlo un burdo intento de los discípulos ignorantes del primer siglo por atribuirle Deidad a Jesús.

Pero... ¿Es esta creencia central o periférica? ¿Es el nacimiento virginal central a la fe cristiana, o es sólo un asunto periférico que debemos relegar al reino de la opinión?  Creemos que es absolutamente esencial para la fe, ya que testifica la identidad de Jesús, es decir que era Dios en la carne.

No se equivoque al respecto, si Jesús no era Dios, entonces su sacrificio por los pecados no tuvo significado alguno.  Ningún hombre imperfecto podía morir y expiar nuestras culpas, porque su muerte no habría servido para apaciguar las demandas del Creador por justicia.  Quien cargó con nuestros pecados tenía que ser un hombre perfecto, y por eso debía ser Divino.  Los profetas hebreos hicieron hincapié en la Divinidad del Mesías, dijeron por ejemplo:
- “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel” (Isaías 7:14).

- “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).

-“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad” (Miqueas 5:2).

Incluso el propio Señor Jesucristo, cuando se encontró con la samaritana en Sicar, junto al pozo de Jacob, y le reveló muchas cosas concernientes a su vida, admitió que era el Mesías.  "Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.  Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo" (Juan 4:25 y 26).

Eso mismo le declaró al sumo sacerdote: “Mas él callaba, y nada respondía.  El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito?  Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.  Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos?  Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece?  Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte” (Marcos 14:61-64).

Si Jesús era el Mesías, tal como vimos que confirmó Él mismo, entonces tenía que ser Dios en la carne.  Eso requería una concepción milagrosa, porque todas las personas engendradas por padres humanos, nacen con la naturaleza pecaminosa. Tal como dijo el rey David por inspiración divina: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51:5).  Y como declaró Pablo sobre nuestra condición antes de ser hijos de Dios: “Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:3).

El ataque de Satanás

Satanás odia la doctrina del nacimiento virginal, porque la misma claramente señala la Divinidad de Jesús.  Él ha hecho todo lo posible para socavar su validez.   Su arma más efectiva ha sido levantar burladores y escarnecedores en el propio corazón del cristianismo, es decir desde los púlpitos.  La forma usual como lo hacen, es ridiculizando la historia de la Navidad como un producto de la imaginación de unos discípulos ignorantes.

Pero... ¿Puede un creyente verdadero negar el nacimiento virginal?  Esta pregunta ha dejado perplejo a muchos cristianos a lo largo de los siglos, pero la negación moderna de esta verdad hace que sea trágicamente significativa.  De todas las doctrinas bíblicas, la concepción virginal del Señor Jesucristo ha sido el blanco específico de las acometidas de los modernistas.

Estos ataques comenzaron como consecuencia del período al que se le llamó “El siglo de las luces”, el cual fue denominado así por su declarada finalidad de disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón.  Fue entonces cuando algunos teólogos trataron de armonizar el anti-supernaturalismo de la mente moderna, con la enseñanza de la iglesia acerca de Cristo.  La gran búsqueda de los teólogos liberales ha sido inventar a un Jesús que ha sido desposeído de todo poder sobrenatural, deidad y autoridad.

La fuente de origen de su búsqueda incluye figuras tales como Albert Schweitzer, quien nació en 1875 y murió en 1965.  Fue un teólogo alemán-francés, músico, filósofo y médico. Asimismo a Rudolf Karl Bultmann, quien nació en 1884 y murió en 1976, un teólogo alemán de trasfondo luterano.  Ambos fueron considerados como los dos eruditos más influyentes del siglo veinte, en materia de Nuevo Testamento.  Bultmann argumentó que el Nuevo Testamento presenta un punto de vista mitológico que el hombre y la mujer modernos, no pueden aceptar como real.  Aseguró que el nacimiento virginal es simplemente parte de esta estructura mitológica, y urgió para que se implantara su programa para acabar con estos mitos, a fin de construir una fe liberada de milagros y de todo vestigio de lo sobrenatural.  Redujo a Jesús a un maestro iluminado y un modelo existencialista.

En Estados Unidos, la negación pública del nacimiento virginal se remonta a la aparición del protestantismo liberal a principios del siglo veinte.  En su famoso sermón “¿Ganarán los fundamentalistas?”, Harry Emerson Fosdick, quien nació en 1878 y murió en 1969, un liberal descarado, enfocó su atención en debatir el nacimiento virginal.

La predicación de Fosdick, desde el púlpito de la Primera Iglesia Presbiteriana en la ciudad de Nueva York, permitía que los cristianos “sostuvieran diferentes puntos de vista acerca del nacimiento virginal”.  Aceptó el hecho que muchos en la iglesia creían que Jesús había nacido de una virgen como algo históricamente cierto y teológicamente significativo.  Fosdick asoció esta creencia a la confianza de ellos, en un “milagro biológico especial”.

No obstante, insistía que otros igualmente cristianos, podían no estar de acuerdo con esos que creían que el nacimiento virginal era algo históricamente cierto.  Y dijo: “Pero lado a lado con esos en las iglesias evangélicas, está un grupo de personas igualmente leales y reverentes, que dicen que el nacimiento virginal no puede ser aceptado como un hecho histórico.  Creer en el nacimiento virginal para referirse a una gran personalidad, era una de las formas acostumbradas por las personas en la antigüedad para justificar la superioridad extraordinaria y fuera de lo común de alguien”.

Fosdick explicaba, que esos que negaban el nacimiento virginal sostienen patrones específicos de razonamiento, y agregaba: “... Esos primeros discípulos adoraban a Jesús - tal como hacemos nosotros; cuando pensaban en su venida, estaban seguros que provino especialmente de Dios - tal como nosotros; sin embargo ellos asociaron esto en términos de un milagro biológico, algo que nuestras mentes modernas no pueden aceptar”.

Fue así como el señor Fosdick dividió la iglesia en dos campos: Esos a quienes llamó fundamentalistas porque creían en el nacimiento virginal como un hecho histórico, y el otro que incluía a los “cristianos iluminados”, quienes no creían que la Biblia era la Palabra inspirada de Dios, y descartaron este “milagro biológico”, pero que al mismo tiempo se consideraban cristianos.


Los ataques contemporáneos sobre el nacimiento de Cristo, han provenido de figuras tales como el obispo episcopal norteamericano John Shelby Spong y el erudito alemán del Nuevo Testamento Gerd Luedemann.  Luedemann reconoce que “una gran mayoría de ‘cristianos’ en todas las iglesias en el mundo, cuando recitan el Credo de los Apóstoles, confiesan que Jesús nació de la virgen María.  Pero que ahora los cristianos modernos, descartan por completo la historicidad del nacimiento virginal, y lo entienden en un sentido figurado”.

Obviamente, los “cristianos modernos” a quienes Luedemann identifica, son esos que propagan el punto de vista moderno secular, de que la Biblia debe ser ajustada para que se adapte a la realidad.  Esas doctrinas que no se acoplan fácilmente a la estructura secular, son descartadas de inmediato.  El principal promotor de todo esto en la actualidad es la iglesia emergente.

Como se podía esperar, la negación de Luedemann de las verdades bíblicas, no se limita al nacimiento virginal, sino que virtualmente niega todo lo que la Biblia revela sobre el Señor Jesucristo.  Al resumir su argumento declara: “La tumba estaba ocupada y el pesebre vacío”.  Esto para decir que no cree que Jesús nació de una virgen, mucho menos que resucitó de entre los muertos.

Otro ángulo de ataque sobre el nacimiento virginal ha provenido de un grupo radical de “eruditos” quienes se han organizado en lo que se conoce como el “Seminario de Jesús”.  Estos liberales aplican una forman radical de interpretación y niegan que el Nuevo Testamento sea en alguna forma una fuente confiable de conocimiento sobre Jesús.

El “erudito” católico romano John Dominic Crossan, un miembro del Seminario de Jesús, descarta las narrativas bíblicas acerca del nacimiento virginal por considerarlo una teología inventada.  Reconoce que Mateo explícitamente traza el nacimiento virginal hasta la profecía de Isaías 7:14, que declara que “el Mesías nacería de una virgen”, y explica que el autor del Evangelio de Mateo simplemente “inventó esta teología”, añadiendo: “Es claro que el autor de Mateo fue a buscar en el Antiguo Testamento por un texto que pudiera ser interpretado como una profecía de una concepción virginal, a pesar de que ese nunca fuera su significado original.  Alguien ya había decidido sobre la importancia trascendental del Jesús adulto y buscó por un texto que de alguna forma se ajustara al significado de la concepción y el propio nacimiento”.

Crossan asegura que ni Mateo ni Lucas pueden ser tomados con seriedad histórica, y admite que la doctrina bíblica del nacimiento virginal constituye un obstáculo insuperable que las personas modernas encuentran en el Nuevo Testamento.  Al igual que con Luedemann, el rechazo de Crossan al nacimiento virginal es sólo un indicio de lo que realmente cree.  En su libro Jesús: Una biografía revolucionaria,  Crossan presenta un relato de Jesús que no ofendería a ningún libre pensador o ateo.  Obviamente, su visión no tiene semejanza alguna con el Nuevo Testamento.

Para otros, el rechazo al nacimiento virginal está relacionado con una ideología específica.  En su libro La ilegitimidad de Jesús: Una interpretación feminista teológica de narrativas de la infancia, Jane Schaberg acusa a la iglesia de inventar la doctrina del nacimiento virginal a fin de subordinar a las mujeres.  Y así es como ella lo resume: “La acusación de las feministas contemporáneas, entonces, no es que la imagen de la Virgen María no tenga importancia o sea irrelevante, sino que contribuye, y es una parte integral para oprimir a las mujeres”.

Schaberg declara que la concepción de Jesús, muy probablemente fue el resultado de una relación extramarital o una violación, enfatizando la última posición y adoptando  una fantasía feminista en la cual María es la heroína que vence. Schaberg ofrece un modelo trágico pero instructivo de lo que ocurre cuando la ideología personal prevalece sobre el texto bíblico.  Su agenda básica no es el asunto del nacimiento virginal del Señor Jesucristo, sino usar esta historia bíblica para propósito de su agenda feminista.
El obispo Joseph Sprague de la Iglesia Metodista Unida ofrece evidencia adicional de la herejía moderna.  En un discurso que ofreciera el 25 de junio de 2002, ante la Escuela Iliff de Teología en Denver, Colorado, este obispo negó las doctrinas más básicas de la fe.  Sprague, quien sirve como obispo presidente de la iglesia metodista en el norte de Illinois, ha sido reconocido como “el prelado más liberal y prominente en el protestantismo hoy”.  Él se siente orgulloso por esta designación y la acepta como un halago, añadiendo: “No tengo por qué excusarme por eso.  No me considero como un liberal, sino como un radical”.

En su discurso en Iliff, Sprague aseguró que “el mito del nacimiento virginal nunca se pretendió que fuera un hecho histórico, sino que fue empleado por Mateo y Lucas en formas diferentes, para señalar en forma poética la verdad acerca de Jesús”.   Sprague lo definió, no como un mito teológico,“o una presentación falsa, sino como un instrumento literario válido y completamente persuasivo, empleado para señalar la última verdad que sólo puede ser insinuada simbólicamente y nunca representada exhaustivamente”.

Sprague insiste en que el Señor Jesucristo nació de padres humanos y que no poseía ningún tipo de poderes sobrenaturales.  Descarta enteramente, tanto su nacimiento virginal como su resurrección física.  Su Cristología es explícitamente herética, dice: “Jesús no nació como el Cristo, sino que por la confluencia de la gracia con la fe, se convirtió en Cristo, el amado de Dios, en quien se complació”.  Exactamente lo mismo que enseña la iglesia emergente.

Este hombre fue acusado de herejía, pero en dos ocasiones ha sido liberado de cargos, lo cual es una señal clara de que las principales denominaciones protestantes son incapaces de acusar como a herejes, ni siquiera a esos que están enseñando abiertamente doctrinas erróneas.  La presencia de teólogos y pastores en los púlpitos y seminarios teológicos que enseñan herejías, es evidencia de la ola de incredulidad que marca a tantas instituciones e iglesias en nuestro tiempo.

Pero... ¿Puede un cristiano verdadero negar el nacimiento virginal?  La respuesta a esa pregunta es un ¡no definitivo!   Quienes hacen eso, rechazan la autoridad de la Biblia, porque al hacerlo están socavando el propio fundamento del Evangelio, ya que no hay forma de explicar la Deidad de Cristo.

Cualquiera que diga que se puede descartar el nacimiento virginal, y al mismo tiempo afirmar la Deidad de Cristo, es o intelectualmente deshonesto o teológicamente incompetente.

Hace varios años, Cecil Sherman, un bautista del sur, quien más tarde se convirtió en el primer coordinador de la Comunidad Bautista Cooperativa - declaró: "Un maestro puede ser guiado por la Escritura, y no creer en el nacimiento virginal, por lo tanto no debe ser despedido".  Analice bien la lógica de esa declaración, porque... ¿Cree usted que es posible, que un cristiano puede ser guiado por la Biblia y al mismo tiempo negar lo que el texto sagrado enseña?  Este tipo de lógica es lo que ha permitido que esos que niegan el nacimiento virginal se sienten cómodamente en los seminarios de teología liberal y prediquen a un Cristo desposeído de su Deidad desde los principales púlpitos.

Los cristianos deben enfrentar el hecho, que la negación del nacimiento virginal es una negación de Jesús como Cristo.  El Salvador, quien murió por nuestros pecados, fue un niño concebido por el Espíritu Santo y nacido de una virgen.  Su nacimiento virginal no permanece sólo como una doctrina sino que es una parte crítica de la revelación bíblica acerca de la persona y obra del Señor Jesucristo.   Con ella el Evangelio o permanece o sucumbe.
Aceptar este punto de vista hereje es hacer desaparecer casi por completo la autoridad de la Biblia, y la propia verdad, remplazándola con un punto de vista secular de la era moderna.  La iglesia verdadera está fundada sin apología sobre la autoridad de la Biblia y declara que Jesús “nació de una virgen”.  Aunque la negación de esta doctrina trágicamente ahora es algo común, la verdad histórica del nacimiento de Cristo permanece inviolable, ningún cristiano verdadero puede negar este hecho.

Obviamente, el Señor anticipó este ataque a su Palabra, por eso el Espíritu Santo inspiró a un hombre muy especial para que nos diera todos los detalles concernientes al nacimiento de Jesús.  Ese hombre fue Lucas, ¡quien “por casualidad era médico”!   ¿No le parece increíble?

Piense en esto, el principal defensor del nacimiento virginal fue un hombre educado, quien entendía plenamente los aspectos biológicos de la concepción y el nacimiento.  Era la persona, que habría sido la más escéptica, en caso de que todo esto del nacimiento virginal fuera una leyenda.

También es de gran importancia el hecho, que el nacimiento virginal del Mesías fue profetizado por los profetas hebreos.  Esto descarta la idea de que se trataba de un concepto nuevo fabricado por un grupo de pastores analfabetos y  supersticiosos.

El concepto en la profecía

La primera mención a esto, lo encontramos en Génesis 3:15, cuando Dios le dice a Satanás que la redención de la humanidad tendrá lugar por medio de “la simiente de la mujer”.
El profeta, también deja este punto bien claro en Isaías 7:14b donde declara: “... He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel”.  Es cierto que la palabra que usó Isaías para “virgen”, también puede interpretarse como joven soltera o doncella, pero cuando un grupo de rabinos tradujo este versículo en griego, en lo que se conoce como la Septuaginta, la versión de las Escrituras Hebreas, alrededor del año 258 antes de Cristo, usaron una palabra griega que sólo puede traducirse como “virgen”.  Asimismo cuando Mateo citó este versículo en su Evangelio, usó el mismo vocablo griego cuya traducción única es virgen. 

Una tercera profecía se encuentra en Jeremías 31:22b: “... Porque Jehová creará una cosa nueva sobre la tierra: la mujer rodeará al varón”.  Aunque esta es una profecía más bien enigmática, los rabinos judíos a lo largo de los siglos la han interpretado para significar que el Mesías tendrá un origen milagroso.  Tal como lo dijo un rabino: “La concepción del Mesías será como el rocío de Dios sobre una mujer”.

La evidencia bíblica

La mejor evidencia del nacimiento virginal la encontramos en el registro de la Escritura. Considere primero la reacción inmediata de María ante el anuncio de Gabriel: “Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS...  Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón” (Lucas 1:31,34).  María debe haber sido una mujer muy joven, prácticamente una adolescente, pero tenía conocimiento cómo se concebía un hijo, por consiguiente sabía que se necesitaba la intervención del varón.  Fue por eso que el ángel le respondió: “Porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).

La evidencia adicional de la inocencia de María, podemos encontrarla en la primera acción que tomó cuando descubrió que estaba embarazada, que se apresuró a visitar a Elisabet.   “En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet” (Lucas 1:39 y 40). ¡Ella fue de prisa a compartir la noticia con su familia!  Ahora piénsenlo: ¿Cuántas jovencitas que quedan embarazadas sin casarse se comportan de esta manera?  Usualmente se sienten sobrecogidas por la vergüenza y lo único que desean es esconderse. ¡Ciertamente no quieren compartir esto con sus familiares!

Incluso, aún más significativo es la clase de familiares que María escogió para visitar.  El jefe de la familia era un sacerdote de nombre Zacarías.  Tenga en mente que aunque María sólo estaba desposada con José y todavía no había consumado su matrimonio, de acuerdo con la Ley de Israel era considerada como casada.  Si quedaba embarazada durante este período, era estimada como una adúltera y merecía ser apedreada o divorciarse.  En otras palabras: o enfrentaba la muerte o la humillación.   Pese a todo, acudió presurosa a la casa de un sacerdote con la noticia de su embarazo.  Si hubiera sido culpable de adulterio, Zacarías como sacerdote tenía la responsabilidad de darlo a conocer, pero es obvio que esto de ninguna manera preocupaba a María debido a su inocencia.


Otra prueba de su falta de culpa, la encontramos en la descripción de su llegada a la casa de Zacarías, en donde su esposa Elisabet tenía seis meses de embarazo y esperaba a Juan el Bautista, y dice el texto sagrado, que “... Aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.  ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?  Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre” (Lucas 1:41-44).

Una porción adicional de la inocencia de María la encontramos en los versículos que siguen a continuación, en donde Lucas registra el glorioso cántico de alabanza que expresó María ante el Señor y en presencia de Elisabet: “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; y  mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.  Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, y su misericordia es de generación en generación a los que le temen.  Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.  Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.  A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos.  Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre” (Lucas 1:46-55). ¿Cuándo ha escuchado que una joven embarazada sin haberse casado, entone una alabanza como esta?

Un llamado a la fe

La evidencia del nacimiento virginal presentada por el doctor Lucas es sencillamente abrumadora.   Sin embargo si todo esto no es suficiente para demostrar el nacimiento virginal del Señor, entonces debemos aceptarlo finalmente por fe - pero no por fe ciega, sino por esa basada en evidencia real y el testimonio del Espíritu Santo, porque tal como el ángel Gabriel le dijo a María: “Porque nada hay imposible para Dios”.

Lo que la humanidad necesita hoy desesperadamente es una fe como de niño, como la de María.  Otra cosa que le urge, es la disponibilidad de María para permitir que Dios haga su voluntad en sus vidas, a pesar de las circunstancias.  Recuerde sus palabras valientes: “... He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra...” (Lucas 1:38b).  María dijo esto, sabiendo que podían ejecutarla o sufrir la humillación pública.  No asombra entonces que la llamen “bienaventurada” todas las generaciones.

El significado

Una cosa es cierta: El nacimiento virginal no es algo irrelevante, sino que es fundamental en la Deidad de Jesús, y ésto a su vez es esencial en la redención, ya que sin ella su muerte no tendría significado alguno.   Pablo asocia todo esto, al decir: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gálatas 4:4 y 5).

Negar el nacimiento virginal es rechazar la Deidad de Jesús, porque sin esto el Señor sería un hombre más, con naturaleza pecaminosa heredada por Adán, y si Jesús es sólo un hombre no habría esperanza para ninguno de nosotros.

La naturaleza del nacimiento

También había sido profetizado que el niño especial que nacería en Belén sería tanto Divino como humano.  El profeta Daniel enfatizó la humanidad del Mesías cuando se refirió a Él como “un hijo de hombre” (Daniel 7:13).  Isaías igualmente hizo hincapié en su Divinidad al llamarlo: “... Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6b).

Su familiar, el sacerdote Zacarías entonó un cántico de celebración cuando nació su hijo Juan el Bautista.  Mientras que al referirse al bebé en el vientre de María, dijo: “Y nos levantó [Dios] un poderoso Salvador En la casa de David su siervo” (Lucas 1:69).   Luego declaró que su propio hijo sería llamado “profeta del Altísimo... Porque iría delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos” (Lucas 1:76).  Él concluyó su cántico con una de las profecías más hermosas y poéticas concernientes al Mesías que pueda encontrarse en la Escritura, exclamó:   “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1:78 y 79).

El siguiente cántico de celebración fue entonado la noche del nacimiento del Mesías cuando un ángel se le apareció a los pastores en Belén y proclamó: “... No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:10 y 11).  “Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:13 y 14).

El último cántico profético relacionado con el nacimiento del Mesías, fue expresado por un hombre en Jerusalén “... llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.  Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor” (Lucas 2:25 y 26).  A él le fue dado ese glorioso privilegio, cuarenta días después del nacimiento del Mesías cuando los padres de Jesús llegaron al templo en Jerusalén a presentar su niño ante Dios.

Simeón tomó al Cristo niño en sus brazos, le dio gracias a Dios y dijo: “Porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:30-32).

El significado de las profecías del nacimiento

El cumplimiento de todas estas profecías en la vida de una persona: de Jesús de Nazaret, es una prueba positiva que Él era quien dijo ser, es decir el Mesías de Dios. 

- “Y Jesús le dijo: Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo” (Marcos 14:62).

- “Dijeron todos: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros decís que lo soy” (Lucas 22:70).

La fidelidad de Dios para cumplir con todas estas profecías en detalle también es muy significativa, porque nos da la seguridad que Él asimismo cumplirá con todas las otras que le ha dado a los cristianos respecto al pronto retorno de Jesús.

Un Dios de profecía

Nuestro Dios conoce el futuro y tiene la audacia de proclamarlo.  Así lo dijo por medio del profeta: “Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isaías 46:10).  También tiene el poder para ver que lo que ha proclamado se cumplirá.  “Que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo.  Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré” (Isaías 46:11).  Pero lo más importante tal como dijo Pablo, es que es fiel, por eso podemos descansar confiados en sus promesas.  “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9).

Regocijémonos porque el nacimiento que tuvo lugar en Belén hace ya tanto tiempo, es prueba positiva que Ese que nació retornará muy pronto en gloria como Rey de reyes y Señor de señores.

La estrella de Belén

Dice la Escritura: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?  Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle” (Mateo 2:1 y 2).

La estrella de Belén siempre ha intrigado a las personas. ¿Qué era?...  ¿Sería un cometa, un meteoro, una supernova, o un alineamiento especial de los planetas? 
Son varias las teorías a este respecto, pero el tiempo que se manifestó la estrella descarta la posibilidad que se tratara de un cometa o meteoro.  La estrella tuvo que aparecer cada noche por varios meses, a fin de poder guiar a los magos a lo largo de todo el camino desde Persia en el Oriente Lejano. 

La posibilidad de que fuera una supernova o un alineamiento planetario, también se descarta por el hecho que se movía constantemente, guiando a los magos, primero hacia Jerusalén y luego a Belén en donde permaneció suspendida sobre la casa en donde María y José se habían instalado con el niño.  Como dice el registro bíblico: “Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.  Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” (Mateo 2:9-11).

Una alternativa sobrenatural

Alfred Edersheim, el reconocido erudito judío, propuso otra solución para el misterio.  Señaló que la palabra griega que se tradujo “estrella” realmente significa
“resplandor”.  Por consiguiente, la estrella bien pudo haber sido, lo que los judíos llamaban el "Shekinah"  - es decir la manifestación física de la gloria de Dios en la forma de un resplandor sobrenatural.

Los judíos testificaron este fenómeno cuando estaban en el desierto del Sinaí, y fueron guiados durante cuarenta años, por una columna de nube por el día y una de fuego por la noche.  “Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche.  Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego” (Éxodo 13:21 y 22).

Cuando la columna resplandeciente se movía, ellos avanzaban y cuando se detenía instalaban sus tiendas y acampaban. “El día que el tabernáculo fue erigido, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y a la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana.  Sí era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego.  Cuando se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel partían; y en el lugar donde la nube paraba, allí acampaban los hijos de Israel...  Al mandato de Jehová acampaban, y al mandato de Jehová partían, guardando la ordenanza de Jehová como Jehová lo había dicho por medio de Moisés” (Números 9:15-17, 23).

Este Shekinah más tarde residió en el Lugar Santísimo, después que Salomón construyó el templo.  “Cuando Salomón acabó de orar, descendió fuego de los cielos, y consumió el holocausto y las víctimas; y la gloria de Jehová llenó la casa.  Y no podían entrar los sacerdotes en la casa de Jehová, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová.  Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre” (2 Crónicas 7:1-3).

El profeta Ezequiel describe cómo el Shekinah se apartó del templo antes que fuera destruido por los babilonios. 

- Primero se movió desde el Lugar Santísimo hasta el umbral del templo: “Y la gloria del Dios de Israel se elevó de encima del querubín, sobre el cual había estado, al umbral de la casa...” (Ezequiel 9:3a).

- Luego se movió desde el umbral hasta la puerta oriental: “Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del umbral de la casa, y se puso sobre los querubines.  Y alzando los querubines sus alas, se levantaron de la tierra delante de mis ojos; cuando ellos salieron, también las ruedas se alzaron al lado de ellos; y se pararon a la entrada de la puerta oriental de la casa de Jehová, y la gloria del Dios de Israel estaba por encima sobre ellos” (Ezequiel 10:18 y 19).

- Finalmente, la presencia del Señor se movió antes de partir de la ciudad: “Y la gloria de Jehová se elevó de en medio de la ciudad, y se puso sobre el monte que está al oriente de la ciudad” (Ezequiel 11:23).

- En el Nuevo Testamento dice que el Shekinah estaba presente en el nacimiento de Jesús: “Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor” (Lucas 2:9).

- En la transfiguración: “Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd” (Mateo 17:5).

- Y a su ascensión: “Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos” (Hechos 1:9).

Considerando el resplandor y la forma cómo la Biblia demuestra la movilización del Shekinah, creemos que es muy probable que la “estrella” que guió a los magos fuera realmente la gloria de Dios del Shekinah.

La atracción de la estrella

Otro de los misterios asociados con el relato bíblico de los magos, es:  ¿Por qué los sabios de oriente siguieron este resplandor celestial?

Su propio título nos ofrece una clave.  Mago es un término persa para la casta sacerdotal de hombres sabios que se especializaban en la astrología, medicina y ciencia natural.  El historiador antiguo Herodoto dice que ellos interpretaban sueños y presagios, y aseguraban tener el don de profecía.   Por lo tanto es natural que estos hombres se hubieran interesado en este extraño resplandor celestial.

También es muy probable que hubieran estado familiarizados con los escritos de Daniel quien tenía gran renombre como un hombre sabio e intérprete de los sueños en la corte persa de Nabucodonosor.  De ser así, ellos debían conocer la profecía de las setenta semanas de años, que dice: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.  Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.  Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.  Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Daniel 9:24-27).

Esta maravillosa profecía establecía el tiempo general de la venida del Mesías, indicando que sería 483 años después que un gobernante persa expidiera un edicto para reconstruir a Jerusalén.  Los magos probablemente contaron los años desde que los judíos fueron enviados desde Babilonia para reconstruir a Jerusalén, y por eso sabían el período general cuando nacería el Mesías.

También, por el cautiverio de los judíos en Babilonia, debieron tener acceso a los escritos de Moisés - al Tora, y en ellos pudieron haber leído la profecía mesiánica de Balaam, de que saldría una estrella de Jacob: “Lo veré, mas no ahora; lo miraré, mas no de cerca; saldrá ESTRELLA de Jacob, y se levantará cetro de Israel, y herirá las sienes de Moab, y destruirá a todos los hijos de Set” (Números 24:17).

La inclusión de los gentiles

El misterio final es por qué Dios le abrió los ojos a un grupo de gentiles místicos y los llevó hasta donde estaba el Cristo Niño.  A no dudar, creemos que fue para simbolizar la importancia universal de su nacimiento, para enfatizar que la salvación viene de los judíos, y que es para todas las personas.

Ese ciertamente fue el mensaje que los ángeles le proclamaron a los pastores en Belén, que las buenas nuevas de salvación era para todos.  “Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:10 y 11).

Ese punto fue afirmado y enfatizado cuarenta días después, cuando María y José llevaron a su Hijo al templo y Simeón el profeta de Dios, tomó al niño en sus brazos y dijo: “Porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel” (Lucas 2:30-32).

Cuando piense en la estrella de Belén que anunció la primera venida del Mesías, tenga en mente que Jesús retornará muy pronto como “... La estrella resplandeciente de la mañana” (Apocalipsis 22:16c).

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