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¿Por qué Dios, no eligió a los calvinistas?

       Contrario a las enseñanzas del Calvinismo, cuando en la Biblia se mencionan las palabras “elección” o “escogido” no tiene absolutamente nada que ver con salvación. El concepto bíblico de Elección nunca significa Predestinado para la Salvación, sino que comúnmente se refiere a Israel.

       Calvino resume esta doctrina fundamental en su obra Institución de la Religión Cristiana, en el Libro 3, capítulo 21, titulado: “De la elección eterna, por la cual  Dios ha predestinado a algunos para salvación y otros para destrucción”.   Él expone así su resumen al declarar: “Ningún hombre que se considere piadoso se aventura simplemente a negar la predestinación, por la cual Dios adopta a algunos para esperanza de vida, y le adjudica a otros la muerte eterna.  Por predestinación nos referimos al decreto eterno de Dios, por el cual determinó consigo mismo lo que quiso que pasara con respecto a todo hombre.  No todos son creados en los mismos términos, sino que algunos son preordinados para vida eterna, y otros a condenación eterna; en conformidad, como cada uno ha sido creado para uno u otro de estos dos destinos, decimos que tal persona ha sido predestinada para vida o para muerte”.

       El calvinista James White reitera estas palabras, demostrando que Calvino quiso decir exactamente lo que dijo. White declara en su libro La Libertad del Alfarero: “Dios elige a gente específica para sí mismo sin relación a nada que ellos hagan. Esto significa, que las bases de la selección de Dios de los elegidos está únicamente en Él mismo.  Es su gracia, misericordia y voluntad, no las acciones del hombre, obras, ni siquiera el saber anticipadamente que alguien tendrá fe, lo que impulsa la elección de Dios, que es incondicional y final”.   

También Loraine Boettner hace eco de esto, en su libro La Predestinación, dice: “La doctrina de la predestinación absoluta afirma lógicamente que así como unos son preordinados a vida otros lo son a muerte. Los términos "escogido" y "elección" implican que hay unos "no escogidos" o sea, "reprobados". El escoger a algunos naturalmente implica que otros son dejados fuera. Los grandes privilegios y el glorioso destino de los primeros no son compartidos por los segundos. Y esto procede de Dios. Creemos que desde toda la eternidad Dios se propuso dejar a algunos de la posteridad de Adán en sus pecados, y que el factor decisivo en la vida de cada uno se encuentra sólo en la voluntad de Dios...  Aquellos que sostienen la doctrina de la elección, pero niegan la de la reprobación son inconsistentes. Sostener la primera y negar la segunda convierte el decreto de la predestinación en un decreto ilógico y desproporcionado.  El credo que sostiene la primera pero niega la segunda lo podemos comparar a un águila herida tratando de volar con una sola ala”.

       Sin embargo, las buenas noticias, son que “elección, elegir, elegidos” y sus derivados, son términos que no tienen nada que ver con el destino eterno de uno.  Las Escrituras hablan extensamente de “los elegidos” y los “escogidos”, pero estas palabras están desprovistas del sentido Calvinista de que algunos han sido elegidos para recibir vida eterna.  Por consiguiente, todas estas conclusiones y sus derivados no son salvíficos en su significado, sino simplemente se refieren  a personas o cosas que han sido elegidas para un propósito en particular que no tiene nada que ver con vida eterna.  Una vez que la definición de la palabra es establecida bíblicamente, toda la fundación del Calvinismo queda minada y su famoso acrónimo, en inglés Tulip, se derrumba.  Este acrónimo significa:

T:    (Total Depravation) Total Depravación
U:   (Unconditional Election) Elección Incondicional
L:    (Limited Atonement) Expiación Limitada
I:     (Irresistible Grace) Gracia Irresistible
P:   (Perseverance of the Saints) Perseverancia de los Santos

       La palabra “elegir” es el verbo griego eklegomai, y en hebreo bakhar, y significa elegir, seleccionar.  Los elegidos o escogidos, son esas personas o cosas que han sido separadas por Dios, o por alguien, para un propósito particular.  La Escritura porta testimonio que elegido y sus derivados no tienen nada que ver con alguien que ha sido escogido para recibir vida eterna.

La Elección de sacerdotes, reyes, y discípulos

       Tenemos testimonio en el Antiguo Testamento, de las ocasiones en que Dios escogió a personas para que fueran gobernantes o sacerdotes, y otras en que fueron personas quienes hicieron la elección.   Dios escogió a la tribu de Leví para que fueran sacerdotes para siempre, dijo Jehová por medio de Moisés: “Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel...  porque le ha escogido Jehová tu Dios de entre todas tus tribus, para que esté para administrar en el nombre de Jehová, él y sus hijos para siempre” (Deuteronomio 18:1a, 5).  “Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido Jehová para que lleven el arca de Jehová, y le sirvan perpetuamente” (1 Crónicas 15:2).

       Dios escogió a Saúl para ser el primer rey de Israel, pero él también fue escogido por el pueblo.  “Y Samuel dijo a todo el pueblo: ¿Habéis visto al que ha elegido Jehová, que no hay semejante a él en todo el pueblo? Entonces el pueblo clamó con alegría, diciendo: ¡Viva el rey!” (1 Samuel 10:24).  Dos capítulos después es elegido por el pueblo: “Ahora, pues, he aquí el rey que habéis elegido, el cual pedisteis; ya veis que Jehová ha puesto rey sobre vosotros” (1 Samuel 12:13).

       La elección de Saúl, no tuvo nada que ver con vida eterna, fue escogido, elegido por Dios, con el propósito de que fuera rey sobre Israel y con eso tenía todo el potencial para ser un buen soberano, y que su linaje fuera el del Mesías, lamentablemente no fue así, porque luego leemos que le dijo Samuel: “¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová?...  ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová?  Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15:19, 22-23).

       Sólo después de su repetida desobediencia es que Saúl es desechado y David escogido para tomar su lugar.  Cuando Dios eligió a Saúl para ser rey, al igual que su destitución, no tienen nada que ver con vida eterna. Él simplemente fue removido de su posición.  Saúl es análogo a Judas en muchas maneras,  porque tanto él como Judas fueron escogidos, aun así ambos perdieron su elección.  “Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?” (Juan 6:70)

       Dios eligió a David para ser rey, pasando por alto a los otros siete hijos de Isaí.
“Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho... E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos” (1 Samuel 16:7a, 10).  El escoger o elegir no se refiere a vida eterna, tal como proclama la definición Calvinista.   Dios escogió a David por lo que vio en su corazón, y lo eligió para ser rey, no con el propósito de vida eterna.  Lo mismo ocurrió cuando escogió a sus discípulos, de los cuales como ya vimos, uno era diablo.  “Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Lucas 6:13).  “No hablo de todos vosotros; yo sé a quienes he elegido; mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar” (Juan 13:18).

La Elección del Mesías y de los Ángeles

       La elección de Dios del Mesías, demuestra adicionalmente que esta palabra está desprovista del concepto Calvinista de vida eterna.  Jesús, el Mesías, Dios encarnado, ciertamente no tiene necesidad de salvación, porque  ¡Él es la fuente de vida!   Sin embargo, escuche lo que declaró el Señor por medio del profeta Isaías, sobre el Mesías: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones” (Isaías 42:1).  “Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo de los tiranos: Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió” (Isaías 49:7).  Este justamente fue el mismo título que le dieron a Jesús cuando yacía sobre la cruz “... y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios” (Lucas 23:35).

El apóstol Pedro asimismo confirmó el hecho que el Padre escogió al Mesías:
“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa” (1 Pedro 2:4).    El Señor Jesucristo a no dudar fue escogido, elegido por Dios para ser el Mesías, pero su elección no fue para su salvación, ¡sino que fue escogido por el Padre para darnos vida eterna!   La Escritura asimismo declara, que de manera similar los ángeles también son escogidos: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, y de sus ángeles escogidos...” (1 Timoteo 5:21).   Hebreos 2:16 deja claro que esta palabra no significa ser escogido para vida eterna, sino que en este caso específico de los ángeles, indica que Dios solamente ofrece salvación a la raza humana: “Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham” (Hebreos 2:16).

La Elección de Jerusalén

       Dios también eligió a Jerusalén como su ciudad, probando con esto, que la elección no tiene nada que ver con vida eterna: “Mas a Jerusalén he elegido para que en ella esté mi nombre, y a David he elegido para que esté sobre mi pueblo Israel” (2 Crónicas 6:6).  “... Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel” (1 Reyes 11:32b).  “… Jerusalén, ciudad que yo me elegí para poner en ella mi nombre” (1 Reyes 11:36). “Porque Jehová ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí” (Salmo 132:13).  En todos estos versículos vemos que Dios escogió, eligió a Jerusalén con un propósito, y que en ninguno de los casos la palabra implica vida eterna.

La Elección de dioses falsos y de lo necio del mundo

       Dice en la primera epístola a los Corintios: “Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Corintios 1:27–28).  También en Santiago 2:5: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?”

       Pero no sólo Dios escoge o elige a personas, lugares, y cosas para su especial propósito, sino que el hombre también elige seguir al Dios verdadero o a dioses falsos.  “Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos” (Josué 24:22).  “Andad y clamad a los dioses que os habéis elegido; que os libren ellos en el tiempo de vuestra aflicción” (Jueces 10:14).

       En el Evangelio de Lucas, el Señor Jesucristo se refirió a otros que escogieron mal: “Observando cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola, diciéndoles: Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar...” (Lucas 14:7-8a).

       Por todos los versículos que hemos citado, y confirmado por la Palabra de Dios, es obvio que elección o escogencia, no tiene nada que ver con predestinación para vida eterna.   Dios eligió a sacerdotes, reyes y a Jerusalén para su propósito, y el hombre puede elegir o a Dios, o a los ídolos.  Nos equivocamos si tratamos de remplazar este término por el concepto de predestinación.

La Elección de Israel

       Si bien, como ya dijimos, la elección de personas y lugares la hace Dios y el hombre, hay un hecho que sobresale en forma única en las Escrituras, y es que los escogidos de Dios, sus elegidos, son los israelitas.   El título “escogido o elegido” se cita en muchos versículos en las Escrituras.  Su uso para describir a Israel, se hace muy importante cuando vamos al Nuevo Testamento, porque aclara muchas cosas teológicas, soteriológicas, y escatológicas.  A continuación examinemos estos versículos que ratifican la elección del pueblo judío:

  1. “Oh vosotros, hijos de Israel su siervo, Hijos de Jacob, sus escogidos” (1 Crónicas 16:13). 
  2. “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, el pueblo que él escogió como heredad para sí” (Salmo 33:12). 
  3. “Oh vosotros, descendencia de Abraham su siervo, hijos de Jacob, sus escogidos” (Salmo 105:6). 
  4. “Sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos” (Salmo 105:43).  
  5. “Porque JAH ha escogido a Jacob para sí, a Israel por posesión suya” (Salmo 135:4).  
  6. “Por amor de mi siervo Jacob, y de Israel mi escogido...” (Isaías 45:4a).  
  7. “Sacaré descendencia de Jacob, y de Judá heredero de mis montes; y mis escogidos poseerán por heredad la tierra, y mis siervos habitarán allí” (Isaías 65:9).  
  8. “No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos” (Isaías 65:22).

     Los versículos anteriores demuestran, cómo Dios llamó específicamente a Israel, Jacob, y la simiente de Abraham, sus escogidos.  Por lo tanto el término “los escogidos” o “mis elegidos”, es una referencia al Israel étnico. Este punto es probado por Pablo quien, en una sinagoga en el día del Sábado en Antioquía, leyó de la Ley y los profetas y luego le dijo así a los judíos: “Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dijo: Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd: El Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y enalteció al pueblo...” (Hechos 13:16-17a).  La elección de Israel es una gran verdad, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento por igual.

Los “Pocos Escogidos” Son Israelitas 

       Luego de haber establecido quienes son los “elegidos o escogidos”, estamos listos para proceder a examinar las enseñanzas del Señor Jesucristo, quien también era judío.  En el capítulo 22 de Mateo, está registrado que Él, hablando con los fariseos, compara el reino del cielo con un rey que preparó un banquete para la boda de su hijo.  Los que fueron invitados a la fiesta no estuvieron interesados en asistir, entonces el Rey envió a sus siervos a llamar a todos los que quisieran llegar.  Por cierto, los invitados a las bodas eran los israelitas.  El mismo Señor lo confirmó cuando reprendió a los fariseos: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos” (Mateo 8:11)

       También hay muchos pasajes en el Antiguo Testamento que hablan de ese tiempo futuro del reinado del Mesías, cuando los descendientes de Abraham, Isaac, y Jacob serán la gente especial de Dios.  Son incontables las profecías que declaran esto, como por ejemplos los capítulos 2, 4, 11 y 60 al 66 de Isaías, y algunos ejemplos que citaremos:

“Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento. Alza tus ojos alrededor y mira, todos éstos se han juntado, vinieron a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos.  Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti” (Isaías 60.3-5).

 “¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, y como palomas a sus ventanas?  Ciertamente a mí esperarán los de la costa, y las naves de Tarsis desde el principio, para traer tus hijos de lejos, su plata y su oro con ellos, al nombre de Jehová tu Dios, y al Santo de Israel, que te ha glorificado.  Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia” (Isaías 60.8-10).

 “Alegraos con Jerusalén, y gozaos con ella, todos los que la amáis; llenaos con ella de gozo, todos los que os enlutáis por ella... Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se desborda; y mamaréis, y en los brazos seréis traídos, y sobre las rodillas seréis mimados” (Isaías 66.10,12).

 “Y haré volver los cautivos de Judá y los cautivos de Israel, y los restableceré como al principio.  Y los limpiaré de toda su maldad con que pecaron contra mí; y perdonaré todos sus pecados con que contra mí pecaron, y con que contra mí se rebelaron.  Y me será a mí por nombre de gozo, de alabanza y de gloria, entre todas las naciones de la tierra, que habrán oído todo el bien que yo les hago; y temerán y temblarán de todo el bien y de toda la paz que yo les haré” (Jeremías 33.7-9).

        Por lo tanto, la declaración de Jesús “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 22:14), debe interpretarse a la luz de que los escogidos son los judíos.  Los judíos, los elegidos, fueron los primeros a quienes  se les dio la promesa de la Era Mesiánica.  De cualquier modo, cuando el Esposo vino no quisieron aceptar su invitación, y por ello Dios Padre dio instrucciones para que “muchos llegaran desde el oriente y el occidente” Al tener entonces una plena comprensión de quiénes son los elegidos podemos desechar cualquier interpretación Calvinista del pasaje.  Noten que ambos, tanto los llamados como los escogidos aún necesitan salvación, así lo indica el vestido para la boda, porque el que fue encontrado en la boda sin vestido, fue echado “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.  Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 22:11-13).

Los Elegidos en la Tribulación

       Enseguida venimos a las referencias de los escogidos mencionados en el capítulo 24 de Mateo, cuando el Señor Jesucristo les dice a sus discípulos cómo serán los días de la tribulación.  Entendiendo ya de que los escogidos son los judíos, podemos consistentemente interpretar el pasaje.  Los elegidos en Mateo 24, no son creyentes gentiles en la  tribulación, sino que son los escogidos de Dios, es decir los judíos.  “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados... Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:22,24).  El evangelio de Marcos añade: “Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días”” (Marcos 13:20).

       Estos versículos enfatizan que el mismo Dios escogió a los judíos. Pero si se interpreta que los elegidos son esos a quienes Dios ha predestinado para vida eterna, entonces surge un acertijo, en particular, para todos los creyentes que tenemos una perspectiva petribulacionista.  ¿Quiénes exactamente están siendo juntados al final de la tribulación? “Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24:31).   No puede haber duda de que esta reunión sucede después de los eventos de la gran tribulación, porque si se estuviera refiriendo a la partida de los creyentes en el rapto, profetizada en 1 Tesalonicenses 4:17, entonces la doctrina del rapto antes de tribulación quedaría anulada. No obstante, tan pronto determinamos por la Escritura que los elegidos aquí mencionados no son creyentes en general, sino específicamente los israelitas o judíos, entonces el problema queda resuelto.

       Dice Zacarías 13:8: “Y acontecerá en toda la tierra, dice Jehová, que las dos terceras partes serán cortadas en ella, y se perderán; mas la tercera quedará en ella”.  De acuerdo esta profecía, en ese tiempo dos tercios de los judíos no creyentes perecerán trágicamente, y el tercio restante será reunido al final de la gran tribulación.  Esto concuerda perfectamente con el capítulo 19 de Apocalipsis en el que se describe al Señor Jesucristo regresando con los cristianos, quienes ya están en el cielo, al final de la gran tribulación.

       El Antiguo Testamento prueba que los elegidos mencionados en el capítulo 24 de Mateo son judíos.  El Señor Jesucristo usó las mismas palabras empleadas  por el profeta Isaías para describir la reunión de los escogidos, ratificando que los escogidos son los judíos.  Dijo Isaías: “Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra” (Isaías 11:12).  Esta reunión de los judíos está profetizada en Isaías 43:5, 54:7, y Zacarías 2:6.  Al comprobar entonces, que el uso de las palabras “escogido” o “elegido” no se refiere a ser predestinado para vida eterna, entonces muchos de los pasajes difíciles de la Biblia son fáciles de interpretar.

Los Elegidos en las epístolas de Pedro son judíos

       De la misma manera el apóstol usa el término elegidos para describir a los judíos. Sabemos esto porque dice: “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas” (1 Pedro 1:1-2).  La palabra “expatriados” que en griego es “diáspora” describe la dispersión del pueblo judío entre las naciones debido a su desobediencia, profetizada por Dios en Levíticos 26:33, Deuteronomio 4:27,  Nehemías 1:8 y muchos pasajes más.   Santiago, en su epístola, no pudo ser más claro al indicar que la dispersión se refería a los judíos en diáspora, ya que dijo: “Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud” (Santiago 1:1).

       Finalmente, debemos reconocer un punto importante: Pedro fue el apóstol a los judíos.  En Gálatas 2:7 Pablo declara “Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión”.

Elegidos, mas no salvos

       Así que cuando leemos en 2 Pedro 1:10: “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”,  sabemos que el apóstol se está dirigiendo a los judíos, y que el hecho de que hayan sido elegidos no tiene nada que ver con salvación.  ¡Por consiguiente, este no es un llamado Calvinista a nosotros, para que de alguna manera nos aseguremos que hemos sido escogidos para vida eterna!  En vez de eso, es un recordatorio al pueblo escogido de que entiendan el hecho de que ellos fueron elegidos, escogidos por Dios para ser su especial tesoro.  

       Sin embargo, su elección no es de ninguna manera una garantía absoluta de que heredarán vida eterna. Pablo corrobora este hecho en 2 Timoteo 2:10, cuando dice: “Por tanto, todo lo soporto por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna”.  Notemos bien que Pablo declara que tenía que soportar sufrimientos en su predicación del Evangelio para que los elegidos judíos, también fueran salvos.  Como hemos visto, elección no tiene nada que ver con salvación.  Es más, elección es generalmente un término usado sobre los judíos, quienes por supuesto son el pueblo escogido de Dios.  Esto se confirma una vez más en Romanos 11:28, donde Pablo, hablando sobre los judíos, declara “Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres”.

Los Elegidos en la Epístola a los Romanos son israelitas

       Para poder entender la Epístola a los Romanos, lo primero que tenemos que reconocer es que Pablo les está hablando a los creyentes en Roma, quienes eran tantos judíos como gentiles.   Podemos comprender esto por la forma como se expresa en su carta: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego [o gentil](Romanos 1:16).  A lo largo de su epístola Pablo menciona constantemente a “judíos y griegos”, tal como en Romanos 2:9,10; 10:12.

       Mientras que en Romanos 2:17 habla específicamente a los judíos, dice: “He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios” (Romanos 2:17).  Y luego a continuación pregunta: “¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión?  Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios” (Romanos 3:1–2).  En el capítulo 4 Pablo habla de Abraham y dice: “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne? (Romanos 4:1) y a continuación restablece la aparente polémica entre los judíos y los griegos de la iglesia romana con la siguiente conclusión: “Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan” (Romanos 10:12).

       Habiendo comprobado que la Epístola a los Romanos fue escrita tanto para los judíos como los gentiles, queda claro entonces que cuando se mencionan las palabras “elegidos” o “escogidos” no son referencias para salvación, predestinación, etc.  En lugar de eso aluden a los israelitas elegidos por Dios “... de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo...” (Romanos 9:4b-5a).  Por lo tanto, la pregunta de Pablo “¿Quién acusará a los escogidos de Dios?” (Romanos 8:33a), no es para un calvinista supuestamente predestinado para vida eterna, sino una referencia a los elegidos judíos.  Esto lo ratifican 1 Crónicas 16:13, Salmos 33:12; Salmos 105:6, Salmos 105:43, Salmos 135:4, Isaías 45:4, Isaías 65:9, Isaías 65:22, etc.  Este concepto es consistente a través de toda la epístola.

       Los capítulos 9 al 11 de Romanos son por excelencia, la gran defensa en las Escrituras de que Dios no ha desechado a su pueblo.  Pablo comienza exponiendo cómo el Señor empezó con Abraham y después escogió a Isaac sobre Ismael, y luego a Jacob en lugar de Esaú.  Habla de las dos naciones en el vientre de Rebeca, y declara: “Pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama” (Romanos 9:11).  La elección, como ya hemos dicho, no tiene nada que ver con predestinación calvinista, sino que Dios eligió a Jacob en vez de a Esaú para que fuera el receptor de sus oráculos.

Elección por Gracia

       Pablo continúa en Romanos 11:5: “Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia”.  Esto mismo se dijo durante el encuentro de Elías y los 400 profetas israelitas de Baal.  En el momento en que Elías pensó que todo estaba perdido, Dios le informó que tenía reservado a siete mil, que no habían seguido las obras perversas de Baal.  Esto continúa igual hasta este día, porque aunque todo Israel fue escogido por Dios, para ser el conducto de la bendición al mundo, la gran mayoría ha rechazado ese llamado especial. Esto concuerda con lo que el Señor Jesucristo declaró en Mateo 22:14: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”.  Todo el pueblo de Israel recibió el llamado.

Pero de esos “muchos”  que fueron invitados para asistir a las bodas, sólo “pocos” fueron “escogidos”, porque los demás en su gran mayoría rechazaron la invitación.  Pablo continúa y deja esto bien claro: “¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; Pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos” (Romanos 11:7).  

       El contexto entero de los “elegidos, escogidos y elección”, es evidente a través de toda la Epístola a los Romanos, especialmente en este versículo concluyente que dice: “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos” (Romanos 11:11). 

       La “elección de gracia” bíblica no tiene nada que ver con la idea de Calvino  de que Dios elige a algunos para vida eterna, y a otros para maldición eterna; sino que Dios cuando escogió a la raza judía, se basó puramente en su gracia Divina y no en la justicia de los judíos.  Moisés ya lo indicó plenamente muy temprano en la historia nacional del pueblo judío, cuando les dijo: “No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob” (Deuteronomio 9:5). 

       La elección de gracia de Dios de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, es más adelante confirmada en Romanos 11:12 y 15: “Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?...  Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?”.  Cuando llegó el Esposo, Israel, como nación rechazó la invitación de asistir a la boda, fue por esta razón que Dios extendió su gracia a los gentiles.  De cualquier modo, la elección de gracia, o las promesas que Dios le hiciera a Abraham, Isaac, Jacob y su descendencia, es un llamado irrevocable, es por esta razón que Pablo le dice a los judíos incrédulos: “Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres.  Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Romanos 11:28-29). 

       Probablemente Pablo tenía en mente, entre otros pasajes, a éste de Jeremías cuando habló de lo irrevocable de las promesas de Dios: “Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová” (Jeremías 31:35-37).  

       Dios separó a Israel para sí mismo, y nunca lo dejará ir completamente. “No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció...” (Romanos 11:2a).  Esto mismo también lo confirma Pedro, de que Dios conoció de antemano a los israelitas: “... a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu...”  (1 Pedro 1:1a, 2a).  

       Dios escogió a Abraham, Isaac, y Jacob, y a sus descendientes con un propósito especial.  La elección de ellos no tiene nada que ver con la idea Calvinista  de la predestinación para vida eterna y maldición eterna. Aunque los judíos fueron elegidos, no fueron automáticamente salvos.  Ellos en su gran mayoría han rechazado la invitación a la boda y como tal quedaron espiritualmente ciegos, pero serán restaurados al final. 

La “presciencia” - El conocimiento anticipado de las cosas futuras 

       El conocimiento anticipado de las cosas futuras, va parejo con la elección, porque sólo Dios sabe anticipadamente todas las cosas, por eso Él conocía a los israelitas de antemano.  Considere la declaración definitiva de Pablo: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo?  En ninguna manera.  Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín.  No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció...” (Romanos 11:1, 2).El conocimiento anticipado, al igual que la elección, no tiene nada que ver con la predestinación de alguien para vida eterna o perdición eterna, tal como Calvino determinó.  Por lo tanto, cuando leamos la Epístola a los Romanos no consideremos siquiera la definición Calvinista, sino la explicación de que “Dios conocía de antemano a los judíos”.  “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.  Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8:28-30).  El libro de Isaías también hace mención del llamado de Israel, dice: “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú” (Isaías 43:1).   

       Como nosotros los gentiles, fuimos injertados en el olivo, entonces compartimos el mismo propósito que Dios tiene para sus elegidos, los judíos, tal como dice Pablo a este respecto: “Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo” (Romanos 11:17). 

Los versículos restantes sobre elección

       Hay un buen número restante de versículos que hablan sobre elección en el Nuevo Testamento.  Luego de haber examinado todo lo expuesto, podemos saber confiadamente que “la elección” no tiene nada que ver con la idea Calvinista de predestinación para salvación o maldición.  Es más, en casi todos los casos, son una referencia a los judíos, los escogidos de Dios.  Por ejemplo, cuando el Señor Jesucristo dijo en Lucas 18.7: “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?”, estaba hablando de los judíos.

       Hemos comprobado entonces, que “elegido” y “elección” no tienen nada que ver con salvación, predestinado a vida o muerte eterna, y que no está relacionado con ninguna definición Calvinista.  Dios eligió a sacerdotes, reyes, discípulos, al Mesías, ángeles, Israel y Jerusalén, los cuales no tienen nada que ver con ser predestinados para salvación. También encontramos que “elegido” o “escogido”, también aplica a personas, cosas necias, y hasta dioses falsos, y que una vez más el término no tiene nada que ver con ser predestinado para salvación.

       Luego llegamos a la elección de Israel y vimos que en no menos de ocho versículos en el Antiguo Testamento Dios declaran que Israel es su elegido.  Asimismo en el Nuevo Testamento pudimos ver  que “elección, elegido” o “escogido” nunca es una referencia a ser predestinado para salvación; de hecho, casi toda alusión a los elegidos, se refiere a Israel.  Vimos a los elegidos en la tribulación y comprobamos que se refería a los judíos.  En las epístolas de Pedro, encontramos que la mención de los elegidos aplicaba a los judíos.  Examinamos la epístola a los Romanos y una vez más, los judíos eran los elegidos.  Luego en versículos restantes que hablan de elección o de cuando Dios advertimos que más que nada se refieren a Israel como los elegidos.

       Finalmente, consideramos el término “presciencia” que significa: conocer, saber de antemano, y encontramos que no implica salvación, sino que Dios sabe las cosas por adelantado, incluso en ocasiones hasta el propio hombre puede saber algo anticipadamente.  Con todo lo que hemos visto debemos entonces concluir que elección no es salvación.  La definición que Calvino dio “De la elección eterna, por la cual Dios ha predestinado a algunos para salvación y otros para destrucción,” no se encuentra para nada en las Escrituras.  Como ya hemos repetido casi hasta el cansancio, elección no tiene nada que ver con salvación o perdición.  Es simplemente Dios o el hombre haciendo una elección determinada.  De igual manera, el término “los elegidos” en la Biblia, es en casi todas las ocasiones una referencia a Israel, o a los judíos, quienes son por supuesto los escogidos de Dios.  Las referencias de los elegidos en el Nuevo Testamento nunca hablan del destino eterno de uno, sino de que Dios escogió a alguien con un propósito en particular.  En casi todas las alusiones del Nuevo Testamento, los elegidos son de hecho los judíos, porque el Nuevo Testamento, está centrado en los judíos más de lo que la mayoría de los cristianos se imaginan.  Las epístolas de Pablo, Santiago, Pedro, Hebreos y Juan están dirigidas primero a los judíos y después a los gentiles. Personalmente, estoy muy satisfecho de que el plan de Dios se centre alrededor de Israel; y que nosotros los creyentes gentiles hayamos sido injertados en el olivo.  Esto es suficiente para mí, concluye exponiendo el señor Douglas Hamp.

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