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¿Puede el cristiano perder su salvación?

Hay quienes dicen que la salvación es algo así como una póliza de seguro, de manera que mientras el asegurado siga abonando sus cuotas, está asegurado. Pero el día que deja de pagar, pierde su póliza.

Quienes enseñan esto, dicen que cuando un pecador es salvo, debe luego tener mucho cuidado de no perder su salvación.

 A esta altura, los que predican la pérdida de su salvación, dicen que es posible luego recuperarla, pero otros dicen que esto es imposible. Una vez que Ud. comete el pecado que le arrebata su salvación, no hay otro remedio que el mismo infierno.

Los historiadores nos dicen que Constantino, habiendo recibido esta enseñanza, pidió que no le bautizaran hasta cuando estuviera en su lecho de muerte, porque sabía que si se bautizaba antes y luego cometería algún pecado, no podría ya ser salvo.

Luego están aquellos que se atienen a las escrituras, y hablan con absoluta seguridad que la salvación nunca se pierde. ¿Es posible saber cual es la verdad al respecto?

Como el asunto hay que verlo en las páginas de la Biblia, escudriñemos hoy en el libro de Dios, este tema tan importante.

Esta es una herejía muy peligrosa

Los cristianos nunca creyeron semejante herejía. Nadie predicaba ni enseñaba tal cosa como una salvación mediocre, hasta finales del siglo XIX, justo cuando muchas otras herejías surgieron, la mayoría tuvieron su nacimiento allá en California, en lo alrededores de Los Ángeles.

Para tener una idea de cuan dañina es esta enseñanza, permítame compartir con Ud. una carta que acaba de llegar a mis manos: Yo recibí como mi salvador personal a Jesucristo a la edad de 14 años. Me arrepentí de mis pecados y entregué a Jesús mi corazón, pidiendo que me perdone y me salve.

Siendo ya cristiano me había congregado en una iglesia... y lastimosamente llegó un momento en que vivía yo una vida miserable espiritual y emocionalmente, ajeno a la Palabra de Dios, pues estos hermanos me habían enseñado que si pecaba, con cualquier malo pensamiento, palabras deshonestas y otro pecad, y el Señor viniese justo en ese momento para arrebatar a su iglesia, él no me llevaría. Y no importaba si me había entregado al Señor Jesús.

Esta enseñanza trajo una gran tristeza a mi vida, un temor desesperante, al infierno y una inseguridad total en que Jesucristo satisfizo con su muerte en la cruz, la justicia divina.

Llegué a pensar que jamás sería salvo, pues para eso, según ellos, tenía que permanecer sin arruga ni mancha para obtener la salvación.

Otro problema fue el de las lenguas, el bautismo del Espíritu Santo, que según ellos debe experimentarlo todo creyente, de lo contrario no hay evidencias de poseer el Espíritu Santo. Pero yo nunca tuve esa tal experiencia de lenguas.

El temor y la confusión fue algo real en mi vida, y fue en esos momentos de confusión que un domingo, sin saberlo, una amiga, me dijo que había una emisora cristiana en AM, Radio América, la comencé a escuchar. Tenía entonces 18 años de edad. Fueron muchos los mensajes de la salvación por la gracia solamente que había escuchado. Fue tan claro para mí que puse toda mi confianza en la obra del sacrificio que Cristo hizo en la cruz por mí.

Comprendí de corazón e intelectualmente por la palabra de Dios que el Señor Jesucristo satisfizo en la cruz la justicia que Dios requería, la cual yo jamás podría obtener por mis buenas obras o mi buena conducta.

Desde ese día ya no le tengo temor al infierno y por la palabra de Dios tengo la certeza que el Señor Jesucristo me ha salvado eternamente. Luego cita... 2 Co. 5:12, Gá. 2:16, Ef. 2:8:10, Fil. 1:6.

Realmente es muy triste vivir con semejante inseguridad. Una vez en el servicio de predicación, el predicador de la congregación donde asistía, preguntó a los hermanos que eran como yo, diciendo: “Si el Señor viniera hoy, ¿están seguros que partirán con él? Luego añadió: El que esté seguro que levante la mano. Fue terrible pues no hubo respuesta, nadie levantó la mano.

También la confusión en cuanto a las lenguas han desaparecido. Ahora se que no es cierto. Esto me ocurrió por mi insensatez de no escudriñar la Palabra de Dio. Ahora la estudio todos los días.

Yo comprendí esto con otros hermanos, también tuve una conversación seria con el pastor. El me dijo que todo lo que creía yo, eran enseñanzas de hombre y mentira diabólica.

Quise escribir esto para animarles a los hermanos de Radio América que sigan adelante con este ministerio con la fortaleza del Señor Jesús. Ya que hay muchos cristianos y no cristiano que viven confundidos de tantas doctrinas falsas y experiencias extrañas que se ven en todas partes, hasta en las iglesias que se denominan cristianas evangélicas.

El trabajo que hacen para el Señor no es en vano ¡A mí me ayudó muchísimo!

Termina la carta con estas palabras de Pablo: “Y vosotros, hermanos, no os canséis de bien. Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a éste señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano. Y el mismo Señor de paz os de siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros”(2 Ts. 3:13-16).

El cita 2 Ts. 2:13-17

No es necesario comentar esta carta, pero es cierto que muchas personas cometen el error de no analizar lo que se les enseña a la luz de la Biblia y son arrastrados por individuos que aparecen como pastores, llevándolos a experiencias amargas y sumiéndolos en completa confusión y bancarrota doctrinal y espiritual.

Los que sí deseo destacar, es lo que él dice de su entrevista con ese pastor. No se si el que escucha ha notado. Pero cuando este joven hermano lo confrontó con las doctrinas bíblicas, con la gracia salvadora, es difícil creer lo que este hombre dijo: “Que todo lo que creía yo era enseñanza de hombre y doctrina diabólica”.

Algo muy parecido le dijeron a Jesús aquellos que lo acusaron de actuar con el poder de Beelzebú, príncipe de los demonios. ¿Recuerda lo que Jesús les dijo a sus acusadores? “Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera demonios sino por Beelzebú príncipe de los demonios.. Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no le será perdonada”.

“A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no les será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mt. 12:24,31,32).

Cuando un hombre dice que las enseñanzas de la Biblia sobre la salvación por la gracia divina, proviene del diablo, hace exactamente lo mismo que los fariseos que acusaron a Jesús de trabajar con el jefe de los demonios.

Para quien así lo haga, según Jesús, NO hay perdón. Se llama la blasfemia contra el Espíritu Santo. Este es un pecado que ninguna persona regenerada jamás cometerá, pero aquellos que, aunque sean líderes “cristianos”, pero no regenerados, sí, pueden cometerlo.

La salvación es por gracia, sin obras y es eterna.

Nunca el salvo deja de serlo. Debido a la gran cantidad de textos bíblicos que hablan sobre esto, veremos solamente algunos de ellos. Luego hablaremos a aquellos que, a semejanza del caballero que nos escribió, están confundidos. Pero desearían saber cual es el significado de los textos que los confunden.

Cabe señalar que es bastante fácil tomar textos aislados y hacer que digan lo que en realidad no dicen. Esto lo veremos muy bien cuando analicemos algunos pasajes bíblicos que sin sus contextos bien podrían significar lo contrario.

¿Cuántos argumentos bíblicos tiene usted para probar la seguridad de su salvación?

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).

Para mí esta declaración divina es como la llave que nos abre la puerta para el tema que tratamos.

Se nos dice que a Jesucristo hay que recibirle...

En segundo lugar, dice que “recibirle” es “creer en su nombre” Dice que los que lo hacen, tienen potestad, autoridad, de ser hijos de Dios.

Es muy importante que recordemos lo que significa... “CREEN EN SU NOMBRE”.

Es completamente inútil pretender la salvación por otro medio que no sea por medio de la fe en Cristo Jesús. Esto lo expresa muy bien Romanos 4.

  1. Pablo presenta a Abraham como ejemplo/

Abraham vivía en medio de paganos que no tenían la menor idea de Dios, pero Abraham percibía la realidad de Dios, de manera tal que, sin saber como llamarlo, llego a la conclusión que la Creación manifestaba Su existencia. Por eso cuando Dios lo llamo, el reconoció Su voz. Y la Biblia dice de el:

“Tu eres, oh Jehová, el Dios que escogiste a Abram, y lo sacaste de Ur de los caldeos, y le pusiste el nombre Abraham; y hallaron fiel su corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo” (Neh. 9:7,8).

Si queremos entender mejor la gravedad de la herejía que sostiene que la salvación es algo que uno puede perder, debemos decir algo sobre la fe, versus obras.

Quienes predican y enseñan la pérdida de la salvación, convierten la gracia en desgracia, la fe en fiasco y la salvación en condenación. No es posible para ningún pecador ser salvo jamás, a menos que reciba la salvación por la gracia de Dios.

Esto es lo que Pablo dice en Romanos 4

Si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse. Es como que Abraham dice... ¡Lo he logrado, lo obtuve por mis propios medios!

Pero Pablo responde y dice: “Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”. No hay lugar para las obras, pero sí, para la fe.  

  • Luego dice Pablo que para el que obra (hace algo) el salario o la paga, no se le cuanta como gracia, sino como deuda. Si Ud. trabaja y gana lo prometido por su empleador, ese empleador no le dio nada, solamente le pagó lo que es su deber. Lo mismo ocurre con la salvación. Si Ud. la obtiene por su buena conducta, Dios no le otorgó ninguna gracia, solamente le pagó lo que Ud. merece, lo que Ud. ganó.
  • Pero si Ud. nada bueno tiene y Dios le salva por la gracia, entonces sí, Ud. es salvo sin obras buenas.
  • Luego Pablo hace referencia a David, y dice: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el carón a quien el Señor no inculpa de pecado”.
  • Pablo luego dice que si la salvación es por la gracia, entonces no es por las obras. Y si es por la obras, entonces no es por la gracia. En otras palabras, para la salvación no es posible mezclar las obras con la gracia. O es por gracia, es decir, sin obras, o es por obras, sin la gracia.

 La declaración más clara a esto es cuando Pablo declara: “Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia”(Ro. 4:4).

Dios le hizo justo a Abraham por haber él creído, sin haber hecho aún nada como resultado de la fe.

Si quiere saber más sobre cómo dialogó Dios con Abraham y cómo éste creyó, lea en Gn. 15:1-6. Aquí dice, en parte: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”(Gn. 15:6).

Cualquier cristiano que cree que la salvación uno la puede perder, es un incrédulo, desprecia la gracia divina, presume salvarse por sus propias obras, no por la obra que Cristo hizo muriendo clavado de esa cruz y en muchos casos ese tal “cristiano” realmente nunca fue salvo.

Examinemos algunos textos sobre la salvación

Jn. 3:16, es un buen ejemplo.

¿Qué se necesita para ser salvo? Creer en Cristo Jesús.

¿Qué obtiene el que cree? Vida eterna.

¿Cuánto dura esa... vida eterna? Por la eternidad.

¿Cuándo deja de ser salvo? Nunca, la Biblia no dice nada de eso, porque la salvación obtenida es eterna. No dice, por ejemplo, “hasta que...”

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”(Jn. 5:24).

Veamos:

  1. Dice Jesús que lo que él declara es absolutamente cierto.
  2. Dice que el que oye su palabra...
  3. Dice que el que cree en lo que oye, es decir, recibe a él por Salvador,
  4. Dice que en ese momento tiene vida eterna.
  5. Finalmente agrega que ya NO VENDRÁ A CONDENACIÓN... ¿Por qué?
  6. Dice que en el momento de su salvación, esa persona pasa de muerte a vida.

Es fácil notar que la seguridad de la salvación NO DESCANSA SOBRE LA CAPACIDAD del salvo para vivir agradando a Dios, sino que descansa sobre la santidad del Salvador. El secreto NO es si yo logro retener la salvación, sino que el secreto radica en el Salvador Perfecto, cuya justicia Dios me la transfiere cuando yo deposito mi fe en el único que puede realmente salvar.

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me sigue, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano”(Jn. 10:27,28).

¡Qué declaración más alentadora aun para el peor de los pecadores!

  1. “Mis ovejas oyen mi voz”. Esta es la forma para saber si tal o cual persona es salva. La señal es que se nutre de Su voz, no de lo que dicen otros. El cristiano siempre consulta la Biblia cuando duda de algo que oye. Así sea que lea un libro con un cautivador título o escuche al mismo pastor predicar y enseñar. El cristiano, el salvo, no se conforma con menos que una clara prueba bíblica de lo que se le dice y exige de él o ella.
  2. En segundo lugar, el Señor conoce a los suyos. El conoce mis virtudes y mis fracasos, mi grandeza y mi pobreza...
  3. “Y me siguen”. El cristiano verdadero no seguirá como borreguito a cualquier individuo que cautiva por su oratoria y locualidad. Su Salvador es Cristo, su Señor es Cristo, su guía diario es Cristo, para él la palabra final en lo tocante a la salvación, la tiene siempre Cristo.
  4. “Y yo les doy vida eterna”. Los cristianos tienen la vida eterna, no porque se portan bien, porque son muy devotos, concurren al templo, hacen buenas obras etc... porque esto sería ser salvo por obras. El Señor dice... “Yo les doy vida eterna”. No dice: “Yo les doy vida mientras anden en mis caminos...”
  5. “Y no perecerán jamás”. Esto es lo mismo que decir: “Y nunca más serán perdidos o no salvos”. ¿Por qué? Porque él ya dijo: “Yo les doy vida eterna”. No menos que esto.
  6. “Ni nadie las arrebatará de mi mano”. Si algún hombre o mujer que dicen ser cristianos, brincan de un lado a otro sin saber qué realmente creen, se trata definitivamente de personas que no están en la poderosa mano del Salvador. Esto es tan cierto que con frecuencia ocurre que cuando una iglesia desvía el camino y se vuelve a prácticas supersticiosas, tumbando gente, pretendiendo nuevas revelaciones, supuestas curaciones, hablar en lenguas etc... los que realmente están en las manos del Salvador, huyen inmediatamente de ese medio. La mano del Señor es tan poderosa que no les permite contaminarse con el paganismo, cuando éste penetra en la misma iglesia, con todo el bagaje de supersticiones modernas y adornadas con pinceladas de términos bíblicos.

No solamente “nadie”, que tampoco “nada” podrá alejar al hijo de Dios de su Salvador.

“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 8:38,39).

No hay filosofía, no hay pecado, no hay acción, no hay proceder, no hay caída, no hay deseos, no hay objeto, no hay nada que pueda arrebatarle al pecador redimido su Salvación.

Recuérdelo bien: ¡NADIE NI NADA! Tal vez alguien piense que bueno... el pecado contra el Espíritu Santo, dijo el Señor, que no tiene perdón. No olvidemos que este pecado no lo puede cometer ningún hombre o mujer regenerados. Jesús habló de este pecado a hombres NO regenerados (Mt. 12:31,32).

Consideremos algunas declaraciones sobre la salvación

Hay una pregunta retórica relacionada con la grandeza de la salvación que sin duda apunta en dirección a la capacidad de nuestro Señor, no solamente para salvarnos, sino PARA CONSERVARNOS SALVOS.

“Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?”. (He. 2:2,3a).

El apóstol Pablo, quien sufrió mucho por causa de su fe, escribió: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo se a quien he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Ti. 1:12).

Usted debe conocer siquiera algunos textos que hablan sobre la seguridad de su salvación

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció al él. Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:1,2).

Esta declaración de la Palabra de Dios merece una breve explicación:

1. El gran amor de Dios nos ha convertid, de creaturas suyas, en hijos suyos.

2. Por ser nosotros hijos de Dios, pero aún tan humanos y débiles como los demás, por eso el mundano no puede, muchas veces, notar la abismal diferencia entre el salvo del que no lo es.

Enfáticamente dice Juan,“ahora somos hijos de Dios”. Esta afirmación no admite ni la menor duda.

“Pero aún no se ha manifestado lo que hemos de ser”. No dice que... “no se ha manifestado si finalmente de verdad seremos salvos”. Juan, cuando habla de lo que no se ha manifestado, habla de nuestra futura imagen, tanto espiritual (totalmente impecable), como de la física (totalmente perfecta).

Finalmente Juan nos dice que... “sabemos cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

Juan no dice...“sentimos” sino sabemos. El cristiano, debido a su condición de pecador, aun siendo salvo, puede sentirse perdido, pero la seguridad de nuestra salvación no descansa sobre el pobre andamiaje de nuestro sentimientos, que varían tanto, sino sobre la afirmación de la palabra de Dios.

Si no queremos sucumbir a la falacia de Satanás para arrebatarnos el gozo de nuestra salvación, debemos recordar siempre que nuestro estado de ánimo, nuestros sentimientos, varían según las circunstancias que nos rodean.

Son promesas divinas las que permanecen inamovibles, firmes para siempre... “Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido sí y no; mas ha sido sí en él; porque todas las promesas de Dios son el él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros para gloria de Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”(2 Co. 1:19-22).

En Dios no hay sí y luego no. “Porque todas las promesas de Dios son en él sí”.

¿Se imagina Ud. si alguna iglesia o agrupación tuviera a su cargo la distribución de la salvación?

Tendríamos indulgencias por tanto y cuanto, dependiendo del pecado cometido y de la capacidad económica del culpable.

Algunos comprarían su salvación mediante tarjetas de crédito, otros por cómodas cuotas, y otros tal vez por medio del llanto, ayunos, sacrificios personales, caridad y tantas otras cosas.

Hace algunos días he visto en las noticias los argumentos para canonizar y hacer “santa” a la llamada... “Madre Teresa”. He visto cientos o tal vez miles de kilogramos de fardos de papel describiendo las razones por qué ella debe ser canonizada.

El comentarista decía que no es fácil llegar a ser “santo”, porque toda esa cantidad de hojas alguien tiene que leer... Así es cómo el paganismo y la superstición religiosa entiende la santidad y lo mismo ocurre con la salvación.

La Biblia declara santos a todos aquellos que pertenecen a Cristo Jesús, y los declara eternamente salvos.

“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”(He. 7:25).

Notemos que es el Señor quien “puede salvarnos perpetuamente”. No es el salvo de quien depende, ni la salvación ni el mantenerse salvo.

Cuando un cristiano comienza a dudar de su salvación, está descalificando al Salvador mismo.

Luego dice que él, nuestro Salvador, está...“viviendo siempre para interceder por ellos” (por los salvos).

Somos acusados por nuestra conciencia, por nuestros semejantes, por la palabra de Dios, por Satanás mismo, pero nuestro Salvador constantemente vive intercediendo delante de Dios el Padre por nosotros.

“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (a los salvos)” (He. 10:14).

Pero... ¿cuándo él hace perfecto al salvo? Cuando lo salva. ¿Cómo es posible que él hay ahecho a alguien perfecto, eternamente salvo y que luego este perfecto, deje de serlo?

Oigamos lo que nos dice Pedro (1 P. 1:3-5).

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”(1 P. 1:3-5).

1. Note que es el bendito Señor Jesucristo, “según su gran misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva”. Yo puedo no entender bien qué significa renacer o nacer de nuevo, pero el Señor, mi Salvador, no tiene problema alguno para saber que esto ya es historia en todo cristiano.

2. Los cristianos tenemos “una herencia incorruptible e inmarcesible”. No dice que... si nos portamos de esta u otra manera, hacemos esto o aquello, sufrimos tanto o cuanto...“inmarcesible” significa algo que no se marchita. Esta... herencia, dice Pedro, nos está “reservada en los cielos”...

3. Pero de todo cuanto dice esta porción, lo que deseo enfatizar es cuando Pedro agrega:“Reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe”.

No es el creyente quien trata de no perder su salvación, porque esto de la seguridad de nuestra salvación está totalmente a cargo del Salvador. Lo que el creyente hace, es q7ue depositó su fe en las promesas e su Salvador.

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y par a que creáis en el nombre del Hijo de Dios”(1 Jn. 5:13).

¿Nota lo que dice Juan?“para que sepáis” no “para que sintáis” y siempre añade... “que tenéis vida eterna”.

Hay muchos otros textos que podríamos citar, donde se nos asegura la salvación, pero debemos considerar también cuáles son algunos de los textos que usan quienes niegan la salvación por la gracia.

¿Textos que niegan la seguridad de la salvación?

“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mt. 24:13).

Este texto es el mejor ejemplo para ilustrar el peligro e sacar un texto fuera de su contexto para explicarlo. Cuando Jesús dijo estas palabras, su tema NO era la iglesia, porque todo cuanto dice en Mt. 24 transcurrirá cuando la iglesia ya haya sido tomada al cielo.

Aquí, el Señor está hablando a los judíos, diciéndoles que todos aquellos que sobrevivan la gran Tribulación, serán salvos. Si la salvación fuese por la perseverancia, no habría ya lugar para la gracia. La Gracia no comparte la salvación. La gracia divina no necesita de ayuda alguna, porque justamente la gracia intervino porque ningún hombre puede producir obras como para salvarse. “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificándole nueva para sí mismo al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (He. 6:4-6).

Aunque al leer el texto parezca que dice que el que se aleja del Señor, ya no puede recuperar su salvación, ¡es todo lo contrario! Justamente este es uno de los textos más claros sobre la seguridad de la Salvación.

1. Dice que algo aquí es “imposible”. Tengamos en cuenta esta palabra.

2. Habla de los que gustaron el don celestial (el regalo de la salvación), que sin duda son los salvos.

3. Dice que se trata de personas que “fueron hechos partícipes del Espíritu Santo”, no cabe duda de que se trata de una persona salva.

4. Luego dice que éstos también “gustaron de la buena palabra de Dios”. De nuevo son los cristianos quienes leen la Biblia y la entienden, mediante el Espíritu Santo.

5. Es imposible que éstos pierdan todo cuanto obtuvieron, porque esto significaría como que el Señor fuese crucificado de nuevo, con todo cuanto involucró su muerte. Pero el Señor nunca más será crucificado, aunque él volverá, pero su regreso nada tendrá que ver con el pecado.

“Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan”(He. 9:28).

Y para reforzar este... “imposible”, el autor a los Hebreos sigue diciendo luego:

“Porque la tierra bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, y recibe bendición de Dios” (He. 6:7).

La lluvia cuando cae a la tierra, no puede dejar de humedecerla, no regresa, sino que hace que la semilla germine y crezca.

El Evangelio es igual, el pecador oye la palabra y recibe la vida eterna, pero esa lluvia (el evangelio de la gracia) hace su obra.

Algo parecido dice en Is. 55:10,11: “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega a la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero; y será prosperada en aquello para que la envié”

Recuerde: LO IMPOSIBLE, no es volverse a salvar después de haber perdido uno su salvación. Sino que lo imposible es perder la salvación, porque... “Por gracia soy salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obra, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8,9).

1. La salvación NO es intento del pecador, sino obra del Señor...

2. Nadie jamás podrá ser salvo por obras, únicamente por la gracia divina.

3. El pecador deposita su fe en Cristo y Cristo mismo se encarga de salvarle.

4. No existe un solo pecador capaz de hacer obras como para salvarse.

5. El pecador es salvo en el momento cuando por la fe recibe a Jesucristo, pues en ese momento obtiene la vida eterna. Esta... VIDA ETERNA, no se sujeta a ninguna condición.

6. Una vez salvo, el pecador está capacitado para, con la ayuda de su Salvador, pueda hacer buenas obras, pero la mayoría fallamos y nuca logramos ni siquiera las metas que nosotros mismos proponemos.

Es interesante notar lo que dice en Ef. 2:10... “Porque somos hechura suya, credos en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”

La única relación que tienen las buenas obras con el cristiano, es que Dios quiere que todo cristiano viva una vida nueva. La viva o no, el salvo es definitivamente salvo.

Hay muchos cristianos que no ofrecen el mejor ejemplo cristiano, pero el Salvador les ha dado vida eterna y ellos le pertenecen.

La gran diferencia entre cristiano y cristiano se verá cuando comparezcamos ante el Tribunal de Cristo.

Otros textos que confunde a algunos

“Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y hervor de fuego que ha de decorar a los adversarios” (He. 10:26,27).

Aquí no se habla de personas salvas, sino de quienes obtuvieron “el conocimiento de la verdad”. La cúspide del conocimiento de toda persona, radica en llegar a conocer el Evangelio de la redención. El pecador que, habiendo oído o leído la palabra de Dios, y voluntariamente se mantiene en su incredulidad, lo único que puede esperar, es el mismo infierno.

Antes de haber oído el evangelio, su situación no era tan grave, porque se esperaba que al oírlo, se arrepentiría, pero ahora que obtuvo el conocimiento su situación es muy seria.

“Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron”(He. 4:2).

El evangelio, si es rechazado, lejos de ser una buena noticia, es una noticia de juicio y condenación en el infierno.

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (He. 4:12).

Ahora Ud. tal vez se pregunta por qué en tantas iglesias no se expone más la palabra de Dios...

Ud. puede entender por qué la gran mayoría de cristianos no permanecen en una iglesia bíblica...

Los discursos sobre moralidad, un poco de psicología dominical, algo de urbanidad, anécdotas que hagan reír, es el plato principal en muchos púlpitos hoy. “Ocupaos en vuestra salvación”

El apóstol Pablo, escribiendo a los filipenses, dice: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”(Fil. 2:12,13).

Hay cristianos que dicen que Pablo nos enseña aquí que debemos “trabajar” para nuestra salvación. Tenemos que acumular buenas obras para que podamos salvarnos. Pero... ¿Es esto lo que él nos dice?

Sigamos leyendo... “Haced todo sin murmuraciones y contiendas”(v.4). Lo que Pablo le dice aquí es lo mismo que le dice a los Efesios en el Cap. 2:10. Pablo les dice que ellos procuren que sus obras (conducta) concuerde con su nueva vida, ya que siendo hijos de Dios, tienen la capacidad para... “hacer todo sin murmuraciones y contiendas”. Los no cristianos eran pleiteros, mal hablados, calumniadores, chismosos, estafadores etc... Pero los creyentes debían aplicar su fe a su conducta. El NO les dice que ellos procuren salvarse por medio de una buena conducta.

Lo que dice Pedro

Otro pasaje que suele invocar para “probar la pérdida de la salvación”,es 2 P. 2:14-22 “Tiene los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia; y son hijos de maldición. Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta. Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por las tormentas; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre.

Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertan, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno, es hecho esclavo del que lo venció.

Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.

Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: "El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”(2 P. 2:14-22).

Si alguien piensa que Pedro habla de personas regeneradas, ciertamente esta gente perdió su salvación...

Pero Pedro nada de eso dice. Lo que él repite es que ellos obtuvieron el conocimiento de la verdad. Es probable incluso que en un primer momento se arrepintieron de sus pecados. Pero nunca depositaron su fe en Cristo.

Lo que hacían era que seducían a las almas inconstantes y eran un peligro para los que realmente habían sido regenerados.

Note estas palabras:“Habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (v.20).

Esta gente oyó el Evangelio...

Esta gente consideró bueno el Evangelio de la Salvación...

Probablemente ellos llegaron a ser miembros de la iglesia...

Sin duda alguna vez hicieron mucho hincapié en la conducta...

Pero no se dice que ellos realmente creyeron en Cristo a fin de ser salvos.

Debemos destacar con letras grandes la palabra... CONOCIMIENTO.

El conocimiento del evangelio no es suficiente. Es necesario recibir al Señor Jesucristo por Salvador, ni bien uno oye el Evangelio.

Me temo que muchos cristianos hoy, especialmente líderes que predican ese “evangelio” de la prosperidad material, la sanidad del cuerpo, la psicología cristiana... el ecumenismo, las experiencias emocionales, la música mundana, los que codician la popularidad, el poder y el dinero, sin duda están en esta categoría. Ellos NO perdieron su salvación, sino que nunca la tuvieron.

¿Cuán grave es la herejía de la perdida de la salvación?

Ya sabemos el daño que hace a tantos hermanos que no logran conocer bien lo que la Biblia enseña sobre esta doctrina. Pero la gravedad aumente mucho más cuando consideramos, a la luz de esta enseñanza, a la persona de Cristo, el Espíritu Santo, Dios mismo y los hombres que escribieron, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamentos.

Veamos:

1. Jesús mintió en el momento más solemne de su ministerio, cuando, colgado de la cruz, entre el cielo y la tierra, exclamó: “Consumado es” (Jn. 19:30b).

2. Todas las veces que él dijo... “Tiene vida eterna”(Jn. 5:24 etc...) no dijo la verdad.

3. En todos los casos que Jesús declaró a alguien salvo, como el caso de Zaqueo, cuando dijo...“Hoy ha venido la salvación a esta casa” (Lc. 19:9). Él NO dijo la verdad.

4. Pablo también era un mentiroso, al afirmar y otra vez que la salvación es... “no por obras”; lo mismo que cuando dice... “Y vosotros estáis completos en él” (Col. 2:10). No hay nada de “completos en él”, porque ningún cristiano sabe si realmente permanecerá siempre fiel en su conducta.

5. Juan era otro mentiroso, porque él dijo, entre otras tantas afirmaciones sobre la seguridad de la salvación: “Amados, ahora somos hijos de Dios”, y luego, en lugar agrega: “Pero debemos cuidarnos para no perder esta nuestra relación con él”, Juan dice: “U aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Jn. 3:2).

Pero Juan va aún más allá en el v.3, cuando dice:

“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, (en cuanto a la salvación), se purifica a sí mismo, así como él es puro”.

Nos dice Juan que el cristiano que descansa enteramente en la gracia divina y en las promesas del Señor, para su salvación, lejos de andar en pecado, “se purifica a sí mismo”. No para permanecer salvo, sino porque lo es.

6. Pedro el apóstol, es otro mentiroso, porque él dijo: “Que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero” (1 P. 1:5).

Según Pedro, la parte que corresponde al pecador perdido, es la fe en Cristo. Y en cuanto a las obras corresponde al Salvador. Dios no aceptará jamás un tipo de obras que no sea perfección. “El justo por la fe vivirá” (Gá. 3:11b).

Primero al pecador se los llama “El JUSTO” y luego de todos modos, por la fe vivirá, por al fe es salvo, porque ¡carece de justicia propia y tiene que depender, mediante la fe, de la justicia del Señor!

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por la fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”(Ro. 1:17).

7. Quienes predican la salvación condicional, en realidad son culpables de pecado que Pablo expresa en Gá. 1:8,9.

¿Qué en cuando a Santiago? Hay cristianos sinceros que desearían saber qué significa lo que Santiago dice sobre las obras, especialmente cuando dice que “la fe sin obra es muerta”...

“Hermanos míos ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo ¿de qué aprovechará? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?” (Stg. 2:14-20).

Muchos cristianos no tienen la repuesta a quienes le dicen que Santiago nos dice que si no hay buenas obras, es porque quien dice tener fe, no la tiene, o si la tienen, esa fe es muerta. Veamos:

1. Santiago dice que no es posible mostrar la fe, excepto por medio de las obras. Dios sabe muy bien si nuestra fe es genuina o no, él no necesita de obras para saber si creemos o no. Pero nuestros semejantes necesitan ver la fe en acción, necesitan obras.

2. Note cuando él dice... “Muéstrame tu fe sin tus obras”. Lo que él dice es: Yo no te estoy diciendo que me expliques lo que es la fe cristiana, porque yo quiero que me la muestres.

Si alguien me pregunta... ¿puede explicarme lo que es la fe? Yo contestaría con He. 11:1. Yo diría que la fe cristiana es... “Dios lo dice y yo lo creo”.

Pero Santiago no habla de“explicar la fe”, sino... “muéstrame tu fe sin tus obras”. Esto es imposible. Las obras no son necesarias para la salvación, porque nuestro Señor ya agotó las obras. Las hizo todas en nuestro lugar. Pero si alguien quiere una muestra de la fe, entonces sí, no para Dios ni para salvarnos, sino para aquel que nos pide... “muéstrame tu fe”.

3. Cuando Santiago dice que “la fe sin obras es muerta”, lo es para nuestros semejantes, pero no para Dios. La gente se interesa en la fe salvadora cuando vea nuestros obras, no cuando escuche nuestra explicación del significado de la fe. “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe” (Stg. 2:21-24).

Note bien lo que dice en el v.23... “Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios”.

Abraham fue justificado y fue llamado amigo de Dios, CUANDO CREYÓ A DIOS, no cuando ya puso en acción esa fe por la cual fue justificado. ¡Esto es muy importante que nunca lo olvidemos! Dios nos justificó, nos salvó eternamente cuando creímos en Jesucristo, y no después de haber hecho obras buenas. La justificación, la salvación eterna viene antes que las buenas obras.

Volvamos a Abraham: “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham nuestro padre según la carne? Porque si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. Porque ¿qué dice la Escritura?Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Ro. 4:1-5).

1. La pregunta... “¿qué halló Abraham... según la carne?”es muy significativa, porque más adelante dice que si él hubiera sido justificado por las obras, tendría de qué jactarse. Pero no fue así, ya que Dios lo justificó, lo declaró justo, hoy diríamos que Dios declara salvo al pecador, no cuando éste cambia de conducta, hace buenas obras, sino cuando deposita su fe en Cristo.

2. Si Dios declara a un pecador como justo por las buenas obras que hace, entonces no es ninguna gracia, más bien Dios es deudor con el pecador y su deber es justificarlo en base a su buena conducta.

3. La conducta es gloria para Dios, es gozo para el que tiene buenas obras y es la fe más allá de ser explicada, es MOSTRADA para que otros puedan interesarse en la verdadera fe.

4. SI USTED cree que las obras son necesarias para la salvación, Ud. no entiende ni siquiera los rudimentos de la verdadera fe y la gracia divina.

5. Quienes predican la pérdida de la salvación, desprecian la fe y la gracia y en su arrogancia pretender competir con Dios.

6. Quienes lo hace, desprecian la perfecta obra de Cristo hecha a nuestro favor.

7. Quienes predican las obras en lugar de la fe, estafan a las almas que desesperadamente buscan reconciliarse con Dios.

8. Quienes sostienen esta herejía, realmente creen vivir una vida sin pecado, lo cual ni aun los más grandes hombres de Dios jamás pudieron lograr, debido al cuerpo pecaminoso en el que habitamos.

9. Si Ud. milita en una iglesia que enseña esta peligrosa herejía, retírese cuanto antes de allí.

10. Quienes lo hacen, quienes deprecian la gracia divina, son culpables del pecado de agregar o quitar de la Palabra de Dios, según Ap. 22:18,19.

Termino con las palabras de Stg. 2:10 “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Stg. 2:10).

11. Cuando la Biblia habla de la ley, en realidad se refiere a LAS OBRAS, porque la ley de Moisés exigía obras. Pero Pablo escribe: “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gá. 3:10). Si Ud. piensa que Ud. puede permanecer salvo por sus propios esfuerzos, Ud. está bajo la maldición de Dios, no bajo su bendición.

He aquí una advertencia del Señor para quienes enseñan parcialmente la verdad o tratan de “corregir al Señor”:

“De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas cualquiera que los haga y los enseñe, éste será llamado grande en el reino de los cielos” (Mt. 5:19).

El Señor nos manda que enseñemos todo aquello que él ha enseñado y que lo tenemos hoy en los evangelios. Tal vez no entendamos bien cómo tratará Dios a aquellos que en su conducta no reflejan esa nueva vida, pero el Señor se encargará de juzgarlos. El predicador tienen la responsabilidad de enseñar el texto sagrado. Los textos que parecen contradecir la seguridad de la salvación nunca deben conducirnos a la herejía de la pérdida de salvación.

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