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¡Semblanzas maravillosas de Cristo!

          La Biblia es como un amplio corredor colmado de espejos que reflejan a Cristo en miles de formas para que le admiremos y apreciemos.  Los ojos espirituales pueden descubrirle en las áreas más inesperadas de su Palabra.

Demasiado a menudo nuestra visión está ensombrecida cuando leemos el Antiguo Testamento y sólo vemos la forma terrenal de figuras prominentes como Moisés el profeta, el sacerdote Aarón o el rey David.  Sin embargo, si nos disponemos a descubrir la Palabra viva en la Palabra escrita, entonces el Señor se revelará a sí mismo en nuestros corazones a través de tipos y semblanzas externas.

          Jesús no sólo fue prefigurado en eventos y en personas, sino también en cosas. El verdadero significado de un tipo puede ser definido como una ilustración de una esfera inferior de la verdad.  Como un modo de dar a conocer la historia bíblica de la salvación de manera que algunas de sus primeras fases se vean como anticipos de fases posteriores.  Lo que nunca debe olvidarse es que ningún tipo o símbolo individualmente es suficiente para anticipar la perfección de la persona de Jesús y el desempeño de su obra.

          A fin de explicar su plan de salvación al creyente, mientras al mismo tiempo lo ocultaba de los ojos ávidos de Satanás, Dios hizo uso de tipos y símbolos.   Los tipos del Antiguo Testamento incluyen personas, funcionarios, objetos, acontecimientos, ritos, lugares e instituciones que, además de su propio valor significativo, prefiguraban a alguien o a algo por venir. Adán, por ejemplo, exhibió características que hacen alusión al Señor Jesucristo “el postrer Adán”.  Asimismo, Adán al identificarse con el pecado de su esposa, tomó sobre sí el pecado de ella a fin de asegurar su salvación.  De la misma manera, el Señor Jesucristo tomó sobre sí el pecado de la humanidad y murió para pagar el precio de nuestra redención.

          Después que Dios sacó a los israelitas de Egipto y estableció con ellos los términos de su pacto, le dio instrucciones a Moisés para que construyera un tabernáculo como símbolo de su presencia visible en medio de su pueblo.  El tabernáculo era una especie de tienda de campaña portátil que servía para cobijar el arca del pacto. 

          Cuando Israel adoró el becerro de oro, inmediatamente después del éxodo de Egipto despertando así la justa ira de Dios, Moisés sacó el tabernáculo de reunión fuera del campamento, simbolizando con esto el alejamiento del Señor.   Sin embargo, cuando el pueblo reanudó la marcha después de haberse consagrado nuevamente a Jehová, el tabernáculo fue instalado en medio de ellos, con seis tribus delante y seis detrás.

          El tabernáculo era entonces un símbolo de la morada de Dios en medio de su pueblo, símbolo al que se hace referencia en la encarnación del Verbo divino que “habitó entre nosotros” (Juan 1:14), es decir que puso su tabernáculo en medio de nosotros.  La alta calidad de los materiales que adornaron el tabernáculo, nos muestran la grandeza y la trascendencia de Dios.  El velo que rodeaba el Lugar Santísimo, semblanza de su santidad, simbolizaba la separación que había entre lo común y lo impío.  Además su naturaleza portátil mostraba el deseo del Creador de estar con su pueblo mientras avanzaban.  La mayor parte del tabernáculo y de su mobiliario estaban hechos de madera de acacia. Los árboles de acacia florecían en regiones estériles y eran sumamente comunes en los tiempos del Antiguo Testamento.  La madera tenía una tonalidad color pardo anaranjado y era muy dura, haciéndola un material excelente para el mobiliario.  A continuación vamos a enumerar cuáles eran las piezas claves del tabernáculo:

  •       El candelero y sus lámparas.  El candelero de oro localizado en el Lugar Santo, que sostenía siete lámparas de aceite, alumbraba el Lugar Santo para los sacerdotes.
  •       La mesa para el pan de la proposición.   Era una mesa de madera localizada en el Lugar Santo del tabernáculo.  En esta mesa se guardaba el pan de la proposición y varios utensilios más.  Allí se colocaban 12 rebanadas de pan horneado, una para cada tribu de Israel.  Simbolizaban el alimento espiritual que Dios le ofrece a su pueblo.
  •       El altar de bronce.  Este altar se encontraba fuera del tabernáculo y era utilizado para los sacrificios.  Indicaba cómo el sacrificio restauraba la relación personal con Dios.
  •       El altar del incienso.  Estaba en el Lugar Santo frente al velo.  Se usaba para quemar el incienso especial de Dios y era símbolo de una oración aceptable.
  •       El aceite de la unción.  Era un aceite especial usado para consagrar a los sacerdotes y todas las piezas del tabernáculo, una señal de estar apartado para Dios.
  •       La fuente de bronce.  Esta gran fuente de bronce para el lavamiento se encontraba fuera del tabernáculo y era utilizada por los sacerdotes para limpiarse antes de cumplir sus labores, simbolizando la necesidad de una limpieza espiritual.
  •       El velo El tabernáculo tenía dos velos o cortinas: uno grueso y hermoso entre el Lugar Santo y el Santísimo y otro a la entrada del atrio. Aunque con frecuencia se usa la misma palabra para designar a ambos, solo el primero tiene valor litúrgico porque demarcaba el lugar más sagrado del  Santuario  y en algunas ceremonias hasta se rociaba con sangre.  Era una semblanza de cómo la gente está separada de Dios por el pecado.
  •       El Arca del testimonio.  Era una caja rectangular de oro que contenía las tablas de los Diez Mandamientos y la vasija con maná. Simbolizaba el pacto de Dios con el pueblo de Israel y se encontraba colocada en el Lugar Santísimo.  El Propiciatorio era la tapa que cubría el arca del pacto.

          El velo separaba los dos lugares sagrados en el tabernáculo: el Lugar Santo y el Lugar Santísimo.  El sacerdote entraba al Lugar Santo para tener comunión con Dios y vigilar el altar del incienso, el candelero y la mesa con el pan de la proposición.  El Lugar Santísimo era donde Dios mismo moraba, su presencia descansaba sobre el propiciatorio que cubría el arca del pacto. Únicamente el sumo sacerdote podía entrar al Lugar Santísimo y sólo podía hacerlo una vez al año, en el Día de Expiación, para hacer expiación por los pecados de la nación entera. Cuando Jesucristo murió en la cruz, el velo del templo se rasgó en dos de arriba a abajo, indicando con esto nuestro libre acceso a Dios debido a la muerte de Jesús. La gente ya no tenía que acercarse a Dios a través de sacerdotes ni de sacrificios.

          El altar del holocausto era lo primero que veían los israelitas al ingresar al atrio del tabernáculo. Allí se efectuaban sacrificios constantemente. Su presencia viva le recordaba al pueblo, en todo momento, que sólo podía acercarse a Dios mediante el sacrificio.  De que era la única manera en que sus pecados podían ser perdonados y quitados.   Dios le estaba enseñando a su pueblo cómo adorarlo.  Para ello, necesitaba ministros que supervisaran las operaciones del tabernáculo y que ayudaran al pueblo a mantener su relación con Dios.  A estos hombres se les llamó sacerdotes y levitas.  Este ministerio sólo podían ejercerlo los descendientes de la tribu de Leví. Los capítulos 28 y 29 de Éxodo nos dan algunos detalles acerca de ellos.  Los sacerdotes no sólo eran de la tribu de Leví sino que además eran descendientes de Aarón, primer sumo sacerdote de Israel. Como tales, tenían más responsabilidades que los levitas. Como sumo sacerdote, Aarón tenía a su cargo a todos los sacerdotes y levitas. Los sacerdotes realizaban sacrificios diarios, daban mantenimiento al tabernáculo e instruían al pueblo en cuanto a cómo seguir a Dios. Eran los representantes del pueblo ante Dios y como tales se requería que vivieran una vida en conformidad con su cargo.

          Al seguir examinando los muebles y utensilios en el Santuario, pasamos a través de la puerta, sobre la cual hablaré después.  Advertimos que dejamos el bronce por el oro, es decir lo externo por lo interno.  Allí, en la parte izquierda de la construcción, se encontraba el candelero de oro.  ¡Qué gran contraste!  De los otros utensilios prácticamente no encontramos referencia alguna, sin embargo la Biblia nos brinda profusión de detalles con respecto al candelero.

El candelero y sus lámparas

          El libro de Éxodo, especialmente en los capítulos 25 al 31, describe con lujo de detalles los materiales empleados en la construcción del tabernáculo, sus dimensiones básicas y utensilios.  Uno de estos utensilios era el candelero, y éstas fueron las instrucciones que le diera Dios a Moisés sobre la forma como debía ser hecho:  “Harás además un candelero de oro puro; labrado a martillo se hará el candelero; su pie, su caña, sus copas, sus manzanas y sus flores, serán de lo mismo.  Y saldrán seis brazos de sus lados; tres brazos del candelero a un lado, y tres brazos al otro lado.  Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero; y en la caña central del candelero cuatro copas en forma de flor de almendro, sus manzanas y sus flores.  Habrá una manzana debajo de dos brazos del mismo, otra manzana debajo de otros dos brazos del mismo, y otra manzana debajo de los otros dos brazos del mismo, así para los seis brazos que salen del candelero.  Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro.  Y le harás siete lamparillas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante.  También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro.  De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios.  Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte” (Éxodo 25:31-40).

          Para que usted pueda entender todo en forma más clara, permítame aclararle que en ese tiempo no se usaba la palabra candelero tal como se utilizó después. Sin embargo esto no quiere decir que el término hubiera sido traducido en forma incorrecta, sino que en esa época se le daba el nombre de candelero a una lámpara pequeña de arcilla en la cual se quemaba aceite de oliva y que cuando se iba a usar se colocaba sobre un trípode, una base con tres patas.  Esto era lo que se conocía como candelero, mientras que a la lámpara le llamaban antorcha o lamparilla. Sin embargo, nosotros como occidentales le llamaríamos a este utensilio lámpara de pie.  Tal es el concepto que debemos tener en mente cuando leemos Mateo 5:15 que dice: "Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa".  Es obvio entonces, que a lo que se llama candelero en este versículo, es simplemente al pie de la lámpara.

          Considero que es necesario enfatizar este punto, para dejar bien claro que no hay ningún pasaje en la Palabra de Dios que indique que las lámparas o velas tienen que usarse en la adoración. El encender velas para la adoración es algo completamente erróneo y ajeno a la palabra de Dios.  Las lámparas alumbran mientras consumen su pabilo, pero su luz se debe al aceite que se vierte en ellas y que sirve como combustible.

          Pasemos ahora a examinar en forma más minuciosa esta pieza de oro.  La Biblia nos dice que este candelero era de oro puro, y que pesaba un talento, unas 125 libras aproximadamente.  El valor del metal en diciembre de 2014 serían unos $2.390.400 dólares, pero en este costo no está incluido el valor de la obra de mano.  El candelero, tal como lo describe la Biblia, tenía un pedestal y una especie de caña central de la que salían seis brazos simétricos, tres a cada lado y uno directamente del medio.  El hecho de que no se mencione la base se debe posiblemente a que se le consideraba como parte de la caña, de la columna central.

          Ahora examinemos la forma cómo se construyó, y dice la Biblia que debía ser "labrado a martillo".  El candelero, la pieza más hermosa, más elaborada y ornamental de todos los utensilios, no fue vaciado en un molde para su elaboración, tampoco fue ensamblado en partes, sino que fue labrado de una pieza sólida de oro, una obra que no podría llevarse a cabo hoy.  Este candelero era una semblanza maravillosa del plan de Dios.  ¡Una semblanza perfecta de la unidad de Cristo con su Iglesia!  ¿Cree usted que los hombres podrían hacer tal cosa hoy?   ¿Cree que podrían percibir tal semblanza en un pedazo de oro?  Pero... ¿cómo pudo Bezaleel entender esto? “Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte” (Éxodo 35:30,31).

          Podemos entonces darnos cuenta que Bezaleel y sus hombres fueron llenos del Espíritu de Dios para llevar a cabo tal obra de arte.  Fue así como estos hombres pudieron hacer este maravilloso trabajo que tenía apariencia de candelero, pero que en sí era una semblanza admirable de lo que sería la Iglesia de Dios.  El apóstol Pablo dice: "Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo..." (Efesios 1:4). Mientras que Juan habla "del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apocalipsis 13:8).

          Muchos antes de que el hombre viese la luz del día, Dios ya había visto a la Iglesia como un cuerpo maravilloso de creyentes, sin "mancha ni arruga ni cosa semejante" (Efesios  5:27).  Mucho antes de que el hombre pecara, Dios en su omnisciencia planeó su salvación en Cristo, "Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo..." (Romanos 8:29).  Tal verdad nos debe llenar de gozo, porque esto quiere decir que estamos en Él y con Él, que somos desde la eternidad una parte suya en virtud de su gracia soberana. ¡Sin duda esto es seguridad eterna!  Aunque Dios lo había planeado todo, su propósito sólo fue visto en Pentecostés, siendo revelado en su plenitud por el apóstol Pablo, quien dijo: "Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia" (Efesios 5:32).

          ¿Y cómo llegó a existir la Iglesia?  Por medio un proceso de labrado, porque el Cordero era el bloque de oro y Dios mismo trabajó en Él, como dijera Isaías: "Jehová quiso quebrantarlo" (Isaías 53:10a).  ¡Y cómo fue quebrantado!  A su nacimiento, el Señor Jesucristo no fue reconocido ni deseado; padeció pobreza, no tuvo hogar, ni siquiera un lecho para dormir.  Fue despreciado, calumniado e incomprendido.  Soportó hambre, sed, fatiga del cuerpo y angustia del alma. Los milagros que obró fueron desfigurados por sus enemigos. Luego fue a Getsemaní y finalmente al Calvario, completamente exhausto tras sufrir azotes, escupitajos sobre su rostro, una corona de espinas y la burla de sus semejantes y en el Gólgota le clavaron sobre una cruz y traspasaron su costado.  ¡Qué tragedia tan grande!  No obstante, pese a todo, su nacimiento fue milagroso, sus obras poderosas, su carácter santo, su vida perfecta y su cuerpo glorioso.  Su muerte fue un triunfo, su resurrección las primicias y todo fue consumado con su gloriosa ascensión al cielo en donde intercede por nosotros.  Él no partió sin antes prometernos que enviaría un Consolador, el Espíritu Santo y con la venida del Espíritu Santo vino a existir el glorioso cuerpo de creyentes llamado Iglesia.  La Iglesia ha ido creciendo en número a través de los años, llevando luz y testimonio al mundo, lo que seguirá haciendo hasta el día en que el Señor Jesucristo la presente ante su Padre con gozo, como un cuerpo glorioso de creyentes.

          Esta unión de Cristo con su Iglesia aparece a través de la Escritura. Eva fue formada de una costilla de Adán, "Y dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne... Por tanto... el hombre... se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2:23,24). El Señor Jesucristo dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer... Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15:5,4).   Encontramos aquí la misma similitud, la caña principal representando a Cristo y sus brazos a los creyentes.

Cristo como la caña

          El término hebreo que se traduce como caña o columna central es yarek y significa "muslo".  Esta palabra se traduce 20 veces como "muslo", dos veces como "lomos", cuatro veces "costado" y una vez "cuerpo".  Estas otras Escrituras muestran que la palabra yarek está relacionada con el nacimiento.

  •        “Todas las personas que vinieron con Jacob a Egipto, procedentes de sus lomos, sin las mujeres de los hijos de Jacob, todas las personas fueron sesenta y seis” (Génesis 46:26).
  •        “Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta...” (Éxodo 1:5).
  •        “Y tuvo Gedeón setenta hijos que constituyeron su descendencia...” (Jueces 8:30).

          ¡Qué semblanza más asombrosa!  Nosotros procedemos de Cristo, quien es el yarek.  "Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos..." (Hechos 17:28). Una brazo separado de la caña sería como una rama separada del tallo principal de la planta, sería una cosa inútil.  Si el brazo se desprendiera del candelero, siendo curvo y sin carecer de base, no podría sostener la lamparilla. De la misma manera nosotros somos nada sin Cristo, porque dependemos enteramente de Él.

Nosotros como los brazos

          No es fácil averiguar la verdadera formación de los brazos, pero en la  Traducción Literal de la Biblia de Young, la palabra que en nuestra Biblia se traduce como "brazos" aparece allí como "ramas".  Esto aclara mejor el concepto, la base o caña y sus ramas, tres de cada lado.  Cada rama tiene “Tres copas en forma de flor de almendro en un brazo, una manzana y una flor; y tres copas en forma de flor de almendro en otro brazo, una manzana y una flor; así en los seis brazos que salen del candelero” (Éxodo 25:33). Los dibujos del candelero que aparecen en las diferentes versiones de la Biblia, diccionarios y comentarios bíblicos sobre los utensilios del tabernáculo, nunca revelan este diseño porque simplemente son concepciones de los diferentes artistas, quienes no repararon mucho en los detalles.  Yo estoy enfatizando los detalles por considerarlos importantes recordando siempre que el Señor le dijo varias veces a Moisés, “Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte” (Éxodo 25:40).  Dios enfatizó ésto porque había un propósito en su modelo.  En otras palabras, estaba diciéndonos, "Estudiarás y entenderás el candelero de acuerdo con su modelo".

          Si examinamos cuidadosamente la figura del candelero podemos comprender lo que el Señor quiso decirnos.  La caña con su base, al igual que el tronco de la vid con sus raíces, es una semblanza de Cristo en su persona divina y eterna de la cual emergen los creyentes a los que además sostiene.  La Biblia nos dice que la caña central del candelero se prolonga y forma otra rama, en la que también hay "cuatro copas en formas de flor de almendro, sus manzanas y sus flores" (Éxodo 25:34).  Podemos deducir que esta rama sale del centro como una prolongación, porque la Biblia nos dice que los seis brazos están colocados a lado y lado, por lo que es obvio que el séptimo brazo debe salir del medio elevándose por encima de las otros.  Esto armoniza completamente con la Escritura, porque en este brazo podemos ver la eternidad de Cristo quien en su humanidad vino a ser como sus hermanos sin avergonzarse de ello.  Como leemos en la epístola a los Hebreos:

  •        “Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.  Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.  Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:9-11).
  •        “Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros” (Hebreos 1:9).

          Seis brazos salen de los lados, ninguno hacia el frente, porque el creyente cristiano debe permanecer a un lado para dar la preeminencia y gloria al Cristo eterno. Seis es el número que simboliza al hombre, el que fue creado en el sexto día a imagen y semejanza de Dios quedando destituido de la perfección divina.  Aquí en los seis brazos tenemos al hombre redimido y en el medio y sobresaliendo por encima de los otros, un séptimo brazo que simboliza al Hombre Perfecto, al Señor Jesucristo.  El modelo de los seis brazos difiere del séptimo en detalle, pero no en principio, porque todos tienen copas, manzanas y flores.

          A continuación vamos a considerar las manzanas, primero porque se encuentran en la caña central; hay tres de ellas, una debajo de cada par de brazos.  Existen diversas opiniones con respecto a la apariencia real de las copas, manzanas y flores. Por consiguiente sólo podemos evaluar la evidencia que tenemos y trazar una conclusión. Tanto el escritor judío Josefo como los escritores rabinos dicen que lo que se traduce como manzana era una granada, algunos sugieren que una era un botón, una flor en capullo y que las otras eran el fruto, pero como la Vulgata y la Versión de la Septuaginta de las Escrituras la traducen como "bola" o "manzana" armonizaremos todo aceptando que se trataba del fruto del granado el cual tiene figura redonda y se observa en mucha de la ornamentación oriental.

          En cualquier caso, la granada es un emblema de paz y puede verse en la orilla inferior de las vestiduras del sumo sacerdote, en los adornos del templo de Salomón y en el hermoso jardín descrito en los Cantares de Salomón. La figura esférica, redonda, es un emblema de algo completo y perfecto. Por lo tanto, de acuerdo con toda la evidencia, estas manzanas representan "Paz, perfecta paz".

          Tres es el número que simboliza lo divino, la Deidad de Dios está representada en tres personas -  Padre, Hijo y Espíritu Santo.  Por lo tanto las manzanas en la caña central son una semblanza del plan eterno de Dios. Cuatro es el número simbólico de la tierra y cuatro son las manzanas que tiene la caña, el brazo central, simbolizando la paz terrenal de Cristo.  Esta paz se manifestó en cuatro formas diferentes:

  •       Cuando el Señor Jesucristo nació se anunció la paz, “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14).
  •       También se pregonó la paz durante su ministerio, “Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1:79).
  •       A su muerte, “Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1:20).
  •       En su resurrección, “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno” (Hebreos 13:20).

          En cada uno de estos seis brazos hay una manzana, esto nos enseña que el Dios de paz es nuestra paz, por eso el apóstol Pablo dijo: “Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera...” (2 Tesalonicenses 3:16).

          En la traducción literal de la Biblia, la palabra que se traduce en nuestra versión como "copas" es "cáliz".  En Génesis 44:2,12,16,17 y Jeremías 35:5, este vocablo también se traduce como "copas", y no vuelve a aparecer en ningún otro lugar.  "Cáliz" es un término que se usa hoy en botánica y significa un órgano o cavidad con figura de copa. El cáliz es el ciclo más externo de la flor y está formado por hojas modificadas generalmente verdes llamadas sépalos, bien visibles cuando la flor está aún cerrada.  Su función es encerrar y proteger las otras partes de la flor mientras está en botón.  El cáliz frecuentemente desempeña un papel en la fecundación del fruto. Por todo esto podemos deducir que el cáliz de los almendros estaban incluidos en el modelo del candelero.

          Es imposible dejar de sentirse impresionado por la verdad, de que así como el cáliz protege el botón de la flor e incluso la semilla que originará la vida de la nueva planta, de la misma manera el Señor Jesucristo protege al cristiano y es la fuente de toda la vida.  “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4).  En Él está el botón de la vida humana, y la semilla de la vida eterna para el mundo entero está representada en las cuatro "copas".  Así como no todas las semillas de las plantas germinan, de la misma manera no todos los que poseen vida física creen para vida eterna.

          Tres copas estaban en cada una de los brazos, recordándonos que hemos recibido la vida de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y que podemos impartir las bendiciones de esa vida a otros y ayudar así al crecimiento de la Iglesia de Dios, porque "... Todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación" (2 Corintios 5:18).

          La creencia común es que las flores eran lirios y el lirio de Palestina es la anémona silvestre, a la que ni siquiera puede comparársele Salomón con toda su gloria. Los lirios con los granados adornaban las columnas del templo y la misma palabra "flores", que en hebreo es tsists, se usa en conexión con la corona de oro del sumo sacerdote. Si bien una flor es un cuadro de belleza, las cuatro flores en el brazo son la semblanza de la inconcebible e insuperable belleza del Hombre de Galilea. Él exhibía la hermosura de la santidad, la belleza de su carácter en su vida terrenal. Mientras había cuatro flores en la caña central, sólo había una en cada una de las otros seis brazos. No en balde dijo el Salmista, en la Paráfrasis de la Biblia: "Sea la belleza de Jehová nuestro Dios sobre nosotros" (Salmos 90:17). La única belleza de la que puede alardear el cristiano es de la belleza de su carácter como cristiano. Es así como el mundo ve a Jesús. El tener un carácter como el de Cristo siempre será un atractivo. Así como las flores eran el diseño que coronaba cada brazo, dentro de estas flores se encontraban las lamparillas encendidas del testimonio.  Ese era su propósito.

          Sin las lamparillas todo lo demás sería simple adorno. La belleza debe estar unida a la utilidad. El propósito de la Iglesia es irradiar luz. Debe notarse que la luz del candelero iluminaba el tabernáculo, que el candelero estaba en el interior no en el exterior. Nosotros debemos tener mucho cuidado con respecto a nuestra vida en la iglesia, de nuestro testimonio ante Dios y nuestros hermanos cristianos, porque si este es bueno, también debe ser bueno para el resto del mundo. Hay muchos en la iglesia que profesan una forma de santidad, pero que niegan la eficacia de ella. Claro está en el candelero, no era la lamparilla la que daba luz, sino que sólo la portaba. La luz provenía del aceite puro de oliva que constantemente se vertía en su interior. ¿Acaso no fue en Pentecostés cuando se derramó el aceite del Espíritu Santo para darle cuerpo a la Iglesia, formada por el sufrimiento y muerte de Cristo, convirtiéndola así en una iglesia valiente y radiante?  Este mismo Espíritu Santo había sido derramado previamente sobre la lámpara de la caña central cuando el Señor Jesucristo fue bautizado en el río Jordán y una paloma descendió sobre él. Por eso Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

          Ya hice notar anteriormente que el candelero alumbraba en el interior del tabernáculo, no en el exterior, para ese fin fue construido. La iglesia del Señor Jesucristo debe siempre recordar que vive y trabaja delante de Dios. Por consiguiente, la sinceridad y pureza de motivo debe ser el incentivo de todo lo que hagamos. Moisés no encendió el candelero delante del mundo, pero el mundo sabía que estaba encendido. Ojalá que sólo anhelemos vivir para su gloria, para que el mundo así pueda decir: "Esas personas han vivido con Jesús y han aprendido de Él". La Biblia también nos dice que el candelero estaba colocado enfrente de la mesa de los panes, "Y pondrás... el candelero en frente de la mesa al lado sur del tabernáculo..." (Éxodo 26:35).  Mediante la luz del Espíritu manifestada en la iglesia, viene el conocimiento y la provisión para el compañerismo conforme nos gozamos en Él y con Él, el pan de vida que descendió del cielo.

          El candelero emitía un rayo de luz sobre el altar dorado de bronce y sobre el velo que separaba el lugar Santo del Santísimo. De tal manera que iluminaba el lugar de intercesión. ¿No deberíamos entonces nosotros orar elevando nuestros corazones en el Espíritu para que termine de rasgarse el velo, diciendo: "Sí, ven, Señor Jesús"?

          Finalmente, el candelero se alumbraba a sí mismo. Si la iglesia brilla delante del Señor, de igual manera lo hará para sí misma. Después que Moisés estuvo ante la presencia del Señor su rostro resplandecía, a pesar de que él mismo no lo sabía. Cuando Esteban fue acusado falsamente y tuvo que comparecer ante el Concilio, al alzar los ojos al cielo "... Todos los que estaban en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel" (Hechos 6:15).  Finalmente había dos cosas muy pequeñas, pero indispensables, con que contaba también el candelero, las despabiladeras y los platillos.

          Las lámparas necesitaban ser despabiladas, es decir había que recortarle periódicamente el pabilo quemado.  De hecho esto se hacía por la mañana y por la tarde. Conforme iba transcurriendo el día las mechas se iban quemando y su luz decrecía por el hollín que se acumulaba. Este hollín no era causado por el aceite, porque era puro, sino por la propia mecha al quemarse. Por eso era necesario recortarlas y limpiarlas periódicamente.

          Cuántas veces no ocurren cosas similares en nuestras vidas que obstaculizan nuestro testimonio y hacen que disminuya la llama de la devoción. Entonces viene el Señor y nos despabila con sus reprensiones y disciplina para remover ese obstáculo, "Porque el Señor al que ama disciplina" (Hebreos 12:6). A menudo culpamos al Enemigo, el diablo, por ataques que posiblemente son despabiladas que nos da el Señor buscando refinarnos a fin de que podamos irradiar una mejor luz.  Permitamos que Dios haga tal cosa si así lo desea, para nuestro bien, de otra manera Él bien podría decir: "Arrepiéntete... pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido" (Apocalipsis 2:5).  El Señor bien podría remover la lámpara de su lugar de servicio, pero podemos regocijarnos porque Él no porta un extinguidor para apagar nuestra luz, sino que por el contrario la aviva.

La mesa de los panes

          Dios también le dijo a Moisés cuando lo instruyó sobre los utensilios y muebles del tabernáculo: “Harás asimismo una mesa de madera de acacia; su longitud será de dos codos, y de un codo su anchura, y su altura de codo y medio.  Y la cubrirás de oro puro, y le harás una cornisa de oro alrededor.  Le harás también una moldura alrededor, de un palmo menor de anchura, y harás a la moldura una cornisa de oro alrededor.  Y le harás cuatro anillos de oro, los cuales pondrás en las cuatro esquinas que corresponden a sus cuatro patas.  Los anillos estarán debajo de la moldura, para lugares de las varas para llevar la mesa.  Harás las varas de madera de acacia, y las cubrirás de oro, y con ellas será llevada la mesa.  Harás también sus platos, sus cucharas, sus cubiertas y sus tazones, con que se libará; de oro fino los harás.  Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí continuamente” (Éxodo 25:23-30).

          “Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas; cada torta será de dos décimas de efa.  Y las pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová.  Pondrás también sobre cada hilera incienso puro, y será para el pan como perfume, ofrenda encendida a Jehová.  Cada día de reposo lo pondrá continuamente en orden delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo.  Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho perpetuo” (Levítico 24:5-9).

          Opuesta al candelero, en el lado norte del lugar Santísimo, estaba colocada la mesa de los panes, con doce panes. Hay algo encantador y que capta la atención acerca de esta pieza de mueble, ya que habla de compañerismo, es un emblema de amistad. Cuando deseamos entablar lazos fraternales con alguien que hemos conocido en forma casual en la calle le decimos: "Acompáñeme y tomémonos un café", pero si deseamos conocer a un amigo en forma un poco más íntima, tenemos que compartir nuestras cosas con él y permitir que comparta las suyas con nosotros, y la costumbre es invitarle a casa a comer.  ¡Qué semblanza tan hermosa! ¡Porque el Señor de la gloria desea tener compañerismo con los redimidos! Aunque también anhela que le conozcamos mejor, por consiguiente ha provisto una mesa para nosotros. David dijo: "Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores" (Salmos 23:5). Esta mesa es una alusión a la que estaba en el tabernáculo,  provista sólo para los sacerdotes. De que forma tan clara la mesa de los panes de la proposición, habla de la mesa del Señor alrededor de la cual se reúnen los santos de semana en semana. Nosotros le llamamos la mesa de comunión, o la del partimiento del pan. Pero... ¿Conocemos nosotros esa comunión? Porque la palabra comunión significa compañerismo.

          Pero volvamos a la mesa en el tabernáculo.  Su tamaño era de dos codos de longitud y de un codo de anchura y una altura de codo y medio, la misma altura del arca de la alianza, pero medio codo menos en largo y ancho, no obstante cuando se le ponía encima de la moldura los  panes de la proposición, la parte que sobresalía de ellos hacía que la mesa tuviera casi el mismo tamaño que el arca. Las medidas implican limitaciones. La mesa es la suficientemente grande para recibir a todos los que se dignen acercarse a ella, que en este caso son el sacerdocio completo, pero la mesa también es lo suficientemente pequeña para excluir a todos los que no valen la pena. Judas a pesar de que estuvo presente en la primera cena salió antes de que el Señor hubiera instituido la última.  Ningún traidor debía estar presente en la mesa del Señor ni siquiera un incrédulo.  Por eso fue que el apóstol dijo: “Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.  Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios 11:28,29).

          Los materiales de esta mesa corresponden con el resto de los muebles. Estaba hecha de madera de acacia y cubierta de oro puro. La madera de acacia es una semblanza de la humanidad del Señor Jesucristo y el oro de su divinidad. Primero, la madera es una representación simbólica de su vida humana y su permanencia entre los hombres. Pero... ¿Qué sabemos nosotros de eso? El apóstol Pablo dijo: “A fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Filipenses 3:10).  El identificarse con la muerte del Señor Jesucristo significa reconocer su gloria, lo cual está representado en el oro que recubre la mesa. El apóstol Pablo vuelve a decir: “...  Para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo.  Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:8,9)."Si sufrimos, también reinaremos con él" (2 Timoteo 2:12).

          La mesa hasta donde la hemos visto era algo completamente ordinario, pero había algunas peculiaridades que la hacían del todo extraordinaria, tenía una moldura y alrededor de la moldura una cornisa de oro, también cuatro anillos de oro debajo de la moldura para las varas que servían para transportarla. Todo esto es de gran interés para un hijo de Dios.

          La moldura que tenía un palmo menor de anchura, parece que se le había añadido al área de la mesa. Es difícil deducir por el texto sagrado si la moldura estaba al mismo nivel de la mesa o a un nivel inferior, como algunos sugieren. Muchos creen que el relieve del arco de triunfo de Tito fue hecho siguiendo el modelo de esta mesa y de su candelero, sin embargo esto no cierto, porque el arco de Tito conmemora la destrucción del templo de Jerusalén y la remoción de sus muebles y utensilios y nosotros sabemos que el estilo de los muebles del templo era completamente diferente a los del tabernáculo. Una cosa si es cierta con respecto a esta moldura, y es que la misma se le había añadido a la mesa. Al observar que las medidas menores son esas de la mesa, y que la mesa deja de ser mesa sino tiene patas, se hace claro que las patas sin duda debían estar colocadas debajo de la base dejando libre la moldura. Trato de enfatizar esto porque sobre la mesa se encontraban los doce panes, mientras que posiblemente la moldura con su cornisa era el lugar en donde se colocaban los utensilios, que eran los platos, cucharas, cubiertos y tazones.  El pan, que era símbolo de la Palabra de Dios, estaba colocado sobre la base sólida de las cuatro patas, mientras que los utensilios sobre la moldura carecían por completo de fundación.

          Todo esto nos está indicando que la única autoridad segura, la única certeza, el único alimento verdadero del cristiano es la Palabra de Dios.   No en vano dijo el Señor Jesucristo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35).  La Palabra de Dios es el alimento del cristiano, sobre ella edifica su fe. Los utensilios como ya hiciera notar estaban colocados en la moldura que sobresalía. Su uso había sido ordenado por Dios y eran utilizados en conexión con la mesa y el pan, pero no eran alimento y por consiguiente no podían comerse.  Estos utensilios bien podríamos compararlos con los comentarios bíblicos, las concordancias, los diferentes libros y ministerios, tal como este ministerio radial, por ejemplo, todos los cuales ayudan a los cristianos en el estudio de la Biblia.  Porque así como estos utensilios colocados en la mesa de los panes ayudaban en el servicio de adoración en el tabernáculo, los libros y todo lo que acabo de citar ayudan a tener un mejor entendimiento de las Sagradas Escrituras, pero no son la Palabra de Dios que es el alimento espiritual de todo creyente cristiano. De ninguna manera podemos tomar todas estas ayudas que nos facilitan el estudio de la Biblia como una autoridad final porque carecen de fundación, de la inspiración divina por no haber sido reveladas por Dios. Solamente la Biblia es la autoridad final.

          La segunda peculiaridad eran las cornisas. Habían dos diferentes una en la mesa y otra en la moldura. Parece que su propósito era mantener las cosas en sus lugares respectivos. La primera mantenía el pan en la mesa y la segunda impedía que las cosas se cayesen de la moldura. De la misma forma Dios siempre ha preservado su Palabra por medio del Espíritu Santo. Algunas personas confunden estas cosas y mezclan lo divino con los elementos humanos, aceptando la palabra de hombres con una autoridad similar a la de la Biblia, sin embargo Dios ha mantenido su Palabra sin mezcla humana. Tal vez haya otros que traten de colocar a ministros o ministerios a un nivel igual que el de la Biblia, pero una vez más la cornisa del Espíritu Santo protege todo lo que ha sido santificado por Dios. Para ponerlo en otra forma, la doble cornisa de madera de la mesa y el oro trae a nuestra memoria la doble corona del Señor que ha provisto para nosotros el pan de vida. La madera es una semblanza de su humanidad ya que Él fue coronado de espinas por los hombres malos de su tiempo, mientras que el oro es una semblanza de su divinidad, de su vida eterna como Dios coronado con gloria y honor.

          La tercera característica de la mesa que la distingue de las demás era que tenía anillos y varas de madera. Es claro que el propósito de los anillos y las varas de madera era servir como ayuda para cargar la mesa. Las mesas casi siempre se colocan en un lugar fijo, mientras que ésta, aunque tenía una posición determinada se le había adaptado para poder transportarla a través del desierto. Recuerde que en ese tiempo el pueblo de Israel vagaba errante y cuando avanzaba llevaba consigo la mesa. Esto me trae a la mente este bendito pensamiento: Dios nos ha dado el alimento espiritual, no en la forma de una iglesia en un lugar fijo, ni por medio de un ministro, sino a través de su Palabra escrita, la Biblia.  Nosotros podemos llevar nuestras biblias en el bolsillo o en un maletín de mano, la podemos colocar dentro de la maleta cuando viajamos o ponerla junto a la cama cuando vamos a dormir. Yo siempre leo mi Biblia mientras viajo en avión, en mi casa, aquí frente al micrófono para que usted me escuche, cuando me toca esperar en la consulta de un médico, asimismo en la iglesia. Puedo meditar con ella a mi lado en cualquier lugar donde me encuentre, como una semblanza maravillosa de esta mesa del tabernáculo que los israelitas llevaban consigo a través de su jornada en el desierto.

          Los panes se los comían los sacerdotes. Y esto es lo nos dice la Biblia con respecto a su elaboración: “Y tomarás flor de harina, y cocerás de ella doce tortas; cada torta será de dos décimas de efa.  Y las pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante de Jehová.  Pondrás también sobre cada hilera incienso puro, y será para el pan como perfume, ofrenda encendida a Jehová.  Cada día de reposo lo pondrá continuamente en orden delante de Jehová, en nombre de los hijos de Israel, como pacto perpetuo. Y será de Aarón y de sus hijos, los cuales lo comerán en lugar santo; porque es  cosa muy santa para él, de las ofrendas encendidas a Jehová, por derecho perpetuo” (Levítico 24:5-9).

          Como dijera previamente, este pan es una semblanza de la Palabra de Dios, que es el Señor Jesucristo, la "Palabra Escrita", "La Palabra Viva". Las tortas se hacían con flor de harina, y nada común se le podía agregar a algo que era semblanza del “Ser Perfecto".  La harina, un producto de la tierra, no sólo debía molerse en el molino sino que tenía que ser cernida en un tamiz y probada como flor de harina, antes de que pudiera usarse para las tortas o panes de la proposición.

          Esto es una semblanza del Señor Jesucristo, la "Palabra Viva", quien no sólo pasó a través del molino del sufrimiento sino que además fue probado como perfecto en carácter.

  •        Hasta Pilato dijo de Él: "... Ningún delito halló en este hombre" (Lucas 23:4).
  •        "Y estando él [Pilato] sentado en el tribunal su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con este justo..." (Mateo 27:19).
  •        Judas también dijo: "Yo he pecado entregando sangre inocente..." (Mateo 27:4).
  •        Y estas fueron las palabras de uno de los malhechores: "Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo" (Lucas 23:41).
  •        Un centurión comentó: "Verdaderamente este hombre era justo" (Lucas 23:47).
  •        Dios Padre dijo de Él: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd" (Mateo 17:5).
  •        Como dijera el escritor de la Epístola de los Hebreos: "Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos" (Hebreos 7:26).

          No importa cuán fina sea la flor de harina, pero no se come por sí sola, sino que primero hay que hornearla. En el caso de los panes sin levadura, se les horneaba en una especie de horno rápido.  Pero... ¿Acaso no ocurrió lo mismo con el Señor Jesucristo?  Su carácter fue intachable y su vida perfecta a fin de satisfacer las demandas de un Dios santo. De la misma manera el Señor Jesucristo fue traspasado por todo su cuerpo, teniendo que pasar por el horno del Calvario, para llegar a convertirse en el pan de vida, en aquel que satisface a todos los que creen y confían en Él.

          En esta mesa siempre había doce panes los cuales se los comían los sacerdotes cada semana.  Esos sacerdotes, aunque muchos en número, eran los representantes de Dios ante el pueblo y del pueblo ante Dios, y cuando ellos comían el pan era como si las doce tribus de Israel también lo comiesen. De la misma forma Dios en Cristo provee para toda la Iglesia.

          Pero... ¿Por qué Dios les dijo que pusieran incienso sobre los panes?  Al examinar esto sólo puedo pensar en su aplicación espiritual como un símbolo de pureza, pero en lo que se refiere a su uso práctico realmente ignoro cuál era. Otra cosa que no puedo dejar de preguntarme es... ¿Endulzaban acaso el pan?  He pensado en esto, porque Cristo como pan de vida no es seco y sin interés, sino dulce y suave al paladar, sí ¡más dulce que la miel!  Antes de que los sacerdotes participaran de estos panes era reemplazados cada semana por otras doce hogazas de tal manera que siempre había pan sobre esta mesa. En forma  similar nadie ha llegado ante la mesa del Señor sin encontrar alimento espiritual para su vida.

Los utensilios

          También se necesitaba de una serie de utensilios.  Suficiente es decir que de acuerdo con la evidencia, los platos se usaban para llevar el pan a la mesa. Las cucharas, sin duda se utilizaban para poner el incienso sobre el pan y posiblemente para llevar el incienso hasta el altar de bronce. Según nos dice el capítulo 7 de Números, “Su ofrenda fue un plato de plata de ciento treinta siclos de peso, y un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario, ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para ofrenda; una cuchara de oro de diez siclos, llena de incienso; un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto; un macho cabrío para expiación; y para ofrenda de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esta fue la ofrenda de Naasón hijo de Aminadab” (Números 7:13-17).  El versículo 86 del capítulo 7 de Números concluye diciendo: “Las doce cucharas de oro llenas de incienso, de diez siclos cada cuchara, al siclo del santuario; todo el oro de las cucharas, ciento veinte siclos”.

          Las cubiertas y los tazones, son los utensilios que se mencionan de último, y según la Vulgata, la Versión de la Septuaginta, la Siriaca y otras versiones autorizadas de la Palabra de Dios, eran una especie de jarros o cálices. Estos tazones se usaban para la ofrenda de libación que siempre acompañaba la ofrenda de flor de harina. Algunas de las ofrendas de libación se derramaban sobre el altar de bronce y otras sobre el santuario. Como dice la Escritura, “Y su libación, la cuarta parte de un hin con cada cordero; derramarás libación de vino superior ante Jehová en el santuario” (Números 28:7).   Esta libación que se derramaba sobre el santuario no se hacía sobre el altar de oro, porque una de las ordenanzas que le diera Dios a Moisés decía: “No ofreceréis sobre él [es decir el altar] incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación” (Éxodo 30:9).  Es evidente entonces, que la libación se derramaba ante la mesa de los panes en donde se encontraba el vino con el pan.

          El punto que hay que enfatizar, es que no era el altar de bronce sino el sacrificio lo que servía como expiación, tampoco era la fuente de bronce lo que limpiaba, sino el agua que había en ella. De la misma manera, no era el candelero el que alumbraba sino la luz, ni tampoco santificaba el altar de oro sino el incienso que se quemaba sobre él. Lo mismo era con el arca de la alianza, porque lo más importante no era el arca en sí, sino la sangre que se rociaba sobre el propiciatorio.

El altar de incienso

          Y esta fue otra de las ordenanzas que le diera Dios a Moisés con respecto a los muebles y utensilios del tabernáculo: “Harás asimismo un altar para quemar el incienso; de madera de acacia lo harás.  Su longitud será de un codo, y su anchura de un codo; será cuadrado, y su altura de dos codos; y sus cuernos serán parte del mismo.  Y lo cubrirás de oro puro, su cubierta, sus paredes en derredor y sus cuernos; y le harás en derredor una cornisa de oro.  Le harás también dos anillos de oro debajo de su cornisa, a sus dos esquinas a ambos lados suyos, para meter las varas con que será llevado.  Harás las varas de madera de acacia, y las cubrirás de oro.  Y lo pondrás delante del velo que está junto al arca del testimonio, delante del propiciatorio que está sobre el testimonio, donde me encontraré contigo.  Y Aarón quemará incienso aromático sobre él; cada mañana cuando aliste las lámparas lo quemará.  Y cuando Aarón encienda las lámparas al anochecer, quemará el incienso; rito perpetuo delante de Jehová por vuestras generaciones.  No ofreceréis sobre él incienso extraño, ni holocausto, ni ofrenda; ni tampoco derramaréis sobre él libación.  Y sobre sus cuernos hará Aarón expiación una vez en el año con la sangre del sacrificio por el pecado para expiación; una vez en el año hará expiación sobre él por vuestras generaciones; será muy santo a Jehová” (Éxodo 30:1-10).

 “Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo.  Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima. Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová.  Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo” (Éxodo 30:34-38).
El altar de incienso estaba colocado directamente ante la entrada del tabernáculo, entre los otros dos muebles. La Biblia nos dice que estaba "delante del velo".  Era un mueble pequeño de sólo un codo de largo, un codo de ancho y dos de altura, es decir tenía cerca de un metro seis centímetros de alto y unos 136 centímetros cuadrados de superficie, no obstante era lo suficientemente grande para cumplir su propósito.

          Aparentemente no hay nada significativo en sus medidas.  El altar era más alto que la mesa y el propiciatorio, pero conservaba las proporciones. No obstante, algo que es digno de notar es que definitivamente era el mueble más pequeño del tabernáculo, aunque no por eso podemos decir que era menos importante que los demás, porque tal afirmación no sería cierta. Tampoco se puede decir que era más importante que el resto, porque lo peculiar en todos los muebles y utensilios de tabernáculo era que cada pieza estaba relacionada con las otras y todas en sí eran indispensables.

          Lo pequeño de este mueble me hace pensar en que cuando intercedemos ante Dios por otros, no es lo extenso de nuestra oración o intercesión lo que prevalece ante el Señor sino su realidad. ¿Acaso no dijo el Señor Jesucristo que cuando orásemos no usáramos muchas palabras o vanas repeticiones? Lo importante es la plegaria fervorosa del justo.

          Vemos una vez más que los materiales con que se construyó el altar de incienso eran de dos clases: madera de acacia y oro. Esto como semblanza de que Cristo Jesús "el Hombre" que intercede en los cielos por la iglesia "en la tierra".

          La cornisa impedía que el fuego cayese al suelo. Cuando el incienso era traído por el sacerdote el fuego hacía que se elevara ante Dios. El fuego es una de las muchas descripciones que se usa en la Palabra de Dios para referirse al Espíritu Santo. El apóstol Pablo dijo por ejemplo que "el Espíritu Santo intercede por nosotros" (Romanos 8:26). Las plegarias de Cristo nunca fallan. Pedro tropezó, pero un poco antes el Señor Jesucristo le había dicho: "Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti..." (Lucas 22:31,32).

          Este altar también tenía cuernos, los que nos hablan del poder de la oración, oración que puede llegar hasta los cuatro extremos de la tierra. Abraham intercedió por Sodoma y la ciudad prevaleció mientras él oraba. Jacob luchó y oró toda la noche en Peniel y se convirtió en Israel. El profeta Ezequiel asimismo intercedió por Jerusalén y su oración fue escuchada. Nosotros necesitamos asirnos a los cuernos, es decir debemos persistir en nuestras plegarias.

          Los anillos y varas del altar eran como las que tenía la mesa de los panes de la proposición y estaban adaptados para poder transportarlo mientras los israelitas realizaban su jornada a través del desierto Cristo siempre estuvo en medio de su pueblo para escuchar su clamor y todavía está en la actualidad. A la mujer de Samaria él le dijo: “Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:21,23).   Es obvio entonces que la intercesión no está limitada ni a tiempo ni a lugar.

          El altar exhibe la obra grandiosa de Cristo, quien habiendo concluido su tarea de redención para el mundo, ascendió a las alturas para convertirse en el gran Mediador entre Dios y los hombres y el gran Intercesor que escucha nuestro clamor e intercede por nuestra causa. Nosotros, de la misma forma, como hijos del gran Sumo Sacerdote hemos recibido el mismo llamado en Cristo Jesús.

          El altar de incienso estaba colocado en línea directa con el lugar Santísimo, por consiguiente ante el arca del testimonio.  El arca era el lugar de morada de Dios, quien dijo refiriéndose a ella: "Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio ..." (Éxodo 25:22).  Por Apocalipsis 8:3 podemos ver que el altar de incienso mantiene en el cielo la misma posición que tenía en la tierra, como dice la Escritura: "Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono". La única diferencia que existe entre los dos, es decir entre el altar que había en la tierra y el que hay en el cielo es que ante el primero había un velo que lo separaba del lugar Santísimo, pero ahora ese velo se ha rasgado en dos y nosotros podemos llegar osadamente ante la presencia del Altísimo.

          Tal parece que hubiera una relación especial entre las tres piezas del mobiliario en el Lugar Santísimo, y esta relación es creada por el ministerio de los sacerdotes entre el uno y el otro. El vínculo principal lo vemos entre el candelero y el altar. Los versículos 7 y 8 del capítulo 30 de Éxodo nos dicen cómo el sacerdote ponía el incienso sobre el altar al momento de preparar las lámparas en la mañana y en la tarde. Estos eran ministerios conjuntos. De igual manera la plegaria y el testimonio siempre van juntos. Se ha dicho sabiamente, que "Nosotros brillamos mejor ante los hombres, cuando nuestros corazones arden mejor delante de Dios”.

          Esta conexión puede verse fácilmente a través de la Escritura. Leemos en Isaías 6:5-9,“Entonces dije: ¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.  Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado.  Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.  Y dijo: Anda...”.  Isaías fue tocado en sus labios con un carbón tomado del altar y se le encomendó la comisión de "ir y ministrar a su pueblo".

          En ocasiones he pensado en esta pequeña pieza del mobiliario del tabernáculo colocada delante del velo, como en un pequeño enchufe al cual conectamos un artefacto a la corriente eléctrica.  Detrás del velo del tabernáculo estaba la "gloria del Shekinah", la presencia de Dios. De la misma manera detrás del velo del cielo están todos los recursos del gran Dios Trino. Cuando nos conectamos al enchufe de la oración con la mano de la fe, nosotros también podemos disponer de todos esos recursos y descubrir que la "oración puede cambiar las cosas".  Cosas grandiosas ocurrían al momento de la oración, cuando se ofrecía el incienso. Permítame citarle algunas Escrituras:

  •        “Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas... Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja”(1 Reyes 18:36,38).
  •        "Aún estaba hablando en oración, cuando el varón Gabriel, a quien había visto en la visión al principio volando con presteza, vino a mí como a la hora del sacrificio de la tarde" (Daniel 9:21). Después de esto Daniel recibió una revelación relacionada con el futuro de su pueblo.
  •        “Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.  Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.  Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.  Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.  Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.  Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos” (Hechos 3:1-7).
  •        "Entonces Cornelio dijo: Hace cuatro días que a esta hora yo estaba en ayunas; y a la hora novena, mientras oraba en mi casa, vi que se puso delante de mí un varón con vestido resplandeciente, y dijo: Cornelio, tú oración ha sido oída..." (Hechos 10:30,31). El resultado de esto fue que el Evangelio fue predicado a los gentiles.
  •        “Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.  Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?... Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.  Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo...” (Mateo 27:45,46,50,51).

          Cuando las oraciones se hacen en forma correcta traen muchas bendiciones, mientras que su abuso puede ocasionar una maldición.  La Biblia nos ofrece un ejemplo de esto último, “Y entró tras él el sacerdote Azarías, y con él ochenta sacerdotes de Jehová, varones valientes.  Y se pusieron contra el rey Uzías, y le dijeron: No te corresponde a ti, oh Uzías, el quemar incienso a Jehová, sino a los sacerdotes hijos de Aarón, que son consagrados para quemarlo. Sal del santuario, porque has prevaricado, y no te será para gloria delante de Jehová Dios.  Entonces Uzías, teniendo en la mano un incensario para ofrecer incienso, se llenó de ira; y en su ira contra los sacerdotes, la lepra le brotó en la frente, delante de los sacerdotes en la casa de Jehová, junto al altar del incienso” (2 Crónicas 26:17-19).

          Finalmente hay un contraste completo entre los dos altares que debemos observar. El altar de bronce estaba afuera y el de oro dentro. El altar que estaba afuera había sido construido con madera y reforzado con bronce y el adentro también estaba hecho de madera, pero adornado con oro. El primer altar no tenía cornisa - como una semblanza de Cristo en su humillación. El segundo tenía cornisa - representando a Cristo en su exaltación. El altar de bronce representaba el lugar del sufrimiento y tipifica a Cristo como Salvador. El altar de oro era el lugar de triunfo y tipifica a Cristo como Mediador. El primero vino por los pecadores, el segundo para los santos.

          Además de este contraste también hay semejanzas. Ambos altares eran cuadrados, lo cual es una señal simétrica de solidez y equidad. En uno es visto Cristo muriendo por el mundo entero sin tener en cuenta color o raza; en el otro Cristo es visto como intercesor de la Iglesia, de los creyentes cristianos, pero sin tener en cuenta credo o denominación, demostrando así que estos creyentes "han experimentado el nuevo nacimiento". Ambos altares tienen anillos y varas y ambos tienen los símbolos de la fortaleza universal - los cuatro cuernos.

          Tal como dijera anteriormente,  el valor del altar no radicaba en sí mismo, sino en el incienso que se quemaba sobre él. Este incienso era un compuesto misterioso cuidadosamente preparado con porciones iguales de estacte, uña aromática, gálbano aromático e incienso puro. Algunos eruditos de la Palabra de Dios han tipificado hermosamente esta maravillosa combinación de plantas aromáticas en el incienso, con la obra maravillosa llevada a cabo por el Señor Jesucristo. Ellos dicen que estos compuestos representan en su orden:

  •       El mérito de la vida del Señor Jesucristo
  •       El mérito de su muerte
  •       El mérito de su resurrección y
  •       La semblanza de su ascensión al cielo.

          Pero... ¿Cuál es el componente aromático más importante de los cuatro?  ¡Ninguno! porque son inseparables. El incienso habría dejado de ser incienso si hubiera faltado uno solo de sus componentes. En forma similar la  vida perfecta del Señor Jesucristo por sí sola no podía redimirnos, por eso fue necesaria su muerte. Pero su muerte habría carecido de edificación si su vida no hubiese sido sin pecado y aún así,  ésto no habría sido suficiente, por eso era necesaria su resurrección para demostrarnos que Dios había quedado satisfecho y que había aceptado el sacrificio de Jesús. Si Cristo hubiese permanecido en el sepulcro nosotros no tendríamos un Intercesor, nadie que pudiera presentar nuestras plegarias ante Dios. Por consiguiente la resurrección de Jesús era tan importante como su vida, su muerte, la consumación de su vida, su obra en la tierra y su ascenso al cielo.

          La Biblia no nos dice qué cantidad de incienso se quemaba sobre el altar, sólo encontramos la advertencia de que "Como este incienso... no os haréis otro según su composición, [porque] ... era cosa sagrada para Jehová".  ¿Podría haber algo en el mundo que se comparase a la encarnación y vida del Señor Jesucristo?  ¡No, no lo hay! Entonces... ¿por qué Dios dio un mandamiento de tal naturaleza? Porque sabía que los hombres tratarían de hacer una imitación, que presentarían otros mediadores. Por eso enfatizó en su palabra, "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Timoteo 2:5).

          El propio Señor Jesucristo también dijo refiriéndose a esos imitadores, "Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos" (Mateo 23:9).  Pese a estas ordenanzas claras que tenemos en la palabra de Dios, hay un segmento de la iglesia que llama a sus sacerdotes "Padre" y que enseña que hay otros mediadores entre Dios y los hombres.   Es importante que tengamos siempre presentes las palabras de la epístola a los Hebreos: "Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe..." (Hebreos 10:21,22).

El velo

          Y le dijo Dios a Moisés, “También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines;  y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata.  Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo.  Pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo.  Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado sur del tabernáculo; y pondrás la mesa al lado del norte.  Harás para la puerta del tabernáculo una cortina de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador.  Y harás para la cortina cinco columnas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro, con sus capiteles de oro; y fundirás cinco basas de bronce para ellas” (Éxodo 26:31-37).  La Escritura nos menciona seis velos diferentes y son:

  •       El velo del tabernáculo
  •       El velo del templo
  •       El velo de Moisés
  •       El velo de la carne de Cristo
  •       El velo de incredulidad y
  •       El velo que envuelve a todas las naciones.

          Dice también 2 Crónicas 3:14: “Hizo también el velo de azul, púrpura, carmesí y lino, e hizo realzar querubines en él” (2 Crónicas 3:14).  Este último no era el mismo velo que tenía el tabernáculo. Moisés ordenó la confección del primero, Salomón la del segundo. El velo del tabernáculo no habría servido en un templo de tan grandes dimensiones.  En cualquiera de los casos, el velo es lo que se interpone, lo que oculta. Pero procedamos a examinar en detalle el velo del tabernáculo que colgaba sobre cuatro columnas. Estas eran cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro. La razón de por qué había cuatro columnas para el velo en lugar de las cinco que tenía la puerta es obvia, ya que para las columnas del velo había menos espacio. Sin duda las cinco columnas estaban al frente del tabernáculo y eran un símbolo de la gracia de Dios, ya que bíblicamente cinco es el número de gracia, mientras que sus capiteles de oro hablan de la gracia soberana a que tenemos acceso.

          Por otra parte las cuatro columnas adentro nos hablan de la solidez de la obra del Señor Jesucristo a semejanza de los altares cuadrados.  La fundación de estas columnas consistía de basas de plata. Estas basas de plata nos están indicando que la redención no sólo es la fundación del creyente cristiano, sino también el fundamento y eterno propósito de la obra de Cristo sobre la cruz del Calvario.

          Los corchetes de oro colocados por encima del velo y la puerta nos recuerdan el hecho de que la mano divina de Dios estuvo siempre sobre su Hijo, protegiéndolo y sosteniéndolo en su vida terrenal.

          Sabemos por Hebreos 10:19,20 que el velo es una semblanza de la carne del Señor Jesucristo, de su vida sobre la tierra, “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Hebreos 10:19,20).  Fue así como el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros haciendo el bien en forma incesante, aunque ésto no fue la manifestación plena del amor de Dios. Sabemos por su Palabra, que el camino hasta su presencia era inaccesible mientras el velo permanecía sin rasgarse, pero cuando el velo de su vida se rasgó con su muerte, nosotros tuvimos libre acceso a su divina presencia.  La muerte del Señor Jesucristo fue entonces la manifestación plena del amor de Dios.
El carácter de la encarnación del Hijo de Dios está simbolizado en los maravillosos colores del velo, el cual como dice la Escritura, era de obra primorosa.  Este velo fue obra de un gran inventor, un artífice.  En el capítulo 31 de Éxodo leemos que Bezaleel, fue lleno del Espíritu de Dios en sabiduría e inteligencia, en ciencia y todo arte, para inventar diseños, para trabajar en toda clase de labor primorosa, y así era la obra del velo.  La tradición dice que el velo tenía un palmo de espesor.  El palmo era una medida equivalente a la distancia entre los extremos del dedo pulgar y el meñique con la mano extendida, o sea unos 22 centímetros y medio.  Era de un diseño maravilloso, hecho conforme a un modelo divino.  No obstante, en ningún lugar de la tierra podía fabricarse ese otro velo, que como sabemos es semblanza de su carne. Ese mismo Espíritu que ungió a Bezaleel, ungió también a la Virgen María para que fuese la depositaria del Verbo Divino, para que dentro de su vientre se encarnara el cuerpo humano del Dios revestido de carne. “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).  "... Se halló que (María) había concebido del Espíritu Santo" (Mateo 1:18).  Pero también hay otras semblanzas en el velo.

  •        Su color azul simboliza el que Jesús hubiera nacido de una mujer y fuese llamado el Hijo de Dios.
  •        El rojo que fuese llamado Hijo del hombre y
  •        La púrpura que fuese llamado Emanuel, Dios con nosotros.

          Detrás de este velo estaban las figuras primorosamente labradas de los querubines, el emblema de tutela.  El propósito de este velo, que pese a ser primorosamente tejido y sumamente atractivo, era separar, impedir la entrada. El velo le indicaba a los hombres de que ellos, por sí mismos, no podían acercarse a Dios. Dice Hebreos 9:6-12: “Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.  Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.  Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9:6-12).

          Este pasaje de la Escritura nos deja saber que el camino hacia el Lugar Santísimo no se manifestó mientras permanecía el primer tabernáculo en esa otra dispensación. Incluso no había redención ni siquiera cuando el Señor Jesucristo vivía sobre la tierra, la redención se manifestó a su muerte, porque al morir no sólo abrió un nuevo camino, sino que puso fin a la dispensación del tabernáculo. En el mismo instante en que el Señor Jesucristo moría sobre la cruz del Calvario, el velo del templo se rasgó en dos, indicando con esto que el camino había quedado abierto, pero no el camino hacia el Lugar Santísimo o hacia el arca, porque el arca ya no se encontraba en el templo de Herodes. Cientos de años antes los israelitas habían perdido su rastro, cuando fue destruido el templo de Salomón.  La muerte del Señor Jesucristo no nos abrió el camino hacia el arca, sino el camino hacia el propio Dios.  Los tipos que eran como sombras de cosas venideras se hacían una realidad dejando traslucir una luz maravillosa. La muerte del Señor Jesucristo transformó las sombras en luz resplandeciente.

          Al hablar del velo estoy refiriéndome tanto al velo del tabernáculo como al del templo, porque a pesar de que ambos velos estaban hechos de materiales diferentes, doctrinalmente simbolizaban lo mismo, tal como si nos mudásemos de casa y compráramos un nuevo mobiliario, aunque la casa luciera diferente no por eso dejaba de ser nuestro hogar, porque el hogar no son los muebles, sino el espíritu de amor y compañerismo que reina en él.  Esto era lo mismo con respecto al velo.

          La Escritura dice “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.  Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló...” (Mateo 27:50,51).  El velo se rasgó "de arriba a abajo", mucho más allá del alcance del hombre.  Esto es cierto con respecto a la muerte de Cristo, a quien "Jehová quiso quebrantarlo" (Isaías  53:10). Su propio pueblo le rechazó, los judíos le condenaron, los romanos le crucificaron, pese a todo Él dijo: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.  Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar...” (Juan 10:17,18).

          El apóstol Pablo dijo: "... Pues no se ha hecho esto en algún rincón" (Hechos 26:26). La salvación no es algo que nos avergüence. Algunas personas se excusan por su fe, pero Pablo dijo: "Porque no me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree..." (Romanos 1:16). De la misma forma Dios tampoco se avergüenza de él.  El Señor Jesucristo dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (Juan 14:6). Otra de las cosas del velo fue que se rasgó completamente, de arriba a abajo, sin que quedara ni un hilo como unión. Yo creo que el velo se partió en dos de la misma forma como se partirá en dos el monte de los Olivos cuando el Señor Jesucristo pose sus pies sobre él. Como dice la profecía: “Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur” (Zacarías 14:4).

          Desafortunadamente, algunas personas hoy día nos presentan este velo con algunos hilos uniendo todavía una mitad con la otra. Estos hilos están representados por los rituales y diversas ordenanzas de la ley con la que presionan a cristianos jóvenes, obligándoles a permanecer colgados de estos hilos.  Mas tengamos bien claro que el Señor Jesucristo limpió el camino y que no hay obstáculos de ninguna clase en él.

El Arca del Testimonio

          Y le dijo el Señor a Moisés: “Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio.  Y la cubrirás de oro puro por dentro y por fuera, y harás sobre ella una cornisa de oro alrededor.  Fundirás para ella cuatro anillos de oro, que pondrás en sus cuatro esquinas; dos anillos a un lado de ella, y dos anillos al otro lado.  Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro.  Y meterás las varas por los anillos a los lados del arca, para llevar el arca con ellas.  Las varas quedarán en los anillos del arca; no se quitarán de ella.  Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré.  Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio.  Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio.  Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos.  Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines.  Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré.  Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel” (Éxodo 25:10-22).

          Con reverencia y respeto traspasaremos el velo para entrar en el Lugar Santísimo y examinar el arca del testimonio, algo que los santos del Antiguo Testamento nunca pudieron hacer. Cuando el sumo sacerdote entraba allí una vez al año, derramaba incienso sobre el incensario encendido haciendo que se elevara una nube de humo perfumado que ocultaba la visión. Sin embargo como el velo se rasgó nosotros podemos ahora aprender todo lo que el arca puede enseñarnos.

          Pero... ¿Qué es un arca? En términos generales el diccionario define la palabra arca como "Un baúl o cofre para mantener a salvo y en secreto alguna cosa".  Tenga bien en mente que hay unas tres arcas, si acaso no cuatro,  mencionadas en la Escritura. Y son el arca de Noé, el arca de Moisés, el arca de Dios y el arca del padre de familia, pero examinemos la que nos interesa que es el arca del testimonio.

          La introducción es verdaderamente cautivadora.  “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos.  Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis.  Harán también un arca de madera de acacia, cuya longitud será de dos codos y medio, su anchura de codo y medio, y su altura de codo y medio” (Éxodo 25:8-10).  Éstas fueron las palabras de Jehová con respecto a la construcción de estos muebles, los detalles vienen más adelante.  Generalmente nosotros seleccionamos los muebles de acuerdo con la construcción de la casa, pero no es este el caso con el Señor. El siempre comienza donde debe, en el corazón de todas las cosas, trabajando de adentro hacia afuera. El arca era como el corazón del santuario; porque un tabernáculo sin arca sería como un cuerpo sin alma o una iglesia sin Cristo. Esto podemos verlo en el templo de Herodes en donde no había un arca verdadera, sino un sistema religioso y ritualista el cual sólo sirvió para crucificar a su Mesías.

          Conforme se dan los detalles de este mueble sólo podemos ver a Cristo en él.  Esta arca, dijo Jehová debía ser hecha de madera de acacia.  La madera de acacia es muy dura de grano fino y compacto lo que nos hace pensar en lo durable, aunque como madera simboliza la humanidad.  Proviene del árbol del mismo nombre originario del lugar en que el pueblo de Israel realizó su jornada y donde se construyera el tabernáculo. Si Dios hubiera dicho: "Harán también un arca de madera de cedro...", esto habría implicado que los israelitas tenían que viajar a Líbano a buscar el cedro.  Si hubiera sido madera de roble o de gofer habrían tenido que esperar hasta llegar a Palestina, porque los robles no crecen en el desierto.  ¡Pero no fue así!  Dios seleccionó la madera que era común en el medio en que vivían los israelitas y que además estaba a su disposición. ¡Qué cosa tan maravillosa! Cuando Dios decidió hacerse carne enviando a su Hijo unigénito, no le envió en la forma de un ángel o un arcángel, ni siquiera con un cuerpo místico perteneciente a otro reino, "Sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Filipenses 2:7). Reverentemente podemos decir que Jesús tenía un cuerpo común y corriente como cualquier hombre, que sufrió las mismas tentaciones que sentimos nosotros, las mismas debilidades físicas y las mismas limitaciones, aunque sin pecado.

          Muchas más de estas verdades, pueden verse en el tamaño del arca.  Tenía dos codos y medio de longitud, codo y medio de ancho y codo y medio de altura, todo lo cual quiere decir que el arca estaba limitada a ciertas medidas.  El Señor Jesucristo de la misma forma también tenía limitaciones.  Sus fuerzas como ser humano eran limitadas.  Se sintió cansado, exhausto físicamente.  Padeció hambre y sed y sus habilidades naturales eran tan limitadas como las nuestras.  Por ejemplo, sólo podía estar en un lugar al mismo tiempo y hacer una sola cosa.  Fue  después de su muerte cuando su cuerpo transformado pudo entrar en una habitación con las puertas y las ventanas cerradas.  Cuando esto mortal se haya vestido de inmortalidad, nosotros también podremos hacer lo mismo.  ¡Cuán significativo es entonces el hecho de que el arca hubiera sido construida con madera de acacia!   Pero esto no era todo, porque también estaba cubierta de oro puro, por dentro y por fuera.

          Ya he explicado que el oro tipifica la divinidad. ¡Qué mezcla tan maravillosa de las dos naturalezas!  Dentro del oro estaba la madera y dentro de la madera estaba el oro. La vida corporal de Cristo exhibía el oro de su divinidad en su obra, sus palabras y su entera conducta.  Sus pensamientos y motivos internos eran justos y puros, como los de un santo.  Las obras de algunas personas son buenas, pero como sus motivos son equivocados esto les priva de las bendiciones y recompensas de Dios, mientras que otras personas tienen buenas intenciones pero actúan con falta de sabiduría.

          Pero... ¡Cuán diferente era nuestro Señor!  Se dice que el oro fue martillado sobre la madera y martillado en forma tan fina que el grano de la madera podía percibirse a través del oro. Tal cosa no se haya registrada en las Sagradas Escrituras sino en los escritos sagrados de los judíos, pero podemos ver en ello un simbolismo maravilloso ya que en medio de la divinidad y poder del Señor Jesucristo podemos ver su naturaleza humana. Sólo alguien divino podía decir: "... El agua que yo le daré será en él una fuente de agua para vida eterna" (Juan 4:14). Estas palabras tan grandiosas de vida sólo podían provenir de Dios, mas Jesús, el hombre,  estaba sentado junto al pozo de Jacob cansado por la dura jornada. Sólo su divinidad podía hacer que las olas obedecieran el mandato de su voz, pero un momento antes de que tal cosa ocurriera y debido al agotamiento que le consumía Él descansaba en el fondo de la barca mientras la embarcación era zarandeada por las fuertes olas. Sin duda, ésta es una mezcla maravillosa de divinidad y humanidad.

          Alrededor de esta arca había también una cornisa de oro. Los hombres le coronaron con espinas sobre su cabeza, en su exterior, pero en su interior Dios le había coronado eternamente con gloria y honor. El cuarto detalle que le diera Dios a Moisés sobre el arca, fueron los cuatro anillos de oro.  Estos anillos colocados en las cuatro esquinas del arca permitían que fuera transportada en completo balance.  Como eran de oro sólido, estos anillos se aplican al carácter divino de Cristo. Tal vez podemos verlos como los cuatro atributos de su carácter divino o quizá en los cuatro anillos de la coraza del juicio. Los dos anillos en un lado del arca son semblanza de los atributos de Dios - de su justicia y santidad, mientras que otros dos, al otro lado son atributos de su humanidad - su gracia y su verdad. Entre los cuatro anillos está la propiciación y a través de esos anillos pasaban las dos varas.  Estas varas estaban hechas de madera de acacia cubiertas con oro. Aquí podemos ver una vez más los dos elementos - el oro y la madera.  Cristo como Hombre llevó al hombre hasta Dios y como Dios le abrió el camino al hombre hacia Dios.

          En el arca se hallaba colocado el propiciatorio, era una lámina sólida de oro de dos codos y medio de largo y codo y medio de anchura.  El propiciatorio no tenía madera, confirmando con esto que la propiciación es algo que sólo pertenece a Dios.  El oro del propiciatorio ha sido avaluado en mas de un millón de dólares.  Esta cifra ya de por sí le hace valioso, pero su valor incalculable consistía en que sobre él se rociaba la sangre de la expiación.

          Una cosa extraordinaria que podía advertirse entre los muebles del tabernáculo era que no había un solo asiento y esto se debía a que no se necesitaban, ya que la labor del sacerdote nunca concluía. El sacerdote iba y ministraba hasta que era relevado por otro, y así, por relevos continuaba la labor. Sólo una vez leemos en la Biblia acerca del sumo sacerdote que concluyó su labor y se sentó, “Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:11,12).  Lo que la Escritura indica al decir que Cristo se ha sentado, es que concluyó su obra.  En la administración del tabernáculo el servicio era incesante, pero sólo el Señor Jesucristo podía decir: "Consumado es" (Juan 19:30).  Por eso cuando nos acercamos a Él concluyen nuestras luchas, afanes y toda clase de esfuerzos personales y podemos descansar en Él y con Él.  Jesús es el Alfa, representado en el altar de bronce, y el Omega de nuestra fe, representado en el propiciatorio.
Notamos que el propiciatorio cubría la ley que estaba depositada dentro del arca, porque el hombre no podía guardarla. Eso fue probado cuando Moisés descendió del monte Sinaí con las dos primeras tablas de piedra y encontró al pueblo entregado a la idolatría adorando a un becerro de oro.  Por lo tanto, como el hombre era incapaz de guardar la ley, Dios la cubrió con su misericordia, porque no es a través de nuestros logros o esfuerzos como podemos encontrar descanso. Hacemos eco a las palabras del Salmista cuando dijo: "Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días" (Salmos 23:6).

          Sobre el propiciatorio estaba la sangre de propiciación que se rociaba cada año en el día de expiación. El propósito del propiciatorio era la propiciación, como dice Romanos 3:24 y 25: “... Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”.  Y una vez más leemos en 1 Juan 4:10: "En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados".

          El arca además tenía dos querubines colocados en los dos extremos del propiciatorio.  Dios le dijo a Moisés:  "un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo, de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos".  Estos querubines eran parte del propiciatorio, estaban hechos de la misma pieza de oro, por consiguiente no se podía separar de la obra propiciatoria del Señor Jesucristo.  Muchos los consideran como representativos de los creyentes cristianos, en el sentido de que nosotros, como creyentes, somos uno con Cristo y también por que nos auto-ofrecemos como sacrificio vivo sobre el altar.  Sin embargo, vuelvo a aclarar que el propiciatorio no era un altar, porque no se hacía sacrificios sobre él. El cristiano se encuentra a sí mismo disfrutando de compañerismo con el Señor Jesucristo ante el arca, porque se ha identificado a sí mismo con Cristo en el altar de afuera. Luego entonces, aunque es cierto que el creyente es uno con Cristo el simbolismo con respecto a los querubines no es del todo exacto.

          Los querubines son emblema de tutela, de custodia, tal como los querubines que fueron colocados por Dios para que custodiaran las puertas del huerto del Edén. En el propiciatorio, ellos están custodiando la sangre que se rociaba sobre él.  El creyente nunca ha sido llamado a custodiar la sangre, sino que la necesita para que le guarde y proteja. Vemos entonces que el simbolismo que muchos sostienen no concuerda en este punto, pero sí podemos ver a Cristo en cada detalle del arca sagrada y continuamos viéndolo cuando estudiamos el contenido del arca.

          Cristo fue el Verbo o la Palabra de Dios, que se hizo "carne y habitó entre nosotros..."  Los dos querubines nos recuerdan la "Palabra Viviente" y la "Palabra Escrita", es decir al Señor Jesucristo en todas las Sagradas Escrituras - en el Antiguo y Nuevo Testamento.  Tal cosa está confirmada maravillosamente en esta descripción de que "sus rostros [estaban] el uno enfrente del otro". Esta acción significa acuerdo, porque las personas le vuelven la espalda a otra cuando están en desacuerdo.  Nadie puede negar el hecho de que el Antiguo y Nuevo Testamento están en armonía.  Los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento profetizaron todo lo concerniente al Nuevo, y el Nuevo Testamento fue el cumplimiento del Antiguo. Esto mismo aplica a la "Palabra Viviente" y la "Palabra Escrita", porque la Palabra de Dios está en armonía con la vida del Señor Jesucristo, como Él mismo dijo: "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplirla" (Mateo 5:17).

          Aunque estos querubines estaban colocados uno enfrente del otro, no están ocupados mirándose uno al otro, porque dice Éxodo 25:20 que están "el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines".  Ellos miraban la sangre. El Antiguo Testamento es un tipo y una sombra del Nuevo, por lo tanto en doctrina y en ejemplo, los querubines estaban mirando hacia la sangre del Señor Jesucristo derramada sobre la cruz del Calvario, porque el Nuevo Testamento nos enseña que somos redimidos por la sangre de Cristo. Ellos tenían sus alas extendidas por encima cubriendo el propiciatorio.   Son las alas de protección, indicando que aunque los hombres negarían el poder de la sangre, la Palabra de Dios la protegería, cuidándola de todos los ataques.

          Entre estos dos querubines y por encima del propiciatorio estaba la gloria del Shekinah.  La palabra Shekinah no aparece en nuestra Biblia porque es un término hebreo.   Se refiere a la nube en que moraba Dios y desde donde se manifestaba al pueblo de Israel.  Este todavía es el lugar desde donde Dios se le manifiesta al hombre y ese lugar se halla entre las páginas de su Palabra sobre el fundamento de la sangre que su Hijo vertiera sobre la cruz.

Las dos tablas de piedra

          “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo:  Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.  No tendrás dioses ajenos delante de mí.  No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.  No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.  No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.  Acuérdate del día de reposo para santificarlo.  Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.  Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.  Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.  No matarás.  No cometerás adulterio.  No hurtarás.  No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.  No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” (Éxodo 20:1-17).

          "Y pondrás en el arca el testimonio que yo te daré" (Éxodo 25:16).  Ese testimonio era la ley moral escrita sobre dos tablas de piedra. La ley de Dios, tal como se la diera a Moisés y como está registrada en el Pentateuco, comprende tres partes: la ley moral, la civil y la ceremonial.

          La ley moral, fue dada tres veces. La primera fue otorgada oralmente, "Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante..." (Éxodo 19:19). "Y habló Dios todas estas palabras, diciendo..." (Éxodo 20:1). Esta declaración está seguida por los diez mandamientos.  En el versículo 19 el pueblo le dijo a Moisés: "Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos". El apóstol Pablo refiriéndose a esta misma ocasión comentó: "Al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más" (Hebreos 12:19).

          Después de esto, Dios llamó a Moisés nuevamente al monte para que pudiera recibir la ley en forma escrita. "Entonces Jehová dijo a Moisés: Sube a mí al monte, y espera allá, y te daré tablas de piedra, y la ley, y mandamientos que he escrito para enseñarles" (Éxodo 24:12). Debe notarse que el propio Dios proveyó las tablas de piedra al igual que el escrito. "Y las tablas eran obra de Dios, y la escritura era escritura de Dios grabada sobre las tablas" (Éxodo 32:16). "Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios" (Éxodo 31:18).

          Cuando Moisés descendió del monte con Josué escuchó el clamor del pueblo que gritaba y cantaba y encontró que estaban adorando un becerro de oro.  Moisés miró las tablas que llevaba en su mano y leyó que decía: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás ..." (Éxodo 20:4,5).   Escuchó y oyó que decían: "Israel, estos son tus dioses que te sacaron de la tierra de Egipto" (Éxodo 32:8). Entonces mirando una vez más las tablas leyó: "No tendrás dioses ajenos delante de mí... Y ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte" (Éxodo 32:19).

          La ley fue quebrantada incluso cuando apenas se estaba entregando. Luego encontramos que Dios instruyó a Moisés para que se consiguiera dos tablas de piedra. Dios cortó las primeras, pero no las segundas.  “Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste... Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra” (Éxodo 34:1,4).  "Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos" (Éxodo 34:28).

          Esta ley que el hombre no podía guardar fue depositada dentro del arca del testimonio y debajo del propiciatorio, simbolizando con esto que el Señor Jesucristo es el único que pudo guardar toda la ley. Moisés le recordó al pueblo de Israel su rebelión, diciéndoles: “En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el arca.  E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano.  Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová.  Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó” (Deuteronomio 10:1-5).

          Una cosa de interés con respecto a estas tablas es que estaban escritas por ambos lados. "Y volvió Moisés y descendió del monte, trayendo en su mano las dos tablas del testimonio, las tablas escritas por ambos lados; de uno y otro lado estaban escritas" (Éxodo 32:15). ¿No le parece que esta declaración que se pasa por alto tan a menudo nos está indicando que no podemos evadir la ley?  El hombre siempre tiene montones de excusas y puede incluso hasta insinuar que desconocía la ley, pero donde quiera que va tiene que enfrentarse con ella, de otra forma la ley le encontrará a él. "Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú..." (Romanos 2:1). Yo no puedo evadir la ley pero puedo escapar de ella y esto lo logro al esconderme en Cristo Jesús que fue el único que cumplió toda la ley en mi favor.

          Pero... ¿Cuál fue el objeto de escribir el Decálogo en dos tablas de piedra en lugar de una?  No fue por causa del tamaño porque las tablas eran lo suficientemente pequeñas para que Moisés hubiera podido cargarlas y bajar el monte con ellas.  Pero ... ¿Acaso no sería porque los mandamientos estaban divididos en dos secciones diferentes?  La posibilidad era que había cuatro mandamientos en una tabla y los otros seis en la otra.  El poner cinco mandamientos en una tabla y cinco en la otra es una idea preconcebida. La Biblia no nos dice cómo estaban divididos, pero hay más razón para creer que eran cuatro en una tabla y seis en la otra y el motivo para creer esto es que los primeros cuatro mandamientos revelan las obligaciones del hombre para con Dios.

  •       Su Persona. "No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Éxodo 20:3).
  •       Su Adoración. "No te harás imagen ni ninguna semejanza, de lo que está arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás ..."(Éxodo 20:4,5).
  •       Su Nombre. "No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano" (Éxodo 20:7).
  •       Su Día. "Acuérdate del día de reposo para santificarlo" (Éxodo 20:8).

          Los seis mandamientos restantes le muestran al hombre sus obligaciones para con sus semejantes. 

  •       “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da” (Éxodo 20:12).
  •       “No matarás” (Éxodo 20:13).
  •       “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14).
  •       “No hurtarás” (Éxodo 20:15).
  •       "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio" (Éxodo 20:16).
  •     "No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo" (Éxodo 20:17).

          La ley por entero parecía haber sido resumida y dividida por el propio Dios, porque cuando el intérprete de la le ley preguntó, “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?  Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.  Este es el primero y grande mandamiento.  Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:36-40).

          Todo lo que concierne a la ley es muy extenso, por consiguiente sólo mencionaré algunas citas tomadas de la palabra de Dios que nos aclaran cuáles eran los objetivos de la ley:

  •       Revelar el pecado.  “Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).
  •       No puede justificar.  “Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado” (Gálatas 2:16).
  •       Nos lleva a Cristo. "De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo" (Gálatas 3:24,25).
  •       Es eterna. "Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley"(Lucas 16:17).
  •       Fue hecha débil a través de la carne. “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3).  Permítame aclararle que la primera carne que se menciona en el versículo no se trata de la naturaleza Adámica o de la naturaleza humana, que de ninguna forma debilitó una ley perfecta y eterna. Esta alusión a la carne se refiere a la carne de los animales que se ofrecía como sustituto por el pecado bajo la ley. La ofrenda podía hacer expiación por el pecado, o cubrirlo temporalmente, pero no podía justificar o redimir al pecador porque los animales no tienen tentaciones ni poseen carne de pecado. Por consiguiente, la ley no fue suficiente para satisfacer las necesidades del hombre y Dios tuvo que enviar a su Hijo en semejanza de carne de pecado para condenar el pecado en la carne.
  •       Fue cumplida por el Señor Jesucristo. "No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir" (Mateo 5:17). Si nos hemos comprometido a algo y fallamos en cumplir, habremos roto nuestra promesa; pero si cumplimos el compromiso la promesa cesa porque se cumplió, no hay más promesa. Esto fue exactamente lo que ocurrió con la ley. El Señor Jesucristo no quebrantó ni uno solo de sus preceptos, sino que cumplió con sus demandas que exigían muerte.  Cumplió con sus demandas y murió, por consiguiente la ley fue satisfecha y no hay pena de muerte entonces para la persona que cree en Él, porque...
  •       Cristo es el fin de la ley. "Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree" (Romanos 10:4). Por consiguiente eso quiere decir que...
  •       Nosotros no estamos bajo la ley. "Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia"(Romanos 6:14). Esto no significa que la ley no exista, quiere decir que los cristianos permanecen aislados, protegidos. Si alguien toca un cable eléctrico, la persona de seguro experimentará una gran descarga eléctrica y quizá hasta muera, pero si se para sobre un pedazo de caucho y tiene puestos unos guantes gruesos de caucho y agarra el cable, como está aislado la descarga eléctrica no le hará ningún daño. Bueno, algo similar ocurre con la ley, el hombre que tiene a Cristo como su Señor, está aislado, protegido por Él. “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).  Sin embargo, no debemos usar esta libertad como pretexto para hacer lo malo, porque...
  •       Somos ley para nosotros mismos. "Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos aunque no tengan ley, son ley para sí mismos" (Romanos 2:14).  En Cristo no hay judío ni gentil, sino que en Cristo hay una ley de amor y obediencia. La ley antigua decía: "Hazlo y vivirás" - la ley de gracia dice, "Vive y lo harás".

La vasija de oro que contenía el maná

          “Y Jehová habló a Moisés, diciendo:  Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.  Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento.  Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra.  Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? Porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.  Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda.  Y los hijos de Israel lo hicieron así; y recogieron unos más, otros menos; y lo medían por gomer, y no sobró al que había recogido mucho, ni faltó al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer.  Y les dijo Moisés: Ninguno deje nada de ello para mañana.  Mas ellos no obedecieron a Moisés, sino que algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió; y se enojó contra ellos Moisés.  Y lo recogían cada mañana, cada uno según lo que había de comer; y luego que el sol calentaba, se derretía.   En el sexto día recogieron doble porción de comida, dos gomeres para cada uno; y todos los príncipes de la congregación vinieron y se lo hicieron saber a Moisés.  Y él les dijo: Esto es lo que ha dicho Jehová: Mañana es el santo día de reposo, el reposo consagrado a Jehová; lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana.  Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió.  Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo.  Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará.  Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron.  Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?  Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día.  Así el pueblo reposó el séptimo día.  Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel” (Éxodo 16:11-31).

          “Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bedelio. El pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas; su sabor era como sabor de aceite nuevo.  Y cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él” (Números 11:7-9).
Cuando el pueblo de Israel vio por primera vez el pan que Dios le proveía, dijeron: "Es maná". Hay tres interpretaciones principales para la palabra maná, y son:

  •       En hebreo - ¿Qué es esto?
  •       En caldeo  - Es una porción
  •       En español - Pan

          El pueblo de Israel, pronto iba a saber lo que era en realidad. Fue su alimento mientras realizaron su jornada a través del desierto. El Señor Jesucristo dijo: "Yo soy el pan de vida" (Juan 6:35).  Añadiendo también, "Este es el pan que desciende del cielo..." (Juan 6:50). Esto significa en semblanza, que los israelitas estaban preguntándose "¿Qué es esto?" - con respecto a Cristo y a la Palabra de Dios. El creyente verdadero es el que puede usar la palabra en el sentido caldeo y dice refiriéndose a la Palabra de Dios: "Es una porción".  Pero ... ¿Qué clase de porción fue este maná para este ejército de peregrinos?

  •        Fue una porción suficiente. Hubo suficiente para todos y no faltó.
  •        Una porción satisfactoria. Satisfacía todos los gustos, tanto a jóvenes como a viejos, asimismo a fuertes y a débiles. Los judíos decían: "Tenía para cada persona el sabor que más le agradaba".
  •        Una porción adecuada. Ningún hombre jamás tuvo hambre, lo cual convierte al maná en una semblanza perfecta del Señor Jesucristo. "Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien"(Salmos 34:10).
  •        Una porción fortalecedora.  Le dio fortaleza a muchos hombres. Pudieron realizar su jornada a través del desierto, trabajar y luchar.
  •        Una porción sustentadora.  Se alimentaron de ella por 40 años, por lo tanto debía ser nutritiva.
  •        Una porción segura. Nunca faltó.

          ¿Acaso no podemos decir lo mismo de nuestro Señor Jesucristo?  En Él tenemos todo, es suficiente para saciar todas nuestras necesidades. Satisface a todas las clases sociales, nacionalidades, edades, a los hombres en todas partes. Ciertamente satisface a todos lo que creen en Él. También fortalece a sus seguidores para que vivan en su servicio.  Nos sustentará a lo largo de la jornada de la vida y nunca nos faltarás. Josué 5:12 nos dice: "Y el maná cesó el día siguiente desde que comenzaron a comer del fruto de la tierra..." El Señor Jesucristo no sólo nos sustenta durante la vida, sino que además nos lleva a salvo hasta que llegamos a la tierra prometida, al cielo, en donde comeremos "del maná escondido" (Apocalipsis 2:17).

          ¡Qué semblanza tan maravillosa la que nos ofrece un objeto tan pequeño!  Sin duda el maná es un tipo de Cristo, el Pan de Vida.  Pero eso no es todo, porque hay otras cualidades del maná que describen el carácter del Señor...

  •        Pequeño - Como la humildad de Cristo.
  •        Redondo - Al igual que la perfección de su vida.
  •        Blanco - Describiendo la pureza de su carácter.
  •        Como una escarcha - Firme, como la vida que imparte.
  •        Como semilla de culantro - Es decir que era aromático cuando se molía, como la fragancia del Salvador sufriente en el Calvario.  El culantro también era una hierba, indicando que traía salud para la humanidad.
  •        Como aceite nuevo - Como semblanza del ungimiento del Espíritu Santo
  •        Como miel - La dulzura de la Palabra de Dios.
  •        Como bedelio - "La perla de gran precio" - una Perla Blanca.

          Esta es una semblanza incomparable del Cristo que servimos. ¿Acaso Dios no nos ha prometido suplir todas nuestras necesidades conforme a sus riquezas en gloria por Cristo Jesús?  Ahora consideraremos, la forma cómo  llegaba. Y dice la Escritura

  •       Que descendía del cielo"Cada mañana".  En la descripción del maná vemos a Cristo como la "La Palabra Viva" y como "La Palabra Escrita",  pero en las instrucciones le vemos como la "Palabra Escrita".  Esto implica que el Señor nos anima a que leamos su Palabra diariamente, especialmente cada mañana.
  •       Alrededor del campamento. Es decir que estaba al alcance de todos. Hay un grupo de personas que ponen la iglesia en la tierra en un lugar superior al de la Biblia. Enseñan que la iglesia ha recibido autoridad completa y final. Esto implica que nadie puede recibir el sustento diario de parte de Dios. No obstante aunque estemos enfermos o tengamos problemas de la índole que sea, siempre tenemos la Palabra escrita de Dios al alcance de nuestra mano.
  •       Con el rocío. "Y cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él" (Números 11:9). "Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto, una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra" (Éxodo 16:14). Tal pareciera por estos dos pasajes de la Escritura que el rocío estaba por debajo y por encima del maná, de tal manera que lo envolvía y lo conservaba fresco y limpio. Cuando cesaba el rocío el maná quedaba al descubierto. El rocío es uno de los símbolos del Espíritu Santo. ¡Qué semblanza más hermosa!  Yo puedo tener la Palabra de Dios al alcance de mi mano. Puedo leerla y sin embargo no recibir ningún beneficio. Las mentes carnales y críticas nunca se benefician de su lectura. Cuando el rocío cesaba el maná se revelaba, de la misma forma es por el descenso del Espíritu Santo que llega hasta nosotros la revelación divina, como nos dijo el Señor Jesucristo: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad; él os guiará a toda verdad..."(Juan 16:13).

          Luego, Dios le dio al pueblo de Israel una serie de... Instrucciones para controlar la ubicación de la provisión divina.  La cabeza del hogar debía recoger para todos los que moraban en su tienda. “Esto es lo que Jehová ha mandado: Recoged de él cada uno según lo que pudiere comer; un gomer por cabeza, conforme al número de vuestras personas, tomaréis cada uno para los que están en su tienda... conforme a lo que había de comer" (Éxodo 16:16,18).   Esto quiere decir de acuerdo con el número de personas en su familia.
Es importante notar que Dios le dijo a los hombres que recogieran maná para todos los que estaban dentro de sus tiendas, es decir para las mujeres y los niños. En el oriente las mujeres realizan el trabajo manual y doméstico, tal como moler el maíz, sacar el agua, etc., pero aquí el hombre es instruido a hacer lo mismo. No sólo es obligación y privilegio del hombre como cabeza del hogar, recoger y distribuir el alimento espiritual en la mañana leyendo la Biblia y orando junto con su familia, sino que su obligación además es ministrar por todos esos que no pueden recoger la comida espiritual por sí mismos.

          La porción era a razón de un gomer por cabeza. Era una porción igual para todos.  Una cantidad igual tanto para los siervos como para los amos, las mujeres y los hombres. Asimismo era igual para los niños y "para los extranjeros que estaban en medio del campamento".

          Una porción cada día, excepto el sexto. Dios otorga sus dones conforme se necesitan. Vivimos por fe. Dios ha prometido suplir nuestras necesidades día por día y así lo hará. Como los israelitas no debían hacer ninguna clase de labor en el séptimo día, Él hizo provisión y les suministró doble ración el sexto día. Dios siempre provee para el hombre que le honra y guarda su día, es decir un día de los siete de la semana. Sin embargo, vivimos en una época en que los miembros de su iglesia guardan el día del Señor en forma negligente.  Muchos cristianos asisten los domingos a juegos de pelota y participan en un sin fin de actividades.  No asisten a la casa de Dios sin que esto siquiera les preocupe en absoluto. Hacen cientos de cosas que perfectamente podrían realizar el lunes y como resultado de esto han perdido mucho del gozo del Señor. Dios siempre ha honrado y honrará a esos que le honran a Él.

          Mirando a este asunto en forma más amplia, los cristianos algunas veces enfrentamos un período de tiempo cuando tal parece que nuestra fuente exterior de suministro cesará debido a circunstancias incontrolables. Sin embargo, pronto nos damos cuenta que Dios nos ha dado una fuente interior de suministro que proviene de la fe que acumulamos en el pasado.

          Ninguno debía recoger en demasía. Dios no quiere que acumulemos en demasía en una forma que indique egoísmo o falta de confianza en Él.  Muchos cristianos toman esto para decir que hay demasiadas cosas en la Biblia que no tienen aplicación para nuestro día y eliminan así doctrinas y ordenanzas dadas por Dios.  Pasan por alto las palabras de Pablo quien dijo: "Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Timoteo 3:16). Con respecto al maná aunque no había exceso a ninguno le faltó. "... Y no sobró al que había recogido mucho, ni falto al que había recogido poco; cada uno recogió conforme a lo que había de comer" (Éxodo 16:18). Dios nos da conforme a nuestra necesidad.  Luego que el sol calentaba por la mañana el maná se derretía. Esto sin duda nos indica que debemos aprovechar nuestra oportunidad presente porque es posible que lo perdamos todo.

          Había varios métodos para su uso. "Y él les dijo... lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo..." (Éxodo 16:23).  Y "El pueblo se esparcía y lo recogía y lo molía en molinos o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas..." (Números 11:8). Por esos dos versículos podemos ver los diversos métodos que se usaban para preparar el maná que se consumía. Podía molerse en molinos como maíz o majarse en el mortero. Podía cocinarse en caldera, hervirse o hacerlo en tortas. Ellos quizá lo comían en esta forma...

  •        Horneado para los fuertes - Como alimento fuerte
  •        Cocinado para los más débiles - Como pan
  •        Molido para los más jóvenes - Los que aún necesitaban leche
  •        Majado - Como tortas para los niños

          Nosotros podemos tomar la Palabra de Dios y estudiarla en una forma similar; los más fuertes en la fe pueden estudiarla dispensacional o doctrinalmente; los más débiles pueden usar libros y ayudas y los jóvenes en la fe las parábolas y los milagros de Cristo. Nosotros asimismo podemos moler la Palabra de Dios, desmenuzarla para analizarla mejor, tal como hace el botánico con una flor o el químico con sus fórmulas, pero no podemos despedazar su contenido como hacen muchos modernistas. La lección que nos ofrece el maná es extraordinaria, porque a pesar de soportar que se le moliera, cociera, horneara o majara cuando salía el sol se derretía.

          La revelación divina y el conocimiento también se desvanecen antes que los rayos del modernismo y el materialismo pueden dañarlo, no por temor al modernismo o porque no pueda hacerle frente, sino porque el Señor ha "escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos y las ha revelado a los niños" (Mateo 11:25).

Aplicación final

          "Y dijo Moisés a Aarón: Toma una vasija y pon en ella un gomer de maná, y ponlo delante de Jehová, para que sea guardado para vuestros descendientes. Y Aarón lo puso delante del Testimonio para guardarlo como Jehová le mandó a Moisés" (Éxodo 16:33,34). Fue así como la vasija con maná se convirtió en parte del contenido del arca de Dios.
Finalmente el propio Señor Jesucristo se mostró a sí mismo como el gran antitipo del maná. Los judíos siempre le dieron crédito a  Moisés por haberle suministrado a sus padres el maná en el desierto, pero ¡lástima! porque estaban robándole a Dios una gloria que sólo le pertenece a Él. Por eso Jesús le dijo a la multitud: "De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo... Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás... Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que descendió del cielo, para que el que de él come, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo... De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida" (Juan 6:32-55).

          Una Escritura final es esta que dice: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido..." (Apocalipsis 2:17). Aunque disfrutamos muchas bendiciones que Dios nos revela en su Palabra, todavía hay muchas cosas que no comprendemos, sin embargo aunque no las entendamos no podemos negarlas. Si permanecemos fieles en lo que hemos entendido y vencemos mediante el poder de la sangre del Señor Jesucristo y de su Palabra, un día conforme a su promesa nos reuniremos con Él y disfrutaremos de todas esas glorias que entonces nos serán reveladas. "Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (2 Corintios 2:9).

          A través de nuestro recorrido por el mobiliario del tabernáculo, hemos podido ver que cada una de las cosas allí presentes eran semblanza del Señor.  Cristo será el Rey más perfecto que jamás haya reinado.  Su título de Rey de reyes nunca será ensombrecido, ni su corona será un simple objeto vacío.  Como ningún otro soberano jamás ha hecho, Cristo buscará el bien de todos sus súbditos.  ¡Ojalá llegue pronto ese día en que el Señor tome control de este mundo y reine desde el trono de David!

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