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La Iglesia actual está sufriendo de desnutrición bíblica

De acuerdo a nuestra experiencia, hay una falta aterradora de conocimiento bíblico entre los miembros de las iglesias hoy.  Muchos pastores han admitido que la mayoría de los integrantes de su congregación no estudian la Biblia con seriedad.

Es imposible entender la Palabra de Dios correctamente y crecer espiritualmente, sin una comprensión eficaz en cosas tales, como los principios de interpretación, su historia, geografía, cultura y teología o doctrinas.

Se ha convertido en una costumbre típica entre los miembros de las iglesias, ni siquiera abrir su Biblia y leerla durante la predicación.  Casi ninguno tiene un diccionario bíblico, una concordancia, un comentario, ni mucho menos tienen idea de los principios bíblicos de interpretación.

En muchas iglesias bautistas independientes hoy, personas que han atendido fielmente a los servicios por años, carecen de conocimiento absoluto de la Palabra de Dios, sólo se saben de memoria versículos como Juan 3:16 y unos pocos más.  Tanto la escuela dominical como la predicación es superficial, nunca se habla de lo horrendo del pecado, del arrepentimiento verdadero, de las profecías, sino... “De que Dios nos ama, que debemos sentirnos bien con nosotros mismos, etc. etc.”   Tampoco se les insta a que estudien la Biblia por sí mismos.

Los pastores invitados cuentan hermosas anécdotas motivacionales, pero sin ningún contenido bíblico.  Y la historia continúa en esta misma foma.
Las personas no crecen espiritualmente en tales iglesias, porque la Biblia es para ser predicada, no sólo con reproche y exhortación, sino también con doctrina.  Tal como le dijo Pablo a Timoteo:  “Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2).

No debe extrañarnos entonces ver cómo tantas iglesias cambian de dirección fácilmente, tan pronto como llega un nuevo pastor.  Eso pasa porque no están fundamentados en la Escritura y el Espíritu Santo, sino que están supeditados a un hombre.   Y el problema comienza con los pastores.

En las Epístolas Pastorales, Pablo declara que cada predicador debe ser un estudiante serio de la Biblia.  Le dijo a Timoteo: “Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido” (1 Timoteo 4:6).  Le instó a que le prestara gran atención a la doctrina y la enseñanza: “Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13).  Que enfatizara la doctrina: “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren” (1 Timoteo 4:16).

Le dijo que el anciano que enseña la Palabra y la doctrina, es digno de doble honor: “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Timoteo 5:17).  Irónicamente, muchos pastores hoy desean recibir el doble honor de estos versículos, sin pagar el precio por predicar y enseñar la Palabra de Dios.

Pablo le recordó a Timoteo que había sido educado ante muchos testigos y le exhortó a que trasmitiera esta misma educación bíblica a los otros.  “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).  Lo exhortó a que se preparara para que se mostrara aprobado ante Dios: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).  Que estudiara para que fuera apto para enseñar.  “Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido” (2 Timoteo 2:24). Que toda la Escritura es doctrina: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

         Pablo le mostró a Timoteo el ejemplo de su pasión por el estudio, a pesar de estar en la cárcel, ser un anciano y saber que pronto afrontaría el martirio.  Le dijo:  “Trae, cuando vengas... los libros, mayormente los pergaminos” (2 Timoteo 4:13).

Le enseñó que el siervo calificado es un hombre que ha sido adoctrinado tan bien, que es capaz de proteger la congregación de cualquier error que introduzca el diablo en ella.  Que el pastor debe ser “Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9), todo lo cual requiere mucho estudio y mucha enseñanza.

         El Señor Jesucristo por su parte,  nos instruyó no sólo a predicarle el Evangelio a toda criatura, sino también a discipular a los convertidos a fin de que observaran todas las cosas que les había enseñado.  “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.  Amén” (Mateo 28:19–20).

         Note también que en Hechos 20:27 Pablo insta a que se enseñe todo el consejo de la Palabra de Dios.  “Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios”.  Eso requiere la enseñanza de la historia, geografía, muchas otras cosas, y especialmente la profecía.

         La mayoría de pastores hoy en día, en lugar de estudiar diligentemente  la Escritura en la preparación de sus sermones dominicales, se limitan a ir a lugares en la Internet titulados “Recursos Pastorales”, en donde para cada caso utilizan una anécdota y luego desarrollan el entero sermón motivacional basándose en esta anécdota.  La mayoría de quienes escuchan este tipo de predicación regresan a sus casas felices, después de haber recibido esta agua diluida, remedo de la Palabra.

         Todo esto ha empeorado, gracias a la adicción que tienen las personas hoy en día a los teléfonos inteligentes y los Ipad.  Porque no estudian la Biblia, sino que todo lo buscan allí a través de Google, recibiendo enseñanzas distorsionadas que nada tienen que ver con el verdadero Evangelio.  Asimismo, es por esta razón que tantos jóvenes se están convirtiendo al calvinismo, debido a su ignorancia crasa y desconocimiento de la Biblia.

         Hoy prevalece una falta de conocimiento absoluto sobre la doctrina de Cristo, de las doctrinas de la justificación, santificación y glorificación, porque uno de los mayores problemas es que la predicación expositiva ya ni siquiera es políticamente correcta en las iglesias fundamentalistas, especialmente en Estados Unidos.  Mientras que en Hispano América los pastores no predican sobre esto, para no perder feligreses que puedan sentirse ofendidos, y junto con ellos el dinero de sus diezmos.

         Y nosotros le preguntamos: ¿Se sentaría usted en una silla si le cortaran una de sus patas? ¿Cómo cree que funcionaría su automóvil si se le removiera una de sus ruedas? ¿Cree que un piloto debería volar en su biplano clásico con sólo tres, de sus  cuatro alas?

         Estas preguntas pueden parecer absurdas, pero cada una tiene algo en común.  En cada caso los objetos carecen del 25% de sus partes importantes, y en cada escenario usted estaría en riesgo de tener un accidente y perder hasta la vida, si los usara en esa condición.

         Por lo tanto plantearemos esta misma pregunta en otra forma, pero con mayor importancia para este tiempo: ¿Por qué vamos a considerar la Biblia como algo diferente a la silla, el auto o el avión?

         Según la Enciclopedia de Profecía Bíblica de John Barton Payne, hay 1.239 profecías en el Antiguo Testamento y 578 en el Nuevo, para un total de 1.817.  Estas profecías están contenidas en 8.352 versículos.  Como la Biblia está compuesta de 31.124 versículos, los 8.352 que contienen profecías, constituyen el 26,8 % de su totalidad.

         Y sí es así, ¿por qué tantos pastores, maestros y líderes “cristianos” decidieron ignorar, tergiversar, diluir y falsificar el 26,8 % de la Palabra de Dios, que abarca la escritura profética?

         Sin embargo, permítannos aclarar antes de continuar, que a este respecto el señor Payne fue bastante conservador, ¡ya que la profecía abarca mucho más que el 26,8 % de la Palabra de Dios!  La entera Biblia está colmada de temas proféticos, entrelazados desde Génesis hasta Apocalipsis.  En su propio principio, en el capítulo 3 de Génesis donde está profetizado el conflicto entre la simiente de la mujer y la de la serpiente, hasta su conclusión en Apocalipsis, donde se anticipa el reinado del Señor Jesucristo por la eternidad.  La escritura profética es tan dominante en toda la Biblia que es imposible evitarla a menos que se haga intencionalmente, cambiando el curso de sus páginas, de la misma manera como uno evade pisar las grietas en las aceras.

         Cuando examinamos la Escritura profundamente, siempre descubrimos más de lo podemos pensar.  Una cifra superior a las 1.500 profecías, hablan sobre la Segunda Venida de Cristo.  Pero, por cada profecía en el Antiguo Testamento con respecto a su Primera Venida, tenemos ocho sobre su retorno, las cuales abarcan uno de cada cinco versículos en el Nuevo Testamento.

         Y este es el punto central del asunto, porque si la Biblia declara de principio a fin que la profecía es una prioridad, ¿por qué nosotros no hacemos lo mismo?  Si  el énfasis en el Nuevo Testamento es la Segunda Venida de Cristo, ¿por qué no la enfatizamos también?  Si los temas proféticos sazonan la entera Palabra, ¿por qué los pastores no sazonan de la misma manera sus sermones y lecciones?

         Pero no siempre fue así.  Podemos tomar como ejemplo a Pablo, el mejor caso digno de mencionar.  Sabemos que él fue un perseguidor de la Iglesia, que se convirtió mientras iba camino a Damasco a realizar su labor en contra de los creyentes.  Sin embargo, fue la persona que el Espíritu Santo más usó para que fuera el autor de gran parte del Nuevo Testamento.  Muchos están poco familiarizados con las jornadas misioneras de Pablo, pero hay algo importante que deseamos enfatizar aquí.
Concierne a la iglesia de Tesalónica, a la cual Pablo visitó en su segunda jornada misionera.  El tiempo que estuvo con ellos fue breve tal como indica así Hechos 17:2: “Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos” (Hechos 17:2).  Esa visita estuvo seguida por su Primera y Segunda Epístola a los Tesalonicenses, y esto es lo más interesante.

         Pablo había tenido noticias con respecto a las enseñanzas apóstatas que habían entrado en la joven iglesia de Tesalónica, herejías que estaban en conflicto con las cosas que él mismo enseñó personalmente sobre la segunda venida del Señor Jesucristo.  Pablo les había entregado una saludable porción de alimento sólido de la Palabra, y les pregunta en 2 Tesalonicenses 2:5: “¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto?”.  Es fácil pasar por alto  lo que ocurrió en ese entonces.

         La iglesia de Tesalónica era nueva, tanto en su fe como en su organización.  Pablo no estuvo mucho tiempo con ellos, pero usó su corta estadía allí para enfatizar el tema de la profecía.  Específicamente les enseñó a estos creyentes recién nacidos, acerca de la Segunda Venida de Cristo, el Rapto y la Gran Tribulación.

         Era una iglesia reciente.  Y los creyentes estaban enfrentando persecución externa y discordias internas, exactamente lo mismo que ocurre entre la iglesia hoy.  Además la congregación estaba tratando de ministrar a los necesitados, a esos dentro y fuera de la fe.

         Por lo tanto: ¿Por qué Pablo le dio tanto énfasis a la profecía? ¿Por qué no se enfocó en la comunidad cristiana, en que amaran a Jesús, en que dieran el diezmo y en lo qué significa realmente amar al prójimo?  Y en este punto debemos ser realistas y admitir, que la escatología - el estudio del conjunto de creencias y doctrinas referentes a la profecía y la vida venidera - hasta cierto punto no son un tema común ni fácil, y la gran mayoría no lo considera como algo realmente central a la fe.   Por lo tanto, ¿acaso no sería mejor enfatizar al Señor Jesucristo, ya que de todas maneras Él es lo más importante?

         No obstante, no podemos conocer realmente al Señor, si no sabemos el cumplimiento de la profecía pasada y todo lo concerniente a su Segunda Venida.  Es por eso que la comunidad cristiana de hoy, debería aprender de la iglesia del pasado y prestarle atención a Pablo.  Nuestros pastores, maestros y “líderes cristianos” serían muy sabios si escucharan a Pablo e introdujeran este 26,8 % de la Palabra Divinamente inspirada de Dios, en su dieta espiritual regular.

         Y aquí tenemos que ser bien honestos, aunque desagrademos a muchos.  Porque estamos alarmados con esta profecía, que es el cumplimiento absoluto de las palabras de Pedro, cuando dijo: “Sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3:3–4).

         Hoy, la iglesia promedio, duda, empequeñece y hasta ridiculiza las doctrinas que Pablo consideró vitales para la fe del creyente y la salud de la congregación.  Esta iglesia fue profetizada así en Apocalipsis, y como tal está ciega a su propia condición: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente.  ¡Ojalá fueses frío o caliente!  Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.  Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.   Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.  Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.  He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:15-20).

         Lo que más preocupa, es que han permitido que lo bueno se convierta en enemigo de lo mejor.  Cuando los pastores, maestros y líderes promedios son confrontados con temas espirituales que se salen de sus preferencias personales en las cuales se sienten cómodos, es común escucharlos repetir la frase: “La predicación debe centrarse en Jesús”. ¡Y eso es cierto!   Pero ellos la han convertido en una frase trillada que repiten como loros, sin ponerse a meditar por en segundo en lo que esto implica.

         Hablan de Jesús: ¿Pero saben acaso su historia completa?  Muchísimos ignoran que su nacimiento, vida, muerte, expiación por los pecados de la humanidad, resurrección y segunda venida, todo, absolutamente todo,  fue prefigurado ya desde el libro de Génesis.  Y que a lo largo de toda la Biblia, hay lo que algunos estudios han llamado un “cordón escarlata” que es la sangre del Señor que corre a través de todas las páginas de la Biblia. ¡Qué no sabemos nada de Jesús, sino conocemos la entera historia dada en la Escritura!

         Que la Biblia no son sólo unos pocos Salmos, los Evangelios y las epístolas.  Sino que son los 66 libros que narran toda la vida del Cristo resucitado de principio al fin, y que sino la estudiamos como un todo, somos unos completos ignorantes que ni siquiera merecemos llamarnos cristianos.

         Hay una aterradora falta de conocimiento bíblico entre la mayoría de miembros de las iglesias.   Casi nos atrevemos a decir, sin temor a equivocarnos, que en cada congregación sólo hay un puñado que conoce la Biblia, porque el 90% ni siquiera sabe el orden de sus libros, muchos menos son estudiantes serios de la Palabra.

         No nos vamos a poner a argumentar más sobre la esencia de todo esto, sólo les pedimos que consideren estas palabras del apóstol Juan registradas en Apocalipsis 19:9-10: “Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.  Yo me postré a sus pies para adorarle.  Y él me dijo: Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús.  Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. ¿Y sabe por qué?  Porque Dios designó la profecía para revelar la personalidad y Divinidad absoluta de nuestro Señor Jesús.

         Hay un gran problema para todos los que se justifican colocando las doctrinas proféticas en segundo plano, para así “poder centrarse en Jesús”. ¿Cómo se atreven a decir es “todo sobre Jesús” cuando sus propias palabras los incriminan ya que ignoran todas las profecías sobre Él, tocantes a su Primera y Segunda Venida?

         Esas personas no pueden maximizar su relación con Dios, mientras se rehúsan a estudiar y comprender la entera revelación que la Biblia tiene para ellos.  Es como el caso de esos en Facebook que tienen supuestamente miles de amigos, a los cuales nunca han visto, ni han tenido una relación personal con ellos.

         Y allí volvemos al mismo círculo: Que el 26,8 % o mucho más de la Biblia, que abarca la palabra profética, revela de forma única la Persona, y los planes y propósitos del Señor Jesucristo.  Como tal, Dios la integró como una parte vital del alimento espiritual del creyente.  No estudiarla es sufrir de malnutrición espiritual y de tener una relación mediocre y pobre con nuestro Señor y Salvador.

         Así como Pablo ratificó que nuestra relación personal con Jesús, carecería en gran manera de una dimensión espiritual significativa, si ignorábamos todo lo concerniente a sus planes futuros y su dramático retorno al final de los tiempos, de la misma manera no seremos efectivos con las buenas nuevas de salvación sino proclamamos en su totalidad, toda la Biblia: ¡El testimonio de Jesús!

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