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¿Qué está diciéndonos Dios en este tiempo de crisis?

  • Fecha de publicación: Sábado, 30 Mayo 2020, 17:28 horas
Desde que comenzara esta pandemia que está afligiendo al  planeta, literalmente miles de personas alrededor del mundo citan casi a diario esta Escritura: “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Cr. 7:14).  Sin embargo, cuando leemos este versículo en su contexto, advertimos que el escenario de ese tiempo es un periodo espiritual intenso, cuando el rey Salomón estaba dedicando el templo que había construido para Jehová, el Señor.

La Escritura describe la gloria de Dios que lo colmaba, de hecho era tan deslumbrante, que los sacerdotes ni siquiera podían entrar: “Cuando vieron todos los hijos de Israel descender el fuego y la gloria de Jehová sobre la casa, se postraron sobre sus rostros en el pavimento y adoraron, y alabaron a Jehová, diciendo: Porque él es bueno, y su misericordia es para siempre” (2 Cr. 7:3).

“Y apareció Jehová a Salomón de noche, y le dijo: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. Si yo cerrare los cielos para que no haya lluvia, y si mandare a la langosta que consuma la tierra, o si enviare pestilencia a mi pueblo; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar; porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre” (2 Cr. 7:12-16).  ¡Todo esto debió ser maravilloso y de gran impacto para Salomón!

Pero las circunstancias hoy son muy diferentes.  En este momento la humanidad está enfrentando una epidemia, Dios nos está hablando... pero nosotros...  ¿Escucharemos? ¿Obedeceremos?

Lo primero que debemos hacer es alejarnos de las actitudes arrogantes: dejar de ser como los fariseos y pretender que lo sabemos todo.  El hombre moderno actúa como si no tuviera necesidad de Dios.  Asegura que la ciencia y el conocimiento tienen todas las respuestas, pero todo esto sólo demuestra nuestra ineptitud.  Necesitamos que Él traiga sanidad a nuestros cuerpos y a nuestra tierra, y el primer paso que debemos dar es la humildad: el reconocimiento de nuestra insuficiencia, admitir que dependemos de manera absoluta del Creador.

El Señor nos está invitando a comunicarnos en oración con Él.  Ahora es el momento de dedicarnos a orar.  Los líderes cristianos alrededor del mundo están pidiendo a todos los creyentes que oren.  En el mes hebreo de Nisán, al que Dios llama el primer mes, se celebró la Pascua el día 15, el que correspondió al 9 de abril de 2020.  En esa fecha, el rabino principal de Israel hizo un llamado al mundo judío para ayunar y orar, para que Dios libre a la humanidad de esta epidemia.  Seguramente el Creador está contento de que muchos de nosotros estamos hablando con Él.

Es hora de discernir lo que nuestro Padre Celestial está diciéndonos.  El rey David le consultaba repetidamente, y recibía dirección de Su parte.  Ahora más que nunca necesitamos saber lo que el Señor quiere que hagamos, y Él responderá, pero debemos escuchar con atención.  Su consejo, tal como nos dice en 2 Crónicas 7:14, es que debemos humillarnos y arrepentirnos.  Tshuvá, la palabra para arrepentimiento en hebreo, significa literalmente «voltear».  No es sólo decir que lo sentimos, sino dar un giro de 180 grados y quedar frente a Dios.  Es abandonar el pecado, apartarnos de él, dejarlo a nuestras espaldas.

Cuando los escribas y fariseos llevaron ante el Señor Jesús la mujer que fue sorprendida en adulterio, “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Jn. 8:10b-11).

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar” (Sal. 46:1, 2).  Estas son hermosas palabras de seguridad para tiempos difíciles.  El Salmo continúa describiendo el problema, y lo que expresa se asemeja notablemente a la angustia que las naciones están experimentando hoy: “Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su voz, se derritió la tierra” (Sal. 46:6).  Y termina diciendo: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah” (Sal. 46:10, 11). ¿Buscaremos el rostro de Dios con humildad y arrepentimiento? ¿Ignoraremos todo lo que está diciéndonos en estos momentos de crisis?

Debemos examinar nuestros corazones y tratar de entender y asimilar las palabras del Creador.  ¡Qué lástima que hayamos tomado las cosas tan a la ligera!, tal como lo expresó alguien en una plegaria publicada en Internet:

-  Hemos abusado de la naturaleza en este mundo tan hermoso que el Creador nos dio, y ahora no se nos permite salir de casa.
-  Hemos faltado el respeto a nuestros padres; y ahora no podemos verlos en persona.
-  Hemos tratado a nuestros maestros con desprecio; y ahora las instituciones educativas están cerradas.
-  Hemos malgastado nuestro dinero en cosas que no necesitábamos; y ahora los centros comerciales están cerrados.
-  Tenemos más autos de los que podemos usar; y ahora los caminos están vacíos.
-  Hemos dejado de tener compañerismo real con nuestros familiares, y ahora estamos en aislamiento.
-  Le hemos dado más importancia a la belleza externa; y ahora nuestros rostros están cubiertos con tapabocas.
-  No podemos continuar como si no hubiera un mañana, porque si lo hacemos, el mañana no llegará.
-  Todos necesitamos hacer una pausa y analizar nuestras vidas, porque el regalo de este virus, es que estamos recibiendo una segunda oportunidad.

Dios está tratando de llamar nuestra atención.  Los pasajes de las Escrituras que hemos citado, enfatizan Su gloria y nuestra necesidad de reconocerlo y exaltarlo.  Tomemos este tiempo para humillarnos ante Él, buscarlo, y estar quietos en Su presencia.  Arrepentirnos y apartarnos de nuestros pecados.  ¡Estos son los requisitos previos para que nuestro bendito Creador sane nuestra tierra!

Él anhela que las naciones sepan que él es Creador y Sustentador de todo.  Las semillas de fe que son sembradas en corazones secos y desérticos, no permanecen.  Que todo lo que estemos experimentando hoy, sean como las lluvias que hacen florecer el desierto: ¡Qué brote nuestra fe en el Creador y que Él sea conocido en toda el planeta! “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Hab. 2:14).

Esta pandemia, es la misericordia de Dios manifestándose a todos los seres humanos, para que nos detengamos y pensemos si estamos listos o, no para comparecer ante Su presencia.

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