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Dios de Jacob, Dios de Israel - P2

Note el razonamiento del Señor Jesucristo: “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios... Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos” (Mt. 22:29, 32).

Cristo está diciendo que si Abraham, Isaac y Jacob no vivieran eternamente por medio de la resurrección, entonces sería una burla identificarse con ellos eternamente.  Estaría identificándose a sí mismo con seres de existencia limitada, casi como un eco en la eternidad.  Ser el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, si ellos ya no existieran, sería degradarlo.

Si la nación de Israel está muerta, o ha sido reemplazada por la Iglesia y no tiene un futuro eterno, entonces el término “Dios de Israel” no glorificaría al Creador, sino que difamaría su carácter, ya que Él prometió muchas veces que Israel nunca cesaría de existir.  Sin embargo, esa es la posición que toman esos que dicen que Israel ha sido reemplazado por la Iglesia.  En la página 88 del libro El último discípulo, de Hank Hanegraaff, dice, que «El pacto entre Dios e Israel quedó roto con el rechazo a su Hijo».

El señor Hanegraaff no ofrece ninguna explicación, de cómo se puede quebrantar un “pacto perpetuo”, ni cómo el rechazo a Cristo por Israel podía romper un pacto que no era condicional, ni dependía de que ellos lo aceptaran, para el que no había ninguna condición que Israel tuviera que observar, y el cual Dios aseguró que se cumplirá en los últimos días.

En efecto, al mismo tiempo que Dios promete bendiciones eternas para Israel en una restauración plena en los últimos días, también les recuerda su infidelidad para con Él sin sugerir que los muchos pecados de Israel y del pueblo judío harán que finalmente cambie de opinión respecto al cumplimiento final de todas sus promesas a Abraham, Isaac y Jacob.  Dicen por ejemplo estas profecías:

1. “Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra que Jehová juró a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob, que les daría a ellos y a su descendencia después de ellos” (Dt. 1:8).
2. “Os haré morar en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre” (Jer. 7:7).
3. “Multiplicaré sobre vosotros hombres y ganado, y serán multiplicados y crecerán; y os haré morar como solíais antiguamente, y os haré mayor bien que en vuestros principios; y sabréis que yo soy Jehová... Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado... Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne... No lo hago por vosotros, dice Jehová el Señor, sabedlo bien; avergonzaos y cubríos de confusión por vuestras iniquidades, casa de Israel... Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; yo Jehová he hablado, y lo haré” (Ez. 36:11, 22, 26, 32, 36.

Vemos entonces claramente por estos pasajes de la Escritura, al igual que por otros, que no hay condiciones de parte de Dios para cumplir sus promesas a Israel, sino que Dios lo hará por la integridad de su nombre.  Que cumplirá cada promesa a pesar de la rebelión de Israel en contra de Él.  Además, los profetas anticiparon que el Mesías sería rechazado por Israel y crucificado, pero en todas esas profecías ni siquiera se sugiere que debido a este rechazo, Dios quebrantaría su pacto perpetuo con Israel.  El pacto fue hecho personalmente con Abraham, Isaac y Jacob, no con sus descendientes, sin embargo, estos descendientes sí serían receptores de las promesas, porque es un pacto perpetuo:

1. “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:1-3).
2. “Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra... En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos” (Gn. 15:7, 18-21).
3. “Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos... Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él... Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene... En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo...  Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia” (Gn. 17:7, 8, 19, 21, 26; 28:13).
4. “Jehová, él es nuestro Dios; sus juicios están en toda la tierra. Él hace memoria de su pacto perpetuamente, y de la palabra que él mandó para mil generaciones; del pacto que concertó con Abraham, y de su juramento a Isaac; el cual confirmó a Jacob por estatuto, y a Israel por pacto sempiterno, diciendo: A ti daré la tierra de Canaán, porción de tu heredad” (1 Cr. 16:14-18).

Estas promesas nunca estuvieron condicionadas a la obediencia de sus descendientes y por consiguiente no es posible quebrantarlas por cualquier cosa que ellos hubieran hecho o hagan. ¡Es una bofetada en el rostro del Señor decir que Israel ha sido reemplazado!

Continuará...

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Dios de Jacob, Dios de Israel

Si realizáramos una encuesta para investigar en qué “dios” creen las personas, podríamos descubrir que muy pocos profesan y muchos menos conocen al Dios de la Biblia.  Creer en un dios falso no es mejor, e incluso hasta puede ser peor que no creer en Dios.  Para algunos, “Dios” es simplemente un “poder superior”.  Pero... ¿superior a qué?  Y poder, pero... ¿de qué clase?  ¿Cómo puede el “poder” de alguna clase tener inteligencia infinita, o algún tipo de discernimiento para diseñar un átomo, el universo, o las instrucciones en el código genético del ADN, el ácido desoxirribonucleico, para construir y operar cada célula y crear seres personales, inteligentes, con una conciencia moral, pasión y propósito?

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La Iglesia será noticia

Algún día: «LA IGLESIA SERÁ NOTICIA». Cuando se dice Iglesia, se refiere a la iglesia de Cristo. No se habla de una denominación, ni de una religión. Se habla de hombres y mujeres que fueron salvos por la fe en Cristo. Todos ellos, de todos los tiempos, desde el nacimiento de la Iglesia, que viven o ya hayan muerto, son esa Iglesia de Cristo. A los que ya están con el Señor, por lo cual no están con nosotros, los llamamos: «La Iglesia triunfante». Mientras tanto, nosotros somos «La Iglesia militante». Pero algún día, no sabemos cuándo, todos los redimidos, toda la Iglesia, todos los millones de salvos por la fe en Cristo, abandonarán el planeta y serán llevados a la presencia del Salvador. Esta es una doctrina bíblica conocida como: «El arrebatamiento de la Iglesia»: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Ts. 4:16-18).

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Cuando el Cordero abra el rollo - P6

Esos del cuerpo de Cristo que estudiaron la Escritura mientras estaban en la tierra, ciertamente sabrán por adelantado que el Cordero llegará para tomar el rollo, pero no se atreven a pronunciar una palabra.  Observarán respetuosamente en silencio, esperando la llegada del gran Día del Señor, en el cual el Juez Justo finalmente le pondrá fin a toda la iniquidad y establecerá su Reino.

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Cuando el Cordero abra el rollo - P5

El Cordero y el libro

Como ya hiciera notar anteriormente, aparte del libro de Apocalipsis, el Cordero está mencionado sólo cuatro veces en el Nuevo Testamento.  ¡Pero es asombroso advertir que, en las páginas de Apocalipsis, al “Cordero” con letra mayúscula se le menciona 26 veces!

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Cuando el Cordero abra el rollo - P4

Los “principados” que menciona el apóstol Pablo en Efesios 6:11, 12 son llamados archons en griego.  Son criaturas sobrenaturales consideradas generalmente como ángeles, que bien pueden ser fieles o caídos.  Pero en la epístola de Pablo, la referencia es al primer nivel de las potencias diabólicas, incluyendo a Satanás y a sus poderes delegados.  Son transdimensionales, y operan fuera del reino natural de los seres humanos, sin embargo, influencian profundamente los círculos en las finanzas mundiales, la política y la religión.

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Cuando el Cordero abra el rollo - P3

Los dos discípulos mencionados, son identificados en el contexto de la declaración de Juan.  Es muy interesante advertir que ellos no tuvieron dificultad en asociar el concepto del Cordero con ese del Mesías: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Éste halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)” (Jn. 1:40, 41).

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Cuando el Cordero abra el rollo - P2

Pero en esa noche, la de la primera Pascua, el cordero se convirtió en algo más que en un simple sacrificio.  Vino a ser el símbolo de relación, la experiencia común de los israelitas, y permanece así hasta este día.  La carne del cordero fue asada y comida de inmediato en la noche del día 14 del primer mes: “Habló Jehová a Moisés y a Aarón en la tierra de Egipto, diciendo: Este mes os será principio de los meses; para vosotros será éste el primero en los meses del año. Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia. Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán” (Ex. 12:1-8).

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Cuando el Cordero abra el rollo

Un día, todos los seres creados en el cielo observarán cómo el Cordero de Dios se dispone a abrir el rollo sellado con siete sellos.  Cuando lo haga estará actuando como el Juez Divino, quien toma en sus manos una acusación sellada.  Ningún hombre sabe lo que está escrito en él.  Pero ciertamente debe incluir una lista de cargos acumulados a lo largo de los milenios por una humanidad depravada.  A la apertura de los sellos, el Cordero corregirá los equívocos de seis milenios y establecerá paz y justicia.

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María, la madre de nuestro Señor

Es notable que a pesar de tantas dificultades que enfrenta la mujer hoy, la gran mayoría de ellas desea ser madre.  Siempre hubo mujeres que nunca se casaron, otras estériles, también se dan casos de mujeres casadas que no tienen hijos porque el problema está en el esposo.  Por supuesto que la pareja puede adoptar algunos pequeñitos y suplir esa necesidad de ser padres.

En la Biblia tenemos varios ejemplos de madres.  Deseo referirme a una de ellas: María, la madre de nuestro Señor.

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