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¿Fe o miedo?

  • Fecha de publicación: Sábado, 02 Enero 2021, 20:01 horas

Todos estamos viendo que el mundo a nuestro alrededor se está deteriorando de muchas formas.  Desafortunadamente, la gran mayoría no entiende que esto es exactamente lo que dice la Biblia que pasará cuando se aproxime el tiempo del fin.  Ocurrieron tantas cosas en el año 2020, que las personas están ansiosas de que concluya pronto, pero relativamente pocos están al tanto de que todos estos eventos están relacionados con profecías en el horizonte, y que ese año simplemente preparó el escenario para todo lo que habrá de venir.

Si cree que el 2021 va a ofrecer un retorno a la normalidad después de los eventos sin precedentes que hemos vivido, tememos que no será así, sino que lo que se avecina tal vez sorprenderá a muchos.

Pero... ¿Qué es lo que realmente está pasando?  Permítanos decirle: El miedo que generan los medios de comunicación, no debería ejercer ningún efecto negativo sobre los cristianos.  Los servicios noticiosos pueden publicar o decir todo lo que quieran, pero nada de su fatalidad y tristeza debe destruir nuestra esperanza y fe en Jesucristo, nuestro bendito Salvador.

Quizás nuestro inconveniente principal es que tenemos un problema de audición, ya que en lugar de escuchar la voz de Dios, solo prestamos atención a la de Satanás, hablando a través de personas mundanas que hacen cosas profanas.

Hermanos y hermanas, debemos hablar abiertamente de nuestra fe para calmar el temor y animarnos mutuamente: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17).  Para poder escuchar la voz del Señor, debemos orar, estudiar las Escrituras y tener compañerismo con otros cristianos.  Oír la verdad de Dios, reforzará nuestra fe y evitará que los traficantes de miedo en este mundo satánico nos desanimen. 

El compartir nuestra esperanza con otros, en estos tiempos tan difíciles que estamos viviendo será una bendición para todos con quienes podamos hacerlo.

Los medios de comunicación están prácticamente desenfrenados las 24 horas del día, 7 días a la semana y nosotros escuchamos.  Hoy como nunca antes, prevalece un frenesí de desinformación.  Al tratar de ser los primeros en dar una noticia al mundo, exponen “los hechos” tan rápido como la velocidad de internet. 

Luego, cuando los “hechos” cambian porque sus deducciones fueron incorrectas con respecto a su primera fábula, los descartan y fabrican otros, que igualmente modificarán  antes de que termine el día.

Todo son mentiras liberales que crean confusión y conducen al miedo.  Por otro lado, si escuchamos a los cristianos que se apoyan en la Palabra de Dios, nuestro miedo se mitigará: “Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz...” (1 Co. 14:33a). 

Hermano/a: ¿A quién escucha usted?  Si sólo oye la voz caótica de Satanás, el miedo se acrecentará.  Pero si leemos la Palabra de Dios, se calmarán los temores y se fortalecerá nuestra fe. Necesitamos compartir esto con los incrédulos, para llevarlos a la gracia salvadora que sólo se encuentra en Jesús.  Igualmente, cuando compartimos nuestra fe con otros creyentes, nos animamos unos a otros a ser fuertes en el Señor.

Nosotros, en todas las ocasiones en que nos dirigimos a usted, mencionamos la profecía, porque Dios tiene el control de todo y ninguna otra cosa en este mundo, a excepción de las profecías cumplidas, demuestran mejor que Él sabe exactamente lo que está sucediendo porque nos dijo con siglos de anticipación que todo esto ocurriría.

Es fácil sentir temor cuando estamos solos, pero saber que hay otras personas a nuestro alrededor que tienen una fe sólida en el Señor Jesucristo, puede hacer que nuestro miedo se desvanezca. ¡No deje de tener compañerismo con otros cristianos, nos necesitamos los unos a los otros!

Después de la visita de Pablo a Tesalónica, se habían propagado falsas enseñanzas y las mismas causaron confusión y miedo entre la comunidad de creyentes. El apóstol solo había estado con ellos durante tres semanas, pero en ese corto tiempo compartió el Evangelio, estableció una congregación y enseñó verdades espirituales profundas.  Los cristianos allí fueron los primeros en enterarse del Rapto, lo que les produjo una sensación de paz y esperanza.

Pero como murieron algunos, ellos pensaron que ya el Señor había venido por su Iglesia, y las enseñanzas falsas los asustaron.  Pablo les escribió para tranquilizarlos y calmar sus temores (2 Ts. 2:1, 2).

Estos cristianos escucharon cosas que les causaron temor y su fe tambaleó.  No tenían agencias famosas de noticias como Latin American News de Argentina, United Press International, o la Prensa Asociada para alimentarlos con mentiras, pero el mismo espíritu de maldad ya existía entonces como prevalece ahora.  Pablo los animó y reiteró la secuencia de eventos que conducirán a la Gran Tribulación.  Lo primero que les dijo es que el Rapto ocurriría primero (2 Ts. 2:3, 4).

Actualmente vemos a muchas personas que dicen ser cristianas, pero que en realidad hacen mofa de las cosas sagradas y hasta se burlan de Dios, incluso se paran detrás de un púlpito y se hacen llamar a sí mismos “Su Santidad” y “Santo Padre”.  Todos son parte de la Iglesia de Laodicea, y a ellos el Señor está diciéndoles: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Ap. 3:20).

Cuando suceda el Rapto, los que individualmente no le hayan abierto la puerta a Cristo, tendrán que enfrentar los horrores de la Gran Tribulación.

Después de este evento, el hombre de pecado se erigirá en dios todopoderoso, pero ni es Dios, ni mucho menos todopoderoso, sino que estará poseído por Satanás.

Sabemos que el templo tiene que ser reconstruido para que él se siente allí, y eso podría suceder en unos años. Muchos textos proféticos nos indican  que el tiempo se está acortando, y que el Rapto ya se vislumbra en el horizonte.  Necesitamos mantener nuestra fe en Dios y creer en Su palabra.  Esa fe disipará el miedo.

Es necesario que todos seamos capaces de poder compartir esto con los incrédulos: Primero, que todos somos pecadores.  Que el pecado de Adán abrió un abismo entre los seres humanos y Dios.  Debido a nuestra injusticia e infracciones no teníamos forma de ir a Él, por eso el Creador vino a nosotros (Ro. 3:21-26).

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